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El niño que come mal

Si tu hijo come mal, tiene solución. Si de verdad quieres arreglarlo ¡cambia ya!

 

“Mi niño no me come nada”.

Es el problema (no enfermedad) más frecuente por el que consultan los padres y cuidadores de menores de 4 años.

Pone a prueba la paciencia de cualquiera, porque además es evidente, lo que hace que todo el que hay a su alrededor quiera «solucionarle» el problema a los padres.

La exposición del problema cuando me lo dicen en la consulta suele terminar con una de estas dos coletillas:

  1. ¿No le podría mandar unas vitaminas?
  2. Le he dado «tales vitaminas» y mientras se las ha tomado ha comido (en el mejor de los casos), pero ya he dejado de dársela y está de nuevo igual.

¿Que se hace entonces con un niño que come mal?

Desde luego no mandarle «vitaminas».

Las «vitaminas» que hay en el mercado son de dos tipos:

  1. Complejos vitamínicos: Se dieron con más frecuencia en épocas anteriores en las que aún se veían en nuestro país los efectos del hambre. En realidad están indicadas en situaciones en las que pese a comer de forma adecuada hay una enfermedad que impide que se absorba una vitamina en concreto o todas en general (por ejemplo personas a las que se ha extirpado una parte del intestino por un cáncer). Estas vitaminas no dan hambre. La única razón por la que las mandan algunos médicos es intentando suplir parte de las faltas que hay en la dieta del niño. Son un parche, porque el niño no va a tomarlas toda la vida, y porque hay otros muchos componentes de una dieta sana que toma mal y son tan necesarios o más que las vitaminas.
  2. Antianoréxicos: Son fármacos cuya función es abrir el apetito, lo que hacen actuando a nivel cerebral sobre algunas sustancias que regulan el funcionamiento de las neuronas (serotonina). Sus efectos secundarios no están claros y en cualquier caso no se pueden dar de forma indefinida.

Aunque un día se descubriera un fármaco que de forma infalible diera ganas de comer y se pudiese tomar durante toda la infancia tampoco estaría indicado. Porque no soluciona el problema de base. Sería como tener un tumor cerebral y conformarnos con tomar simplemente algo que nos quite el dolor pensando que si no duele ya no hay tumor.

Bueno, pues después de descubrir que todo lo que hemos hecho hasta ahora no sirve, ¿qué pasa? ¿Es que el problema no tiene solución?

Pues si. La tiene, pero es más complicada que dar un jarabe.

Tiene la ventaja, eso si, de que es más fácil de aplicar cuanto más desesperados estén los padres y cuantos más «remedios milagrosos» hayan probado ya.

Hay que tener claras varias cuestiones antes de empezar:

Edad: Hay varias épocas claves en las que suele aparecer el problema:

  • Antes de la introducción de la alimentación complementaria, cuando aún toma sólo leche.
  • A partir de la introducción de la alimentación complementaria.
  • A partir de la pubertad.

El primer grupo es el menos frecuente, son lactantes que no toman bien la leche, que es su único alimento.

Hay que distinguir un punto clave: ¿Ganan peso o no?

Los que ganan peso es que comen lo que necesitan (aunque no sea todo lo querrían sus padres).

En ese caso el problema no es del niño, sino de los padres que deben entender que piensen lo que piensen, independientemente de lo que diga la experta cuñada, abuela o vecina o hayan leído, el niño come lo que necesita y no tiene porqué comer más.

Otro motivo de tener un peso normal y la sensación de que no come bien es el cólico del lactante: Son muy ansiosos comiendo pero al poco de empezar a comer lo dejan enfadados y en menos de una hora están de nuevo llorando y se vuelven a poner a comer con mucha ansiedad para volver a dejarlo enfadados enseguida.

Su problema es que al comer con tanta ansiedad, enseguida se empachan entre leche y gases.

Le duele la barriga porque el estómago está para reventar, pero como gran parte de lo que ha tragado es aire, sigue con hambre, y al intentar tragar y ver que no puede porque le duele, se cabrea.

Y al no poder acabar de comer a gusto al poco rato vuelve a tener hambre y se pone cada vez con más desesperación a comer porque no consigue saciarse.

Los que no comen bien y no ganan peso son los que deben ser estudiados para descartar, entre otras cosas, infecciones de orina, intolerancia alimentaria o problemas del metabolismo.

El último grupo de edad (en la pubertad) es el que realmente puede corresponder a anorexia nerviosa, siendo su tratamiento fundamentalmente psicológico.

Dejo para el último el grupo de en medio, porque es el más frecuente y con diferencia el que creo que se enfoca peor, tanto por los padres como por muchos médicos.

Todo lo que voy a explicar a partir de ahora es aplicable a este grupo:

Los niños que empezaron a comer mal a partir de la introducción de la alimentación complementaria (sobre todo a partir del segundo año, cuando ya estaréis desesperados y el niño debería comer de todo).

Dos ideas:

1º Todos los seres vivos de este planeta han desarrollado a lo largo de su evolución un instinto que garantiza su supervivencia: el hambre.

Tu hijo no es una excepción.

Es un problema cada vez más frecuente, como lo es también la obesidad infantil (son dos caras del mismo problema).

Y dado que no es causado por una epidemia de «virus quitahambre-engordaniños», la causa debe estar en una serie de cambios sociales cada vez más evidentes:

  • La excesiva oferta de alimentación en nuestra sociedad.

Sobretodo a costa de alimentos elaborados de fácil ingesta y sabor agradable en los que prima la capacidad de venderlos (y para ello los gustos de los niños) sobre la calidad nutritiva: Refrescos, zumos, batidos, derivados lácteos, bollería industrial, frutos secos y demás chucherías…

La edad a la que los niños empiezan a tomar todas estas basuras es cada vez menor (empezando generalmente por los «gusanitos», los zumos y el trozo de pan, o el chupe mojado con azúcar o incluso con miel).

  • La falta de ideas claras de los padres (y de muchos médicos) sobre educación infantil y sobre los mecanismos que regulan el hambre.

Lo que regula el hambre es fundamentalmente el nivel de azúcar en sangre:

Cuando baja sentimos hambre, cuando sube el hambre cede.

La principal razón por la que muchos niños no comen bien es que tienen este mecanismo totalmente alterado, porque lo hemos alterado.

  • Antes la crianza de los niños era cuestión de mujeres y se las educaba para ello. Con la revolución feminista se ha pasado a considerar esta educación como sexista por lo que es cada vez más rara, no educándose ahora para el cuidado de los hijos ni a las mujeres ni a los hombres.

Por que si algo somos a la hora de adoptar soluciones es cómodos.

Lo mismo pasa con la cocina.

Resultado, como ya no saben cocinar ni hombres ni mujeres y además no tienen tiempo, pues comida rápida y que les guste a los niños para que tardemos lo menos posible en que se lo tomen, que hay que ir a trabajar.

  • Los niños pasan a lo largo del día por cada vez más manos.

Antes eran responsabilidad exclusiva de los padres (generalmente de las madres), hoy pasan por unos padres estresados (indistintamente padre o madre en función del horario laboral), por unos cuidadores en la guardería y por familiares, generalmente abuelos a los que la naturaleza, que dicen que es sabia, retiró hace tiempo la capacidad de tener hijos porque a estas alturas no están en condiciones de aguantarlos.

