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La risa del niño: Peketip 9

La infancia acaba el día que desaparece la sonrisa pura y sincera.

Los adultos, incluso cuando reímos, seguimos preocupados por otras cosas.

Pero cuando un niño ríe, lo hace con todo su ser.

Por eso es tan valiosa la risa de un niño.

Este peketip precisa poca explicación. Pero sí una meditación:

Dejad a los niños que lo sean mientras puedan. Dejad que disfruten de la vida sin los agobios que nos rodean hasta que le beneficie en algo ser consciente de ellos.

Tendrán toda la vida para preocuparse. Evita que lo haga antes de que le sirva o pueda contribuir a solucionar un problema. Protege su niñez. Un día la perderá y no volverá más.

Y mientras dure, con su risa, sana todos tus males. Haces posible esa risa, y sólo eso dice que mereces estar en este mundo, porque eres muy importante para una personita especial.

Peketip 8
Peketip 10

 

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Madres Juzgadas

Me gustaría que miraseis las dos fotografías. ¿Cuál de las dos es mejor madre?

Sé que estoy pisando campo minado. Pero no hablar de esto creo que está haciendo mucho daño. Y prefiero ser criticado a ser cómodo o popular.

Así que ruego vuestra indulgencia y que sigáis leyendo. Y por supuesto, espero vuestros comentarios.

Hay tres posibles respuestas:

– La que está dando pecho.

– La que está dando biberón.

– ¡Y yo que sé! No puedo saber cuál es mejor madre sólo porque dé a su hijo pecho o biberón.

«Pero si tienes que elegir una de las dos primeras, ¿Cuál?»

No voy a hacer apreciaciones sobre la que creo que se respondería. Cada uno tendrá su respuesta y sus apreciaciones.

 

Otra pregunta.

Esta va dirigida sólo a las madres (den pecho o biberón): ¿Te has sentido juzgada o criticada alguna vez por la forma en que crías a tu hijo?

Aquí no hace falta encuesta. Creo que por desgracia la respuesta es Sí en todas las madres.

Podría preguntar también si queréis a vuestros hijos, si deseáis hacer las cosas lo mejor posible pensando en su bienestar, si estáis dispuestas a sacrificarlo todo por su bien. Y de nuevo sé que vuestra respuesta es sinceramente Sí.

Y ¿Cómo os sentís cuando criando a vuestros hijos según esas guías, alguien os critica? Yo creo que entre dolida e indignada.

 

Ahora voy a hacer autocrítica como converso: Me explico.

Cuando yo acabé la especialidad de Pediatría, era de los que no podían dar consejos sobre lactancia, porque no me habían formado sobre ella. Sabía de enfermedades en niños. Pero las madres cuando tenían un problema me preguntaban también sobre temas en los que no me había formado. Uno de ellos, la lactancia, otro, la crianza en general.

Lo cómodo para mí ante una lactancia con problemas era recomendar el biberón. Y lo es para muchos pediatras, por desgracia.

Tuve la suerte de que alguien me hablase de crianza y especialmente de conceptos de crianza contrarios a lo poco que me explicaron en el Hospital.

Así conocí un concepto que es clave en mí como pediatra en este momento: la crianza respetuosa.

La crianza respetuosa es necesariamente informada. Porque consiste en conocer a los bebés y especialmente a nuestro hijo y observarlo mucho. E intentar actuar respetando sus ritmos y sus necesidades.

Para hacer crianza respetuosa hay que ser humilde, porque por muy claras que tengamos nuestras ideas, debemos aceptar, que si a nuestro hijo no le funcionan, eran un prejuicio y por su bien debemos cambiarlas.

 

La mayoría de los autores defensores de la crianza respetuosa lo son a su vez de la lactancia materna.

Tengo que decir que me alegro de que la mayoría de los autores sean defensores de la crianza respetuosa y de la lactancia materna, porque defiendo ambas.

 

Pero…

Hay dos preguntas cruciales, para mí:

¿Porqué hay tan pocos autores que hablen sobre cómo dar lactancia artificial con criterios respetuosos?

¿Porqué en la casi totalidad de grupos de crianza que conozco hay sólo madres que dan pecho a sus hijos?

La respuesta a la primera creo que es, que hablar de alimentación artificial es para mucha gente un claro signo de que no se defiende el pecho. «Y quien no está conmigo, está contra mí». Muchos autores prefieren salvaguardar su popularidad con un discurso totalmente coherente y sin fisuras.

La respuesta a la segunda, creo que es que en el fondo, la lactancia materna no es tan bucólica como la pintan algunos. Los que defendemos la lactancia materna estamos cargados de argumentos (que además son ciertos) a su favor. Y hacemos muy bien esa defensa. El pecho está renaciendo. Los conocimientos necesarios para tener una lactancia exitosa son más accesibles de lo que lo han sido nunca. Queda mucho por hacer, pero confío en el éxito de esta lucha.

Pero «olvidamos» hablar de algo. En muchos casos, elegir la lactancia materna y la crianza natural, implica sacrificios. Sacrificios personales y hasta profesionales de mucho calado. Muchas mujeres los asumen de forma totalmente consciente. Pero en otros casos, esos sacrificios contradicen lo que es su propia personalidad, poniendo a muchas mujeres entre la espada y la pared de renunciar a unos proyectos a los que ha dedicado gran parte de su vida o sentirse malas madres.

