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¿Se despiertan más los niños que toman pecho?

¿Se despiertan más los bebés que toman pecho?

Respuesta a una Peketema propuesto por una madre en Facebook: La lactancia y el sueño. ¿Despiertan más cuando toman pecho? ¿O no esta relacionado?

Uno de los motivos por los que muchas madres se plantean ofrecer a su hijo un biberón por primera vez es porque se despierta mucho de noche. Pero la duda que surge es: ¿Realmente los niños que toman biberón duermen mejor que los que toman pecho? ¿Es la solución dar un biberón?

A partir de esta pregunta surgen varias situaciones a tratar:

El bebé recién nacido que llora por la noche a pesar de ofrecerle el pecho a demanda y se duerme al tomar un biberón

Esta situación es muy frecuente. Bebés de pocos días de vida que por la tarde-noche empiezan a pedir con mucha más frecuencia el pecho y acaban desesperando a los padres.

En muchos casos los padres estaban motivados para dar el pecho como alimentación exclusiva y creían que sabían lo necesario para hacerlo. Pero el bebé no para de llorar y tras horas de tomas frustrantes y mucha desilusión, deciden ofrecer el biberón al bebé. En la mayoría de los casos el bebé toma el biberón con ansiedad y por fin se relaja quedando dormido durante horas.

¿Qué le pasaba a este bebé? No es difícil suponer que tenía hambre. Y no nos equivocaríamos.

Hay que entender algo: El pecho debe pasar de no producir nada a generar toda la leche que un bebé necesita en cuestión de horas. En la mayoría de los casos tras el parto el bebé está muy cansado. Han sido muchos cambios y tiene que adaptarse a muchas necesidades nuevas. Eso hace que en las primeras horas de vida el bebé pida alimentarse con poca cantidad y en seguida se queda dormido. ¡Genial! Porque al principio es poca cantidad lo que hay.

En los días siguientes irá tomando cada vez con más frecuencia y cantidades mayores. Habitualmente al ritmo que va necesitándolo va estimulando al pecho a que produzca cantidades suficientes.

El problema surge cuando esta coordinación no es buena y el bebé no estimula suficiente aumento en la producción de leche. Las causas más frecuentes son:

Aguantar el hambre al bebé para que cumpla un horario. Si tiene hambre y lo ponemos a tomar pecho enseguida, el bebé va comunicando al pecho el ritmo al que necesita el alimento. Pero cuando no le dejamos tomarlo cada vez que lo haría empieza a comer con más ansiedad llevando a la situación que describíamos arriba. Muchos padres no reconocen la necesidad del niño para alimentarse y tratan de calmarlo por otros medios.

Entretener el hambre del bebé con chupe, biberón (de leche o manzanilla) o intentar calmarlo con balanceo cuando tiene hambre. Hacer esto provoca que cuando por fin come lo haga con ansiedad y que mientras el pecho no se haya enterado de que hacía falta más.

– Otras veces el problema es una mala postura del bebé al pecho que impide que se alimente bien y vacíe el pecho en lo que realmente necesitaría. El resultado es que las tomas dejan al bebé con hambre y empieza a comer con más ansiedad.

– Una última puede ser un frenillo lingual corto. Cuando lo hay y dificulta la lactancia resulta muy frustrante. Aparecen grietas en el pezón y el niño se cansa sin lograr sacar la cantidad que necesita.

Puede haber alguna más. Pero el resultado, sea cual sea la causa es el mismo. El bebé no duerme por hambre. Y si en ese momento se le ofrece un biberón suele tomarlo y quedarse dormido, agotado tras el esfuerzo.

¿Cómo evitar llegar a ese punto? Pues ofreciendo al bebé el pecho cada vez que está activo, e incluso haciendo por despertarlo si tras 2-3 horas durante el día sigue dormido.

Y si no lo hemos resuelto antes y ya estamos en la situación ¿qué hacemos, le damos el biberón o no?

Depende. Fundamentalmente del grado de desesperación del bebé y de las preferencias de los padres. Pero en algunos casos la solución es dárselo. Y corregir a partir de ese momento los errores que nos han llevado a tener que hacerlo para que no sea necesario en adelante.

Otra situación diferente: El bebé que a partir de los 4-6 meses empieza a despertarse con más frecuencia pidiendo el pecho

Aquí el problema no está directamente relacionado con el pecho. Es algo que ocurre exactamente igual con bebés que suelen dormirse en brazos tomando el biberón.

Y no es un problema de falta de alimento, sino de rituales de sueño.

Conforme un niño crece su sueño cambia. Y llega un momento en que le resulta fácil despertarse, pero para dormirse de nuevo necesita hacer un ritual de sueño. El que se le ha enseñado a hacer desde que nació. Sea tomando pecho o biberón, el ritual del bebé necesita la colaboración de sus padres para volver a dormirse y el resultado empieza a ser un aumento del número de despertares.

Se suele plantear a los padres si el bebé toma pecho que el problema se resolvería dándole un biberón para dormir.

