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El azúcar en la alimentación infantil

El azúcar en la alimentación infantil.

La introducción de azúcar en la alimentación infantil es origen de muchos problemas. Debería prohibirse, pero mientras no lo hagan evítala por su salud.

Si tengo que nombrar a un experto en este tema que me haya influido es alguien que no era médico: Michel Montignac

Su aportación principal fue enfocar el problema del síndrome metabólico (obesidad, exceso de grasa y azúcar en sangre) con el índice glucémico en lugar del recuento de calorías.

Cuando se entiende esta idea se aprecia hasta qué punto el azúcar añadida en nuestra alimentación es la clave para entender muchos problemas. Y porqué es tan importante evitarla en la alimentación infantil.

El índice glucémico frente a las calorías

Todos los alimentos tienen una composición compleja. Prácticamente todos contienen de forma natural azúcar. Cada alimento cuando lo comemos produce una elevación de azúcar en sangre. Lo que mide el índice glucémico es cuánto sube el azúcar en sangre tras tomar una cantidad fija de cada alimento.

Este índice puede cambiar dependiendo de la forma en la que el alimento esté cocinado, de forma que no es igual comer zanahoria cruda que hacerlo con zanahoria cocida. Cocida subirá mucho más el azúcar que cuando está cruda, porque cocida las formas complejas de azúcar se simplifican haciéndose más fáciles de digerir y absorber.

La teoría imperante sobre dietética en las últimas décadas fue la del recuento de calorías:

  • Los hidratos de carbono producen 4 calorías por gramo.
  • Las proteínas 4 calorías por gramo.
  • Las grasas 9 calorías por gramo.

Eso hace que cuando nos basamos en las calorías para el control del peso el producto a evitar sean claramente las grasas.

Pero un kilo de zanahorias cocidas tiene las mismas calorías que un kilo de zanahoria cruda…

Michel Montignac defendía (murió en 2010) que la cuestión no es el recuento de calorías. Es algo levemente más complejo, pero aún así fácil de entender:

Si pensamos por ejemplo en la alimentación que existía hace 50 años nos daremos cuenta de que el consumo de grasas era mayor que ahora. Lo que hacía que en recuento de calorías la dieta fuera más potencial generadora de obesidad que en este momento. Pero sin embargo en la actualidad hay mucha más obesidad. Esto se debe a que la capacidad del cuerpo de absorber grasas es más limitada que la de absorber azúcar y almacenarla en forma de grasa.

Niveles de azúcar importantes en sangre

Cada persona tiene dos niveles de azúcar en sangre que son importantes:

  • Hay un nivel por debajo del cual si baja el azúcar sentimos hambre. Todos, hasta los niños «que no comen», sentimos hambre cuando ese nivel es traspasado. Cuando ocurre buscamos comida y tenemos tendencia a buscar alimentos ricos en azúcar para corregir el desequilibrio.
  • Hay otro nivel por encima del cual nuestro cuerpo interpreta que sobra azúcar y libera insulina, una hormona que hace que el azúcar se introduzca en las células, especialmente, cuando sobra, lo hace en las células del tejido adiposo (el tejido graso de nuestro cuerpo). Cuando más rápida y elevada es la subida de azúcar más insulina se libera y más se almacena ese azúcar transformada en grasa en nuestro cuerpo. En las personas con sobrepeso el origen de la grasa que acumula procede en mucha mayor medida del azúcar que el propio cuerpo ha transformado en grasa que de la grasa absorbida de la dieta.

Otro efecto importante del azúcar. La saciedad

Cuando el nivel de azúcar es bajo en sangre hay zonas de nuestro cerebro que desencadenan la reacción que llamamos hambre. Cuando esas zonas captan azúcar suficiente, desaparece el hambre.

Es importante entender esto para comprender dos efectos frecuentes:

  • Comer rápido engorda. Cuando uno come lentamente, da tiempo a que se vayan absorbiendo azúcares que al alcanzar el nivel adecuado desencadenan la saciedad. Ya no tenemos más hambre. Pero si comemos muy rápido la cantidad que nos da tiempo a tomar antes de haber permitido que se absorban los primeros azúcares es mayor. Y como hemos dicho antes si los azúcares se absorben lentamente el nivel alcanzado es menos alto y se libera menos insulina. Si comemos rápido la misma cantidad de azúcar hace un pico más elevado que estimula una mayor secreción de insulina.
  • Los edulcorantes no son la solución. Hay estudios que muestran que la gente que come con productos light (bebidas light por ejemplo) come más que cuando no lo hace. Al parecer los edulcorantes tienen la capacidad de unirse a las zonas del cerebro que controlan la saciedad, dificultando que lo haga el azúcar, pero no siendo capaces de desencadenar la reacción de que el hambre ha cedido. Eso hace que la cantidad de azúcares que uno acaba comiendo para acabar sintiéndose saciado es mayor si hay edulcorantes en la comida.

¿Qué ocurre cuando comemos azúcar?

Ya he dicho que todos los alimentos contienen azúcares. Y lo que diferencia unos de otros es la facilidad que el cuerpo tiene de absorberlos en mayor o menor proporción, más rápida o más lentamente.

Cuando el nivel de azúcar en mi sangre es bajo, algunas zonas de mi cerebro que controlan este nivel desencadenan una reacción que llamamos hambre.

Empiezo a buscar alimentos ricos en azúcar que corrijan la falta.

Si tomo alimentos ricos en azúcar y pobres en fibra

El azúcar se absorberá rápidamente. Pero lo hará cuando el alimento llegue al intestino, en lo que tardará un rato. Si cómo muy rápido, la cantidad de alimento que he tomado hasta que empiece a subir el azúcar será mayor.

Una absorción rápida de azúcar abundante subirá por encima del nivel en el que mi cuerpo interpreta que sobra, produciendo dos efectos:

Saciedad: Se me quita el hambre. Pero como he dicho será más difícil alcanzar este nivel si he tomado edulcorantes, no lo olvides. Cuando las zonas del cerebro que controlan el hambre y la saciedad reciben cantidad suficiente de azúcar nos «premian» liberando endorfinas (que producen una  sensación placentera).

Secreción de insulina: Cuando más rápido sube el azúcar y más alto llega mayor es la secreción de insulina. Todas las células del cuerpo absorberán parte de ese azúcar, pero sobre todo lo harán las células capaces de transformar ese exceso de azúcar en grasa para almacernarla. Si la subida ha sido muy intensa, la alta dosis de insulina segregada para corregirla hará que baje rápidamente. Hasta el punto de volver a situar el azúcar en sangre por debajo del nivel en el que volvemos a tener hambre.

Este proceso puede durar menos de 2 horas, volviendo a buscar alimentos ricos en azúcar.

Las personas con sobrepeso:

– Sienten hambre con más frecuencia porque este proceso se repite una y otra vez, con lo que comen más y ganan más peso.

– Liberan cantidades mucho mayores de insulina lo que hace que con el tiempo la sensibilidad de las células del cuerpo a su acción vaya siendo menor (es lo que llamamos diabetes tipo 2).

– Producen en su cuerpo cantidades mayores de grasa para almacenar ese exceso de azúcares, haciendo que suban los triglicéridos y el colesterol.

