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Deshidratación en niños

La deshidratación en los niños empieza a preocupar en cuanto empieza el calor. ¿Cómo notarla y cómo evitarla?

Deshidratarse es perder una cantidad excesiva de líquido. Pero eso no es tan fácil como podría parecer. Nuestro cuerpo funciona muy bien, y tiene mecanismos para compensar situaciones muy diferentes.

La cantidad de líquido que hay en el cuerpo se regula como un equilibrio entre lo que entra y lo que sale:

  • Lo que entra: Lo hace por dos vías, comida y bebida. Cuando nuestro cuerpo nota que le falta líquido, aparece la sed. Y cuando esto ocurre nos apetecen más los alimentos ricos en agua y menos los más secos o ricos en sales.
  • Lo que sale. Hay 4 formas de perder agua: Sudor, aliento, orina y heces. Cuando uno se deshidrata empieza reduciendo la cantidad de orina (se vuelve más escasa y densa -oscura-), absorbe tanto como puede de los alimentos y la bebida (las heces se endurecen). La eliminación por el aliento no podemos regularla demasiado. El sudor aumenta si tenemos que compensar un exceso de temperatura. Es mayor cuando hace mucho calor.

Síntomas de deshidratación en niños:

  • En niños muy pequeños, hay veces que el primer signo de deshidratación es que sube la temperatura: Febrícula. Pero si se sigue deshidratando puede subir fiebre alta. Esto se debe a que los niños pequeños tienen menor capacidad de regular su temperatura, y cuando no disponen de agua de sobra para sudar y controlarla pueden subir su temperatura con facilidad.
  • También en los niños pequeños, en cuanto falta líquido se ahorra para los órganos importantes, y la piel no es uno de ellos: Vemos la piel pálida y las ojeras marcadas.
  • Si aún tiene abierta la fontanela (el hueco que queda entre los huesos de la cabeza por encima de la frente) suele verse hundida.
  • La boca está seca, sin saliva. Los ojos están secos, llora sin lágrimas.
  • En cuanto al comportamiento, el niño deshidratado está al principio irritable, pero cuando la deshidratación empeora pasa a estar decaído e inactivo.

Situaciones que causan deshidratación con frecuencia. Las más frecuentes que vemos son:

  • Golpe de calor. Es lo que ocurre cuando sometemos a alguien a un calor excesivo de forma prolongada. Hay dos situaciones a destacar:
    • Actividades al sol, como la playa o las excursiones al campo.
    • Efecto invernadero. De esto el ejemplo más destacable es lo que ocurre cuando se deja a niño pequeño en el interior de un coche al sol. Hace unos meses se publicó un vídeo durísimo sobre esta situación. Que en su momento enlacé porque aunque no es frecuente son cientos los niños que mueren cada año en el mundo por esta causa.
  • Diarrea: Cuando el intestino no es capaz de absorber líquido y seguimos perdiendo, acaba apareciendo la deshidratación. Es más fácil que ocurra cuanto más pequeño es el niño. Pero no tan sencilla como algunos creen. Depende también de la cantidad de líquido y del tipo de líquido que se tome.
  • Vómitos: Cuando todo lo que entra sale sin llegar al intestino la deshidratación es mucho más fácil que aparezca. Los vómitos pueden deshidratar gravemente a un niño en menos de 24 horas si son constantes. La diarrea suele tardar más tiempo.
  • Rechazo de la alimentación y la bebida: Esto no ocurre porque un niño sea «mal comedor» sino cuando por alguna enfermedad rechaza realmente tomar nada (es frecuente por ejemplo en gastroenteritis, infecciones de orina y a veces en infecciones de la boca con llagas que son tan dolorosas que no pueden ni tragar (estomatitis herpética).

Evitar la deshidratación en niños:

  • Evitar exposiciones prolongadas a situaciones de mucho calor: Evitar el sol a las horas centrales del día, lugares que hagan efecto invernadero (como el interior de un coche parado al sol), no abrigar en exceso…
  • Hidratar bien: Ofrecer líquido y comida rica en líquidos con frecuencia (especialmente frutas y verduras). Hago aquí un inciso. En los lactantes, no es necesario más líquido que la leche. Si hace calor dale leche con más frecuencia. Un niño que toma pecho puede pasar el mes de agosto con 40º a la sombra sin mayor problema tomando sólo pecho. En este caso la clave es que la madre esté bien hidratada, y evitar la exposición al calor excesivo (a medio día, en verano, un bebé menor de 3 meses no debe estar en la playa, ni siquiera debajo de la sombrilla).
  • Ante la aparición de situaciones especiales como diarrea, y especialmente vómitos repetidos, acude a tu pediatra para que valore el grado de deshidratación y ponga el tratamiento adecuado lo antes posible.

Tratamiento de la deshidratación:

  • Lo primero, si es posible es corregir la causa. Si está pasando calor, quitarle ropa o llevarlo a un lugar menos caluroso. Si tiene vómitos o diarrea tratarlos…
  • En segundo lugar reponer la falta de líquido y, a veces, de las sales que acompañan ese líquido. Esto se puede hacer dando líquidos para que beba en los casos más leves. En los graves puede ser necesario introducir los líquidos directamente en sus venas (Rehidratación intravenosa).