Pero es que a los que se duermen tomando el biberón en brazos les recomiendan que empiecen a darles cereales.

Raramente se resuelve con ninguna de las dos opciones. El bebé no se está despertando por hambre, lo hace porque su patrón de sueño a partir de cierta edad incluye despertares que pueden ser cada 45-90 minutos. Pero sólo sabe volver a dormirse haciendo su ritual, y este incluye la colaboración de los padres (sea para dar el pecho o el biberón).

La solución no es un cambio de alimentación, sino un cambio de ritual de sueño.

En resumen, los niños que toman biberón suelen despertarse menos que los que toman pecho.

Pero no es debido habitualmente a un problema del pecho, sino a que no lo estamos dando de forma adecuada o a factores que tiene más que ver con la forma en la que dormimos al niño que con el hecho de si es tomando pecho o biberón.

La solución a los problemas de sueño no es en ningún caso dejar el pecho. Algunas madres hacen destete nocturno sustituyéndolo por biberón en la esperanza de resolver esto. Pero no mejora más que si cambiamos el ritual de sueño por uno que el bebé pueda realizar sin colaboración.

 

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Por qué no es bueno el exceso de higiene en niños

Una de las teorías sobre el aumento de las alergias en niños es el exceso de higiene. ¿Cómo puede ser así?

Todos sabemos que en nuestro cuerpo hay partes que cuanto más las usamos más se desarrollan, como los músculos. Y que cuando no se usan, pierden tamaño y fuerza.

Pero hay otras partes de nuestro organismo que no pueden permitirse ese lujo. Nuestro sistema defensivo es una de ellas. Si se atrofiase por no trabajar, tras un periodo prolongado sin infecciones podríamos morir por un simple resfriado.

Cuando nuestro sistema defensivo no tiene trabajo, se lo busca. Es decir, si vive en un ambiente en el que no hay gérmenes que lo desafíen lo suficiente, empieza a buscar otros estímulos frente a los que reaccionar. Y es entonces cuando aparecen las alergias. Esto es una teoría, es lo que llamamos «Teoría Higienista de las Alergias».

Se basa en que la aparición de alergias ha ido aumentando en los países en los que las medidas de higiene están más desarrolladas. Y en que en estos países son más frecuentes conforme subimos en escala de higiene de la población.

Esta teoría nos dice que un poco de «roña» es buena en la vida de los niños.

Es necesario para mantener la actividad mínima del sistema defensivo para que siga en forma y centrado en lo que debe hacerlo: luchar contra los gérmenes.

Pero hay otras razones para no obsesionarse con la limpieza

  1. Los niños son niños. Necesitan explorar. Son inquietos por naturaleza. Parte de la infancia consiste en ser inconsciente de ciertas cosas. Y una de ellas es si esto está limpio (hasta la esterilización) o no. Pretender que el ambiente en el que los niños se desarrollan reuna las condiciones de esterilidad de un quirófano es un esfuerzo absurdo. Reduce demasiado las posibilidades de lo que el niño puede o no hacer y supone un esfuerzo a los padres innecesario. Pero ante todo les resta tiempo a esos padres para una labor mucho más importante, jugar con sus hijos y disfrutar de ellos.
  2. Genera además un volumen importante de mensajes tipo «no toques eso», «no te metas eso en la boca», «deja que te limpie las manos con la toallita», «eso no, que está sucio»… Lo que hace que la relación con el niño sea innecesariamente crispada y saturada de mensajes. Una de las características del lenguaje es que tiene una capacidad de atención limitada. Si constantemente bombardeamos al niño con mensajes de este tipo, llega un momento en que su atención por lo que decimos se reduce a la nada.

¿Qué es entonces lo razonable?

  • Esterilización de objetos para comer: Es absurdo por encima de los 3-4 meses. Basta con lavarlos como el resto de nuestros utensilios de cocina.
  • Mantener una limpieza razonable en la casa: No es recomendable como decía pretender que el sitio de juego del niño sea más estéril que un quirófano.
  • Lavarse las manos antes de comer o tras ir al baño: Entre otras cosas, lavar las manos 20 veces al día le destroza la piel a cualquiera.
  • Baño: Un baño diario no hace daño a nadie, pero cuando un niño no ha tenido actividades especialmente sucias o intensas en ejercicio físico no pasa nada si se lo salta uno o dos días. Y usad siempre poca cantidad de jabón y lo menos agresivo posible.
  • Cremas hidratantes: Sólo son necesarias cuando la piel no está bien. Si una piel está bien es porque las secreciones que produce son las adecuadas para cuidarse por si misma. Si tenemos esa suerte, lo mejor es no interferir.
  • Lavado de dientes: Mientras tiene los dientes de leche es el periodo en el que formamos al niño para que se conciencie de la higiene dental. En esta etapa suele ser suficiente con que se cepillen los dientes antes de acostarse (y evitar productos azucarados que favorezcan las caries). Cuando salen ya los definitivos sí es recomendable el cepillado de dientes tras las comidas principales (tras la cena sigue siendo la más importante).
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Colecho no aceptado: ¿Peleas para no meter al bebé en la cama?