– El sobrepeso reduce la movilidad de estas personas volviéndolas más sedentarias y reduciendo el consumo de azúcar y grasas de almacenamiento.

– El exceso de grasa ayuda a conservar el calor corporal lo que reduce la cantidad de energía necesaria para mantener la temperatura del cuerpo.

– Su aspecto es socialmente rechazado lo que les lleva a tener una vida menos activa en relaciones y a sufrir ansiedad y depresión. Las endorfinas producidas cuando sube el azúcar en sangre alivian tanto la depresión como la ansiedad momentáneamente. Lo que lleva a las personas con problemas psicológicos asociados al sobrepeso a consumir más alimentos ricos en azúcar. Tener cifras de endorfinas altas en sangre con frecuencia hace que respondamos cada vez menos a ellas, no disfrutando de las pequeñas liberaciones de endorfinas que producen otras conductas distintas a la comida.

Todo esto junto es lo que llamamos Síndrome Metabólico. El mayor problema de salud crónico de los países desarrollados.

Y si tomo alimentos pobres en azúcar o ricos en fibra

La fibra dificulta la absorción de azúcares. La fibra en realidad es también azúcar. Pero son azúcares unidos en una estructura tan compleja que al cuerpo le cuesta horas digerirla. Y sólo lo consigue en parte.

Cuando tomamos alimentos compuestos de azúcares complejos (fibra como la de las legumbres, la fruta, las verduras o los cereales integrales que además no están demasiado cocidos) el azúcar sube, pero lo hace lentamente y de forma mantenida durante horas.

Eso hace que alcancemos el nivel en el que hay azúcar suficiente para que no tengamos hambre. Pero ese nivel estimula una secreción de insulina mucho más leve.

El resultado es que:

– Se liberan endorfinas en una dosis menor. Nos sentimos bien, pero estos alimentos no tienen la capacidad de aliviar depresión o ansiedad de los alimentos ricos en azúcar puro. En contrapartida, también ocurre que como los niveles de endorfinas a los que se acostumbra el cuerpo son menores, cualquier liberación más leve es más apreciada por el organismo. Con lo que en realidad acabamos sintiéndonos mejor y apreciando más otros placeres de la vida distintos a comer. Y eso nos impulsa a realizar otras actividades generadoras de endorfinas, como la afectividad, el deporte, la realización personal…

– Pasamos más horas sin hambre, lo que hace que comamos menos y por tanto no ganemos peso.

– La secreción de insulina al ser menor produce una absorción más equilibrada del azúcar por todas las células del organismo y menor por las que acumulan el exceso en forma de grasa.

– Al no tener exceso de grasas de almacenamiento, colesterol y triglicéridos bajan.

Por tanto está claro que para evitar el síndrome metabólico la clave no es la reducción de grasas en la alimentación sino:

– La reducción drástica de azúcares de fácil absorción.

– El aumento de fibra (azúcares de difícil absorción) en la dieta.

– Estimular la realización de actividades generadoras de endorfinas distintas a comer: Deporte, afectividad, realización personal…

Este esquema aplicado a niños

Todo lo explicado hasta aquí es igual independientemente de la edad. Pero ahora voy a centrarme en niños y porqué en ellos es especialmente importante entender esto.

Programación metabólica y de conductas

Para que se entienda, yo suelo decir que un niño es un ordenador con muy poca programación de base. Es como si tuviese el sistema operativo, pero depende de los programas que le carguemos después funcionará de un modo u otro.

En los primeros años de vida se programan cinco aspectos que son esenciales y van a seguir ahí el resto de la vida:

– Metabolismo.

– Conductas relacionadas con la alimentación.

– Conductas relacionadas con la afectividad.

– Conductas relacionadas con el sueño.

– Inmunidad.

Todos son modificables en mayor o menor medida en etapas posteriores, pero en su mayoría no reversibles del todo. Cuanto antes se establece una forma concreta de funcionamiento en uno de esos aspectos y más tiempo persiste, más difícil es de cambiar.

Todo lo hablado antes respecto al síndrome metabólico en niños lleva a que una dieta rica en azúcar:

– Produzca un sobrepeso ya desde la infancia.

– Una alteración del esquema corporal que lleva a ser rechazado por los demás y a rechazarse a sí mismo. Con una menor autoestima y la tendencia a realizar menos actividades productoras de endorfinas alternativas a la comida.

– Un tejido graso sobre-dimensionado que almacena azúcar con más facilidad en forma de grasa.

– Un exceso de secreción de insulina que hace que el organismo se vuelva cada vez menos sensible a su efecto (diabetes tipo 2). Cada vez tenemos mayor número de niños con este tipo de diabetes.

– Un exceso en grasas de almacenamiento que empiezan a acumularse precozmente en sitios donde dan problemas como las arterias o el hígado.

– Tomar productos azucarados distorsiona la dieta infantil, ya que al sentirse saciados rechazan tomar otros alimentos que les resultan menos atractivos, teniendo dietas con cada vez más azúcares y menos fibra.

Reflexión final ¿Prohibición del azúcar en alimentación infantil?

El síndrome metabólico es la enfermedad crónica más frecuente en los países «desarrollados».

El consumo de alcohol y tabaco está prohibido a los niños, porque sabemos que tiene un efecto adictivo y que genera un daño claro para la salud. No podemos controlar el hecho de que alguien privadamente dé alcohol a un niño o fume en su presencia (por tanto ellos fuman). Pero lo que sí hace el Estado es impedir con leyes que haya quien se lucre con ello.

Pues el consumo de azúcar es adictivo y genera problemas de salud claros. No podemos evitar que los padres den alimentos enriquecidos en azúcar a sus hijos. Pero desde luego lo que el Estado sí debería hacer es prohibir la comercialización (y no hablemos de la publicidad en horario infantil) de productos enriquecidos en azúcar dirigidos a niños.

Yo cada vez que veo un anuncio de una bebida azucarada para niños es como si viese un anuncio de tabaco dirigido a ellos: En horario infantil, con un personaje especialmente pensado para resultarles atractivo, con regalos que incentivan su consumo y con una sustancia adictiva en su composición que hace que tienda a tomarse de forma irracional.

¿Qué pensarías si vieses un anuncio similar pero en el que estimulasen a tu hijo a fumar o beber destilados?

Esto no es ninguna exageración.

Hace unos años la OMS publicó un estudio en el que se mostraba que el consumo de una bebida azucarada al día en niños de 10 años podía generar 7 kg de sobrepeso al año. ¿Y sabéis que echan la mayoría de las madres a sus hijos para que tomen en la merienda del colegio como bebida? Zumos, batidos, bebidas para deportistas, yogur líquido… Todos son productos azucarados.

Si en algún momento se decide hacer una legislación que regule esto es importante que no se simplifique a azúcar (sacarosa) y tengamos claro que hay formas camufladas de añadir azúcares a los alimentos (para volverlos más dulces, no es que se pretenda dar azúcar porque sí), como añadir extractos de alimentos ricos en ella (extracto de piña, uva, manzana….) o calentarlos para fraccionar los azúcares complejos y liberar los más simples.

