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Empoderamiento del Paciente: Padres y madres

Los padres y madres están tomando las riendas en la salud de sus hijos. ¿Porqué? ¿Es bueno o malo?

Entre los muchos efectos que tiene Internet, sin duda uno ha sido modificar la forma en la que madres y padres buscan solución a sus dudas sobre la salud de sus hijos.

En Internet es fácil encontrar mucha información. Es fácil también contactar con otros padres y madres cuyos hijos han sufrido problemas similares. Lo que está siendo aún más sencillo desde que las redes sociales se han extendido.

Por todo esto es cada vez más frecuente que los pediatras atendamos a niños cuyos padres se han informado previamente. La distancia en conocimientos entre pediatras y padres, se está acortando. Es difícil que llegue a cerrarse del todo. De algo tiene que servir dedicar horas y horas a estudiar y a atender niños. Pero hay dos cosas que antes pasaban y ya pasan cada vez menos, por suerte:

  1. Antes el pediatra era algo así como un dios para los padres. Llegaban con su hijo enfermo, sin tener ni idea de lo que podía pasarle o cómo tratarlo y lo que el pediatra dijese «iba a misa». ¡Cualquiera le discutía!
  2. La información que los padres daban al pediatra, era poco valorada, porque muchos pediatras consideraban que no estaban cualificados para dar valoraciones útiles.

Pese a que antes se tenían más conocimientos aprendidos en la familia sobre cómo criar, cuidar o educar a un bebé, los conocimientos sobre enfermedades y tratamientos eran muy limitados.

Eso ha cambiado, como digo para bien. Algunos pediatras se pueden sentir un poco amenazados por la nueva realidad. Pero es mejor que la que había y está aquí para quedarse.

Esos dos aspectos comentados arriba se están modificando, por lo que algunos llaman Empoderamiento del paciente:

Los pacientes (en el caso de pediatría los padres y madres) están tomando el control de su salud (y la de sus hijos).

Hay dos consecuencias fundamentales:

  1. La relación del pediatra con los padres de sus pacientes es mucho más equilibrada. Los padres tienen la información suficiente, y si no la tienen podemos y debemos dársela, para que nuestra conversación sobre el problema de su hijo no sea un monólogo de órdenes, sino un diálogo en el que se valoren las opciones posibles y se llegue a una decisión sobre la mejor alternativa. Ese diálogo permite además aclarar cuándo es necesaria una nueva consulta, conocer los signos de una complicación…
  2. La información que los padres pueden facilitar es valiosísima. Ya que tienen una mejor formación, son capaces de obtener valoraciones muy útiles sobre la evolución de su hijo, con el que pasan más tiempo y al que conocen mejor que nadie.

Madres y padres son los protagonistas en el cuidado, seguimiento y tratamiento de sus hijos. Y los pediatras somos asesores a los que ellos acuden cuando lo necesitan para que les asistamos. No para que decidamos por ellos, sino con ellos. En eso consiste el respeto.

El empoderamiento del paciente no es un movimiento contra el médico, sino una exigencia justa de ser tratados con el respeto que se merecen, porque se esfuerzan en estar informados y quieren ser parte activa en la salud de sus hijos.

Yo soy también padre, y me sentiría ofendido e infravalorado, si alguien pretendiese decidir sobre mi hijo, sin explicarme los motivos por los que hacer concretamente esto o aquello es lo mejor para él, ni darme la oportunidad de tomar parte en las decisiones.

Es en lo que consiste el consentimiento informado, que además de una exigencia legal, lo es moral en el buen ejercicio de la medicina.

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¿Porqué dar pecho a demanda protege contra la obesidad?

Dar comida a un bebé como forma de entretenerlo o tranquilizarlo favorece la obesidad. Pero el pecho a demanda lo evita, ¿Porqué?

Cuando explico la introducción de la alimentación complementaria, advierto a los padres de que la costumbre de dar comida al niño como forma de entretenerlo, favorece la obesidad.

Algunos padres preguntan si haber dado pecho (o biberón) a demanda al bebé, no tendrá el mismo efecto.

Lo que dicen los estudios es que no: Que la lactancia materna a demanda no sólo no aumenta las probabilidades de que el bebé sea obeso en el futuro, sino que le protege contra la obesidad.

Voy a intentar explicar la diferencia que hay entre ambas cosas, y porqué es coherente el pecho (o biberón) a demanda y evitar usar la comida como forma de tranquilizar a un niño.

¿Porqué la comida como entretenimiento produce obesidad?

Durante la primera infancia el bebé actúa de forma inconsciente. Aquellas conductas que se repiten con un resultado «positivo» se repetirán de forma inconsciente el resto de la vida.

Cuando un niño está aburrido, nervioso, tiene miedo o quiere afecto (necesidad afectiva), es frecuente ver a algunos familiares ofrecer al niño alimentos (ricos en azúcar) que el niño puede tomar sólo: Trozo de pan, gusanitos, biberón con zumo, leche o manzanilla…

Cuando el azúcar sube en sangre, se estimula la secreción de endorfinas. Unas sustancias que producen una sensación de placer, calma el dolor y relaja.