El resultado es que el niño pasa tiempo durante el día con varias personas, cada una con su criterio de como hacer las cosas, unos más estrictos y otros más complacientes.

Cuando sucede esto el niño acaba adaptándose a la situación y «sacando provecho» de ella.

Los niños saben quien les da chucherías y quien no, quien le tolera los caprichos y quien no, y si se les da la oportunidad se organizan para salirse con la suya, aunque no les convenga.

Un niño sabe lo que le gusta y lo que no.

Pero no sabe lo que le conviene, por lo que si dejamos que seleccione su dieta, él suele acabar perjudicado.

¿Cómo empieza el problema?

Hay cuatro hábitos muy comunes que favorecen que el niño empiece a comer mal:

  • Desde el momento que empezamos a darles cosas diferentes a la leche, parece que se hubiera dado permiso a toda la familia para que el niño se convierta en el campo de pruebas «¿A ver que cara?».

Es decir, ya no come porque sea su hora. Si a alguien se le ocurre darle cualquier cosa (pan, gusanitos, un poco de…), no puede escapar bajo el irrefutable argumento de:

«¿A ver que cara pone al tomar un poco de…? Si no le va a pasar nada.»

Acabamos de dar al niño el título de mono de feria oficial de la familia.

  • Nos ve comer, él ya ha comido hace un rato. No le toca comer:

«Pero es que nos mira. Se le va saltar la «yez».

  • El niño está aburrido o triste y usamos la comida para entretenerlo en lugar de darle afecto o atención.
  • Damos bebidas azucaradas para quitar la sed o para que se entretenga.

Si hacéis estas cosas, probad un experimento:

Cada vez que al niño se le ofrezca comida a lo largo del día, apuntadlo. Se incluyen en el concepto de comida cualquier bebida distinta del agua.

En los prudentes suelen ser entre 10 y 15 veces al día.

Algo está claro: Nadie puede comer bien 15 veces cada día.

Antes de empezar estos hábitos vuestro hijo comía cuatro o cinco veces al día.

Ante el exceso de oferta no le queda más que una opción: Seleccionar.

Y su elección es muy previsible:

Entre su comida (potito insulso) y la vuestra (sabores llamativos, salados, dulces…), entre alimentos o bebidas ricos en azúcares y otros ricos en fibra, escogerá el dulce:

Pica de la vuestra y pasa de la suya.

Se bebe el zumo o se come el pan y pasa de la verdura o la fruta.

Es que hasta que probó la nuestra no sabía que le estábamos tomando el pelo.

A partir de ahora, mami, la suya te la comes tú.

La solución en el pre-escolar que empieza a comer mal

Por tanto, si vuestro hijo es un pre-escolar que come mal, poco, no quiere comidas de verdad, cada comida es una pelea y la lista de alimentos que no ha tomado nunca y de los que no quiere cada vez crece más.

Seguro, estáis desesperados: «Lo habéis probado todo».

Por tanto, no perdéis nada probando algo tan descabellado como lo que os voy a proponer:

Lo primero que debéis hacer es hablar con cada uno de los cuidadores actuales del niño (abuelos, tíos, hermanos mayores…) y dejarles claro que vosotros sois lo padres, que la responsabilidad es vuestra y que estaréis encantados si siguen colaborando en la crianza del niño, pero que si lo que van a hacer es llevar la contraria en cuanto os deis la vuelta, entonces que se estén quietos y se abstengan de quedarse con los niños.

No intentéis poner en práctica este método si no conseguís esto,

porque será un desastre.

Pensad por un momento.

¿Cuál es ese alimento que tiene mantenido al niño?

Lo único que come y que le mantiene vivo.

Eso que pide al rato de haberlo rechazado todo.

Una pista, suele ser un producto azucarado (biberón, yogur y sus derivados, batidos, zumos, galletas, trozo de pan… o directamente chucherías).

Esto es lo que llamo El Comodín.

No vuelvas a comprarlo hasta que el niño coma de todo.

Si lo compras y lo tienes en la casa sentirás la tentación de dárselo:

“Para que no se acueste con el estómago vacío”.

Si lo haces, todo el mal rato de verlo sin comer en todo el día no servirá para nada.

Dado que todo niño tiene el instinto de supervivencia del que forma parte el hambre (y que tu hijo tiene como el resto de seres vivos de este planeta, no te engañes), nos vamos a aprovechar de él para educar al niño.

Las normas a seguir son las siguientes:

  1. No se come viendo la tele.
  2. Si el niño tiene edad de coger los cubiertos (y la tiene en las edades de las que hablamos), no dar de comer.
  3. Evitar cualquier comentario relativo a la comida y sobre todo aunque te queme la sangre, no le regañes por comer lento o no comer.
  4. Ofrecer un plato de comida idéntico al de los demás, ni comida especial, ni triturado, ni pasado por el pasapurés. Si acaso troceado.
  5. Cuando los demás miembros de la familia halláis acabado de comer, se retiran todos los platos, incluido el del niño, aunque no lo halla tocado, y sin un sólo comentario.
  6. No le deis absolutamente nada de alimento hasta la siguiente comida. Si pide algo decid simplemente que no va a haber nada hasta la próxima comida. Entre comida y comida sólo hay agua.
  7. No discutáis sobre el tema delante del niño.

Sé que es duro, por eso voy a explicar el porqué de cada una de esas normas:

Para empezar, la tele los emboba. Lo que hace casi imposible que coman ellos solos. Si le pones la tele puedes estar 3 horas con el plato delante del niño sin que se entere siquiera de que existe.

Debe comer cogiendo él mismo los cubiertos para conseguir uno de los principales objetivos de este método: eliminar toda relación de la comida con la afectividad. Hay muchos niños que estando muertos de hambre no comen. Pero es porque consiguen algo a cambio. Ese algo es la atención de los padres, aunque sea para gritarles. Una vez que el niño comprende que no va a conseguir esa atención no comiendo deja de tener sentido pasar hambre para nada. Esto es especialmente frecuente en niños que empiezan a comer mal desde que ha llegado un nuevo hermanito. Hay que evitar por eso mismo regañarle, ni avisarle continuamente de que coma, ni comentarios del tipo de «qué malo es para comer»…

Fuera de las comidas intentad dedicarle tanto tiempo a vuestro hijo como podáis.

Hay casos en que el niño actúa así porque se le ha repetido tanto que come mal, en momentos de desesperación de los padres, que ya da por hecho que él es así y que ese es el papel que le toca representar cada vez que le ponen la comida delante.

La comida que debemos ofrecerle debe ser la misma que la nuestra, porque con dos años o más su dieta debe ser completa y debe masticar.

Si no mastica no se estimula el crecimiento de la mandíbula y cuando salgan los dientes definitivos no caben con lo que deforma la boca.

No debe tampoco caerse en el error de poner comidas especiales que sabemos que toma mejor, porque en lugar de tomar una dieta completa irá restringiendo cada vez más sus preferencias, simplemente como excusa para no comer ese día porque eso ya no le gusta y obligar así a la madre a prepararle otra cosa.

