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Se Chupa el Dedo

Ayuda para que deje de Chuparse el DedoTrucos para conseguir que un niño deje de chuparse el dedo. ¿Porqué es importante? ¿A partir de qué edad deberíamos plantearnos que deje de hacerlo?

La mayoría de los bebés en torno a los 2 meses empiezan a meterse los dedos en la boca. Hay quien interpreta que le van a salir los dientes. No es así. En esta etapa los bebés tienen muy desarrollado el sentido del gusto y el tacto en la boca y una de sus formas de explorar favorita consiste en introducirse las manos y los dedos en la boca.

Pero cuando hablamos de un niño que se chupa el dedo nos solemos referir a mantener el dedo en la boca y hacer chupeteo. Es un hábito que es raro que aparezca de verdad antes de los 6 meses y que en algunos niños se transforma en un mecanismo de auto ayuda. Lo usan para entretenerse si están aburridos, para tranquilizarse si están nerviosos, o como parte de su ritual de sueño.

El problema está cuando este hábito se mantiene durante mucho tiempo. Porque la presencia del dedo en la boca de forma constante la deforma.

Lo más habitual es que se chupen es el pulgar. Lo segundo más frecuente es chupar el índice y el corazón juntos.

¿Qué pasa cuando un niño se Chupa el Dedo con mucha frecuencia?

El problema es que el dedo ocupa un espacio en la boca que no es escaso. Lo mismo que una ortodoncia, a fuerza de mantener una presión constante puede alinear los dientes, un objeto con una forma fija en una posición fija en la boca durante horas todos los días es capaz de producir deformidad:

Suele presiona sobre el paladar, empujándolo hacia arriba. Esto da lugar al paladar ojival, es decir abombado hacia arriba. Cuando ocurre lo hace robando espacio a las fosas nasales, lo que dificulta que respire por la nariz. Lo hacen más por la boca, lo que a su vez favorece que el paladar ojival se marque más. Cuando el paladar se eleva, además, las encías de los lados se juntan, dando lugar a una boca alargada y estrecha.

– Impide el movimiento de la lengua en la boca, lo que da lugar al llamado Síndrome de la lengua plana. Es frecuente que esto derive en una dificultad para hablar correctamente, especialmente para pronunciar consonantes como la «s» y la «r».

– Al meterse el dedo en la boca con tanta frecuencia suele actuar como vía de entrada de bichitos. Los niños que se chupan el dedo o se muerden las uñas suelen tener lombrices con más frecuencia.

Desplaza los dientes superiores hacia delante. La postura en la que se pone el pulgar (como en la foto de este artículo) suele desplazar hacia delante los 4 incisivos superiores. Especialmente los dos centrales. Lo que si no se corrige puede desestructurar el resto de la dentadura.

¿Dedo o Chupe?

Hay quien dice que es mejor el Chupe, otros que el Dedo. A veces se comenta que mejor el chupe porque el dedo es más difícil de retirar. En realidad cada cosa tiene sus trucos. Y en cuanto a los problemas descritos arriba, son muy similares con chupe y con dedo.

Edad para dejar de chuparse el dedo.

Mientras un niño tiene la salida de los dientes de leche es normal que busque el alivio de chupar/morder lo que pille. Evidentemente lo que tiene más a mano es su propia mano y llegar así a chupar el dedo es algo casi natural.

Plantear la retirada del chupe o conseguir que deje de chuparse el dedo antes de que salgan los colmillos (suelen salir después de los incisivos y la muelas) me parece poco realista. Es fácil que si lo hacemos, cuando salga un nuevo diente vuelva al hábito de forma instintiva.

Por tanto yo suelo recomendarlo cuando ya tiene toda la arcada dentaria anterior. En la mayoría esto es cuando salen los colmillos.

Un criterio para empezar a concienciarnos de que empieza a ser necesario es ver los dientes del niño. Habitualmente cuando se chupan el dedo con frecuencia por encima de los dos años podemos ver que si cierra la boca, los dientes de arriba no contactan con los de abajo. Dejan un espacio libre que es el que ocupa el dedo en su postura de chupeteo.

Truco para dejar de chuparse el dedo

En torno a los dos años además los niños ya tienen una capacidad de comprensión que nos permite dar una explicación mínima que apoye la estrategia para retirar el dedo.

Como todos los hábitos que usamos para tranquilizarnos, si pasamos un tiempo en el que no podemos recurrir a ellos, aparecen otros alternativos. Cuando un niño deja de chuparse el dedo suele recurrir para tranquilizarse o dormirse a tocarse el pelo, darse pequeños tirones de la oreja o juguetear con las manos. Sea el que sea son alternativas que necesitan su tiempo para afianzarse.

Lo que yo suelo recomendar a los padres es:

– Como cuando un niño se chupa el dedo suele tener un cayo de succión en el dedo, podemos decir al niño que como se ha hecho una «pupa» de chuparse, le vamos a poner una tirita para que se cure.

