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Niños Nerviosos pero no Hiperactivos

Niños Nerviosos que no son Hiperactivos

Aunque la Hiperactividad esté de moda muchos niños son simplemente más activos, o más “nerviosos” que la mayoría sin que eso implique que tienen un problema que debe tratarse.

Se habla mucho sobre la Hiperactividad y si es o no real, si es en realidad una “invención de la industria farmacéutica” para vender “anfetas”.

Os doy mi opinión.

La Hiperactividad y el Trastorno por Déficit de Atención existen. Sé que hay mucha gente que grita a los cuatro vientos que es una invención. Pero la realidad es que hay personas que tienen menos capacidad de concentración y una actividad frenética y dispersa y que es un problema real, que afecta a su día a día y a su capacidad de adaptarse al mundo en que viven.

Son personas en las que se puede comprobar que tienen una menor actividad de la zona frontal del cerebro, que es la que se encarga de regular la conducta. Y ese defecto, que es real y tangible, tiene soluciones que pueden aplicarse. Pero van más allá de tomar una pastilla al día. Influyen y pueden mejorarlo una dieta adecuada, una mejora de la calidad de sueño, el apoyo psicológico para adquirir habilidades de concentración y relajación, para reforzar la autoestima. Y sí, en algunos casos la medicación puede ayudar.

El problema es que hay personas con TDAH no diagnosticadas ni tratadas adecuadamente que ven de forma frustrante su día a día. Y al mismo tiempo hay montones de personas que están siendo medicadas sin tener realmente un TDAH.

Ya he escrito varios artículos sobre este tema. En este caso voy a centrarme en algo que habéis pedido a través de la Comunidad de Facebook: Los niños Nerviosos pero No Hiperactivos.

¿No son “Nerviosos” todos los niños, unos más y otros menos?

Esto es una apreciación personal. Pero hay más tendencia a diagnosticar como Hiperactivos a los niños de padres más mayores. Lo que pasa es que esto posiblemente no tiene que ver con los niños, sino con los padres.

Todos los niños son “nerviosos” para los padres. Hay unos que más y otros que menos. Pero debemos reconocer que cuanto mayores somos o menos tiempo tenemos, más nervioso nos parece nuestro hijo.

Seguir el ritmo de un niño es un esfuerzo sobrehumano para cualquier adulto en cuanto el niño supera los 2 años de vida.

Son así. Tienen un cerebro que está creciendo y desarrollándose a un ritmo asombroso y que se alimenta de estímulos. Tienen tanta necesidad de ellos como de respirar. Para eso inventó la naturaleza a los Hermanos. Os lo dice alguien que se crió con 6 hermanos más y que tiene un hijo único y ve la carencia que para él significa esa situación.

Ante esa realidad los padres tenemos varias opciones: entenderlo o verlo como un problema.

Los que lo entienden

Aún teniendo un sólo hijo y no planteándote darle hermanos, puedes hacer varias cosas:

Organizar tu agenda para que tenga el mayor tiempo posible compartido con otros niños: primos, amigos… La mayoría de los padres acabamos organizando gran parte de nuestra vida social en torno a las afinidades de amistad de nuestros hijos y eso está bien. Si además tienes afinidad con los padres de esos niños, mejor que mejor.

Dedicar tanto tiempo como puedas a compartirlo con él. Pero esto no significa ponerlo a hacer cosas contigo, sino ponerte a hacer cosas con él. Muchos padres se quejan de que sus hijos son nerviosos porque interrumpen constantemente las actividades de los padres. Pero es porque en muchos casos son actividades en las que el niño no tiene motivación alguna. Está bien que también haya actividades de ese tipo y que el niño llegue incluso a saber comportarse bien en ellas. Pero no es lo esperable las primeras veces que lo hacemos ni en niños muy pequeños.

– Entendiendo que cuando pasamos horas o días sin ofrecerle ninguna de las dos alternativas anteriores el niño esté especialmente nervioso. Estamos obligando a su cerebro a “aguantar la respiración” sin estímulos que necesita para crecer.

Desarrollando una paciencia infinita. Para entender que la mayoría de las cosas que nos desquician las hicimos nosotros de pequeños y es algo normal con su edad.

Los que lo ven como un problema que hay que solucionar

Hay padres que no entienden lo anterior. Como hacer lo descrito antes para compensarlo no es algo que salga de forma natural de los padres que no lo entienden, el cerebro del niño se convierte en una hoya a presión. Que estalla de forma intermitente para no hacerlo de forma definitiva. Por comparación, estos niños son claramente más “nerviosos” que otros de su entorno, y mucho más de lo que sus padres están preparados para soportar. Empiezan a plantearse si su hijo no tendrá un problema. Y se encuentra con la gran difusión que ha alcanzado el TDAH.

No todo son los padres, en el colegio también hay situaciones en las que se entiende poco las necesidades de los niños. En muchos colegios hay masificación, y la única forma de funcionar es una cadena de montaje bien engrasada en la que todos vayan al mismo ritmo. Para que no se queden demasiados atrás se ha ralentizado el paso. Muchos niños no soportan ese ritmo, no están motivados, se aburren, necesitarían actividades más centradas en sus peculiaridades…. Y esto es en muchos casos una utopía inalcanzable. A veces, aquél que entorpece la marcha de la cadena de montaje es sacado de ella, se le pone una etiqueta de averiado y hay que arreglarlo. El TDAH es una de las etiquetas más socorridas y usadas. Cuando en muchos casos lo que abría que hacer es desmontar totalmente la cadena de montaje.

Esto no es un ataque a los educadores. Varios de mis hermanos lo son. Hay educadores que luchan contra una masificación que no depende de ellos, contra una desmotivación que en algunos casos nace de los padres, contra montones de normativas que nada tienen que ver con mejorar la educación de sus alumnos y consiguen resultados que serían imposibles para cualquiera de nosotros. Y los hay que, como en cualquier otro trabajo, van a lo cómodo.

Debemos distinguir a los niños con TDAH real de los que no lo tienen

Para eso debemos evaluar la conducta del niño en todos los ámbitos posibles. Si un niño es capaz de concentrarse cuando juega con sus amigos, cuando realiza actividades que le gustan, cuando le prestamos atención participando en cosas que el pida hacer…. ¡No hay TDAH que valga! Hay un mundo que está negándole los estímulos que su cerebro en desarrollo necesita para no axfisiarse o que le está pidiendo que haga cosas que para el niño no tienen sentido.

Que un niño sea capaz de agotar a sus padres es lo normal. Pobres de los padres cuyo hijo no hace eso, porque posiblemente esté enfermo.

Que un niño al que se pauta tratamiento farmacológico para el TDAH empeore al tomarlo es un signo de que no lo sufre y que lo que realmente necesita es que sus padres y educadores entiendan que tiene unas necesidades que no están siendo atendidas.