Cuando todos halláis acabado de comer, se supone que ha tenido un tiempo razonable para acabar. Por lo que se retira la comida de la mesa.

Sin comentarios de ningún tipo referentes a lo mucho o poco que haya comido. Al hacer esto le dais a entender que dais por hecho que comerá si tiene hambre, pero que no es algo que os preocupe y por tanto no es un arma de chantaje válida.

La siguiente es la parte más complicada y la más importante:

No deis nada que le entre por la boca hasta la siguiente comida.

Sólo agua, y no más de medio litro al día.

Sobre todo os costará mucho trabajo si os pide, pero especialmente en ese caso no hay que darle. Si lo haces, el mensaje que le estás transmitiendo es «haz lo que te de la gana a la hora de comer, que después, en cuanto me pidas te voy a dar lo que quieras».

En cuanto a no discutir delante del niño, debería ser una norma, no discutir delante de él ni sobre este tema ni sobre ningún otro. Es muy perjudicial para el desarrollo afectivo del niño y transmite la idea de que no estáis de acuerdo y si insiste vais a ceder.

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Obesidad en niños que ya cogen la comida

Guía para tratar la obesidad en niños que ya eligen lo que comen.

Normas claras para tratar la Obesidad en niños que ya cogen la comida o adultos: La forma más complicada de tratar de Obesidad

Cuando ya están en edad de coger ellos mismos la comida, se necesita en primer lugar contar con su interés en corregir la situación. Si no se consigue es labor poco menos que imposible.

Suelen ser adolescentes o preadolescentes, edad en la que empieza a importarles su aspecto por la influencia que tiene en las relaciones con los demás.

En esta edad se inician muchas alteraciones psicológicas relacionadas con el cuerpo y la alimentación, como la bulimia o la anorexia.

Ayudarles a corregir su obesidad es la mejor forma de prevenir esas alteraciones:

  • En primer lugar hay que explicar al adolescente que si tiene más peso del normal es porque tiene unos hábitos que no son los adecuados y que es posible cambiarlos.
  • Además debe tener claro que la razón para corregir su obesidad no es que por tener un aspecto físico u otro sea mejor o peor como persona. Ni debe rechazar a otros por ser obesos ni debe rechazarse a sí mismo. «Si quieres tener otro aspecto, debe ser porque te permitirá vivir mejor, más sano y sin limitarte lo que podrás o no podrás hacer por ti mismo».
  • Otra cosa fundamental es descartar desde el principio las “dietas”. Cualquier obeso de más de 30 años al que se pregunte, afirmará haber hecho una lista interminable de dietas sin ningún resultado. El fallo de raíz de cualquier dieta es estar basada en un régimen fijo que nadie es capaz de cumplir de por vida. Si la solución que se te ofrece no puede ser tu regla de alimentación para siempre, no solucionará el problema. Casi todos los padres que acuden con hijos obesos a la consulta me piden una dieta a la antigua usanza, con gramos de cada cosa que hay que comer en cada comida. No conozco a nadie que cumpla una dieta de ese tipo y esté bien de la cabeza. Lo que hay que hacer es eliminar los alimentos que claramente no tienen función nutricional alguna, establecer un hábito de alimentación correcta y de actividad física regular. Eso si es mantenible de por vida y puede por tanto corregir el problema para siempre.
  • Estas son las normas para el adolescente colaborador y para cualquier adulto que quiera seguirlas para corregir la obesidad:

Comer sólo Comida, no tonterías.

La Comida es todo aquello que comemos porque es necesario para estar bien alimentados, no por su aspecto, ni por la publicidad, ni porque nos gusta su sabor. Para una alimentación completa no se puede prescindir de tomar azúcar, grasas, proteínas, vitaminas, minerales, agua y fibra. Todos estos grupos deben estar incluidos en la alimentación, pero hay formas y formas de tomarlas.

¿Qué es comida y qué tonterías?

Sencillo: “Lo que no comía mi abuela es que no es necesario para la alimentación humana.” Luego son tonterías (con mucho marketing, pero tonterías).

En primer lugar, cuanto menos elaborados mejor, y cuanto más claramente sepamos lo que comemos aún mejor. Por ejemplo si vamos a comer salchichas, mucho mejor las de carnicería que las envasadas, vasta con leer la composición de unas y otras.

Los azúcares en forma de harina y no como azúcar refinado (panadería, no bollería), el pan de panadería es harina con agua, levadura y sal. Punto.

El pan de molde (Bimbo, Panrico…) es bollería porque a lo anterior añade grasas y azucares refinados. Si podemos elegir el mejor es el pan integral de panadería, ya que la fibra que lleva dificulta la absorción excesiva de azúcares y grasas.

Las grasas vegetales, sí, pero no todas son iguales. Los aceites de palma, de aguacate o de coco son mucho peores que el de oliva o girasol. De todos, el mejor es el de oliva. A la hora de comprar algo que lleve grasa, que nos digan que lleva grasas de origen vegetal es como no decir nada, ya que algunas grasas vegetales son peores que las animales (los aceites de palma o coco son mucho peores que la grasa del jamón serrano o del pescado). Si no tienes seguridad de lo que contiene realmente, no lo compres. De hecho si no especifican que es aceite de oliva es porque es una de las grasas vegetales de mala calidad (más baratas).

Las proteínas están sobre todo en la carne, la leche, el pescado y el huevo. Yo no soy vegetariano, pero respeto esa opción. De hecho es infinitamente más sana que la dieta actual. Pero si tuviese que recomendar algo sobre la dieta vegetariana es que durante el crecimiento no se aplique si no es la ovolactovegetariana, es decir, no comer carne ni pescado si se desea, pero si lácteos y huevo. En concreto una dieta infantil que no incluya los lácteos (a no ser que siga con leche materna) es una barbaridad.

Para el resto de los mortales incluido yo y aquellos niños cuyos padres no sean vegetarianos: Hay que tender a la mayor variedad posible. Unos días carne y otros pescado, huevo un par de veces por semana y lácteos.

Los lácteos merecerían un capítulo aparte. Hoy en día hay tal variedad que sin temor a equivocarme puedo decir que muchos niños sobreviven de ellos en exclusiva, aunque más bien tendría que decir que malviven de ellos.

Dentro de los alimentos comodines, es decir aquellos que damos a un niño que no come para tranquilizar nuestra conciencia y no tener que pelear más con él, el primero de la lista son los lácteos.

Los hay con fruta, con huevo, con “defensas”, con grasa de pescado, enriquecidos en calcio, en vitaminas, en aminoácidos… Si hay una comida de astronautas que ha llegado a la vida normal son los lácteos.

¿Y porqué este despliegue de tecnología en torno a un alimento como la leche? Pues porque son cómodos, se les puede dar el sabor dulce que se prefiera y sobre todo son rentables. Nos están metiendo el excedente de producción láctea de los países centroeuropeos con embudo, y nuestros hijos se lo están tragando.

La leche es eso, leche y debemos consumirla como tal. Si nuestro interés es únicamente la nutrición sólo hay tres formas en las que debería consumirse la leche: como leche (sin apellidos), como queso fresco y como yogur natural (sólo o con fruta natural).

