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Ser padres de un bebé prematuro

Ser padres de un niño prematuro es una situación difícil, especialmente cuando el parto se presenta muy pronto.

Este artículo es una colaboración de María Blanca Garrido García, Pediatra Neonatóloga en Valencia.

Hay situaciones en las que, por estar cerca de lo que se consideran los “límites de viabilidad” que comentábamos en el artículo previo (400 gramos y 23 semanas de embarazo), es difícil tomar la decisión de reanimar o no, de ir o no “a por todas”.

Es muy importante que los profesionales que atenderán al parto y al recién nacido (ginecólogo y pediatra) informen de forma adecuada a los padres para que realmente sepan lo que conlleva un hijo prematuro y tomen las decisiones que sean necesarias de la forma más consciente posible. Los padres debéis estar receptivos a la ayuda y las aportaciones de los profesionales, de igual modo que los profesionales debemos estar a la altura de las circunstancias y comprender el momento tan difícil por el que estáis pasando.

Los niños prematuros pueden presentar problemas de forma inmediata tras el nacimiento y en sus primeros días de vida, pero también pueden presentar secuelas y deficiencias que afecten en mayor o menor medida a su calidad de vida futura y, por tanto, a la de toda la familia. Cuanto más prematuro sea el niño, mayor posibilidad de presentar problemas y de que éstos sean más importantes.

Ser padres de un hijo prematuro, sobre todo gran prematuro, es como una carrera de fondo, hay que ir día a día, sobre todo al principio, siendo conscientes de que habrá días con buenas noticias, con avances y otros con retrocesos y complicaciones, hay que estar preparados para ambas cosas. Son niños que necesitarán mucho esfuerzo por parte de sus padres y su entorno familiar (consultas médicas frecuentes, rehabilitación, atenciones en casa…).

El apoyo a los padres y a la familia es fundamental. En muchos hospitales cuentan con psicólogos especializados y existen asociaciones y grupos de padres de niños prematuros que se reúnen periódicamente para compartir sus experiencias, sus expectativas y también sus frustraciones y miedos. Os animo a que utilicéis todos los recursos que tengáis a vuestro alcance si os veis en una circunstancia así.

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La primera vez a la «guardería»

La primera semana de septiembre ha sido para muchos niños la primera vez que les llevaban a la «guardería».

Como en todos los cambios significativos de un niño, habréis notado algunas reacciones. Cada niño tiene las suyas, pero hay algunas que son más frecuentes.
Sé que cuando se habla de guardería, hay gente que simplemente dice: Yo nunca lo llevaré. Irá al colegio cuando ya no haya más remedio.
Pero para muchas familias no hay más remedio que llevarlo a la guardería. Así que lo que no voy a hacer es juzgar la decisión de ningún padre cuyas circunstancias no conozco. Ya se encarga de bombardear a los padres algún voluntario siempre.
En ese aspecto un consejo: Hagáis lo que hagáis en la crianza de vuestro hijo, siempre habrá quien os critique. Y por algún extraño motivo, los hay que siempre critican cuando sois más vulnerables. El comienzo la escolarización es uno de esos momentos. Porque es siempre un cambio duro. Es la primera separación seria de vuestro hijo en la mayoría de los casos. Y habitualmente no lo llevan bien ni padres ni hijos.

Consideración aparte, y para que estéis preparados, es muy frecuente:

– Evidentemente, que el niño llore los primeros días. No es agradable. De hecho el porcentaje de padres que salen por la puerta llorando no es menor del de niños que se quedan.
– Muy probablemente, comerá peor durante un tiempo (varía según el carácter del niño y cómo se adapte). Tienden especialmente a comer peor aquellos cuyos padres más preocupados están por el tema.
– Tolerará mucho peor separaciones mínimas. Querrá estar siempre con vosotros, preocupándose simplemente si salís de la habitación.
– De lo anterior se deduce que si dormía sólo, empeorará el sueño con más dificultades para dormirse y más tendencia a las pesadillas y a llamar durante la noche.

Consejos:

La gran mayoría de las guarderías tienen hoy día períodos de adaptación. Consisten básicamente en ir aumentando progresivamente el tiempo de estancia del niño en la guardería. Algunas incluyen la estancia de los padres en el interior de la guardería (ideal cuando se puede). Para que el niño vincule a las cuidadoras de la guardería con los padres. Pero no siempre es esto posible (depende de las capacidades de espacio y organizativas de la guardería. Si lo ofrecen y podéis, haces uso de ese período de adaptación.
Sed muy comprensivos con los cambios descritos arriba. Vuestro hijo está adaptándose a un cambio muy radical en su vida. Llevad esos cambios con paciencia y sin modificar mucho la forma en la que hacéis las cosas. A veces intentar compensarlos nos lleva a problemas aún mayores. La forma más adecuada de ayudarle es mostrarle nuestro afecto de forma clara.

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Lactancia materna en tándem

La lactancia materna en tándem es mantener el pecho como alimento de un hijo durante el siguiente embarazo y compaginarlo con la lactancia del recién nacido. Mis reflexiones sobre ella.

Es algo que puede aparecer en algunos casos de lactancia materna prolongada.

Cuando encontré el primer caso de lactancia en tándem como pediatra, reconozco que me asombré. A ese reconocimiento debo asociar que mis conocimientos sobre la lactancia en general eran bastante pobres en ese momento. Hacía varios años que había acabado mi especialidad pero como comento en otro artículo en el que describo mi relación con la lactancia materna como pediatra, la formación que recibí sobre lactancia materna en la especialidad dejaba bastante que desear.

Lo primero que me vino a la cabeza es que cuando un niño toma pecho se produce liberación de oxitocina. Y que esa hormona, entre otros efectos produce contracciones de la musculatura del útero. Eso me generaba el miedo de si dar el pecho durante el embarazo no sería capaz de dificultar la implantación del embrión en las primeras fases, o de favorecer un parto prematuro al final de la gestación. Mi experiencia es que ninguno de los dos problemas se han dado en los casos que conozco de lactancia en tándem.

