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Destete Respetuoso: No ofrecer, no negar

Destete respetuoso. No ofrecer, no negar.

Hay muchas situaciones en las que se puede decidir finalizar la lactancia materna: ¿Cómo hacerlo de forma respetuosa?

Hablar de destete respetuoso tiene tres vertientes:

Respetar la decisión de las dos únicas personas implicadas en ello: La madre y el lactante.

Hoy en día se hace mucha divulgación de apoyo a la lactancia. Tanta que a veces olvidamos que hay casos en los cuales una madre escoge o necesita no darla. No debe sentirse culpable por ello, y nadie tiene derecho a juzgarla. También hay casos en que los niños no van bien con lactancia materna. Muchos de esos casos son solucionables, pero otros no. Por eso el momento del destete es cuando la madre o el niño lo deciden o hay un problema que no somos capaces de solucionar y afecta seriamente al bienestar de ambos. La opinión de los demás sobra. No hay una edad definida para el destete. Decir que por encima de cierta edad la lactancia es perjudicial o inútil es Mentira.

Respetar el ritmo de destete que cada niño necesite.

Cuando la decisión de no tomar más el pecho surge del niño la cosa es más fácil y es lo ideal. Puede ocurrir de forma progresiva (lo más habitual) o de golpe (mucho más raro). Si ocurre de golpe el problema suele ser para la madre (¿qué hago ahora con esa leche y cómo reduzco la producción sin molestias?). Pero hay casos en los que aunque el niño no quiera dejar el pecho la madre necesita que ocurra (no voy a entrar en concretar cuales, de nuevo respeto, es la madre la única cualificada para decidirlo). En estos casos hay dos opciones: El tratamiento hormonal para detener la producción de forma radical o la retirada paulatina. Yo recomiendo la segunda siempre que sea posible (a veces por motivos de salud de la madre es necesario una eliminación rápida). Al final hablaré de esa retirada paulatina: No ofrecer, no negar.

Respetar al cuerpo de la madre para evitar problemas habituales.

Cuando se usa medicación para retirar la lactancia de golpe pueden surgir problemas. Evidentemente el pecho no deja de producir en 10 minutos y la adaptación rápida de un pecho productivo a uno improductivo puede llevar a veces a ingurgitaciones, mastitis… Cualquier cambio de adaptación del cuerpo es siempre mejor si se hace de forma gradual. Hay casos en los que por motivos de salud de la madre importantes no tenemos ese tiempo y entonces usamos la medicación. Pero siempre que se pueda es mejor la retirada paulatina.

¿Has pensado en dejar el pecho porque no duermes?

Sólo un apunte más: De los motivos por los que muchas madres me cuentan que quieren dejar la lactancia, el más frecuente es que el bebé pide con tanta frecuencia el pecho de noche que hace imposible el descanso. Suele ocurrir a partir de los 5-6 meses. Cuando los patrones de sueño se definen. Para muchos niños el ritual de sueño es precisamente tomar el pecho. Cuando esto ocurre existe la alternativa de cambiar el ritual de sueño y mantener el pecho con tan sólo un destete nocturno.

No ofrecer, no negar

Sea cual sea el motivo por el que finalmente hemos decidido dejar de dar el pecho a un niño que lo tomaba ya de forma estable, la mejor opción que conozco para el destete es ésta:

  1. Si tu hijo te pide el pecho dáselo. Evitas así que se sienta rechazado.
  2. Pero si no lo pide no se lo ofrezcas. Lo que en la práctica supone que las tomas se van espaciando y el pecho va a producir cada vez menos hasta que llegue un momento en que ya no dé leche.

Este proceso puede durar a veces varios meses. Lo normal es que sea de unas semanas. Será más corto cuanto más preparado estuviese el niño para prescindir del pecho, tanto desde el punto de vista afectivo como el nutricional. Y os recomiendo que no lo forcéis.

Desde el punto de vista afectivo, al tiempo que ofreces menos el pecho, aumenta tus otras muestras de afecto. E intenta cuando le das el pecho no hacerlo con quejas o mal humor. Esto es importante para que el niño no viva el destete como un rechazo.

Esta decisión es reversible en cualquier momento si el niño sigue aceptando el pecho. Basta con aumentar la frecuencia de las tomas que le ofrecemos para de nuevo volver a tener pecho suficiente.

¿Y en cuanto a lácteos alternativos al pecho? Depende de la edad del niño.

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Niños y bebés con la piel amarilla

 Piel amarilla en bebés. Será ictericia, problemas de hígado, bilirrubina o simplemente carotenos.

¿Sabes por qué muchos niños y bebés tienen la piel amarilla? ¿Será por un problema de hígado? ¿O tiene una razón más benigna? Te lo explico…

Este artículo responde a la duda de Cynthia en nuestra comunidad de Facebook:

«¿Puede afectar el consumo frecuente de zanahoria a una bebé de menos de un año? Mi hija tiene las manos y plantas de los pies en un tono no común si no como amarillento llegando poco al naranja.»

La respuesta es sencilla: Sí, la causa más frecuente de piel amarilla en niños y bebés una vez que pasan los primeros meses de vida es el exceso de carotenos en la dieta. Y lo más frecuente es que sea por exceso de zanahoria y calabaza.

Con frecuencia cuando veo bebés en la consulta con menos de dos años que ya están con alimentación complementaria se ve la piel amarillenta. A veces los padres no lo han notado. En otras ocasiones sí. Y de hecho algunos vienen preocupados por si ese color amarillento es por tener un problema en el hígado.

Bebés con la piel amarilla: ¿Ictericia del recién nacido, problemas de hígado o exceso de carotenos en la dieta?

Para que un bebé tenga la piel amarilla hay 3 causas fundamentales:

Ictericia del recién nacido

Cuando un bebé nace rompe su sangre (especial para el embarazo) y forma sangre nueva. Algunos acumulan mucha bilirrubina y se ponen amarillentos. Pero no sólo en la piel, también se pone amarillo el blanco de los ojos.

Este color amarillo no suele seguir más allá del mes de vida. Si lo hace conviene que lo valore el pediatra.

Problemas de hígado o de sangre

La bilirrubina de la que hablábamos en el bebé recién nacido puede tardar más de un mes en bajar o puede subir de nuevo pasado ese primer mes de vida si hay un problema en el hígado o se rompen mucha sangre.

La bilirrubina se elimina a través del hígado, que la segrega en la bilis. Constantemente en nuestro cuerpo se rompen glóbulos rojos, liberando bilirrubina. Pero es en cifras que no llegan a producir una piel amarilla.

Si la sangre se destruye más rápido de lo normal (hay personas con problemas genéticos como la talasemia o el fabismo que pueden hacerlo con frecuencia), o se elimina mal a través del hígado, puede subir la bilirrubina y acumularse en los tejidos.

El primer sitio donde se aprecia de forma clara un aumento de bilirrubina es la conjuntiva (blanco del ojo). Para que sea visible en la piel tiene que subir bastante más.

Por lo tanto si la piel está amarilla por una subida de bilirrubina, la conjuntiva debe estar claramente amarilla.

Si hay piel amarilla y conjuntiva blanca es por la causa siguiente:

Exceso de carotenos en la dieta

Cuando los bebés empiezan con alimentación complementaria y empiezan a tomar verdura, llegan a la dieta la zanahoria y la calabaza.

Son dos verduras muy usadas porque endulzan las comidas y su color suele gustar a los bebés.

Se usan tanto que no es raro ver bebés con la piel amarillenta en los primeros años de vida.

Los betacarotenos son un pigmento natural presente en muchas frutas y verduras de color amarillento, naranja o rojo. Se les conoce especialmente por ser muy buenos para la vista.

Pero en exceso pueden ser también perjudiciales. Aunque si os soy sincero no es esto lo que me preocupa cuando veo un niño con la piel amarilla por exceso de carotenos en la dieta. Porque la realidad es que nunca he visto un niño con intoxicación por carotenos.

Lo que me preocupa es que es un signo de que el bebé tiene una dieta pobre.