Los sueros de rehidratación:

Hay que distinguir entre la pérdida de líquidos por sudor y cuando se produce a través del tubo digestivo. En el sudor se pierde fundamentalmente agua con sodio. A través del tubo digestivo (vómitos o diarrea) se pierde mucho menos sodio y más potasio que con el sudor. Y eso hace que los sueros adecuados para cada caso sean diferentes:

  • Bebidas para deportistas: Son adecuadas para reponer la pérdida de líquido por sudar demasiado. Pero aún así no son recomendables en niños menores de 2-3 años.
  • Sueros de rehidratación oral de farmacia: Son necesarios cuando los vómitos o diarrea frecuentes están causando deshidratación. Si un niño vomita un par de veces, o hace 2-3 deposciones de diarrea, no son necesarios. Pero cuando empieza a deshidratarse por vómitos o diarrea abundantes y muy repetitivos son la primera opción. Y si no consiguen corregir la deshidratación o el niño no los tolera hay que rehidratar con suero intravenoso. No deben usarse las bebidas para deportistas en esta situación. Estas bebidas aportan un exceso de sodio y poco potasio que pueden ser muy peligrosas en deshidrataciones graves.
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Baby Led Weaning

BLW, Intrucucción de la alimentación guiada por el bebé, Baby Led Weaning

Hay niños que no toman purés. Pasan del pecho al sólido. Lo llaman «Baby Led Weaning» (BLW) y te explico en lo que consiste.

Básicamente puede definirse como alimentar a los bebés sin puré. Es una de las corrientes actuales en introducción de la alimentación complementaria.

Como todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Hay quien lo defiende a capa y espada, porque para ellos ha sido una gran solución. Y hay quien no le ve el sentido. Como siempre, lo que escribiré a continuación no es más que mi opinión, que espero enriquecer con la vuestra.

Las principales dudas que aparecen por mi experiencia cuando se habla sobre este tema son:

¿Cuándo puede un niño empezar a tomar sólidos?

Y la respuesta, como no puede ser de otro modo, es que en cada niño es diferente. En los defensores del Baby Led Weaning suele plantearse en torno a los 6 meses. La mayoría de los padres que escogen este método, eligieron también el pecho como alimentación única de su bebé hasta esta edad. Es el momento en el que se suele recomendar que se inicie la introducción de la alimentación complementaria al pecho. Pero también puede ser la forma escogida en niños que han tomado leche artificial hasta ese momento.

Pero si no tiene dientes, ¿cómo va el niño a masticar la comida?

De hecho, los purés no son ni tan siquiera un invento humano. Hay muchos animales que mastican la comida antes de dársela a sus crías. Masticar es algo que hacemos con las muelas. Con los dientes se corta, con las muelas se muele o mastica. Y de hecho masticar es un paso importante en el proceso de la digestión.

Por eso, cuando se escoge el BLW, yo no recomiendo dar cualquier cosa al bebé. Mientras no tenga dientes con los que masticar debemos ofrecerle sólo alimentos que puedan desacerse con facilidad. Yo suelo decir a los padres que si puedes deshacerlo con dos dedos sin esfuerzo, tu hijo puede «masticarlo» con la encía.

No deberíamos darle alimentos que precisen de masticación (no puedes deshacerlos con facilidad con dos dedos), hasta que no tenga muelas con las que hacerlo. Y en la mayoría de los niños esto ocurre entre los 6 y los 15 meses.

Pero en la práctica, ¿cómo se hace el Baby Led Weaning?

Se empieza en algunas tomas del día a ofrecer al niño alimentos que puedan «masticarse» con la encía o deshacerse con la lengua, antes o después del pecho. Cuando mejor lo acepte el niño. Si lo hacemos antes del pecho, siempre después podemos ofrecerlo (y es lo mejor si queremos mantener el pecho). Las tomas en las que empecemos a ofrecerlo serán en las que veamos que el bebé lo acepta mejor. Siempre que sea posible es preferible que sea coincidiendo con nuestra comida. De modo que sentemos al niño a comer con nosotros y pongamos la comida que hemos escogido para él a su alcance.

La idea es dejarlo que juegue con ella. La habremos preparado en trozos que el niño pueda manejar con facilidad. Pero es evidente que mucha de la comida acabará en sitios diferentes a su boca. Limpio, lo que se dice limpio este método no es al principio.

La curiosidad innata de los niños hace que tiendan a llevárselo todo a la boca. Vernos comer a nosotros (si es posible, alimentos similares) hace por imitación otra parte del trabajo.

¿Qué alimentos ofrecer en cada edad con el Baby Led Weaning?

Igual que con otras formas de introducción de la alimentación complementaria aquí no hay una norma universal con una pauta fija indiscutible. Yo mismo aconsejo a veces a los padres pautas para introducir la alimentación complementaria en plan «esta semana fruta, en dos semanas verdura, dos semanas después la carne…». Pero esta claro que son arbitrarias y simplificaciones no necesariamente ideales.

Lo que me parece más interesante es:

Tener claro cuando hemos introducido por primera vez cada alimento o familia de alimentos. Eso facilita que se detecten alergias o intolerancias si las hay.

Saber qué alimentos no deberían darse antes de qué edad. Simplificando, prefiero decirlo en orden inverso:

A partir de los 4 años puede comer de todo.

Frutos secos no antes de los cuatro años (peligro de atragantamiento).

Desde los 2 años pescado azul grande (atún, bonito, caballa). Antes no por su contenido en metales pesados.

Desde los 2 años Chocolate: Rico en histaminas, favorece la aparición de alergias y la mayoría cuando lo prueban les gusta y pasan a tomarlo con frecuencia.

También desde los dos años Marisco: Puede causar alergias intensas.

Desde el año: Verduras de hoja verde (acelgas y espinacas son ricas en nitratos y en menores de un año pueden producir intoxicaciones).

Desde el año: Miel (antes del año es causa a veces de intoxicación botulínica).

Desde el año: Pescado azul pequeño como el boquerón o la sardina (más alergénico que el blanco y más difícil de digerir).

