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Mamitis: Niños «excesivamente dependientes»

Mamitis: Excesiva dependencia de algunos niños

Respuesta al tema propuesto en Facebook como Peketema de la semana:

«Mi bebé tiene «mamitis»: No quiere que lo suelte, cuando me voy al baño llora, corre por detrás mío y me agarra las piernas, tiene un año y cuatro meses…¿cómo podría ayudarlo a ser más seguro y confiar en otras personas?»

Vamos a centrarlo primero. A mí me gusta ver a los niños en su contexto. Una de las cosas más importantes que debemos entender de ellos es que son seres que no paran de evolucionar. De hecho también lo hacemos los adultos mientras seguimos vivos. Pero en ellos, especialmente en los primeros años, este proceso es muy rápido.

Cuando hablamos de la dependencia debemos entender que cuando un bebé nace tiene el máximo grado de dependencia de sus cuidadores. Pero ya es menor del que tenía cuando estaba dentro del útero de mamá.

Durante las primeras fases del embarazo los fetos son totalmente dependientes de su madre. Si por algún motivo su madre va a morir y debemos extraerlo hay un número de semanas de gestación (22-24 semanas) por debajo de las cuales la supervivencia del feto es casi imposible. Depende de la madre totalmente.

Superadas esas semanas el bebé podría sobrevivir fuera de su madre. Se ha vuelto menos dependiente. En realidad es un cambio radical. Pero pasaría a depender de los cuidados médicos que pudiésemos prestarle en el exterior.

Llega un momento en que el bebé está preparado para vivir fuera de su madre sin necesitar cuidados médicos especiales. En otro gran salto.

Pero aún así, cuando nace lo necesita casi todo: Alimento, limpieza y cambios de ropa o pañal, Estímulos… Los cuidados habituales. Por sí mismo sólo sabe respirar, digerir alimentos, evacuar sobras, mantener la temperatura y procesar estímulos…. No es poco, pero siguen siendo tremendamente dependientes.

El bebé sigue evolucionando y gracias al desarrollo de su cerebro (que consume estímulos para que pueda crecer) va adquiriendo cada vez más movilidad, capacidad de comunicación, capacidad de anticipación….

Todo esto le va haciendo menos dependiente en cierta medida, pero también hace que aparezcan los miedos y se vuelva más selectivo escogiendo claramente quién prefiere que supla sus necesidades. Llegamos al punto en que se centra la consulta que ha generado este Peketema.

La Mamitis

Durante meses ha existido una persona concreta que ha aportado al bebé mayoritariamente las soluciones a sus necesidades. Lo normal es que esa persona sea la madre.

Cuando el bebé necesitaba alimentarse, especialmente si ha tomado lactancia materna, la fuente de la alimentación era mamá.

En la mayoría de los casos, especialmente al principio, se dormía mientras era alimentado por su madre. Lo que ha generado un ritual de sueño dependiente de ella.

Y los Estímulos, afectivos, sensoriales, de cambio de postura, los ha recibido tal vez de muchas personas. Pero una ha estado mucho más presente: Mamá.

Sus tres necesidades básicas: Comida, Sueño y Estímulos han tenido una figura de referencia que servía de fuente constante. Habitualmente esta figura es Mamá.

La gente suele decir que un niño tiene Mamitis cuando ya con el grado suficiente de autonomía física para poder desplazarse busca constantemente a mamá y tolera mal la separación de ella, aún pudiendo quedarse con otras personas con las que también tiene una relación de confianza.

He buscado otra definición más «correcta» de mamitis, pero ni en Wikipedia ni en el Diccionario de la RAE existe tal definición. Así que partamos desde ahí, que es lo que suele entender la gente como tal.

Cuándo podemos considerar a unos niños «excesivamente dependientes» o con Mamitis

El exceso de dependencia no puede definirse como una fecha con la que el niño debería ser capaz de separarse de su madre.

No creo que la mamitis dependa ni de la edad, ni siquiera de la separación en sí.

Para mí son muy importantes las apreciaciones personales de los implicados:

  1. Puede haber niños que toleran mal la separación de la madre con 3-4 años y cuya madre lleve muy bien ese contacto constante.
  2. También puede haber casos de niños que acaban de empezar a caminar con poco más de un año y cuya madre lleve mal ser necesaria de forma constante para su hijo.

Habrá quien plantee que el primer caso es excesivo, que mantener un grado tan grande de dependencia perjudica al niño evitando que desarrolle su autonomía.

Por el lado contrario también habrá críticas. Seguro que hay quien piensa que la segunda madre tiene poco espíritu de sacrificio y debería estar disponible para su hijo mientras la necesite.

Pero es que ya sabéis, criticar a una madre… Eso es una de las mayores aficiones de esta sociedad. Hagas lo que hagas te equivocas para alguien.

A mí no me importan las opiniones de los demás. Me importa lo que supone para vosotros. Y en este aspecto voy a centrarme en los directamente implicados, que son a mi entender: El niño, la madre y los demás miembros de la familia (padre y hermanos, si los hay).

El niño y la Mamitis

Desde el punto de vista del niño yo considero que es excesivamente dependiente cuando serlo le perjudica.

Vamos a ver cómo:

  • Si un niño en situaciones normales de la vida (que su madre vaya al baño, que tenga que atender a otro hermano, que tenga que hacer una actividad en la que el niño no puede estar presente…) sufre por la separación de su madre, es que la dependencia es excesiva. Porque si fuese algo menor sufriría menos.
  • Si un niño limita seriamente su capacidad de disfrutar con otras personas que no sean la madre porque tiene una relación de dependencia tan fuerte que no puede hacerlo más que con ella, es que la dependencia es excesiva, porque se está perdiendo muchas oportunidades de enriquecer su experiencia y sus capacidades sociales.

Se pueden plantear otros ejemplos. Pero creo que con estos vale. Suficiente para entender que no siempre las necesidades que un niño expresa van en su beneficio.

La madre y la Mamitis

Hay que entender algo antes de hablar de esto. La maternidad es la faceta de mayor vulnerabilidad de una mujer en su vida. Porque es la que más implicación afectiva tiene.

Tal vez por esto es una de las épocas en las que más consejos bienintencionados (de los amigos) y más críticas despiadadas (de los enemigos) vas a recibir.

Uno de esos críticos clave es la propia madre. En algunos casos la crítica más despiadada es ella misma. Muchas madres se consideran a sí mismas malas madres. Creen que lo hacen todo mal. No es algo aislado, es parte de un carácter que en otros aspectos también tiende a la autocrítica, pero como decimos en este caso la implicación afectiva es mayor y se hace más intenso.

En el tema de la mamitis, algunas madres se meten solas en un callejón sin salida. Por un lado no confían en nadie para que atienda al bebé. Y por otro llega un momento en que están agotadas de ejercer constantemente esa tarea.

Es natural que la madre tenga aquí un papel de gran protagonismo, el mayor, especialmente si se hace lactancia materna. Pero no necesariamente debe tener un protagonismo absoluto. Otras personas pueden dar al bebé muchas cosas: Afecto, estímulos, cuidados, alimento cuando llegue el momento de complementar con cosas diferentes al pecho…

Y aquí hay madres que tienen apoyo y otras que no. Pero también hay madres que pudiendo disponer de ese apoyo, cuando se les ofrece sinceramente, lo rechazan. En el fondo existe una incapacidad de delegar o una falta de confianza en la capacidad de hacer bien las cosas por parte de quien se ofrece a compartir ese papel.

De un modo u otro suele llegarse a situaciones en las que, como decíamos antes, el niño lo pasa mal si la madre no está, porque hemos generado una dependencia insostenible, o estamos limitando la capacidad de interacción social del niño.

Pero ¿Y la madre? ¿No tiene esto ninguna repercusión negativa para ella de forma directa? Claro que sí.

Muchas madres se sienten mal de pensar lo siguiente:

«Necesito tiempo para mí».

La mayoría de las madres están encantadas de dedicar una parte sustancial de su tiempo a su hijo, ¿pero todo? ¿Absolutamente todo?

Lo normal es que esto sea insostenible. No debemos olvidar que ser madre no te hace dejar de ser persona. Y todas las personas necesitan volver de vez en cuando a sí mismas. Podemos dar, y dar… Pero si no cuidamos un poco de nosotros mismos llega un momento que nos sentimos vacíos.

Cuando esa necesidad va creciendo al pasar los meses, ante una situación en la que el niño pide constantemente nuestra atención, para muchas madres no es una alarma de que algo debe cambiar, sino un generador de sentimientos de culpa. Muchas sienten que no deberían pensar eso. Que si fuesen buenas madres estarían dispuestas a darlo todo por sus hijos.

Y lo están. Pero en realidad es que están llegando al límite de lo que como personas pueden aportar.

Y una madre al límite no es la mejor madre para su hijo.

De verdad, ¿No hay una alternativa mejor para todos? Creo que sí.

Seguro que habrá quien critique a la madre que ha escrito la consulta que ha dado lugar a este Peketema. Y a las decenas de madres que han dado su me gusta para que hable de él. Hasta me criticarán a mí por no defender que simplemente la madre debe sacrificarse… Pero bueno, es el deporte nacional.

La Mamitis y los demás miembros de la Familia

La relación de «excesiva dependencia de un niño con su madre» o Mamitis, puede tener efectos también sobre las otras personas que conviven con ellos dos.

El padre, si lo hay

A ver, padre biológico, en teoría siempre lo hay. Pero no siempre está y estando no siempre si implica. Aún con esas matizaciones voy a centrarme en lo habitual. Un padre que quiere participar de la crianza y no sabe cuál es su papel cuando la relación de dependencia del niño hacia la madre es casi total.

Algunos niños lloran si los cambia el padre, si el padre juega con ellos, si el padre les da afecto. Porque estando la madre prefieren siempre esa opción. Ante eso lo normal es que se sientan mal.

En otras ocasiones el problema es que aunque quieran hacer esas cosas la madre no les deja «porque no lo hacen bien». El problema para algunas personas es que bien es hacerlo exactamente como lo hacen ellas.

Esto es un claro error que pagan todos:

  • El niño, al perder la oportunidad de criarse con modelos diferentes que enriquecen su experiencia.
  • La madre, al hacerse imprescindible más allá de lo que va a poder mantener en el futuro.
  • Para la pareja es un generador de problemas serios.

Otros hijos cuando hay Mamitis

Donde más evidente resulta a muchas madres el perjuicio de una «excesiva dependencia» es cuando hay un niño mayor. Si un bebé precisa el 100% de tu tiempo, ¿Qué queda para el hermano?

Creo que ya a estas alturas tenemos claras un par de ideas:

  1. Todos los niños son dependientes.
  2. Pero puede llegarse a extremos en los que todos en la familia se ven perjudicados si esa dependencia supone una dedicación absoluta por parte de la madre. Llamaremos a estas situaciones Mamitis. Dependen mucho de los implicados y en cada familia tendrán sus particularidades. Pero sólo vosotros, los que la estáis viviendo, podéis valorar si es llevadera o necesita claramente un cambio por el bien de todos.

Vale y ¿Cómo cambiamos una situación de Mamitis?