Significa que está tomando con mucha frecuencia lo mismo. Suelo preguntar por esto y la respuesta habitual es que:

– Toma potitos y los que le gustan son todos naranjas.

– Le preparan la comida en casa y añaden casi siempre zanahoria o calabaza porque le gusta más así.

En ambos casos son una señal de dieta pobre. Y el motivo que hay detrás es una preocupación por que el bebé coma más. Lo que considero siempre un error en una sociedad que tiene tendencia a la obesidad, como la nuestra.

Donde más se nota la piel amarilla por exceso de carotenos es en las palmas de las manos y las plantas de los pies. Y no se nota nada en el blanco de los ojos. Lo que lo diferencia claramente de los otros casos que he nombrado antes.

Mi consejo si tu hijo tiene la piel amarillenta por exceso de carotenos es que reduzcas la cantidad de zanahoria y calabaza de su dieta.

¿Y cuánto sería lo razonable?

Es sencillo, ¿tú tienes la piel amarilla?

Si la respuesta es que no, dale a tu hijo zanahoria o calabaza cuando tú tomes zanahoria o calabaza.

Y es que, si tienes una dieta sana y variada, éste es un ejemplo de que al ofrecerle a tu hijo comida especial para él, sólo estás dándole una dieta más pobre que la tuya.

 

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Los Problemas con la Comida han cambiado. ¡Cambiemos de planteamiento!

Nuevas pautas de introducción de la alimentación en niños y bebés para una sociedad con problemas nuevos. Obesidad y alergia.

Problemas con la Comida en Niños: Antes el problema era la falta de nutrientes. Ahora son Alergia y Obesidad. El planteamiento debe ser diferente…

En tan sólo una generación, por suerte, hemos pasado de una situación de carencia de alimentos a una de abundancia.

Es tan poco tiempo que nos cuesta cambiar el planteamiento. Pero nos estamos jugando la salud de toda una generacción.

Antes los problemas con la comida podían resumirse en uno: había hambre

La generación de mis padres es la de la Postguerra.

Fue una etapa dura. Había Hambre.

Una parte de nuestra historia en la que no era raro ver niños morir de hambre. Es algo que marca. Si se ve a un niño morir de hambre es difícil asumir que un niño delgado pueda estar sano.

En esa época un niño gordo era un niño sano. Y uno delgado era la antesala de la muerte.

La obsesión de mi madre ha sido siempre alimentar bien a sus hijos. Y ahora hacerlo con sus nietos. Es comprensible.

Pero el mundo ha cambiado mucho en una sola generación…

Ahora, los problemas con la comida que matan gente en nuestra sociedad son diferentes: ya no hay hambre, hay obesidad

Hemos pasado en sólo una generación de una situación de hambre a una de abundancia de comida. Es un gran logro que debemos agradecer a la generación de nuestros padres.

Pero necesitamos un cambio urgente de esquemas, tanto en los padres como en los profesionales.

Aplicar los esquemas válidos en épocas de hambre a una sociedad con acceso fácil a la comida está causando problemas con la comida totalmente diferentes:

  • Obesidad.
  • Diabetes.
  • Enfermedades cardiovasculares.
  • ….

Es urgente que dejemos de ver a los niños con peso inferior a la media como enfermos cuando no lo son.

Nuestro planteamiento debería ser:

  1. ¿Está sano y activo mi hijo?
  2. Si no lo está hay que buscar la causa de su enfermedad.
  3. Si está sano debo preocuparme más del que tiene un peso por encima de la media que del que tiene un peso por debajo de la media. Porque en la actualidad el problema es la obesidad, no la falta de comida.
  4. Si está sano y delgado debo evitar cualquier intento de que coma más para que engorde. Podemos modificar el metabolismo de los niños durante los primeros años de vida. Después será muy difícil hacerlo. No te esfuerces en que tenga un peso por encima de la media o tendrá tendencia a seguir con ese peso superior a la media el resto de la vida. Y un peso superior a la media es obesidad. 

Unas Alergias en aumento clarísimo

Inmediatamente después de los problemas asociados a la Obesidad aparecen las alergias. Es evidente el aumento que se ha producido en ellas en tan sólo una generación.

En la actualidad suponen un problema muy importante de salud en la población joven.

Pero ¿Qué ha causado este aumento tan evidente de las Alergias?

De nuevo un cambio de las condiciones de vida en poco tiempo.

Hace 70 años la salubridad del agua y la eliminación de residuos dejaban mucho que desear.

Hemos mejorado mucho. Tal vez demasiado: Esterilización, esterilización, esterilización….

El resultado es una exposición pobre de los bebés a las bacterias. No es que las infecciones sean buenas. Pueden matarnos. Pero tras millones de años luchando contra ellas nuestro sistema defensivo está preparado para vencer a la mayoría y necesita un mínimo de actividad. Cuando no la tiene se la busca y responde frente a estímulos que no deberían generar respuesta: eso es una alergia.

Por otro lado la flora (gérmenes) que convive con nosotros en nuestro cuerpo produce sustancias que modulan el funcionamiento del sistema defensivo. Las usan para que el sistema defensivo no las destruya. Cuando hay una flora pobre el sistema defensivo está más activo de lo necesario. Para formar esa flora debemos exponer a los niños a bacterias variadas y respetar su flora. 9

Y una teoría de introducción de la alimentación equivocada

Pero uno de los factores que más ha influido en el aumento de alergias alimentarias es una pauta de introducción de los alimentos que retrasa demasiado el primer contacto.

Te lo explico en profundidad en este artículo.

Es muy importante que hagamos un cambio de planteamiento sobre la alimentación en los primeros 2 años de vida de los niños si queremos abordar Obesidad y Alergias de forma efectiva.

Claramente lo hecho hasta ahora ha fracasado.

La clave está en estos dos primeros años.

Toca un cambio radical de planteamiento de los profesionales, las familias y la industria agroalimentaria.

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¿Por qué mi niño se vuelve selectivo con la comida con un año y poco?

Se vuelve selectivo con la comida cuando consigue autonomía para desplazarse. ¿Por qué?

Cuando un niño puede desplazarse por si mismo con autonomía se vuelve selectivo con la comida y resulta muy difícil introducir alimentos nuevos. ¿Por qué?

Nuestra conducta puede explicarse en parte por el instinto y en parte por el aprendizaje.

La forma en la que aparecen los instintos es la siguiente:

Cada individuo tiene sus propios genes. La mayoría son heredados de sus padres. Pero una pequeña parte son variaciones propias. Podríamos decir que son errores de copia. Sin embargo, son esos «errores» los que nos permiten evolucionar.

Un cambio en algunos genes puede modificar la conducta de un bebé si afecta la forma en la que se desarrolla el cerebro.

Cuando una de esa modificaciones cambia el orden en que aparecen o evoluciona ciertos reflejos o habilidades puede cambiar el comportamiento no aprendido. Son lo que llamamos instintos.

Si una forma de actuación nueva, no meditada, favorece la supervivencia del niño que la desarrolla es más fácil que acabe pasándola a sus hijos.

Generación tras generación los genes que favorecen esas conductas que mejoran la supervivencia van siendo cada vez más frecuentes en la población. Porque permiten que los individuos que los poseen sobrevivan y se reproduzcan con más facilidad.

Hay dos instintos relacionados con la comida que parecen contrarios, pero casi todos los niños tiene. Lo que pasa es que aparecen en etapas diferentes. Y tiene su sentido que sea así. Pero ante todo, entenderlo nos ayuda a saber la forma correcta de lograr que un niño acabe alimentándose mejor.

Estos dos instintos opuestos son:

  1. El instinto de probarlo todo.
  2. El instinto de rechazar cualquier cosa nueva.

El Instinto de Probarlo Todo cuando el bebé no tiene autonomía para desplazarse: No es selectivo con la comida

Cuando un bebé empieza a mostrar interés por la comida, yo recomiendo a los padres que le dejen probar de casi todo.

Sólo recomiendo limitar el acceso a alimentos que puedan generar problemas serios como intoxicaciones (miel, verduras de hoja verde, pescado azul grande, marisco, huevo crudo) o ahogamiento (frutos secos).