El niño pasa de una situación de falta de afecto a una de satisfacción, sin recibir afecto. Ha sustituido el afecto por comida.

Eso trasladado a un adulto, y tras haber repetido en su infancia esa maniobra miles de veces, hace que ante una necesidad afectiva insatisfecha, se active un circuito que le dice: Come y te sentirás mejor.

Eso favorece la obesidad.

¿Y porqué dar pecho a demanda protege contra la obesidad?

Muchos niños que toman pecho a demanda, lo piden cuando tienen hambre, pero también cuando tienen las mismas necesidades afectivas que comentaba antes.

Sería lógico pensar, que dar pecho a demanda es equivalente a lo anterior y por tanto debería predisponer a la obesidad. Sin embargo la experiencia dice lo contrario. ¿Cuál es la diferencia?

Pues es una diferencia sutil, pero muy importante:

  1. Cuando damos el pecho, no solo se alimenta, también se da afecto.
  2. Cuando damos el trozo de pan, los gusanitos, el zumo, las patatas fritas al niño, suele ser dejándolo sólo para que coma y nos deje hacer lo que estemos haciendo. Es comida sustituva del afecto.

Con el pecho, ante una necesidad afectiva, respondemos con afecto. Y al alimentarlo, la subida de endorfinas que explicaba arriba, refuerza la situación placentera. Es decir, una falta de afecto se resuelve con afecto y el alimento que da el pecho, refuerza esa relación.

En el futuro, cuando tenga una necesidad afectiva, buscará afecto como forma de resolverla.

En el segundo caso, sustituimos el afecto por la comida. En el futuro, cuando tenga una necesidad afectiva, buscará la comida como alternativa al afecto. Y eso le hará más fácilmente obeso.

¿Y qué hay de dar biberón a demanda a un bebé?

Como he explicado, la clave no es la composición del alimento, sino si el alimento se da acompañado de afecto o sin él.

Por lo tanto, dar a un bebé el biberón a demanda en los primeros meses (cuando el bebé no puede tomarlo sólo) es equivalente al ejemplo explicado con el pecho. Es dar afecto con comida. Se le da cogiendo al niño en contacto directo.

En el momento que el niño es capaz de tomar el biberón sin ayuda o comer solo, hay que saber distinguir y dar comida sólo cuando lo que en niño tiene es hambre. Y responder siempre a la necesidad de afecto, con afecto.

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Fractura en Tallo Verde en Niños

Fractura en tallo verde en niños

La fractura más frecuente de los niños. Fractura en tallo verde de radio explicada claramente a los padres por el pediatra Jesús Garrido.

El radio, es uno de los dos huesos del antebrazo. El otro es el cúbito.

La fractura más frecuente en niños, con diferencia es la del radio. Junto a los golpes en la cabeza y los esguinces de tobillo pueden ser más de la mitad de los traumatismos que vemos en niños. Suele ocurrir cuando se cae apoyándose sobre las manos. Si miramos el antebrazo, el radio es el hueso que sale desde la muñeca, por encima del nacimiento del pulgar. Los niños tienen además una particularidad. Y es que sus huesos todavía no están muy calcificados. Con lo que son más blandos.

En los menores de 12-13 años, lo más frecuente cuando un niño cae apoyándose sobre la mano, es que el hueso no se rompa por completo. Sino que se «tronche» como cuando cogemos una rama verde y la intentamos romper. Eso es una ventaja, ya que el resultado es que no quedan, como en las fracturas de los mayores, dos trozos de hueso, que pueden desplazarse. Las principales complicaciones de las fracturas se deben a que puedan desplazarse los trozos de hueso. Pero en la fractura «en tallo verde» no hay trozos que desplazar. Sólo una pieza que se ha deformado.

Si miráis la primera imagen, se ven unas líneas señaladas con flechas. Es muy frecuente que la gente las confunda con fracturas. Son los cartílagos de crecimiento (las zonas en las que está creciendo el hueso).

Cartílagos de crecimiento de la muñeca de un niño
Cartílagos de crecimiento.

 

En la segunda radiografía, vemos señalada con la flecha un pequeño abultamiento. Esa «tontería» es una fractura en «tallo verde» del radio.

 

Fractura en tallo verde en niños
Fractura en tallo verde del tercio distal del radio

 

Es tan leve, que es frecuente que veamos al niño incluso días después de la caída, porque el dolor persiste, pero es soportable.

Tratamiento de la fractura en tallo verde del radio.

Suele inmovilizarse con una férula posterior. Es decir, una inmovilización (yeso) sobre el antebrazo, con vendaje encima.

Y se da un analgésico, si el dolor es incómodo.

Evolución de la fractura en tallo verde del radio.