Aquellas madres en las que mantener el proyecto profesional y la lactancia no son compatibles aparece una ansiedad y una culpabilidad que es difícil de vencer. En muchos casos imposible.

En otros casos, simplemente la lactancia se convierte en un motivo de sufrimiento. A veces los niños no consiguen alimentarse bien con el pecho, a veces dar el pecho es muy doloroso y exige una constancia que puede agotar a cualquiera. En muchos de esos casos son problemas subsanables con la ayuda adecuada. Pero a veces no, o no se dispone de esa ayuda y la madre, que quería dar pecho «se rinde». Eso le hace sentirse culpable: «Tal vez pude hacer algo más, tal vez me he rendido demasiado pronto…»

La forma en que se habla de la lactancia artificial no ayuda. Suele incrementar la presión atribuyéndole cualidades casi diabólicas que son en muchos casos claramente exageradas.

La razón para escoger el pecho al biberón, no es que la leche artificial sea venenosa. No lo es. Podría desafiar a cualquiera a que cogiese un grupo de niños de 5 años y haciéndole las pruebas que quisiera fuese capaz de decirme cual de esos niños tomó pecho y cual biberón. No hay forma de decirlo sin error.

La razón para escoger la lactancia materna es que el pecho es lo natural y por tanto su diseño es el mejor posible, y en la mayoría de los casos evita muchos más problemas de los que puedan aparecer y para muchas madres e hijos es una experiencia inigualable.

Hay patologías que son más frecuentes en los niños que toman leche artificial. Pero ninguna es comparable para mí al perjuicio que causa a un niño ser criado por una madre que sufre por serlo en lugar de sentirse realizada por serlo.

Algunas madres son conscientes del sacrificio que hacen al escoger la mejor opción posible. Y les duele perder lo que sacrifican. A veces eso las hace defender con más fuerza aún su elección, no entendiendo a quienes no toman esa decisión en situaciones «menos difíciles» que la suya. Y es entonces cuando nos volvemos radicales. Y cuando, aún no diciéndolo juzgamos a la otra madre y en nuestra mente la condenamos: «no está dispuesta a renunciar a lo que yo renuncié porque no quiere a su hijo lo suficiente». O buscamos justificaciones paternalistas: «ha escogido mal porque no está bien informada, si yo le contara…»

No estoy criticando a los lactivistas. Me estoy criticando a mí mismo como lactivista. De nuevo os pido, sed indulgentes con mi torpe exposición.

Y entonces tenemos «la respuesta», tal vez no la decimos, pero lo pensamos: «La que da pecho es mejor madre».

Acabamos haciendo con otras madres lo que tanto nos duele que hagan con nosotros, que nos critiquen, juzguen y condenen en algo tan importante como es la maternidad.

¿Qué me gustaría cambiar?

Algo debemos estar haciendo mal en nuestra forma de defender la lactancia materna, cuando dar un buen consejo a una madre sobre cómo dar lactancia artificial se considera prueba de cargo de que eres anti lactancia materna.

Y cuando una madre que compartía sus vivencias con otras madres y daba y recibía consejos en un grupo de crianza deja de sentirse cómoda en él y lo abandona sólo porque ha dejado de dar el pecho.

Lo que a mí me gusta de la crianza respetuosa, es que es humilde. Da una predisposición a ceder y aprender. No da nada por sabido o demostrado. Confía en la capacidad instintiva del niño para adaptarse lo mejor posible en cada situación. Y en que nuestra función es aprender con su crecimiento y apoyar sus intentos de adaptarse lo mejor posible a sus desafíos según sus propios recursos.

Pero para mí va más allá. Hay que respetar también la forma que cada madre tiene de adaptarse a los desafíos que supone serlo, confiando en su instinto, y en que si no entiendo lo que hace, es más posible que sea porque yo no tengo suficiente información sobre su situación, que porque ella no conozca las ventajas de lo que yo defienda como alternativa. Y que mi función como pediatra es apoyar a la madre dando los consejos que hagan su elección la mejor solución posible para su hijo.

Y por tanto, si escoge el pecho espero poder ayudarle a solucionar los problemas que puedan surgirle para que pueda seguir dándolo, y si escoge el biberón espero poder ayudarle para que lo dé a su hijo de la forma más beneficiosa para él.

Puedo haber sido torpe al expresarlo. Se que he tocado sentimientos que pueden resultar dolorosos.

Pero en esta lucha LM/LA me daría por satisfecho si en unos años fuesen cada vez menos las madres que hagan esa elección por no tener información o apoyo suficiente o por sentirse culpables. Porque cuando eso ocurre, pierden lo más importante para su hijo: haber tenido una madre que disfrutó de serlo, y cuya máxima preocupación fue dar todo su amor a su hijo.

Y sería muy feliz, si en los grupos de crianza pudiesen compartir sus vivencias madres que dan pecho y madres que dan biberón sin que se vean entre ellas con amenaza o reproche. Siendo simplemente lo que son, madres que quieren a sus hijos y les dan lo mejor que tienen a su alcance según sus circunstancias.

El primero de esos grupos de crianza respetuosa espero que sea mi página de Facebook. Participad, aprended y enseñad. Pero ante todo sed comprensivos y respetuosos con los demás.