El resto de alimentos sanos que nosotros comemos es bueno que dejemos que los prueben en esta etapa en la que todo quieren llevárselo a la boca.

No ser selectivo con la comida en esta primera etapa permite que un bebé sobreviva sin problemas independientemente del lugar donde nazca. Si un bebé por ejemplo naciera en el desierto del Sáhara y sólo quisiera comer caracoles con setas… lo tendría muy crudo para sobrevivir.

Es bueno que en esta etapa coma de todo lo que tenga a su alcance, porque ya se encargan sus padres de evitar que acceda a cosas que puedan resultar peligrosas. Ya que no puede desplazarse y siempre está tutelado por sus padres no hay riesgo.

El Instinto de Rechazar cualquier alimento nuevo cuando el bebé adquiere la autonomía para desplazarse: Se vuelve selectivo con la comida

Tras esa primera fase de probarlo todo, antes o después el bebé adquiere la capacidad de desplazarse sólo. Cuando un bebé empieza a gatear o caminar todos los padres saben que hay que andarse con mil ojos. Porque el niño sigue teniendo mucha curiosidad por explorar y probarlo todo.

Pero con la autonomía suele desarrollarse poco a poco la precaución. Sea de forma innata y/o porque nosotros lo fomentamos (diciéndole por ejemplo que no se meta una pelusa que ha encontrado en la boca), el niño se va volviendo precavido.

Respecto a la comida, pensemos. Si cuando vivíamos como nómadas, una vez que el bebé era capaz de desplazarse sólo se nos iba un momento de nuestro lado y seguía echándoselo todo a la boca, es fácil que muriese intoxicado. Hay bayas, setas y animales venenosos que pueden resultar atractivos a un niño para probarlos.

Hoy en día puedes añadir a eso los productos químicos de limpieza o los medicamentos.

Que un niño cuando ya es capaz de llegar a todos estos «alimentos» peligrosos se vuelva selectivo con la comida y no quiera probarlos porque sus padres no se los ofrecieron en la etapa previa es bueno. Puede salvarle la vida. Y de hecho es un instinto que ha ido creciendo generación tras generación por pura selección natural.

Pero pensemos qué implica esto con la comida:

Si durante la etapa inicial, en la que el bebé quiere probarlo todo, nosotros ofrecemos al niño una dieta pobre, en sabores, texturas, formas y colores, lo normal es que luego en la segunda etapa, cuando se vuelva selectivo, perpetúe esa dieta pobre hasta el momento en que los instintos son superados por el pensamiento racional.

Esto significa que si por ejemplo tu hijo no toma tomate o pimiento en los primeros 15-18 meses es muy probable que los rechace de forma tajante (como si le fuese la vida en ello) hasta que puedas razonar con él. Se ha recomendando durante mucho tiempo evitar estos dos alimentos hasta los 2 años de vida. Por eso son tantos los niños que luego, con varios años, se niegan a tomar una comida si le ven mijitas de tomate o pimiento. O se las quitas, o no se las come.

Retrasar la introducción de alimentos no es buena idea si no hay una clara justificación para hacerlo.

Estaremos favoreciendo una dieta pobre durante los primeros años de vida si lo hacemos.

Es mejore dejarle probar de casi todo antes de que se vuelva selectivo con la comida.

Y además, retrasar la introducción de alimentos, en lugar de reducir el riesgo de alergias alimentarias como se pensaba, lo aumenta.

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Pelear con tu hijo para que coma: 5 motivos para NO hacerlo Nunca, Nunca, Nunca…

5 Motivos para no pelear con tu hijo para que coma nunca. Pelear con un niño para que coma es mala idea por muchos motivos. Pero es algo muy frecuente. Ojalá te convenza para que no lo hagas nunca más.

Tal vez sea una guerra perdida, pero quiero seguir luchándola.

Por desgracia, para muchas familias, los peores momentos del día con su hijo son las comidas.

Pero no tendría porqué ser así. Y no depende del niño, sino de ciertas ideas muy extendidas y que son totalmente falsas.

Voy a intentarlo. Voy a ver si soy capaz de convencerte de que nunca más vuelvas a pelear con tu hijo para que coma.

«Si no lo hiciese no comería»

Primera razón que se argumenta para hacerlo. Pero…

De verdad, siendo sinceros… ¿Tú realmente te crees eso? ¿Tú crees que tu hijo es el único ser vivo de este planeta que no trae el hambre de serie? ¿Has probado a no pelear con él, a no ofrecerle comida y ver qué pasa? Porque estoy 100% seguro de que lo que pasaría es que él te pediría la comida. Lloraría por ella, si es necesario.

De verdad, deja de repetirte como argumento algo imposible. Tooooooodos los seres vivos sienten hambre si no comen. Si no fuese su caso y sigue vivo habría que patentarlo. Sería la solución para la sostenibilidad del planeta. Pero es que no existe algo así.

Aunque jamás insistas a un niño para que coma, ninguno se muere de hambre si se le ofrece comida 5 veces al día. Puede morirse de otras cosas, ¡pero de hambre no!

«Pero es que él come poquísimo si yo no le insisto»

El mayor error relacionado con la comida en niños es pensar que él no es capaz de decidir la cantidad de comida que necesita tomar.

La mayoría de problemas que vemos en este sentido son por exceso, no por defecto.

Hay circunstancias que hacen que usemos la comida como sustituto de otras necesidades, lo que favorece la obesidad. Pero son muy pocos los casos contrarios, en los que sustituimos la comida por otros recursos a largo plazo.

Un niño puede renunciar a comer, por ejemplo, si a cambio de eso recibe algo más importante para él, como es la atención. Pero si esto ocurre tal vez deberíamos pensar que:

– Debemos aportarle más atención sin que tenga que forzarnos a ello.

– No debemos hacerlo reforzando conductas negativas para su salud. Es decir, si no come, no debemos dar importancia a ese no comer. O el niño establecerá una relación basada en ese canje: Conseguir la atención que de otro modo no recibe portándose mal, entre otras formas de hacerlo, no comiendo.

Hay que entender además que el crecimiento durante los primeros meses de vida es más rápido de lo que lo será nunca más en su vida y eso consume muchísimos recursos. Por eso, la mayoría de los niños come con 6-8 meses claramente más que con 1 año. Es algo que hace pensar a muchos padres que su hijo come peor conforme crece. Simplemente está reduciendo su alimentación porque ya no la necesita.

La prueba definitiva para saber si un niño come o no la cantidad necesaria es ver cómo está:

Si tu hijo come la cantidad que él quiere, está sano y activo (muy activo, de hecho), no come más porque no lo necesita. ¡De Verdad!

Empeora la relación de tu hijo con la comida

Esto es algo en lo que parece que no se piensa. Nos centramos demasiado en el corto plazo: «Ha comido poco y me preocupa que pueda pasarle algo si se acuesta sin comer»….

¿Sabes cuántos niños se acuestan sin comer en el mundo porque no tienen comida? Pues aguantan, y mucho.

Pero ¿qué pasa a largo plazo con la relación con la comida de un niño con el que peleamos en cada comida para que se alimente «un poco más»?

Pues algo evidente, que la comida se convierte en algo desagradable.

¿Realmente crees que un niño va a comer más a largo plazo si cada vez que ve llegar la comida sabe que toca pelea? Si lo crees, te equivocas. Seguramente si lo haces es porque no te lo has planteado en serio.

Empeora la relación de tu hijo contigo innecesariamente

Si tienes claro todo lo anterior deberías entender ya que pelear con un niño para que coma es innecesario y contraproducente. Pero es que además tiene un efecto negativo que deberíamos evitar siempre que sea posible: Va a empeorar la relación que os une.

Y para mí esa relación es sagrada. Porque es de verdad la única herramienta educativa válida. Habrá otras conductas en el futuro que sí será necesario modificar por el bien de tu hijo. Apelar a una buena relación es mucho más efectivo que cualquier coacción. Y hacerlo así construye, no destruye.

Por eso, empeorar la relación con tu hijo en este tema es algo que puede tener repercusiones importantes en otros muchos aspectos de su conducta en el futuro.