Lo bueno de estas fracturas es, que como no se desplazan, suelen quedar bien casi siempre sin dar más complicación que la incomodidad de llevar la férula un par de semanas.

Otras consecuencias de un golpe.

La fractura en tallo verde es una de las posibles consecuencias de los golpes en niños y bebés, si deseáis aprender las acciones más inmediatas que se deben realizar en estos casos, recomiendo la lectura del artículo:

Golpes en niños y bebés

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El bebé ya no quiere triturado

Cómo actuar en la transición de la comida de bebé a la comida normal.

Los niños a lo largo de su desarrollo pasan por una serie de cambios, a veces muy rápidos que pueden suponer un reto para los padres.
El paso de la comida de bebé a la normal, es a veces uno de esos retos.
Si ha empezado a probar vuestra comida y ha decidido que ya está bien de tomar potitos insípidos, es frecuente que en pocos días pase de comer bien a rechazar su comida. Cuando esto ocurre, es fácil que empiece a pedir comida de la vuestra y a comer más veces pero cantidades más pequeñas. Ha descubierto que no todos los alimentos saben igual y los hay con sabores mucho más llamativos.

Pero al mismo tiempo esos alimentos suelen ser más trabajosos. Por lo que es normal que tarde más en comer y se canse. Necesita tomar más veces al día en cantidades más pequeñas. Ante eso podemos pelearnos para que siga tomando potitos unos meses más. Eso a costa de que empeore su relación con la comida. No es buena idea.

 

Os recuerdo aquí lo que para mí son los objetivos que los padres deben tener en la introducción de la alimentación. Lo hacemos bien si:

– El niño tiene una evolución de peso y talla dentro de lo normal.

– Está sano.

– Tiene una dieta variada para lo que corresponde a su edad.

– Su relación con la comida es buena.

Si no cumplimos el último punto, más tarde o más temprano, se resienten todos los demás.

«Más valen dos cucharadas con gusto, que tres peleando.»

Mejor os aconsejaría lo siguiente:
– Evitad el picoteo. Si prefiere vuestra comida y os la pide, ponedle ya a comer con vosotros y dadle de lo que comáis aquello que pueda masticar con más facilidad.
– No le ofrezcáis fuera de las comidas nada que no sea agua.
– Si ha comido poco de lo vuestro, intenta completar con algo de triturado. Pero sin pelearse. Es preferible que tome poco con gusto que poco más, peleando. Piensa, que a la larga (que es lo importante) cuanto más peleemos con la comida, peor comerá, porque habremos hecho de ella algo desagradable.
– Completad con los lacteos, pero intentando no aumentar demasiado la cantidad que toma. Si momentáneamente aumentan tampoco es una catástrofe. Pero después conviene que vayáis reduciendo hasta no superar demasiado el medio litro.
– Intentad, pero sin agobios, que su dieta sea lo más variada posible. A fuerza de probar un día tras otro. Pero no de pelear un día tras otro.

¿Qué no hay que hacer?
– No hagáis de cada comida una guerra.
– No os resignéis a que la restricción de ciertos alimentos acabe siendo definitiva. Si rechaza algo, unos días después, jugando, y entre alimentos que si acepta, intentad reintroducir el alimento rechazado. Sin expectativas y sin agobios. Y retirándolo en cuanto nos dé muestras de rechazo para continuar con lo que sí quiere. Pero con la intención de volver a probar en otra ocasión.
– No ofrezcáis comida fuera de las comidas cuando no la pide.

Os recuerdo que a veces al hacer esta transición, puede aumentar el número de tomas de comida pero con cantidades menores. Ya que son alimentos que toma y digiere con más trabajo.

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Niños que se despiertan mucho de noche

Niños que se despiertan mucho durante la noche. Descubre las causas más frecuentes y cómo solucionarlas.

Lo primero que debéis tener claro. En este artículo hablo mucho de sacar al niño del cuarto de los padres. Si hacéis colecho y dormís bien, y por tanto no sentís la necesidad de que vuestro hijo aprenda a dormir sólo en este momento, este artículo no es para vosotros, continuad con el colecho.

El problema en muchos niños no es la dificultad para dormirse, sino que se despiertan con “demasiada” frecuencia.

En esta primera frase ya hay dos conceptos a aclarar: se despiertan y frecuencia.

Se despiertan: Uno de los errores más frecuentes de los padres durante el sueño de sus hijos es interpretar que se despiertan, cuando en muchos casos no es así.

Todos los niños pequeños hacen ruido mientras duermen. Unas veces porque están soñando, en otras ocasiones son pequeños gemidos que emiten durante el sueño.

Y otras veces porque está acabando un ciclo de sueño y empezando el siguiente y puede “acunarse” solo.

En ninguno de esos casos el niño está realmente despierto.

Pero aquellos padres que tienen excesiva tendencia a intervenir cuando oyen estos sonidos acaban despertándolos.

