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Lunares en niños

Lunares o Melanoma. ABCDE

Los lunares son zonas de la piel que tienen más melanocitos que el resto dándole una coloración oscura. Pueden aparecer en cualquier edad. Te explico cuándo debe verlos el médico.

¿Qué es un lunar?

Un lunar es una zona de la piel que tiene una coloración diferente al resto. Habitualmente de forma redondeada y color marrón más oscuro que el resto de la piel.

Es algo frecuentísimo. Casi todo el mundo tiene algún lunar.

Los niños pueden tenerlos incluso desde el nacimiento. Y pueden ir apareciendo a lo largo de la vida.

Pero es algo que a veces preocupa porque hay un cáncer de piel que parece un lunar: El Melanoma.

¿Qué es un melanoma?

Un melanoma es un cáncer maligno de piel que puede aparecer en cualquier momento de la vida. Aunque en los niños es algo excepcional.

El desencadenante son las quemaduras solares repetidas.

Cuando aparece tiene un aspecto similar a un lunar, pero luego cambia dándonos pistas de que no es normal.

Para diagnosticar lunares desde hace unos años se ha difundido una guía. El ABCDE del melanoma.

Diferenciar un lunar de un melanoma en niños

En cualquier momento puedes encontrar en la piel de tu hijo un lunar que antes no estaba. Y puedes sentir preocupación por si será un lunar “bueno o malo”.

Un Melanoma cumple antes o después las 5 características que ves en la imagen:

Asimétrico. Es decir, que tiene una forma irregular con una mitad diferente a la otra. Un lunar “bueno” suele ser redondeado u ovalado.

Bordes irregulares. Un melanoma tiene bordes irregulares porque invade el tejido que le rodea, mientras un lunar “bueno” tiene unos bordes claramente definidos.

Color. Un Melanoma tiene diferencias de color evidentes en su interior, mientras que un lunar “bueno” tiene una coloración uniforme.

Diámetro de 6 mm. Que mida más de 6 mm no quiere decir en absoluto que tenga que ser un melanoma. De echo ninguno de los anteriores puntos por sí solo nos hace pensar en un melanoma.

Evoluciona. Esto es lo más característico de un melanoma. Que lo vemos cambiar poco a poco. Evidentemente cualquier lunar nuevo cambia. Ha pasado de no estar a estar. Pero la aparición de un lunar “bueno” es tan rápida que lo descubrimos de repente. La diferencia es que el melanoma lo descubrimos y en las semanas o meses posteriores vemos cómo va cambiando de aspecto.

Cualquier lunar que cumpla algunos o varios de los puntos anteriores debe ser valorado por el dermatólogo. No hay ninguna seguridad de que sea un melanoma. Pero debe verlo. Y lo que debes hacer no es agobiarte, sino llevarlo al dermatólogo.

¿Tengo que hacer algo si a mi hijo le salen muchos lunares?

El estímulo para la aparición de lunares es La Luz Solar. Hay quien tiene mucha facilidad para que le salgan y quien no. Que a alguien le salgan muchos es un indicativo de que tiene una piel muy sensible o de que se está exponiendo demasiado al sol.

Sin pasarnos, debemos evitar las quemaduras solares. Pero el sol en realidad es bueno y necesario para la salud.

Como en tantas cosas la virtud está en el término medio. Y respecto al sol el término medio es que:

– Expongas a tu hijo al sol tanto como sea posible sin que se queme.

– Si prevés que puede llegar a quemarse limita la exposición.

– Si no puedes limitar la exposición y sabes que vas a superar lo que aguanta sin quemarse, aplica crema de protección solar. Pero no es lo ideal. Lo ideal es que limitemos la exposición a la que puede tolerar sin quemarse.

– Has una exposición gradual de forma que llegue con un moreno uniforme al verano. Se quemará menos cuanto más moreno esté.

Todas estas medidas son útiles para que no aparezcan lunares nuevos, aunque sean “buenos” y para evitar el melanoma.

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Miedos infantiles ¿Cómo actuar ante ellos?

Miedos Infantiles

Miedos en niños y bebés. ¿Cuándo y cómo aparecen los miedos en la infancia? ¿Qué significan? ¿Cómo actuar ante ellos para que desaparezcan?

El miedo es algo con lo que todos convivimos. Todos tenemos nuestros miedos o temores. En su mayoría los superamos de forma adecuada y no nos impiden tener una vida normal.

En Wikipedia se define como :

El miedo o temor es una emoción caracterizada por una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado.

Cuando el miedo es tan intenso e irracional que nos limita en nuestro día a día hablamos de Fobias.

Pero aquí vamos a hablar de los miedos en general en la infancia. Miedos que todos los bebés y niños empiezan a manifestar antes o después. La intención es que entendamos cuándo y cómo aparecen y cómo en su mayoría desaparecen. Si tenemos que hacer algo especial, o poco a poco el propio niño los superará.

¿Cuándo y cómo aparecen los miedos en la infancia?

Podríamos hablar de miedos genéricos, como el miedo a la separación o al abandono. Algunos dirían que es la primera manifestación de miedo que aparece en los bebés. Pero yo no lo llamaría miedo aún.

Entiendo el miedo como una emoción más elaborada, que no aparece en la primera etapa de la vida hasta que se tiene una capacidad mínima de pensar.