Cuando acabamos haciendo colecho pero peleamos para no hacerlo

Hay muchas familias en las que el problema que les impide dormir bien es lo que llamo «colecho no aceptado».

En ocasiones, los problemas surgen cuando las soluciones más evidentes entran en conflicto con nuestros prejuicios. Llevo un par de semanas pensando en escribir este artículo, porque en este tiempo han sido varias las familias que me han contado el mismo problema.

Os resumo una de estas conversaciones, por si se da el caso de que os ocurra lo mismo. Y si no es así, para que sirva de ejemplo de lo sencillas que pueden ser a veces las respuestas y de lo mucho que cuesta verlas:

– «Lo hemos probado todo. Y no hay forma, todas las noches en torno a las 4-5 de la mañana nuestro hijo se despierta y no para de llorar hasta que me acuesto con él o me lo llevo a la cama.»

Yo: – «Y, ¿Cómo lo duermes habitualmente?»

Ante lo que hay una de estas dos respuestas casi siempre:

  1. «Me echo con él en su cama, y cuando está ya dormido lo dejo.»
  2. «Lo duermo conmigo en mi cama y cuando ya está profundamente dormido lo llevo con mucho cuidado a su cama.»

Yo de nuevo:

– «Y ¿cuando se despierta por la noche qué haces para que vuelva a dormir?»

– «Pues, lo he intentado todo, pero como no me eche con él a dormir o me lo lleve a mi cama no para, nos podemos tirar horas y ya no pegar ojos en toda la noche.»

Y entonces la pregunta clave:

– «Y cuando lo echas en tu cama ¿se duerme en seguida? y ¿duermes bien con él a tu lado?.»

Lo sorprendente es que en la mayoría de los casos la respuesta es que sí a ambas preguntas. Y en ese caso no puedo reprimirme:

– «Me quieres explicar entonces a qué estáis jugando. Es decir, en la práctica haces colecho. Tu hijo se duerme contigo. El cree que duerme toda la noche contigo. Pero cuando se despierta se encuentra con que no estás. Entonces acudes y vuelves a acostarte con él. Pero a veces, después de liar la de San Quintín. Y el caso es que duermes bien con él. ¿Me quieres explicar entonces para qué tanto tira y afloja? La postura del niño la entiendo, es pura coherencia, ¿pero la vuestra?».

– «Es que me han dicho que si hago eso estoy perdida, que se va a acostumbrar, que…»

Resumiendo. Que mucha gente hace a los ojos del niño colecho con él. Hasta les gusta. Son capaces de descansar bien cuando lo hacen. Pero no son capaces de aceptarlo.

Y por eso, empiezan a desarrollar montones de estrategias para enmascararlo, no entendiendo la conducta del niño. Cuando la del niño es la única coherente con lo que se está haciendo.

Y todo, porque tienen una idea negativa sobre el colecho, sin darse cuenta de que es lo que están haciendo lo que genera el problema.

Si es tu caso, haz un experimento:

Si tu hijo tiene que acostarse antes que tú, como es normal que sea, acuéstate a su lado (como en realidad estás haciendo todas las noches). Y una vez dormido, te levantas hasta la que sea tu hora de dormir. Pero déjalo en tu cama.

Y cuando vayas a dormir hazlo en esa cama, de nuevo con él.

Si cuando se despierte a la hora de siempre, el «sorprendente» resultado es que simplemente se acerca a ti, te abraza y vuelve a dormirse, y dormís por fin decentemente después de meses o años… no te sorprendas demasiado.

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Espina bífida en niños

La espina bífida es la malformación congénita evitable más frecuente en los recién nacidos. ¿Porqué es tan importante tomar Ácido fólico para las mujeres en edad fértil?

¿Qué es la Espina Bífida?

La Espina Bífida es una malformación que afecta al eje del cuerpo (médula y columna vertebral) entre la tercera y cuarta semanas de embarazo. Aparece cuando entre los días 23 y 26 de embarazo la estructura que da origen a la médula y el cerebro (Tubo neural) no se cierra correctamente.

¿Qué causas la provocan?

No se sabe la causa exacta, pero parece que hay una predisposición genética a desarrollarla que aparece especialmente cuando en las primeras semanas de embarazo hay una carencia de ácido fólico.

La posibilidad de tener un niño con alguno de estos defectos es de 1,8 a 2 por cada 1.000 nacimientos entre la población general, porcentaje que sube al 5% después de haber tenido ya un hijo con esta malformación, y del 10%, si ya se han tenido dos pequeños con alguna de estas discapacidades.

cartel EB

Tipos de espina bífida

Meningocele

Vemos una bolsa que sale en la parte posterior de la columna. Contiene líquido cefalorraquídeo y las capas que cubren a la médula (meninges). Pero no hay contenido de nervios en la bolsa. Suele dar problemas leves. Pero debe operarse para evitar las infecciones.