Gracias por leerlo hasta aquí. Gracias por vuestra indulgencia y por supuesto espero vuestros comentarios para mejorar mi torpe exposición.

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Criar y educar niños: Peketip 7

Educar es como sembrar. Se basa en la confianza de que hacemos las cosas adecuadas, en la paciencia para esperar los resultados y en el respeto al proceso de crecimiento. Educa con cariño, calma y observa cómo responde tu hijo confiando en él.

Criar no es crear. Es decir, nuestro hijo no es algo maleable que acabará siendo lo que queramos que sea.

Es un ser independiente y autónomo, con sus propias formas de adaptarse a este mundo.

Eso genera miedos en muchos padres que no saben si lo que hacen día a día será lo adecuado. Si partimos del amor que tenemos a nuestro hijo e intentamos ser flexibles, debemos tener esa confianza en que hacemos lo mejor que puede salir de nosotros. Y a su vez debemos confiar en su capacidad de adaptarse de forma adecuada. De modo que observemos los indicios que nos da cada día sobre si lo que hacemos le ayuda o le entorpece, y cambiemos en función de lo que veamos en él.

El tiempo nos dirá cómo lo hicimos, pero no vivas con ese miedo, ya que no es buen compañero de viaje. Disfruta de tu hijo y confía en él. Eso te ayudará mucho más a hacerlo mejor como padre o madre.

Peketip 6
Peketip 8

 

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¿Cómo escoger una mochila portabebés? por mochilasportabebes

Mochila Portabebés

Os presento una nueva colaboración de la mamá autora de mochilas-portabebes.es

Ya nos ayudó con un artículo sobre las ventajas de usar una mochila portabebés, y en este artículo nos ayuda a escoger una.

A la hora de escoger una mochila portabebés es posible que nos ocurra como con otros artículos de puericultura: hay tanto donde elegir que uno no sabe qué será mejor.

Hay que tener claro que nuestras necesidades pueden ser distintas a las de otras familias, por eso es importante que tengamos claros unos puntos básicos que nos permitan conocer qué se puede esperar de una mochila portabebés y en base a ellos poder elegir la que más nos conviene.

Para acertar en esa elección os damos los siguientes consejos:

1.- La mochila debe ser ergonómica
Muchas de las mochilas portabebés más conocidas en nuestro mercado, distribuidas por grandes tiendas de puericultura, no resultan cómodas ni para el bebé ni para el que lo lleva y, lo que es peor, la postura que ambos adoptan al usarlas no es nada saludable.
Una mochila portabebés ergonómica nos garantiza que se va a adaptar siempre tanto al bebé como a su papás. Es el portabebé el que debe adaptarse a los que lo utilizan y no al revés.
En una mochila ergonómica el niño va sentado (no colgado de sus genitales) con las rodillas flexionadas y ligeramente más elevadas que el culete (lo que se llama posición de ranita) y conservando en todo momento la curvatura natural de su espalda. El niño va bien pegado a quien lo lleva, lo suficientemente elevado para poder darle un beso sin esfuerzo, lo que garantiza que el porteador no ve modificado su centro de gravedad, algo que se traduce en comodidad y seguridad.
Si quieres leer más sobre este tema, puedes leer este artículo sobre qué es una mochila ergonómica y por qué llamamos colgonas a algunas mochilas portabebés.

2.- ¿Desde qué edad la vais a usar? ¿Hasta qué edad tienes planeado usarla?
Un recién nacido no tiene tonicidad muscular para sujetar su cabeza ni su columna, por lo que necesita un portabebés que se adapte a él y le ofrezca el soporte necesario, envolviéndole con firmeza pero sin puntos de presión. Sus necesidades, obviamente, son diferentes a las de un bebé que ya puede sostenerse sentado por si solo.
Por este motivo, debemos valorar si vamos a usar la mochila desde el nacimiento o más adelante, cuando el bebé ya tenga 6-7 meses.
Si vas a utilizar la mochila portabebés desde el nacimiento, lo ideal es elegir mochilas especialmente diseñadas para usarlas de manera saludable desde el primer día. Estas mochilas tienen características especiales, como la posibilidad de adaptar el panel sin usar accesorios o reducciones.
Es cierto que todas las mochilas ergonómicas incorporan algún tipo de reducción o admiten el uso de complementos, pero si quieres llevar a tu bebé de manera idónea desde el nacimiento lo mejor es que escojas una mochila especialmente pensada para ello.
Algunas mochilas pensadas para recién nacidos, por sus características propias, pueden quedarse pequeñas a partir de unos 9-10 kilos, más o menos en torno al año. Para algunos padres es un periodo de uso suficiente, pero si estás planeando comprar una mochila que puedas usar desde el primer día y hasta el último, que bien podría ser más allá de los tres o cuatro años, es mejor que elijas una mochila que te garantice que vas a poder hacerlo con comodidad. Puede que la inversión sea algo más elevada pero tendrás un portabebés al que podrás dar uso durante años y amortizar con creces, evitando tener que comprar otro más adelante.
Si vas a utilizar la mochila más adelante, cuando el bebé ya se sostenga sentado y tenga una envergadura suficiente para no tener que adaptar el ancho del panel de ninguna mochila, podrás elegir entre más posibilidades, pero te aconsejamos que valores también si tu bebé es grande o no. Si tu bebé tiene un peso y una altura importantes, te conviene elegir las mochilas más grandes; existen mochilas ergonómicas especialmente diseñadas para bebés de más de año o año y medio y para poderlas llevar con total comodidad hasta más allá de los cuatro años.