Otro problema que le veía era el de la composición de la leche materna. Todos sabemos que una de las ventajas del pecho, es que la composición varía a lo largo del día y desde el nacimiento, adaptándose en cada fase a lo que la naturaleza, durante millones de años, ha escogido como lo mejor para el desarrollo de las crías de los mamíferos. En ese sentido no conozco ningún otro caso de lactancia en tándem en la naturaleza, entre otras cosas, porque el desarrollo de las crías de los demás mamíferos en mucho más rápido que el humano y para cuando se tiene la siguiente cría, en la mayoría de los casos, la anterior es ya autónoma en su alimentación.

A este respecto, en la lactancia en tándem se hizo un estudio sobre la composición de la leche materna durante el embarazo:

¿Existirá el calostro para el recién nacido? Es decir, lo que produce una madre al tener a su hijo pequeño si ha estado dando pecho durante el embarazo ¿es leche madura o calostro? Pues este estudio lo que nos dice es que las hormonas de la madre durante el embarazo actúan sobre la cantidad y composición de la leche haciendo que:

Se reduzca muchísimo la producción de leche. Es decir, que para el niño mayor que sigue con el pecho en la lactancia en tandem, toma en realidad poca cantidad, con lo que el interés de mantenerla durante ese tiempo en el niño mayor es más afectivo que nutricional. Lo que es también muy importante.

Conforme se acerca la fecha del parto, la composición de la leche toma la composición habitual del calostro. Es decir, se hace adecuada para el recién nacido.

Ventaja: Los problemas en el inicio de la producción de leche que acaban con muchas lactancias, no existen en la lactancia en tándem, porque aunque se reduce la producción de leche durante el embarazo, se mantiene un pecho productivo. Desde el primer día el pecho ya está en marcha.

Un último factor, que es para mí casi el más definitivo: el afectivo. Yo doy al pecho más importancia desde el punto de vista afectivo casi que en su composición. La pregunta es ¿cómo influirá en el hijo mayor el hecho de ceder o compartir el pecho con su hermanito recién nacido? Y la respuesta es: Depende de la personalidad del hermano mayor y de cómo lo planteemos.

En ese sentido, en niños con más propensión a los celos, puede ser mejor elección el destete antes del siguiente embarazo. Pero por desgracia no hay respuestas infalibles en esto.

Lamento si este artículo os deja más dudas que respuestas. Siempre prefiero que sea al revés. Pero en este caso especialmente, si tenéis experiencia, os animo a que me la contéis para aprender todos juntos. De hecho he conocido el estudio sobre la composición de la leche en las lactancias en tandem gracias a una madre (Raquel, gracias) que me lo envió tras leer este artículo.

Os dejo un enlace a un artículo muy recomendable sobre el tema:

Albalactancia.org

Si tienes dudas puedes hacer una

Consulta Online sobre Lactancia Materna

y obtener tu respuesta en menos de 24 horas.

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Ansiedad Apego Autonomía Bebé de 20 meses Blog Conducta del Bebé y el Niño Convivencia Maternidad Otros temas de Salud Infantil

8 consejos sobre educación para padres

A los padres nos preocupa hacer las cosas bien para no perjudicar a nuestros hijos cuando los educamos. Pero no siempre tenemos claro qué es lo mejor.

Aquí tenéis los 8 puntos que me parece que los padres podemos tener en cuenta para facilitar esta labor:

  • Hay que pensar a largo plazo. Determinadas formas de hacer las cosas, a las que no le damos la importancia debida, son las que a largo plazo forman el carácter de nuestros hijos.
  • Es complicado ser padre. No podemos actuar para salir del paso día a día, porque las soluciones fáciles a corto plazo, suelen ser desastrosas a la larga. Un buen padre tiene que aguantar muchos malos ratos cuando su hijo es pequeño, para evitar que el niño lo pase muy mal el resto de su vida.
  • Hay que pensar antes de actuar. Los padres a los que les preocupa educar bien a sus hijos, deben controlar sus propios impulsos y actuar de forma razonada.
  • Debemos educar para el mundo real. Por ley de vida, tu hijo debería vivir sin ti antes o después. No puedes educarlo para que siempre dependa de ti. Porque no siempre estarás ahí. Y cuando se quede sólo, le conviene tener unas expectativas realistas del mundo.
  • Es fundamental la tranquilidad. El simple hecho de tratar siempre a un niño de ese modo, lo hace más tranquilo y cuando llegue el momento, razonable.
  • La autoridad es necesaria en las primeras etapas. Mientras el niño no puede entender la diferencia entre lo que desea y lo que le conviene es necesario que alguien tenga esa capacidad y pueda aplicarla. Pero debes ser capaz de ir sustituyendo, poco a poco, esa autoridad por la capacidad del niño de decidir, conforme va creciendo.
  • Las conductas negativas nunca deben premiarse. Y aunque eso suponga que pase un mal rato, es una de las mayores demostraciones de que queréis a vuestro hijo.
  • Y por último, no olvidar nunca que todo lo anterior debe estar presidido por un sentimiento de amor a vuestros hijos. Todas nuestras decisiones deben orientarse en educación, hacia el bienestar actual y futuro del niño. Y es necesario que observemos y cuando ya se expresa, escuchemos las necesidades y preferencias del niño antes de actuar.

Aún más resumido:

Quered y respetad mucho a vuestros hijos.

Decídselo y demostradlo escuchando sus necesidades y preferencias.

Tranquilidad.

Mucho sentido común.

Pensad a largo plazo.

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El mejor juguete de tu hijo. Peketip 19

El mejor juguete de tu hijo,

Ese con el que siempre quiere jugar,

El que más estimula su desarrollo integral,

El que no anuncian en la tele porque no se vende,

El que no gasta pilas, aunque a veces se le agotan,

ERES TÚ

Este peketip tiene poca explicación, si tienes cerca a tu hijo. Si tienes encendido el ordenador y estás leyendo sobre cosas interesantes para su crecimiento, desarrollo y salud. Déjalo. Nada hay más importante que puedas hacer en este momento que apagar el ordenador, tablet o teléfono y ponerte a jugar con él.

El juego es la forma más afín a la naturaleza del ser humano y especialmente del niño, para crecer, aprender, reforzar el afecto y disfrutar.