Mielomeningocele

Es una bolsa en la que hay tejido nervioso de la médula sin cubrir por la piel. La médula se ha formado mal, y eso hace que las alteraciones que produce sean mucho más graves.

Es la forma más grave de Espina Bífida compatible con la vida, una de las causas más frecuentes de discapacidad física en la infancia (altera la sensibilidad y movilidad de las piernas), y la más frecuente de vejiga neurógena (una vejiga de la orina que no puede contraerse bien y en la que no podemos controlar la salida de la orina) e intestino neurógeno (se mueve mal y no podemos controlar la salida de la caca).

Los defectos cerrados

Se producen al final del primer trimestre de embarazo y aparecen como bultos en la zona lumbar baja, en ocasiones con algún mechón de pelo. Pueden ocasionar leve alteración de la sensibilidad o movilidad de las piernas o afectación de la vejiga (en forma de vejiga neurógena) que, además, puede no producir escapes de orina.

¿Cómo prevenir la espina bífida?

Si todas las mujeres en edad fértil consumieran 0,4 miligramos de ácido fólico al menos 3 meses antes de quedar embarazadas y durante el primer trimestre del embarazo, podrían reducir hasta en un 70 por ciento la probabilidad de que su hijo naciera con Espina Bífida.

Pero como muchos embarazos no se planean, se recomienda que las mujeres en edad fértil tomen una dieta rica en ácido fólico que se encuentra en las verduras de hoja verde (lechuga, espinacas) carne, hígado o cereales. Especialmente las mujeres que tengan mayor riesgo de Espina Bífida (antecedentes familiares o mujeres que ya han tenido un embarazo o hijo con esta malformación), deben tomar 4 mg de ácido fólico a partir de los tres meses antes de quedar embarazadas, y durante los primeros tres meses del embarazo.

Pruebas para detectar la espina bífida

Antes del nacimiento

Se puede analizar la alfafetoproteína en la sangre de la madre. Sube en torno a un 75% si el feto tiene espina bífida.

También la ecografía puede detectar defectos en la columna y la médula.

Pero no siempre se detecta. Hay muchos niños en los que la espina bífida es algo que descubrimos en el parto. Y en los casos menos evidentes puede pasar desapercibido durante años.

Tratamiento de la espina bífida

No hay curación. Pero hay cosas que podemos hacer para mejorar sus consecuencias. No podemos corregir el defecto en el desarrollo de los nervios, pero podemos rehabilitar parte de sus funciones y evitar complicaciones.

Lo primero que se hace en las espinas bífidas abiertas es operarlas para cerrar la columna y proteger así la médula de infecciones y traumatismos.

En algunos casos se asocia a hidrocefalia (acumulación del líquido que rodea al cerebro y la médula). En estas ocasiones a veces se necesita también un sistema que elimina ese líquido excesivo.

Pero mucho más importante que el tratamiento quirúrgico es el seguimiento y apoyo a las familias de estos niños. Lo mejor es que esto lo haga un equipo coordinado de Neurólogo infantil, Psicólogo, Fisioterapeuta y Asistente social. Porque en todos estos campos podemos hacer cosas que ayuden a que estos niños tengan un desarrollo lo más normal posible.

En este apoyo, las asociaciones de pacientes pueden ser de gran ayuda. Os dejo un enlace a la federación española de asociaciones de espina bífida e hidrocefalia.

Existen muchos grados en la Espina bífida: Desde niños que no manifiestan ningún problema, hasta niños con una parálisis y falta de sensibilidad completa por debajo de la lesión.

 

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¿Pediatría 2.0 de protocolo o personalizada?

Hay muchas corrientes en el desarrollo de la medicina. Dos de ellas antagonistas son el uso de protocolos y la aplicación personalizada. Mi opinión en la Pediatría 2.0

En los últimos dos siglos la medicina ha avanzado muchísimo. Lo ha hecho fundamentalmente sobre la base del rigor científico. Es decir realizando estudios en los que se comparan las distintas opciones de tratamiento para decidir cual de ellas es la más adecuada para tratar un problema concreto.

Especialmente en los últimos 50 años eso se ha traducido en un proceso: La creación, comparación y perfeccionamiento de protocolos. Ha sido un gran avance.

¿Qué es un protocolo?

Un protocolo es una guía clara del proceso de atención a un problema de salud. Los protocolos se establecen habitualmente desde las sociedades médicas especializadas en una patología concreta. El proceso es reunir a expertos en ese problema y poner en común la forma en que cada uno de ellos lo trata. Luego se llega a un consenso, y se prueba el protocolo o protocolos para comparar cual de ellos da un resultado mejor. Y ese protocolo se esquematiza y simplifica para después difundirlo a los demás médicos que tratan esa enfermedad.