Cuida tu relación con él no forzándole a hacer algo que ya se encarga de conseguir uno de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: El Hambre.

Favoreces que tu hijo sea obeso en el futuro

A pesar de que nos empeñemos en pensar que nuestro hijo viene escacharrado y no es capaz de regular la cantidad de comida que necesita, es una «máquina bien diseñada».

A lo largo de la historia de la humanidad como especie hemos superado situaciones muy diferentes en cuanto a disponibilidad de comida.

Hemos ido acumulando genes que nos permiten adaptarnos a un amplio repertorio de circunstancias.

Durante los primeros dos años de vida se produce un ajuste en el que el cuerpo va descartando algunos genes y afianzando el uso de otros. Es lo que permite que un ser humano pueda sobrevivir en ambientes tan diferentes como lo hace.

Hoy en día, desde el punto de vista nutricional, si tuviésemos que decidir cuál es el ambiente en el que vivimos y qué lo diferencia de otras épocas de nuestra historia es: La Inmensa Abundancia de AZÚCAR de absorción fácil.

Por desgracia en nuestra sociedad alimento infantil es el mismo que el de los adultos, pero con azúcar añadida.

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad el azúcar era algo muy escaso. ¿Sabes la cantidad de comida que debía consumir un hombre hace 100,000 años para conseguir la cantidad de azúcar refinada que consumimos nosotros hoy en día en una sola comida?

Cuando no éramos agricultores ni ganaderos, es decir la mayor parte de la historia humana, había que recorrer grandes distancias y recolectar una cantidad de comida muy superior a la actual para conseguir una cantidad muy pequeña de nutrientes ricos.

Con la agricultura y la ganadería hemos hecho crecer a nuestro alrededor fuentes de nutrientes que hemos seleccionado porque son especialmente ricas.

Para hacerte una idea, vete un día al campo sin comida y come sólo de lo que encuentres. Me refiero a irte al monte, no a unos campos cultivados. Si lo haces prepárate. Incluso si sabes dónde encontrar esos nutrientes, cosa que no sabemos hoy en día la mayoría, vas a pasar HAMBRE, con mayúsculas.

En muchos niños se produce una reducción importante de la cantidad que comen coincidiendo con la introducción de la alimentación complementaria. Lo hacen porque sus genes, al tener acceso a una cantidad importante de azúcares de absorción fácil en la dieta asumen que estamos creciendo en una zona de hiperabundancia. Y se adaptan, de forma correcta reduciendo la cantidad de comida de forma importante.

Pero nosotros nos empeñamos en contradecir esa sabiduría genética y forzamos a los niños a comer más.

Si insistimos estamos haciendo algo con lo que no contamos. Estamos forzando al cuerpo a desechar unos genes que son los escogidos de forma natural para esta situación y a usar otros pensados para gestionar ese exceso de azúcares.

Lo único que puede hacer con ese exceso de azúcar es almacenarlo. Y prepara los almacenes aumentando el número de células grasas. Ahí seguirán toda la vida y harán su trabajo. Estamos sembrando Obesidad.

Para mí está claro que esta es la base fundamental de la epidemia de obesidad infantil que sufrimos. Y la solución:

– Eliminar los azúcares de absorción fácil de la dieta, especialmente en los 2 primeros años de vida.

– Confiar en la capacidad de nuestra genética para escoger los genes adecuados para adaptarnos a nuestra situación actual y respetar su gestión de la cantidad de alimento que consume espontáneamente.

No es algo secundario. Nos estamos jugando el futuro metabolismo de nuestros hijos.

Te puedo asegurar que para mí, entender esto es uno de los temas más importantes de salud infantil.

Si por mí fuese, éste debería ser uno de los Artículos Esenciales de mi blog para todas las familias.

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Si no come bien ?, la solución no es insistir, es resistirse a lo que no debe.

Si no come bien, lo has probado todo y quieres algo efectivo, cambia el chip

«No come bien» Una de las quejas más frecuentes de los padres que se traduce en una pelea en cada comida para que la acepte, cuando debería ser al revés.

No deja de asombrarme cada vez que lo veo en la consulta:

¿Cómo es posible que haya tantas familias que estén convencidas de que su hijo no comería si no le insistiesen?

Os voy a pedir que os quitéis de la cabeza por un momento vuestro caso concreto y respondáis a las siguientes preguntas de forma general:

  • ¿Conoces algún ser vivo que no sienta hambre?
  • ¿Crees que algún ser vivo de este planeta puede morir de hambre si se le ofrece comida de forma regular?
  • ¿De verdad crees que tu hijo es la única excepción en toda la Naturaleza?

Si tu hijo «no come bien» y llevas tiempo peleando en cada comida para que la acepte te propongo una alternativa descabellada…

Hay algo que raramente falla en las familias que acuden a la consulta porque su hijo «no come bien»:

  • El niño está sano.
  • El niño no para.
  • El niño sí que come, pero sólo lo que le gusta y cuando le apetece.

Los padres se quejan de que:

  • Tengo que darle yo de comer.
  • Cada comida es una pelea.
  • Cada vez come peor. No sólo es imposible que tome alimentos nuevos, sino que rechaza algunos que antes tomaba bien.
  • Es ver la comida y ya la rechaza.

Lo primero es comprender porqué tu hijo «no come bien»

Cuando tenemos una idea sobre la cantidad que un niño debe comer y no se cumple empiezan los problemas.

A veces esa cantidad nos la han dicho «los expertos». Es lo que ocurre cuando damos un potito para una edad determinada y el bebé nunca lo acaba o cuando no hay forma de que tome la cantidad de leche que indica la lata para su edad. Ocurre también cuando tiene un percentil de peso por debajo de la media. O ya si rizamos el rizo y nos ponemos a buscar listas de «requerimientos nutricionales»…

Todas estas cifras son «medias». Son cifras que se obtienen de una estadística en la que hay niños que comen más que la media y otros que comen menos de la media.

Pero todos los que usamos para hacer la estadística, incluidos los que comen menos de la media están sanos.

No tiene sentido que intentemos que la cantidad que come un niño concreto sea la media exacta. Porque además nadie come siempre la misma cantidad.

Pero en otros casos es que hacemos una cantidad y nuestra cabeza nos dice que eso es lo que tiene que tomar. Porque sí. Porque yo lo he pensado así.

¿Qué pasa cuando las necesidades del cuerpo del niño son menores?

Hay dos opciones:

  1. Nos damos cuenta de que nos equivocamos.
  2. Nos peleamos con el niño para que coma «un poquito más». Seguido de «otro poquito más»….

La consecuencia de esa pelea es:

  • Que convertimos el momento de la comida en algo desagradable. Lo que empeora poco a poco la situación y nuestra relación con nuestro hijo.
  • Que convertimos al niño en un comedor pasivo. Ya que no come por iniciativa propia al no confiar nosotros en esa iniciativa, le forzamos a hacerlo sin hambre, y hacemos que nunca muestre interés por la comida. Lo contrario de lo que buscábamos.

Esto es algo muy frecuente por desgracia en crianza. No entendemos las cosas como son y acabamos generando justo lo contrario de lo que buscamos.

¿Y si la solución para que coma bien es justo la contraria?

Es muy posible que ya lleves tiempo en esta pelea para que coma. Tal vez ya estés harta de esa lucha cada vez que toca comer.

Si aún no estás bastante cansada de esto, sigue una temporada y vuelve para seguir leyendo entonces. Cuando te des cuenta de verdad de que te estás equivocando.

La clave no es pelear para que coma lo que debe, sino Resistir cuando después nos pide comer Lo Que No Debe

Todo niño vivo come. Espero que no discutamos hasta esto.

Todo niño activo come la cantidad necesaria para mantener esa actividad. Los niños no fabrican energía de la nada. Espero que esto también lo entiendas.

Luego si no come la comida de verdad, es porque está «manteniéndose» con otras cosas.

