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Problemas concretos del sueño en niños

Los problemas más frecuentes del sueño en niños

Causas más frecuentes de problemas durante el sueño en niños. Cuáles son y cómo resolverlos.

 

Hasta aquí me he centrado en entender como funciona el sueño normal y como iniciar un correcto hábito de sueño desde el principio.

A partir de ahora nos centraremos en los problemas más frecuentes para que sirvan como ejemplo y los entendamos mejor.

 

 

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Niños que se despiertan mucho de noche

Niños que se despiertan mucho durante la noche. Descubre las causas más frecuentes y cómo solucionarlas.

Lo primero que debéis tener claro. En este artículo hablo mucho de sacar al niño del cuarto de los padres. Si hacéis colecho y dormís bien, y por tanto no sentís la necesidad de que vuestro hijo aprenda a dormir sólo en este momento, este artículo no es para vosotros, continuad con el colecho.

El problema en muchos niños no es la dificultad para dormirse, sino que se despiertan con “demasiada” frecuencia.

En esta primera frase ya hay dos conceptos a aclarar: se despiertan y frecuencia.

Se despiertan: Uno de los errores más frecuentes de los padres durante el sueño de sus hijos es interpretar que se despiertan, cuando en muchos casos no es así.

Todos los niños pequeños hacen ruido mientras duermen. Unas veces porque están soñando, en otras ocasiones son pequeños gemidos que emiten durante el sueño.

Y otras veces porque está acabando un ciclo de sueño y empezando el siguiente y puede “acunarse” solo.

En ninguno de esos casos el niño está realmente despierto.

Pero aquellos padres que tienen excesiva tendencia a intervenir cuando oyen estos sonidos acaban despertándolos.

La regla que se deduce es clara:

“Si hace ruido

pero no llora y tiene los ojos cerrados,

no hagas NADA”.

Facilitar el cumplimiento de esta regla es uno de los objetivos de sacar la cuna del dormitorio de los padres no más tarde de los 6 meses en aquello niños cuyos padres quieren que aprendan a dormir solos.

Frecuencia: Todos nos despertamos habitualmente durante la noche. Nuestro sueño sigue ciclos que en los adultos son de unos 90 minutos y en los niños aún más cortos (30-40 minutos).

Por lo general no llegamos a despertarnos del todo entre ciclo y ciclo. Pero lo que hacemos, sin darnos cuenta en ese momento, puede interpretarse como que se está despertando sin ser así.

Sí hay casos en que los despertares son muy frecuentes.

No hay una cantidad fija normal, pero un niño suele despertarse por la noche cada vez menos veces cuando va creciendo.

Esto no es así cuando se hace colecho. En ese caso los despertares pueden hacerse más frecuentes entre los 4 y los 15 meses.

Errores que favorecen los despertares cada vez más frecuentes:

El primero, lo estáis despertando vosotros, cuando él estaba dormido:

“Si hace ruido

pero no llora y tiene los ojos cerrados,

no hagas NADA”.

A este respecto y hablando de lactantes conviene distinguir dos situaciones frecuentes que si los padres no interpretan bien generan problemas:

El niño está soñando. Se mueve inquieto en la cuna emitiendo sonidos como gemidos. Pero tiene los ojos cerrados.

– Ha terminado un ciclo de sueño y va a iniciar otro. Igual que en el caso anterior emite gemidos, está inquieto y los ojos cerrados o los abre de forma intermitente pero con facilidad para cerrarlos, bostezos, se estira y se relaja…

En ambos casos (especialmente en el segundo) si los padres hacen algo es muy probable que le despierten. Y si le despiertan es fácil que tarden bastante en volver a dormirlo. O sea, “noche toledana”.

Si queremos que el niño aprenda a dormir solo la cuna debe estar fuera del cuarto de los padres antes de los 6 meses (yo recomiendo entre los 4 y 6 meses).

De nuevo, vamos con el porqué:

Los niños conforme van creciendo, van controlando cada vez más su entorno.

Alrededor de los 4-6 meses la mayoría ya se dan cuenta, si se despiertan, de que sus padres están al lado.

Si el niño al despertarse te ve, te oye, o simplemente nota tu presencia, es mucho más probable que reclame tu atención que si no te ve.

Con la edad de la que hablamos ya no existe la muerte súbita del lactante, con lo que el miedo a que le pase algo y no te enteres debe reducirse. Si le ocurre algo mínimamente importante llorará y te enterarás.