Pero necesita tiempo. Y «nunca» tenemos tiempo. Crealo, fabrícalo, róbalo si hace falta… Pero encuéntralo para jugar con tu hijo.

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Peketip 20

 

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Cómo dormir a un bebe sin dejarlo llorar

Enseñar a un bebé a dormir sin dejarlo llorar es posible.

★¿Quieres que tu bebé aprenda a DORMIR SÓLO? NO LE DEJES LLORAR ☹. Hazlo sin que llore☺. Explico cómo. Al método Duérmete Niño le falta imaginación.

Un niño puede despertarse por muchos motivos durante la noche: Puede tener hambre, pedir afecto, porque esté incómodo o con dolor, pero también porque se haya despertado, quiera volver a dormirse y no sepa hacerlo sólo.

Cuando sale este tema muchos empiezan negando la mayor: «¿Y para qué quiero que mi hijo aprenda a dormir sólo?»

Yo, personalmente hace tiempo que no me dedico a juzgar a los demás. Tengo claro que existen muchas circunstancias diferentes en las familias, que pueden hacer que las mejor opción no sea la que en condiciones ideales pueda calificarse como óptima. Y cuando los padres me plantean cómo conseguir que su hijo aprenda a dormir sólo les explico lo siguiente.

Hay que entender varias cosas cuando hablamos de dormir a un bebé:

En primer lugar, la forma instintiva de dormirse de los bebés incluye en su ritual a los padres. Especialmente, si toma pecho a demanda, a la madre. En ese sentido yo recomiendo no plantearse el enseñar a un niño a dormir solo mientras sea posible evitarlo. Hasta aquí llegan muchos defensores de la crianza respetuosa, entre los que me incluyo.

Pero, hay situaciones en las que para que unos padres descansen (y en ocasiones también para que lo haga el hijo) hay que modificar ese instinto. Los motivos son muy variados.

Pero como digo, no es mi papel juzgar a los padres decidiendo si en su caso está más o menos justificado. Lo que sí tengo claro es que si unos padres no descansan con una calidad mínima, a la larga el niño se va a ver afectado negativamente.

Una de las causas más frecuentes es el inicio del trabajo por parte de la madre al acabar la baja maternal. En España, esa baja es claramente demasiado corta. Lo recomendable, como mínimo sería llegar a los 6 meses. Llegar a lo que tienen otros países europeos parece imposible…

Siendo como es esto, entiendo que hay padres para los que sin que su hijo aprenda a dormirse sólo, el ritmo de despertares nocturnos puede impedir un descanso mínimo «compatible con una existencia decente». Ante eso hay quien dice: «La prioridad es el bienestar del niño, y ser padres es sacrificarse». Lo que traducido a coloquial significa «ajo y agua…»

Pero, por favor, vamos a ser un poco menos radicales y a entender que si unos padres no descansan mínimamente, eso afectará negativamente al niño.

Muchos, aún así optan por mantener que la mejor opción es que los padres se sacrifiquen, porque la alternativa en España durante mucho años era el método Estivill, que resulta bastante agresivo.

La verdad es que escribir todo un libro sobre este método tiene mérito. Porque consiste en resumen en que dejes al niño en la cuna y acudas a calmarlo dejando un tiempo que va en aumento (reloj en mano) entre asistencia y asistencia, hasta que el niño se resigna a que no lo vas a coger y se duerme entre sollozos. Hala, ya te has ahorrado leer el libro.

En la mayoría de las ocasiones (aunque funcione, que funciona) supone situaciones límite para el niño y los padres que ponen seriamente a prueba la relación afectiva entre ellos. Pero lo más grave a mi parecer, es que hay alternativas viables e infinitamente menos traumáticas para conseguir el mismo objetivo. Eso es lo que voy a explicar ahora.

En los que eligen que su bebé aprenda a dormir sólo, ¿cuál es el objetivo?

Un niño puede despertarse por muchos motivos durante la noche: Puede tener hambre, pedir afecto, porque esté incómodo o con dolor, pero también porque se haya despertado, quiera volver a dormirse y no sepa hacerlo sólo. Cuando unos padres se plantean que su hijo aprenda a dormirse sólo, no es para no acudir en cualquiera de esos casos. La intención es sólo que no sea necesario en el último. Si un niño llama a sus padres por hambre, necesidad de afecto, dolor o incomodidad, la única opción razonable es que sus padres resuelvan esas necesidades del niño. En la mayoría de los casos de niños «que no duermen bien», los niños duermen bien, son los padres lo que no lo hacen. Y para el niño el problema es convivir con unos padres de mal humor. Por tanto el objetivo para mejorar la calidad de vida de la familia (niños y padres) es reducir el número de despertares de los padres al mínimo necesario. Hacer compatible que se atiendan las necesidades del niño y que los padres tengan la mejor calidad de sueño posible.

Despertares de bebés que no lo son

Los niños son seres vivos. Se mueven, y hacen ruidos. Incluso durante el sueño. Cuando unos padres llevan varios meses sin dormir, llega un momento que ante cualquier signo de actividad del niño, el padre más cercano al niño (habitualmente la madre) de forma instintiva hace cosas para intentar que el niño se vuelva a dormir (hablarle, acariciarlo, mover la cuna…). Pero es que en muchos casos, el niño está en realidad dormido. De hecho algunos de los despertares pueden ser provocados por hacer esas cosas. Los niños, como los adultos, tienen ciclos de sueño. En el caso de los bebés son más breves. A veces duran unos 45 minutos. Cuando sale de un ciclo de sueño y empieza el otro, pasa por una fase en la que se mueve más, hace más ruidos. Pero generalmente, sin llegar a despertarse. Si en ese momento hacemos algo que le estimule, podemos despertarlo con facilidad. En esto la regla es clara: «Si se mueve o hace ruidos, pero sigue tranquilo, no hagas nada.» Incluso en los padres que sabiendo esto no hacen nada, el resultado es que la madre se despierta cada vez que oye a su bebé hacer alguno de estos ruiditos. Y eso no son los 5-6 despertares que los padres suelen relatar como un problema para descansar. Pueden ser 15 ó 20 veces en una noche. Es decir, calidad de sueño = 0.