Estos trucos llegan a usarse incluso en alimentación para bebés.

Lo que debería restringirse en alimentos destinados a niños es:

  1. La cantidad total de azúcares en forma de disacáridos y monosacáridos (azúcares simples). De modo que no pueda tener un índice glucémico superior al alimento natural del que proviene.

  2. La presencia de edulcorantes.

Mientras esto no se legisle, si eres padre o madre y has llegado a leer hasta aquí, mi consejo es que no compres estos productos.

Que cuando hagas la compra mires la composición de lo que compras y prescindas de todos aquellos alimentos enriquecidos en azúcar.

Los más frecuentes son:

Zumos, batidos, yogur líquido, bebidas para deportistas, lácteos azucarados, repostería, pastelería, bollería, salsas tipo Ketchup, salsas para ensaladas, pan de molde…

Y que si tu hijo empieza a tener problemas de sobrepeso:

  1. Elimines totalmente estos alimentos de su dieta. No los compres.
  2. Añadas la mayor cantidad posible de fibra a su dieta: Fruta (no zumo, a bocados), verdura cruda (no cocida, especialmente evita arroz, zanahoria y patata cocida), cereales integrales, legumbres.

Me alegraría mucho que alguien con la capacidad política para promover una ley así leyese esto.

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Obligar a comer a un niño ¿para qué?

Obligar a comer a un niño ¿para qué?

Respuesta a un Pekemito propuesto en Facebook: «¿Es malo obligar a comer a un niño? Es que no come nada…». Resumen la base de muchos problemas de comida.

La respuesta es simple: Pues claro que es malo.

Obligar a un niño a comer significa convertir la comida en algo desagradable. Eso sólo nos garantiza que coma peor en el futuro.

«Pero es que si fuese por él no comería nada.»

Esto pocas veces es cierto. Hay situaciones en las que algunos niños realmente comen poco. Pero suelen tener una causa. Si hay un problema (por ejemplo una infección de orina) la solución no es obligarle a comer. Si lo haces, por ejemplo  en la infección de orina, sólo puede que consigas que vomite.

Si hay un problema que le hace comer poco debemos tratar la causa. Y mientras se resuelve entender que hay dos situaciones diferentes:

– Come y bebe tan poco que supone un riesgo serio e inmediato para su salud. Por ejemplo si se deshidrata. En estos casos mientras el tratamiento resuelve la causa a veces necitamos aportar al cuerpo el líquido y nuetrientes necesarios por otra vía (habitualmente sonda nasogástrica y/o suero intravenoso).

– Come y bebe algo menos pero sin llegar a suponer riesgo inmediato. Perderá algo de peso, pero si no llega a ser excesivo se recuperará con facilidad en cuanto resolvamos la causa.

Para diferenciar una situación o la otra, suele ser necesaria la valoración del pediatra. Especialmente cuando vemos un decaimiento importante del niño.

Sin embargo la mayoría de los niños que atiendo porque no comen en realidad sí lo hacen.

El problema suele ser que comen menos de lo que sus padres y madres creen que deberían, lo hacen con rechazo o seleccionando la comida.

En la mayoría de los casos están sanos, con buena vitalidad y sí que comen. Pero hay un problema generado en torno a la forma en que comen.

¿Realmente come poco?

Algunos padres obligan a sus hijos a comer porque piensan que comen poco. Pero ¿cuánto debería comer? Lo malo es que ante esta pregunta hay gente que se atreve a dar respuestas concretas. Y aunque la busques y la desees, sea la que sea la que encuentres: ¡Es falsa!

No hay dos personas que coman exactamente lo mismo.

Hay gente que digiere mejor los alimentos y quien los digiere peor, pero además todos tenemos conductas y ambientes diferentes que modifican lo que gastamos. Por lo que para estár bien alimentado cada persona tiene unas necesidades diferentes.

Si un niño come «poco», pero está sano, su crecimiento es adecuado y tiene una dieta variada para su edad es que come lo que necesita. Porque si no se come bien se enferma y se detiene el crecimiento.

Es mucho más frecuente que el problema lo tengan los padres porque creen que su hijo necesita más nutrientes cuando no es cierto.

Pero aunque fuese cierto ¿qué soluciona obligar a comer a un  niño?

Obligar a comer a un niño no es ofrecerle antes de que pida la comida, no es intentar darle una cucharada más.

Obligar a comer a un niño es llegar a ser desagradable, insistir cuando claramente rechaza el alimento o coaccionar al niño para que coma amenazándole con castigos o retirada de premios si no lo hace.

La comida es algo muy influenciable desde el punto de vista afectivo. Cuando estamos deprimidos o nerviosos se altera nuestro apetito.

Y, aunque tenemos mecanismos de nuestro cuerpo que nos inducen a comer cuando hace falta y a dejar de comer cuando ya sobra, son fácilmente influenciables por cuestiones ajenas a la comida, como la relación con quien alimenta al niño, el deseo de seguir jugando o viendo la televisión, el sueño…

Y desde luego hacer de la comida algo desagradable no ayuda a solucionar el problema.

Cuando por conseguir que se tome 2 cucharadas más hacemos de la comida algo que genera rechazo sólo empeoramos.

Lo que lograrás es que en la siguiente comida el niño se ponga a la defensiva nada más ver que llega el plato.

Obligar a comer a un niño y cómo afecta a la relación padres-hijos.

Lo que hace tan importante los problemas con la comida en la crianza no es la malnutrición. En los países «ricos» por suerte esto no es frecuente.

Pero sí que lo son los problemas de los niños con la comida.

Su importancia es más por la forma en la que afecta la relación padres-hijos que por lo que supone para su «salud física».

El problema es que hay que comer todos los días, y además se hace varias veces al día.

Cuando hay dificultades en este plano son capaces de monopolizar la relación padres-hijos hasta convertirse en un pozo que absorve y condiciona toda la comunicación, marcando en muchos casos de forma negativa la relación entre padres y niños. No merece la pena.

Si las malnutriciones son raras y el problema frecuente, es que sin duda damos más importancia al problema de la que tiene o se está enfocando muy mal por la mayoría de la gente.

Yo creo que es la segunda opción. Las últimas décadas se ha dado «aura científica» a todo en salud y se ha pretendido poner cifras a todo. Incluso a lo que no puede tenerlas y se ha centrado tanto en la enfermedad que casi se asume que los mecanismos de regulación del propio cuerpo fallan siempre. Cuando es al revés, casi siempre funcionan bien.

Pretender poner cantidades a todo en alimentación, desde las horas entre las tomas, la cantidad de comida, la proporción entre alimentos… ha generado en los padres inseguridad y preocupación innecesarias.

No obligues a tu hijo a comer. Ofrece una dieta sana, ofrece comida con frecuencia y que coma hasta que no quiera más.

Si está sano y su evolución de peso y talla es buena, si su relación con la comida es buena y si su dieta es cada día más variada, es que todo funciona como debe. No es necesario forzar nada. Cuando algo de eso falla, debemos buscar la causa y ponerle remedio.

Obligar a comer a un niño nunca arregla nada. Hacerlo sólo puede dañar la relación de tu hijo contigo y con la comida.