De lo que no te enterarás será de las 200 veces que a lo largo de la noche hace ruiditos sin importancia y que si duerme a tu lado puede impedirte descansar de verdad.

Y como he dicho en otras ocasiones, pensando en el sueño, la calidad del sueño de los padres es importante para la calidad de vida de los niños.

De hecho, con esa edad, la madre que duerme con la cuna al lado (suele ser la madre, que le vamos a hacer), cada vez que nota uno de esos ruiditos (200 en toda la noche), llega un momento en que ya de forma casi inconsciente (está hecha polvo a estas alturas), echa mano a la cuna para moverla, ponerle el chupe, hace ruiditos que tranquilicen al bebé… y en más de un caso, lo despierta.

El segundo error frecuente:

Hemos introducido en su ritual para dormirse algo que favorece que se despierte al poco tiempo.

El ejemplo más claro y más frecuente de esto es dormir al niño con el biberón.

Muchos padres toman la costumbre, cada vez que el niño se despierta o simplemente está inquieto (aunque esté dormido) de “enchufarle” el biberón con agua, manzanilla, leche…

Si un niño bebe mucho, filtra más orina, llena la vejiga, esto le incomoda y puede despertarle con más frecuencia. A lo que se suele responder dándole más líquido para volver a dormirlo… Y así toda la noche.

Pero además hace necesario cambiar una o más veces el pañal para que no acabe empapado hasta las orejas: Nuevos despertares que rompen el ritmo de sueño del niño y de los padres.

Solución si pasa esto, si ya le habéis acostumbrado:

“Reducid progresivamente la cantidad de líquido que le dais, hasta que dejéis de darle o le deis una cantidad razonable (no más de 100 ml en toda la noche).”

No se va a deshidratar y al final comerá de día lo que le dabais de noche.

De hecho alimentarlo dormido es una de las causas más habituales de que el niño coma mal despierto.

Hay otros despertares, como los causados por las pesadillas o los problemas respiratorios mientras duerme que se tratarán en apartados posteriores.

Cuando lo que prefieren los padres es hacer colecho y eligen que siga durmiendo con ellos, es habitual que los niños aumenten el número de despertares entre los 4 y los 15 meses. A partir de esa edad suelen reducirse.

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Inducción del sueño en niños

Inducción del sueño en niños

Ritual para que un niño aprenda a dormirse solo. Consejos para acostarlos a dormir.

 

Todos nos dormimos realizando nuestro ritual de sueño.

 

Voy a daros un ejemplo de cómo hacer ese ritual en niños cuando lo que queremos es que aprendan a dormir solos.

 

Todo lo expuesto aquí esta pensado para empezar a hacerlo desde el primer día. Pero la mayoría de los padres no se plantean en serio el tema antes del mes o los dos meses.

 

Cuando más tiempo lleven haciéndose las cosas de un modo concreto, más difícil será cambiarlas después.


En algunos casos, como por ejemplo en niños con cólico del lactante, plantearse lo que sigue es poco realista antes de los 5-6 meses, ya que en estos niños una de las prioridades es que coman hasta que se sacien y se duermen al pecho mientras toman. En estos niños la educación del sueño es secundaria.


Cuando queremos empezar a habituar al niño a dormir solo, se facilita el cambio sacándolo del dormitorio de los padres a partir de los 5-6 meses.


Para aquellos padres que prefieren hacer colecho, sobra la explicación que sigue.


Y no hay una opción correcta y otra incorrecta. Depende de los padres y del niño.



 

En primer lugar el momento adecuado.


Os recomiendo en los niños menores de dos años (no hay una barrera antes de dos años – después de dos años, es orientativo) que se acuesten entre las 20:30 y las 21:30.

 

En este aspecto es especialmente importante la regularidad. Como ya dije, si un día nos saltamos su momento de dormirse, dad por hecho que no hay nada que hacer hasta unas 2 horas después.

 

Un ritual que suele dar buen resultado, es:

Baño, comida, mimitos y a la cuna.

 

Baño: Algunos niños se relajan con el baño (la mayoría). Otros se activan. Pero incluso en los que se activan momentáneamente, cuando los vestimos limpitos, les damos de comer y les tranquilizamos un poquito tienden a caer. Y el baño debe ser tranquilo, puede entretenerse un poco con un juguete, pero no es cuestión de liar “el asalto de los piratas” cuando queremos que se duerma al poco rato.