Ritual para dormirse

Para conseguir que el bebé, cuando se despierte y no tenga otra necesidad que dormirse, sea capaz de hacerlo sin ayuda, la clave es ¿cuál es el ritual que usa para dormirse? Todos lo tenemos. Para dormirnos, necesitamos una serie de condiciones: Luz/oscuridad, horario, temperatura, lugar, postura, ruido o ausencia de él… Hay una serie más o menos larga dependiendo de la persona. Y los bebés y niños no son una excepción. Si el ritual para dormirse implica la presencia de los padres, cuando el niño se despierte, va a reclamar esa presencia, simplemente porque quiere dormirse y son un elemento imprescindible para realizar el ritual que le permite hacerlo. Si tiene un ritual en el que la presencia de los padres no es un elemento esencial, cuando se despierte, si tiene sueño, volverá a dormirse sin pedir ayuda.

Y ahora la clave: ¿Como hacer el cambio? Dormir sólo a un bebé sin llorar

Es decir, ¿cómo cambiar el ritual que traen los bebés de serie para dormirse, que incluye a sus padres, por uno en el que sean capaces de hacerlo sin ayuda?

Y lo principal, ¿cómo hacerlo sin que el bebé lo pase mal y no dañar la relación afectiva con sus padres? Es decir, dormir al bebé sin llorar.

Como en la mayoría de los bebés, por desgracia, el punto de inflexión suele darlo el momento de la reincorporación de la madre al trabajo, voy a centrarme como ejemplo en esa situación. Ese momento está en la mayoría de los casos entre los 4 y 6 meses.

En esta época es, además, cuando algunos padres empiezan a plantearse cuándo sacar al bebé a su propia habitación.

Vuelvo a aclarar. Si hacéis colecho y todos descansáis bien, este planteamiento sobra. Pero si vuestra calidad de sueño es pésima y eso repercute en vuestra salud o gravemente a nivel anímico, podéis intentar lo que sigue.

Vamos a ver cual es el ritual de sueño ideal para mejorar la calidad de sueño de los padres. Como hemos dicho, buscamos que los despertares de los padres sean los mínimos durante la noche. Y por mínimos se entiende aquellos en los que pueden hacer algo por su hijo (darle alimento, afecto o aliviar alguna incomodidad).

No sirve para nada al bebé que su madre se despierte cada vez que en sueños hace un gemido, ni cada vez que sale de un ciclo de sueño, si es capaz de entrar solo en el siguiente. Para lo primero, la única solución es que la madre no oiga esos gemidos o ruidos normales del niño durante el sueño que no precisan que haga nada. Y eso no tiene más que una solución, y es que el bebé duerma en otra habitación.

Cuando esto se hace, si el niño tiene hambre, quiere afecto a está incómodo con más de 4-6 meses va a llamar a su madre. Y no parará de hacerlo hasta que se alivie su necesidad. Y en esos casos hay que acudir lo antes posible y actuar en consecuencia.

En cuanto a que sepa conciliar el sueño en su cuna y sin necesitar a sus padres, es necesario el cambio de ritual. Para eso:

  1. En su dormitorio, pon junto a su cama, un asiento cómodo para ti. Del que además no te cueste trabajo levantarte con tu bebé en brazos.
  2. Cuando notes signos de sueño, acúnalo en brazos sentado en ese asiento de su dormitorio. Dándole el pecho o el biberón. De la forma que suele hacerlo.
  3. Cuando veas que está tranquilo, pero no dormido, ponlo en su cuna. Pueden pasar dos cosas:
    1. Que se quede tranquilo en la cuna y se duerma a la primera. ¡Ya está! Pero eso sería lo fácil, y también lo menos frecuente.
    2. Lo normal es que conforme te levantas, o al echarlo en la cuna, te mire como diciendo «¿pero qué haces? que estaba a punto de dormirme» o se empiece a «mosquear». Aquí viene la diferencia radical con el método Estivill: Ni se te ocurra dejarlo llorar. Cógelo de nuevo y vuelve a acunarlo en brazos, alimentándolo de nuevo si es necesario. Cuando vuelvas a ver que está tranquilo, pero no dormido, de nuevo a la cuna.
  4. Repite esa operación, una y otra vez hasta que en una de las veces tu hijo se duerme en la cuna. Eso en algunas ocasiones son 3 veces y en otras 15.

¿Qué hemos conseguido?

Hasta este momento, tu hijo se dormía siempre en tus brazos, fuera de su cuna.

Cada vez que se despertaba y quería volver a dormirse, necesitaba realizar su ritual para dormir: En tus brazos, fuera de su cuna.

Cuando conseguimos que se duerma en su cuna unas cuantas veces, hemos creado un ritual alternativo. A partir de ahora, puede elegir.

Si las condiciones son que está en su cuna y tú no estás cerca, tiene la posibilidad de realizar sin ayuda su ritual alternativo.

Le hemos dado una herramienta nueva. Al estar durmiendo fuera de vuestro cuarto, no escucharás los ruidos normales que tu hijo hace durante el sueño, con lo que tendrás menos interrupciones en el tuyo.

Pero si tiene hambre, está asustado o desea tu afecto, o tienen dolor o incomodidad por algún motivo, te llamará como hacía antes. Y lo normal es que acudas para resolver su necesidad.

¿Algo más que pueda ayudar?

Hay varios detalles que a veces ayudan en este cambio para dormir a tu bebé:

  • Tu olor puede ayudar a dormir a tu bebé. Una de los sentidos más desarrollados de los bebés es el olfato. Si las sábanas de la cuna de tu bebé las metes en tu cama y duermes con ellas la noche anterior a ponerlas en su cuna, van a oler a ti. Eso a algunos niños les hace adaptarse con más facilidad a su cuna y a su nuevo cuarto.
  • El chupe no para dormir a un bebé. Intenta no introducir elementos nuevos en el ritual que el bebé no va a poder reproducir. Explicado claro. Si tu hijo no se dormía con biberón o con chupe, no lo uses para inducirle el sueño. Ya que si lo haces, como él sólo no va a poder buscar el chupe o el biberón para cogerlo, va a seguir necesitando tu colaboración para dormirse. Si lo usaba, al hacer el cambio intenta acunarlo sin chupe ni biberón, y acostarlo sin chupe.
  • ¿Medicación para dormir a un bebé?. Hay medicamentos que se usan para intentar resolver los problemas de sueño en niños. Lo más usado son anti-histamínicos que dan sueño. Los menciono en último lugar, porque no son la solución. Pueden ayudar. Pero por sí solos no resuelven el problema. Haciendo lo anterior, si damos uno de estos medicamentos puede hacer que el número de intentos de echarlo a la cuna antes de que se quede dormido se reduzca. No menciono el nombre ni la dosis, porque lo mejor es que vuestro pediatra os recomiende el medicamento y dosis disponible en vuestro país. Pero lo fundamental en estos medicamentos es saber que puede prescindirse de ellos y que por sí solos no solucionan nada.