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Azúcar baja en niños y bebés

Azúcar baja en niños y bebés

Hay distintas situaciones en las que un niño puede tener el azúcar baja. Las principales diferencias se establecen según su edad. Algunas pueden ser graves.

Nuestro cuerpo consume energía para funcionar. Y la fuente básica que usan nuestras células para obtenerla es la glucosa. Es como nuestra gasolina.

En realidad estamos preparados para usar otras fuentes de energía alternativas, como las grasas, las proteínas o los cuerpos cetónicos. Pero hay algunos de nuestros órganos que son más selectivos. El principal de ellos es el cerebro, que consume casi en exclusiva glucosa.

Eso hace que cuando no hay cantidad suficiente de glucosa en la sangre los primero síntomas que aparecen suelen afectar al funcionamiento del cerebro. El primer síntoma que aparece es el hambre.

Las situaciones que llevan al azúcar baja y la forma en la que se manifiesta depende de la edad. Podemos hablar de dos grupos esenciales: Los recién nacidos y los escolares.

Azúcar baja en recién nacidos

Cuando un bebé nace, ha estado durante meses recibiendo de forma constante azúcar a través de la placenta. Eso hace que no necesite almacenarla para períodos prolongados de ayuno.

Pero tras salir del útero empieza a alimentarse en las tomas. Al principio suelen ser tomas muy frecuentes de pequeña cantidad. Es lo más parecido a ese paso constante que tenía durante el embarazo.

Aún así aparecen intervalos en los que el bebé no recibe nuevos aportes y el azúcar tiene subidas y bajadas a lo largo del día. Suele subir tras la toma alcanzando un máximo entre la hora y dos horas después de comer y a partir de ahí empieza a bajar.

Lo normal es que la bajada de azúcar desencadene el hambre. El bebé se active, empiece a mostras incomodidad y se le dé una nueva toma.

Pero en ocasiones, algunos bebés tienen bajadas muy rápidas y pasan a una situación en la que están más dormidos. Cuesta despertarles para que coman y eso hace que el azúcar baje aún más. Si la situación se prolonga pueden aparecer otros síntomas de mal funcionamiento del cerebro. El más llamativo son las convulsiones.

Os añado el enlace a un vídeo en el que puede verse una. Si os fijáis el bebé hace sacudidas con la pierna izquierda. Y coincidiendo con eso la concentración de Oxígeno (que mide el aparato con la pantalla) baja. Cuando cede la convulsión la concentración de Oxígeno sube de nuevo.

El azúcar baja en bebés es más frecuente en recién nacidos:

Con peso elevado. Es frecuente que los hijos de madre diabética lo sean. Son bebés que han recibido mucha azúcar durante el embarazo y como consecuencia han crecido más de lo normal y la consumen con facilidad. En estos bebés es fácil que durante los primeros días se queden con una falta de alimentación que favorezca la bajada de azúcar. Se les suelen hacer controles de azúcar las primeras horas para comprobar que la controlan bien y es recomendable darles de comer con mucha frecuencia.

Con bajo peso. También los niños que nacen con un peso muy bajo tienen facilidad para tener el azúcar baja. En este caso disponen de muy pocas reservas de energía y al tener una menor capa de grasa en la piel necesitan gastar más para mantener su temperatura que un bebé de peso normal. Igual que en los más grandes lo recomendable es controla el nivel de azúcar y alimentarlos con frecuencia.

Habitualmente en torno a las dos semanas de vida los bebés han ido acumulando azúcar en el hígado. De forma que cuando baja tienen reservas a las que recurrir y las bajadas de azúcar se hacen menos frecuentes.

El niño mayor con bajadas de azúcar

Las bajadas de azúcar son menos frecuentes entre las dos semanas y los 6-7 años. Habitualmente con esta edad los niños se alimentan de forma regular y sus mecanismos de regulación del azúcar suelen funcionar bien.

Pero cuando empiezan a dar el «estirón», unos antes y otros después y especialmente cuando los niños empiezan a definir su conducta alimentaria, es frecuente que reaparezcan.

El caso típico de azúcar baja en niños sanos es el preadolescente que no desayuna bien y se marea en el colegio.

Suele ser un niño o niña que está creciendo rápidamente y que suele desayunar poco o nada. Con las prisas para llegar al colegio muchas veces sale de casa casi en ayunas. Y en el colegio su cerebro consume azúcar a un ritmo superior al habitual. Como la merienda de media mañana llega tras horas de clase, es frecuente que acudan a urgencias por un mareo antes del recreo.

La solución es evidente: Debe desayunar.

En algunos casos los padres dicen que el niño en realidad sí desayuna y que además lo ha hecho con alimentos ricos en azúcar. Ese es a veces el problema. Cuando tomamos alimentos ricos en azúcar sin fibra la absorción es muy rápida. Tanto que el cuerpo libera insulina para bajarla y a veces la bajada viene como respuesta al subidón de azúcar previo.

Para evitarlo lo que debe tomar son alimentos ricos en azúcar CON FIBRA. Es decir, Fruta (no zumos en los que eliminamos la fibra) y cereales integrales (con su fibra). La fibra hace que la absorción de azúcar sea lenta y mantenida, consiguiendo niveles adecuados de azúcar en sangre durante las horas necesarias hasta la merienda de media mañana.

Azúcar baja por alteraciones en la insulina

Hasta ahora hemos hablado de situaciones en las que el azúcar baja en niños sanos. Pero hay casos en los que la bajada corresponde a un problema en las regulaciones de nuestro cuerpo. La hormona principal encargada de regular esto es la insulina (también los corticoides influyen y algunas otras).

Lo más conocido en este tema es la diabetes. Consiste en un aumento de la glucosa en sangre porque la cantidad de insulina que produce el cuerpo es escasa (tipo I) o porque no tiene suficiente efecto (tipo II).

Los diabéticos necesitan medicamentos o insulina externa que les ayuden a regular el azúcar. Pero a veces, si se come mal, se consume mucha más azúcar de lo habitual (ejercicio, fiebre…) o nos pasamos con la dosis de medicación, el azúcar puede bajar.

Cuando pensamos en diabetes solemos centrarnos en los efectos perjudiciales de tener el azúcar alta. Pero sus problemas suelen ser más a largo plazo. Tiene que subir mucho para dar problemas agudos. Es la cetoacidosis diabética, que suele verse sólo cuando la diagnosticamos.

En el diabético diagnosticado y con tratamiento la situación de emergencia más frecuente no es una nueva cetoacidosis por exceso de azúcar. Lo más habitual que lleva a urgencias a un diabético es el azúcar baja. Como en los bebés puede llegar a provocar convulsiones.

Otra situación mucho menos frecuente que la diabetes es el Hiperinsulinismo. Es una situación en la que el cuerpo produce demasiada insulina haciendo que el niño tolere muy mal el ayuno. Genera mareos o convulsiones muy repetitivas. Debe ser siempre estudiado en niños que a pesar de tener una dieta adecuada tienen bajadas de azúcar frecuentes.

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Agua de grifo o embotellada para niños

Agua del grifo o embotellada en niños

¿A partir de que edad pueden los niños tomar agua del grifo? ¿Es mejor que tomen siempre embotellada? Depende de la calidad del agua del grifo.