 

Comida: Conviene que coma tranquilo, sin forzarle, si sois de los que estáis “en guerra con en niño” por el tema de la comida, en la cena no es el momento de la batalla (de hecho soy de los que piensan que la mejor forma de ganar esa guerra es no plantar nunca batalla). Como si se acuesta sin comer prácticamente. En este momento es más importante la tranquilidad.

 

Mimitos: En esta fase se puede coger en brazos y hablarle con suavidad.

 

Aquí es donde está una de las claves. El error más frecuente para dormir a un niño está en que su necesidad de mimitos puede ir haciéndose progresivamente mayor, con lo que el rato de tranquilizarlo que inicialmente era de 5 minutos, más de una vez acaba alargándose una hora o más.

 

El objetivo es que ese rato sea cada vez más corto o que se mantenga, no más largo.

 

A la cuna: Aquí está la segunda clave. Hay que acostarlo en la cuna tranquilo, pero no dormido.

 

Si el niño se duerme fuera de la cuna, cuando se despierta en ella no es capaz de volver a dormirse.

 

No porque, como dicen algunos, se le quede grabada una imagen del sitio donde se durmió y si al despertarse ve algo diferente le dé un ataque de pánico.

 

Recuerdo una niña de cuatro años que cada vez que se despertaba de noche exigía que la bajaran al salón, para acostarse en el sofá viendo la televisión. Haciendo eso se dormía enseguida, pero era incapaz de hacerlo en su cuarto. No es que la niña quisiera hacer la puñeta a sus padres. Adivinad cómo la habían acostumbrado a dormirse cada noche…

 

Que un día se te duerma en brazos no quiere decir que debas despertarlo para echarlo a la cuna despierto.

 

Lo importante en educación es la norma, no la excepción.

 

Si un niño por norma se duerme en brazos, cuando se despierte necesitará repetir su ritual para dormirse, y éste incluye el estar en brazos, por lo que si se despierta pedirá tu colaboración para dormirse cada vez.

 

Si un niño por norma se duerme solo, cada vez que se despierta es capaz de dormirse solo de nuevo, con lo que te llamará cuando tenga hambre, esté incómodo o tenga necesidad de seguridad o cariño, pero si lo que quiere es simplemente dormirse de nuevo, lo hará él solito.

 

Éste es el objetivo de enseñarle a dormir solo, no pretendemos que renuncie al afecto de sus padres, ni que se quede a dieta de noche si tiene hambre, o se aguante con un pañal que le irrita. Sólo que si lo que tiene es sueño, sepa dormirse por sí mismo.

 

Truco: Para los niños muy pequeños (menos de 3 meses) a los que les gusta mucho estar en brazos, funciona a veces poner en la cuna una prenda de la madre impregnada con su olor. (Puedes por ejemplo dormir sobre la sábana de su cuna la noche anterior a cambiársela).

 

Esto se basa en que uno de los sentidos más desarrollados de los niños de menos de 3 meses es el olfato y tiene una íntima relación con la parte del cerebro que procesa las emociones.

 

A muchos niños eso les hace sentirse más seguros.

 

Estos dos últimos pasos del ritual (tranquilizarlo y a la cuna antes de que se duerma) son los que repetimos si el niño se despierta de nuevo durante la noche, pero teniendo claros los matices destacados:

El objetivo es reducir progresivamente el tiempo necesario para tranquilizarlo, y conviene acostarlo antes de que se duerma del todo.

 

 

 

A modo de resumen, los errores que conviene evitar si queremos que un niño aprenda a dormir solo:


Evitar cambios importantes en la hora de dormir. Si cada día lo acostamos a una hora según “nuestra muy nutrida agenda social”, el niño se encargará de completarla con “noches inolvidables”.


No hacer cosas que excitan al niño y le estimulan a seguir despierto: Como ver dibujos animados mientras cena o cualquier actividad que va a querer prolongar. Si hacemos esto es fácil que se rebele cuando le digamos que ya toca dormir.


Por mucho que pueda gustarnos hacerle mimitos, incluso si nos gusta más que a él, no debe ir progresivamente alargándose, o llegará el momento en que lo haga más de lo razonable. Pensad que eso mismo pedirá cuando quiera dormirse tras un despertar de los que tendrá varios a lo largo de la noche.