La cara negativa de los protocolos

El protocolo siempre, siempre es una simplificación. Y lo es necesariamente porque lo que pretende es dar una pauta clara de actuación resumida de lo que los máximos especialistas en esa patología hacen, dirigida a médicos con menos experiencia en ella. Pero es la forma de actuar que parece funcionar mejor en el mayor porcentaje de pacientes posibles. No en todos. Los protocolos siempre dejan fuera un porcentaje de pacientes a los que aplicándolo, no se curan.

A veces olvidamos eso. Y muchos médicos aplican protocolos de forma perfecta, e inflexible. Olvidan que tolos los especialistas que han diseñado el protocolo se lo saltan a diario, para dar también respuesta a los pacientes a los que no cura el protocolo. Para ellos es una regla de actuación inicial que saben que cura a la mayoría de los pacientes. Pero son totalmente conscientes de que hay un número no despreciable de enfermos a los que no se cura si no se lo saltan.

De hecho, los protocolos cambian. Y lo hacen porque hay quien se lo salta y descubre formas nuevas y mejores de hacer las cosas.

¿Porqué se tiende a usar los protocolos de forma inflexible?

La respuesta se llama dinero:

La sanidad es cara. Aplicar protocolos agiliza la asistencia. Convierte la medicina en una cadena de producción eficiente. Una cadena que garantiza un nivel mínimo de calidad reduciendo costes. El problema es que el nivel garantizado por los protocolos aplicados de forma inflexible queda muy por debajo del nivel de calidad que puede darse. Y que muchos protocolos están demasiado condicionados por la reducción de costes sanitarios.

Otra razón es el miedo:

Y cuando las cosas no salen bien nos vemos en el juzgado. Muchos médicos creen que actuar siguiendo el protocolo a rajatabla es la única defensa ante esa situación. Yo creo que la mejor forma de no tener que enfrentarse a un paciente en un juzgado es respetar al paciente, darle un trato adecuado e información suficiente para que participe de nuestras decisiones. En la mayoría de los casos que conozco el problema no es un mal resultado de un tratamiento, sino que se prometió lo que no se podía, o no se informó de la forma y en el momento adecuado de lo que ocurría al paciente. Y entonces el paciente se siente desatendido, engañado o mal tratado. Es una pena que la relación médico paciente se defina en demasiadas ocasiones por el miedo, dando lugar a la «medicina defensiva».

Pero hay otros motivos:

– Cuando nos formamos como médicos lo hacemos aprendiendo protocolos. Y pasamos nuestros primeros años de ejercicio profesional agarrados a ellos como una tabla de salvación. La razón es que carecemos de experiencia para valorar de otra forma a los pacientes. Es la única guia que tenemos para responder al paciente. Yo suelo decir que si eres residente (médico en formación) y no te sabes los protocolos, eres un mal médico. Pero si 15 años después de acabar la especialidad sólo sabes aplicar protocolos lo eres peor. Porque en ese caso no has aprovechado para nada tus años de experiencia.

– Las grandes organizaciones prefieren muchas veces buenos aplicadores de protocolos a médicos con capacidad de saltárselos. Creo que es un error, pero es frecuente que sea así. Algunos gestores creen que eso evita muchos problemas. Pero no se dan cuenta de que para algunos pacientes cuando les atiende una estructura de protocolos rígidos es como chocar una y otra vez con un muro. Los pacientes a los que el protocolo no cura, pueden pasar de médico en médico, pero si todos aplican el protocolo, seguirán sin respuesta. Voy a ser claro, yo tengo consulta privada y una parte importante de mi labor consiste en tratar a estos pacientes. En dar respuestas alternativas al protocolo. Consiste en conocer el protocolo, pero aplicarlo de una forma flexible y personalizada. Eso en estructuras en las que se prima la productividad es muy complicado. Porque necesita tiempo para conocer las particularidades del paciente y experiencia por parte del profesional. Eso lo hace difícilmente sustituible. Y para muchos gestores «poderoso y peligroso».

La alternativa de la medicina personalizada

Consiste en conocer los protocolos como lo que son: guías generales que podoemos y debemos modificar en cada paciente según sus peculiaridades. Eso permite aumentar el porcentaje de pacientes a los que somos capaces de ayudar. Y hacerlo además de formas más adecuadas a cada paciente.

¿En qué pueden ayudar en esta personalización las TICs?

Concretamente en mi labor como pediatra, mis pacientes conocen mi web. Una página en la que pueden acceder a información comprensible sobre los problemas de sus hijos. Eso permite que, cuando acuden a la consulta, tengan ya un nivel de información en muchos casos, que me permite usar ese tiempo en interrogarlos sobre las particularidades que pueden modificar la forma de tratar su problema.

La historia clínica que uso está además abierta a que introduzcan información. Apreciaciones sobre la salud de sus hijos con las que a veces recibo pistas muy valiosas sobre cómo afrontar en ese niño concreto su problema.

Y pueden consultarme si en cualquier momento hay un cambio a través de internet respondiendo en menos de 24 horas. Para personalizar la atención es imprescindible que el profesional que ha hecho toda la labor de conocer las particularidades del paciente esté accesible.