El agua es uno de los componentes esenciales de nuestro cuerpo, por lo que la consumimos todos los días sin excepción.

Cuando nos preocupa la calidad de lo que tomamos, preocuparse por el agua que bebemos no es ninguna tontería.

Ante esto cuando hablamos de los bebés hay varias dudas:

¿Influye la calidad del agua que toma la madre en la salud del bebé?

Por supuesto. Lo más evidente ocurre en países donde no se dispone de agua potable de calidad. En esas regiones en las que directamente está contaminada pueden aparecer enfermedades importantes en los niños (y en las madres).

Hoy en día las aguas puras, puras son escasas. Lo que se consume en la mayoría de las casas cumplen con los criterios de salubridad exigidos. Pero estos establecen unos niveles de seguridad «aceptables».

Centrándonos en el caso de España, hay ciudades en las que se puede beber del grifo con una seguridad más que buena.

Y otras en las que las propias autoridades locales recomiendan evitar su uso para bebida y elaboración de alimentos porque se sabe que existen riesgos claros para la salud si se consume de forma habitual.

Un ejemplo conocido es en las Islas Canarias, donde la proporción de metales pesados desaconseja su uso para consumo humano. Pero hay otras muchas zonas, especialmente costeras donde la calidad no es apta para consumo humano.

¿Puede prepararse la comida del bebé con agua de grifo?

Pues está claro que depende de la calidad que tenga en la zona en la que vivimos. Cuando es de buena calidad y es la consumida habitualmente por los adultos de la casa no tiene mucho sentido comprar embotellada.

En este sentido, una de las cosas que se aconseja es que sea de baja mineralización. Pero para valorar esto las empresas suministradoras deberían facilitar a los consumidores en su recibo cual es la mineralización aproximada del agua que se les proporciona. Ese dato debería ser obligatorio junto con los demás parámetros de calidad, como concentración de partículas biológicas y de metales pesados… Y debería estar detallado por zonas de suministro. Pero ya sabemos que nada es perfecto.

Otra de las cosas que suele hacerse en bebés es hervir el agua para preparar los biberones o la comida. ¿Es necesario? En regiones en las que no es potable o puede dudarse de que lo sea, por supuesto. Pero en zonas donde tiene garantizada su potabilidad, no es necesario.

Hay quien aún así lo prefiere hervir incluso la embotellada. No es que sea malo, pero a partir de los 2-3 meses, cuando el bebé no para de tocar en todas partes y de meterse las manos en la boca ¿qué sentido tiene la esterilización? ¿Vas a hervirle las manos?

¿A partir de qué edad puede beber agua del grifo un niño?

Pues la respuesta es similar. Si la calidad del agua del grifo es buena no tiene sentido que demos embotellada. Si no lo es, no tiene sentido que demos agua del grifo si podemos evitarlo.

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¿Cuándo empieza un bebé a beber agua?

Con qué edad necesita beber agua un bebé

«¿Cuándo tiene un bebé que empezar a beber agua?» Respuesta a Peketema propuesto por una Madre en Facebook. Las dudas aumentan con la alimentación complementaria.

Hay dos formas de responder, como siempre. La sencilla, mitad broma, mitad en serio y la que tiene matices y es más seria:

Pues desde que nace. Esta es la mitad broma, mitad en serio. Y es que realmente el bebé necesita tomar agua desde que nace. Pero es que lo hace en la leche. No es casualidad que la leche sea líquido. Es la forma que ha diseñado la naturaleza para simplificar las cosas. En un sólo producto va todo lo que el bebé necesita durante los primeros meses de vida.

Evidentemente la pregunta de esta madre no lleva esa orientación. Lo que realmente quiere que explique es ¿Cuándo es necesario que un bebé tome agua sola? Y aquí empiezan las explicaciones y matizaciones. No una respuesta en forma de fecha y cifras (absurdas) sino algo levemente más complejo pero que nos ayuda a entender cada vez mejor a nuestro bebé.

¿De dónde saca agua un bebé?

El agua está en todos los alimentos que tomamos. Los hay con más o con menos agua, pero todos la tienen.

Cuando un bebé nace lo único que necesita es leche. Durante los primeros 6 meses de vida cualquier bebé puede estar perfectamente sin que le entre otra cosa en la boca que la leche. Muchos incluso podrían seguir más tiempo así.

No son pocos los que pretenden establecer una distinción y recomiendan, da leche si tiene hambre y si tiene sed dale agua ¡¡¿¿??!!! ¿Y cómo se sabe eso? Tenga sed o hambre dale leche.

«Pero es que entonces puede estar todo el día tomando alimento, incluso si sólo tiene sed» -dirán algunos-. Y eso no es un problema, porque la lactancia es a demanda.

La introducción de la alimentación complementaria no busca en absoluto aportar más agua, ya que todos los alimentos que vamos a introducir son más pobres en agua que la propia leche. Y es por esto mismo por lo que muchos se plantean la necesidad de dar agua cuando iniciamos la alimentación complementaria.

Otra situación en la que es frecuente que se insista en que tome agua es el verano. Pero si es menor de 6 meses y se está alimentando sólo con leche, de nuevo, ningún bebé se deshidrata tomando lactancia a demanda…

¿Signos de que le hace falta más agua a un bebé?

Si nuestro bebé está activo, tiene saliva abundante, orina, y la caca no es dura, es que está bien hidratado.

Cuando el cuerpo tiene carencia de agua la busca reduciendo las pérdidas:

  1. Reduce la producción de saliva.
  2. Orina mucho menos y más espeso (orina más oscura).
  3. Las heces se vuelven más duras.

Y además estará irritable pidiendo más líquido. Se calmará cuando le damos leche «o agua».

Mi consejo sobre cuando empezar a dar agua a un bebé

  • Si tu hijo tiene menos de 6 meses y se alimenta con leche no ofrezcas agua o manzanilla. Si aparecen los signos anteriores, ofrece leche con más frecuencia. Habitualmente en los niños pequeños que presentan deshidratación suele haber una desnutrición asociada. Por lo que lo mejor no es ofrecerle agua y más agua (que no alimenta), sino leche que lleva agua y alimento. Haciéndolo así su cuerpo ya se encargará de coger lo que necesite en la proporción adecuada.
  • Si ya has empezado la alimentación complementaria y aparecen signos de falta de líquido:
    • Si su evolución de peso es también escasa, no ofrezcas agua, ofrece leche. Así se rehidratará alimentándose mejor.
    • Pero si su evolución de peso es buena puedes ofrecer agua. Él la tomará si la necesita y la rechazará si no.

Pero ¿Y si le doy demasiada agua al bebé?

Hay dos señales que pueden avisarnos de que un bebé esté tomando demasiada agua:

  • Que orine muchísima cantidad. Es decir, que se le escape sistemáticamente la orina del pañal.
  • Que empiece a rechazar la comida pidiendo cada vez cantidades mayores de agua.

En estos casos lo que os recomiendo es que ofrezcáis cantidades más pequeñas. Hay bebés que si le das el biberón lo toman sistemáticamente hasta terminarlo. Si es así, y el niño orina mucho más de lo habitual y empieza a rechazar la comida, ofreced el biberón menos lleno.