Desde el año: Leche de vaca entera si previamente ha tomado otros lácteos procedentes de la vaca sin problemas.

El resto de alimentos pueden empezar a darse prácticamente desde los 6 meses. Habría posibles matizaciones sobre cómo hacerlo, si antes uno u otro en concreto. Pero en realidad no hay un motivo para no darlos a priori.

¿Cuál es el objetivo del Baby Led Weaning?

El objetivo y gran ventaja de este método es conseguir que el niño sea un comedor activo: Que desde muy pequeño sea capaz de comer por sí mismo. Y que su relación con la comida sea de curiosidad e integración en la conducta de los demás.

Muchos padres se quejan de que su hijo puede estar una hora con el plato delante sin comer. Que si no le dieran el niño se moriría de hambre. Y eso es frecuente en niños muy mayores. Iniciar de forma precoz esta forma de alimentación evita muchos de estos problemas. Especialmente si lo hacemos bien.

Y bien significa entendiendo desde el principio que la cantidad de comida que el niño debe comer es variable y que si le dejamos escogerla se auto-regula mejor de lo que lo haríamos nosotros calculando.

Que no debemos pelear con el niño ni presionarlo para que coma más. Y que la variedad es la que nosotros debemos controlar para escoger los alimentos que le ofrecemos y los que no, buscando que tenga una dieta sana y cada vez más variada.

¿Os recomiendo escoger el Baby Led Weaning o la pauta clásica?

Pues depende del niño. Son dos vías posibles. Y del puré se puede pasar al BLW en cualquier momento. Del mismo modo que si van pasando los meses sin que el niño vaya aumentando la variedad de la alimentación con el BLG, podemos probar los purés. La mayoría de niños diría que hacen un sistema mixto en el que damos purés y ofrecemos trozos. Como en otras muchas cosas, depende de las circunstancias de cada familia, de la preferencia de los padres, y de lo que el niño acepte mejor.

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¿Dejar el pecho porque mi niño no quiere otra cosa?

Hay opciones más respetuosas con los ritmos de cada niño. Pero hay que entender esos ritmos.

Algunas veces en la consulta me gano el calificativo para algunos padres de defensor de la lactancia. Yo no creo que lo sea. Yo intento ser un razonador respetuoso al ejercer como pediatra. Sólo eso.

Este caso concreto lo he visto en varias ocasiones:

«Padres que acuden a mi consulta por primera vez por encima de los 6 meses, porque su hijo ha tomado lactancia materna durante esos 6 primeros meses de vida que recomiendan «casi» todos los pediatras. Pero a partir de esa edad les recomendaron que empezasen con la alimentación complementaria.

Acuden porque su hijo no la acepta. Sigue tomando pecho a demanda pero de otros alimentos toma cantidades testimoniales y de forma muy irregular. Y su pediatra les ha recomendado que suspendan la lactancia para que el niño acepte los otros alimentos. Esto es especialmente frecuente cuando el peso comienza a estancarse por encima de los 6 meses. El motivo por el que acuden es que han oído hablar de que yo a veces doy respuesta «extrañas» y antes de tomar una decisión tan radical quieren oirlas.»

Esta sería mi respuesta:

Llamamos alimentación complementaria a lo que introducimos a partir de los 6 meses porque complementa al pecho. Es decir, la base fundamental de la alimentación de un lactante sigue siendo el pecho hasta aproximadamente el año. Aproximadamente, porque si hablamos de los 6 meses y del año es más porque es una cifra fácil de recordar en el aprendizaje como pediatras, que porque corresponda a un cambio real en todos los niños.

Cada niño tiene un ritmo de evolución diferente, y lo que unos están preparados para hacer con 4 ó 5 meses, otros no lo harán hasta los 15.

Esas diferencias de ritmo pueden general a veces «desajustes» pero hay distintas opciones para actuar ante esos problemas. En este caso concreto:

El problema fundamental hablando de nutrición, es que a partir de los 5-7 meses la mayoría de los niños empiezan a andar escasos de hierro. Han funcionado a base de las reservas que han ido reciclando desde su nacimiento y el pecho aporta una cantidad insuficiente. Con lo que es frecuente que aparezca un estancamiento del peso y cierto grado de anemia.

Pero eso no es un motivo para dejar el pecho si el niño rechaza la alimentación complementaria. En la mayoría de los niños que están muy bien adaptados al pecho, el rechazo es en realidad a los purés y al biberón. Pero hay alternativas. Una de ellas es el Baby Led Weaning (BLW): La introducción de los alimentos sin purés.

Sea mediante el BLW o entendiendo que si hoy toma 3 cucharadas, mañana 5, al día siguiente nada y otro día el plato entero, mientras que conseguimos que aporte en la alimentación ese hierro, podemos aportarlo en un suplemento de hierro muy simple de dar. De hecho muchos niños que con esta edad han estancado su peso, suben con tan sólo darles el suplemento de hierro.

Plantearse que retirar el pecho al niño pueda ser la solución es radical. De hecho es radicalmente un error. El bebé, aunque tenga hambre si no toma pecho, no va a pasar a tomar una dieta que le aporte lo que el pecho en pocos días. Y mientras lo hace va a empeorar su estado nutricional. Esa era la excusa para forzar su ritmo. No tiene sentido.

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La leche de vaca

Leche de vaca en la dieta infantil.

Leche de vaca y salud infantil. Mi opinión sobre las leyendas urbanas que la ensalzan y la hunden.

Cuando uno navega por internet y busca información sobre la leche de vaca, encuentra de todo:

  • Desde opiniones diciendo que es el alimento esencial de los niños durante su crecimiento. Y que podríamos vivir toda la vida sólo tomando leche de vaca.
  • Hasta otras que la consideran poco menos que el principal «culpable de los males de salud de la humanidad».