Cuando un bebé llora si lo dejamos sólo hablamos de una reacción biológica muy básica. Más basada en un instinto que en la elaboración mental de una emoción por parte del bebé.

Otro ejemplo son lo que la gente llama “sustos” o “repullos” por aquí. Son esos movimientos bruscos cerrando los brazos con las manos abiertas en forma de garra que hacen ante movimientos o ruidos bruscos. De nuevo no son una emoción o pensamiento que anticipa un peligro, sino simplemente un reflejo.

Suelo explicar que los bebés en los primeros meses funcionan de forma muy elemental. Tienen necesidades y sensaciones y lloran cuando hay una necesidad sin cubrir (sueño, hambre o falta de estímulos, entre los que el contacto es uno de los esenciales porque aporta seguridad) o una sensación desagradable (frío, calor, dolor, picor, escozor…) o actúan por reflejos simples.

Para que aparezca el miedo debe haber interpretación por parte del que la sufre de que está en peligro, lo que implica una memoria de situaciones anteriores y la previsión de consecuencias negativas. Y esto en los primeros meses de vida escapa a la capacidad del bebé porque implica un grado de consciencia y anticipación que aún o tiene. Pero todo llega.

Un ejemplo que vivo en la consulta a diario:

Cuando atendemos bebés muy pequeños suelen llorar al explorarlos si notan frío cuando les quitamos la ropa o si tenemos las manos frías al tocarles. Pero cuando el ambiente es cálido, nuestras manos están calentitas y le manipulamos con movimientos lentos no suelen llorar.

Así pueden pasar los primeros 3-4 meses. Pero de repente un día, en cuanto te acercas a explorarlo llora. Sin haberle quitado la ropa, y sin siquiera tocarle. ¿Qué ha pasado?

Puede haber varias explicaciones:

  • “Ya extraña”. Es la expresión con la que nos referimos a que el niño rechaza a los extraños que no forman parte de su círculo habitual. Y esto ocurre antes o después. Los hay en esto  más confiados y menos. Hay niños que extrañan más y otros que menos.
  • Ha acumulado experiencias negativas. Como yo le digo a los padres: “Si tras la tanda de vacunas que lleva un bebé a los 6 meses, ve una camilla y un tipo con bata blanca y no llora… Es que no es muy espabilado…”

En realidad los miedos son un signo de que el desarrollo va avanzando.

Cuando entendemos lo explicado nos damos cuenta de que en realidad los miedos son parte del desarrollo y realmente son una pista de que las cosas van evolucionando bien.

El cerebro de nuestro bebé se hace cada vez más complejo y empieza a discriminar. Distingue personas y situaciones que le hacen sentir seguro y otras que le generan inseguridad. Esto es algo necesario para evitar daños. Es bueno que un niño no confíe en cualquiera, porque cualquiera puede ser bueno o malo. Es bueno que ante situaciones que previamente llevaron a sufrir un daño el niño se ponga en alerta y evite así “tropezar dos veces con la misma piedra”. El miedo es la herramienta que nos ayuda ahí.

En este sentido podemos hablar incluso de miedos positivos y negativos:

  • Un miedo positivo es aquél que te protege, que evita que te pongas en peligro de forma real alertándote de que hay un riesgo real y debes evitarlo.
  • Un miedo negativo es aquél que te limita para hacer cosas que pueden ser positivas. Por ejemplo el miedo a andar tras una primera caída es un miedo a superar. Porque todos cuando aprendimos a andar caímos en algún momento. Pero si no lo superamos jamás volveríamos a caminar.
  • Algunos miedos pueden empezar siendo positivos y volverse negativos. Usando el mismo ejemplo anterior, si un bebé intenta andar antes de estar preparado puede sufrir muchas caídas y que alguna de ellas le ocasione un daño serio. Que en esa fase en la que aún su equilibrio, su fuerza en las piernas o su coordinación son insuficientes el miedo le lleve a no intentarlo es positivo. Pero el bebé va creciendo y esas cualidades necesarias para caminar con más seguridad se van desarrollando hasta que llega el momento en que realmente está preparado. Ese miedo que inicialmente le protegió de daños es ahora necesario que desaparezca para dar una oportunidad a un paso para el que ya sí está listo y es positivo se dé.

¿Cómo puedo actuar para ayudar a mi hijo a que ese miedo desaparezca?

Cuando nuestro hijo tiene un miedo, lo primero que debes pensar es ¿Por qué? Cuál es la razón y si ese miedo le protege o le limita.

Aquellos miedos que le protegen no deben ser combatidos, pero siempre deben ser seguidos para que tampoco lleguen a ser un día una limitación innecesaria.

En los miedos que sí suponen más problema que beneficio mi planteamiento sería:

  • Vamos a entender la causa.
  • Entendiéndola vamos a diseñar una estrategia para que desaparezca.

Os pondré un ejemplo muy habitual: El miedo a la oscuridad.

Yo diría que casi todos los niños lo acaban desarrollando en mayor o menor intensidad, antes o después.

¿Cómo aparece el miedo a la oscuridad?

Su origen suele estar en la noche. Llega un momento en que todos tenemos sueños y con ellos también pesadillas. Cuando un niño está durmiendo a oscuras y se despierta en una pesadilla lo normal es que llore y sus padres acudan a consolarle.