Todo lo demás es basura nutricionalmente hablando y marketing.

Vitaminas, minerales y fibra. Nadie que tenga una dieta variada necesita suplementos vitamínicos o de minerales. A no ser que padezca una enfermedad que dificulte su absorción o aumente su consumo. La fuente fundamental de ellas es la fruta y la verdura. Y os recuerdo, cuanto menos procesada mejor. O sea, la fruta a bocados, para eso tenemos los dientes.

Darla en zumo, elimina fibra, que es importantísima. Que os quede claro, el zumo no es un sustituto aceptable de la fruta.

Y la verdura, nada de pasarla por el pasapurés, elimina la fibra.

La fibra regula en movimiento del intestino evitando el estreñimiento y además dificulta la absorción de grasas y azúcares en exceso y protege al intestino de irritantes que a la larga pueden dar problemas graves (como el cáncer de colon, que es el más frecuente hoy día).

Y por último el agua. Es el principal elemento para la vida. Tanto que todos los seres vivos la buscamos y hemos desarrollado un instinto más difícil de aguantar que el hambre: la sed.

A lo largo del día tenemos sed con más frecuencia que hambre y es bueno beber con frecuencia. Pero no hay nada que sustituya al agua de forma adecuada.

Lo único que deberíamos beber para quitarnos la sed es agua. El tapeo, los bares… no son sino un intento de quitar la sed con otras cosas y desorganizan cualquier intento de llevar una dieta sana.

Se anuncian continuamente montones de bebidas estupendas para “quitar la sed” y son de hecho uno de los mejores negocios de la actualidad: dar para quitar la sed (necesidad que todo el mundo tiene) algo que vale mucho más que el agua.

Algún día intentarán convencernos de que hay algo mejor que el aire para respirar, y andaremos por ahí con botellas de gas al hombro, y pagando por ellas, claro.

Cada vez nos intentan convencer antes. De hecho la oferta de publicidad sobre bebidas infantiles es interminable, en horario infantil (cosa que debería prohibirse) y en algún caso dirigido a los padres ofreciéndoles directamente un alimento completo en una forma en la que tu hijo lo pedirá y no tendrás que pelear para que esté bien alimentado.

Esto es MEN-TI-RA y no sé a que esperan las autoridades para tomar cartas en el asunto, y prohibirlo como lo que es: Publicidad engañosa. (¿Tal vez esperan a que las empresas productoras dejen de sobornarles?)

Mientras tanto, que no te engañen, no hay bebida más sana que el agua y dar otras bebidas a un niño porque no come bien no sirve más que para llenar los bolsillos del productor y perpetuar el problema de tu hijo con la comida.

Si se siguieran estas normas en cuanto a la calidad de la comida habría menos obesos, menos diabéticos, menos hipertensos, menos infartos, menos hipercolesterolémicos y la alimentación seguiría siendo igual de buena, agradable para el gusto, variada y sabrosa.

La mitad del mérito de la buena alimentación en una familia se lo lleva quien hace la compra.

Todo aquello que no cumpla las normas anteriores simplemente no lo compres.

Se puede vivir sin esos alimentos. De hecho se vive más y mejor sin ellos y además es más barato.

¿Por qué, sin embargo sigues haciendo lo contrario?

¿Publicidad?

¿Comodidad?

¿Costumbre?

Frecuencia y cantidad.

Comer sólo a las horas de comer:

Hay 4 comidas en el día: Desayuno, comida, merienda y cena.

Esas cuatro comidas hay que hacerlas bien, lo que significa que no puede uno quedarse con hambre tras ellas. Todo lo contrario que la mayoría de las dietas, que dan hambre.

Casi todos fallan en el desayuno. Desayunan mal, por lo que cada vez se extiende más la comida de media mañana, hasta el punto de que muchos los colegios obligan a que los niños lleven comida para media mañana.

Si un colegio pretende aplicar normas en cuanto a la alimentación, lo mínimo que se les puede y debe exigir es que atiendan claramente al bien del niño, sin otras consideraciones. Si esto fuese así debería:

-Prohibirse la existencia de tiendas de chucherías, bebidas azucaradas y bollería en los colegios y si las hay en sus proximidades impedir la salida de los niños para ir a comprar en ellas.

-No aceptar otro alimento en el recreo que la fruta o los bocadillos, ni más bebida que el agua.

-En aquellos centros que disponen de comedor, no dar fritos, no dar otra bebida que el agua ni otro postre que la fruta.

-Y si se asume como inevitable que en casa no desayunan, la primera media hora de colegio debería dedicarse a que desayunen allí, pero un desayuno sano, a base de leche con cereales lo menos edulcorados posibles, panadería (no bollería, y no todos los días) y fruta.

Es simple, ¿verdad? Pues la mayoría de los colegios que conozco cumplen todo esto justo al revés.

Segunda comida: A medio día. Suele ser la más fuerte en nuestro país y generalmente en la que los padres más suelen sentir que sus hijos no comen bien y hay que estar encima de ellos para que coman.

Si tu hijo no come bien en esta comida y está gordo, es que tu hijo casi con seguridad es de los que picotean, se llevan comida de mala calidad de media mañana y cuando sale del colegio, camino de casa no perdona la parada en la tienda de chucherías. Entonces llega a casa y claro, comida de cuchara no le apetece. Ya se tirará luego toda la tarde picando.

Por eso, tras el desayuno, que repito hay que hacer en casa y completo, no se come hasta medio día, o en todo caso se toman una o dos piezas de fruta.

En cuanto a la cantidad, si es comida de calidad, debe comer hasta quedar saciado. Es decir, si hay cocido, si quiere puede tomarse dos platos. Los acompañantes, es decir entrantes y postre deben ser respectivamente ensalada y fruta.

Pero una vez que acabe de comer que tenga claro que hasta la merienda solo entrará por su boca agua.

La merienda: Preferentemente debería ser de fruta, pero de vez en cuando puede tomar bocadillo. Por bocadillo me refiero a pan de panadería con embutido o pescado enlatado (atún, sardinas…). No mantequillas tipo Nocilla («leche, cacao, avellanas y azúcar quiere decir: grasa, más grasa, calorías a mogollón y otras cuantas más en forma de azúcar»), ni mermeladas (a no ser expresamente sin azúcares), ni quesitos, ni pan de molde, ni paté…. «Un bocata».

¿Y de beber? Pues agua.

Otra opción si no toma muchos lácteos es un vaso de leche sola, o con Colacao (no batidos que llevan mucho más azúcar) y algo de panadería no industrial. El chocolate no está prohibido siempre que sea de más del 70% de pureza, ya que con purezas menores lo que añaden es azúcar. Esta opción vale de vez en cuando (1 ó 2 días por semana), no todos los días.

Y finalmente la cena: la norma hoy día suele ser fritos. Hay que intentar que sea variada. Carne o pescado no rebozados, fritos con aceite de oliva o mejor a la plancha y de guarnición ensalada o verdura a la plancha. No pasa nada si algún día son patatas fritas o puré. Pero que no sea la norma (no más de dos días por semana).

La cena es la comida que habría que intentar que fuese más ligera.