Como casi todo en esta vida, se tiende a exagerar en todas las direcciones:

Hay gente que dice que podemos alimentarnos sólo de leche. Y otros que una buena mañana descubren que puede generar problemas (lo que es cierto) y acaban construyendo toda una teoría de la conspiración en torno a la leche de vaca acusándola de cualquier cosa… Les falta decir que es un invento alienígena para dominarnos.

La Leche en la dieta de los niños

Los lactantes tienen como base de su alimentación la leche, hasta los 4-6 meses aproximadamente, de forma exclusiva. Pero a partir de esa edad y especialmente a partir del año, necesitan muchos micronutrientes que no están en la leche. A partir de los 4-6 años aproximadamente la mayoría de los seres humanos no necesitan ya tomar leche.

Hasta que apareció la ganadería no fuimos nunca consumidores de otra leche que la materna, y no más allá de estas edades.

Pero también es cierto que la especie humana ha cambiado mucho, y que hay alimentos que contribuyen a una longevidad mayor y unas mejores condiciones en esas edades avanzadas que nunca disfrutamos hasta ahora. Y que la ganadería, como la agricultura han logrado un bienestar que era impensable para nuestros ancestros.

Podemos entender por ejemplo que con una esperanza media de vida de 35 años la osteoporosis no era en absoluto algo que limitase la calidad de vida. Pero que con edades cercanas a los 100 o por encima en la actualidad sí lo son. Sin olvidar, claro está, que la leche es un alimento para crías y que si queremos sus beneficios fuera de esa edad, se acompañará de otros perjuicios que podemos reducir adaptándola a la edad del que la toma.

La leche es Esencial en los primeros años de vida

Durante los años en los que la lactancia es normal, la leche es esencial en la dieta de los niños. Y lo es porque en un alimento fácil de tomar y digerir aporta:

  • Cantidades suficientes y equilibradas de los macronutrientes: Hidratos de carbono, Grasas y Proteínas. En un equilibrio que no tiene ningún otro alimento.
  • Cantidades difíciles de cubrir con otros alimentos de micronutrientes esenciales: Calcio, Vitamina D y Vitaminas del grupo B y algunas grasas y proteínas importantes.

Necesitamos otras cosas que no están en la leche, pero eliminar este alimento de la dieta totalmente genera carencias difíciles de cubrir con otros.

Entendiendo esto, lo mejor es mantener la leche materna como alimento esencial.

Pero cuando no es posible debemos suplirla con los productos más similares que podamos. Y estos son otros lácteos animales, como la leche de vaca, cabra, oveja.

Sin embargo, hay diferencias importantes entre estas leches y la humana. Lo que justifica que las modifiquemos para hacerlas más parecidas al patrón oro: la materna.

Hay controversia sobre si hay que tomar leche para evitar la osteoporosis.

Hay muchas culturas en las que no se consume leche (entre otras cosas porque no son ganaderas o porque no la toleran más allá de la lactancia) y no por ello tienen tasas mayores de osteoporosis. Se puede vivir sin leche fuera de la lactancia.

Pero debemos entender que en esas culturas la base fundamental de su alimentación son fuentes ricas en calcio, como el arroz. Y que estas dietas tan basadas en un sólo producto tampoco están exentas de problemas. Por ejemplo en el Sudeste asiático el nivel de contaminación por arsénico del arroz no es nada despreciable. Esto son en realidad opciones culturales. Y en el mundo occidental la fuente de calcio fundamental durante milenios ha sido la leche.

Las leches especiales para niños. No dar leche de vaca entera antes de los 18 meses.

La introducción de la leche se hace con precauciones. Y es así porque a un porcentaje no despreciable de gente no les sienta bien. Sea por intolerancias (no pueden digerirla bien) o alergias (su sistema defensivo reconoce a algunas proteínas de la leche como extrañas y se defiende contra ellas). Ese es el motivo por el cual, en aquellos niños que no pueden tomar leche materna (la idónea para el ser humano), se sustituye por otras leches adaptadas.

Como ninguna leche natural que no sea la humana es adecuada para alimentar a los lactantes la adaptamos artificialmente. Como materia prima se usa la de vaca simplemente porque es la más accesible. Pero podría hacerse igualmente a partir de otras leches animales (las hay).

La edad en la que un niño puede tomar leche de vaca sin problemas varía. Algunos no lo podrán hacer nunca por intolerancias o alergias. Otros pueden hacerlo sin probolemas importantes con menos de un año. No se puede definir una edad. Lo adecuado a mi parecer, si queremos que nuestro hijo tome leche de vaca, es introducirla gradualmente. Y serían necesarios más pasos (tipos de lacteos más especiales) cuanto antes se haga esa introducción.

Pero mi experiencia me dice que la mayoría de los niños que no han tenido problemas con la leche antes, son capaces de tomar leche entera sin problemas a partir del año o año y medio aproximadamente.

Cuando hablamos de leches adaptadas por encima del año hay un problema. Y es que se mete todo en el mismo saco. Habiendo productos en los que los beneficios que aporta no compensan los riesgos que les acompañan.

Os concreto esto: Hay leches que aportan Hierro, Omega 3, Fibra… Cosas que cuando estudiamos a la población infantil general vemos que es difícil que alcancen con la dieta real que toman. Estas modificaciones son positivas. Como también lo es que reduzcamos la carga de proteínas de la leche de vaca normal. Porque es excesiva para los niños y puede favorecer el problema nutricional por excelencia: Obesidad.