Pues como todo problema complejo tiene varios pasos:

  1. Antes de abordar un cambio todos los implicados que tienen capacidad de comunicarse deben estar de acuerdo en que hay que cambiar. Es decir, que los padres deben hablar del tema. Intentando hacerlo de forma constructiva. Debéis entender que posiblemente es una situación límite para todos los implicados y que no se consigue nada buscando «culpables» o echando en cara cosas. Sino viendo cuáles son las alternativas y cuál puede ser el papel de cada cual en la solución.
  2. Pedir y aceptar ayuda. Si eres la madre y estás llegando a tu límite acepta que eso no significa incapacidad como madre. Significa que eres tan buena que te das cuenta de lo no evidente y aceptas tus propias limitaciones. Si es así, tu hijo tiene suerte de que seas su madre. Mucha más suerte que si no reconocieses que de seguir igual vais a sufrir todos. Hace falta que seas además capaz de confiar en quienes pueden echarte una mano: El padre, otros familiares, los cuidadores de una escuela infantil… Debes ser capaz de confiar en que otros pueden aportar a tu hijo parte de lo que cada día te resulta más imposible darle. Y que eso no es una muestras de que no seas suficiente como madre. Sino de que las necesidades de tu hijo van creciendo y tú no puedes cubrirlas todas. Ni debes hacerlo, por su bien. Ya que debe vivir en un mundo en el que hay millones de personas a parte de ti que pueden aportarle cosas positivas.

Estos son los dos aspectos esenciales. En la práctica luego hay muchas formas que dependen de las circunstancias familiares.

Lo mejor es hacer estos cambios de forma gradual. Esto significa que aquella persona en la que la madre vaya a delegar parte de la atención al niño debe primero compartirlos con ella para poco a poco hacerse cargo por solitario de una parte cada vez mayor. Hasta que se alcanza un equilibrio sostenible en el que cada cual aporta lo mejor que puede al niño.

Un punto esencial en esto es que cuando se comparta la madre controle su impulso de corregir constantemente al colaborador, especialmente mientras están con el niño. Ya que hacerlo desmotiva al colaborador y le hace perder capacidad frente al niño. ¿Cómo va a sentirse el niño seguro con papá si mamá «le salva» constantemente de él? Por poner un ejemplo.

Necesitáis hablar mucho. La madre para indicar al padre que se quedaría más tranquila si cuando esté con el bebé hace las cosas de tal o cuál manera y el padre para explicar a la madre porqué en algunas ocasiones prefiere hacer las cosas de un modo diferente. Cada cual tendrá sus razones, pero debéis comunicarlas para que os entendáis.

Lo mismo ocurriría con cualquier otro tipo de colaboración, de otros familiares o de educadores. El niño debe ver que la madre confía en ellos, y sin él delante debe haber una buena comunicación entre la madre y los otros cuidadores.

Cuando esto funciona, la madre estará más tranquila cuando no esté con su hijo, recuperará una parte de sí misma que le hará estar mejor con él cuando lo esté, los otros cuidadores actuarán con mayor confianza y el niño estará mejor.

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Crianza Respetuosa no es lo mismo que Crianza Natural

Crianza Respetuosa

Crianza Respetuosa y Crianza Natural o con Apego se usan muchas veces como términos equivalentes. Te explico una diferencia que puede marcar vuestra vida.

Se acerca el día de la Madre y voy a centrarme en Vosotras en este artículo. Permitídmelo desde la limitación de ser hombre y ver vuestra esencia desde fuera. Pero quisiera hacerlo porque en mi día a día como pediatra trabajo con vosotras y cuando no disfrutáis de la Crianza me contáis vuestras razones, cómo estáis viviendo esta experiencia que todo el mundo describe de forma bucólica, pero puede ser muy dura en el día a día.

En los últimos años han surgido formas diferentes de explicar la Crianza. ¡Menos mal! Porque estábamos haciendo demasiadas cosas absurdas.

Aquí permitidme un poco de Historia para contextualizar la situación actual de la Crianza.

Hace unos 100 años la mayoría de las mujeres no había estudiado. Se formaron en sus casas aprendiendo a hacer las labores domésticas. Se las preparaba para ser amas de casa y se hacía en la escuela más práctica posible…. La propia casa.

Aquella mujer que mostraba interés por hacer algo más allá de ese campo lo tenía crudo… Salvo contadas excepciones que habían tenido la suerte de nacer en familias con mentalidades algo más abiertas la vida de cualquier mujer era:

Nacer. Crecer hasta el momento en que podía empezar a ayudar en las tareas de la casa. Iba haciendo cada vez más de esas tareas hasta el día que contraía matrimonio. Pasaba entonces a ser ama de «su propia casa» y a tener sus propios hijos y se ocupa del hogar, marido e hijos el resto de su vida.

Ojo, no desprecio en absoluto a estas mujeres. Mi madre es una de ellas y es UNA GRAN MUJER. En nada la considero inferior a otras que hayan tenido relevancia en Política, Arte, Ciencia o cualquier campo profesional. Pero… No era justo. Mi madre quiso estudiar y no le dejaron. Estaba capacitada para haber hecho muchas más cosas de las que le permitieron hacer.

Que el sexo determine lo que puede o no puede ser tu vida no es justo. Que el sexo determine tu puesto en la sociedad no es justo. Que nacer hombre o mujer limite lo que puedes hacer como persona NO ES JUSTO.

Hay cosas inevitables. Los hombres no podemos gestar, «no podemos hacer dos cosas a la vez», «no podemos…» Entrecomillo porque es broma.

Pero más allá de lo que implica la propia biología, durante milenios ha habido limitaciones culturales a lo que se permitía hacer o no hacer a la mujer por el simple hecho de serlo.

Hace poco más de 100 años comenzó el movimiento de Emancipación de la Mujer. Un movimiento que reclama simple y llanamente que el sexo no determine limitaciones sociales.

Este movimiento ha ido tomando fuerza en la mayoría de los países siendo de hecho uno de los pilares de su desarrollo.

Parte de ese desarrollo ha sido la especialización. Han ido surgiendo especialistas en cada vez más campos. Uno fue la Pediatría.

Cuando la Pediatría apareció como Especialidad Médica tuvo que ganarse su prestigio. En esa época el prestigio Científico consistía en aplicar Matemáticas a todo. Conste que no tengo nada en contra de las Matemáticas. Fueron mi asignatura preferida durante muchos años.

Pero no conocemos todavía lo suficiente de los seres vivos para reducirlos a cifras.

Empezó entonces una etapa en la que la Crianza se protocolizó. Se establecieron formas «correctas» de hacer las cosas y se criticaba de forma muy activa a quien no las aplicaba. Hasta el punto de considerar padres y madres incompetentes a quienes no cumplieran esas normas de crianza.

Lo primero que se empezó a enseñar a las mujeres es a ser madres «de la forma correcta».

Como todo, esa forma «correcta» de crianza tenía mucho de trasfondo político y de decisiones de base nada científica. Pero se revestían de un halo de ciencia fácil de sostener en una sociedad en la que la mayoría de la población era analfabeta o casi. El «Experto» hablaba desde su púlpito y los demás sólo podían escuchar. La crítica era «arrogancia desde la ignorancia».

Surge la Crianza con Apego o Crianza Natural

Tras esa etapa en la que los niños se criaban en una lucha constante para que:

  • Coma una cantidad determinada cada ciertas horas.
  • Duerma unas horas determinadas al día con un patrón fijo.
  • Y hasta haga las caquitas en color, cantidad, frecuencia y consistencia predeterminada….

Porque lo demás se toma como signo de que no estás haciendo algo bien…

Hace unos 50 años alguna gente empieza a revelarse contra la simplificación matemática. Empezamos a darnos cuenta de que los seres vivos somos demasiado complejos para reducirnos a matemáticas simples. Tal vez un día conozcamos tanto de los seres vivos y tengamos una capacidad de cálculo tal que seamos capaces de entendernos realmente y hacer modelos matemáticos que funcionen. Pero no hemos llegado a eso ni de lejos. Y las reglas simplistas que se han usado durante décadas en Crianza no son más que simplificaciones absurdas.

No surgían de la ignorancia ni muchos menos. Tenían su intencionalidad. No buena para quienes la sufrían precisamente. Pero no entraré en eso ahora por no perdernos.

La cuestión es que aparecieron tendencias nuevas que buscaban recuperar algo que se estaba perdiendo:

  • La comprensión de que los seres vivos tenemos nuestros mecanismos adaptativos porque nos desarrollamos en ambientes cambiantes. Y que esos mecanismos son muy eficientes. Tanto que permitieron durante millones de años sobrevivir a esos seres vivos antes de que nadie definiese «pautas correctas». La Crianza Natural busca entender esos mecanismos adaptativos para que comprendamos mejor a nuestros hijos y sepamos porqué actúan como lo hacen y cómo ayudarles en su adaptación en lugar de entorpecerla.
  • La recuperación de algo esencial: El Vínculo Afectivo entre el niño y sus padres. Con la Crianza «protocolizada» se había transformado a los padres en una especie de obreros de una cadena de producción en la que su hijo era el producto. Y uno no se vincula afectivamente con el producto. Pero los seres humanos tenemos un plano esencial que es nuestra afectividad, que estaba siendo ignorado. Para responder a eso surge la Crianza con Apego. La defensa de que vincularte afectivamente con tu hijo no le perjudica como decía la Crianza Protocolizada porque lo hacía más débil y dependiente, sino que forma unos cimientos sólidos para su personalidad que son imprescindibles.

Las comparto ambas. Plenamente. Y de hecho la mayoría de mis artículos van dirigidos a respaldar ambas teorías, a que conozcas mejor a tu hijo y sus necesidades y a que refuerces el vínculo afectivo con él.

Cuando escribo un artículo me planteo siempre:

  • Cómo ver este problema desde la óptica del niño.
  • Cómo responde él a este cambio desde sus mecanismos de adaptación.
  • Qué hacemos nosotros que ayude o que entorpezca a estos mecanismos.
  • Cómo influyen nuestras acciones en este caso al Vínculo Afectivo con nuestro hijo.

¿Y qué es entonces la Crianza Respetuosa?

Pues muchos dirían que es otra forma de llamar a la Crianza Natural o con Apego. Yo no.

Como toda teoría, cuando se va desarrollando, van apareciendo situaciones reales que desde el planteamiento teórico no se veían y surgen entonces los matices.

¿Qué es lo que me hace pensar a mí que algo falla en la forma en la que hemos defendido la Crianza con Apego o Natural y hace necesarias matizaciones importantes?

  • Que veo a diario mujeres convencidas de la Crianza con Apego o Natural y no disfrutan de su Maternidad.
  • Mujeres que se sienten frustradas y además no se atreven ni a confesarlo porque se sienten culpables de hacerlo.
  • Mujeres físicamente destrozadas por hacer la Crianza de un modo que están convencidas que es lo mejor para su hijo.
  • Que en los grupos de crianza, cuando una mujer deja de dar el pecho o vuelve a trabajar y escolariza a su hijo deje de acudir por sentirse juzgada y excluida.
  • Que hagamos un planteamiento de la Crianza que entra en conflicto directo con la realización personal de muchas mujeres.
  • Que no hablemos de todo esto por miedo a ser criticados….

¿Cuál es la razón que justifica a mi entender todo esto?

Que hemos dejado de lado a la otra parte esencial de la ecuación: La Madre.