De nuevo os aclaro, hablando de sueño, a mi entender, en una familia la prioridad es que todos sus miembros tengan la mejor calidad de sueño posible. Hay muchos padres que hacen colecho con sus hijos y todos descansan bien. Cuando eso es así, todo lo escrito en este artículo, sobra. Haced colecho.

Espero vuestros comentarios para mejorar este artículo. Me gusta estar en Internet para aprender al compartir.

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Alta Demanda Ansiedad Autonomía Bebé de 16 meses Blog Conciliación Conducta del Bebé y el Niño Convivencia Maternidad Otros temas de Salud Infantil Rabietas

Rabietas en niños

Rabietas en niños

Esta semana se me ocurrió que sean los lectores los que decidan los temas que más les interesan.  Es algo así como que me hagáis una consulta comunitaria. Un Peketema.

De modo que en mi página de Facebook pedí que añadiéseis como comentario el tema que os gusta y escribiría esta semana un artículo sobre el que recibiese más «me gusta».

Algunos temas se han solapado un poco. Hay varias entradas sobre la dermatitis atópica. Pero el tema que se ha llevado el «premio» ha sido el de las rabietas en niños. Ha sido propuesto por tres personas:

Inma Bech Ruiz Rabietas en niños 16 Me gusta

Almudena Sanchez Perez Educación y saber estar desde temprana edad 14 Me gusta

Manoli Jimenez Arroyo Niño difícil respecto a rabietas y querer salirse siempre con la suya 3 Me gusta

Sumados ganan por goleada. Ha habido otros temas muy interesantes a mi parecer y de los que intentaré ir escribiendo poco a poco. Pero sobre el peketema ganador, Las Rabietas en niños, aquí tenéis mis consejos. Ahora faltan vuestras opiniones para enriquecerlo.

Las rabietas de los niños son algo especialmente común entre los 2 y los 4 años. Aunque algunos niños las empiezan antes de esa edad y otros siguen sufriéndolas (y haciéndolas sufrir) por encima de esa edad.

¿Qué es una rabieta?

Es una manifestación de que el niño no es capaz aún de manejar la frustración.

Desde el momento que un niño empieza a ser consciente de que es un ser independiente, y que para conseguir algunas cosas necesita la colaboración de otros, pueden aparecer.

Los niños en principio tienen necesidades y piden que se resuelvan. Y lo hacen del modo en que consideran más eficaz a su alcance.

Un niño pequeño no establece diferencias sutiles. Y cuando quiere o necesita algo, muestra su necesidad. Cuando no se le da lo que pide, se frustra y muestra su enfado. Y si sigue sin recibir lo que pide, el enfado va a más: Grita, pega, tira cosas, insulta, dice cosas “feas”…

Es una fase normal. Es la forma instintiva de responder a la falta de colaboración de los que le rodean.

Las rabietas son una de las conductas instintivas que todos tenemos codificadas en nuestro ADN para lograr lo que buscamos. Y están ahí porque hubo épocas en las que hacerlas era adecuado. Si pensáis en etapas anteriores de la humanidad en las que en una tribu había 15 niños y comida para 5, hacer rabietas, ser agresivo…. eran conductas que decidían la supervivencia. “El que no chilla no mama…”

De hecho, en esa época, cuando un niño pequeño peleaba más que los demás para lograr la comida apartando a los otros a tortas, los padres sacaban pecho: “el mío va a ser el jefe de la tribu…”

Pero esto ha cambiado. En la actualidad pegar o hacer una rabieta no funciona en nuestra sociedad. Si haces una rabieta delante del concesionario de BMW, no te van a dar un X6 (si lo hacen, avísame…).

En la actualidad hay conductas como la colaboración, convencer a los demás con argumentos, la zalamería, el pacto, el cumplimiento de normas… que funcionan mejor. Y lo que hacemos al educar es enseñar a nuestro hijo cuáles de todas las posibles conductas funcionan mejor.

Dependiendo del carácter del niño y de lo que nosotros hagamos cuando aparece una de estas situaciones, cederán antes o después las conductas inapropiadas y las sustituirá por otras que sí funcionan.

De hecho el carácter del niño está formándose y algunos aspectos se reforzarán y otros se suavizarán, dependiendo de nuestra forma de responder a su conducta.

Por tanto, en primer lugar, como padres, es importante que entendáis esto:

–        Que vuestro hijo tenga rabietas no quiere decir que seáis malos padres. El que más y el que menos, todos las tienen durante un tiempo.

–        No es que vuestro hijo sea “el niño del exorcista”, pura maldad y deseo de amargaros la existencia. Es normal. Y está empezando a definir su carácter y conocer los límites del ambiente que le rodea.  Eso es bueno. Pero no siempre es fácil.

Para reducir y manejar mejor las rabietas hay cosas que los padres podemos hacer.

Antes de la rabieta: Prevenir.

Hay situaciones en las que es previsible que va a sufrir la rabieta.

Ejemplo:

“Dando un paseo se nos ocurre meternos en una tienda de juguetes, por mirar, que no vamos a comprar nada…”

“Tengo prisa para volver a casa, puedo pasar por esta calle que tiene los columpios, o por la paralela que no. Pues echo por la de los columpios que tardo 10 segundos menos…”

“Hay cierto detalle de decoración que yo sé que al niño le gusta. No quiero que lo rompa, pero lo dejo a su alcance…”

Y hay situaciones casi inevitables:

“Los supermercados, que conocen bien el tema, ponen los expositores de chuches y juguetes cerca de la caja, para que cuando los padres vayan a comprar comida (eso no hay más remedio) con sus hijos preescolares “caigan en la trampa” mientras hacen cola. Eso no puedes evitarlo, pero si descubres un supermercado en el que no son tan “estrategas”,  puedes comprar en ese y no en el de la “trampa mortal”.