Las leches que claramente son un problema son aquellas que añaden una cantidad injustificada de azúcar. Ya que incrementan el riesgo de esa Obesidad que he comentado. En este sentido me alegra ver que hay empresas lácteas que están haciendo un esfuerzo claro en eliminar este azúcar añadido. O que cada vez dejan más clara la diferencia entre un alimento funcional y uno de placer.

Aclaro esta diferencia: A mí me preocupa el exceso de azúcar que consumimos. Pero lo hacemos porque es placentero. ¿Puede un niño tomarse un trozo de tarta en su cumpleaños? Claro. Y eso no va a dañar su salud. Pasa lo mismo si de vez en cuando toma un batido de chocolate.

Son excepciones que nuestro cuerpo puede gestionar sin problema.

Pero si introducimos ese azúcar en uno de sus alimentos clave, como es la leche que toma a diario hablamos de otra cosa.

Toca por tanto informarse para entender cuales son las marcas que están haciéndolo bien y cuáles no.

Hay una leyenda urbana que dice que la leche provoca mocos en los niños.

Esto es un poco absurdo en niños que no tengan alergia a las proteínas de la leche de vaca.

Si los mocos de los niños fuesen por la leche los tendrían igual en invierno que en verano. Y no es así.

En niños alérgicos a las proteínas de la leche de vaca si es cierto que retirar la leche mejora las patologías respiratorias crónicas. Y que tener una analítica que no muestra alergia no excluye que el niño mejore al retirar la leche en algunos casos. Pero por desgracia no es tan simple y en la mayoría de los niños no influye.

Flora intestinal y alergias. Cómo conservar una flora adecuada que evite las alergias.

Se dice que la leche contiene bacterias, sangre animal, hormonas, antibióticos…

Separemos: La sangre animal está en la carne y el pescado en una proporción mucho mayor. Y la leche de hecho es en parte un filtrado de la sangre. Esto no es un problema en sí mismo.

Hormonas, antibióticos y antifúngicos están de forma natural en todo lo que comemos. Lo que no es justificable es que esté en proporciones artificiales. Y esto está regulado y controlado por ley. Cuando una vaca tiene problemas que deban tratarse su leche no puede ser usada para consumo humano y se elimina.

Y todos los alimentos contienen bacterias. Hasta el aire y el agua los contienen…

De hecho esas bacterias son necesarias para formar una flora intestinal sana que colabore con nosotros. Y la que recibimos en los lácteos, en ese aspecto, es de las mejores.

También aquí hay diferencias. Una cosa son las bacterias patógenas y otra las que pueden y deben formar parte de nuestra flora y resultan beneficiosas.

Cuando se envasa leche en España, por ley debe ser procesada para evitar posibles bacterias patógenas. Para eso se somete a altas temperaturas. Una vez abierto el envase se empiezan a crecer bacterias que se alimentan de la leche. Pero son Bacterias beneficiosas en nuestra flora intestinal como los Lactobacilos. Mientras se consuma en las fechas que se recomienda en el envase no hay riesgo de infección por gérmenes perjudiciales.

¿Hay contaminantes en la Leche de Vaca?

Respecto a la contaminación. Mira tu ciudad de lejos, y si tras ver la nube marrón que la cubre no te preocupas de la contaminación es que eres un inconsciente. Debemos preocuparnos de la contaminación y tomar medidas para corregirlas. Pero la leche no es la vía por la que estamos recibiendo esos contaminantes de forma significativa. La principal es el aire.

Se asocia a muchas enfermedades y alergias.

Es cierto que la alergia a la leche de vaca es una de las más frecuentes y puede asociarse en algunos casos a dermatitis, bronquitis… Pero la clave no está en eliminar la leche, sino en diagnosticar adecuadamente y tratar a quienes muestran estos problemas.

Una de las razones que está haciendo aumentar la alergia a la leche de vaca es precisamente la introducción tardía de ésta. Os recomiendo que leáis mi artículo: Por qué las alergias alimentarias son cada vez más frecuentes.

Evitar los lácteos de vaca durante los primeros meses de vida, puede incrementar la frecuencia de alergias a la leche.

Hay quien piensa que es mejor dar a los niños leches vegetales (soja, arroz, almendras, avena o coco…) que leche de vaca

La leche de soja, de arroz, almendras, avena o coco son aguas blancas con calcio y algunas otras coincidencias con la leche animal.

Pero como alimento similar a la leche humana o sustitutivo de la misma son de risa:

– Tienen un alto contenido en azúcar.

– Pero sobre todo, no tienen unas grasas y proteínas de alta calidad que los niños necesitan, ni más ni menos, que para formar su cerebro.

En niños menores de 4-6 años (más o menos lo que dura la lactancia de forma natural), no recomiendo sustituir la leche humana (es lo mejor). Pero si no puede tomarla, el sustituto adecuado no es una leche vegetal, sino una animal como la de vaca o cabra. La que mejor se tolere en cada caso.

¿La leche estriñe?

Si se toman lácteos en exceso sí. Los minerales que no necesita nuestro organismo, no los absorbe y quedan en la caca endureciéndola. Pero alcanzar este exceso es complicado con leche. Más fácil si se toman lácteos concentrados como el yogur.

Otro factor que afecta al estreñimiento es la grasa. El ácido palmítico de la leche de vaca es más difícil de digerir que el de la leche materna porque es una molécula diferente. Si el niño aún no puede digerir bien esa variante puede generar estreñimiento porque la grasa se combina con el calcio generando jabones que precipitan endureciendo la caca.

En este sentido puede adaptarse la leche reduciendo su carga de esta grasa y mejora el estreñimiento.

¿La leche da diarrea?

En las personas que no la digieren bien sí. En la mayoría de los caucásicos no. En la mayoría de las demás razas salvo alguna excepción, por encima de los 3-4 años sí puede generar diarrea, ardores y gases, por intolerancia a la lactosa.