No interrumpir el proceso por continuos ajustes de condiciones supuestamente necesarios y secundarios. Como: “hay una rendijita de luz, bajad la voz, ir a por tal o cual objeto imprescindible…” Una de las principales características de los adultos con insomnio, es la necesidad excesiva de ajustes secundarios y la interrupción continua del ritual para dormirse por motivos innecesarios, que se aprende desde pequeños.


No dormirlo en brazos normalmente: Si se duerme en brazos, cada vez que se despierte y quiera dormirse, pedirá de nuevo brazos.


No echarlo ya dormido en la cuna: Si se duerme fuera de la cuna cuando se despierta querrá que lo saquéis de ella, para dormirse en el sitio en que suele hacerlo.

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Se le escapa la orina

Se le escapa la orina

Se le escapa la orina ¿Porqué algunos niños que ya controlaban la orina tienen escapes durante el día y la noche? La vejiga hiperactiva y cómo tratarla.

Hay niños que tras controlar la orina de forma normal, empiezan a:

  • Tener urgencia por ir al baño.
  • Van con poca frecuencia. (No es por infección, en la que tienden a ir con frecuencia). Con bastante frecuencia porque no se sienten cómodos yendo al baño más que en casa o acompañados por un familiar en el que tienen confianza.
  • De vez en cuando tienen pequeños escapes, tanto de día como de noche. Pero más habituales de día.

Es frecuente, que pasada la fase de controlar la orina en el preescolar, los niños empiecen a aguantar cada vez más tiempo sin ir al baño a orinar. Pero algunos, aguantan tanto, que la vejiga se llena mucho. Cuando las paredes de la vejiga están a demasiada tensión, las fibras musculares que la forman, empiezan a irritarse. Y responden contrayéndose. El resultado son como pequeños apretones muy seguidos, que dan la sensación de que hay que ir urgentemente a orinar, porque se escapa. Estos escapes se pueden producir con más asiduidad de día, pero también de noche.

Se diferencia de la enuresis nocturna primaria con facilidad porque en ésta:

  • La orina se escapa sólo de noche. En la vejiga hiperactiva se escapa más de día.
  • Durante el día no hay urgencia para ir al baño. En la vejiga hiperactiva lo que la define es esa urgencia por ir al baño.

El tratamiento en la vejiga hiperactiva, tiene varias posibilidades:

  • Medicación (consulta a tu pediatra)
  • Reeducación de la vejiga. Lo que os recomiendo para empezar.

Esto último consiste en lo siguiente:

Hay que recordar al niño, que vaya con mucha frecuencia al baño. Incluso si tiene edad suficiente dadle un reloj o un móvil con una alarma configurada para sonar durante el día cada 2 horas, que le recuerde que debe ir al baño.

Al vaciar la vejiga con más frecuencia, la pared está más relajada, y los músculos menos irritables.

Tras una fase de reeducación y una vez que pasen un par de semanas sin producirse escapes, podrá aumentarse el tiempo entre las micciones pero recordando al niño que no pase demasiado tiempo sin orinar y acostumbrándolo a que no se aguante. Reconociendo el niño cualquier insinuación de escape o molestia en la parte baja de la barriga, como un recordatorio de que debe ir al baño cuanto antes.

En segundo lugar es importante en estos niños corregir el estreñimiento, si es que existe. Lo que es bastante habitual. Ya que la retención de heces potencia la vejiga hiperactiva.

También hay niños que pueden llegar a orinarse durante el día cuando ya lo controlaban perfectamente por otros motivos. Entre los más habituales están:

  • Infección de orina.
  • Vulvovaginitis en niñas (en estos casos, a veces la causa si son muy repetitivas es que tenga lombrices).
  • Problemas psicológicos. Una llamada de atención o una manifestación de que algo no va bien en su vida (un nuevo hermano, problemas entre sus padres, nuevo colegio, problemas con algún compañero de clase…)

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Se ha estreñido al quitarle el pañal

Cómo quitar el pañal bien. No cometas el error más habitual: Generar un estreñimiento por hacer las cosas de forma inadecuada.

El momento de quitar el pañal

Hay niños que están preparados antes y que otros para dejar el pañal.

Algunas guarderías intentan hacerlo al mismo tiempo en todos los niños de una clase.

Lo hacen porque la imitación a veces ayuda.

El problema puede venir si hay niños con una edad muy diferente.

Los que en clase han nacido en diciembre no pueden, en su mayoría, hacerlo al mismo tiempo que los que nacieron a principios de año. Un año en esa edad es un abismo.