La regla que se deduce es clara:

“Si hace ruido

pero no llora y tiene los ojos cerrados,

no hagas NADA”.

Facilitar el cumplimiento de esta regla es uno de los objetivos de sacar la cuna del dormitorio de los padres no más tarde de los 6 meses en aquello niños cuyos padres quieren que aprendan a dormir solos.

Frecuencia: Todos nos despertamos habitualmente durante la noche. Nuestro sueño sigue ciclos que en los adultos son de unos 90 minutos y en los niños aún más cortos (30-40 minutos).

Por lo general no llegamos a despertarnos del todo entre ciclo y ciclo. Pero lo que hacemos, sin darnos cuenta en ese momento, puede interpretarse como que se está despertando sin ser así.

Sí hay casos en que los despertares son muy frecuentes.

No hay una cantidad fija normal, pero un niño suele despertarse por la noche cada vez menos veces cuando va creciendo.

Esto no es así cuando se hace colecho. En ese caso los despertares pueden hacerse más frecuentes entre los 4 y los 15 meses.

Errores que favorecen los despertares cada vez más frecuentes:

El primero, lo estáis despertando vosotros, cuando él estaba dormido:

“Si hace ruido

pero no llora y tiene los ojos cerrados,

no hagas NADA”.

A este respecto y hablando de lactantes conviene distinguir dos situaciones frecuentes que si los padres no interpretan bien generan problemas:

El niño está soñando. Se mueve inquieto en la cuna emitiendo sonidos como gemidos. Pero tiene los ojos cerrados.

– Ha terminado un ciclo de sueño y va a iniciar otro. Igual que en el caso anterior emite gemidos, está inquieto y los ojos cerrados o los abre de forma intermitente pero con facilidad para cerrarlos, bostezos, se estira y se relaja…

En ambos casos (especialmente en el segundo) si los padres hacen algo es muy probable que le despierten. Y si le despiertan es fácil que tarden bastante en volver a dormirlo. O sea, “noche toledana”.

Si queremos que el niño aprenda a dormir solo la cuna debe estar fuera del cuarto de los padres antes de los 6 meses (yo recomiendo entre los 4 y 6 meses).

De nuevo, vamos con el porqué:

Los niños conforme van creciendo, van controlando cada vez más su entorno.

Alrededor de los 4-6 meses la mayoría ya se dan cuenta, si se despiertan, de que sus padres están al lado.

Si el niño al despertarse te ve, te oye, o simplemente nota tu presencia, es mucho más probable que reclame tu atención que si no te ve.

Con la edad de la que hablamos ya no existe la muerte súbita del lactante, con lo que el miedo a que le pase algo y no te enteres debe reducirse. Si le ocurre algo mínimamente importante llorará y te enterarás.

De lo que no te enterarás será de las 200 veces que a lo largo de la noche hace ruiditos sin importancia y que si duerme a tu lado puede impedirte descansar de verdad.

Y como he dicho en otras ocasiones, pensando en el sueño, la calidad del sueño de los padres es importante para la calidad de vida de los niños.

De hecho, con esa edad, la madre que duerme con la cuna al lado (suele ser la madre, que le vamos a hacer), cada vez que nota uno de esos ruiditos (200 en toda la noche), llega un momento en que ya de forma casi inconsciente (está hecha polvo a estas alturas), echa mano a la cuna para moverla, ponerle el chupe, hace ruiditos que tranquilicen al bebé… y en más de un caso, lo despierta.

El segundo error frecuente:

Hemos introducido en su ritual para dormirse algo que favorece que se despierte al poco tiempo.

El ejemplo más claro y más frecuente de esto es dormir al niño con el biberón.

Muchos padres toman la costumbre, cada vez que el niño se despierta o simplemente está inquieto (aunque esté dormido) de “enchufarle” el biberón con agua, manzanilla, leche…

Si un niño bebe mucho, filtra más orina, llena la vejiga, esto le incomoda y puede despertarle con más frecuencia. A lo que se suele responder dándole más líquido para volver a dormirlo… Y así toda la noche.

Pero además hace necesario cambiar una o más veces el pañal para que no acabe empapado hasta las orejas: Nuevos despertares que rompen el ritmo de sueño del niño y de los padres.

Solución si pasa esto, si ya le habéis acostumbrado:

“Reducid progresivamente la cantidad de líquido que le dais, hasta que dejéis de darle o le deis una cantidad razonable (no más de 100 ml en toda la noche).”

No se va a deshidratar y al final comerá de día lo que le dabais de noche.

De hecho alimentarlo dormido es una de las causas más habituales de que el niño coma mal despierto.

Hay otros despertares, como los causados por las pesadillas o los problemas respiratorios mientras duerme que se tratarán en apartados posteriores.

Cuando lo que prefieren los padres es hacer colecho y eligen que siga durmiendo con ellos, es habitual que los niños aumenten el número de despertares entre los 4 y los 15 meses. A partir de esa edad suelen reducirse.