 

 

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Niños que vomitan con facilidad

Hay niños que vomitan con facilidad ante cualquier contradicción. Os explico lo que aconsejo a los padres de estos niños.

Esto se llama «Mericismo». Algunos niños lo hacen incluso porque les gusta vomitar. Sea porque les gusta, porque ante el llanto, la tos o la simple presencia de algo inusual en la garganta se les desencadena el vómito con facilidad, o porque han descubierto que hacerlo es una herramienta para conseguir cualquier cosa, es un problema y tiene solución.

Es un problema especialmente frecuente entre los 6 meses y los 3 años. A partir de esa edad suele mejorar. Pero hay cosas que podemos hacer para resolverlo antes.

Diferencia con el Reflujo Gastroesofágico (RGE).

El niño con mericismo no muestra signos de dolor cuando vomita. Alguno como decimos incluso disfruta de hacerlo.

En el Reflujo, incluso cuando en muchos casos no llega a expulsar la comida, el dolor acompaña a la subida de la comida por el esófago.

Si quieres saber más sobre este tema, tengo otro artículo: Reflujo en bebés

¿Porqué es un problema que los niños vomiten con frecuencia?

  • No es habitual que uno de estos niños se deshidrate con los vómitos. No estamos hablando de un niño que vomita 10 veces en un día por una infección, sino de niños que pueden vomitar una o dos veces al día como mucho, pero que lo hacen con frecuencia y sin que haya una causa orgánica, como una infección o tomar un alimento que no toleran. Lo que sí puede pasar es que estos vómitos repetidos impidan que el niño gane más peso.
  • Vomitar de forma repetida puede dañar los dientes. El ácido del estómago puede dañar el esmalte si los vómitos son habituales.
  • Suponen un serio problema de «infraestructura» para la familia. Lavadora, lavadora, lavadora.
  • Cuando se desencadenan ante cualquier enfado del niño, puede acabar condicionando seriamente su educación.
  • Si esto se mantiene en el tiempo, puede acabar favoreciendo la aparición de RGE o de hernias de hiato.

Y esta es la solución que yo recomiendo a los padres en mi consulta

Tiene 3 aspectos:

  1. Dar de comer más veces al día y en cantidades menores: Especialmente los líquidos y sobre todo antes de las situaciones que con frecuencia lo desencadenan (por ejemplo antes de llevarlo por la mañana al colegio). Al tener el estómago menos lleno es más difícil provocar el vómito.
  2. Cambios de conducta: En los niños que sabemos que desencadenan el vómito en rabietas, os recomiendo leer el artículo sobre este tema. Una situación muy frecuente que provoca el vómito es forzar al niño con la comida. Si es tu caso, piensa lo siguiente: «Mejor 5 cucharadas dentro que 6 fuera.» A parte de que pelear con un niño para que coma es algo negativo en sí mismo, porque lo único que conseguirás es que a la larga aumente su rechazo frente a la comida.
  3. Tratamiento con medicación: Os lo pongo lo último, porque tenemos demasiada tendencia a medicalizar los problemas de los niños. Y usar medicamentos puede ayudar en muchas situaciones, como esta. Pero no me gusta resolver problemas de conducta (y este lo es en muchos casos) con «jarabes mágicos». Como padres, entender lo anterior es fundamental para que poco a poco seáis capaces de resolver los problemas de vuestro hijo de forma autónoma.

Entendido lo anterior, en este caso y junto don los dos puntos anteriores, recomiendo a los padres usar un medicamento llamado Motilium (domperidona) en jarabe. Este medicamento actúa sobre el cierre de abajo del estómago abriéndolo y favoreciendo el movimiento del intestino, lo que dificulta los vómitos. Es decir, junto con las otras dos estrategias, reduce la tendencia del niño a vomitar.

La forma de utilizarlo es dándolo antes del desayuno, la comida y la cena durante un par de semanas. Si funciona pero al dejar de darlo, vuelve el problema, puede darse otras dos semanas. Y repetir la pauta hasta que el niño deja de vomitar definitivamente. No os preocupéis si son varios meses: Este es un fármaco que se usa en el tratamiento del Reflujo gastroesofágico en niños de pocos meses de vida y a veces durante cerca de un año o más.

Podéis calcular la dosis de Motilium a dar a vuestro hijo en función del peso con esta calculadora:

Peso en Kg




ml antes de desayuno, comida y cena.

 

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La primera vez a la «guardería»

La primera semana de septiembre ha sido para muchos niños la primera vez que les llevaban a la «guardería».