En resumen:

  1. La leche es esencial en la alimentación de los niños en los primeros años de vida.
  2. La mejor es la leche materna.
  3. Cuando esta opción no está disponible debe sustituirse con un alimento lo más similar posible.
  4. En esta sustitución la leche animal supera claramente a las vegetales.
  5. Pero es recomendable hacer una introducción teniendo en cuenta la edad del niño para hacer modificaciones que son importantes.

 

Para mí, la leche de vaca es un alimento importante en nuestra cultura, que casi todos los niños acaban incorporando a su dieta.

La clave está en que ocupe el lugar que le corresponde en una dieta equilibrada y busquemos aquellas formas de dar leche a nuestros hijos que aportan ventajas claras para su salud.

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Ya no es un bebé: El paso de la comida de bebé a la comida «normal»

Uno de los pasos que define el cambio de bebé a niño: pasar de la comida triturada al sólido. Explicado por la pediatra Blanca Santos.

Cuando yo estudiaba la especialidad de pediatría, se decía que al año el niño se sentaba a la mesa con los padres. En cuanto empecé a ejercer me di cuenta que nada más lejos de la realidad: niño con 4 o 5 años sentados en carricoches con un biberón de batido de chocolate en la boca, niños de 6 años que sólo comen triturado o potitos de farmacia o niños de 2 años que todavía necesitan un biberón a media noche.

Como en tantas ocasiones, las cosas no son en blanco y negro, sino que hay toda una gama de grises. Ciertamente es excesivo que un niño de 6 años sólo coma potitos de farmacia, pero tampoco veo a un pequeño de 1 año comiendo pollo con salsa barbacoa.  Se trata de una transición que sí debe empezar hacia el año de vida, pero sin presiones y respetando los ritmos del bebé (¡ojo! Digo los ritmos del bebé y no los dictados de las multinacionales que ganan un montón de dinero alargando el tiempo que nuestro bebé come cosas especiales. )

Yo recomiendo empezar por las comidas en las que hay menos presión, que suelen ser la merienda de media mañana y la de la tarde. En estas situaciones es relativamente fácil que el niño, sentado a la mesa con sus padres o hermanos, quiera copiarlos y tomar “cosas de mayores” y que con un poco de planificación toda la familia pueda comer cosas nutritivas y adecuadas al bebé. Posteriormente, el desayuno y la cena. Aunque muchos padres comentan lo cómodo que es “enchufarle un biberón” al niño, sólo hay que pensar un poco para darse cuenta de que realmente se tarda mucho menos en beberse un vaso de leche que un biberón (una vez que se tiene un poco de práctica).

En el almuerzo, se puede mantener durante un tiempo un primer plato pasado y darle el segundo plato y el postre enteros, para que coma lo que quiera. Al final habrá que pasar totalmente a la comida entera y, es cierto, el niño comerá menos durante una temporada. Pero hay que tener en cuenta que entre los 2 y los 4 años las necesidades calóricas del niño disminuyen de forma natural, así que si aprovechamos esta época realmente no habrá tanta diferencia. Ya hemos dicho que todo este proceso es una transición y las transiciones no son fáciles, pero siempre serán menos violentas que un golpe de estado.

¿Qué quiero decir? Que por miedo a cambiar las cosas, muchos padres tienden a perpetuar los hábitos de bebé hasta que no hay más remedio y entonces se encuentran que tienen que cambiar el hábito (y a veces más de uno) en un par de semanas, lo cual es mucho más traumático tanto para los padres como para los hijos. Esto ocurre, por ejemplo, cuando un niño que todavía usa biberón, chupete, pañal y come sólo triturado empieza a ir al “cole de los mayores” y en un verano los padres tienen que deshacerse de todos estos elementos, causando una guerra civil en casa. ¿No hubiera sido más fácil empezar cuando el niño tenía un año? Pues ciertamente sí.

 

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Peketema 5: Los niños que no comen

En realidad, los niños que no comen no existen. Pero la sensación de que un niño no come bien es algo muy frecuente. Cuándo tenemos que preocuparnos los padres y cómo podemos actuar es el tema de este artículo.

Esta semana vuestras sugerencias para Peketema han sido una avalancha. Entre los temas más votados había artículos sobre los que ya he escrito. Este tema también lo había tratado ya. Pero creo que es con diferencia uno de los que más afectan a la relación padres-hijos y por eso quiero ampliar el enfoque con un par de artículos más sobre él.

Como decía, los niños que no comen no existen, porque se mueren. La gran mayoría de los padres que me consultan por este motivo no traen a un niño con graves problemas de salud, ni malnutrido, ni con mal estado general. Es muy frecuente que sean niños incluso más activos de lo normal. En su mayoría delgados. Pero incluso veo algunos con un peso normal o hasta por encima de lo normal.

Por eso, el primer paso que tenemos que dar al hablar de que mi hijo no come bien es sacar las comidas de nuestro pensamiento, mirar a nuestro hijo y preguntarnos: «¿Está sano?»

Si tenemos dudas, diremos que está sano si es activo, tiene una vida similar (a parte de las comidas) a la del resto de los niños de su edad, y no necesita atención médica por otros motivos importante.

Mi experiencia me dice que en la gran mayoría de los casos el niño que no come bien está sano. Y en este artículo me centraré en esos niños. Sólo mencionar que si no está sano y come mal hay que descartar causas como infecciones de orina, intolerancias alimentarias, reflujo gastro-esofágico… Para eso, evidentemente acudid a vuestro pediatra.