Evitar situaciones como estas precisa pensar las cosas antes de hacerlas. Pero en la mayoría de los casos merece la pena el esfuerzo.

En el momento: Calma y cabeza.

Cuando vemos que empieza a liarla, antes de llegar a la crisis, piensa:

–        ¿Puedes darle lo que pide sin perjudicarle? Dáselo. Antes de que la cosa vaya a más y empiece a hacer conductas que no quieres premiar, dale lo que pide.

–        Si no lo has hecho, con toda la tranquilidad del mundo, toca aguantar. Si un niño pega, grita, insulta… y es entonces cuando logra lo que pedía. La próxima vez que quiera algo pasará antes a la fase de pegar, gritar e insultar, que es la que le funciona. Y apúntate que si ha sido por algo que podías haberle concedido sin problema, la culpa ha sido más tuya que suya. La próxima vez piensa un poco antes de decirle que no.

–        Y si la petición en cuestión es claramente perjudicial para él concederla: Toca tranquilidad y aguante. Pegue, grite, insulte o tramite una denuncia por triplicado, la solución no es darle el cuchillo jamonero para que juegue con él o dejarle que meta la mano en el fuego o meta la aguja de punto en el enchufe… Ni tampoco por supuesto pegar más fuerte que él, gritar más alto, o insultar de forma más hiriente que él. La crianza respetuosa no es criar respetando todas las peticiones del niño, sino actuar respetando en primer lugar lo que beneficia al niño, a corto y a largo plazo. Y contradecirlo hasta donde haga falta si algo le perjudica, no es ser poco respetuosos con nuestro hijo. Es ser responsables como padres.

Después de la crisis: Afecto y diálogo.

Una vez que la crisis ha pasado, hemos llorado todos un poquito y ha bajado la temperatura de la sangre, da tu siempre el paso de ofrecer tu afecto.

Dile claramente: “No estoy enfadado y te quiero, ¿me das un abrazo?”

Cuando se entregue al abrazo (si lo la habéis soltado aún, ahora podéis soltar la lagrimita) es el momento de explicarle con toda la calma y el afecto que podáis porqué le hemos dicho que no y hemos mantenido nuestra postura. Y porqué gritar, pegar, insultar… no es una forma de conseguir las cosas y papá y mamá no van a darle nunca lo que pida de ese modo.

Como en cualquier otro tema de educación, los resultados no son inmediatos. Las cosas se aprenden a fuerza de prueba y error. Algunos lo entienden con 3 veces y otros con 30. Pero como es vuestro hijo y vosotros sois sus padres os toca repetir la operación las veces que haga falta y con la máxima tranquilidad y el mayor afecto por vuestra parte.

Si sois constantes los resultados acaban llegando. Si os dejáis llevar por la solución fácil y el salir de cada rabieta como más cómodo resulte, vais a tener problemas para rato: Hay adultos que siguen pensando que pegando, gritando o insultando se consiguen las cosas. Ya se encarga el resto del mundo de demostrarles lo que, por desgracia para ellos, no les enseñaron sus padres.

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A los que queráis profundizar más en este tema os recuerdo que tengo un eBook sobre el tema:

Crianza y Educación.

Crianza y Educación Entre el amor y la responsabilidad

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Empezar con buen pie: La alimentación complementaria

Nueva colaboración de Blanca Santos Ruiz en Mi Pediatra Online. Esta vez sobre el tema de la introducción de la alimentación complementaria. Uno de los cambios más importantes de los dos primeros años de la vida de un niño, desde su visión como madre y como pediatra.

El comienzo de la alimentación complementaria es uno de los momentos en que pueden empezar a aparecer conflictos en la alimentación. Es poco frecuente que un niño empiece a dar problemas con la comida cuando aún toma sólo leche, aunque los hay.

No voy a entrar en qué darle al niño ni en qué orden. Eso es algo que cada familia debe tratar con su pediatra. Lo que sí intento es dar MI OPINIÓN acerca de una forma natural y delicada de introducir al niño a la alimentación complementaria. Es la forma en que lo he hecho con mis hijos y os aseguro que los dos aceptaron la comida sólida de maravilla.

Lo primero que quiero es definir alimentación complementaria: es todo alimento que se da al bebé aparte de la leche, para COMPLEMENTAR su nutrición. Es decir, estos alimentos vienen a complementar la lactancia aportando los nutrientes que están poco presentes en la leche (fundamentalmente calorías y hierro, aunque también algunas vitaminas). Esto implica que el lactante debería seguir tomando leche y añadir sólo pequeñas cantidades de alimentos sólidos para aportarle un poco de hierro extra o esas calorías que le faltan. Muchas madres (y también muchos profesionales) ven el inicio de la alimentación complementaria como la ocasión para quitarle tomas de leche a los niños y aún mejor si son las tomas nocturnas. En principio esta no debería ser la meta aunque, como todo, llegará con el tiempo.

Vamos a imaginarnos a una madre frente a la primera comida sólida de su hijo. Vamos a olvidarnos por un momento de esa cucharadita de cereales que se pone en el biberón de la cena “para que nos aguante más por la noche” y vamos a imaginarnos la segunda comida que se introduce a los niños: la fruta. La madre ha ido al mercado y ha comprado su plátano, su manzana, su pera e incluso naranjas para hacerle a su peque su primera papilla. ¡Qué ilusión!. Le prepara un buen tazón y lo coloca en la trona con su babero y su cuchara. Es la hora de la merienda y el peque tiene hambre, ¡mucha hambre!. La madre llena la cuchara de papilla y se la mete en la boca su hijo, que la escupe inmediatamente haciendo guiños y aspavientos. La madre recoge lo que ha escupido y se lo vuelve a meter en la boca. El bebé vuelve la cara y saca la lengua. La madre lo llama y le enseña un muñequito. El bebé se vuelve a mirar el muñequito y la madre le mete otra cucharada, que el bebé escupe de nuevo. Esto se repite hasta que la madre comienza a frustrarse y:

            1.- la madre se da por vencida y le da un biberón.