No hay Crianza Natural sin la Madre.

No hay Crianza con Apego sin la Madre.

Pero hemos centrado tanto la atención en las necesidades del bebé que hemos olvidado que la Madre por serlo no deja de ser una Persona con sus Legítimas Necesidades también.

Olvidar o no respetar esas necesidades rompe el equilibrio en el que se se basa la Crianza.

Es imposible que un bebé, con el que formamos un fuerte Vínculo Afectivo, esté bien si su Madre no lo está.

Y es difícil que su madre esté bien si se le plantea que ser Madre significa:

  • No descansar. 
  • No tener un segundo para ella.
  • No tener aspiraciones de realización personal o profesional más allá de la maternidad.

El problema es que hemos simplificado la Crianza Natural y hemos mitificado ciertos elementos como si fuesen lo esencial:

  • Lactancia materna.
  • Colecho.
  • Escolarización tardía.

Uno por uno:

Lactancia Materna en Crianza

  1. Es la mejor opción de alimentación para un bebé en composición. Previene alergias,mejora la capacidad defensiva del bebé, reduce la incidencia de obesidad, diabetes….
  2. Refuerza el Vínculo Afectivo.
  3. Es la opción más cómoda, barata y placentera para el niño y para la madre… Cuando funciona.

Pero ¿Y cuando no funciona? ¿Qué pasa cuando pese a corregir los errores más comunes que dificultan una lactancia efectiva no funciona?

No entiendo por no funcionar sólo que el bebé no esté bien alimentado. Sino también cuando cuando lo hace a costa de que la Madre esté en unas condiciones deplorables.

Hay situaciones en las que la lactancia va tan mal que supone que toda la experiencia de Maternidad se focalice única y exclusivamente en el Pecho.

Esto afecta al Vínculo Afectivo de forma muy negativa. Son muchas las Madres que consiguen mantener la lactancia exclusiva, pero a costa de un agotamiento extremo o de acercarse al pecho a su hijo con más miedo y dolor que placer.

Sé que en muchos casos esto se debe a problemas solucionables: a un frenillo o un mal agarre que son corregibles; a una colonización por gérmenes inadecuados; a una mala pauta de alimentación del bebé…

Pero en ocasiones, arreglando todo lo que se puede arreglar es lo que hay, aunque sea de forma transitoria.

En esta situación ser flexibles y aceptar que puede ser necesaria una sumplementación transitoria o incluso la eliminación de la lactancia, puede marcar la diferencia en la vida de toda la familia. Y a veces somos demasiado radicales. Nos centramos en el mantenimiento de la lactancia materna exclusiva como objetivo en si mismo.

Siendo importante, la lactancia materna es un instrumento. Es posible la Crianza Natural y con Apego sin Lactancia Materna. Y una Crianza sin Lactancia Materna no es un fracaso, es una opción. Respetemos las circunstancias de cada familia y no hagamos sentir culpable a ninguna Madre por no dar el Pecho. Un signo de que lo hemos logrado es que siga compartiendo su experiencia en un grupo de Crianza sin sentirse juzgada.

El Colecho en la Crianza

Desde la Crianza Natural y con Apego se defienden las virtudes del Colecho.

Llamamos Colecho a la práctica de que los niños duerman con los padres en la misma cama.

Se defiende porque es lo que siempre se ha hecho. Porque cubre una necesidad biológica del bebé. La de sentirse seguro. Esa seguridad es un cimiento firme para la personalidad en el futuro.

Simplificando: Los bebés que permitían que su padres se alejasen de ellos eran devorados por los depredadores. Somos los descendientes de los bebés que lloraban cuando sus padres se alejaban de ellos. Son muchos millones de años de evolución para cambiarlo así porque sí.

Pero…. Y volvemos a los «peros». ¿Qué ocurre cuando haciendo Colecho los padres no descansan bien? Habrá quien diga que es lo que toca. Que para el bebé es una necesidad biológica y que los padres son adultos y deben sacrificarse…

Pero eso es no entender el resultado real.

Claro que tener un bebé implica pasar más de una mala noche. Pero si los padres no descansan sistemáticamente su humor se acaba resintiendo.

Por mucha buena voluntad que se le quiera echar, una Madre también es un ser vivo que necesita descansar.

Y su bienestar es esencial para un bebé que tiene un Vínculo Afectivo fuerte con su Madre.

A veces el bienestar del bebé pasa por que aprenda a dormir de forma que permita el descanso de su Madre.

Evidentemente esto puede conseguirse de formas más respetuosas para el bebé que dejarlo llorar en la cuna (que dicho sea de paso no es una opción aceptable para el Vínculo Afectivo y es una opción muy poco imaginativa).

Pero es que hay opciones para lograrlo de forma respetuosa. Volvemos a la necesidad de forzar nuestra imaginación para alcanzar equilibrios que respeten a todos los implicados y sus necesidades legítimas.

Escolarización tardía en la Crianza

Desde la Crianza Natural o con Apego se defiende que en los primeros 3 años de vida el niño es muy dependiente de la seguridad que le confiere el contacto constante con una figura de referencia que le da seguridad: La Madre.

Algunos plantean la escolarización antes de esa edad como una especie de crimen. Se habla de conciliación familiar. De lo corta que es la baja maternal y lo incompatible que es con una Crianza decente. Y es cierto, 16 semanas es penoso, patético. Pero…

Pongámonos en contexto. ¿Qué significa para una Madre dedicarse en exclusiva a la Crianza durante esos 3 primeros años de vida en el mundo real?

Hay Madres para las que el planteamiento de nuestras abuelas puede ser válido: Dedicar su vida a la crianza de sus hijos sin una proyección profesional fuera de ese aspecto.

Pero no es lo normal. Lo normal hoy en día es que una mujer sea una persona con muchos planos de desarrollo. Uno de los cuales es el profesional. Y seamos realistas, no es sencillo. El mundo es muy competitivo y en la práctica muchas mujeres ven la maternidad como una disyuntiva. Es difícil escoger el momento adecuado.

¿Qué significa para una mujer que ha luchado durante muchos años para alcanzar un determinado nivel profesional dejarlo todo durante 3 años?

¿Y si no es un sólo hijo, sino 2 ó 3? ¿5-6 años fuera del mundo laboral? A la velocidad que evolucionan hoy en día las cosas esto significa quedar excluida del mundo laboral. A veces definitivamente.

Algunas personas tienen una situación económica desahogada o una profesión que puede ejercerse desde casa sin horarios fijos. Pero esto es un porcentaje mínimo de la población.

¿De verdad creemos que lo mejor para un bebé es que su madre sacrifique toda motivación profesional a una presencia constante?

Incluso en el caso de mi madre que sí lo hizo… Yo soy el 3º de 7 hermanos. Jamás disfrute de ese supuesto contacto constante y acceso ilimitado a mi madre. Ni lo necesité.

No convirtamos a los niños en una especie de altar de los sacrificios donde debes inmolarlo todo. Porque tu hijo no lo necesita y si lo haces estarás haciéndole soportar una carga que no ha pedido y empobreciendo la Persona que puedes ofrecerle.

Date a él. No te sacrifiques a él. Lo importante no es la cantidad de tiempo que pasas con tu hijo. Sino lo que puedes ofrecerle en él. Y eso depende de que como Persona no te mutiles sin sentido.

Una escuela infantil no es una especie de campo de concentración para bebés en el que se le deja llorar sin atenderlo. Son centros en su mayoría preparados para aportar cosas positivas a los niños. Incluso muchas que tú no puedes o sabes darle.

Si para hacer compatibles dos planos de tu vida, el Profesional y la Maternidad tu hijo debe ir a la guardería, no es una catástrofe insalvable, sino una forma de buscar un equilibrio necesario.

En un mundo ideal tendríamos muchas vidas para que hubiese tiempo para todo. Pero el día tiene 24 horas y hay que repartirlas.

Quien lo plantea como una disyuntiva en plan: «Tú sabrás si para ti lo importante es tu hijo o tu trabajo» sólo tiene a mi entender dos interpretaciones:

  • Es un ignorante y no entiende que mutilar tu desarrollo profesional va a dañar el bienestar de tu hijo.
  • Es un manipulador cuyo mensaje real es «el sitio de la mujer está en la casa con los hijos». Pero no tiene el valor de decirlo tal cual y aprovecha para atacarte en lo que sabe que te hace más vulnerable.

El primero es un ignorante, el segundo un miserable.

Crianza Respetuosa

Los niños son seres vivos, con sus necesidades y sus propios mecanismos de adaptación. La Crianza puede hacerse respetando lo que el bebé es y necesita.

Pero los padres también tienen sus necesidades legítimas y sus limitaciones. Como el niño vamos creciendo con él y nos enfrentamos a situaciones nuevas a las que respondemos según lo que somos.

Tu hijo no necesita que lo sacrifiques todo para su bienestar. Porque si lo sacrificas todo ¿qué le puedes ofrecer?

Para tu hijo, más importante que si das pecho, mucho más que dónde duerme, más que tenerte constantemente a su lado, lo es que estés bien con él.

Lo esencial en la Crianza es el Vínculo que une a Padres e Hijo.

La Crianza Respetuosa se basa en entender al bebé y sus necesidades. Conocer cuáles son las mejores opciones innatas, lactancia, colecho, contacto… Y buscar un equilibrio que permita cubrir esas necesidades que aúne el bienestar de todos. Esas opciones existen, y se basan en matices que son esenciales, en opciones que dependen de las circunstancias. Y sobre todo en dejar de crear sentimientos de culpa en las madres porque no se adapten a una versión «perfecta» y «bucólica» de la Maternidad imposible de alcanzar en el mundo real.

Entender esto puede marcar tu vida y la de su hijo.

Es lo que intento transmitirte en mi libro:

Compra el libro Crianza Respetuosa de Jesús Garrido

Espero que os ayude.

 

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Miedos infantiles ¿Cómo actuar ante ellos?

Miedos Infantiles

Miedos en niños y bebés. ¿Cuándo y cómo aparecen los miedos en la infancia? ¿Qué significan? ¿Cómo actuar ante ellos para que desaparezcan?

El miedo es algo con lo que todos convivimos. Todos tenemos nuestros miedos o temores. En su mayoría los superamos de forma adecuada y no nos impiden tener una vida normal.

En Wikipedia se define como :

El miedo o temor es una emoción caracterizada por una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado.

Cuando el miedo es tan intenso e irracional que nos limita en nuestro día a día hablamos de Fobias.

Pero aquí vamos a hablar de los miedos en general en la infancia. Miedos que todos los bebés y niños empiezan a manifestar antes o después. La intención es que entendamos cuándo y cómo aparecen y cómo en su mayoría desaparecen. Si tenemos que hacer algo especial, o poco a poco el propio niño los superará.

¿Cuándo y cómo aparecen los miedos en la infancia?

Podríamos hablar de miedos genéricos, como el miedo a la separación o al abandono. Algunos dirían que es la primera manifestación de miedo que aparece en los bebés. Pero yo no lo llamaría miedo aún.

Entiendo el miedo como una emoción más elaborada, que no aparece en la primera etapa de la vida hasta que se tiene una capacidad mínima de pensar.