3.- ¿Qué uso le vas a dar?
Sería interesante también hacerse las siguientes preguntas:
⁃    ¿Quién la va a usar? ¿Sólo una persona? ¿Varias? ¿Un sólo porteador femenino o también un porteador masculino? Al margen de la cuestión estética, pues es importante que si la van a usar varias personas todas ellas se sientan a gusto, algunas mochilas tienen tallas, por lo que siempre deberemos escoger la más grande, pensando en el porteador de mayor tamaño.
⁃    ¿La vamos a usar en momentos puntuales o todos los días?. Si vas a usar la mochila a diario y durante horas, te conviene elegir una mochila que satisfaga completamente todas tus necesidades, la más importante de todas: que resulte muy cómoda y adaptable, al tiempo que te ofrezca la versatilidad suficiente para poder realizar con ella todas las actividades que tengas en mente realizar.
⁃    ¿Vivo en una zona calurosa o la voy a usar mucho en verano? Si es así, no está de más que elijas un modelo fresquito, especialmente pensado para estos usos.

4.- Los detalles pueden ayudarnos a decidir en caso de duda
Aunque las mochilas portabebés ergonómicas nos ofrecen una solución para llevar a nuestros hijos muy cuidada en acabados y con excelentes materiales, no todas cuidan los detalles de la misma manera.
Por ejemplo, podemos atender a algunos de estos detalles:
⁃    Si necesitamos o no que lleve algún bolsillo donde poder llevar unos pañuelos o un móvil.
⁃    Si vamos a salir con bolso que los tirantes incorporen una trabilla para poder sujetarlo sin que se nos caiga.
⁃    Si la capucha se puede retirar de la mochila y, si no se puede, cómo se puede recoger.
⁃    Si las cintas de ajuste se pueden sujetar con una goma para que no cuelguen en exceso una vez ajustada la mochila.
⁃    Si necesitas que se pliegue muy bien o que incorpore una funda para llevarla (o que se pueda comprar aparte).

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Ser padres perfectos es imposible

ser padres

Ser padres perfectos es imposible. Nadie es perfecto. Como padre o madre, te equivocarás. Deja de pretender ser en la paternidad lo que nadie es en nada. Y disfruta de tu hijo.

 

Si lees guías de ayuda a ser padres y madres perfectos, es porque te preocupa la educación y la salud de tu hijo. O sea, que si lees esto, como cualquier madre o padre que se precie, intentas hacer las cosas lo mejor posible. No quieres hacer daño a tu hijo involuntariamente. Y si es posible, quiere hacerlo todo, lo mejor que puedas.

Además, siempre tienes gente cerca que te aconseja cómo hacer las cosas con tu hijo. Yo suelo decir que el deporte nacional no es el fútbol, no son los toros: Es calentarle la «cabeza» a los padres. No es, en la mayoría de los casos, fruto de la mala voluntad, sino de la buena intención. Los que rodean a los padres, habitualmente, cuando ven algún problema, tienden a dar consejos. Unos tienen más fundamento y otros menos. Unos tienen un punto de comprensión, y otros de crítica. Pero al final, es frecuente que las madres y los padres se sientan juzgados, inseguros y culpables. Porque piensan que nunca hacen las cosas todo lo bien que deberían en la crianza de sus hijos.

Me he decidido a escribir este artículo, porque veo en mi trabajo muchos padres y madres que están tan agobiados con hacer las cosas perfectas, que son incapaces de disfrutar de sus hijos. Están abrumados por un mar de dudas y detalles que les superan. Intentan hacerlo todo tan perfecto que es imposible. Y siempre hay algo que falla.

Algunos, además se culpabilizan en cuanto al niño le pasa algo: «Se le ha irritado el culete porque no le cambio el pañal con bastante frecuencia.» «No gana bastante peso porque no se alimentarlo.» «Es un consentido porque no sé educarlo.» «Se ha resfriado porque no lo abrigué bien.»…

Cuando no se le ocurre al padre o a la madre de forma espontánea, no falta el que lo sugiere desde fuera.

Y luego están los «expertos» que te dicen cómo debes actuar en cada momento: El pediatra, La super nanny, a veces un familiar… Muchos te dan órdenes directamente, como si tu hijo te lo hubiesen prestado, pero fuese suyo… Para algunos de ellos no hay más que una forma correcta de hacer las cosas: La suya. Y funciona igual de bien en cualquier niño. Si no funciona, es que tú lo haces mal.

Y luego encuentras toda clase de expertos famosos. Algunos ya casi «están en los altares». Te cuentan lo maravilloso que es hacer las cosas a su manera y quedáis totalmente convencidos. Luego llega la realidad, el día a día y resulta que no siempre es tan fácil, y que cuando buscas una solución a los problemas reales, obtienes respuestas vagas para volver a lo mismo: La forma correcta.

El mensaje que yo quisiera que saquéis de esta lectura es el siguiente:

En este mundo nada es «perfecto». Ni lo somos nosotros, ni lo serán nuestros hijos.

Intentad informaros, intentar hacerlo «bien». Pero que no os agobie tanto el tema como para que vuestra experiencia de paternidad esté dominada por la ansiedad o la culpa.