Haz el siguiente ejercicio:

  1. Haz una lista con esas cosas que sí come. Son lo que llamamos «comodines». 
  2. Elimina especialmente:
    1. Zumos, ni siquiera naturales.
    2. Infusiones, ni siquiera manzanilla.
    3. Batidos, natillas, yogur y derivados, flan, gelatina…
    4. Productos para niños. Ni siquiera compres los «que suben las defensas», ni los «reforzados con hierro y DHA», ni los «que tienen muñequitos» dibujados, ni siquiera los que tienen «el sello de la AEP»…
    5. Cereales para bebés.
    6. Pan, galletas, gusanitos, piquitos de pan….
  3. Sí puede comer:
    1. La misma tostada que comes tú.
    2. Esa misma fruta que comes tú.
    3. La ensalada que comes tú.
    4. Comida de olla: La que comes tú.
    5. La misma cena que comes tú.
    6. El mismo bocadillo que comes tú.
  4. Ofrécele 5 comidas al día:
    1. Desayuno: Su leche (Pecho, leche entera normal y corriente si tiene más de un año, leche adaptada si es menor, sin cereales ni azúcar. La leche sabe a leche). Acompañándola de lo que tú desayunas (Fruta, tostada, una magdalena o un trozo de bizcocho casero…)
    2. Media mañana: Bocadillo (con pan normal o integral, no de molde) y/o fruta.
    3. Medio día: Comida de olla (potajes, cocidos, estofados, arroz con carne o pescado…). Plato único. No hay segundo ni postre.
    4. Merienda: Como la media mañana. Bocadillo y/o Fruta.
    5. Cena: Lo que cenes tú: Carne o pescado con guarnición de verduras. Tras eso si quiere su vaso de leche (sin cereales).
  5. No hay más bebida que el agua.
  6. No peleas con él para que las coma. Le avisas de que la comida está en la mesa y apagas la televisión o equivalente emboba-niños (móvil o tablet). Si llora que llore. Si no hace ni caso y quiere seguir jugando, déjale.
  7. Si te pide comida, le ofreces el último alimento que habías preparado. En la siguiente comida pasamos a lo que toque. No le perseguimos con lo mismo comida tras comida.
  8. Esta pauta es PARA SIEMPRE. Aplícala con paciencia y tranquilidad.

Y descubrirás algo: Tu hijo tiene hambre. Y va a llorar pidiéndote las cosas del punto 2.

La clave no es pelear para que coma lo que debe. Es aguantar para no darle lo que no debería haber comido nunca:

Productos ricos en azúcar que distorsionan la alimentación empobreciéndola.

Porcentaje de efectividad de esta medida: 100% – Porcentaje de padres que la aplican de verdad: Tal vez un 10%

Quien sepa por qué no lo hacen todos los padres, por favor, que me lo explique….

Pensamientos parásitos que dan vueltas en nuestra cabeza y nos llevan a no aplicarlo:

  • «Es que no ha comido nada ¿y si le pasa algo?». Hay millones de niños en este mundo que por desgracia pasan hambre. Ni uno sólo de esos niños se muere si se le ofrecen 5 comidas variadas al día. Si piensas que tu hijo es el único que ha nacido sin hambre, te equivocas. ¿Por qué crees que llora para que le des su «comodín»?
  • «Si no le insisto no comería». No es cierto. Lo que puede ocurrir es que no coma la cantidad que tú quieres. Pero si esto ocurre de forma mantenida y el niño sigue sano y activo, quien se equivoca eres tú. Te puedo decir que en mi experiencia son los padres los equivocados prácticamente siempre. Tenemos una idea de lo que deberían comer que supera sus necesidades.
  • «Es que yo lo hago, pero x (abuela, abuelo, el otro progenitor, la cuidadora…) no lo cumple». Entonces hay dos opciones: O hablamos los adultos como adultos, en serio, o da el tema por perdido.

Y la reina de todas las excusas

  • «Es que me da pena». Una dieta pobre en los primeros años de vida puede cambiarse. Con 7, 8, 10 años ya no hay forma. Cuando son pequeños sólo pueden comer lo que los adultos les damos. Conforme crecen aumenta su capacidad de buscar alimentos alternativos. Si un niño tiene la típica dieta pobre (mucho azúcar, poca o nada de fibra) tiene todas las papeletas para sufrir en cadena:
    • Estreñimiento. No les gusta la fibra. La fibra son alimentos difíciles de procesar, que no saben a nada. Además cuando tomamos un alimento rico en azúcar sin fibra se absorbe rápidamente. La subida rápida de azúcar estimula al cerebro a liberar endorfinas. Las endorfinas son las «hormonas del placer». El azúcar tiene premio y produce adicción.
    • Obesidad. Sí. La mayoría de los niños que «no comen bien» acaban con sobrepeso. Es una dieta rica en azúcar sin fibra que se absorbe con facilidad y se acumula en forma de grasa. La mayoría de los malos comedores tienen sobrepeso evidente antes de los 10 años.
    •  Diabetes. A fuerza de sobrecargar al cuerpo con azúcar llega un momento que agotamos nuestra capacidad de manejarla y aparece la diabetes tipo 2. Cada vez es más frecuente en niños la que antes llamábamos «diabetes del adulto».
    • Colesterol alto. El exceso de azúcar se almacena en forma de grasa. Una parte de ese azúcar se transforma en colesterol aumentando sus cifras aunque el niño no coma grasas.
    • Cáncer de Colon. Con el tiempo, tras toda una vida de dieta inadecuada, puede aparecer el cáncer de colon.
    • Esta sucesión no es un «asusta viejas». Es una realidad cada vez más frecuente. Una realidad que marca la existencia de cada vez más gente, limitando su calidad de vida y acortándola. No solucionar esto sí que debería darte pena. Que llore por no darle su «dosis de azúcar» hasta que se «desenganche», es lo que debemos hacer para corregir los errores previos que hemos cometido.

Si tienes la suerte de leer esto antes de introducir la alimentación complementaria estás a tiempo de hacerlo bien desde el principio.

Siempre os pido que compartáis los artículos.

Pero éste, si te ha gustado y conoces alguien a quien pueda ayudar, ¡compártelo, por favor!

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¿Sabes por qué algunos bebés rechazan la fruta de repente?

Sabes por qué algunos bebés rechazan la fruta de repente cuando antes la tomaban bien?

Hay bebés que tomaban fruta muy bien y de repente la rechazan. ¿Sabes por qué? Te lo explico para que sepas cómo actuar y no empeorar la situación.

La conducta de los niños es un misterio. Especialmente durante la etapa en la que aún no pueden usar el lenguaje para expresar los motivos de lo que hacen.

Pero es un misterio que puede resolverse en muchos casos pensando en cuestiones simples.

En este caso vamos a centrarnos en una situación muy común. Escribo esto porque son muchos los padres que me lo han preguntado y creo que viene bien entenderlo. Es útil en esta situación concreta, bastante frecuente, pero también a modo de ejemplo para entender otras conductas, aparentemente incomprensibles.

Un bebé que ya tomaba fruta sin problema de repente la rechaza

Puede haber niños a los que les gustan más unos alimentos que otros.

Pero lo llamativo en estos casos es que inicialmente han aceptado muy bien la fruta. Puede que incluso lleven varias semanas tomándola.

Y un día de repente la rechazan.

No parece haber un motivo, pero vemos que el bebé es insistente en el tema. Dejamos de insistir, le damos otro alimento, como por ejemplo la leche, y la acepta sin problemas. Volvemos a probar con la fruta y vuelve a rechazarla. Y cada vez con mayor insistencia.

Una modificación de conducta tan brusca nos resulta muy llamativa. No entendemos qué ocurre ni qué es más adecuado hacer:

  • ¿Dejamos de insistir con la fruta y que coma lo que sí acepta?
  • ¿Insistimos en que la coma porque la fruta es un alimento importante?

¿Qué opinas tú?

Debo confesarte que durante muchos años no tenía clara la respuesta o estaba más a favor de la segunda opción. Pero es que en unos años mi visión de los niños ha cambiado.

Los niños no siempre escogen lo que les conviene. Pero en muchos casos tienen motivos más que justificados para hacer ciertas cosas. Si entendemos esos motivos podemos hacer las cosas de forma que superemos los problemas. Si no las entendemos podemos empeorarlos.