Cuando un bebé llora si lo dejamos sólo hablamos de una reacción biológica muy básica. Más basada en un instinto que en la elaboración mental de una emoción por parte del bebé.

Otro ejemplo son lo que la gente llama «sustos» o «repullos» por aquí. Son esos movimientos bruscos cerrando los brazos con las manos abiertas en forma de garra que hacen ante movimientos o ruidos bruscos. De nuevo no son una emoción o pensamiento que anticipa un peligro, sino simplemente un reflejo.

Suelo explicar que los bebés en los primeros meses funcionan de forma muy elemental. Tienen necesidades y sensaciones y lloran cuando hay una necesidad sin cubrir (sueño, hambre o falta de estímulos, entre los que el contacto es uno de los esenciales porque aporta seguridad) o una sensación desagradable (frío, calor, dolor, picor, escozor…) o actúan por reflejos simples.

Para que aparezca el miedo debe haber interpretación por parte del que la sufre de que está en peligro, lo que implica una memoria de situaciones anteriores y la previsión de consecuencias negativas. Y esto en los primeros meses de vida escapa a la capacidad del bebé porque implica un grado de consciencia y anticipación que aún o tiene. Pero todo llega.

Un ejemplo que vivo en la consulta a diario:

Cuando atendemos bebés muy pequeños suelen llorar al explorarlos si notan frío cuando les quitamos la ropa o si tenemos las manos frías al tocarles. Pero cuando el ambiente es cálido, nuestras manos están calentitas y le manipulamos con movimientos lentos no suelen llorar.

Así pueden pasar los primeros 3-4 meses. Pero de repente un día, en cuanto te acercas a explorarlo llora. Sin haberle quitado la ropa, y sin siquiera tocarle. ¿Qué ha pasado?

Puede haber varias explicaciones:

  • «Ya extraña». Es la expresión con la que nos referimos a que el niño rechaza a los extraños que no forman parte de su círculo habitual. Y esto ocurre antes o después. Los hay en esto  más confiados y menos. Hay niños que extrañan más y otros que menos.
  • Ha acumulado experiencias negativas. Como yo le digo a los padres: «Si tras la tanda de vacunas que lleva un bebé a los 6 meses, ve una camilla y un tipo con bata blanca y no llora… Es que no es muy espabilado…»

En realidad los miedos son un signo de que el desarrollo va avanzando.

Cuando entendemos lo explicado nos damos cuenta de que en realidad los miedos son parte del desarrollo y realmente son una pista de que las cosas van evolucionando bien.

El cerebro de nuestro bebé se hace cada vez más complejo y empieza a discriminar. Distingue personas y situaciones que le hacen sentir seguro y otras que le generan inseguridad. Esto es algo necesario para evitar daños. Es bueno que un niño no confíe en cualquiera, porque cualquiera puede ser bueno o malo. Es bueno que ante situaciones que previamente llevaron a sufrir un daño el niño se ponga en alerta y evite así «tropezar dos veces con la misma piedra». El miedo es la herramienta que nos ayuda ahí.

En este sentido podemos hablar incluso de miedos positivos y negativos:

  • Un miedo positivo es aquél que te protege, que evita que te pongas en peligro de forma real alertándote de que hay un riesgo real y debes evitarlo.
  • Un miedo negativo es aquél que te limita para hacer cosas que pueden ser positivas. Por ejemplo el miedo a andar tras una primera caída es un miedo a superar. Porque todos cuando aprendimos a andar caímos en algún momento. Pero si no lo superamos jamás volveríamos a caminar.
  • Algunos miedos pueden empezar siendo positivos y volverse negativos. Usando el mismo ejemplo anterior, si un bebé intenta andar antes de estar preparado puede sufrir muchas caídas y que alguna de ellas le ocasione un daño serio. Que en esa fase en la que aún su equilibrio, su fuerza en las piernas o su coordinación son insuficientes el miedo le lleve a no intentarlo es positivo. Pero el bebé va creciendo y esas cualidades necesarias para caminar con más seguridad se van desarrollando hasta que llega el momento en que realmente está preparado. Ese miedo que inicialmente le protegió de daños es ahora necesario que desaparezca para dar una oportunidad a un paso para el que ya sí está listo y es positivo se dé.

¿Cómo puedo actuar para ayudar a mi hijo a que ese miedo desaparezca?

Cuando nuestro hijo tiene un miedo, lo primero que debes pensar es ¿Por qué? Cuál es la razón y si ese miedo le protege o le limita.

Aquellos miedos que le protegen no deben ser combatidos, pero siempre deben ser seguidos para que tampoco lleguen a ser un día una limitación innecesaria.

En los miedos que sí suponen más problema que beneficio mi planteamiento sería:

  • Vamos a entender la causa.
  • Entendiéndola vamos a diseñar una estrategia para que desaparezca.

Os pondré un ejemplo muy habitual: El miedo a la oscuridad.

Yo diría que casi todos los niños lo acaban desarrollando en mayor o menor intensidad, antes o después.

¿Cómo aparece el miedo a la oscuridad?

Su origen suele estar en la noche. Llega un momento en que todos tenemos sueños y con ellos también pesadillas. Cuando un niño está durmiendo a oscuras y se despierta en una pesadilla lo normal es que llore y sus padres acudan a consolarle.

Habitualmente, cuando hacemos esto encendemos la luz. Este gesto al que no damos importancia la tiene. El niño estaba viviendo una experiencia muy agobiante con imágenes para él muy reales. Y de repente papá o mamá aparecen con la luz y todo lo malo desaparece como por arte de magia.

Esto tiene tal fuerza y se ha instaurado de forma tan firme en nuestra mente durante los primeros años de vida que son muchas las religiones que asocian la Luz al Bien y la Oscuridad al Mal.

La cuestión es que en la mente del niño se empieza a hacer esta asociación. Se vincula a los monstruos y las situaciones que le generan temor con la oscuridad y a su desaparición con la luz.

Muchos niños a partir de esa asociación se niegan a quedarse a oscuras en su dormitorio e insisten o buscan cualquier excusa que nos retenga a su lado. Es el miedo a que vuelvan las pesadillas.

El resultado es que muchos padres dejan entonces una pequeña luz en la habitación del niño durante toda la noche. Puede ayudar en un primer momento. Pero no es la solución. Se trata de un miedo que no protege y limita. Nuestro objetivo es eliminarlo.

¿Cómo eliminar el miedo a la oscuridad en un niño?

Para hacerlo lo que os sugiero es que si vuestro hijo está empezando a tener pesadillas vayáis a tranquilizarlo a oscuras. Las imágenes negativas de la pesadilla desaparecen, no porque encendamos la luz, sino porque el niño ya se ha despertado. Si lo calmamos a oscuras no aparecerá esa vinculación entre pesadilla y oscuridad, luz y salvación. Y esto es bueno porque para un descanso adecuado lo mejor es que de día el niño esté expuesto constantemente a la luz y de noche haya la menor posible. Esto marca el ritmo de secreción de melatonina que garantiza una mayor calidad de sueño.

Igual que este ejemplo, cada miedo que resulta limitante y no protector tiene una estrategia adecuada que puede eliminarlo. La persona que puede ayudarte a diseñar estas estrategias es el Psicólogo. Te recomiendo que busques su ayuda, especialmente si el miedo desencadena reacciones tan irracionales que limitan seriamente la capacidad de ser feliz o ponen en peligro al niño. Es cuando hablamos de Fobias.

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Cantidad de comida en niños

Cantidad de comida que debe tomar un bebé

¿Qué cantidad de comida debe comer un niño para estar seguros de que se alimenta adecuadamente? Ideas claras para evitar problemas con la comida.

La relación de los niños con la comida es un quebradero de cabeza importante en multitud de familias.

Pero tengo que decir que en muchos casos es más problema de los padres que de los niños. Y porqué no decirlo, de la forma en que los pediatras hemos explicado este tema.

La inseguridad en crianza es algo que nos juega malas pasadas. Nos sentimos inseguros de si alimentamos adecuadamente a nuestro bebé y para tranquilizarnos pedimos referencias sencillas. Pedimos cifras: ¿Cuál es la cantidad de comida que debería tomar?

Son muchas las familias que tanto en la consulta física como Online me hacen una descripción pormenorizada de lo que come su bebé con la esperanza de que les indique si es la cantidad adecuada. Si deberían darle más o menos.

Ante esa insistencia se acaban a veces dando respuestas. Aún a sabiendas de que ninguna cantidad de comida es «la Correcta».

Yo hace ya años que, también hay que admitirlo, porque dispongo del tiempo para hacerlo en la consulta que no siempre tuve, dedicó un rato a aclararles este tema a los padres en lugar de darles una cantidad de comida exacta y que sé falsa.

Somos seres Vivos en un mundo cambiante. La cantidad de comida que necesitamos también va variando.

Pese a que todo sería más sencillo en este tema si pudiésemos reducirlo a un cálculo simple como el que muestran algunas latas de leche artificial o los «150 ml / kg / día»… La realidad es más compleja y a su vez más sencilla.

Nuestro hijo es como nosotros. Y ninguno de nosotros come siempre lo mismo.

Los factores que influyen en la cantidad de co ida que necesitamos comer son innumerables y muchos desconocidos.

Incluso en la situación más simple, mientras un bebé se alimenta sólo de leche hay tal número de variables que hacen imposible el cálculo. Por nombrar algunas evidentes:

  • La temperatura del ambiente en el que está, cambia a lo largo del día. Y con temperaturas extremas (tanto con el frío como con el calor excesivos) el gasto de energía se dispara para mantener la temperatura normal del cuerpo.
  • La ropa del bebé, que puede cambiar y ajustarse mejor o peor a los cambios de ambiente a los que le sometemos.
  • Su capacidad de digerir mejor o peor el alimento.
  • Si está o no luchando con una infección.
  • Si está vaciando el intestino a un ritmo mayor o menor.
  • Si está más o menos activo.

Y además todos y cada uno de estos factores no corresponden a una necesidad concreta igual en todos los bebés.

Para complicarlo, la leche no siempre tiene la misma composición. Cambia incluso a lo largo de una misma toma si hablamos de lactancia materna.

Por eso, cuando alguien dice convencido «mi bebé come poco» no puedo evitar preguntar: «¿Cómo sabes que lo que come es poco?»

Una vez que tenemos claro que no hay un horario y una cantidad correcta ni forma de calcularla, ¿qué tal si cambiamos el enfoque?

La respuesta a la cantidad de comida viene de serie.

Aceptado que no tenemos una calculadora capaz de darnos la cantidad y ritmo adecuado para alimentar a un bebé. Asumido que cosas como «Cada 3 horas y 10 minutos en cada pecho» o «150 ml / kg / día» no responden a la realidad. Observamos al bebé y nos encontramos con que la respuesta la tiene él.

Antes de que supiésemos una palabra de fisiología o nutrición. Antes de que se inventase la Pediatría o la propia Medicina. Desde que el primer bebé humano estuvo sobre la tierra, algo debió permitir que sobreviviese alimentándose en función de sus necesidades.

Ese algo es el cerebro del propio bebé y algo asombroso. En su interior trae de serie una calculadora que aún no entendemos por completo. Una calculadora que integra todos los factores que influyen en la cantidad de alimento que el bebé necesita y que incluso evalúa la calidad de lo que ingiere para determinar cuándo es suficiente y lo reduce a una indicación clara:

  • Cuando el resultado es que no se cubren las necesidades el bebé llora. Tiene hambre.
  • Cuando ya están cubierta pero intentamos alimentarlo el bebé rechaza comer. Ya no tiene hambre.

