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Cantidad de comida en niños

Cantidad de comida que debe tomar un bebé

¿Qué cantidad de comida debe comer un niño para estar seguros de que se alimenta adecuadamente? Ideas claras para evitar problemas con la comida.

La relación de los niños con la comida es un quebradero de cabeza importante en multitud de familias.

Pero tengo que decir que en muchos casos es más problema de los padres que de los niños. Y porqué no decirlo, de la forma en que los pediatras hemos explicado este tema.

La inseguridad en crianza es algo que nos juega malas pasadas. Nos sentimos inseguros de si alimentamos adecuadamente a nuestro bebé y para tranquilizarnos pedimos referencias sencillas. Pedimos cifras: ¿Cuál es la cantidad de comida que debería tomar?

Son muchas las familias que tanto en la consulta física como Online me hacen una descripción pormenorizada de lo que come su bebé con la esperanza de que les indique si es la cantidad adecuada. Si deberían darle más o menos.

Ante esa insistencia se acaban a veces dando respuestas. Aún a sabiendas de que ninguna cantidad de comida es “la Correcta”.

Yo hace ya años que, también hay que admitirlo, porque dispongo del tiempo para hacerlo en la consulta que no siempre tuve, dedicó un rato a aclararles este tema a los padres en lugar de darles una cantidad de comida exacta y que sé falsa.

Somos seres Vivos en un mundo cambiante. La cantidad de comida que necesitamos también va variando.

Pese a que todo sería más sencillo en este tema si pudiésemos reducirlo a un cálculo simple como el que muestran algunas latas de leche artificial o los “150 ml / kg / día”… La realidad es más compleja y a su vez más sencilla.

Nuestro hijo es como nosotros. Y ninguno de nosotros come siempre lo mismo.

Los factores que influyen en la cantidad de co ida que necesitamos comer son innumerables y muchos desconocidos.

Incluso en la situación más simple, mientras un bebé se alimenta sólo de leche hay tal número de variables que hacen imposible el cálculo. Por nombrar algunas evidentes:

  • La temperatura del ambiente en el que está, cambia a lo largo del día. Y con temperaturas extremas (tanto con el frío como con el calor excesivos) el gasto de energía se dispara para mantener la temperatura normal del cuerpo.
  • La ropa del bebé, que puede cambiar y ajustarse mejor o peor a los cambios de ambiente a los que le sometemos.
  • Su capacidad de digerir mejor o peor el alimento.
  • Si está o no luchando con una infección.
  • Si está vaciando el intestino a un ritmo mayor o menor.
  • Si está más o menos activo.

Y además todos y cada uno de estos factores no corresponden a una necesidad concreta igual en todos los bebés.

Para complicarlo, la leche no siempre tiene la misma composición. Cambia incluso a lo largo de una misma toma si hablamos de lactancia materna.

Por eso, cuando alguien dice convencido “mi bebé come poco” no puedo evitar preguntar: “¿Cómo sabes que lo que come es poco?”

Una vez que tenemos claro que no hay un horario y una cantidad correcta ni forma de calcularla, ¿qué tal si cambiamos el enfoque?

La respuesta a la cantidad de comida viene de serie.

Aceptado que no tenemos una calculadora capaz de darnos la cantidad y ritmo adecuado para alimentar a un bebé. Asumido que cosas como “Cada 3 horas y 10 minutos en cada pecho” o “150 ml / kg / día” no responden a la realidad. Observamos al bebé y nos encontramos con que la respuesta la tiene él.

Antes de que supiésemos una palabra de fisiología o nutrición. Antes de que se inventase la Pediatría o la propia Medicina. Desde que el primer bebé humano estuvo sobre la tierra, algo debió permitir que sobreviviese alimentándose en función de sus necesidades.

Ese algo es el cerebro del propio bebé y algo asombroso. En su interior trae de serie una calculadora que aún no entendemos por completo. Una calculadora que integra todos los factores que influyen en la cantidad de alimento que el bebé necesita y que incluso evalúa la calidad de lo que ingiere para determinar cuándo es suficiente y lo reduce a una indicación clara:

  • Cuando el resultado es que no se cubren las necesidades el bebé llora. Tiene hambre.
  • Cuando ya están cubierta pero intentamos alimentarlo el bebé rechaza comer. Ya no tiene hambre.

¡A que es simple! Y mira que lo complicamos. Este sistema ha permitido a la especie humana y a todas las demás especies de mamíferos sobrevivir durante millones de años. Pero parece que no nos vale.

Sea haciendo una estimación subjetiva o tomando una cifra mágica, pretendemos que el bebé se ajuste a algo fijo. Cosa que no hace ningún ser vivo. Y desestimamos un mecanismo que ha demostrado su utilidad sobradamente.

No siempre funciona bien su calculadora.

Esto no significa que siempre funcione a la perfección. Hay situaciones en las que un bebé puede tomar menos de lo que debería porque su autorregulación no funciona bien.

Pero cuando esto ocurre tenemos pistas claras de que algo va mal:

  • Pierde demasiado peso tras nacer. En los primeros días de vida el equilibrio nutricional es más frágil. Si un bebé pierde demasiado peso (más de un 10-12% de su peso al nacer) puede llegar a una situación en la que está tan débil que le cuesta alimentarse. Y ello lo lleva a un círculo vicioso en el que cuanto más débil, menos come, más débil… En estos casos lo primero que recomiendo a los padres es que ofrezcan al bebé alimento con más frecuencia. Incluso despertándolo para comer.
  • En algunas enfermedades puede perder el apetito hasta el punto de hacer que se debilite o se deshidrate lo que reduce su capacidad de recuperación.

Igualmente hay pistas que nos dicen que un bebé no necesita comer más por poco que nos parezca. Si un bebé está activo, contento, no enferma con frecuencia y la evolución de su peso sigue su línea habitual es porque come lo que necesita.

Si en esa situación le ofrecemos y lo rechaza sin mostrar signos de enfermedad, razón de más para pensar que no come más porque no le hace falta.

Lo que no tiene sentido en ningún caso es pelear con un bebé para que coma. Si no está en una situación grave que ponga en peligro su bienestar pelar para que coma sólo empeora su relación contigo y con la comida.

Y si de verdad está desnutrido y rechaza el alimento la forma de aportarle ese alimento no es peleando con él sino por medios especiales como la alimentación por sonda o la parenteral.