Evitar las salsas industriales. El ketchup es salsa de tomate con grasa y muchísimo azúcar. Tiene una cantidad de calorías y azúcar inmensa.

Resumiendo:

-Comer a la hora de las comidas comida de calidad (no industrial) hasta saciar el hambre.

-No picar entre comidas.

-Lo único que quita la sed es el agua.

-Evitar zumos, batidos y demás bebidas edulcoradas, bollería y pastelería industrial y salsas industriales.

-Procurar que la cena sea la comida más ligera del día.

-Y por último, gastar más.

No hay que apuntarlo a 20 actividades extraescolares. Facilitad que se apunte a aquella que le guste. Pero sobre todo favoreced que salga a la calle a jugar con los amigos.

Y como una forma de obligarse a gastar más de forma diaria andar una hora al día (además de lo que hacía hasta entonces). No vale hacerse el cálculo de: «entre el trayecto al colegio, cuando voy a casa de mi amigo Pepito y…. ya ando 1 hora». Con eso estás gordo, si quieres dejar de estarlo es que hay que gastar más.

Algo tan tonto como andar una hora al día, acompañado por un adulto favorece la pérdida de peso del niño, pero además siempre será beneficioso para el adulto que le acompañe, para despejarse y relajarse un rato, para bajar su tensión si es hipertenso, para su sobrepeso si le sobra, para mantenerse en forma.

Y por si fuera poco mejora el desarrollo psicológico del niño, ya que una hora de paseo todos los días crea una relación distendida con la persona que le acompaña que favorece que el niño se abra y comente sus inquietudes.

Incluso en los niños sin una obesidad como excusa sería una práctica recomendable.

Usar más el coche de San Fernando (un ratito a pie y otro andando). Ir en coche para cualquier trayecto que se hace en menos de media hora andando tranquilo o subir en ascensor menos de 3 plantas es una… (Barbaridad, estupidez, ser más vago que una estera…). Estáis consumiendo energía (es decir contaminando), sólo para engordar.

Os recuerdo por último que el niño cuenta con unas ventajas respecto al adulto para adelgazar:

No es necesario que pierda peso, simplemente con no ganar, adelgaza conforme crece.

No es autónomo en el acceso al alimento. Si no le compramos chucherías no las puede comer. Si es él quien las compra es que tiene un dinero que tal vez no debería.

Si quien se las proporciona a pesar de que se le explique todo es alguno de los tíos, abuelos…. Tal vez y por mal que les siente haya que explicarles que por el bien del niño y ante su inmadurez, hay que reducir sus visitas si no cambian de actitud.

Ánimo, si quieres, puedes.

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Obesidad en niños que solo comen lo que les damos

Tratamiento de la obesidad en niños que sólo comen lo que les damos.

La obesidad en niños que no eligen su comida. 7 normas claras para evitarla y tratarla.

  1. Eliminar de su dieta toda bebida que no sea agua.
  2. De leche dos vasos diarios, uno por la mañana y otro por la tarde-noche, que puede tomar sola o con cacao en polvo, sin azúcar. Y no batidos ya preparados: cualquier batido lleva mucha más cantidad de azúcar añadida y más aditivos químicos. No usar tampoco ninguna de las marcas de leche para preescolares que hay en el mercado si en su composición aparece la palabra maldita: azúcar (pero resulta que aparece en todas).
  3. Eliminar salsas tipo ketchup. Hay niños que todo lo toman con ellas y la cantidad de calorías y azúcar que llevan es increíble. El ketchup no es tomate frito sin más. De hecho la mayoría de marcas de tomate frito ya de por sí llevan azúcar añadido, pero el ketchup ya es una pasada. Si se puede elegir (siempre se puede) lo mejor es tomate natural frito con aceite de oliva por nosotros. (Pero da la casualidad de que les gusta más el ketchup ¿o es que pensáis que los fabricantes lo hacen por pura maldad?).
  4. No dar bollería industrial. En el desayuno puede tomar leche, cereales, fruta, tostadas o bollería pero de una panadería lo más tradicional posible. La diferencia es que su base sea harina no refinada, las grasas sean de mejor calidad (aceite de oliva) y sin aditivos químicos.
  5. El postre debe ser fruta. No zumos, ni siquiera naturales. La fruta aporta algo fundamental que es la fibra, corrige el estreñimiento y dificulta la absorción de grasas y azúcar.
  6. No dar nada entre comida y comida. Especialmente, no uséis las chucherías como premio.
  7. Sacarlo a jugar tanto como se pueda y favorecer que salga a la calle con los amigos.
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Prevención de la obesidad infantil

En obesidad infantil es mejor prevenir que curar: Descubre cómo hacerlo.

Seis normas claras para evitar la obesidad infantil.

 

Uno de los problemas del tratamiento de la obesidad es lo poco efectivo que suele ser.

En adultos, la reducción del peso se consigue sólo en algunos casos, pero mantenerlo bajo a largo plazo es algo que se logra en muchos menos.

Las medidas que voy a describir son aplicables desde el momento que se empieza a introducir alimentación distinta a la leche:

  • Dar de comer sólo comida de calidad y sólo a la hora de las comidas. Así conseguimos una buena nutrición obligando al cuerpo a consumir grasas entre las comidas y sin causar un aumento del nivel de tolerancia al azúcar.
  • La única bebida para quitar la sed es el agua. Cualquier otra bebida reduce poco a poco la capacidad de soportar el ayuno, aporta calorías para quitar algo que cede sólo con líquido e impide el descenso de azúcar en sangre, normal entre las comidas, que obliga al cuerpo a consumir parte de las grasas almacenadas.
  • No sustituir la comida que toca por otros alimentos. Cuando hacemos sustitución se selecciona la dieta en función de los gustos del niño, no de las necesidades de su cuerpo, lo que lleva a dietas con poca variedad y mala calidad. Si no la toma, se queda sin comer hasta la siguiente toma. La mayor catástrofe que sufrirá el niño por ello será saber lo que es el hambre. Ningún niño se muere de hambre si se le ofrece comida de forma regular, aunque no sea la que prefiere. De hecho la mayor parte de los obesos, en el período de introducción de la alimentación destacaron más por seleccionar la comida y ser malos para comer, que por ser comilones.
  • No poner la tele cuando comen. Aunque muchos padres afirman que es la única forma de que el niño abra la boca y nos deje darle de comer, a la larga nunca comerá sólo, porque la tele lo emboba y no se concentrará en la comida mientras tenga la tele delante.
  • Evitar la televisión como tranquilizante de niños. Tienen que moverse. En los lactantes hay que jugar con ellos, no plantarlos delante de la tele para que estén callados. Cuando crecen favoreced que salgan a jugar a la calle el máximo tiempo posible. Dedicadles tiempo para jugar con ellos en juegos que precisen de actividad física. Sé que no hay quien siga el ritmo de un niño, pero no podemos pretender que sean ellos los que sigan el nuestro, el sedentarismo.
  • No usar la comida como entretenimiento ni como premio. Si un niño está asustado o nervioso abrázalo, si está aburrido juega con él. Como premio usa cualquiera de las dos anteriores.