Si disfrutáis de la crianza y os agobiáis menos, seguramente vuestro hijo será más feliz. Y ese es sin duda el objetivo.

 

 

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Dormir sólo o colecho: PekeTip 3

Lo más importante cuando hablamos de sueño en niños, es elegir la opción que consiga que toda la familia descanse.

Hablar de sueño y niños es un tema peligroso. Lo es porque se despiertan muchos prejuicios. Es un tema en el que en España hay mucho radicalismo. Casi se puede decir que los padres se dividen en pro y anti «Duérmete niño». O pro o anti «Colecho».

En mi práctica habitual como pediatra es muy frecuente que uno de los problemas que más afecta a las familias son las alteraciones del sueño.

El principal consejo que yo doy a las embarazadas es «duerme». Tanto como puedas, especialmente en el último mes. Y en los primeros días, duerme al ritmo que lo haga tu bebé.

A partir de ahí, en los siguientes 2-3 años las opciones son infinitas, casi tantas como familias.

Pero cuando se habla de cuál es la mejor opción a veces se pierde de vista el objetivo. Leeréis soluciones para todos, con explicaciones que las apoyan. Pero por convincentes que resulten si el resultado es que ese sistema no os permite descansar todos (primero el bebé, pero casi tan importante, vosotros también), es que no es válido para vosotros.

Para encontrar vuestro sistema, mi consejo general es: Observad a vuestro hijo, en la medida de lo posible adaptaos a sus necesidades, pero buscad de la forma más fácil para él, que eso sea compatible con que vosotros también descanséis.

Si elegís el colecho, disfrutadlo, pero si vosotros también descansáis.

El primer perjudicado si sus padres no descansan día tras día es el niño que tiene que con convivir con unos padres de mal humor.

Si preferís que aprenda a dormir sólo, hay sistemas para conseguirlo menos traumáticos para el niño y los padres que el «duérmete niño» y hay momentos adecuados para conseguirlo con más facilidad y pasos para hacerlo más sencillo para el niño.

Peketip 2
cada niño es único
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Mochilas portabebés. ¿Por qué recomendar el porteo a unos padres que esperan su primer hijo?

Hoy publico un artículo pedido expresamente por mí a una amiga mamá emprendedora que ha iniciado un nuevo proyecto centrado en el porteo de bebés, en el que tiene todo mi apoyo:

En su web ofrece una selección de los mejores sistemas portabebés según su experiencia y asesora a las madres para escoger el modelo que mejor se adapte a sus necesidades.

Si buscáis un sistema de porteo, es sin duda mi recomendación que entréis en esta página.

Cuando esperamos un bebé, sobre todo si es el primero, muchos padres terminamos comprando más cosas de las necesarias cuando, en realidad, con unas pocas y muy básicas tenemos más que suficiente y, además, siempre podemos ir añadiendo una vez que tengamos a nuestro bebé en brazos y sepamos realmente cuáles son nuestras necesidades, que varían enormemente de una familia a otra.

Entre esas pocas cosas básicas por útiles y fácilmente amortizables estaría adquirir un buen portabebés ergonómico. Las razones son múltiples:

  1. Los bebés están hechos para ir en brazos. Los seres humanos nacemos tremendamente inmaduros física y neurológicamente, fruto de un parto posiblemente prematuro pero imprescindible tras el estrechamiento de caderas producido por el paso de la bipedestación del hombre primitivo.  Tenemos una necesidad neurofisiológica de ser llevados en brazos marcada por nuestra biología de mamíferos altriciales que somos: lo que se denomina “exterogestación”. 

No hay más que coger en brazos a un recién nacido para darse cuenta de que de forma natural adopta la postura idónea para ser llevado en un portabebé: rodillas flexionadas, espalda redondeada, predispuesto a rodear a su madre para sujetarse.
  2. Los bebés se calman en brazos. Los bebés no son capaces de regular el estrés, por lo que depende  del contacto con su figura de apego, su calor y su voz para tranquilizarse y sentirse seguro. Un bebé primitivo que no llorara y reclamara los brazos de sus progenitores sería rápidamente capturado por cualquier depredador al acecho.
  3. Derivado de lo anterior, los bebés portados lloran menos y durante menos tiempo. Esto no sólo se debe a los beneficios directos de la cercanía (movimiento, calor, olor) sino también a que el adulto que le lleva está más atento a los signos de incomodidad que pueda tener el bebé y, por tanto, puede atenderlos antes (por ejemplo, el hambre).
  4. Los portabebés ayudan al establecimiento de la lactancia materna y al mantenimiento de la misma. Los bebés necesitan mamar a demanda, tantas veces y durante tanto tiempo como ellos quieran, pues la lactancia es una cuestión de demanda-oferta. Cuanto más succione el niño más estimulará la producción de leche, por lo que debe tener fácil acceso al pecho. Esta demanda, tan intensa durante los primeros meses, puede agotar a cualquier madre. Los portabebés permiten dar el pecho mientras se realizan otras actividades y, además, hacerlo con total discrección.
  5. El ser portado ayuda a la maduración neurológica, al desarrollo del sistema vestibular y del tono muscular, a regular la temperatura, el ritmo cardiaco…
  6. Los bebés que son portados durante el día presentan menos cólico del lactante gracias al contacto físico, el calor, el olor, el movimiento y la posición erguida, que mejora las molestias que puedan sentir.
  7. Ser portado en posición erguida es fantástico para aquellos bebés que presentan reflujo y habituales regurgitaciones. De hecho, mamar en esta posición es estupendo para ellos.