Habitualmente, cuando hacemos esto encendemos la luz. Este gesto al que no damos importancia la tiene. El niño estaba viviendo una experiencia muy agobiante con imágenes para él muy reales. Y de repente papá o mamá aparecen con la luz y todo lo malo desaparece como por arte de magia.

Esto tiene tal fuerza y se ha instaurado de forma tan firme en nuestra mente durante los primeros años de vida que son muchas las religiones que asocian la Luz al Bien y la Oscuridad al Mal.

La cuestión es que en la mente del niño se empieza a hacer esta asociación. Se vincula a los monstruos y las situaciones que le generan temor con la oscuridad y a su desaparición con la luz.

Muchos niños a partir de esa asociación se niegan a quedarse a oscuras en su dormitorio e insisten o buscan cualquier excusa que nos retenga a su lado. Es el miedo a que vuelvan las pesadillas.

El resultado es que muchos padres dejan entonces una pequeña luz en la habitación del niño durante toda la noche. Puede ayudar en un primer momento. Pero no es la solución. Se trata de un miedo que no protege y limita. Nuestro objetivo es eliminarlo.

¿Cómo eliminar el miedo a la oscuridad en un niño?

Para hacerlo lo que os sugiero es que si vuestro hijo está empezando a tener pesadillas vayáis a tranquilizarlo a oscuras. Las imágenes negativas de la pesadilla desaparecen, no porque encendamos la luz, sino porque el niño ya se ha despertado. Si lo calmamos a oscuras no aparecerá esa vinculación entre pesadilla y oscuridad, luz y salvación. Y esto es bueno porque para un descanso adecuado lo mejor es que de día el niño esté expuesto constantemente a la luz y de noche haya la menor posible. Esto marca el ritmo de secreción de melatonina que garantiza una mayor calidad de sueño.

Igual que este ejemplo, cada miedo que resulta limitante y no protector tiene una estrategia adecuada que puede eliminarlo. La persona que puede ayudarte a diseñar estas estrategias es el Psicólogo. Te recomiendo que busques su ayuda, especialmente si el miedo desencadena reacciones tan irracionales que limitan seriamente la capacidad de ser feliz o ponen en peligro al niño. Es cuando hablamos de Fobias.

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Mononucleosis en niños

Mononucleosis

Mononucleosis o Enfermedad del Beso en niños. Una infección que empieza en la garganta pero puede afectar ganglios, hígado… Explicada a los padres.

Cuando un niño tiene una infección en la garganta puede ser producida por virus o por bacterias. Esta distinción es importante porque en las infecciones provocadas por virus no sirven los antibióticos, mientras que en las bacterianas es el tratamiento recomendable.

Una de las cosas que orienta sobre si es de un tipo u otro es la presencia de placas en la garganta.

Solemos pensar que es bacteriana cuando hay placas y que es viral cuando no las hay.

Pero esta sencilla regla tiene sus excepciones:

  • Algunas infecciones bacterianas, como la Escarlatina, pueden no producir placas en la garganta.
  • También hay infecciones virales que pueden generar placas: La típica es la Mononucleosis. La que nos ocupa hoy.

Por eso es frecuente que algunas Mononucleosis aparezcan como una amigdalitis con sus placas, que ha empezado a tratarse con antibióticos, pero no mejora tras varios días.

¿Qué es una Mononucleosis?

Es el aumento de células Mononucleares o Monocitos. Me explico. Cuando hacemos una analítica de sangre básica para ver la composición en células de la sangre hay glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas.

Los Glóbulos Blancos son los que se encargan de defender al organismo. Entre ellos hay varios tipos: Neutrófilos (que suelen aumentar en número cuando hay una infección bacteriana), Linfocitos (que aumentan cuando hay virus), Eosinófilos (en alergias y parasitosis) y Monocitos.

Los Monocitos aumentan en las infecciones virales, pero en algunas concretas lo hacen de forma más llamativa. Estas son las que llamamos Mononucleosis.

Los 3 microorganismos con los que ocurre esto de forma típica son: Virus de Epstein-Barr (el que causa la llamada enfermedad del beso), Citomegalovirus y Toxoplasma.

La enfermedad del beso

Es la Mononucleosis a la que se refiere este artículo. Es causada por el Virus de Epstein-Barr. 

La llaman Enfermedad del Beso porque lo típico es que se transmita por saliva y suele aparecer en niños por encima de los 10-12 años. A diferencia de otras infecciones virales que es típico pasar mucho antes. Este contacto íntimo de saliva ocurre habitualmente en las guarderías o en adolescentes.

Hay muchas personas que tienen este virus activo sin que les genere ya molestias, ya que lo pasaron en su momento. Son lo que llamamos “portadores sanos”. Sin tener síntomas de enfermedad pueden transmitir a través de su saliva el virus a otras personas.

Se estima que el 95% de los seres humanos lo ha pasado en algún momento de su vida.

Hay infecciones típicas de ciertas estaciones. No es el caso de la Mononucleosis por Virus de Epstein-Barr. Puede aparecer en cualquier época del año.

Síntomas de la Mononucleosis por Virus de Epstein-Barr

El periodo de incubación de la Mononucleosis por virus de Epstein-Barr es muy variable. Puede ir de 1 a 4 semanas. Lo más frecuente es en torno a 10 días.