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La obesidad como factor de discriminación social

Una reflexión personal sobre la importancia social de la Obesidad. La nueva condena a la miseria.

Este es posiblemente uno de los artículos más duros que he escrito. Toca muchas sensibilidades. Y como siempre, lo que expreso no es más que mi opinión, por supuesto discutible. Pero una vez más, es un tema en el que creo que no se habla porque se prefiere no decir cosas que pueden generar rechazo. Se juega uno ser impopular. Pero para mí, las consecuencias son tan importantes que prefiero ser sincero a ser popular. Es uno de los temas en los que por supuesto espero vuestros comentarios para aprender.

Nuestro país, como el resto del mundo desarrollado, ha incrementado en los últimos años el porcentaje de obesos. En España, es especialmente llamativo el aumento de la obesidad infantil. Hay estudios que dan por hecho que la actual generación de niños será la primera que en los últimos 100 años tenga una esperanza de vida menor que la de sus padres. La causa es la obesidad. Este tema tiene muchas ramificaciones importantes.

En este apartado me centraré en un tema que se trata pocas veces:

“La obesidad como factor de discriminación social”.

Me resultaría muy llamativa esta ausencia de protagonismo del tema si no fuese por el alto grado de “corrección política” que inunda nuestra sociedad. Es un tema delicado, que puede levantar muchas ampollas. Pero por eso mismo creo que es necesario el debate. Porque sé hasta que punto esa “corrección política” nos ha contaminado a todos, pido vuestra indulgencia ante cómo suenan algunas de las afirmaciones que voy a hacer, pidiéndoos que no condenéis sin más la frase. Os ruego que con la mente abierta, meditéis si lo que expresan es en realidad cierto o no, disculpando en tono si no os gusta.

Gordo rico, gordo pobre:

En los países subdesarrollados y en otras épocas en el nuestro, la obesidad era un signo de pertenencia a clases sociales altas. Dada la escasez de recursos, para ser gordo había que ser rico, en el sentido de ser una persona sin limitaciones para acceder a la comida. La gran mayoría de la población se mantenía en el nivel de subsistencia, viviendo al día, comiendo lo que conseguía cada día y tendiendo más a la falta (tanto en variedad como en cantidad) que al exceso. Esto generaba en muchos casos situaciones de mal-nutrición generalizada que transformaba a multitud de personas que genéticamente eran normales en individuos con serias deficiencias en el desarrollo mental y físico. Lo que unido a la inexistencia de educación en esta clase social e incluso a leyes que lo impedían, hacía poco menos que imposible que alguien llegara a salir de la miseria en la que se había criado.

En la actualidad en los países desarrollados, la obesidad es mucho más frecuente en clases sociales bajas que en las altas. Casi toda la población de nuestro país dispone de los medios materiales para no morir de hambre o de frío, para vestirse, para un mínimo de higiene, acceso a servicios sanitarios o de asistencia social.

El auténtico lujo hoy día es el tiempo. Es la disponibilidad de tiempo libre sin carecer de recursos materiales lo que realmente establece en la actualidad la separación entre personas que trabajan para VIVIR y las que viven sólo para TRABAJAR. La escasez de tiempo libre en las clases sociales bajas está llevando a un incremento de la obesidad, especialmente en niños. Lo que es en muchos casos una condena hereditaria a la miseria económica.

¿Por qué la obesidad es más frecuente en las clases sociales bajas de los países desarrollados?

Hablemos primero de lo que es la vida (generalizando) de los pobres sin tiempo. Quiero aclarar que yo me crié en una familia de clase social baja y numerosa (7 hermanos, un sueldo escaso), pero en la que mi madre estaba en casa.

El modelo habitual actual es una familia en la que padre y madre trabajan con horarios largos de que suponen un intenso agotamiento físico y con pocos hijos (habitualmente no más de dos). Hay tres grupos de familias en función de como organizan su tiempo y su alimentación:

1. Disponen de poco tiempo libre:

  • Poco tiempo libre para cocinar. En la práctica significa que en la casa se consumen fundamentalmente alimentos pre-cocinados de producción industrial y que hay mucha comida lista para comer. Una característica común en la comida industrial es que para vender más que la competencia, la comida que una empresa fabrica tiene que saber mejor que la del competidor. Y eso es fácil de conseguir, basta con destacar los sabores añadiendo más sal, grasas saturadas o azúcar, en función del alimento concreto, junto con conservantes, colorantes y otros aditivos, sin ninguna función nutricional. Su objetivo es que resulten más apetecibles. La industria alimenticia argumenta, y es cierto, que nadie se muere por tomarse una lasaña pre-cocinada o una bolsa de patatas fritas. Otra cosa es que la dieta de una persona esté compuesta casi en exclusiva de este tipo de productos. Pero las industrias dicen, y es cierto, que ellos no obligan a la gente a que consuma sólo sus productos ni que lo haga a diario.
  • Poco tiempo para educar. En muchos casos estas personas no tienen claro que esa alimentación sea lo perjudicial que es. Y en otros casos simplemente no tienen tiempo para con paciencia «pelear» con sus hijos para que consuman alimentos más sanos (y menos apetitosos).
  • Poco tiempo para actividad física. No disponen de tiempo ni energía para realizar actividades físicas con sus hijos. Además muchas de las que realizan niños de clases sociales más acomodadas cuestan dinero. Y los niños a partir de cierta edad están solos muchas horas en casa mientras sus padres trabajan. No se les permite en muchos casos salir a la calle, porque los barrios en los que viven son especialmente inseguros. Y aquellos que trabajando mucho pueden permitírselo, suelen facilitar a sus hijos medios de diversión sedentaria, como la televisión, los video-juegos…
  • Los niños tienen mucho tiempo para ver Televisión. El número de horas de televisión consumida se incrementa conforme bajamos en la escala social, especialmente en los niños. Aparte de que el consumo de energía del cuerpo es menor viendo televisión que estando simplemente sentado, está la publicidad televisiva. En cualquier canal con programación infantil, durante su emisión, los anuncios de alimentos destinados a los niños, duplican o triplican a los anuncios de alimentación durante el horario para adultos. Es demasiado para ser casualidad. Imaginad el cuadro: un niño que pasa horas en casa aburrido viendo la televisión y al que continuamente le recuerdan que hay comida en la nevera. ¿Cuántas veces creéis que se levantará en la tarde para picar? Y sin el control de sus padres.

2. Los que tienen tiempo pero lo malgastan. Repito que sé que suena duro, pero hay por desgracia muchas familias así:

Estas familias suelen tener adultos en casa ociosos:

  • Aunque tienen tiempo para cocinar, prefieren no hacerlo, consumiendo productos industriales en la medida que sus ingresos se lo permiten. Es paradójico, pero es más barata la comida industrial que los alimentos sin procesar. ¿Cómo puede costar menos un bote de ketchup que un kilo de tomates? Tan sólo con eso deberíamos de sospechar de su calidad.
  • Aunque tienen tiempo para educar a sus hijos, o carecen de los conocimientos para hacerlo o les resulta más cómodo no hacerlo. Ceden a cualquier capricho mientras puedan permitírselo.
  • No dan valor a la actividad física. En algunos casos el niño si es activo, simplemente porque está todo el día tirado en la calle.
  • Consumen horas de televisión acompañados de adultos que también lo hacen picando continuamente alimentos de mala calidad unos y otros.