Veis que no he dicho una sola cifra. Sé que hay libros que la dan. Pero es absurdo.

Los bebés son como nosotros, se adaptan a miles de factores que varían en su entorno. Sus necesidades cambian constantemente. Si reconocéis los signos de que se encuentran en una situación especial, por exceso o por defecto de agua, entenderéis cuando ofrecer y cuando no ofrecer más líquidos.

No aprendas cifras, sino a entender cómo funciona tu hijo y cuándo y cómo atender sus necesidades.

 

 

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Cómo debe ser la alimentación de un bebé de 1 año

Medir los alimentos en los niños es un error.

Respuesta a una madre en Facebook: «Como debe ser la alimentación de los pequeños de 1 año, pero con ejemplos claros de desayuno, comida y cena, y la frecuencia de darle leche. Los artículos que he leído en Internet no me convencen. No son muy precisos.»

Mi interés al escribir este artículo es aclarar porqué no encuentras uno así ni siquiera en mi web. Y porqué este artículo tampoco va a servir para que tengas esa lista.

Porque es contraproducente. Esta petición surge de una forma de entender la alimentación y la crianza de niños que creo que es irreal. Te aconsejo que la cambies.

Imagina que te hiciese una lista tipo menú de un colegio en el que te especificase composición de cada comida, con primer plato, segundo plato, postre, bebida. Y que te dijese además la receta exacta para elaborarlo, con cantidades concretas y forma de preparación… ¿Para qué? ¿Cómo podría nadie pretender tener una respuesta científicamente adecuada para decir que esa lista concreta es la correcta y cualquier otra está equivocada? No existe la dieta perfecta, el menú perfecto.

Dar una lista así no serviría más que para generar inseguridad a los padres si se desvían lo más mínimo de ella.

Pedirla significa que hasta ahora nos han dado unas pautas rígidas de cómo criar a nuestro bebé.

Pero un bebé es como nosotros. Un ser biológico, no mecánico. Eso significa que la cantidad de cosas que influyen en lo que necesita comer cada día es muy amplia y cambia constantemente.

Tú no comes lo mismo cada día, no comes lo mismo que yo. Ni en cantidad ni en variedad.

Pretender definir de forma lo más concreta posible esa cantidad y variedad para los niños es fruto del miedo de muchos padres a no estar haciendo las cosas de la mejor forma posible.

Es comprensible que sea así. Criar bien a nuestro hijo bien es una de nuestras principales preocupaciones. Y es algo para lo que no hemos recibido formación específica. Así que la buscamos y nos gustaría tener reglas claras para todo. De forma que sintamos la seguridad de estar «haciéndolo todo bien».

Pero si yo os diese una lista así no os haría ningún favor. Porque sería incorrecta. No existe una lista así que sea adecuada para todos los niños y mucho menos para todos los días.

Cuando hablamos de alimentación en bebés sólo podemos defender principios generales.

Y aún en ellos, con flexibilidad.

Principios generales en alimentación complementaria:

  1. El alimento fundamental para el niño hasta el año (aproximadamente) es la leche.
  2. Se recomienda empezar con alimentación complementaria en torno a los 6 meses.
  3. Pero es complementaria. Hasta el año muchos bebés pueden estar perfectamente tomando prácticamente leche y algo de complemento.
  4. No existe un orden definido para introducir esos alimentos. Decir que la fruta va antes o después de los cereales o la verdura en el orden de introducción tiene poca o ninguna base científica. Hay circunstancias en las que puede ser «recomendable» hacerlo de un moco u otro. Pero varían mucho según las peculiaridades de cada niño.
  5. Hay muy pocos alimentos que de verdad tengan un motivo para no ser introducidos antes de cierta edad:
    1. No antes del año: Leche de vaca entera, miel cruda, verduras de hoja verde.
    2. No antes de los 2 años: Pescado azul grande, marisco, huevo crudo.
    3. No antes de los 4 años: Frutos secos.
  6. Cada niño necesita comer una cantidad diferente, que varía además en cada comida.
  7. Debemos buscar que tenga una dieta cada vez más variada conforme crece.
  8. Es importante que su relación con la comida sea buena. Para lograrlo evita:
    1. Pelear con tu hijo para que coma.
    2. Entretener a tu hijo para que coma.
    3. Simplemente ofrece comida y él comerá lo que necesite.
  9. Un niño está bien alimentado si le ofrecemos una variedad de alimentos adecuados para su edad, come la cantidad que quiere y el resultado es un niño sano.
  10. La mitad de los niños sanos está por debajo de la media en peso. Lo importante no es su percentil, sino que esté sano.

 

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Niños de bajo peso

Hay bebés que tienen según las tablas de crecimiento y bajo peso. Pero ¿Cuáles son las causas más frecuentes?¿Qué tipos hay?¿Cual es su importancia real?

Cuando vamos siguiendo el crecimiento de un bebé o un niño, nos guiamos fundamentalmente por la evolución de su peso y talla.

Al comparar esas cifras con las tablas de crecimiento, hay tantos niños por encima de la media, como por debajo de ella. Ambos grupos son normales. Pero es difícil evitar que los padres se preocupen si su hijo pertenece al grupo de los que están por debajo de la media.

Para afinar un poco más, usamos percentiles. Un percentil 3 de peso, por ejemplo, significa que el 3% de los niños normales tienen un peso menor que ese. Y por tanto el 97% de niños normales tiene un peso mayor.

Por eso lo importante cuando un niño tiene un peso bajo, es diferenciar si es normal o consecuencia de un problema. Pero sin olvidar que en bastantes casos puede ser normal.

¿Cómo diferenciamos al niño de bajo peso enfermo del normal?

Hay varias pistas que nos permiten hacernos una idea bastante real de si un niño con bajo peso lo es por tener un problema, o es simplemente así.

El niño de bajo peso enfermo suele caracterizarse por:

– Es un niño poco activo.

– Es un niño con aspecto de enfermo.

– Es un niño en el que el peso se ha estancado o bajado en un momento determinado. Cuando antes su evolución era normal.

El niño de bajo peso normal suele:

– Ser un niño sano.

– Ser activo. En muchos casos más que la mayoría. Incluso con un desarrollo más rápido de lo normal.

– Tener un peso que siempre ha ido en un percentil bajo.

¿Cuáles son las principales causas de bajo peso en niños enfermos?

En niños y bebés que tienen un peso bajo y es por una enfermedad, las causas más frecuentes son:

– Intolerancias y alergias a alguno de los alimentos que toma. De ellos, los más frecuentes son el gluten, las proteínas de leche de vaca y la lactosa.

– Enfermedades crónicas, como problemas respiratorios, de corazón o metabólicos.

– Defectos de hormonas: Especialmente hormona de crecimiento y del tiroides.

– Anemia por falta de hierro.

– Reflujo gastro-esofágico.

– Infecciones de orina.

– ….

La lista puede ser bastante más larga, pero en lo anterior entra casi el 99% de niños que tienen bajo peso no siendo sanos.