¡A que es simple! Y mira que lo complicamos. Este sistema ha permitido a la especie humana y a todas las demás especies de mamíferos sobrevivir durante millones de años. Pero parece que no nos vale.

Sea haciendo una estimación subjetiva o tomando una cifra mágica, pretendemos que el bebé se ajuste a algo fijo. Cosa que no hace ningún ser vivo. Y desestimamos un mecanismo que ha demostrado su utilidad sobradamente.

No siempre funciona bien su calculadora.

Esto no significa que siempre funcione a la perfección. Hay situaciones en las que un bebé puede tomar menos de lo que debería porque su autorregulación no funciona bien.

Pero cuando esto ocurre tenemos pistas claras de que algo va mal:

  • Pierde demasiado peso tras nacer. En los primeros días de vida el equilibrio nutricional es más frágil. Si un bebé pierde demasiado peso (más de un 10-12% de su peso al nacer) puede llegar a una situación en la que está tan débil que le cuesta alimentarse. Y ello lo lleva a un círculo vicioso en el que cuanto más débil, menos come, más débil… En estos casos lo primero que recomiendo a los padres es que ofrezcan al bebé alimento con más frecuencia. Incluso despertándolo para comer.
  • En algunas enfermedades puede perder el apetito hasta el punto de hacer que se debilite o se deshidrate lo que reduce su capacidad de recuperación.

Igualmente hay pistas que nos dicen que un bebé no necesita comer más por poco que nos parezca. Si un bebé está activo, contento, no enferma con frecuencia y la evolución de su peso sigue su línea habitual es porque come lo que necesita.

Si en esa situación le ofrecemos y lo rechaza sin mostrar signos de enfermedad, razón de más para pensar que no come más porque no le hace falta.

Lo que no tiene sentido en ningún caso es pelear con un bebé para que coma. Si no está en una situación grave que ponga en peligro su bienestar pelar para que coma sólo empeora su relación contigo y con la comida.

Y si de verdad está desnutrido y rechaza el alimento la forma de aportarle ese alimento no es peleando con él sino por medios especiales como la alimentación por sonda o la parenteral.

 

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Cómo alargar la tomas nocturnas en un bebé

Espaciar las tomas nocturnas entendiendo y respetando ritmos del bebé

Tomas nocturnas en un bebé: ¿Hay alguna forma sencilla de lograr que espacie las tomas durante los primeros meses de vida para mejorar el descanso?

Este artículo es la respuesta a una solicitud de Peketema en Facebook. C. R. proponía como tema:

«Como alargar las tomas nocturnas. Mi bebé toma desde que nació cada dos horas, no falla, y eso que ya tiene 3 meses… ¿Es malo intentar que coma menos de noche?»

Descansar es necesario. Esta pregunta es muy común. Habrá quien diga que tener un bebé lleva no descansar en el paquete. Y es evidente que menos se descansa.

Pero en muchos casos según mi experiencia lo que ocurre es un simple fallo en el ritmo con el que empezamos. Me ha gustado la pregunta porque al responderla se pueden aclarar dos factores importantes. Ritmos y equilibrios en los bebés.

Cuando los niños nacen, tras el parto, tiene una horas de adaptación en las que están agotados. Tienen que hacerse cargo de muchas funciones que hasta ese momento se les daban hechas: Controlar la temperatura, respirar, alimentarse, digestión, eliminación de residuos…

Los bebés tienen 3 necesidades básicas:

  • Comer.
  • Descansar.
  • Estímulos.

En los primeros días de vida el tema de los estímulos es el menos llamativo, ya que respecto a los que recibía dentro del útero, de forma pasiva en el exterior le llegan muchos más de los que estaba acostumbrado a tener.

Por lo tanto empiezan con un balance en el que se despierta para alimentarse y se duerme casi inmediatamente en cuanto se alimenta.

Tras esas horas de agotamiento inicial el bebé se activa y su necesidad prioritaria es alimentarse.

Si esta activación ocurre durante la noche entramos en el siguiente ritmo:

  • El bebé pide comer con frecuencia durante la noche. Como está activo los padres mantienen la luz encendida para atenderle.
  • Llega la mañana y el bebé está agotado. Ha comido mucho, ha descansado poco. Tiene sueño. Y los padres bajan las persianas, echan las cortinas, y si las visitas les dejan hasta aprovechan para descansar un poco por la mañana.
  • Por la tarde-noche el bebé vuelve a activarse, hambre, comer, luz encendida.

El resultado si seguimos en esa dinámica es que podemos tener un ritmo de actividad y tomas nocturnas.

Lo malo es que cuando esto se prolonga, al bebé le resulta indiferente, pero para los padres es agotador.

Yo soy de la opinión de que es importante respetar los ritmos de los bebés, pero que debemos buscar la forma más respetuosa posible de que esos ritmos sean compatibles con el bienestar de todos los miembros de la familia.

¿Cómo reducir el ritmo de tomas nocturnas?

Pues habría dos opciones:

  • No darle si pide de noche. No es buena opción. Ante una necesidad insatisfecha el bebé va a llorar. Vas a acabar dándole después de un mal rato para él y para vosotros y no vas a conseguir que duerma mejor, sino que tanto él como vosotros os activéis.
  • Ofrecer alimento con más frecuencia de día y cambiar la iluminación. Es la opción que recomiendo. Os la voy a explicar para que la entendáis.

Ofrecer alimento con más frecuencia de día para reducir las tomas nocturnas

No puedes obligar a un bebé a comer. Y no vas a conseguir que lo haga cuando está muerto de sueño. Debemos respetar sus necesidades prioritarias.

Pero a veces no identificamos momentos en los que nos pide alimentarse y los dejamos pasar. Y cuando duerme hay momentos en los que la necesidad de alimento y descanso están sin una prioridad clara y tendemos a hacer cosas que lo llevan a descansar en lugar de alimentarse.

Esto surge de un error común de muchos que consideran excesiva la frecuencia con la que el bebé pide alimentarse en las primeras semanas. Hay que entender que en el útero recibía alimento de forma constante. Lo más parecido a eso es tomar muchas veces, cantidades pequeñas.

Cuando en un bebé, que hace con más frecuencia las tomas nocturnas que la diurnas, notes durante el día cualquier signo de que está activo:

  • No le entretengas con chupe, manzanilla, acunándolo.
  • Ofrécele alimento.

Si pasa muchas horas sin comer durante el día, intenta despertarlo para que coma. Yo suelo decir que debes ir reduciendo progresivamente este tiempo hasta que lo máximo que aguanta durmiendo de noche supere claramente a ese margen.

Por ejemplo, si un bebé pide alimentarse de noche cada hora o menos y de día puede dormir 3-4 horas seguidas sin comer, empieza intentando que no pase más de 3 horas sin comer de día. Si sigue pidiendo de noche con mucha frecuencia, ofrécele no dejando más de 2 horas de día… Hasta que claramente las horas entre tomas nocturnas superen a las que deja de día.

Es cuestión de equilibrio. El bebé está pidiendo de noche con frecuencia porque con lo que toma de día no recibe lo necesario. Al tomar con más frecuencia de día y dormir menos, llega a la noche con más sueño y menos hambre.

Cambiar la iluminación para reducir las tomas nocturnas

Otro factor importante es la iluminación. Los humanos regulamos el ritmo día noche con la Melatonina. Una sustancia que se libera con un ritmo que marca la luz. Se segrega al anochecer para favorecer que durmamos.

Cuando un bebé pide alimentarse de noche con frecuencia suele atenderse con la luz encendida. Eso hace que en el mejor de los casos no haya una diferencia entre el día y la noche.

Pero es que a veces rizamos el rizo manteniendo al bebé a oscuras mientras descansa durante el día.

Si hacemos esto para el bebé el día es noche y la noche es día.

Junto con el ritmo de las tomas es esencial para que cambie que adaptemos la iluminación, de forma que durante el día haya luz, aunque duerma y que de noche haya oscuridad, aunque coma.

Cuando hacemos estas dos simples modificaciones, cualquier bebé que hacía las tomas nocturnas con mucha frecuencia y dormía más de día, cambia.

Entender los mecanismos que rigen la conducta del bebé, puede hacer que la crianza sea una labor más llevadera sin que eso signifique dejar de respetarlos.

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Cuándo empieza la educación

Educación con apego

Educación y crianza con apego. Yo soy un pediatra muy afín a la crianza con apego. La principal crítica que se hace a ella es que es criarlos sin límites.

Educar es dar a nuestros hijos pautas, habilidades y conocimientos que les ayuden a vivir en el mundo que nos rodea.

Hay tantas formas de educar como personas a las que se pregunte sobre ellas.

Todos nos hemos educado de forma diferente. Incluso cuando, como yo, se es miembro de una familia de 7 hermanos. Yo no fui educado igual que mi hermano el pequeño o que el mayor.

Las circunstancias que yo he vivido son únicas y diferentes y la respuesta que mis padres dieron a mi conducta no fueron idénticas a las que dieron a mis hermanos. Ni siquiera en situaciones similares actuaron siempre igual conmigo.

Pese a todas esas diferencias, creo que lo hicieron bastante bien. O sea que empecemos por des-dramatizar.

Teorías contrapuestas

Empiezo diciendo todo esto porque creo que la educación es algo mucho menos definido de lo que muchos se empeñan en buscar. Como personas, los padres somos variables en nuestras respuestas ante la conducta del niño aunque pretendamos hacer siempre las cosas de un modo definido.

Aún así, se tiene tendencia a definir patrones educativos. Y se pretende que uno es el correcto frente a los demás.

Hay muchas teorías educativas. En la actualidad son dos las más extendidas y que centran los debates:

  • La Crianza Natural o con Apego.
  • El Conductismo.

Como no puede ser de otro modo, los primero acusan a los segundos de antinaturales e inhumanos.

Los segundos dicen que la Crianza Natural genera niños maleducados y tiranos.

Seguro que si sois lectores asiduos sobre estos temas tenéis vuestra propia opinión al respecto.

Cuál es mi opinión sobre la educación

Empezaré posicionándome. Yo soy pro Crianza Respetuosa.

Lo que significa que respeto las opciones de crianza de cada familia, porque asumo que ahí sólo puedo estar como consejero invitado. Si alguien no me invita, no pinto nada.

Ojalá tuviese todas las respuestas, porque eso garantizaría que voy a ser el mejor padre del mundo para mi hijo. Pero nadie las tiene.

Estoy muy cercano a la Educación con apego, y creo que las críticas que se hacen a ella desde el conductismo es porque no se entiende lo que es realmente la primera.

Que yo críe a mi hijo dándole todo lo que necesite mientras no tenga un motivo claro para pensar que le perjudica durante los primeros meses de vida no significa que no sepa que para él es necesario, positivo y obligado acabar teniendo límites.

Lo que pasa es que los que aplicamos la crianza con apego entendemos que educar no es sólo lograr que un niño asuma límites. Que tiene etapas básicas que empiezan de verdad desde el primer día de vida.