3. Y finalmente los que a pesar de disponer de poco tiempo, o teniéndolo y a pesar de pertenecer a una clase social sin muchos recursos, han tenido hijos y estos son su prioridad: En estos casos, haciendo malabares con las cuentas se procura tener una dieta adecuada en casa, se «pelea» con los niños para que la coman, se intenta que sean activos y se limita el acceso a la televisión y la comida de mala calidad. Así fueron mis padres. No es fácil, de hecho es muy difícil, pero es posible. Y es uno de los pocos esfuerzos en los que siendo pobre es muy posible alcanzar la recompensa.

Como vemos, dos de las tres opciones llevan a la obesidad.

La obesidad con pobreza como condena social:

Una vez que se es obeso y pobre, se entra en una dinámica perversa:

  • Continuamente nos venden en la televisión lo importante que es la imagen corporal en esta sociedad. No cumplir esos modelos de belleza daña la autoestima del niño obeso (y del adulto, por supuesto).
  • El ascenso profesional y social es más fácil para las personas con un aspecto físico que la sociedad prefiere. Y mucho más difícil siendo obeso.
  • Las enfermedades asociadas a la obesidad (diabetes, hipertensión, enfermedades articulares, respiratorias, cáncer), no sólo acortan sino que empeoran mucho la calidad de vida del obeso, disminuyendo seriamente su productividad. Lo que en el mundo económico significa, más dificultad para obtener un buen trabajo y conservarlo.
  • A lo que sumamos una educación de menor nivel, más probabilidades de haber crecido en familias con problemas serios (droga, maltrato, abandono…)

Soy consciente de lo mal que suena todo esto. De lo injusto que suena. Pero el que sea injusto no lo elimina de un plumazo. No hablar de ello no lo hace menos real para los millones de personas que ven sus vidas aplastadas bajo esta apisonadora. De hecho es una realidad tan dolorosamente real que está convirtiendo a la obesidad en un factor de condena a la miseria  implacable para millones de personas en todo el mundo.

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La obesidad infantil

La obesidad y sus consecuencias en niños, un problema importante y difícil de tratar en adultos, pero que es fácil evitar que aparezca.

La obesidad es la epidemia del mundo desarrollado.

Tiene consecuencias devastadoras para la salud de la persona en muchos aspectos:

  • La salud física: El obeso tiene serios problemas de movilidad, que a la larga generan patologías articulares, como la artrosis de rodilla, imposibles de tratar si no pierde peso.

Problemas cardio-vasculares que surgen del sobre-esfuerzo que supone para el corazón bombear sangre a un volumen de tejidos mayor y el esfuerzo necesario para mover ese mayor peso.
Problemas respiratorios. Las patologías respiratorias son mucho más graves si se reduce de forma seria la movilidad del pecho por soportar un peso y una capa de grasa importantes.

  • Afecta a la salud mental: Uno de los factores que influye en la salud mental es la aceptación de nuestro aspecto. Y en ello a su vez es muy importante el rechazo que éste puede suscitar en los demás.

Vivimos en una sociedad que venera el aspecto físico y condena al obeso como “pecador”.
El resultado es que la obesidad genera un rechazo que en no pocos casos acaba provocando ansiedad y depresión. Patologías que empeoran a su vez la obesidad.

  • Este rechazo a nivel personal tiene consecuencias a nivel social.

Los éxitos en el tratamiento de la obesidad en adultos o adolescentes son muy escasos. La clave está en evitar que aparezca.

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Consecuencias de la Mala Dieta

CONSECUENCIAS DE UNA MALA DIETA EN NIÑOS

Si tu hijo tiene una dieta mala, pasa factura en su futura salud. Evítalo.

Problemas más frecuentes derivados de una alimentación inadecuada

 

Las consecuencias más frecuentes de una dieta inadecuada en nuestro entorno son cinco:

 

– El síndrome metabólico.
– El cáncer.

– La obesidad.

– El niño que no come

– El estreñimiento.

De ellos me centro en los tres últimos porque sé que una de las características del ser humano es que nos influye más lo evidente y lo inmediato.

Los otros dos, son problemas de salud graves, pero que suelen aparecer a más largo plazo y no resultan tan evidentes.

Por eso cuando se habla de la mala alimentación en los países desarrollados casi todo el mundo piensa de forma inmediata en la obesidad, en su antesala: el niño que come mal y en un asociado a ambos: el estreñimiento.todos_bodegon

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Mezclar estómago, cabeza y corazón: Complicación

Consecuencias negativas de confundir la comida con afectividad en niños.

El afecto es un ingrediente positivo en cualquier mezcla hablando de relaciones humanas. El problema es la sustitución del afecto por comida.

La alimentación es una necesidad primaria. Todo ser humano no enfermo come para nutrirse. Los niños no son una excepción.

Yo establezco una diferencia fundamental entre dos grupos de edad en relación a la comida: El lactante y el niño. El lactante es alguien a quien alimentamos. El niño es alguien que se alimenta de forma activa. No pongo un límite de edad. Porque hay niños a los que se les alimenta durante años.

En la primera fase de la vida (el lactante, por ponerle algún nombre), el ser humano no es capaz de alimentarse a sí mismo. Depende de los adultos para que le alimenten. Y si los adultos que le cuidan tienen una relación normal con él, cuando le alimentan le dan afecto sistemáticamente. El ejemplo más claro es la lactancia materna. Pero también una lactancia artificial dada con afecto (que es lo habitual).

Durante esta fase, es a veces difícil distinguir si lo que nos pide es comida o afecto. Y se dan ambas cosas juntas. Esto no es un problema, sino algo positivo:

Si lo que busca es afecto, se lo damos. Acompañarlo de comida tiene un efecto de refuerzo. Al comer y subir el nivel de azúcar en sangre, se liberan endorfinas (sustancias que en el cerebro desencadenan una sensación de placer). Con lo que recibir afecto ante un falta de afecto se refuerza como la solución idónea.

– Si lo que el bebé buscaba era alimentación. Le damos el alimento y lo hacemos con afecto. Lo que, aparte de ser la forma natural de hacer cualquier cosa con alguien a quien se quiere, evita que se generen reacciones de rechazo a la comida.

Pero llega un momento en que el niño se desarrolla y empieza a actuar de forma más autónoma con su entorno. En cuanto a la comida, empieza a curiosear, a interesarse por otros alimentos que toman los adultos. Y en muchos casos, especialmente si lo hacemos con flexibilidad y naturalidad, empieza a manipular los alimentos y a tomarlos por sí sólo.

Lo habitual es que esto sea un proceso espontáneo que en cada niño se desarrolle a su ritmo y que lo lleve al final a separar poco a poco la comida de la necesidad de afecto. Además el niño expresa mejor sus necesidades y los adultos que le rodean lo conocen y entienden.