Para la otra gran mayoría de niños «que no comen» pero están sanos os voy a hacer unas preguntas. Y las prefiero hacer aquí y no en directo para que os respondáis con total sinceridad:

– ¿Realmente tu hijo no come, o come sólo lo que quiere y cuando quiere? Esto es lo habitual. Si tu hijo está sano, sin duda está comiendo. Lo que los padres interpretan como que no comen es que no come las comidas.

– ¿Cuántas veces le ofreces alimento al día? Entendemos por alimento cualquier comida o bebida distinta al agua. Yo suelo recomendar que a lo largo del día, cada vez que le ofrezcas comida lo apuntes. Apuesto a que son más de 10 veces al día. Y a que suele tomar sólo una pequeña cantidad, sólo de lo que le gusta y porque vas persiguiéndole.

– En las horas de las comidas, ¿Usas cualquier sistema que se te ocurre para entretenerlo mientras le das de comer y has acabado eliminando de su menú cada vez más alimentos para adaptarse a lo poco que parece aceptar?

Prefiero que medites un momento sobre tus respuestas.

Si quieres saber lo que opino sobre como solucionarlo te recomiendo otro artículo sobre el niño que come mal y El origen de los problemas con la comida en niños.

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Peketema 5 bis: El origen de los problemas con la comida en niños

La mayoría de los problemas con la comida en niños nacen de la desinformación de los padres. Las 3 claves para evitarlos.

Uno de los temas que con más frecuencia afectan a la relación entre los padres y los hijos es la alimentación. Que un niño, por lo demás sano sea llevado a la consulta de un pediatra, tiene en la mayoría de los casos un sólo motivo: No come bien y/o no gana peso.

El problema es que estando sano el niño, es con diferencia uno de los problemas que más pueden generar malestar en los padres y conductas que producen rechazo y malestar al niño. Esto es evitable si entendemos tres conceptos simples, pero que pocas veces creo que se explican y que muchos padres no ven así.

A mi parecer los tres conceptos clave para evitar problemas con la comida en niños son:

  1. Confiar en los mecanismos de autoregulación de los niños y respetarlos.
  2. Entender lo que es normal en cantidad de comida y evolución del peso.
  3. Evitar estrategias para aumentar la cantidad de comida y la ganancia de peso.

Ahora voy a explicarlos:

Confiar en los mecanismos de auto-regulación de los niños y respetarlos.

Los adultos no comemos siempre igual. Hay días y comidas en las que tenemos más hambre y otras en las que menos. Esto no nos asombra. Casi siempre podemos explicarlo si nos preguntan: Es que ayer cené demasiado, hace poco que he picado algo, no acabo de encontrarme bien, o simplemente, ahora no me apetece.

Eso no nos preocupa porque tenemos claro que acabaremos comiendo en cuanto tengamos hambre de nuevo. Nadie se empeña en contabilizar la cantidad y frecuencia de nuestras tomas. Incluso aceptamos que si mi cuerpo no me lo pide en este momento es que es mejor no empeñarme porque lo más normal es que me caiga mal.

Sin embargo, no confiamos en los mecanismos de auto-regulación de los niños. Pretendemos que coman cuando nosotros lo decidimos, y la cantidad que por alguna extraña razón hemos llegado a la conclusión de que es la adecuada para ellos. Y encima esa cantidad es siempre la misma. ¿No lo veis irracional?

Yo insisto mucho a los padres en que mientras el resultado sea bueno (y eso quiere decir que el niño esté sano) debemos respetar en cantidades y frecuencia los impulsos de comer del niño. Cuando no lo hacemos, generalmente intentando que coma más, acabamos insistiendo hasta el punto de hacer al niño desagradable la situación.

Entender lo que es normal en cantidad de comida y evolución del peso.

Para mi gusto, las indicaciones sobre cantidades de alimento que se dan a padres por parte del pediatra, las latas de leche, los potitos y algunos libros harían un gran favor a padres y niños si desapareciesen del planeta. Simplemente son inútiles y generan muchos problemas. Igual que en vuestra casa el padre y la madre no coméis lo mismo (y veis normal que sea así), los niños tienen cada uno un metabolismo muy diferente. Los hay que absorben mejor los nutrientes, los hay más activos, los hay más estreñidos, los hay más dormilones… Pretender dar una cantidad de alimento ideal en función de la edad del niño es absurdo. Pero muchos padres se empeñan en cumplir la norma que han encontrado creyendo que no hacerlo perjudica a su hijo.

La realidad es que, en cada comida, el cuerpo de su hijo pide según sus necesidades (adaptándose en los niños sanos de forma mucho más perfecta de lo que podríamos hacer nosotros con el programa informático más puntilloso).

Cuando la cifra mágica que pretendemos que coma está por debajo de lo que el cuerpo del niño pide, lo dejamos con hambre. Y eso hace que en la siguiente toma coma con más ansiedad, lo que favorece problemas de gases y mala digestión.

Si la cifra mágica está por encima de lo que el niño pide, empezamos las estrategias para que el niño coma más que trataré en el siguiente punto.

Algo parecido pasa con la evolución del peso y las tablas de «normalidad» : El percentil 3 de peso sólo significa que el 3% de los niños sanos de esa edad, tiene un peso por debajo de esa cifra. Pero en cuanto unos padres se enteran de que el peso de su hijo está por debajo de la media, empiezan a preocuparse por cómo hacer que suba. Evidentemente haciendo que coma más de lo que lo hace. Más de lo que su cuerpo le dice que necesita. Esta tontería, por definición afecta a nada menos que la mitad de la población infantil del planeta (la mitad que está por debajo de la media). O sea que es probable que casi la mitad de los padres y madres de este mundo que saben el percentil de peso de su hijo (mejor sería no saberlo y mirar si está sano y punto) desarrollen estrategias para que su hijo coma más de lo que su cuerpo le pide.