Cuando un niño rechaza la fruta de repente suele ser por dolor

Y qué tiene la fruta que pueda producir dolor:

  • De forma inmediata, acidez.
  • A medio plazo, fructosa.

Situaciones en las que un niño rechaza la fruta por su acidez:

  1. Aftas o llagas en la boca. Hay muchas infecciones vírales que pueden originar aftas o llagas en la mucosa de la boca. Algunas se acompañan de erupciones alrededor de los labios. Cuando es así es fácil suponer que pueda haber alguna lesión también en el interior. Pero en muchos casos las lesiones son escasas y sólo están donde no las vemos. Imagina qué le pasa a un niño que tiene un afta y que de repente toma fruta ácida. ¿No es normal que la rechace?
  2. Los dientes. Cuando los dientes salen las encías se están abriendo. Los receptores de dolor están hiperexcitados. Cualquier estímulo en ese momento puede ser más doloroso de lo habitual. Al tomar fruta ácida irrita las heridas de las encías que los dientes están abriendo al salir. ¿Es extraño que rechace la fruta en esta situación?

Situaciones en las que el bebé rechaza la fruta por intolerancia a la fructosa:

  1. En Intolerantes a la Fructosa. Hay personas que tienen un defecto que les impide digerir el azúcar de la fruta. La fructosa es un «azúcar doble» que nuestro intestino debe partir por la mitad para que pueda absorberse. Para eso usamos una enzima. Si no somos capaces de producirla en cantidad suficiente por un defecto genético, no podremos digerir y absorber ese azúcar. El resultado es que se queda en el intestino, es consumido por los gérmenes de nuestra flora intestinal que lo fermentan produciendo gases y ácidos que irritan la pared del intestino. El resultado es que al poco rato de tomar la fruta hay dolor de barriga y diarrea ácida. Si esto te ocurriese cada vez que tomas fruta, ¿no acabarías rechazándola?
  2. Tras algunas gastroenteritis virales se puede originar una intolerancia transitoria a la fructosa. En el punto anterior decía que hay personas que tienen un defecto genético que les impide digerir la fructosa. Pero en otros casos puede ser algo puntual. Si tienes una infección en el intestino y se altera la mucosa, la fructosa es digerida con una encima que se produce en la zona más expuesta, la superficie. Si esta superficie de la mucosa es barrida y perdemos la capacidad de digerir la fructosa (y la lactosa, el azúcar de la leche). Podemos recuperar esa capacidad en cuanto se regenera la mucosa. Pero es que la diarrea producida por la propia intolerancia puede mantener la mucosa dañada. Es la pescadilla que se muerde la cola. Estas diarreas ácidas suelen ceder en cuanto retiramos de la dieta del niño los azúcares que no digiere: Fructosa y Lactosa.

¿Qué hacer cuando un bebé rechaza la fruta de repente?

Una vez que entendemos mejor las razones del niño que rechaza la fruta, pensemos cómo actuar.

Evidentemente nuestro objetivo es que el bebé acabe tomando la fruta de nuevo.

Pero si hay un problema que produce dolor al tomarla, e insistimos, sólo conseguiremos que el rechazo a la fruta se haga cada vez más fuerte y duradero.

Lo adecuado es eliminar la fruta de su dieta mientras dure el problema y ayudar si podemos a que se resuelva la causa del dolor.

En la práctica lo que debes hacer en cada una de las situaciones que generan dolor al tomar fruta es:

  • Rechaza la fruta por dentición. Habitualmente los dientes crecen dando estirones. Suelen estar activos durante unos 3-4 días. Es la fase en la que van rompiendo encía para salir y en la que estará más sensible. Si vemos que un niño rechaza la fruta y tiene dientes saliendo deja de ofrecerle fruta hasta que veas que los dientes detienen su avance y un par de días más para que la encía se repare.
  • Rechaza la fruta por un afta o llaga. Lo normal en las infecciones que las generan es que estén saliendo llagas nuevas durante 2-4 días y tras eso tarden en curar otros 2-3 días. En total una semana más o menos. Para que las llagas molesten menos y se curen antes lo que parece dar mejor resultado son aplicaciones de ácido hialurónico. Lo que hace es formar una capa protectora sobre la lesión.
  • Rechazan la fruta con gases y diarrea ácida. En estas situaciones lo que recomiendo es que elimines la fruta y la lactosa (el pecho no tiene problema, si toma leche, sin lactosa, puede tomar yogur y queso) y le des un probiótico. Hacemos esto hasta que desaparezcan los gases y la diarrea ácida y una semanita más. Cuando pase este periodo vuelve a ofrecerle lactosa y fruta. Si al hacerlo empeora de nuevo elimínalas de su dieta un mes. Si al reintroducírselas en la dieta vuelve a empeorar consulta a su pediatra, porque tal vez, no se trate de una intolerancia pasajera.

Como os decía al principio del artículo, un niño no siempre sabe lo que le conviene. Pero sus reacciones no son por ello injustificadas, absurdas o imcomprensibles.

Insistir a un niño a que coma algo que rechaza no es nunca la solución. Incluir la pelea sólo puede empeorar el problema. Empeorará la relación del niño con la comida y contigo.

Pero ¿Y si el niño simplemente está seleccionando la comida y rechaza la fruta porque prefiere otras cosas?

Esto es bastante frecuente. Pero ocurre porque ofrecemos al niño una dieta inadecuada.

Si tú ofreces a un niño lácteos azucarados es fácil que estos vayan suplantando progresivamente a otros alimentos que resultan menos apetecibles al niño.

La solución en estos casos pasa por 3 consejos simples:

  1. Confía en la capacidad de tu hijo de comer la cantidad necesaria. No hagas nada para que coma más. No suele funcionar y suelen ser soluciones contraproducentes.
  2. Elimina de la dieta del niño esos productos comodín que están suplantando a la comida. No le des más productos azucarados. Son caros, no aportan nada que no tenga una dieta variada y se cargan la dieta sana.
  3. Ofrécele comida variada pero en plato único. Es decir, no pongas primero, segundo y postre. Ofrece plato único. Y hazlo de forma que en conjunto haya variedad. Pero en cada comida ofrecemos un sólo alimento y de eso que coma la cantidad que quiera.

Haciéndolo así conseguirás sin pelear que tu hijo tome una dieta variada. Este es el objetivo, y lo haremos mejorando su relación contigo y con la comida.

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Qué hacer si mi hijo se duerme muy tarde

Qué hacer cuando un niño se duerme muy tarde

Cuando un niño se duerme muy tarde es un problema para toda la familia. Te explico cómo cambiar esto de la forma más sencilla y efectiva.

Voy a centrarme en dos aspectos:

  • Razones para cambiar.
  • Cómo hacerlo.

Cómo afecta a la familia cuando un niño se duerme muy tarde

Soy el primero que opina que los niños tienen sus propios sistemas de regulación. Y que mientras no tengamos claro que generan un problema es mejor respetarlos.

Pero también opino que un niño y sus necesidades no son lo único a tener en cuenta cuando hablamos de crianza. El niño no vive sólo. Lo hace con una familia y para él no es indiferente cómo esté su familia. Es fundamental. Si una familia está bien en su conjunto genera un ambiente mucho más positivo para el desarrollo del niño.

En este caso concreto: Los padres no dejan de ser personas por ser padres. Está claro que para cumplir su nuevo papel están dispuestos a sacrificar lo que sea necesario para que su hijo esté bien. Pero algunos sacrificios son inevitables. Otros no.

¿Qué pasa cuando un niño se duerme muy tarde? Pues que generalmente priva a sus padres de la posibilidad de tener al menos un rato para ellos. Y esto es importante. Si sois padres, vuestro hijo no se duerme hasta la hora en la que vosotros lo hacéis o incluso os retrasa la hora de dormir, seguro que no tengo que explicar lo que ocurre:

Sientes frustración y agotamiento. 

Y no eres mala madre o mal padre por sentir esto. Es normal. Todos necesitamos algo de tiempo para nosotros. Una pareja siempre necesita algo de tiempo para la pareja….

Si tu hijo está enfermo y te da una mala noche, seguro que le atenderás y sacrificarás tu descanso sin quejarte.