Intentar educar a un recién nacido, en el sentido de ponerle normas, es absurdo. 

En ese momento el niño no guarda memoria, no tiene consciencia, no puede entender ni motivos ni objetivos a medio o largo plazo. Simplemente plantea necesidades biológicas. Y ante ellas (alimento, sueño, estímulos y afecto como uno de los esenciales, higiene, condiciones ambientales), si no se cubren, porque él no puede hacerlo por sí mismo, llora.

Como su cuidador soy yo quien puede y debe suplir esas necesidades. No podemos hablar de caprichos, de malos hábitos o de dominios.

Hay necesidades biológicas que cubres o no cubres.

En los primeros meses el bebé pide y su cuidador atiende. Es simple. Al atenderlo sin embargo le enseñas algo esencial: Confianza y seguridad de que puede contar contigo. Esa es la base de la autoestima y de la autonomía. Saber que cuentas con alguien que te quiere incondicionalmente y que está dispuesto a respaldarte y cuidar de ti. Esto también es educación.

Hasta aquí tengo claro que incluso muchos defensores del conductismo lo entienden. El problema está en cuando cambia la relación. ¿Cuándo empiezo a decir no a mi hijo?

Yo soy de respuestas claras y simple.

Di no a tu hijo cuando tu hijo pida o haga cosas que no le convienen.

No hay una edad para esto. Pero desde luego no es con pocas semanas de vida.

Y por supuesto, cuando pide algo que le perjudica, como alguien que ama a su hijo, con todo el cariño, con toda la tranquilidad, pero con toda la firmeza necesaria, digo no. Y después, si es capaz de entender las razones, se las explico.


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Vuelve a No Controlar la Orina al comenzar el colegio

enuresis secundaria

Muchos niños que han llegado a controlar la orina durante el verano, de repente, al poco de empezar el colegio vuelven a no controlarla. Te explico por qué.

Más tarde o más temprano los niños llegan a controlar la orina. Suelen hacerlo primero durante el día. La mayoría lo logra en torno a los 2 años, edad en la que suele retirarse el pañal

Conseguir que se controle la orina de noche puede tardar más. Hay niños que incluso por encima de los 5 años siguen sin controlarla, necesitando el pañal por la noche. Es lo que llamamos Enuresis nocturna primaria.

Esto ya lo había tratado en otros artículos cuyos enlaces veis en negrita más arriba.

Pero ¿Qué ocurre para que muchos niños que durante el verano habían alcanzado ya ese control empiecen de nuevo a tener escapes diarios y/o nocturnos?

Voy a empezar por los escapes exclusivamente nocturnos

Como os explico en el tema de enuresis nocturna primaria, para que un niño no se orine de noche en la cama hace falta que produzca un pico de hormona antidiurética al dormirse. Esta hormona reduce la cantidad de orina que filtramos durante la noche.

Esto se controla por medio de la melatonina. Una hormona que el cerebro produce en función de la exposición a la luz. Su función es definir para cuerpo cuándo es de día y cuándo es de noche.

Y aquí llega el problema, durante el verano los días son más largos y la luz más intensa, con lo que el pico de melatonina es más potente.

Ahora llega el otoño, coincide con el comienzo de curso pero no se debe a él, y al acortarse los días y ser la luz menos intensa los picos de melatonina son menos potentes. Esto hace que también lo sea el pico de hormona antidiurética que el niño produce al dormirse, con lo que aumenta la cantidad de orina filtrada y es más fácil que se escape.

Cuando esto ocurre hay dos opciones:

  • Poner el pañal de nuevo sin darle mayor importancia. Cuando ni el niño ni los padres dan relevancia a esto ni lo ven como un paso atrás es la solución más sencilla.
  • Damos un suplemento de hormona antidiurética. Hay una presentación en pastillas que se deshacen en la boca para los niños que no producen hormona antidiurética o lo hacen en cantidades escasas. Cuando se usa es normal que al llegar la primavera, con el alargamiento de los días y la mayor intensidad de la luz del sol se recupere fuerza en la secreción de melatonina, y con ella en la de hormona antidiurética haciendo innecesario el tratamiento.

Pero hay niños a los que vuelve a escapárseles la orina tanto de día como de noche

En este caso sí que tiene que ver el inicio del colegio. Y más concretamente que muchos niños en el colegio prefieren no ir al servicio.

Puede ser por muchos motivos:

  • Les da vergüenza pedirlo.
  • Les da asco ir al servicio del colegio.
  • Están distraído y cuando podrían, en los descansos, prefieren aguantar para salir a jugar con sus amigos.

El resultado es que el niño retiene la orina. Cuando la vejiga se llena en exceso, la presión irrita a la pared muscular que la rodea y ésta empieza a hacer contracciones involuntarias. Es lo que llamamos vejiga hiperactiva.

Para evitar que se escape el cierre de la vejiga aumenta su fuerza.

El resultado es tripe:

  • Cuesta relajarse para orinar. Y cuando consiguen hacer, en muchas ocasiones hacen poco pese tener la vejiga a tope.
  • Se le escapan pequeñas cantidades de orina de forma involuntaria, lo que hace que la ropa interior siempre esté mojada o huela a orina. Esto tiene una gran importancia en la autoestima del niño, porque produce rechazo por parte de los demás.
  • De noche hay más facilidad para que tenga escapes, porque la vejiga llega llena y excitada a la noche.

La solución es insistir en que vaya al baño con frecuencia para orinar. Si lo conseguimos, la irritabilidad de la vejiga suele desaparecer en cuestión de días, desapareciendo los escapes.

Otras causas a descartar en la enuresis secundaria

A veces, sin que tenga nada que ver con el inicio de curso un niño que controlaba la orina empieza a no hacerlo. Conviene pensar en la vejiga hiperactiva que he descrito justo antes, pero hay que descartar también:

  • Infecciones de orina. A veces son muy leves y no se acompañan de fiebre ni más malestar que una leve irritación al orinar y la sensación constante de tener ganas de ir al baño. Puedes descartarlo con un sedimento de orina. Y la solución evidentemente pasa por tratar la infección aunque sea leve.
  • Motivos psicológicos. Aquí hay muchas situaciones que pueden manifestarse como una incapacidad para controlar la orina. Algunas de ellas por mencionarlas: El nacimiento de un hermano, acoso escolar, cambio de casa…. Si descartas todo lo anterior hay que buscar en este campo. La solución reside en averiguar la causa y abordarla con una solución desde el punto de vista psicológico. Aquí no valen las soluciones médicas.

Lo que no hay que hacer: Dañar la autoestima del niño

Regañar a un niño porque se le escapa la orina no suele evitarlo y sí tiene un efecto perjudicial importante: Daña la autoestima.

El control de esfínteres es uno de los primeros aspectos que cuando no se cumple genera rechazo social. La mayoría de los niños lo saben. Ya es bastante desagradable para ellos. No le castigues por algo que como has visto en casi ninguno de los casos anteriores es voluntario, ni puede controlar de forma voluntaria.

Nos corresponde a nosotros buscar la causa y ponerle solución para evitar que un problema biológicamente banal acabe teniendo una importancia grave sobre su autoestima y capacidad de relacionarse socialmente.


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Psicoterapia en niños

Psicoterapia Infantil

¿Cuál es el papel de la Psicología en la Salud de los Niños? Problemas en la Conducta, la Afectividad y la Personalidad de los Niños y cómo abordarlos.

Os voy a confesar que soy un Psicólogo camuflado de Pediatra, o un Pediatra que hace intrusismo en Psicología. No, ya en serio. Me encanta la Psicología Infantil. De verdad, si tuviese que dar un giro a mi actual trabajo tengo claro que dedicarme a la Psicología Infantil sería para mí muy atractivo.

Le doy una importancia crucial a los problemas de índole Psicológica en Niños porque sin duda la forma en que se aborden va a determinar mucho más su felicidad que la mayoría de las patologías «físicas».

Lo que voy a intentar en este artículo es aclarar las principales dudas que surgen a los padres cuando es la Conducta, la Personalidad del niño, lo que está generando un problema.

Padres a los que no les gusta la Psicología

Es lo primero que me encuentro. Hay muchos padres a los que no gusta la Psicología. Todavía hay mucha gente que tiene prejuicios hacia esta especialidad. La visión que mucha gente tiene de ella es muy negativa. Habría que ver qué se ha hecho tan mal en el pasado para llegar a esta situación. Pero hoy en día la Psicología es una Ciencia con toda la fuerza y fiabilidad de otras especialidades Sanitarias.

Pero más que eso en Psicología infantil suelo ver 3 reticencias claras:

  • Para algunos padres llevar a su hijo al Psicólogo es como reconocer que es un Enfermo Mental. Y la enfermedad mental tiene un estigma social muy negativo. Cuando expresan esto les explico que todos podemos mejorar nuestra vida usando la Psicología. Que no es más que la mente que estudia la personalidad humana y la forma en la que nuestra mente funciona. Que un psicólogo es un profesional que puede enseñarnos habilidades que no tenemos o no sabemos usar bien para mejorar nuestra vida. Para acudir a la Psicología no hay que estar enfermo, hay que querer mejorar nuestro conocimiento sobre nosotros mismos y nuestras habilidades para relacionarnos con los demás.
  • Para otros acudir a un Psicólogo es como asumir que no son buenos padres. Es como si pensasen que han fracasado en la educación de su hijo y por eso necesitan que un profesional les ayude. Pero volvemos a lo mismo. Cuando detectamos que nuestro hijo tiene un problema en su personalidad o conducta que le hace más difícil ser feliz no se trata de buscar culpables, sino soluciones. Hay muchas formas en las que se puede ayudar, pero los padres no somos expertos en ellas. Pedir ayuda a un profesional para ayudar mejor a nuestro hijo no nos marca como padres deficientes, sino que demuestra nuestro interés por mejorar cada día.
  • «Mejor no tocar esas cosas». Todavía hay gente que piensa que hay cosas de las que es mejor no hablar, que ciertas cosas son vergonzosas y se tratan en familia, que mover las cosas puede empeorarlas… La realidad es que detrás de todos esos pensamientos hay algo claro, hay un problema. Un problema que está afectando a tal punto nuestro bienestar que hacemos todo lo posible por no afrontarlo, o no sabemos como hacerlo. Es absurdo vivir mal pudiendo ser feliz y los problemas cuando se ocultan no desaparecen, suelen crecer haciendo que nos arrepintamos más tarde de no haberlos enfrentado. En estos aspectos la persona adecuada para ayudarnos cuando no disponemos de las habilidades necesarias o no las vemos es el Psicólogo.

Cómo trabaja el Psicólogo con Niños

Una de las cosas que muchos padres argumentan para no acudir al psicólogo es que el niño si es muy pequeño no va a entender nada de lo que le diga el especialista y si es grande y no quiere colaborar no habrá nada que hacer.

Pero es que el Psicólogo puede trabajar también con los padres. De hecho mientras el niño es pequeño es con quiene actúa, dando pautas a los padres y consejos sobre cómo ayudar al niño a desarrollar habilidades.

Cuando un niño ya es mayor y tiene capacidad de comunicación lo ideal es que haya una buena comunicación con su Terapeuta. Pero incluso cuando el niño se niega a esa comunicación se pueden dar pautas de actuación a los padres que ayuden al niño a desarrollar habilidades y mejorar la situación.