En niños pequeños y bebés los síntomas suelen ser poco llamativos. Fiebre, decaimiento, mucosidad… Como cualquier otro virus.

Es en niños más mayores y adolescentes donde vemos la forma típica:

  • Fiebre alta de más de 39º que puede prolongarse entre 5 días y dos semanas.
  • Decaimiento intenso que a veces tarda más de un mes en superarse.
  • Inflamación llamativa de la garganta con placas evidentes de color blanco-gris.
  • Inflamación llamativa de los ganglios, especialmente de los que hay alrededor de la garganta. En algún caso muy llamativos.
  • Inflamación del hígado. En la analítica puede verse que aumentan las transaminasas. Son un indicativo de que hay inflamación en el hígado. Pero es raro que esto genere problemas a parte de dolor de barriga y a veces algún vómito.
  • Inflamación del bazo. No es de las infecciones que más lo hacen crecer. Pero puede aparecer.
  • Edema en párpados. Aparece en un tercio de los casos y no es debido a problemas de riñón, sino a la inflamación de los ganglios que dificultan el drenaje de líquido.
  • Erupción en la piel. Aparece en muy pocos casos. Son muchos puntitos por todo el cuerpo. A veces a partir de haber tomado un antibiótico, lo que hace que se pueda confundir con alergia a ese medicamento.

Diagnóstico de Mononucleosis

Cuando por la evolución y los síntomas sospechamos la Mononucleosis, podemos confirmarla con una analítica de sangre en la que vemos un aumento llamativo del número de Monocitos en sangre.

Para confirmar cuál de los microbios posibles es su causante podemos hacer otra analítica que detecta anticuerpos frente a ellos.

En la analítica es frecuente que veamos también un aumento de las transaminasas debido a inflamación del hígado.

Tratamiento de la Mononucleosis

Al ser una infección producida por un virus los antibióticos no sirven para tratarla. A pesar de la fiebre y las llamativas placas en la garganta.

Sólo hay tratamiento para los síntomas:

  • Antitérmicos para la fiebre y el malestar.

A veces las placas de la Mononucleosis pueden servir de base para que asiente alguna bacteria y entonces aparece un empeoramiento con aumento de la fiebre. Sólo en esos casos puede ser útil el uso de antibióticos. Pero en realidad no es para tratar la Mononucleosis, sino otra infección diferente que ha aprovechado la ocasión.

Cuándo puede volver al colegio tras pasar una Mononucleosis.

La infección está activa mientras siga teniendo picos de fiebre. Cuando pasa 24 horas sin nuevas subidas de la temperatura consideramos que el niño ha superado la Mononucleosis y el virus ya no está activo.

Pero a veces el decaimiento dura más tiempo y el niño puede necesitar unos días más para recuperarse y estar en condiciones de hacer vida normal.

Mononucleosis y Tumores

Uno de los aspectos que resulta más alarmante respecto a la Mononucleosis es que puede favorecer el desarrollo de tumores como el Linfoma.

Pero pensad algo. Si hemos dicho que el 95% de los humanos acaba pasando la Mononucleosis antes o después… Todos tenemos ese riesgo, ¿no?

Os lo digo porque como sabéis mirar en Internet es muchas veces causa para el pánico.

A lo que se refieren con la relación entre estos tumores y el virus de Epstein-Barr es al hecho de que cuando detectamos algunos tumores es frecuente que se haya pasado este virus poco tiempo antes. Pero la inmensa mayoría de los que lo pasan (casi toda la Humanidad), no lo ha desarrollado ni lo hará.

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Mi hijo está malo desde que empezó el curso

“Mi hijo siempre está malo ” Algo muy frecuente el primer año de guardería. No busques respuestas milagrosas sino entender cuándo preocuparte o verlo normal.

¿Tienes un hijo menor de tres años que acude por primera vez a la guardería este año?

Si es así, seguro que el título te ha llamado la atención. Debes llevar dándole vueltas desde hace meses.

Es frecuente que el primer año de guardería pagues para que se ponga malo. Va dos días, una semana sin ir. Vuelve otros dos días, otra semana malo…

Suelo decir que si uno calcula lo que se paga de guardería y el número de días que va de verdad, sale más caro que enviarlo a estudiar a EEUU.

Como habréis deducido, es bastante normal. Vuestro hijo no es una excepción. No tiene las defensas mal.

Y no es que no acabe de curarse ni que tenga un “resfriado mal curado”. La causa real es que no han acabado con una infección cuando ya están incubando la siguiente.

¿Porqué está malo constantemente?

Cuando un niño se escolariza por primera vez empieza a tener relación con muchos niños que provienen de familias difrerentes. Sin que un niño se relacione con otros también puede enfermar. Los adultos lo hacemos con menor frecuencia porque ya hemos pasado y formado defensas contra la mayoría de los gérmenes que nos rodean.

Para que se entienda voy a poner un ejemplo conocido: La varicela.

La mayoría la hemos pasado en nuestra infancia. Las personas que han pasado la varicela, si en un momento determinado tienen una bajada de sus defensas pueden reactivar ese virus, que está como hivernando en nuestro interior. Aparece lo que llamamos una “Culebrina” o herpes zoster.

Cuando un adulto tiene una culebrina libera vírus de la varicela. Si un niño está cerca y aún no la ha pasado, puede desarrollarla. El período de incubación es de 7-10 días habitualmente. Y en ese tiempo el niño ya está liberando virus que pueden contagiar a otros.