            2.- la madre se da por vencida, pero no le da el biberón.

            3.- el bebé se pone a llorar como loco y la madre aprovecha que tiene la boca abierta para           meterle como puede el resto de la papilla.

De una forma u otra, o la madre termina por comerse ella la fruta o la tira a la basura. La cosa se complica aún más si lo que la madre intenta darle es un potito que se supone que el niño tiene que comerse entero porque “es lo que le corresponde por su edad”. En ese momento llama por teléfono la abuela. La madre le comenta que le ha dado al bebé su primera papilla sólida. Reproduzco la conversación.

–      ¿Cómo se la ha comido?- pregunta la abuela.

–      Pues lo ha escupido todo. Parece que no le gusta la fruta. – responde la madre.

–      A ningún niño le gusta la fruta. – concluye la abuela- tú insístele.

–      Le he tenido que dar el biberón. – comenta la madre preocupada.

–      No le des el biberón. Si le toca fruta no le vayas a dar el biberón, que lo malcrías. – advierte la abuela.

–      De acuerdo. – contesta la madre, sintiéndose aún peor.

¿Cuál es el final de la historia? Una batalla campal entre madre e hijo todos los días a la hora de la merienda que concluye con la rotunda afirmación: “no le gusta la fruta”. Eso en el mejor de los casos. Porque es más que probable que esa actitud se presente con el resto de la alimentación sólida, dando lugar al conocido síndrome de “mi niño no me come”.

¿Qué ha ido mal? ¿Por qué el bebé ha rechazado esa primera papilla que le hemos preparado con tanto cariño? Si lo pensamos bien, el bebé tenía todas las razones del mundo para rechazar la comida:

            1.- Era un sabor extraño.

            2.- Estaba fría.

            3.- Él tenía mucha hambre y su madre se ha empeñado en meterle una cuchara en la boca con algo no comestible (él no sabe que lo sólido es comida, porque hasta ahora lo único que le ha calmado el hambre es la leche).

            4.- Su madre se ha puesto de mal humor y aunque él lloraba pidiendo comida se ha empeñado en meterle lo otro en la boca.

¿Qué creéis que hará este bebé la próxima vez que vea a su madre con el cuenco y la cuchara a la hora de comer? Yo sé lo que YO haría.

Rebobinemos un poco. Imaginaos que la madre está comiendo un plátano. El bebé sentado en la trona acaba de merendar su biberón de leche y está de buen humor, sin mucha hambre ni mucho sueño. Observa la escena con interés e incluso hace ruiditos. La madre coge un trocito minúsculo de plátano y lo machaca bien con un tenedor. A continuación coge un poquito de la papilla con el dedo limpio y se la mete en la boca al bebé. El bebé chupa el dedo (es un acto reflejo) y hace guiños. La madre se ríe y observa a su hijo para comprobar que (como dice mi marido) no se ha puesto rojo como un tomate ni le han salido dos cabezas. En ese momento llama por teléfono la abuela. Reproduzco la conversación:

–      Ha probado el plátano – dice la madre.

–      ¿Ah, sí? ¿Y qué tal ha ido? – pregunta la abuela.

–      Ha puesto cara rara, pero bien. – contesta la madre.

–      ¿Y cuánto ha comido? – pregunta la abuela.

–      Un poquito. Sólo lo ha probado. – contesta la madre.

¿Cuál es el final de la historia? Un par de días después la madre repite la maniobra. Poco a poco, el bebé se va acostumbrando al sabor y ya no hace tantos guiños. Entonces la madre prueba con la cuchara y le da dos o tres cucharaditas. Tras un par de semanas prueba a ofrecerle primero la fruta y después la leche según la cantidad de fruta que tome, que varía entre 3 y 5 cucharaditas. Va introduciendo otras frutas de forma parecida y se las va alternando para que no se aburra.

Las 3 o 5 cucharaditas de fruta son más que suficientes para complementar las pocas necesidades del bebé que no quedan cubiertas con la lactancia. El bebé aprende que la alimentación sólida es una buena forma de nutrirse y come cosas que su madre también come (¿cuál es la prisa por darle a un bebé potito de cordero si en casa nunca comemos cordero?). Con el tiempo lo más probable es que el bebé termine por comer a la misma hora que sus padres y la misma comida que sus padre, adaptada a sus posibilidades. Este acto de humanizar al bebé y convertirlo en uno más de la familia, en vez de segregarlo a comer sólo una comida especialmente preparada para él es la base de una actitud sana hacia la alimentación y previene multitud de problemas futuros.

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¿Trastorno por déficit de atención o de motivación?

El trastorno por déficit de atención – hiperactividad (TDAH) se diagnostica cada vez con más frecuencia en niños. Tal vez con demasiada frecuencia.

Hace escasos 20 años esta enfermedad era prácticamente desconocida. Pero en la actualidad hay zonas donde se diagnostica de déficit de atención a uno de cada cinco niños o más.

El tratamiento en la mayoría de los casos es un medicamento, el metilfenidato. Es un estimulante. Para ser exactos una anfetamina. En los casos de déficit de atención reales, puede mejorar mucho la vida del niño. Pero en mi consulta veo una y otra vez diagnósticos más que dudosos.

Y en muchos casos existen alternativas al tratamiento menos agresivas y con menos efectos secundarios.

El primer problema es que creo que se diagnostica demasiado. ¿Y esto por qué?

Pues a mi parecer, el motivo es que no se tienen claras ciertas cosas:

¿Qué es de verdad el Trastorno por déficit de atención – hiperactividad o TDAH?

Es un defecto del cerebro. En las personas que lo sufren (también los hay adultos), la parte anterior del cerebro, que es la que regula la conducta, es menos activa de lo normal. Eso hace que les cueste mantener la atención y que su conducta sea desordenada.