Ante un niño con bajo peso, especialmente si cumple los criterios de enfermo que pusimos antes, hay que descartar todos estos problemas.

El niño o bebé sano de peso bajo

Pero hay casos en los que una vez investigado todo lo anterior no hay nada.

El niño tiene un peso bajo y cumple los criterios vistos arriba para un niño normal con bajo peso:

– Está sano.

– Es activo y su desarrollo es normal, exceptuando el peso.

– Su peso siempre ha ido en un percentil bajo.

En estos niños, el mayor problema es precisamente que se tiende a hacer más de lo indicado.

Voy a poner un ejemplo para que se entienda: Es muy frecuente que se recomiende a los padres de estos niños: jarabes para las ganas de comer, suplementos de vitaminas o batidos hiper-calóricos. Todo lo que se ocurra para intentar aumentar el peso de estos niños.

Pero es un grave error. Imaginemos que mañana se publicasen unas estadísticas que dijesen que el peso normal para un adulto son los 200 kg. Y que hiciésemos cuanto estuviese en nuestra mano para que toda la población adulta alcanzase ese peso.

El resultado sería que forzaríamos el metabolismo, haciendo que apareciesen problemas de colesterol, diabetes, corazón… en personas que antes estaban sanas.

Dar cosas que buscan subir artificialmente el peso de estos niños (que son normales teniendo un peso bajo), equivale a lo mismo. Es forzar su metabolismo. Y antes o después pasará factura a su salud. Y todo ¿para qué? para ajustarlos a una normalidad mal entendida.

Repito: El percentil 3 marca el peso por debajo del cual están el 3 por ciento de los niños normales y sanos de esa edad.

Si no detectamos un problema y el niño es sano sin considerar su peso, el tratamiento más adecuado es no hacer nada.

En aquellos enfermos cuyo problema se detecte, el tratamiento no es tampoco un jarabe para las ganas de comer, ni vitaminas… sino tratar la causa de su problema.

Si quieres calcular y comparar los percentiles de peso y talla de tu bebé y que te los explique puedes usar la Calculadora de Percentiles.

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Yogures adaptados para bebés

¿Aportan algo el yogur adaptado para bebés? Esto es parte de una idea más amplia. ¿Cómo introducir los lácteos de vaca en la dieta infantil?

Cuando hablamos de introducción de la alimentación complementaria hay tantas opciones correctas como bebés. No existen normas absolutas. Todo lo que se diga en este campo es orientativo.

Un producto que suscita dudas en los padres es el yogur.

¿Qué es el yogur?

Es un producto producido a partir de la fermentación de la leche. El yogur tiene varios puntos a favor:

  1. Los gérmenes que fermentan la leche son lactobacilos. Estos bichitos son parte de la flora habitual del intestino de los lactantes. Y son gérmenes no agresivos. Como en nuestro intestino tiene que haber microbios, que estos lactobacilos representen una parte importante de esa flora se considera beneficioso. Luego tomar yogur, puede serlo porque siembra de forma regular lactobacilos en el intestino.
  2. El proceso de fermentación transforma la lactosa (el azúcar natural de la leche) en ácido láctico. Como hay gente que tiene intolerancia a la lactosa, el yogur es un a forma de tomar lácteos para muchas de estas personas evitando molestias.
  3. El proceso de fermentación hace una ligera degradación de las proteínas de la leche que la hace más fácil de digerir.

¿Y el yogur adaptado?

Es un yogur que en lugar de elaborar con leche de vaca normal se hace fermentando leche de continuación artificial.

Es decir, tomamos leche tipo 2 (la que recomendamos usar a partir de los 6 meses en niños que toman lactancia artificial), y la fermentamos para hacer yogur.

¿Y para qué? La idea es que cuando introducimos la leche en los niños lo hacemos de forma gradual, ya que muchos niños van adquiriendo la capacidad de digerir las proteínas de la leche de vaca poco a poco. Estas proteínas son más difíciles de digerir para los humanos que las de la leche materna (las terneras son rumiantes y tienen un sistema digestivo capaz de digerir cosas que para el ser humano es imposible).

Por eso, cuando se escoge dar lactancia artificial, se usan leches que provienen de la de vaca pero se adaptan para que un bebé pueda digerirlas. Y hay distintas leches para edades diferentes. La de inicio tiene las proteínas más pequeñas para que resulten más fáciles de digerir, las de continuación algo más grandes. El Yogur normal sería un escalón intermedio entre la leche de continuación y la leche entera de vaca.

Ya que el proceso de fermentación fracciona un poco las proteínas, el yogur para bebés sería un escalón entre la leche de inicio y la continuación.

¿Hace falta tanto escalón? Mi opinión es que no.

Mi opinión es que estos yogur para bebés existen porque son muy rentables. Pero no aportan nada. Que no son malos, pero a mi modo de ver puede introducirse la leche sin gastarse en un yogur para bebés lo que valen 4 normales.

Yo creo que introducir la leche con 4 escalones es más que suficiente (en los que toman leche artificial):

  1. Leche de inicio hasta los 6 meses.
  2. Leche de continuación desde los 6 meses al año.
  3. Yogur en aquellos niños que tras un par de semanas de tomar leche de continuación no tienen síntomas de que les siente mal.
  4. Leche de vaca entera a partir del año.

 

 

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Alimentación de la madre durante la lactancia

Claves para que una madre tenga una buena alimentación mientras da lactancia materna.

Como parece que en cuanto se es madre todo tienen que ser preocupaciones, y siempre tiene que haber motivos para interferir en la conducta de las madres novatas, no faltan los comentarios sobre este tema.

Desde el famoso «tienes que comer por dos» que se aplica durante el embarazo a «ahora tienes que recuperar tu peso anterior, porque lo que no pierdas cuando hayas dejado el pecho ya es pa´ti pa´siempre». Pasando por no comas de eso que le da gusto a la leche y te va a rechazar el pecho, o no tomes de aquello que le da gases al niño… En su mayoría afirmaciones sin fundamentos que son ni más ni menos que comentarios por hablar.

Ya sabéis que el deporte nacional es calentarle la cabeza a las madres novatas.

Así que voy a intentar que estéis vacunadas contra estos comentarios.

Evolución del peso tras el embarazo.

Cuando se da lactancia materna exclusiva, ayuda a la pérdida de peso tras el parto. Lo normal es que durante el embarazo se gane peso. Suele ser entre 6 y 9 kg. De los que parte se pierden en el parto (algo pesan el niño, la placenta y el líquido amniótico).

Es normal que al principio, tras el parto se haya producido una retención de líquido importante, especialmente en las piernas si has permanecido en cama varios días por una cesárea.

El resto es razonable que se vaya perdiendo entre 6 meses y un año después del parto.

Para hacerlo suele bastar con volver a comer al ritmo habitual antes del embarazo (sin dietas, estamos hablando de tener una alimentación sana y equilibrada), y volver a las actividades anteriores más las nuevas que implica ser madre.

¿Se puede hacer ejercicio dando el pecho? Pues claro. No os recomiendo que corráis una maratón, pero hacer ejercicio de forma regular es sano. Especialmente si lo hacías antes del embarazo de forma regular, mi consejo es que vuelvas a retomarlo de forma gradual en cuanto sientas que tu estado físico te lo permite.