Evitar estrategias para aumentar la cantidad de comida y la ganancia de peso.

No respetar los mecanismos de auto-regulación del niño y la preocupación por creer que nuestro hijo no come suficiente o no gana bastante peso son el desencadenante de unas conductas en torno a la alimentación que generan muchos problemas. Voy a describir esas conductas y los problemas que aparecen con ellas:

  1. Pelear con el niño para que coma más. Raramente conseguimos que coma más de 2-3 cucharadas por encima de lo que le apetecía. Pero hacemos de la comida algo desagradable. ¿Crees que a la larga el niño comerá mejor o peor, si hacemos de cada comida una situación desagradable? Más valen 4 cucharadas con gusto que 6 peleando.
  2. Entretener al niño para darle de comer embobado. Poner la televisión, el móvil, el iPad o cualquier otra fuente de imágenes embobaniños, o liar el circo para que coma, no es más que una forma de hacer que el niño coma de forma pasiva. Más tarde o más temprano pretenderemos que el niño coma sólo, y entonces nos quejaremos de que tenemos que darle de comer (eso sí, seguiremos poniéndole los dibujos animados mientras come, amenazándolo cada 10 segundos con apagarlos si no come).
  3. Ofrecer sólo los alimentos que más le gustan. Cuando estamos muy preocupados por la cantidad que come nuestro hijo y vemos que hay alimentos que el niño no quiere tomar, o toma con dificultad y otros que come con más facilidad, tendemos a darle los que prefiere. El resultado es que el niño acaba teniendo una dieta pobre. Lo que es mucho más probable que le genere problemas de salud que comer algo menos.
  4. Ofrecer constantemente comida rápida (galletas, pan, gusanitos, chucherías) o bebidas azucaradas (zumos, batidos, yogur líquidos «para mejorar las defensas») para que al menos tenga algo en el cuerpo. Hacer esto es la forma más segura de que el niño, poco después, cuando le pongamos la comida no tenga las más mínimas ganas de comer.

Otros artículos en los que trato este tema son «El niño que come mal«,  «El niño delgado«, «Los niños que no comen«

 

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Pekevídeo 14: Cosas que suben las defensas de los niños

Ya en el pekevídeo 11 hablamos de la preocupación de los padres por las defensas de sus hijos frente a las infecciones. Muchos son los padres que se plantean si hay algo que suba las defensas de sus hijos.

En este pekevídeo intento explicar cual es la forma real de mejorar las defensas de nuestros hijos sin recurrir a productos «milagrosos» que es difícil que puedan cumplir lo que prometen.

Cosas que suben las defensas en niños

Tal vez te interese también este artículo sobre el sistema defensivo de los niños, o busques información sobre un tipo concreto de infección en niños.

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4 Errores que hacen comer peor a algunos niños en verano: Peketip 18

4 Errores por los que algunos niños comen peor en verano

1 Al pasar más tiempo con los niños (no hay colegio) les ofrecemos comida con más frecuencia.

2 Si se aburre en casa le damos comida fuera de hora.

3 Usamos más Zumos y otras bebidas ricas en azúcar para quitar la sed (y eso quita el hambre).

4 Salimos más, picamos en las salidas y luego pretendemos que coman igual.

Algunos niños, en verano, come peor. Eso hace que acudan al pediatra a veces. Y cuando los examinamos, el niño está bien.

Pero, si preguntamos a los padres, es frecuente que hayan cambiado ciertos hábitos que dificultan que su hijo siga comiendo al ritmo que lo hacía antes del verano:

No hay colegio. Eso quiere decir que los niños pasan muchas más horas al día con nosotros de lo acostumbrado. Muchos niños, cuando se aburren, buscan la comida como forma de pasar el rato. El resultado es que pican. Pero cuando por fin llega la comida, ya no tienen hambre. Con lo que se puede tener la sensación de que el niño come peor. Especialmente si el picoteo lo coge él solo sin que lo veamos.

También en verano, con el calor, se tiene más sed. Si lo que usamos para quitar la sed son bebidas ricas en azúcar, y se las damos con frecuencia durante el día, el nivel de azúcar en sangre se mantendrá alto, lo que quita el hambre.

Por último, salimos más. Es frecuente que tras un paseo en el que al niño le ha apetecido un helado a las 8 de la tarde, pretendamos que cene bien a las 9. Va a ser complicado.

Pero tras todo esto hay dos consuelos:

Uno es un refrán: «No comer por haber comido…»

El otro es que como en verano son más activos, a pesar de todo esto, algunos niños tienen más hambre que en invierno, cuando no salían de casa.

Peketip 17
Peketip 19

 

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El niño delgado: Peketip 14

Aunque esté delgado y coma poco, si tu hijo es activo, está sano y tiene una dieta variada, no tiene un problema con la comida. No luches para que coma más: eso empeora su relación contigo y con la comida.

Muchos padres se agobian porque su hijo sea delgado. Pero lo importante es que esté sano. Y para estarlo en relación a la comida, hay dos cuestiones importantes:

  • Que tenga una dieta variada.
  • Que su relación con la comida sea buena.

Cuando los padres, preocupados por su delgadez, olvidamos que el niño está sano y empezamos a actuar intentando que coma más, es frecuente que hagamos cosas contraproducentes:

  • Insistir hasta el punto de hace de la comida algo desagradable.
  • Seleccionar la dieta adaptándonos a los gustos del niño a costa de reducir su variedad.
  • Recurrir a medicamentos innecesarios (está sano, ¿recuerdas?) para que el niño coma más.
Peketip 13
Peketip 15

 

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