Si un niño no está escolarizado las posibilidades de que un adulto de su entorno desarrolle una culebrina son bajas.

Pero si está escolarizado las posibilidades de que alguno de sus compañeros tenga contacto con un adulto con culebrina se multiplican.

Por eso enferman más si van a la escuela.

¿Deberíamos evitarlo no llevándolo a la escuela hasta que sea mayor?

El sistema defensivo es un elemento que como todos los demás en los niños está en construcción. Pero es uno de los que maduran más rápidamente hasta el máximo de capacidad. Nos va en ello la supervivencia.

Los primeros 3-4 meses contamos con la ayuda de los anticuerpos que pasa la madre a su hijo a través de la placenta.

Tras el nacimiento la ayuda puede mantenerse a través de la lactancia, pero de forma más limitada que en la primera fase.

A partir de ahí los niños deberían haber desarrollado su propia capacidad de defenderse.

Suele considerarse que las infecciones en menores de 3-6 meses son más graves que en niños mayores de los 6 meses. Porque antes de esa edad consideramos inmaduro al sistema defensivo.
Y eso nos lleva a algo: Que la escolarización antes de los 6 meses debería estar contraindicada. Pero para eso sería necesario que la baja tras el nacimiento durase ese período como mínimo.

A partir de esa edad las probabilidades de un niño de enfermar cuando se escolarice son las mismas, lo haga a los 6 meses o a los 6 años.

La diferencia está en que se hará de forma más condensada si se escolariza pronto. Si lo hace tarde irá pasando infecciones a un ritmo menor. Pero el resultado final, si hiciésemos un recuento del número de infecciones sufridas sería casi el mismo.

Pero algunos niños están malos con más frecuencia que otros

Eso es algo que cualquiera puede apreciar. Los propios trabajadores de las escuelas infantiles lo notan y cuando los padres hablan entre sí también.

¿Qué ocurre? ¿Es que hay niños que sufren todas las infecciones y otros que no? Pues en realidad está ahí la diferencia. Lo que marca la diferencia entre las veces que enferman los niños no es que los gérmenes no afecten a unos y si a otros. Sino la forma en la que lo hacen.

Hay niños que cuando contactan con un virus, por ejemplo, desarrollan algo de moqueo y en un par de días están bien. Otros ante ese mismo virus se defienden haciendo fiebre alta, una bronquitis, vómitos, diarrea… Síntomas mucho más llamativos. Y en realidad el segundo, el que parece enfermar más no es que tenga una falta de defensas, sino que responde de forma mucho más exagerada.

Luego hay niños que tienen una mayor tendencia a que ciertos gérmenes aniden en su cuerpo. Es el caso de los niños con amigdalitis (anginas) o infecciones de orina de repetición.

En estos niños hay cosas que podemos hacer para reducir su tendencia a reaccionar de forma exagerada frente a las infecciones o a evitar esas infecciones de repetición. Es labor del pediatra ir un poco más allá de tratar cuadros agudos uno tras otro y plantear estrategias de prevención. Especialemente cuando el cuadro que sufre el niño es repetitivo y casi siempre con el mismo patrón.

No podemos evitar que el siguiente germen con el que tenga contacto le infecte. Pero sí podemos modular o prevenir ciertas formas de enfermar que vuelven una y otra vez.

El problema para hacer ese planteamiento es que se necesita tiempo. Muchos pediatras no disponen de ese tiempo por masificación y el resultado es que se pierde la oportunidad de conocer adecuadamente a un paciente hasta el punto de poder controlar bien sus particularidades y prevenir problemas posteriores. Lo que reduciría la demanda.

Otro problema es la continuidad. Ante la masificación de muchas consultas algunos padrs se ven obligados a acudir una y otra vez a urgencias y eso hace que su hijo sea atendido como cuadro agudo una y otra vez sin que ningún pediatra de urgencias pueda establecer una estrategia de prevención estable y que pueda seguir para adaptar a la evolución del niño.

Por eso, cuando un niño empieza la escolarización, mi consejo a los padres es que tengáis un pediatra de referencia al que acudáis cada vez que vuestro hijo enferme y recurráis a urgencias sólo cuando no podáis hacerlo a vuestro pediatra “de cabecera”.

Pero ante todo, y a pesar de lo desesperante que pueden ser estos primeros años, asume que es normal que mañana pueda tener una nueva infección y da gracias si pasa una tras otra sin necesitar ser hospitalizado. Porque eso significa que en realidad está superando este reto de forma adecuada y debe hacerlo.

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Púrpuras en niños

Púrpuras en niños

¿Porqué algunos niños empiezan a tener morados de repente sin haberse golpeado? Tiene varias causas posibles y hace falta una analítica para distinguirlas.

Llamamos púrpuras a la aparición de hematomas o morados cuando no nos hemos dado ningún golpe.

Lo primero a dejar claro aquí. No penséis en esto porque veáis un morado en vuestro hijo del que no recordéis qué golpe lo causó. Los niños se golpean continuamente. Y a veces no damos importancia a uno de esos golpes y horas o un par de días después vemos el hematoma y no podemos decir cuando ni cómo se lo hizo exactamente.