Pero pueden aparecer problemas en este proceso. Los más frecuentes son:

Cuando los padres piensan que un niño no se alimenta bien. Si esto ocurre, es habitual que los padres lleguen a la comida con una sensación de angustia, que transmiten al niño. Lo que convierte la comida en algo desagradable y forzado. El niño acaba desarrollando ante eso rechazo. Otros padres no consiguen alimentar al niño sin entretenerlo (frecuentemente con la televisión, el móvil o montando un circo en cada comida…). Eso hace que para el niño la comida sea algo que le dan mientras le entretienen. Pasamos de un descubrimiento activo de la comida a una alimentación pasiva. En la mayoría de los casos, la solución es entender que las necesidades de comer del niño no se ajustan en horarios ni cantidades a un patrón que nosotros tenemos en la cabeza. Y que lo único que debemos hacer es ofrecer comida que el niño buscará en los momentos que tenga hambre.

Cuando ante una petición de afecto respondemos aportando alimentación sin afecto. En otros casos se ve a los niños inquietos, aburridos, nerviosos. En la mayoría de esas ocasiones, lo que el niño nos está diciendo es que necesita nuestra atención. Quiere que juguemos con él. Que salgamos a dar un paseo. O simplemente que le abracemos… Pero ante eso, algunos padres (a veces por falta de tiempo) descubren el milagroso efecto del trozo de pan, el paquete de gusanitos, el biberón de zumo, leche o manzanilla. Es dárselo y el niño se entretiene comiendo sólo. Y en pocos minutos se ha calmado. El mecanismo es, como decía antes, que al comer sube el azúcar en sangre. Eso libera endorfinas. Y se pasa a una situación de placer. Es muy efectivo. Y los padres tienden a usar este sistema más, cuanto menos tiempo tienen para su hijo o menos proclives son a manifestarle su afecto.

Todo esto sucede en una etapa de la vida en la que se forman las conductas inconscientes del niño que van a seguir funcionando de forma inconsciente durante el resto de la vida.

Lo previsible es que su futura relación con la comida sea:

– Muy selectiva: Ya que en su relación con la comida hemos eliminado la curiosidad y el gusto por explorar (lo hicimos pasivo).

– De rechazo: Si lo que hicimos fue una guerra de cada comida.

– Compulsiva: Es decir, va a buscar la comida como forma de calmar las necesidades afectivas.

Por tanto mezclar estómago (la alimentación), con la cabeza (ideas preconcebidas de los padres) y corazón (sustituir afecto por comida) es fácil que produzca complicaciones.

Vuelvo a aclarar: No es dar comida con afecto lo que produce problemas (eso es positivo) es sacar el afecto de la alimentación o sustituirlo por ella.

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Consumismo en la comida de los niños

Problemas con la comida en niños debidos al consumismo de nuestra sociedad.

 

La comida se ha convertido en mucho más de lo que es su función natural de suministro de energía y material para el cuerpo.

Hoy en día es excepcional la reunión social que no se realiza en torno a la comida:

Comidas de negocios, familiares, de navidad, de año nuevo, de noche vieja, bodas, bautizos, comuniones, cumpleaños, despedidas de soltero…

Y cada vez son celebraciones en las que la comida resulta dentro de un ambiente general de exceso, más desproporcionada.

Mis padres no eran ricos, cuando se casaron, invitaron a sus amigos y familiares a chocolate con churros. Pero esa era la norma.

Hoy en día cualquier boda sin una comida con entrantes, dos platos, postre y barra libre es “de muertos de hambre”.

Los Bautizos y las Comuniones han alcanzado el nivel de las bodas.

Los cumpleaños son cada vez más estrambóticos en una especie de competencia por no ser menos que los padres de los amiguitos de nuestro hijo.

Parece imposible quedar simplemente para dar un paseo sin empezar o acabar comiendo. O hacer directamente rutas de tapeo en las que paramos para volver a comer cada 100 metros (especialmente en el sur: vivo en Granada, la ciudad de las tapas gratis).

“Ir de campo” se ha convertido en llegar en coche a un merendero, andar cien metros hasta la barbacoa libre más cercana e hincharnos a comer.

En realidad no puede decirse que no se haga ejercicio: tan sólo acarrear la cantidad de comida, bebida y mobiliario que se lleva a una de estas “excursiones a la naturaleza” es un ejercicio sobrehumano.

En todas estas ocasiones y otras más (cine, centro comercial…), acabamos comiendo comida de mala calidad y en cantidades innecesarias para nuestra nutrición.

Y los niños están dentro de esa forma de hacer las cosas. Les ofrecemos de forma totalmente desordenada esa comida de mala calidad en función, no de sus necesidades, sino de nuestros planes sociales.

¿La consecuencia?

Una obesidad infantil en aumento y una dieta en general difícil de mantener mínimamente sana.

¿La solución?

Actividades de ocio más sanas y activas.

Procurar tener una alimentación en la que cuidemos más de la calidad.

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Alimentación industrial

Problemas de nutrición en niños debidos al consumo de alimentos procesados industrialmente. Conócelos y escoge.

 

Cada vez tenemos menos tiempo para elaborar nuestra propia comida, con lo que dárnosla hecha es un buen negocio.

Esto en sí no tiene porqué ser negativo.

Pero entonces llegan las otras consideraciones:

  • Como empresa mi objetivo es vender más que la competencia.
  • La mayoría de la gente a la hora de comprar comida no se deja guiar por lo que es más sano (hay una parte de la población que sí, y hay productos para ellos), sino por sabores, colores, presentación y precio fundamentalmente.
  • Si se vende más un alimento menos soso, añado sal, si más dulce, azúcar, si con colores más llamativos, colorantes, si con sabores más intensos, grasas saturadas…
  • Si el alimento tiene una vida corta, se recurre a conservantes.
  • No sobrepasando los límites legales. 

Esos límites se establecen para que un consumo razonable del producto no genere problemas serios.

Pero ¿desde cuando consumo y razonable han ido de la mano?

Una persona que se alimenta mal no come productos de una sola marca, por lo que es difícil que sea achacable a una en concreto el efecto de consumir esos alimentos.

Y si alguien lo hace la empresa siempre puede argumentar que cualquier cosa en cantidad excesiva es perjudicial y que ellos no obligan a nadie a consumir sus productos y mucho menos como fuente exclusiva de su dieta.

El problema es que en el caso del comprador priman razones poco sanas y para escoger. Y en el caso del productor, excepto casos especiales que defienden su producto como dieta sana, los objetivos son amoldarse al gusto del consumidor, sea sano o no, que el producto se conserve el mayor tiempo posible (lo que lo hace más barato) y que su composición y elaboración sea lo más barata y con el mayor margen posible.

Eso no son, evidentemente, criterios nutricionales que vayan destinados a mejorar la salud a largo plazo de nuestros hijos.

Los niños son especialmente sensibles a la acumulación de sustancias químicas, como conservantes o colorantes. Que no están en la alimentación industrial porque aporten ninguna ventaja nutricional, sino como un «mal menor inevitable» para hacer rentable el alimento industrial.

Por lo que suele ser un buen consejo nutricional reducir el consumo de productos elaborados industrialmente para el consumo masivo, especialmente en niños.

Es preferible, desde el punto de vista de salud, en casi todos los casos tomar un alimento natural procesado en casa que un alimento procesado industrialmente.