Incluso en niños de igual edad puede haber diferencias de madurez importantes.

La mayoría suelen estar preparados en torno a los dos años.

Y suele preferirse para intentar quitar el pañal el buen tiempo: a partir de la primavera.

La razón es que:

  • Llevan menos ropa que manchar y lavar.
  • Se seca con más facilidad.
  • Si se mojan accidentalmente pasan menos frío.

Así, suele intentarse la primera primavera-verano que el niño tiene ya los dos años (o casi). El objetivo es motivarlo para que nos avise cuando tiene ganas de hacer caca o pipí. Intentamos que llegue hasta el servicio o el orinal, y sea capaz de hacer allí.

Dónde puede hacer caca cuando quitamos el pañal

En principio, la mayoría de los niños no se ven seguros en un váter de tamaño normal. Por lo que en muchos casos la mejor opción es el orinal. Aunque si aceptan de entrada el váter normal, un paso menos que hay que dar después.

Con la caca:

Obserbad si el niño tiene una hora en la que habitualmente hace caca. Conviene animarlo en ese momento a que pruebre a hacer caca en el orinal, celebrando si lo consigue.

Si no lo consigue, ponedle de nuevo el pañal. Así le daremos la ocasión de hacer en el pañal si lo prefiere.

En los niños a los que cuesta entender el tema podemos dar un paso intermedio: que haga caca con el pañal, pero sentado en el váter o el orinal.

Así entienden que el sitio adecuado para hacerlo es ese. Cuando ya lo hace así es más fácil que eliminando el pañal lo siga haciendo allí.

El horario para hacer caca cuando quitamos el pañal

Una de las cosas que más ayudan a quitar el pañal es tener un horario más o menos claro.

estreñido al quitar el pañal

 

Si tu hijo tiene tendencia a hacerlo en una hora concreta y esa hora suele estar en casa tranquilo, es lo ideal.

Solucionar el estreñimiento si lo hay antes de quitar el pañal

En niños que tienen tendencia a estreñirse y no tiene un horario claro para hacer caca recomiendo lo siguiente (sólo en los que tienen esta tendencia a estreñirse):

  • Usar un laxante desde unos días antes de intentar retirar el pañal.
  • El laxante se daría un par de horas antes del momento del día en que deseamos que le de ganas de hacer caca.

Conviene que sea una hora a la que habitualmente estemos tranquilos en casa, para que sea un ritmo que podamos mantener de forma regular.

El laxante que suelo recomendar es la lactulosa. Y la dosis puede empezarse por 2ml y subir o bajar la cantidad poco a poco (medio mililitro más o menos cada día) según el efecto que le haga.

Suele tardar en hacer efecto un par de horas.

Cuando veamos que lleva varios días haciendo caca «como un reloj», podemos animarle a que se siente en el orinal para hacer la caca.

Si lo conseguimos durante varios días seguidos, podemos ir reduciendo la cantidad de laxante poco a poco al tiempo que insistimos en más fribra en la dieta y procuramos no darle más de medio litro de lácteos al día.

Controlar el pipí para quitar el pañal

Una vez que la caca se controla de forma regular, es cuando podemos probar a quitar el pañal también para el pipí.

Para evitar los escapes de orina hay que invitar al niño a hacer pipí cada hora: Poneos la alarma en el móvil, para no olvidarlo.

Si lo conseguimos y vemos que aguanta bien cada hora sin escapes, pasamos a no avisarle antes de la hora y media.

Si sigue controlando, lo ponemos cada dos horas… Hasta que llegue un momento que sistemáticamente nos avise.

Si en cualquier momento se ve inquieto, invitadlo a ir al baño y recordádselo como máximo cada 3 ó 4 horas durante al menos los 2 años siguientes.

En ningún caso intentéis esto antes de tener regulada la caca.

Aún controlando el pipí de día no debéis quitarle el pañal por las noches hasta que apreciéis que se levanta con él seco casi todas las mañanas.

Se considera normal que un niño no controle de noche hasta los 5 años. A partir de ahí se considera Enuresis Nocturna Primaria.

Si lo hemos hecho mal y se ha estreñido al quitar el pañal

Si al intentar quitar el pañal, se ha estreñido hasta el punto de hacer la caca tan dura que le ha hecho una herida al salir (fisura anal), deberemos resolver el estreñimiento.