Las púrpuras no son como un morado, diferéncialos:

  • En el morado o hematoma, primero hay un golpe que lo causa, se inflama y después vemos que la piel que hay inflamada empieza a oscurecerse. Y se limita a la zona afectada por el golpe.
  • En las púrpuras, no ha habido golpe y lo que vemos es que en pocas horas empiezan a aparecer zonas amoratadas en la piel que se van extendiendo y apareciendo en otras zonas del cuerpo.

¿Qué hacer si aparece una púrpura a mi hijo?

Las púrpuras pueden tener varias causas. Las más frecuentes en niños no necesitan tratamiento y acaban desapareciendo solas, pero hay algunos casos menos frecuentes en los que es necesario poner tratamiento. Por lo que lo aconsejable siempre que vemos una púrpura en un niño es que sea valorado en el servicio de urgencias más cercano.

Allí le harán una analítica de urgencias que en pocas horas nos permite saber la causa de la púrpura y con ello saber si es más o menos importante y si necesita tratamiento.

Tipos de púrpura según el resultado de la analítica.

Cuando hacemos una analítica de urgencias a un niño con púrpura solemos solicitar tres cosas:

  1. Hemograma. Nos dice cómo están las células que forman la sangre. De ellas nos interesan sobre todo los leucocitos (glóbulos blancos o defensas) y las plaquetas (las que se encargan de detener el sangrado cuando algún vaso se rompe).
  2. PCR: Es una sustancia que sube rápidamente cuando hay una infección, y que según su nivel nos puede orientar sobre la intensidad de una infección.
  3. Pruebas de coagulación: Lo que valoran es si algunas sustancias que ayudan a las plaquetas a cortar el sangrado cuando un vaso se rompe están o no funcionando bien.

Los resultados más frecuentes que podemos encontrar son:

Púrpura con todo normal en la analítica. Es lo más frecuente en niños. Es lo que llamamos una vasculitis. Lo que ocurre es que ante una infección (habitualmente un virus) el cuerpo se defiende y a veces los anticuerpos además del virus dañan a los vasos sanguíneos más pequeños (los capilares). Afecta casi exclusivamente al extremo de las articulaciones (donde la circulación es más lenta y es más fácil que los anticuerpos se depositen dando la reacción. Es una reacción que en la mayoría de los casos dura menos de 3 días y después tarda en eliminar los morados lo que cualquier otro hematoma (1-2 semanas). A veces se acompaña de un dolor muy llamativo de tobillos, rodillas o muñecas. No suele precisar tratamiento y habitualmente el niño se va a su casa, recomendándose sólo reposo para evitar que cualquier pequeño golpe genere más hematomas. En algún caso muy intenso puede ponerse tratamiento. Es los que llamamos Síndrome de Schönlein-Henoch. Mucho nombre, pero la mejor opción en una púrpura, y por suerte, la más frecuente con diferencia.

Púrpura con plaquetas bajas. En esta todo está normal menos las plaquetas. Que han bajado claramente.

Es lo que llaman Púrpura Trombopénica Idiopática (PTI). Su causa suele ser una reacción del cuerpo. Ante una agresión (lo más frecuente es una infección causada por un virus), cuando nuestro cuerpo se defiende produce anticuerpos que buscan al virus para destruirlo. En personas predispuestas esos anticuerpos a veces confunden a las plaquetas con el virus. Cuando esto ocurre, el sistema defensivo empieza a destruir las plaquetas del propio cuerpo. El resultado es que pequeños sangrados que en condiciones normales se taponan sobre la marcha y no llegan a ser visibles, se van extendiendo. Lo más frecuente es que aparezcan en las extremidades. Pero pueden hacerlo en cualquier parte del cuerpo. Puede empezar a sangrar la nariz y vemos que el sangrado dura mucho (más de 30 minutos). A veces vemos sangre en la orina (orina oscura como Coca-cola) o en la caca. Este caso precisa tratamiento para reducir la reacción defensiva del cuerpo que está destruyendo, por error, las plaquetas.

Quedan las dos opciones más graves, y por suerte las menos frecuentes. Ni las nombro en este momento (sé que hay gente muy alarmista y no quiero contribuir a eso en esta web).

Si estás leyendo esto antes de ir a urgencias, simplemente te recomiendo que vayas a que le hagan la analítica. Y que no lo dejes para mañana. 

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Pie plano en niños

Los pies planos en niños son un tema controvertido. ¿Son útiles las plantillas? ¿En qué edad podemos hablar realmente de pie plano? ¿Qué calzado es mejor?

Hablamos de pie plano cuando el arco del pie es mucho más bajo de lo normal, haciendo que la cara interna del pie apoye claramente sobre el suelo.rn

Lo primero que hay que aclarar, es que el pie normal de un bebe suele ser plano. Y lo es porque el arco se va formando con el crecimiento, y porque los bebés tienen en esa zona una capa de grasa más gruesa que en los adultos que lo rellena.

Hablar de pie plano antes de que un niño empiece a andar o cuando lleva pocos meses haciéndolo no tiene sentido.

Lo que apreciamos en un niño con pie plano es que si le observamos por detrás el talón no es recto, sino que se curva, volcando ligeramente la cara interna del tobillo hacia dentro.

pie plano

¿En qué edad podemos hablar realmente de pie plano?