Una de las cosas que resulta llamativa es que en los niños hiper-activos se use un estimulante como tratamiento. Pero es porque el efecto de los estimulantes en estas personas es diferente al que cabría esperar. Como el problema es que la parte que controla la conducta está como adormecida (por eso actúan de forma desordenada, lo que hace que les llamen hiper-activos), al darle un estimulante esta zona del cerebro se activa, tomando el control de la conducta. Pasa a actuar de una forma más centrada y controlada.

Del mismo modo, si le damos algún medicamento que habitualmente produce somnolencia (como los antihistamínicos) responden poniéndose más nerviosos.

La forma en que reaccionan ante estimulantes y medicamento que dan sueño es para mí más clara para diagnosticar un TDAH que cualquier otro test.

El problema a veces es que para hacer el diagnóstico se recurre a test basados en preguntas y respuestas.

Es cada vez más habitual que en los colegios se hagan evaluaciones psicológicas a los alumnos. Entre las pruebas que se realizan está cada vez con más frecuencia el diagnóstico de TDAH. Para eso se pasa un Test de preguntas y respuestas en el que se valora la capacidad de concentración del niño.

En algunos casos se pasan esas mismas pruebas en niños que tienen problemas de rendimiento escolar y ya se sospecha que pueda sufrirlo.

El problema es que en un niño que tiene mal rendimiento escolar porque los estudios no le motivan o le aburren (lo que puede hacerle parecer despistado), al pasar este tipo de prueba puede también tener la misma falta de motivación y que los resultados respalden la sospecha sin que sea real.

La falta de motivación de los niños en los estudios sí es cada vez más frecuente. Y yo creo que gran parte del diagnóstico que hoy en día se hace de TDAH corresponde en realidad a niños con falta de motivación.

Con mucha frecuencia llegan a mi consulta niños a los que se ha diagnosticado o catalogado como sospecha de TDAH y que en realidad no lo sufren.

¿Porqué creo que se tiende a sobre-diagnosticar y porqué es un problema?

Pues porque es más sencillo pensar que el problema de nuestro hijo se soluciona «dándole una pastillita» que abordar un problema psicológico como es la falta de motivación. Y más en adolescentes.

Ante esto se está viendo cada vez más niños diagnosticados de TDAH con efectos secundarios de la medicación y sin mejora de su supuesto TDAH.

Pero lo más grave no es eso, sino que muchos padres llegan a la conclusión de que diagnosticado y tratado; no ha funcionado; luego no hay solución. Se pasa por encima de lo que es más frecuente: la falta de motivación. Y no se hace nada, quedando estos niños tras el fracaso diagnóstico y de tratamiento sumidos en el fracaso escolar.

Otros aspectos a tener en cuenta

Ir más allá del tratamiento puramente farmacológico

De hecho yo prefiero empezar por otros enfoques. No puedo negar que soy un gran amante de la psicología. Y que veo a la Psiquiatría como un paliativo de nuestra incapacidad en muchos casos de dar soluciones más adecuadas. Recurrir a las anfetaminas y punto es un abordaje muy pobre incluso en los casos en los que el TADH está bien diagnosticado y en los que el niño mejora con el fármaco. Porque lo hace depender de él.

Hay muchos factores que pueden mejorar la hiperactividad y el déficit de atención con y aún sin el tratamiento farmacológico

Alimentación:

Se ha visto que en muchos niños el exceso de azúcar en la dieta, de grasas trans y de aditivos alimentarios como colorantes y conservantes empeoran el TADH y que dar una dieta en la que reduzcamos lo más posible estas sustancias supone una clara mejoría. Merece la pena controlar este aspecto.

Sueño:

Entre lo que presenta un niño con TADH y lo que podemos ver en un niño cuya calidad o tiempo de sueño es pobre no hay mucha diferencia: Tendrá dificultad para concentrarse y una conducta más desordenada. Y en muchos casos cosas tan simples como no dejar que un niño tenga televisión, ordenador, tablet o móvil en su habitación e insistir en que se vayan a la cama antes y sin estas distracciones es más que suficiente para apreciar una mejora en su conducta.

Apoyo psicológico:

Que un niño aprenda técnicas de concentración y relajación y los padres usen estrategias adecuadas para reforzar la motivación del niño, supera con mucho a largo plazo los beneficios de cualquier fármaco. Esto es algo en lo que no me da miedo generalizar. Siempre es mejor tener las herramientas para afrontar problemas vitales en nuestro interior, que depositar nuestra capacidad de adaptarnos a ellos en una pastilla que mañana puede o no estar ahí.

Incluso si nos garantizasen que nunca nos faltará, no hay mejor pastilla para trata la mente que la que nuestra propia mente es capaz de fabricar, adaptar a nuestras particularidades y regular según nuestras necesidades. Eso lo hace superar los problemas desde la psicología. Jamás lo consigue la farmacología.

La farmacología sólo nos ayuda en esos casos en los que la situación de partida psicológica es tan pobre que dificulta mucho dar los pasos iniciales. Pero esto es la excepción, no la regla.

 

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Criar y educar niños: Peketip 7

Educar es como sembrar. Se basa en la confianza de que hacemos las cosas adecuadas, en la paciencia para esperar los resultados y en el respeto al proceso de crecimiento. Educa con cariño, calma y observa cómo responde tu hijo confiando en él.

Criar no es crear. Es decir, nuestro hijo no es algo maleable que acabará siendo lo que queramos que sea.

Es un ser independiente y autónomo, con sus propias formas de adaptarse a este mundo.

Eso genera miedos en muchos padres que no saben si lo que hacen día a día será lo adecuado. Si partimos del amor que tenemos a nuestro hijo e intentamos ser flexibles, debemos tener esa confianza en que hacemos lo mejor que puede salir de nosotros. Y a su vez debemos confiar en su capacidad de adaptarse de forma adecuada. De modo que observemos los indicios que nos da cada día sobre si lo que hacemos le ayuda o le entorpece, y cambiemos en función de lo que veamos en él.

El tiempo nos dirá cómo lo hicimos, pero no vivas con ese miedo, ya que no es buen compañero de viaje. Disfruta de tu hijo y confía en él. Eso te ayudará mucho más a hacerlo mejor como padre o madre.

Peketip 6
Peketip 8

 

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