Pero que sistemáticamente se duerma tarde puede superar tu capacidad de pasar un día tras otro sin tiempo para nada. Sin tiempo para ti.

Cómo cambiar la situación cuando un niño se duerme muy tarde

Cuando la situación es la descrita antes, muchas familias deciden cambiar. Pero no está claro cómo hacerlo.

Te aclaro algunos conceptos:

  • Hay niños que duerme realmente poco o lo hacen mal porque tienen un problema. Destaco dos que siempre recomiendo descartar porque pueden mantenerse durante meses:
    • Intolerancias alimentarias. Si un bebé tiene molestias abdominales (gases, irritabilidad con dolor de barriga, náuseas, irritación al rededor del ano cuando hace caca, abdomen hinchado con dolor…) conviene estudiar si tiene alguna intolerancia o alergia alimentaria que le impida descansar bien.
    • Apnea del sueño. Algunos niños respiran mal de noche. La causa más frecuente es tener grandes las vegetaciones. Cuando esto ocurre el niño suele roncar y le cuesta respirar tumbado. Esto puede hacer que el niño no descanse bien y se despierte de noche con frecuencia.
    • Cuando hay alguna causa que impide descansar bien al niño, lo primero es resolver ese problema.
  • Hay noches malas. Independientemente, en niños sin problemas serios, cualquiera puede tener una mala noche por una infección o la salida de los dientes.
  • Pero cuando no hay problemas especiales cada niño duerme las horas que necesita. Cada niño es diferente y gestiona sus necesidades de la mejor forma posible. Si un niño no duerme más horas y no tiene ningún problema que le impida hacerlo, es porque no lo necesita. Es casi imposible hacer que un niño sano duerma más horas de las que lo hace de forma espontánea.
  • Lo que sí podemos es modificar el «cuándo las duerme». Y esta es la clave en los niños que se duermen muy tarde.

Cosas que no funcionan si pretendes cambiar a un niño que se duerme muy tarde

  1. Lo primero que se le ocurre a cualquiera es «vamos a acostarlo antes». El resultado suele ser desastroso. Os lo resumo: Si él tiene sueño a las 23:00 lo intentamos a las 21:00. El niño no tiene sueño aún, porque su ritmo habitual no es ese. Lo llevamos al dormitorio e intentamos dormirlo. Él se resiste. Insistimos. Él se cabrea. Insistimos…. Ya tenemos nuestra propia versión del niño de la niña del exorcista… Desde luego el estrés que estamos generando no se lleva bien con lo que supuestamente pretendemos: que se duerma. Es fácil que acabemos de muy mal humor todos, y el niño acabe durmiéndose más tarde de lo habitual y tenga una noche peor de lo normal.
  2. Lo segundo: «Le quitamos las siestas». Esto a veces funciona. Pero raramente. Cuando un niño necesita dormirse durante el día y le impedimos hacerlo solemos generar un malestar que hace que llegue a la «hora de dormir» con bastante mal humor. En ocasiones están «tan pasados de rosca» que acaba costando más que se se duerma a su hora suprimiendo la siesta que si le dejamos dormirla.

Y entonces ¿qué puedo hacer para que mi hijo se duerma temprano?

Pues lo siguiente:

  1. No pelear con él para que duerma.

  2. El dormitorio es sólo para dormir. 

  3. De día hay luz, de noche oscuridad.

  4. Le despierto un poco antes cada día. 

Os explico cada punto para que lo entendáis.

No pelear con él para que duerma

Si lo hacemos generamos un estrés contraproducente que suele retrasar la hora en la que se acaba durmiendo. Te lo explico más a fondo en este artículo.

El dormitorio es sólo para dormir

Muchos niños tienen un dormitorio que sirve de zona de juego. Si es tu caso y tu hijo duerme bien, no hay problema. No todos son iguales.

Pero si tu hijo tiene un dormitorio/habitación de juego, y es de los que cuando lo llevas a dormir quiere ponerse a jugar o se despierta a las 4 de la mañana y pide que juegues como si fuesen las 4 de la tarde, no te sorprendas. Cambia.

Si el niño relaciona el dormitorio sólo con dormir evita estos problemas. Y en este sentido cuantos menos juguetes u objetos que le llamen la atención mejor.

De día luz, de noche oscuridad

Algunos niños duermen indistintamente de día y de noche. El problema en algunos casos es no tener un ritmo de luz adecuado que le diga a su cerebro cuándo es de día y cuándo de noche. Un correcto ritmo de luz marca un ciclo que estimula la secreción de melatonina. Esta sustancia es la que regula el sueño, de forma que cuando la luz baja empezamos a sentir la necesidad de dormir.

Es mala idea tener lámpara de compañía o como queramos llamarla. Cuanto más oscuro esté de noche mejor.

Y si tu hijo te llama durante la noche intenta atenderle sin luz o con la más suave posible y el mínimo rato que haga falta.

Le despierto un poco antes cada día

Y aquí está la clave para que se duerma antes. Muchos niños que se duermen tarde también se levantan tarde. De esa parte no solemos quejarnos. Pero recuerda que el número de horas que duerme es el que necesita.

Si hay margen razonable, ¿qué hará el niño si le despierta cada día un poco antes? Simple.

Se cansará más temprano y necesitará dormir más temprano a la noche siguiente. 

Entiendo por margen razonable cuando el despertarlo antes no vaya a ser un problema mayor del que ya tenemos.

Por ejemplo, si un niño se duerme a las 23:00 y está en pie a las 6:00 no hay margen de maniobra.

Pero si tras dormirse a las 23:00 es capaz de dormir hasta las 11:00 tenemos mucho margen de maniobra.

Lograr que se duerma cuando no tiene sueño es muy complicado. Pero despertarle antes y ofrecerle estímulos agradables es mucho más fácil que tenga éxito. Además de ser una forma más efectiva y menos conflictiva de lograr lo mismo.

Si compaginamos esto con el hecho de reducir el ritmo de las actividades que le ofrecemos y la iluminación al final de la tarde, el proceso irá surtiendo su efecto poco a poco.

Lo ideal es hacer esto de forma gradual de forma que para adelantar una hora su momento de dormir invirtamos en torno a una semana.

Es importante que respetemos el proceso. Me refiero a que si estamos en este tema debemos evitar que una noche por motivos escogidos por nosotros el niño rompa la tendencia. Por ejemplo, debemos evitar ir a una celebración en la que sabemos que acabaremos tarde y el niño no podrá dormirse. 

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Empacho en bebés de 1 mes

Empacho en bebés de un mes.

Empacho en bebés es cuando comen más de lo ideal. Muchos padres lo temen, pero a veces por evitarlo se generan problemas mayores.

Hay quien dice que un bebé puede seguir comiendo mientras tenga comida disponible. No es cierto.

Si ofreces a cualquier bebé una cantidad ilimitada de leche llega un momento en que no quiere más.

Esa cantidad no es la misma en dos bebés diferentes. Ni es la misma siempre en un bebé concreto.

Al tratarse de seres vivos que se adaptan a un ambiente cambiante sus necesidades de alimento se modifican constantemente.

Yo siempre defiendo que la alimentación de los lactantes debe hacerse a demanda. Lo que significa ofrecer alimento ilimitado siempre que el bebé lo pida.

En ciertas situaciones incluso recomiendo ofrecer antes de que lo pida:

Cuando un bebé come con más frecuencia de día que de noche. En estos casos recomiendo ofrecer durante el día con tanta frecuencia como pide de noche. Así lograremos que de día coma más y duerma menos, haciendo lo contrario de noche.

Cuando un bebé come con ansiedad. En estos casos es que estamos ofreciendo al bebé una cantidad escasa para él o con una frecuencia insuficiente. Sea porque sólo le damos de comer cuando llora o porque sea dormilón y cuando por fin se despierta está ya desesperado por comer. En ambos casos la solución para que coma más tranquilo es ofrecerle antes.