Hasta los 3-4 años lo habitual es que los niños tengan pies planos más o menos marcados.rn

Entre los 3 y los 6-7 años el arco se va formando y son cada vez menos los niños en los que lo apreciamos. Y esto sin hacer nada.rn

Por encima de los 6-7 años la mayoría de los niños que siguen teniendo pie plano es porque lo van a seguir teniendo así.

Hoy en día vemos un tipo de pie plano cada vez con más frecuencia y que es típico del adulto. El pie plano por sobre-peso. Hay niños cuyo peso es tal que vence el arco del pie generando un pie plano que no tuvieron antes de adquirir ese peso, que empeora sin engordan y puede mejorar adelgazando.

¿Son útiles las plantillas?

Las plantillas son adaptaciones que podemos hacer para introducir en el calzado que actúan equilibrando el pie.

Plantillas para el pie plano

Hubo un tiempo en que tanto las plantillas como los zapatos ortopédicos se usaron mucho. En muchos casos en niños que simplemente no habían desarrollado aún el arco del pie por su edad.rn

Eso ha hecho que se desacrediten bastante.

Pero en realidad tienen su utilidad:

– Dolor por el pie plano. Hay niños con pie plano que no tienen molestias. Pueden correr o andar sin problemas y sin molestias. Pero algunos se cansan con facilidad o se caen con frecuencia cuando corren. Otros presentan dolor en la cara interna de la rodilla, del tobillo, en los gemelos o en la planta del pie. En estos casos al poner plantilla a veces mejoran claramente. Cuando esto ocurre yo creo que la plantilla es útil. No va a curar el pie plano, pero puede reducir las molestias y permitir al niño tener una actividad física normal.

– Pie plano asimétrico. Lo más habitual es que el pie plano sea más o menos simétrico y si no es muy marcado no suele ocasionar mucho problema. Pero a veces un pie tiene el arco mucho más plano que el otro. Cuando esto ocurre el problema se centra en la espalda. En estos casos, estando de pie, la cadera del pie más plano queda más baja que la otra. El resultado es que la cadera está inclinada y sobre ella la espalda, que buscando el equilibrio se curva. En estos casos sí es importante el uso de plantillas para evitar los problemas de espalda.

escoliosis

¿Qué calzado es mejor?

En realidad esta pregunta es algo más amplia. ¿Está demostrado que haya cosas cotidianas que los padres puedan hacer para mejorar el pie plano?

Hay algunas cosas que están claras:rn

Andar de puntillas. Fortalece el arco del pie. Pero no veo muy operativo animar a los padres a poner a sus hijos a andar de puntillas 10 minutos al día o cosas similares.

Andar sobre superficies irregulares descalzo. Sobre arena o hierba por ejemplo. Esto si es más factible, en los casos en los que sea posible, animar a los padres a jugar con sus hijos descalzos en este tipo de superficies.

Calzado. Se ha tendido a recomendar mucho el uso de zapatos de horma recta y reforzada para evitar el pie plano. Pero un estudio realizado en la India con 2300 niños muestra que el pie plano es más frecuente en los niños que usan habitualmente zapatos cerrados que en los que usan sandalias. Y yo le veo todo el sentido a este estudio si pensamos en el punto anterior. Pretender además rectificar el tobillo impidiendo su movilidad normal no me convence lo más mínimo. Las articulaciones están hechas para moverse.rn

Por tanto, adiós a los zapatos de horma reforzada y recta.

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Ahogamiento secundario en niños

El ahogamiento secundario en niños es muy raro, pero puede ser grave. ¿Qué es?

Este tema ha sido pedido porque se publicó hace unos días un artículo sobre la historia de un bebé que había muerto por él.

Esto no es nada frecuente. Puedo decir, como muestra, que en los 18 años que llevo trabajando como pediatra no he visto ni un sólo caso. Pero os explico en lo que consiste.

Lo primero que tenéis que tener claro es cuando pensar en esto y cuando no:

¿Le puede pasar a un niño por tragar agua de la piscina? NO.

¿Le puede pasar si su amiguito le hace una ahogadilla y tose un poco? NO.

¿Le puede pasar si lo han tenido que sacar inconsciente de la piscina porque se estaba ahogando? SI.

La razón se entiende explicando lo que es el ahogamiento secundario:

Para depurar el agua de las piscinas usamos sustancias químicas. De ella la más habitual es el cloro o derivados suyos.

El cloro es uno de los mayores irritantes químicos para los bronquios.

Si un niño traga agua de piscina, el cloro va a su barriga, no a los bronquios.

Si su “amiguito” le hace una ahogadilla y tose un poco la cantidad que entra de agua es mínima y la expulsa de forma casi inmediata llegando en la mayoría de los casos sólo a la tráquea. Incapaz de hacer un daño significativo.

Pero si un niño queda inconsciente bajo el agua sus pulmones se llenan de agua de la piscina, y aunque reanimándolo podemos expulsar la mayoría, algo queda y permanece haciendo un daño ante el que los bronquios se defienden produciendo inflamación. Y más al fondo en los alveolos, edema (acumulación de líquido en las bolsitas en las que nuestros pulmones intercambian el aire con los gases que hay que eliminar de la sangre).

El problema es que esto no es inmediato. Suele aparecer horas después en una persona que parecía haberse recuperado perfectamente de un “casi ahogamiento”.