Como en todos los cambios significativos de un niño, habréis notado algunas reacciones. Cada niño tiene las suyas, pero hay algunas que son más frecuentes.
Sé que cuando se habla de guardería, hay gente que simplemente dice: Yo nunca lo llevaré. Irá al colegio cuando ya no haya más remedio.
Pero para muchas familias no hay más remedio que llevarlo a la guardería. Así que lo que no voy a hacer es juzgar la decisión de ningún padre cuyas circunstancias no conozco. Ya se encarga de bombardear a los padres algún voluntario siempre.
En ese aspecto un consejo: Hagáis lo que hagáis en la crianza de vuestro hijo, siempre habrá quien os critique. Y por algún extraño motivo, los hay que siempre critican cuando sois más vulnerables. El comienzo la escolarización es uno de esos momentos. Porque es siempre un cambio duro. Es la primera separación seria de vuestro hijo en la mayoría de los casos. Y habitualmente no lo llevan bien ni padres ni hijos.

Consideración aparte, y para que estéis preparados, es muy frecuente:

– Evidentemente, que el niño llore los primeros días. No es agradable. De hecho el porcentaje de padres que salen por la puerta llorando no es menor del de niños que se quedan.
– Muy probablemente, comerá peor durante un tiempo (varía según el carácter del niño y cómo se adapte). Tienden especialmente a comer peor aquellos cuyos padres más preocupados están por el tema.
– Tolerará mucho peor separaciones mínimas. Querrá estar siempre con vosotros, preocupándose simplemente si salís de la habitación.
– De lo anterior se deduce que si dormía sólo, empeorará el sueño con más dificultades para dormirse y más tendencia a las pesadillas y a llamar durante la noche.

Consejos:

La gran mayoría de las guarderías tienen hoy día períodos de adaptación. Consisten básicamente en ir aumentando progresivamente el tiempo de estancia del niño en la guardería. Algunas incluyen la estancia de los padres en el interior de la guardería (ideal cuando se puede). Para que el niño vincule a las cuidadoras de la guardería con los padres. Pero no siempre es esto posible (depende de las capacidades de espacio y organizativas de la guardería. Si lo ofrecen y podéis, haces uso de ese período de adaptación.
Sed muy comprensivos con los cambios descritos arriba. Vuestro hijo está adaptándose a un cambio muy radical en su vida. Llevad esos cambios con paciencia y sin modificar mucho la forma en la que hacéis las cosas. A veces intentar compensarlos nos lleva a problemas aún mayores. La forma más adecuada de ayudarle es mostrarle nuestro afecto de forma clara.

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Criar y educar niños: Peketip 7

Educar es como sembrar. Se basa en la confianza de que hacemos las cosas adecuadas, en la paciencia para esperar los resultados y en el respeto al proceso de crecimiento. Educa con cariño, calma y observa cómo responde tu hijo confiando en él.

Criar no es crear. Es decir, nuestro hijo no es algo maleable que acabará siendo lo que queramos que sea.

Es un ser independiente y autónomo, con sus propias formas de adaptarse a este mundo.

Eso genera miedos en muchos padres que no saben si lo que hacen día a día será lo adecuado. Si partimos del amor que tenemos a nuestro hijo e intentamos ser flexibles, debemos tener esa confianza en que hacemos lo mejor que puede salir de nosotros. Y a su vez debemos confiar en su capacidad de adaptarse de forma adecuada. De modo que observemos los indicios que nos da cada día sobre si lo que hacemos le ayuda o le entorpece, y cambiemos en función de lo que veamos en él.

El tiempo nos dirá cómo lo hicimos, pero no vivas con ese miedo, ya que no es buen compañero de viaje. Disfruta de tu hijo y confía en él. Eso te ayudará mucho más a hacerlo mejor como padre o madre.

Peketip 6
Peketip 8

 

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Bronquiolitis y lactancia

¿Porqué en algunos casos, la secuela de una bronquiolitis es el abandono de la lactancia materna?

Como todos los años, llegaron las bronquiolitis con el invierno. Pero me doy cuenta de que algo ha cambiado en mí. Nunca había caído en la cuenta hasta ahora de un detalle. Supongo que se debe a que mi formación en lactancia ha mejorado, y ahora presto más atención al tema.
He visto varios casos de bronquiolitis este año, en los que después del episodio han aparecido problemas con la lactancia materna.

¿Cuál es la relación entre bronquiolitis y pérdida de la lactancia materna?

Para entenderlo, voy a explicar el proceso.
La bronquiolitis es una infección producida por un virus. Esos mismos virus, en niños mayores o adultos, suelen causar un simple resfriado. Pero en niños menores de 6 meses, es frecuente que ataquen al bronquiolo (el canal más fino de paso de aire en los pulmones). El resultado es tos y ahogo. Lo que impide que el niño se alimente bien.
Las bronquiolitis suelen durar desde unos días, hasta varias semanas. En ese tiempo el niño come mal. En los bebés que están con lactancia materna, el resultado es que el pecho no se vacía con la frecuencia habitual. Algunas madres lo notan porque se les llena demasiado los primeros días de enfermedad de su hijo. Otras no lo notan tanto.
Pero el resultado es que al vaciar menos el pecho, disminuye su producción de leche.
Si a eso juntamos que la madre suele estar bastante preocupada por la situación del bebé y no piensa en el pecho como algo prioritario, los días van pasando y la producción de leche va reduciéndose.
Cuando por fin el bebé mejora de la bronquiolitis, y empieza a comer más, se empieza a recuperar el pecho. Pero a veces esa recuperación en la cantidad de leche, tarda más que el bebé en pedirla.
Entonces el bebé empieza a comer con ansiedad, traga más gases, llora más. Y la madre interpreta, con razón, que el niño se está quedando con hambre y el pecho no llega.
En muchos casos recurren al biberón y puede suponer el fin de la lactancia.