¿Qué evitar durante la lactancia materna?

Durante el embarazo se suele recomendar no tomar alcohol, no fumar, evidentemente evitar otras drogas más perjudiciales… Esto sigue siendo aplicable durante la lactancia. Pero en el alcohol, siendo realista a un niño no le va a pasar absolutamente nada si su madre se toma una cerveza o un poco de vino de vez en cuando. Aunque eso de que es muy buena para aumentar el pecho no es tampoco cierto. El pecho es más simple: Si la madre tiene una alimentación equilibrada, está bien hidratada y su bebé lo vacía con frecuencia, el pecho suele funcionar.

Especialmente en las primeras semanas os recomiendo no tomar alimentos con demasiadas especias. Es frecuente que tras el parto muchas madres tengan hemorroides. Si es vuestro caso las especias picantes y las bebidas con alcohol suelen pagarse caras.

Alimentos que producen gases al bebé

Este apartado es corto: Ninguno.

Los bebés con gases pueden tenerlos por distintas causas. Pero la única que tiene que ver con la madre es si el bebé tiene intolerancia a las proteínas de la leche de vaca y la madre la toma.

Todo lo demás que suele decirse no tiene base. Los alimentos que nos dan gases lo hacen porque fermentan en nuestro intestino produciéndolos. Pero esos gases no pueden llegar a la leche materna de ninguna forma. Es materialmente imposible.

Alimentos que dan gusto a la leche materna

Esto sí es posible. La leche es un filtrado de la sangre. Igual que la orina. Y todos sabemos que tras tomar por ejemplo espárragos, la orina desprende un olor llamativo de forma casi inmediata. Pero el tema es que aunque ciertos alimentos que se tomen pueden modificar el sabor de la leche materna, no tiene porqué producir rechazo alguno por parte del niño. Por un lado, la mayoría de los bebés tienen más interés en saciar su hambre que en el sabor en sí del producto. Pero por otro, hay gustos para todo, y esos sabores variantes habrá niños a los que les gusten y otros a los que pueda disgustar algo.

No te guíes por una «lista de alimentos que dan mal sabor», observa a tu hijo. Si parece tomar peor el pecho cuando tomas un alimento concreto, evítalo unos días y vuelve a probarlo para ver si fue una coincidencia o de verdad influye.

Embutidos curados y carnes «crudas»

Muchas madres durante el embarazo no toman carnes crudas o embutidos curados por el riesgo de toxoplasmosis. En cuanto el niño nace se acaba ese riesgo. Con lo que si son de tu gusto, a partir del parto puedes tomarlos.

Suplementos vitamínicos y minerales

Tras el parto y durante la lactancia suele recomendarse a las madres tomar suplementos de hierro y vitaminas. El parto supone a veces una pérdida importante de sangre y un sobre esfuerzo. Es razonable tomar un suplemento de hierro. Porque ese hierro puede ayudar también al bebé.

En cuanto a los demás suplementos, yo tengo que reconocer que soy poco «vitaminoso». Cuando hablamos de este mismo tema en niños ya os expliqué que una dieta variada tiene las cantidades necesarias de vitaminas y minerales. Y si la dieta no es sana no se resuelve con un complemento vitamínico.

Con lo que mi consejo es similar a las madres que a sus hijos: Procura tener una dieta variada.

Fibra

Uno de los problemas más frecuentes tras el parto es el estreñimiento:

– El estreñimiento, ya de por sí, es más frecuente en mujeres que en hombres.

– Tras el parto, las molestias del suelo pélvico hacen que muchas madres teman ir al baño por el dolor. Lo que lo acaba empeorando. Porque si encima cuando salen las heces son duras o voluminosas, mucho peor.

– Tras dejar un espacio importante desocupado en el abdomen, los intestinos tienen tendencia a moverse menos.

La solución a toda esta coincidencia de causas que pueden llevar al estreñimiento es más fibra en la dieta y regularidad en ir al baño.

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Problemas con la comida en niños

aplicación bebé sin cólico para iphone

Por fin respuestas claras para que coma bien.

 

La alimentación es uno de los pilares fundamentales de la salud en los niños, junto con:

– Afectividad.
– Sueño.
– Sistema defensivo.
– Desarrollo cerebral.

De hecho, los problemas en la alimentación pueden afectar a los otros cuatro pilares.

Pero por frecuencia de consulta está en segundo lugar (después de las infecciones durante los dos primeros años).

Uno de los motivos para que los padres se agobien con la alimentación de sus hijos, es que es algo muy cambiante: Los niños son seres humanos en desarrollo, y en el tema de la comida, deben pasar de alimentarse únicamente con leche a tener una alimentación completa y con sólidos antes de los 2-3 años.

Es un proceso que encima no es igual en todos los niños. Tanto padres como pediatras nos guiamos por pautas de introducción de la alimentación complementaria. Pero la queja de muchos padres es que hay muchas pautas diferentes y es difícil saber cuál es la adecuada para su hijo en concreto.

Lo que yo voy a hacer en este libro es explicar cuales son a mi parecer los pilares para obtener una alimentación saludable en nuestros hijos. Lo haré desde mi experiencia como pediatra al que le gusta dialogar con los padres de forma abierta, para conocer otras opciones y lo que funciona o no en cada niño.

Otros pediatras lo enfocarán de forma diferente, y es muy probable que vosotros hagáis modificaciones propias según las características de vuestros hijos. Estad tranquilos haciéndolo.

Lo primero que hay que tener claro en alimentación es que el cuerpo de vuestro hijo está preparado para compensar de sobra la mayoría de los errores que podamos cometer. Así que empezad por algo fundamental: No os agobiéis.

Yo suelo decir que los seres humanos tenemos más problemas con la alimentación que los demás mamíferos porque nos sobran neuronas. Le damos demasiadas vueltas a las cosas. Y en alimentación no somos tan diferentes de otros mamíferos con mucha menos capacidad cerebral que nosotros. Si a ellos les va bien sin calentarse tanto los cascos es que nosotros nos pasamos.

Así que en este libro, mi único objetivo es centrarme en lo que creo que de verdad puede ser importante y desmitificar temas que sé que agobian a muchos padres y que creo que producen más problemas por la preocupación que generan, que por su importancia real.

Voy a centrarme en los primeros 3 años de vida de los niños. Porque es en esta etapa en la que vamos a hacer la mayoría de las cosas importantes sobre alimentación con nuestros hijos.

 

5 Conceptos importantes que aprenderás en las 198 páginas de este libro:

  1. Cómo influye la alimentación en otros pilares del desarrollo de tu hijo, como la afectividad, el sueño, el crecimiento y su aprendizaje.
  2. Cuáles son los principales problemas con la alimentación desde el nacimiento y cómo afrontarlos.
  3. Qué desafíos surgen con la alimentación complementaria y qué hacer para resolverlos.
  4. Problemas concretos con respuestas concretas: El niño que no come, el bajo peso, el estreñimiento, la obesidad
  5. Cómo lograr en definitiva una evolución adecuada desde el nacimiento hasta que tu hijo tenga una dieta completa.

 

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