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Inducción del sueño en niños

Inducción del sueño en niños

Ritual para que un niño aprenda a dormirse solo. Consejos para acostarlos a dormir.

 

Todos nos dormimos realizando nuestro ritual de sueño.

 

Voy a daros un ejemplo de cómo hacer ese ritual en niños cuando lo que queremos es que aprendan a dormir solos.

 

Todo lo expuesto aquí esta pensado para empezar a hacerlo desde el primer día. Pero la mayoría de los padres no se plantean en serio el tema antes del mes o los dos meses.

 

Cuando más tiempo lleven haciéndose las cosas de un modo concreto, más difícil será cambiarlas después.


En algunos casos, como por ejemplo en niños con cólico del lactante, plantearse lo que sigue es poco realista antes de los 5-6 meses, ya que en estos niños una de las prioridades es que coman hasta que se sacien y se duermen al pecho mientras toman. En estos niños la educación del sueño es secundaria.


Cuando queremos empezar a habituar al niño a dormir solo, se facilita el cambio sacándolo del dormitorio de los padres a partir de los 5-6 meses.


Para aquellos padres que prefieren hacer colecho, sobra la explicación que sigue.


Y no hay una opción correcta y otra incorrecta. Depende de los padres y del niño.



 

En primer lugar el momento adecuado.


Os recomiendo en los niños menores de dos años (no hay una barrera antes de dos años – después de dos años, es orientativo) que se acuesten entre las 20:30 y las 21:30.

 

En este aspecto es especialmente importante la regularidad. Como ya dije, si un día nos saltamos su momento de dormirse, dad por hecho que no hay nada que hacer hasta unas 2 horas después.

 

Un ritual que suele dar buen resultado, es:

Baño, comida, mimitos y a la cuna.

 

Baño: Algunos niños se relajan con el baño (la mayoría). Otros se activan. Pero incluso en los que se activan momentáneamente, cuando los vestimos limpitos, les damos de comer y les tranquilizamos un poquito tienden a caer. Y el baño debe ser tranquilo, puede entretenerse un poco con un juguete, pero no es cuestión de liar “el asalto de los piratas” cuando queremos que se duerma al poco rato.

 

Comida: Conviene que coma tranquilo, sin forzarle, si sois de los que estáis “en guerra con en niño” por el tema de la comida, en la cena no es el momento de la batalla (de hecho soy de los que piensan que la mejor forma de ganar esa guerra es no plantar nunca batalla). Como si se acuesta sin comer prácticamente. En este momento es más importante la tranquilidad.

 

Mimitos: En esta fase se puede coger en brazos y hablarle con suavidad.

 

Aquí es donde está una de las claves. El error más frecuente para dormir a un niño está en que su necesidad de mimitos puede ir haciéndose progresivamente mayor, con lo que el rato de tranquilizarlo que inicialmente era de 5 minutos, más de una vez acaba alargándose una hora o más.

 

El objetivo es que ese rato sea cada vez más corto o que se mantenga, no más largo.

 

A la cuna: Aquí está la segunda clave. Hay que acostarlo en la cuna tranquilo, pero no dormido.

 

Si el niño se duerme fuera de la cuna, cuando se despierta en ella no es capaz de volver a dormirse.

 

No porque, como dicen algunos, se le quede grabada una imagen del sitio donde se durmió y si al despertarse ve algo diferente le dé un ataque de pánico.

 

Recuerdo una niña de cuatro años que cada vez que se despertaba de noche exigía que la bajaran al salón, para acostarse en el sofá viendo la televisión. Haciendo eso se dormía enseguida, pero era incapaz de hacerlo en su cuarto. No es que la niña quisiera hacer la puñeta a sus padres. Adivinad cómo la habían acostumbrado a dormirse cada noche…

 

Que un día se te duerma en brazos no quiere decir que debas despertarlo para echarlo a la cuna despierto.

 

Lo importante en educación es la norma, no la excepción.

 

Si un niño por norma se duerme en brazos, cuando se despierte necesitará repetir su ritual para dormirse, y éste incluye el estar en brazos, por lo que si se despierta pedirá tu colaboración para dormirse cada vez.

 

Si un niño por norma se duerme solo, cada vez que se despierta es capaz de dormirse solo de nuevo, con lo que te llamará cuando tenga hambre, esté incómodo o tenga necesidad de seguridad o cariño, pero si lo que quiere es simplemente dormirse de nuevo, lo hará él solito.

 

Éste es el objetivo de enseñarle a dormir solo, no pretendemos que renuncie al afecto de sus padres, ni que se quede a dieta de noche si tiene hambre, o se aguante con un pañal que le irrita. Sólo que si lo que tiene es sueño, sepa dormirse por sí mismo.