Eso quiere decir que tras sufrir un episodio de “casi ahogamiento” habría que mantener a los niños en observación al menos durante unas horas, controlando si aparecen signos de dificultad respiratoria, y actuando lo más precozmente posible si aparecen.

Es de hecho lo normal cuando se atiende un “casi ahogamiento” y lo que se recomienda en los protocolos de emergencias.

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Pekevídeo 15: Tipos de bronquitis en niños

La bronquitis en niños es una de las enfermedades crónicas más frecuentes durante los primeros años de vida.

En este pekvídeo explicaremos cuales son los 2 tipos fundamentales de bronquitis en niños y en qué se diferencian.

Muchos padres de niños pequeños que son diagnosticados de bronquitis, piensan que su hijo es alérgico a algo. Se suele identificar la bronquitis con asma alérgica. Pero dependiendo de la edad del niño y del desencadenante hay varios tipos de bronquitis, en los que el pronóstico es diferente.

En este vídeo lo explicaremos.

Para aquellos que tengan interés en saber más de este tema podéis leer mi artículo: Bronquitis crónica en niños y bebés.

 

 

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5 consejos sobre la fiebre en niños: Peketip 13

5 IDEAS SOBRE LA FIEBRE EN NIÑOS:

1.   La fiebre es un mecanismo de cuerpo para activar las defensas

Tomada en la axila:

2.   Por debajo de 37ºC la temperatura es normal.

3.  Entre 37 y 38ª indica que hay una infección, pero no es necesario tratarla.

4.Por encima de 38ºC conviene tratarla para que el niño no se agote.

5.  Si el estado general del niño es bueno, la causa de la fiebre no suele ser grave, aunque sea alta.

La fiebre activa las defensas y dificulta la reproducción de los gérmenes que causan las infecciones.

Se puede tomar la temperatura en muchos puntos del cuerpo. Las cifras que con más frecuencia tiene la gente como referencia son las tomadas en la axila.

Tomando esos valores, por debajo de 37ºC la temperatura es normal. Pero puede variar bastante en diferentes personas.

Cuando sube por encima de 37º se asume que el cuerpo está reaccionando (habitualmente frente a una infección).

Por encima de 38º la energia que se gasta para subir la temperatura aumenta mucho sin mejorar la activación de las defensas. Por eso, cuando sube por encima de esa cifra, solemos tratarla para evitar el agotamiento.

Lo que de verdad nos orienta sobre la gravedad de una infección no es lo alta que suba la fiebre, sino la afectación del estado general.

Cuanto peor sea el estado general del niño, más grave es la infección, aunque no suba la fiebre.

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Alergia o catarro en niños: Peketip 10

Diferenciar catarro y alergia al polen en niños sin hacer pruebas:

El catarro dura días. / La alergia lo que la polinización (meses).

El catarro empeora durante unos días y después mejora.

La alergia tiene un horario claro:

Empeora un poco a primera hora, mejora a medio día y empeora mucho al atardecer.

En primavera un niño puede resfriarse, pero también puede ser alergia, por lo que es habitual que surja la duda. De hecho una alergia no es más que un error de nuestro sistema defensivo, que hace que nos defendamos de un polen (por ejemplo) como si un virus nos atacase. De hecho, pueden tratarse con los mismos medicamentos.

Hay varias pistas que pueden orientarnos en los niños para diferenciar catarro de alergia:

  1. Duración: Un catarro suele durar en torno a una semana. Pasamos 2 ó 3 días en los que los síntomas van en aumento. Y luego otros 2 ó 3 días de mejoría. En la alergia sin embargo hay días mejores y días peores (dependiendo de la intensidad de la polinización, de si la lluvia limpia el ambiente o el viento libera más polen…), pero no desaparece del todo en los meses en los que sigue habiendo polen.
  2. Horario: En el catarro, el único horario que podemos ver es que habitualmente el moco es más claro durante el día y se espesa a lo largo de la noche. Pero en la alergia a pólenes, vemos que el niño empeora cuando sale a un ambiente donde hay más polen. Y que no es igual hacerlo a cualquier hora. Cuando el sol sale, por la mañana, las flores se abren y empiezan a liberar polen. Pero en cuanto empieza el calor, se forman corrientes de aire que suben desde el suelo caliente arrastrando el polen a las capas altas de la atmósfera. Durante las horas de más calor el polen que hay a nuestra altura se reduce. Por último, cuando al atardecer empieza a refrescar, las corrientes de aire ascendente desaparecen, y el polen que habían mantenido en capas altas de la atmósfera cae de golpe. Esto se repite cada día, de modo que hay más polen en el aire a primera hora de la mañana, se reduce por la tarde y aumenta mucho al atardecer. Y los síntomas del alérgico siguen claramente este ritmo.
  3. Fiebre: Por último, la alergia no produce fiebre, un catarro puede hacerlo o no. Por tanto si la congestión se acompaña de fiebre, suele ser un catarro. Si no lo hace, puede ser alergia o catarro.

La importancia de diferenciar el catarro de la alergia en niños es importante porque en la alergia el tratamiento es de mayor duración y en algunos casos conviene hacer tratamientos de prevención cada primavera. A veces, antes de que empiecen los síntomas.

Las pruebas de alergia, que pueden darnos el diagnóstico definitivo suelen realizarse en otoño (cuando no se está tomando medicación para la alergia, y con tiempo para iniciar la vacunación anti-alérgica cuando está indicado).

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