Esto significa que en Psicología Infantil la implicación de los Padres o Cuidadores del Niño en la terapia es esencial.

Pediatría y Psicología

En la Universidad todos los médicos estudiamos Psicología. Evidentemente no lo hacemos en la profundidad que lo hacen los Psicólogos, ya que para nosotros es una asignatura y para ellos es toda la carrera.

Ya en la práctica diaria hay Pediatras a los que nos gusta más o menos el tema y nos hemos formado más allá de lo incluido en la formación oficial de nuestra especialidad.

Cuando los padres nos preguntan damos respuesta a algunos de los temas más básicos.

Pero a pesar de lo mucho que a mí me gusta, la Psicología necesita un tiempo del que raramente disponemos los Pediatras. Para resolver la mayoría de los problemas serios hace falta un proceso de asistencia con bastantes sesiones de no menos de 30-60 minutos de duración y unos conocimientos que los Psicólogos tienen mucho más estructurados y afianzados que los pediatras. Es uno de los especialistas a los que derivo con más asiduidad, a pesar de lo mucho que me gusta el tema. O tal vez precisamente porque me gusta tanto que la respeto mucho y no quiero hacer «chapuzas» en este campo.

¿Modificar la conducta con medicamentos?

A pesar de lo poco que me gustan las generalizaciones y sabiendo que puede no granjearme muchas simpatías entre los Psiquiatras, en esto soy bastante radical:

Para mí se recurre a la Psiquiatría cuando fracasa la Psicología.

En la actualidad tendemos a curarlo todo con medicinas. Es cierto que nuestro conocimiento del funcionamiento del cerebro es cada vez mayor y eso nos ha permitido encontrar muchas de las reacciones biológicas que hay detrás de algunas alteraciones de la conducta. Hasta el punto de que algunas patologías que hace años condenaban a la marginación social, bien tratadas son compatibles en la actualidad con una vida normal. El caso más claro es la Esquizofrenia.

Pero incluso en esos casos la Psicología sigue siendo esencial.

La Psicología nos da herramientas que interiorizamos, de modo que una vez tratados se convierte en una habilidad a la que podemos recurrir cuando la necesitemos. Un medicamento hace efecto mientras se toma y deja de hacerlo cuando se suspende.

Por eso jamás es tratado a un niño ansioso con un ansiolítico. Lo que recomiendo siempre a los padres es que busquen un Psicólogo que les ayude a ellos y a su hijo a resolver las situaciones que están generando ansiedad en el niño y cuando son situaciones que no pueden evitarse enseñe al niño cómo adaptarse mejor a ellas.

¿Cuál es el momento de empezar a tratar a un niño en el Psicólogo?

No hay una respuesta concreta. Cada caso es diferente, depende mucho de cual sea el problema y los recursos personales que el niño y los propios padres tienen para afrontarlo. Lo que algunas familias resuelven sin ayuda puede precisarla en otras.

Yo suelo recomendar que acudan al Psicólogo siempre que detecto un problema de conducta o personalidad que está limitando la vida del niño.

Expresiones como «es que él es tímido», «es que es introvertido», «es que tiene mucho genio», «es que siempre ha sido muy nervioso»… denotan situaciones en las que el plano Psicológico está siendo un problema y está afectando a la vida del niño y de quienes conviven con él.

La importancia de la Confianza y la Conexión en Psicología Infantil

Los problemas realmente importantes en Psicología Infantil suelen ser crónicos. En su mayoría han tenido una larga evolución hasta llegar a la situación actual y no podemos pretender que se resuelvan en una sola sesión.

Como en cualquier relación terapeuta-paciente lo esencial es la Confianza. Es necesario que se confíe en el Terapeuta que trata a un niño con un problema crónico, porque el proceso puede ser largo y tener altibajos, y no hay mejor forma de garantizar el fracaso que cambiar constantemente de terapeuta.

Para que en Psicología haya resultados positivos es necesaria además la Conexión, con los padres y con el niño. Un terapeuta debe ser capaz de comunicarse con ellos. Porque si no lo logra el resultado será nulo. Para que un problema Psicológico se resuelva la comunicación debe ser efectiva en ambas direcciones. Si los pacientes no confían sus secretos al terapeuta este no tiene elementos para diagnosticar y tratar el problema. Si el terapeuta no consigue que los pacientes entiendan el problema y porqué el abordaje que propone puede ayudarles, es difícil que logre que lo apliquen.

Por tanto, si tu hijo tiene un problema de personalidad o conducta que afecta a su día a día, busca ayuda. Y si conectáis bien con el terapeuta, no cambies, confía en él, dale tanta información como puedas y habla con él sobre el diagnóstico y el tratamiento. Resuelve todas tus dudas y desde esa confianza aplica sus consejos, con la paciencia de saber que en ocasiones el camino será largo y con baches.

Pero si no conectas con él, no sientes que te escucha o no te explica todo de forma que lo entiendas, no pierdas el tiempo y busca otro Psicólogo que lo haga.

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Niños, móviles y tablets

Móviles, tablets y niños

Reflexiones como Pediatra y Padre sobre el papel de Móviles y Tablets en la vida de los Niños. Problemas más comunes de salud. Aunque no todo es negativo.

Lo que voy a exponer aquí es una mezcla de mi experiencia como padre, como pediatra y una reflexión desde el sentido común más que desde la base de estudios científicos al respecto. Por tanto tan discutible como lo que más. De hecho lo que espero es generar debate.

Si estás leyendo este artículo es porque tienes conexión a Internet. Posiblemente en tu mano en este momento. Según mis estadísticas más del 70% de las visitas a esta página llegan a través de móvil o tablet. Y si has decidido leerlo es porque posiblemente en tu caso lo tienes. Y además es muy probable que también tengas uno o varios hijos.

Es decir, que la combinación Niños, Tablet y Móvil está presente en tu casa.

¿Y bien, qué hacemos? ¿Nos deshacemos del niño, de móvil y tablet? ¿O nos vamos nosotros, que mientras tengan móvil y tablet no se van a enterar?

¿Te acuerdas de la Televisión? ¡Yo casi que no! La realidad es que en mi vida ya casi no hay tiempo para ella.

Pero hubo una época en la que no me imaginaba mi vida sin «la tele».

Los que ahora somos padres pertenecemos a la primera generación de niños que se criaron con televisión en casa.

¿Recordáis lo que nos decían a nosotros cuando éramos pequeños respecto a la tele?

Os hago un resumen de lo que yo puedo rememorar:

– Os vais a quedar ciegos de ver tanto la tele.

– Ese cacharro emite radiaciones, vais a acabar todos fatal (cáncer, se te va a caer el pelo…)

– Os vais a volver idiotas de estar todo el día mirando la «caja tonta».

– Cuando seáis mayores no vais a poder levantaros de la silla.

¿Y recordáis quién era más beligerante en estas afirmaciones? En mi caso, mis abuelos.

¿Qué deduzco de esto?

Todo cambio es difícil de asimilar por la generación que lo vive como tal. Igual que en su momento nuestros abuelos estaban sinceramente preocupados por el efecto negativo que la tele podía ejercer sobre nuestra salud física y mental, hoy en día son nuestros padres los más preocupados por el efecto que móviles y tablets pueden tener en la salud de sus nietos.

Pero ¿y los padres?

Nuestros padres con la tele y nosotros con móviles y tablets tenemos una postura doble. Por una parte no es que nos sintamos totalmente cómodos viendo cómo nuestros hijos pasarían horas y horas enganchados a los «cacharros».

Pero siendo realistas, son un método muy efectivo a veces…

Todo niño supera antes o después con su necesidad de estímulos la capacidad de sus padres para proporcionárselos. Ha pasado y pasará siempre. Los niños tienen su vida. Los padres la de sus hijos y la propia. Y ni que decir tiene que vivir dos vidas en una es muy complicado.

Tener un recurso tan a mano que proporciona estímulos es una «tentación insuperable».

Seguro que conocéis el «Momento Móvil»:

Reunión familiar, todos los niños armando follón, como es su obligación y en un momento dado están ya entre agotados, cabreados, aburridos… ¡Insoportables! Los padres se miran, echan mano a sus bolsillos y susurran con complicidad. «¿Momento móvil?».

Todos asienten, sacan sus móviles, los encienden, buscan el juego o el vídeo preferido de su vástago y se los entregan a sus respectivos hijos.

Un minuto después se ha hecho un silencio sepulcral. ¡Calma absoluta!

Móviles y Tablets son algo a integrar en nuestras vidas desde Niños

A parte de esta parte más o menos criticable pero real como la vida misma: Los dispositivos digitales van a seguir tan presentes en la vida de nuestros hijos como lo ha estado la televisión en la nuestra. Mirados de forma aséptica son una fuente más de estímulos e información. Nada más y nada menos.

Como con cualquier otra cosa en esta vida que supla una necesidad del ser humano, cada persona juega y acaba definiendo un equilibrio en el que da mayor o menor importancia a ese elemento respecto a todos los demás presentes en su vida.

Toda fuente de satisfacción de una necesidad es en sí misma una solución y un peligro. Porque los seres humanos tenemos tendencia a movernos a veces de forma muy extrema.

Como en cualquier otro aspecto de la educación, el objetivo debería ser darle un sitio que sea compatible con el resto de elementos de una vida equilibrada. Y ahí entra el sentido común. Un rato de móvil o tablet no tiene porqué ser un problema si no limita en exceso a otras actividades también necesarias, como el juego no virtual, la creatividad, las relaciones interpersonales directas, la actividad física, el estudio…

En situaciones extremas puede interferir con todas ellas y es entonces cuando debemos plantearnos en serio que hay un problema y hay que poner solución. Estaríamos hablando entonces de adicción. Pero aquí lo complicado, como en toda adicción es limitar el acceso a lo que lo genera. El niño va a usar todos los recursos a su alcance para lograr «su dosis» e incrementarla paulatinamente. Como en cualquier otro aspecto de la educación los padres actuamos como reguladores de aquellas tendencias que el niño no consigue modular con éxito.

En otro enfoque, hay que tener claro que van a seguir en la vida de nuestros hijos con casi total seguridad. Y que de hecho van a ser una herramienta básica el resto de su vida. Nuestros hijos los usan de forma casi innata. Basta con ver la soltura con la que lo hacen desde muy pequeños. Que sepan usarlos y aprendan a hacerlo de forma equilibrada va a ser muy importante para su futuro. Por lo que no darles acceso… ¿hasta qué edad?

Pero lo que más preocupa ¿es verdad que los Móviles y Tablets pueden dañar a los Niños?

Radiaciones

Cualquier dispositivo digital conectado lo hace por medio de radiaciones. Pero según el tipo de ondas se pueden clasificar las radiaciones en «ionizantes» y «no ionizantes». ¿Esto que significa? Una radiación ionizante es la que puede alterar la estructura de la materia con la que se cruza produciendo iones. Estas radiaciones son las que pueden alterar por ejemplo el ADN de nuestras células haciendo de actúen de forma incorrecta (por ejemplo provocando un cáncer). Las radiaciones usadas para conectar dispositivos digitales son «no ionizantes». Es decir, que en teoría no son capaces de producir algo así.