A veces no se ve la herida, pero el niño se resiste a hacer caca por el dolor y mancha con algo de sangre en algunas ocasiones al final de la caca. Si ocurre esto es que tiene la fisura.

Yo suelo usar la Lactulosa en dosis creciente (no hay dosis fija en la lactulosa, no es tóxica y se puede subir poco a poco hasta conseguir nuestro objetivo) hasta que se suelta. Luego se mantiene la dosis necesaria para que haga todos los días, blando, durante unos 10 días. Suele ser el tiempo necesario para que le pierdan el miedo y se cure la fisura.

Si tras los 10 días hace ya de forma regular y sin dolor la Lactulosa se reduce progresivamente dando un mililitro menos cada día hasta suspenderla del todo.

La retirada del laxante debe acompañarse de un aumento de fibra en la dieta.

Si al bajar la dosis de laxante empieza a estreñirse es mejor aumentar de nuevo su dosis que llegar a hacerse una nueva fisura anal.

No le tengáis miedo al laxante. A veces es necesario darlo durante meses. Es preferible eso a que el niño refuerce su miedo a hacer caca por el dolor.

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Los padres y madres perfectos no existen

Nadie es perfecto. Como padre o madre, te equivocarás. Deja de pretender ser en la paternidad lo que nadie es en nada. Y disfruta de tu hijo.

Si lees guías de ayuda a padres y madres, es porque te preocupa la educación y la salud de tu hijo.

O sea, que si lees esto, como cualquier madre o padre que se precie, intentas hacer las cosas lo mejor posible.

No quieres hacer daño a tu hijo involuntariamente. Y si es posible, quiere hacerlo todo, lo mejor que puedas.

Además, siempre tienes gente cerca que te aconseja cómo hacer las cosas con tu hijo.

Yo suelo decir que el deporte nacional no es el fútbol, no son los toros: Es calentarle la «cabeza» a los padres.

No es, en la mayoría de los casos, fruto de la mala voluntad, sino de la buena intención.

Los que rodean a los padres, habitualmente, cuando ven algún problema, tienden a dar consejos.

Unos tienen más fundamento y otros menos. Unos tienen un punto de comprensión, y otros de crítica.

Pero al final, es frecuente que las madres y los padres se sientan juzgados, inseguros y culpables. Porque piensan que nunca hacen las cosas todo lo bien que deberían en la crianza de sus hijos.

Me he decidido a escribir este artículo, porque veo en mi trabajo muchos padres y madres que están tan agobiados con hacer las cosas perfectas, que son incapaces de disfrutar de sus hijos. Están abrumados por un mar de dudas y detalles que les superan. Intentan hacerlo todo tan perfecto que es imposible. Y siempre hay algo que falla.

Algunos, además se culpabilizan en cuanto al niño le pasa algo: «Se le ha irritado el culete porque no le cambio el pañal con bastante frecuencia.» «No gana bastante peso porque no se alimentarlo.» «Es un consentido porque no sé educarlo.» «Se ha resfriado porque no lo abrigué bien.»…

Cuando no se le ocurre al padre o a la madre de forma espontánea, no falta el que lo sugiere desde fuera.

Y luego están los «expertos» que te dicen cómo debes actuar en cada momento: El pediatra, La super nanny, a veces un familiar…

Muchos te dan órdenes directamente, como si tu hijo te lo hubiesen prestado, pero fuese suyo…

Para algunos de ellos no hay más que una forma correcta de hacer las cosas: La suya.

Y funciona igual de bien en cualquier niño. Si no funciona, es que tú lo haces mal.

Y luego encuentras toda clase de expertos famosos. Algunos ya casi «están en los altares». Te cuentan lo maravilloso que es hacer las cosas a su manera y quedáis totalmente convencidos. Luego llega la realidad, el día a día y resulta que no siempre es tan fácil, y que cuando buscas una solución a los problemas reales, obtienes respuestas vagas para volver a lo mismo: La forma correcta.

El mensaje que yo quisiera que saquéis de esta lectura es el siguiente:

En este mundo nada es «perfecto». Ni lo somos nosotros, ni lo serán nuestros hijos.

Intentad informaros, intentar hacerlo «bien». Pero que no os agobie tanto el tema como para que vuestra experiencia de paternidad esté dominada por la ansiedad o la culpa.

Si disfrutáis de la crianza y os agobiáis menos, seguramente vuestro hijo será más feliz. Y ese es sin duda el objetivo.