  8. Los bebés duermen mejor y más tiempo en brazos y en movimiento. Nada mejor para un bebé al que le cuesta dormir que ser llevado por sus padres.
  9. El soporte de las mochilas portabebés es un soporte envolvente, sin puntos de presión. Por ese motivo no sólo no se puede producir plagiocefalia sino que es estupendo para bebés que ya tienen el cráneo un poquitín deformado, para que la cabecita vuelva a su ser…
  10. La intimidad de llevar al bebé en un portabebés refuerza el vínculo con el progenitor que lo lleva. El uso de portabebés ergonómicos nos permite tener las manos libres para poder realizar cualquier actividad mientras seguimos atendiendo a nuestro hijo: leer un libro o escribir en el ordenador, cocinar, planchar, dar un paseo, comprar en el supermercado, recoger a otros hermanos del colegio o llevarles a sus actividades, sacar al perro y un largo etcétera.
  11. El uso de portabebés ergonómicos nos ayuda enormemente en nuestra vida diaria.
  12. Para las familias donde hay más de un hijo, el uso de portabebés ergonómicos permite seguir atendiendo a unos sin descuidar al otro.
  13. Llevar a nuestro bebé en una mochila ergonómica elimina cualquier barrera arquitectónica que nos pueda suponer un problema: estaciones de metro sin ascensor, accesos con escaleras, terrenos abruptos donde meterse con un carro sería imposible…
  14. No hay nada más incómodo que salir a la calle un día de lluvia con un carrito tapado con un plástico. Lo más cómodo en días de mal tiempo es usar un portabebés, abrigarse y coger el paraguas con una de nuestras manos, dejando la otra libre.
  15. En la etapa del sube y baja, cuando nuestros hijos ya caminan pero se cansan, no hay nada peor más cansado para los padres que llevar al niño en brazos. Un niño que va en un portabebé ergonómico nos va a pesar siempre muchos menos que llevándolo en brazos, pues el niño va bien pegado a nosotros (sin modificar nuestro eje de gravedad) y el peso va repartido de forma homogénea desde los hombros hacia la cadera, que es la parte de nuestro cuerpo más preparada para llevar peso.

La lista de beneficios es infinita pero seguramente pueda resumirse en una frase: los portabebés ergonómicos facilitan la vida de los padres y el bienestar de los niños.

Disponemos en el mercado de varios tipos de portabebés ergonómicos para elegir, destacando las mochilas ergonómicas por cómodas, prácticas, fáciles de poner y de quitar, ligeras, pensadas con gran detalle para cubrir las necesidades de cualquier familia, existiendo modelos para usar desde el primer día y garantizando poder portar a nuestros hijos hasta más allá de los 20 kilos.

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El chupe en recién nacidos

Ese artilugio que todos asociamos con los bebés. Muy criticado por la mayoría de los defensores de la lactancia materna.

La mayoría de los que critican al chupe, lo hacen especialmente en su uso durante las primeras semanas de vida. Yo estoy entre ellos.

Utilidades atribuidas al chupe:

Para entretenerle el hambre: Hay quien defiende que hay que establecer un ritmo de tomas fijo a los recién nacidos. Esas personas recomiendan el uso del chupe cuando el niño parece estar inquieto «antes de que le toque». Para aguantarlo un poco hasta la siguiente toma. Mi pregunta es: ¿Qué ganamos aguantándole el hambre? Si toma pecho, el niño tiene hambre, pero el pecho no se entera, con lo que le costará llegar a producir lo que el niño necesita. Tome pecho o biberón, cuanto más rato espere el bebé a que se sacie su hambre, con más ansiedad comerá, lo que favorece que trague gases, eche bocanadas, le duela la barriga… Dicho sea de paso, es el mismo problema que causa usar biberones de manzanilla para «aguantarlo hasta la próxima toma».

Para calmar la molestia de los dientes cuando salgan: Sí, es útil. Y de hecho los que no tiene chupe, es frecuente que acaben teniendo dedo. Suele decirse (yo lo he dicho) que es más fácil, llegado el momento retirar el chupe que el dedo (y es cierto). Pero desde que nace, hasta que el chupe pueda ser útil para calmar la molestia de los dientes, quedan muchos meses. Y que deje de chuparse el dedo, llegado el momento, no es tan complicado como parece.

Para ayudarle a dormirse: El ritual de sueño de un niño son las cosas que el niño necesita para conciliar el sueño, (sitio, condiciones, objetos, colaboración de una forma concreta de cierta persona). Se evitan muchos problemas de sueño si ese ritual es lo más simple posible. Incluir el chupe en el ritual para dormirse supone un problema hasta la edad en la que el niño es capaz de encontrar el chupe, cogerlo y ponérselo. Ya que si lo necesita y no sabe hacerlo, solicitará tu colaboración cada vez que se despierte y quiera volver a dormirse. Aún así, siempre hay que valorar si usarlo es más útil que otras opciones en cada niño concreto. Pero si conseguís que vuestro hijo se duerma con facilidad sin el chupe, mejor.