Pero digo en teoría. Porque no existen los emisores puros de radiación. Ningún objeto o aparato electrónico emite radiaciones en una frecuencia pura. Aunque entre las frecuencias que se quieren usar y las ionizantes hay un margen suficiente para que sea algo muy poco probable que un dispositivo conectado emita radiaciones ionizantes, ocasionalmente, ¿quién puede asegurarlo? En teoría cuanto más tiempo se usa más probable es que uno sea sometido de vez en cuando a una radiación no tan inofensiva.

Lo que sí está claro es que, al menos en las ciudades vivimos inundados en un mar de radiaciones «no ionizantes» que usamos para comunicarnos. Desde ondas de radio y televisión a señales de telefonía móvil pasando por redes Wifi y Bluetooth. Con lo que en la práctica la diferencia entre que uno las use o no es bastante limitada.

Son muchos los estudios que intentan ver hasta qué punto esto puede afectar la salud humana. Y por ahora no hay una conclusión clara. Con lo cual que cada uno se lo tome como prefiera.

Vista

El problema aquí es la acomodación. Nuestros ojos están diseñados para trabajar en un entorno en el que los objetos están a distancias variadas. Con lo que para su día a día lo normal es cambiar constantemente de enfoque. Pero cuando usamos un buen rato una pantalla enfocamos a una distancia fija.

Ese es el motivo por el que cuando estamos mucho tiempo mirando una pantalla y la dejamos perdemos agudeza visual de lejos durante un rato.

Hacerlo con asiduidad puede, en teoría, favorecer la aparición de la vista cansada. Algo propio de personas de más de 40-50 años que puede aparecer antes si se usan dispositivos de pantalla durante demasiadas horas al día. Consiste en una pérdida de elasticidad del cristalino que hace más difícil enfocar a distancias cortas.

Postura

Este es uno de los aspectos en los que realmente vemos efectos perjudiciales de móviles y tablets en los niños.

Para usar uno de estos dispositivos es necesario sostenerlos delante del campo visual. Esto significa mantener los brazos y las manos en una postura fija durante el tiempo que los estamos utilizando.

Cada vez veo más:

Dolores de espalda en niños que usan mucho los tablets. Más que en los móviles porque pesan más. La causa es una contractura de los músculos que fijan el hombro en la postura necesaria para tenerlo delante de nuestra cara.

Dolores de mano. En la mayoría de la mano izquierda, que es la que se usa para sostener el teléfono móvil mientras pulsamos la pantalla con la derecha.

Dolores de cabeza. Cuando se abusa de estas posturas la contracción constante de los músculos del cuello dificulta la llegada de sangre a través de las arterias del cuello, de lo que la cabeza se queja doliendo.

Contenidos dañinos

Evidentemente una fuente de información tan accesible como un dispositivo conectado a Internet puede facilitar contenidos de muchos tipos. Y no todos son adecuados para cualquier edad. Por lo que algo importante es vigilar a qué pueden acceder los niños a través de Internet. Casi todos estos aparatos tienen en su configuración la opción de «control parental». Pero son filtros automáticos que no pueden garantizar al 100% que los contenidos sean adecuados. Es lo mínimo que deberías usar. Pero hacerlo no te exime de que controles a qué accede tu hijo con ellos.

Si quisiera hacer un resumen sería el siguiente:

Como todo en la vida los móviles y tablets son objetos que bien usados pueden resultar muy útiles. Pero no están exentos de riesgos. Por lo que, sabiendo que no es realista evitar totalmente el contacto de los niños con ellos, y que incluso manejarlos con soltura puede ser una habilidad básica en su futuro, lo que sí debemos hacer es restringirlo a una forma de uso adecuada. Esto implica limitar el tiempo que los usan y para qué, estando atentos a las alertas que nos hagan pensar que está siendo inadecuado.

Dar un móvil o un tablet a nuestro hijo no debería ser un motivo para relajar nuestra atención, sino para acentuarla.

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Alertas en el Desarrollo infantil: La Mirada

La Mirada como clave para valorar el Desarrollo Infantil

Una de las cosas más reveladoras sobre cómo va el desarrollo de un niño es su Mirada. Cuando los padres me piden signos de alerta para detectar problemas del desarrollo yo siempre les digo: Mírale a los ojos.

Hay muchas formas de valorar el desarrollo neurológico de un niño.

Pese a que me lo piden mucho me resisto a escribir sobre este tema y os explico porqué.

La experiencia me dice que tratar de forma superficial la valoración del desarrollo infantil genera problemas.

Es un clásico que los padres se agobien cuando su hijo está por debajo de la media en peso o talla. Especialmente en el peso.

Pero si algo agobia a los padres es una sospecha de que el desarrollo neurológico va mal. Y no es para menos. El peso y la talla pueden afectar al futuro de tu hijo, pero su capacidad intelectual es evidente que mucho más.

Hay múltiples formas de valorarlo. La más difundida es la Escala de Denver.

En ella suelen basarse los típicos test que se hacen en los controles del niño sano sobre si ya es capaz de …

Se suele hacer registrando lo que se llaman Hitos del Desarrollo, que no es otra cosa que comparar la edad a la que el niño es capaz de hacer cosas significativas comparado con los demás niños. Podéis entrar en este enlace para ver una lista de algunos de los más significativos. Pero antes de correr a hacerlo os recomiendo que leáis el resto de este artículo.

Reduciéndolos a lo más simple para que entendamos algo importante.

Los cuatro hitos clásicos del desarrollo infantil

Casi todo el mundo si se le pregunta sobre hitos del desarrollo suele recitar:

«Sostiene la cabeza a los 3 meses, se sienta con 6, se pone en pie con 9 y anda con 12».

Pero, ¿debemos preocuparnos realmente si un bebé con 3 meses no sostiene la cabeza? ¿Y si no se sienta con 6 meses?…

Pues la realidad es que no. En absoluto, ni siquiera un poquito.

Son mayoría los niños normales que fallan en alguno de estos Hitos. Si no lo hace con uno lo hace con otro. ¿Entonces, porqué se dice?

Voy a ser claro: Porque es una regla fácil de recordar para pediatras en formación.

Siendo serios: ¿Alguien cree que los 4 hitos más evidentes del desarrollo motor de un niño se desarrollan justo cada 3 meses? ¡Pero qué casualidad! Hay que ver lo bien que lo hizo la naturaleza para que fuese fácil de recordar. Claro que eso funciona sólo con el Calendario Gregoriano, con el Musulmán por ejemplo ya se descuadra la cosa….

Es evidente, es una aproximación que se ha redondeado para ser más fácil de recordar. Pero preocuparse como si el niño hubiese cometido un error irreparable en su evolución si no cumple cualquiera de las 4 fechas es absurdo.

Digo esto sólo como ejemplo para entender que cualquier escala de evaluación pretende hacer objetiva la valoración, pero raramente lo cumple. Cualquier test tiene puntos débiles que pueden generar alarma innecesaria. Por ejemplo en la escala a la que os he hecho referencia para los menores de un año pone los siguientes objetivos entre otros:

Es capaz de tomar de una taza.
Tiene el primer diente.
Juega a esconderse y a aparecer luego.

Pero ¿qué ocurre si los padres sólo le dan líquidos en biberón y no han probado nunca a darle a beber de una taza? ¿Es eso signo de un problema en el desarrollo del niño? Claramente no.

A mi hijo le salió el primer diente con 13 meses ¿Y???? ¿Qué tiene eso que ver con el desarrollo de un niño que como mi hijo estaba sano?

¿Y si los padres no juegan con el niño a esconderse y aparecer después?

Es como si los diseñadores de la escala creyeran que los padres se la saben y van a estar haciéndole un examen semanal a su hijo antes de pasar el examen final cuando se les pase el cuestionario.

No cometáis ese error, por favor. Si algo creo que falta hoy en día es espontaneidad a la hora de que los padres jueguen con sus hijos. Sólo falta que hoy en cuanto dejéis de leer el artículo «torturéis» a vuestro hijo haciéndole pasar una tras una de las pruebas que enumeran.

La Mirada y la evaluación de alguien con experiencia

¿Porqué se usan cada vez más las escalas? Creo que hay 3 respuestas:

– Dar respuesta a la inseguridad de los padres. No puedo ya contar las veces que se me ha pedido en Facebook que dé tablas de ese tipo.

– Ponerle «objetividad» a todo. Hacer estadísticas, calcular la media y creer que todo el que no esté en la media está mal es uno de los errores más básicos que repetimos una y otra vez cuando pretendemos aplicar matemáticas a los seres vivos. Nadie cumple la media exacta en todo (bueno, con 7500 millones de seres humanos lo mismo hasta hay alguien así), pero sistemáticamente se usan las medias para decir qué es lo correcto dando la sensación de que todos están mal en realidad. Pasamos al absurdo buscando la objetividad.

Por ejemplo, si decimos que los bebés sostienen la cabeza con 3 meses es porque, si preguntamos a un número estadísticamente significativo de padres cuándo sostiene su hijo la cabeza por primera vez, la media a lo mejor son 2 meses, 28 días, 3 horas y 42 segundos. Pero redondeamos a 3 meses.

¿Pero cuántos niños sostienen la cabeza antes de esa fecha? Pues la mitad. ¿Y la otra mitad tiene un problema de desarrollo? Está claro que no. Los niños con problemas reales del desarrollo, por suerte no alcanzan un 10%.

– Evaluar con personal menos capacitado. Pasar una encuesta es algo sencillo para gente con un mínimo entrenamiento. Valorar el estado de desarrollo de un niño es bastante más complejo. Cuanta menos experiencia tiene un profesional más usa las escalas, cuanta más experiencia tiene menos las usa. Porque con la experiencia somos capaces de captar aspectos no cuantificables y llegar a conclusiones mucho más fiables que una escala.

Lo que yo recomiendo de verdad a los padres para valorar el desarrollo de su hijo, y lo que más valioso me resulta a mí como profesional es la Mirada.

Mi consejo claro: Mira a tu hijo a los ojos, y siempre que tengas oportunidad de hacerlo mira a los ojos a otros niños de su edad.

Aunque las comparaciones son odiosas, si lo que aprecias al hacer esto en tu hijo es muy diferente a lo que ves en otros niños de su edad, consulta a tu pediatra.

Los trastornos más frecuentes del desarrollo suelen incluir casi siempre una «mirada perdida» o «poco despierta».

La mayoría de los trastornos en los que un niño que iba bien empieza a no ir bien, es comentado por los padres como «le he notado un cambio en la mirada que no sé explicar».

Sé que esto son definiciones vagas, poco concretas y muy subjetivas. Pero la experiencia me dice que las madres son muy buenas apreciando cosas así. Los hombres somos más de escalas.

Un ejemplo:

Con la imagen de la cabecera del artículo, si os digo que el niño de la foto tiene 20 meses ¿puedes decirme si tiene buen desarrollo neurológico? Seguramente dirás que eso me dice poco.

Pero ¿y observando la mirada de esta niña?

La Mirada transmite mucho sobre el desarrollo de un niño

¿Tú qué dirías? Esa chispa me dice que es una niña despierta, ¿a ti no?

Si tienes sospechas de que el desarrollo de tu hijo no va bien, fíjate en su mirada. Y si su mirada te hace sentir que las sospechas tienen fundamento, consulta al pediatra.