¿Cómo evitar que una bronquiolitis acabe con una lactancia que funcionaba?

Se me ha ocurrido escribir este artículo, porque he visto varios casos este año en los que ha ocurrido. La bronquiolitis pasó, pero se llevó con ella una lactancia que funcionaba hasta entonces.
Para evitarlo, si tu bebé toma pecho, y empieza con bronquiolitis, prepárate.
Es normal que coma menos durante unos días.
Lo que te aconsejo, es que durante esos días, tras darle al bebé el pecho, te saques la leche sobrante con un saca-leches.
Si lo haces por sistema, mantendrás la producción de leche. Y aunque se redujese un poco, cuando el niño se mejore de la bronquiolitis y empiece a demandar más, podrás recurrir a las reservas que has guardado para completarle hasta que el pecho produzca de nuevo lo que él necesita.
Puede ser la diferencia entre salvar la lactancia o perderla.

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Empoderamiento del Paciente: Padres y madres

Los padres y madres están tomando las riendas en la salud de sus hijos. ¿Porqué? ¿Es bueno o malo?

Entre los muchos efectos que tiene Internet, sin duda uno ha sido modificar la forma en la que madres y padres buscan solución a sus dudas sobre la salud de sus hijos.

En Internet es fácil encontrar mucha información. Es fácil también contactar con otros padres y madres cuyos hijos han sufrido problemas similares. Lo que está siendo aún más sencillo desde que las redes sociales se han extendido.

Por todo esto es cada vez más frecuente que los pediatras atendamos a niños cuyos padres se han informado previamente. La distancia en conocimientos entre pediatras y padres, se está acortando. Es difícil que llegue a cerrarse del todo. De algo tiene que servir dedicar horas y horas a estudiar y a atender niños. Pero hay dos cosas que antes pasaban y ya pasan cada vez menos, por suerte:

  1. Antes el pediatra era algo así como un dios para los padres. Llegaban con su hijo enfermo, sin tener ni idea de lo que podía pasarle o cómo tratarlo y lo que el pediatra dijese «iba a misa». ¡Cualquiera le discutía!
  2. La información que los padres daban al pediatra, era poco valorada, porque muchos pediatras consideraban que no estaban cualificados para dar valoraciones útiles.

Pese a que antes se tenían más conocimientos aprendidos en la familia sobre cómo criar, cuidar o educar a un bebé, los conocimientos sobre enfermedades y tratamientos eran muy limitados.

Eso ha cambiado, como digo para bien. Algunos pediatras se pueden sentir un poco amenazados por la nueva realidad. Pero es mejor que la que había y está aquí para quedarse.

Esos dos aspectos comentados arriba se están modificando, por lo que algunos llaman Empoderamiento del paciente:

Los pacientes (en el caso de pediatría los padres y madres) están tomando el control de su salud (y la de sus hijos).

Hay dos consecuencias fundamentales:

  1. La relación del pediatra con los padres de sus pacientes es mucho más equilibrada. Los padres tienen la información suficiente, y si no la tienen podemos y debemos dársela, para que nuestra conversación sobre el problema de su hijo no sea un monólogo de órdenes, sino un diálogo en el que se valoren las opciones posibles y se llegue a una decisión sobre la mejor alternativa. Ese diálogo permite además aclarar cuándo es necesaria una nueva consulta, conocer los signos de una complicación…
  2. La información que los padres pueden facilitar es valiosísima. Ya que tienen una mejor formación, son capaces de obtener valoraciones muy útiles sobre la evolución de su hijo, con el que pasan más tiempo y al que conocen mejor que nadie.

Madres y padres son los protagonistas en el cuidado, seguimiento y tratamiento de sus hijos. Y los pediatras somos asesores a los que ellos acuden cuando lo necesitan para que les asistamos. No para que decidamos por ellos, sino con ellos. En eso consiste el respeto.

El empoderamiento del paciente no es un movimiento contra el médico, sino una exigencia justa de ser tratados con el respeto que se merecen, porque se esfuerzan en estar informados y quieren ser parte activa en la salud de sus hijos.

Yo soy también padre, y me sentiría ofendido e infravalorado, si alguien pretendiese decidir sobre mi hijo, sin explicarme los motivos por los que hacer concretamente esto o aquello es lo mejor para él, ni darme la oportunidad de tomar parte en las decisiones.

Es en lo que consiste el consentimiento informado, que además de una exigencia legal, lo es moral en el buen ejercicio de la medicina.