 

Truco: Para los niños muy pequeños (menos de 3 meses) a los que les gusta mucho estar en brazos, funciona a veces poner en la cuna una prenda de la madre impregnada con su olor. (Puedes por ejemplo dormir sobre la sábana de su cuna la noche anterior a cambiársela).

 

Esto se basa en que uno de los sentidos más desarrollados de los niños de menos de 3 meses es el olfato y tiene una íntima relación con la parte del cerebro que procesa las emociones.

 

A muchos niños eso les hace sentirse más seguros.

 

Estos dos últimos pasos del ritual (tranquilizarlo y a la cuna antes de que se duerma) son los que repetimos si el niño se despierta de nuevo durante la noche, pero teniendo claros los matices destacados:

El objetivo es reducir progresivamente el tiempo necesario para tranquilizarlo, y conviene acostarlo antes de que se duerma del todo.

 

 

 

A modo de resumen, los errores que conviene evitar si queremos que un niño aprenda a dormir solo:


Evitar cambios importantes en la hora de dormir. Si cada día lo acostamos a una hora según “nuestra muy nutrida agenda social”, el niño se encargará de completarla con “noches inolvidables”.


No hacer cosas que excitan al niño y le estimulan a seguir despierto: Como ver dibujos animados mientras cena o cualquier actividad que va a querer prolongar. Si hacemos esto es fácil que se rebele cuando le digamos que ya toca dormir.


Por mucho que pueda gustarnos hacerle mimitos, incluso si nos gusta más que a él, no debe ir progresivamente alargándose, o llegará el momento en que lo haga más de lo razonable. Pensad que eso mismo pedirá cuando quiera dormirse tras un despertar de los que tendrá varios a lo largo de la noche.


No interrumpir el proceso por continuos ajustes de condiciones supuestamente necesarios y secundarios. Como: “hay una rendijita de luz, bajad la voz, ir a por tal o cual objeto imprescindible…” Una de las principales características de los adultos con insomnio, es la necesidad excesiva de ajustes secundarios y la interrupción continua del ritual para dormirse por motivos innecesarios, que se aprende desde pequeños.


No dormirlo en brazos normalmente: Si se duerme en brazos, cada vez que se despierte y quiera dormirse, pedirá de nuevo brazos.


No echarlo ya dormido en la cuna: Si se duerme fuera de la cuna cuando se despierta querrá que lo saquéis de ella, para dormirse en el sitio en que suele hacerlo.

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Se le escapa la orina

Se le escapa la orina

Se le escapa la orina ¿Porqué algunos niños que ya controlaban la orina tienen escapes durante el día y la noche? La vejiga hiperactiva y cómo tratarla.

Hay niños que tras controlar la orina de forma normal, empiezan a:

  • Tener urgencia por ir al baño.
  • Van con poca frecuencia. (No es por infección, en la que tienden a ir con frecuencia). Con bastante frecuencia porque no se sienten cómodos yendo al baño más que en casa o acompañados por un familiar en el que tienen confianza.
  • De vez en cuando tienen pequeños escapes, tanto de día como de noche. Pero más habituales de día.

Es frecuente, que pasada la fase de controlar la orina en el preescolar, los niños empiecen a aguantar cada vez más tiempo sin ir al baño a orinar. Pero algunos, aguantan tanto, que la vejiga se llena mucho. Cuando las paredes de la vejiga están a demasiada tensión, las fibras musculares que la forman, empiezan a irritarse. Y responden contrayéndose. El resultado son como pequeños apretones muy seguidos, que dan la sensación de que hay que ir urgentemente a orinar, porque se escapa. Estos escapes se pueden producir con más asiduidad de día, pero también de noche.

Se diferencia de la enuresis nocturna primaria con facilidad porque en ésta:

  • La orina se escapa sólo de noche. En la vejiga hiperactiva se escapa más de día.
  • Durante el día no hay urgencia para ir al baño. En la vejiga hiperactiva lo que la define es esa urgencia por ir al baño.

El tratamiento en la vejiga hiperactiva, tiene varias posibilidades:

  • Medicación (consulta a tu pediatra)
  • Reeducación de la vejiga. Lo que os recomiendo para empezar.

Esto último consiste en lo siguiente:

Hay que recordar al niño, que vaya con mucha frecuencia al baño. Incluso si tiene edad suficiente dadle un reloj o un móvil con una alarma configurada para sonar durante el día cada 2 horas, que le recuerde que debe ir al baño.

Al vaciar la vejiga con más frecuencia, la pared está más relajada, y los músculos menos irritables.

Tras una fase de reeducación y una vez que pasen un par de semanas sin producirse escapes, podrá aumentarse el tiempo entre las micciones pero recordando al niño que no pase demasiado tiempo sin orinar y acostumbrándolo a que no se aguante. Reconociendo el niño cualquier insinuación de escape o molestia en la parte baja de la barriga, como un recordatorio de que debe ir al baño cuanto antes.