En resumen: Que si al final queréis usar el chupe, tiempo habrá. Pero claramente os recomiendo que no esté en las primeras semanas o meses de vida del niño. Hasta que se establezca un buen ritmo de alimentación. Especialmente si toma pecho o el niño tiene tendencia a comer con ansiedad (sea el pecho o el biberón). Cuando un niño come con ansiedad, la mejor opción es darle de comer cada vez que lo necesita (sea pecho o biberón lo que tome).

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Inducción del sueño en niños

Inducción del sueño en niños

Ritual para que un niño aprenda a dormirse solo. Consejos para acostarlos a dormir.

 

Todos nos dormimos realizando nuestro ritual de sueño.

 

Voy a daros un ejemplo de cómo hacer ese ritual en niños cuando lo que queremos es que aprendan a dormir solos.

 

Todo lo expuesto aquí esta pensado para empezar a hacerlo desde el primer día. Pero la mayoría de los padres no se plantean en serio el tema antes del mes o los dos meses.

 

Cuando más tiempo lleven haciéndose las cosas de un modo concreto, más difícil será cambiarlas después.


En algunos casos, como por ejemplo en niños con cólico del lactante, plantearse lo que sigue es poco realista antes de los 5-6 meses, ya que en estos niños una de las prioridades es que coman hasta que se sacien y se duermen al pecho mientras toman. En estos niños la educación del sueño es secundaria.


Cuando queremos empezar a habituar al niño a dormir solo, se facilita el cambio sacándolo del dormitorio de los padres a partir de los 5-6 meses.


Para aquellos padres que prefieren hacer colecho, sobra la explicación que sigue.


Y no hay una opción correcta y otra incorrecta. Depende de los padres y del niño.



 

En primer lugar el momento adecuado.


Os recomiendo en los niños menores de dos años (no hay una barrera antes de dos años – después de dos años, es orientativo) que se acuesten entre las 20:30 y las 21:30.

 

En este aspecto es especialmente importante la regularidad. Como ya dije, si un día nos saltamos su momento de dormirse, dad por hecho que no hay nada que hacer hasta unas 2 horas después.

 

Un ritual que suele dar buen resultado, es:

Baño, comida, mimitos y a la cuna.

 

Baño: Algunos niños se relajan con el baño (la mayoría). Otros se activan. Pero incluso en los que se activan momentáneamente, cuando los vestimos limpitos, les damos de comer y les tranquilizamos un poquito tienden a caer. Y el baño debe ser tranquilo, puede entretenerse un poco con un juguete, pero no es cuestión de liar “el asalto de los piratas” cuando queremos que se duerma al poco rato.

 

Comida: Conviene que coma tranquilo, sin forzarle, si sois de los que estáis “en guerra con en niño” por el tema de la comida, en la cena no es el momento de la batalla (de hecho soy de los que piensan que la mejor forma de ganar esa guerra es no plantar nunca batalla). Como si se acuesta sin comer prácticamente. En este momento es más importante la tranquilidad.

 

Mimitos: En esta fase se puede coger en brazos y hablarle con suavidad.

 

Aquí es donde está una de las claves. El error más frecuente para dormir a un niño está en que su necesidad de mimitos puede ir haciéndose progresivamente mayor, con lo que el rato de tranquilizarlo que inicialmente era de 5 minutos, más de una vez acaba alargándose una hora o más.

 

El objetivo es que ese rato sea cada vez más corto o que se mantenga, no más largo.

 

A la cuna: Aquí está la segunda clave. Hay que acostarlo en la cuna tranquilo, pero no dormido.

 

Si el niño se duerme fuera de la cuna, cuando se despierta en ella no es capaz de volver a dormirse.

 

No porque, como dicen algunos, se le quede grabada una imagen del sitio donde se durmió y si al despertarse ve algo diferente le dé un ataque de pánico.

 

Recuerdo una niña de cuatro años que cada vez que se despertaba de noche exigía que la bajaran al salón, para acostarse en el sofá viendo la televisión. Haciendo eso se dormía enseguida, pero era incapaz de hacerlo en su cuarto. No es que la niña quisiera hacer la puñeta a sus padres. Adivinad cómo la habían acostumbrado a dormirse cada noche…

 

Que un día se te duerma en brazos no quiere decir que debas despertarlo para echarlo a la cuna despierto.

 

Lo importante en educación es la norma, no la excepción.

 

Si un niño por norma se duerme en brazos, cuando se despierte necesitará repetir su ritual para dormirse, y éste incluye el estar en brazos, por lo que si se despierta pedirá tu colaboración para dormirse cada vez.

 

Si un niño por norma se duerme solo, cada vez que se despierta es capaz de dormirse solo de nuevo, con lo que te llamará cuando tenga hambre, esté incómodo o tenga necesidad de seguridad o cariño, pero si lo que quiere es simplemente dormirse de nuevo, lo hará él solito.

 

Éste es el objetivo de enseñarle a dormir solo, no pretendemos que renuncie al afecto de sus padres, ni que se quede a dieta de noche si tiene hambre, o se aguante con un pañal que le irrita. Sólo que si lo que tiene es sueño, sepa dormirse por sí mismo.

 

Truco: Para los niños muy pequeños (menos de 3 meses) a los que les gusta mucho estar en brazos, funciona a veces poner en la cuna una prenda de la madre impregnada con su olor. (Puedes por ejemplo dormir sobre la sábana de su cuna la noche anterior a cambiársela).