Cuando un bebé echa muchas bocanadas. A pesar de lo que muchos piensan, si espacias las tomas lo normal es que las bocanadas aumenten, ya que al comer con más hambre tomará más cantidad de golpe que si hace más tomas. Cuando hace tomas más frecuentes acaba convenciéndose de que no le vamos a «matar de hambre» y acaba tomando más tranquilo cantidades menores que retiene con más facilidad.

Pero cuando recomiendo esto, lo habitual es que los padres manifiesten «miedo al Empacho».

¿Qué es un empacho?

Un empacho es cuando dejamos acceso libre a la comida, y la cantidad que se toma es claramente superior a lo ideal. Entendiendo por ideal aquella cantidad que no genera problemas.

Está claro que la barriga de un bebé es un espacio limitado. Es flexible, pero limitado.

Cuando el estómago o el intestino se llenan demasiado pueden aparecer molestias.

Es un dolor intermitente. A ratos muy fuerte, a ratos más pasable.

Pero los momentos en los que es intenso puede ser Muy Intenso.

Cuando ocurre el bebé reacciona en primer lugar moviendo el intestino para intentar vaciar la barriga. Lo que vemos es que el bebé da apretones o pujos y se encoge, intentando hacer presión para que el contenido del intestino salga.
Si no lo consigue es cuando aparece el dolor cuando la presión es excesiva.

Decimos que el bebé está empachado cuando esto ocurre. Cuando ha comido tanto que le genera molestias.

Ante esto surge la pregunta ¿qué debo hacer para que no se empache?

Y la respuesta es «nada». Aún teniendo esto claro mi recomendación sigue siendo que no le dejes con hambre, que si te pide le des y que lo hagas hasta que no quiera más.

Os explico porqué.

Si por miedo al empacho limitamos la cantidad de comida que damos a un niño por debajo de lo que su cuerpo le pide, tenemos garantizado que cuando coma lo hará con ansiedad.

Al comer con ansiedad se tragan más gases. Y esos gases en exceso producen las mismas molestias que el temido empacho.

Esta opción es peor que la de dejarle que se empache.

Lo es porque cuando un niño se empacha, llega la siguiente toma y suele comer menos. Pasan unas cuantas tomas y vuelve a comer con alegría. Tal vez se vuelva a empachar. Pero finalmente, a fuerza de que le siente mal cuando se pasa, acaba aprendiendo a no hacerlo.

Esto significa que dejándole acceso libre a la comida acaba autoregulándose.

Pero ¿qué pasa cuando por miedo al empacho limitamos su acceso a la comida?

Pues que lo que aprende es que la comida es algo escaso que necesita y cuando la consigue la tomará con ansiedad. El hambre no es algo a lo que uno pueda acostumbrarse. Puedes, dentro de ciertos límites aguantarte con ella. Pero en cuanto puedes saciarla lo haces.

Con lo que el llanto en los niños a los que se limita el acceso al alimento para evitar el empacho acaban llorando mucho más: Unas veces lloran por hambre, otras porque tras comer cuando por fin se les permite siguen con hambre. Y por fin, con gases por haber comido con desesperación.

Por tanto, confía en la capacidad de tu hijo de autoregularse y aprender. Dale la oportunidad de que se empache. Tras hacerlo varias veces aprenderá a evitarlo y los llantos desaparecerán.

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Siesta del niño, ¿hasta cuándo?

La siesta del niño, ¿hasta cuándo es adecuado mantenerla?

La siesta, esos sueños que tienen casi todos los bebés a lo largo del día. Llega un momento en que no quieren ya hacerla. ¿Insistimos o no en que la hagan?

Conforme van creciendo la mayoría de niños van necesitando menos descanso durante el día. De modo que unos antes y otros después dejan de hacer la siesta de media mañana primero. Y antes o después desaparece también la de la tarde.

Suelen preguntarme sobre lo ideal en cuanto a estas siestas. Si deben ser un número determinado según la edad, y de qué duración.

Cada niño tiene su ritmo. Indicaciones sobre la siesta según el caso

Si ya me conocéis mínimamente intuiréis la respuesta: «Depende de cada niño».

Debemos entender que si un niño no está sujeto a horarios duerme las horas que necesita al día mientras nadie se lo impida. Y cuando sí interferimos y le impedimos descansar, el niño va a manifestar su necesidad de hacerlo. Es lo que ocurre por ejemplo cuando se escolarizan, los despertamos para ir al «cole» y durante la mañana llega un momento que las actividades del colegio les impiden descansar allí.

Aquí puedo tirar también de experiencia propia como padre. Cuando mi hijo empezó a ir al «cole» perdió la siesta de media mañana que sí hacía en casa. El resultado era que cuando lo recogíamos solía dormirse inmediatamente en el coche camino de casa.

Estuvo haciendo esto durante más de un año. Poco a poco fue retrasando el inicio de esa siesta hasta horas más tarde de salir del colegio.

Y llegó un momento en que se resistía. Lo veía con sueño, pero si le insinuábamos que tocaba dormir la siesta, se enfadaba.

Su necesidad de actividad y estímulos nuevos estaba en conflicto con su necesidad de descansar. A todos nos pasa antes o después que el niño se resiste a dormir, y la cuestión es qué hacer en esa situación.

¿Insistir para que duerma la siesta o no?

Os digo cómo lo hice yo con mi hijo y el motivo.

Cuando llegaba la hora de la siesta lo veía que empezaba a mostrar signos de sueño, pero seguía con su actividad. Si le comentábamos que tenía sueño y había que dormir decía que no, que quería seguir jugando.

La clave para decidir que hacer está en dos preguntas:

  • Si insistes un poco para que duerma ¿lo hace con relativa facilidad?
  • Si no duerme la siesta ¿cómo está el resto de la tarde?

Cuando resulta imposible lograr que el niño haga la siesta la situación ya está clara. Se han acabado las siestas. No tiene sentido que cada tarde el planteamiento sea pasar un mal rato y obligar a algo que por su propia naturaleza no vas a lograr con una pelea intensa. Porque para dormir hace falta relajarse.

Pero si aunque su primera respuesta sea no, lo tomamos en brazos y lo tranquilizamos llevándolo a su dormitorio y acaba durmiéndose, la clave es la segunda pregunta.

¿Qué pasa después de la siesta?

Hay niños que duerman o no la siesta están bien el resto de la tarde y acaban durmiéndose más o menos bien a la misma hora. En estos podemos insistir un poco en que duerman la siesta según convenga o no para organizar las actividades del resto de la familia.

Algunos niños si no duermen la siesta luego están irritables y de mal humor el resto de la tarde. Y no sólo no se duermen antes por la noche, sino que llegan tan irritados que les cuesta más dormirse. En estos claramente conviene insistir para que acaben durmiendo la siesta.

Hay otros en los que hagan o no la siesta están bien el resto de la tarde, pero cuando hacen la siesta se acaban durmiendo mucho más tarde por la noche. En estos escogeremos qué distribución del sueño se amolda mejor al esquema de actividad de la familia, ya que no afecta al bienestar del niño.

Duración de las siestas

En principio, si una duración determinada no tiene efectos negativos en cómo esté el niño después y puede hacerse compatible con la organización familiar, lo mejor es respetar la duración que el niño le dé cada día.

Pero hay casos en los que notamos que una siesta demasiado larga da problemas:

  • En los bebés pequeños cuando tras siestas demasiado largas comen con ansiedad o no están ganando peso adecuadamente, conviene acortar las siestas durante el día para que coman antes.
  • En los niños que cuando hacen unas siestas demasiado largas luego de noche están demasiado activos.
  • Aquellos que si duermen una siesta demasiado larga parecen despertarse de peor humor. Los hay. Me pasa a mí por ejemplo. No suelo dormir siesta. Pero si un día lo hago, si paso más de 20-40 minutos suele resultarme mal. Me despierto más cansado y de mal humor que antes de la siesta.

En resumen, la eliminación progresiva de las siestas es un proceso largo en el que las situaciones intermedias suelen generar dudas y problemas. Actuad pensando primero en el efecto que tiene en el bienestar del bebé tomar una opción u otra. Y cuando sea indiferente para él escoged lo que mejor se amolde al ritmo de actividad familiar. Buscando ese equilibrio evitamos problemas.