En segundo lugar es importante en estos niños corregir el estreñimiento, si es que existe. Lo que es bastante habitual. Ya que la retención de heces potencia la vejiga hiperactiva.

También hay niños que pueden llegar a orinarse durante el día cuando ya lo controlaban perfectamente por otros motivos. Entre los más habituales están:

  • Infección de orina.
  • Vulvovaginitis en niñas (en estos casos, a veces la causa si son muy repetitivas es que tenga lombrices).
  • Problemas psicológicos. Una llamada de atención o una manifestación de que algo no va bien en su vida (un nuevo hermano, problemas entre sus padres, nuevo colegio, problemas con algún compañero de clase…)

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Se ha estreñido al quitarle el pañal

Cómo quitar el pañal bien. No cometas el error más habitual: Generar un estreñimiento por hacer las cosas de forma inadecuada.

El momento de quitar el pañal

Hay niños que están preparados antes y que otros para dejar el pañal.

Algunas guarderías intentan hacerlo al mismo tiempo en todos los niños de una clase.

Lo hacen porque la imitación a veces ayuda.

El problema puede venir si hay niños con una edad muy diferente.

Los que en clase han nacido en diciembre no pueden, en su mayoría, hacerlo al mismo tiempo que los que nacieron a principios de año. Un año en esa edad es un abismo.

Incluso en niños de igual edad puede haber diferencias de madurez importantes.

La mayoría suelen estar preparados en torno a los dos años.

Y suele preferirse para intentar quitar el pañal el buen tiempo: a partir de la primavera.

La razón es que:

  • Llevan menos ropa que manchar y lavar.
  • Se seca con más facilidad.
  • Si se mojan accidentalmente pasan menos frío.

Así, suele intentarse la primera primavera-verano que el niño tiene ya los dos años (o casi). El objetivo es motivarlo para que nos avise cuando tiene ganas de hacer caca o pipí. Intentamos que llegue hasta el servicio o el orinal, y sea capaz de hacer allí.

Dónde puede hacer caca cuando quitamos el pañal

En principio, la mayoría de los niños no se ven seguros en un váter de tamaño normal. Por lo que en muchos casos la mejor opción es el orinal. Aunque si aceptan de entrada el váter normal, un paso menos que hay que dar después.

Con la caca:

Obserbad si el niño tiene una hora en la que habitualmente hace caca. Conviene animarlo en ese momento a que pruebre a hacer caca en el orinal, celebrando si lo consigue.

Si no lo consigue, ponedle de nuevo el pañal. Así le daremos la ocasión de hacer en el pañal si lo prefiere.

En los niños a los que cuesta entender el tema podemos dar un paso intermedio: que haga caca con el pañal, pero sentado en el váter o el orinal.

Así entienden que el sitio adecuado para hacerlo es ese. Cuando ya lo hace así es más fácil que eliminando el pañal lo siga haciendo allí.

El horario para hacer caca cuando quitamos el pañal

Una de las cosas que más ayudan a quitar el pañal es tener un horario más o menos claro.

estreñido al quitar el pañal

 

Si tu hijo tiene tendencia a hacerlo en una hora concreta y esa hora suele estar en casa tranquilo, es lo ideal.

Solucionar el estreñimiento si lo hay antes de quitar el pañal

En niños que tienen tendencia a estreñirse y no tiene un horario claro para hacer caca recomiendo lo siguiente (sólo en los que tienen esta tendencia a estreñirse):

  • Usar un laxante desde unos días antes de intentar retirar el pañal.
  • El laxante se daría un par de horas antes del momento del día en que deseamos que le de ganas de hacer caca.

Conviene que sea una hora a la que habitualmente estemos tranquilos en casa, para que sea un ritmo que podamos mantener de forma regular.

El laxante que suelo recomendar es la lactulosa. Y la dosis puede empezarse por 2ml y subir o bajar la cantidad poco a poco (medio mililitro más o menos cada día) según el efecto que le haga.

Suele tardar en hacer efecto un par de horas.

Cuando veamos que lleva varios días haciendo caca «como un reloj», podemos animarle a que se siente en el orinal para hacer la caca.

Si lo conseguimos durante varios días seguidos, podemos ir reduciendo la cantidad de laxante poco a poco al tiempo que insistimos en más fribra en la dieta y procuramos no darle más de medio litro de lácteos al día.

Controlar el pipí para quitar el pañal

Una vez que la caca se controla de forma regular, es cuando podemos probar a quitar el pañal también para el pipí.

Para evitar los escapes de orina hay que invitar al niño a hacer pipí cada hora: Poneos la alarma en el móvil, para no olvidarlo.

Si lo conseguimos y vemos que aguanta bien cada hora sin escapes, pasamos a no avisarle antes de la hora y media.

Si sigue controlando, lo ponemos cada dos horas… Hasta que llegue un momento que sistemáticamente nos avise.

Si en cualquier momento se ve inquieto, invitadlo a ir al baño y recordádselo como máximo cada 3 ó 4 horas durante al menos los 2 años siguientes.