 

Esto se basa en que uno de los sentidos más desarrollados de los niños de menos de 3 meses es el olfato y tiene una íntima relación con la parte del cerebro que procesa las emociones.

 

A muchos niños eso les hace sentirse más seguros.

 

Estos dos últimos pasos del ritual (tranquilizarlo y a la cuna antes de que se duerma) son los que repetimos si el niño se despierta de nuevo durante la noche, pero teniendo claros los matices destacados:

El objetivo es reducir progresivamente el tiempo necesario para tranquilizarlo, y conviene acostarlo antes de que se duerma del todo.

 

 

 

A modo de resumen, los errores que conviene evitar si queremos que un niño aprenda a dormir solo:


Evitar cambios importantes en la hora de dormir. Si cada día lo acostamos a una hora según “nuestra muy nutrida agenda social”, el niño se encargará de completarla con “noches inolvidables”.


No hacer cosas que excitan al niño y le estimulan a seguir despierto: Como ver dibujos animados mientras cena o cualquier actividad que va a querer prolongar. Si hacemos esto es fácil que se rebele cuando le digamos que ya toca dormir.


Por mucho que pueda gustarnos hacerle mimitos, incluso si nos gusta más que a él, no debe ir progresivamente alargándose, o llegará el momento en que lo haga más de lo razonable. Pensad que eso mismo pedirá cuando quiera dormirse tras un despertar de los que tendrá varios a lo largo de la noche.


No interrumpir el proceso por continuos ajustes de condiciones supuestamente necesarios y secundarios. Como: “hay una rendijita de luz, bajad la voz, ir a por tal o cual objeto imprescindible…” Una de las principales características de los adultos con insomnio, es la necesidad excesiva de ajustes secundarios y la interrupción continua del ritual para dormirse por motivos innecesarios, que se aprende desde pequeños.


No dormirlo en brazos normalmente: Si se duerme en brazos, cada vez que se despierte y quiera dormirse, pedirá de nuevo brazos.


No echarlo ya dormido en la cuna: Si se duerme fuera de la cuna cuando se despierta querrá que lo saquéis de ella, para dormirse en el sitio en que suele hacerlo.

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Un sitio para dormir el bebé

Preparar el sitio para dormir un bebé. La cuna o el colecho. Es una Elección de los padres que puede modificarse según el bebé.

Este es uno de los temas en los que los padres tienen que hacer su elección: Que el niño duerma en la cama con los padres, o en su propia cuna.

Pese a lo que podáis leer por ahí, mi opinión (y es sólo eso, mi opinión) es que no hay «lo mejor…» en este tema. Lo que para unas familias es lo mejor, puede ser mala opción para otras.

Sois vosotros los que debéis plantearos el tipo de crianza que deseáis hacer y ver cuál de las dos opciones es mejor en vuestro caso.

Para mí las prioridades a la hora de tomar esta decisión serían:

  • Que escojáis la que escojáis el resultado sea que todos descanséis bien. Hay familias que eligen una de las dos opciones y a pesar de que no consiguen descansar tienen un rechazo frontal a la otra opción. Está bien que tengamos nuestras preferencias. Pero luego cada niño es diferente. Y en el día a día, lo que decidimos hacer en un principio, puede no funcionar. Es bueno ser realistas y flexibles teniendo claro que cualquier decisión puede ser modificada si no da los resultados que buscamos. Y que no tenemos porqué cumplir con un esquema concreto de crianza al 100%.
  • Tened claro que no hay una de las dos opciones que sea la «correcta», científicamente hablando, para todos.

Para los que eligen la cuna como sitio para dormir del bebé

Debe permitir que veamos al bebé con facilidad, para lo cual debe tener unas paredes que no pueden ser un panel opaco.

Lo mejor es que sean barras o material plástico transparente.

La cuna del bebé

Las barras deben ser verticales, nunca horizontales para que no escale el bebé y con una separación que no permita que la cabeza pueda introducirse entre los barrotes.

Es bueno que la altura de la barandilla sea ajustable de modo que cuando el bebé vaya creciendo podamos ir subiéndola para que no pueda salirse de la cuna.

No es necesaria la almohada. Los bebés no la necesitan para nada.

Y procurad que haya la cantidad mínima de objetos en la cuna: peluches por ejemplo o artilugios anti-vuelco que no sirven para nada en la mayoría de los bebés porque lo recomendable de entrada es que duerman boca arriba.

La ropa de cuna, especialmente lo que tenga contacto directo con el bebé es preferible que sea algodón 100% y sin colorantes.

En los bebés muy pequeños, mantas que no pesen demasiado.

En los más grandes que se mueven mucho, yo prefiero poner los pijamas necesarios y no usar sábanas (bebés que se despiertan por frío o calor).

Cuando el sitio para dormir todos es una sola cama

Vuelvo a hacer mención a una opción para la que la cuna sobra: El colecho. La eleción es vuestra.

Consiste en que el bebé duerma con los padres en la misma cama hasta que decida por sí mismo que prefiere su propia cama.

Esta opción tiene tantos defensores a ultranza como detractores. Ni es mala como dicen algunos ni es lo único bueno como dicen otros. Es una posibilidad que os animo a usar si lo deseáis y a seguir usando si haciéndolo descansáis mejor.

 

El colecho