En ningún caso intentéis esto antes de tener regulada la caca.

Aún controlando el pipí de día no debéis quitarle el pañal por las noches hasta que apreciéis que se levanta con él seco casi todas las mañanas.

Se considera normal que un niño no controle de noche hasta los 5 años. A partir de ahí se considera Enuresis Nocturna Primaria.

Si lo hemos hecho mal y se ha estreñido al quitar el pañal

Si al intentar quitar el pañal, se ha estreñido hasta el punto de hacer la caca tan dura que le ha hecho una herida al salir (fisura anal), deberemos resolver el estreñimiento.

A veces no se ve la herida, pero el niño se resiste a hacer caca por el dolor y mancha con algo de sangre en algunas ocasiones al final de la caca. Si ocurre esto es que tiene la fisura.

Yo suelo usar la Lactulosa en dosis creciente (no hay dosis fija en la lactulosa, no es tóxica y se puede subir poco a poco hasta conseguir nuestro objetivo) hasta que se suelta. Luego se mantiene la dosis necesaria para que haga todos los días, blando, durante unos 10 días. Suele ser el tiempo necesario para que le pierdan el miedo y se cure la fisura.

Si tras los 10 días hace ya de forma regular y sin dolor la Lactulosa se reduce progresivamente dando un mililitro menos cada día hasta suspenderla del todo.

La retirada del laxante debe acompañarse de un aumento de fibra en la dieta.

Si al bajar la dosis de laxante empieza a estreñirse es mejor aumentar de nuevo su dosis que llegar a hacerse una nueva fisura anal.

No le tengáis miedo al laxante. A veces es necesario darlo durante meses. Es preferible eso a que el niño refuerce su miedo a hacer caca por el dolor.

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Un sitio para dormir el bebé

Preparar el sitio para dormir un bebé. La cuna o el colecho. Es una Elección de los padres que puede modificarse según el bebé.

Este es uno de los temas en los que los padres tienen que hacer su elección: Que el niño duerma en la cama con los padres, o en su propia cuna.

Pese a lo que podáis leer por ahí, mi opinión (y es sólo eso, mi opinión) es que no hay «lo mejor…» en este tema. Lo que para unas familias es lo mejor, puede ser mala opción para otras.

Sois vosotros los que debéis plantearos el tipo de crianza que deseáis hacer y ver cuál de las dos opciones es mejor en vuestro caso.

Para mí las prioridades a la hora de tomar esta decisión serían:

  • Que escojáis la que escojáis el resultado sea que todos descanséis bien. Hay familias que eligen una de las dos opciones y a pesar de que no consiguen descansar tienen un rechazo frontal a la otra opción. Está bien que tengamos nuestras preferencias. Pero luego cada niño es diferente. Y en el día a día, lo que decidimos hacer en un principio, puede no funcionar. Es bueno ser realistas y flexibles teniendo claro que cualquier decisión puede ser modificada si no da los resultados que buscamos. Y que no tenemos porqué cumplir con un esquema concreto de crianza al 100%.
  • Tened claro que no hay una de las dos opciones que sea la «correcta», científicamente hablando, para todos.

Para los que eligen la cuna como sitio para dormir del bebé

Debe permitir que veamos al bebé con facilidad, para lo cual debe tener unas paredes que no pueden ser un panel opaco.

Lo mejor es que sean barras o material plástico transparente.

La cuna del bebé

Las barras deben ser verticales, nunca horizontales para que no escale el bebé y con una separación que no permita que la cabeza pueda introducirse entre los barrotes.

Es bueno que la altura de la barandilla sea ajustable de modo que cuando el bebé vaya creciendo podamos ir subiéndola para que no pueda salirse de la cuna.

No es necesaria la almohada. Los bebés no la necesitan para nada.

Y procurad que haya la cantidad mínima de objetos en la cuna: peluches por ejemplo o artilugios anti-vuelco que no sirven para nada en la mayoría de los bebés porque lo recomendable de entrada es que duerman boca arriba.

La ropa de cuna, especialmente lo que tenga contacto directo con el bebé es preferible que sea algodón 100% y sin colorantes.

En los bebés muy pequeños, mantas que no pesen demasiado.

En los más grandes que se mueven mucho, yo prefiero poner los pijamas necesarios y no usar sábanas (bebés que se despiertan por frío o calor).

Cuando el sitio para dormir todos es una sola cama

Vuelvo a hacer mención a una opción para la que la cuna sobra: El colecho. La eleción es vuestra.

Consiste en que el bebé duerma con los padres en la misma cama hasta que decida por sí mismo que prefiere su propia cama.

Esta opción tiene tantos defensores a ultranza como detractores. Ni es mala como dicen algunos ni es lo único bueno como dicen otros. Es una posibilidad que os animo a usar si lo deseáis y a seguir usando si haciéndolo descansáis mejor.

 

El colecho