– Lo que le pondremos es esparadrapo del marrón de toda la vida. Lo liamos al dedo y lo cambiamos un par de veces al día. Debe tenerlo de día y de noche. No lo apretéis demasiado, pero debe estar bien pegado para que no se lo pueda quitar con facilidad. La idea es que lo tenga durante un par de semanas. Si tras ese periodo, al dejar de ponérselo, vuelve a chupárselo de nuevo… Una semana más.

El tacto y el gusto del esparadrapo suelen ser mucho más efectivos que aplicar cualquier cosa que de mal sabor al dedo, como ajo… De hecho, si sigue chupándolo incluso con el esparadrapo se le puede echar cosas con mal sabor al esparadrapo para que lo rechace.

Esto suele funcionar, pero si tú usaste algún otro truco que le fuese bien a tu hijo ¡Cuéntanoslo en Facebook!

 

 

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Niños Nerviosos pero no Hiperactivos

Niños Nerviosos que no son Hiperactivos

Aunque la Hiperactividad esté de moda muchos niños son simplemente más activos, o más «nerviosos» que la mayoría sin que eso implique que tienen un problema que debe tratarse.

Se habla mucho sobre la Hiperactividad y si es o no real, si es en realidad una «invención de la industria farmacéutica» para vender «anfetas».

Os doy mi opinión.

La Hiperactividad y el Trastorno por Déficit de Atención existen. Sé que hay mucha gente que grita a los cuatro vientos que es una invención. Pero la realidad es que hay personas que tienen menos capacidad de concentración y una actividad frenética y dispersa y que es un problema real, que afecta a su día a día y a su capacidad de adaptarse al mundo en que viven.

Son personas en las que se puede comprobar que tienen una menor actividad de la zona frontal del cerebro, que es la que se encarga de regular la conducta. Y ese defecto, que es real y tangible, tiene soluciones que pueden aplicarse. Pero van más allá de tomar una pastilla al día. Influyen y pueden mejorarlo una dieta adecuada, una mejora de la calidad de sueño, el apoyo psicológico para adquirir habilidades de concentración y relajación, para reforzar la autoestima. Y sí, en algunos casos la medicación puede ayudar.

El problema es que hay personas con TDAH no diagnosticadas ni tratadas adecuadamente que ven de forma frustrante su día a día. Y al mismo tiempo hay montones de personas que están siendo medicadas sin tener realmente un TDAH.

Ya he escrito varios artículos sobre este tema. En este caso voy a centrarme en algo que habéis pedido a través de la Comunidad de Facebook: Los niños Nerviosos pero No Hiperactivos.

¿No son «Nerviosos» todos los niños, unos más y otros menos?

Esto es una apreciación personal. Pero hay más tendencia a diagnosticar como Hiperactivos a los niños de padres más mayores. Lo que pasa es que esto posiblemente no tiene que ver con los niños, sino con los padres.

Todos los niños son «nerviosos» para los padres. Hay unos que más y otros que menos. Pero debemos reconocer que cuanto mayores somos o menos tiempo tenemos, más nervioso nos parece nuestro hijo.

Seguir el ritmo de un niño es un esfuerzo sobrehumano para cualquier adulto en cuanto el niño supera los 2 años de vida.

Son así. Tienen un cerebro que está creciendo y desarrollándose a un ritmo asombroso y que se alimenta de estímulos. Tienen tanta necesidad de ellos como de respirar. Para eso inventó la naturaleza a los Hermanos. Os lo dice alguien que se crió con 6 hermanos más y que tiene un hijo único y ve la carencia que para él significa esa situación.

Ante esa realidad los padres tenemos varias opciones: entenderlo o verlo como un problema.

Los que lo entienden

Aún teniendo un sólo hijo y no planteándote darle hermanos, puedes hacer varias cosas:

Organizar tu agenda para que tenga el mayor tiempo posible compartido con otros niños: primos, amigos… La mayoría de los padres acabamos organizando gran parte de nuestra vida social en torno a las afinidades de amistad de nuestros hijos y eso está bien. Si además tienes afinidad con los padres de esos niños, mejor que mejor.

Dedicar tanto tiempo como puedas a compartirlo con él. Pero esto no significa ponerlo a hacer cosas contigo, sino ponerte a hacer cosas con él. Muchos padres se quejan de que sus hijos son nerviosos porque interrumpen constantemente las actividades de los padres. Pero es porque en muchos casos son actividades en las que el niño no tiene motivación alguna. Está bien que también haya actividades de ese tipo y que el niño llegue incluso a saber comportarse bien en ellas. Pero no es lo esperable las primeras veces que lo hacemos ni en niños muy pequeños.

– Entendiendo que cuando pasamos horas o días sin ofrecerle ninguna de las dos alternativas anteriores el niño esté especialmente nervioso. Estamos obligando a su cerebro a «aguantar la respiración» sin estímulos que necesita para crecer.

Desarrollando una paciencia infinita. Para entender que la mayoría de las cosas que nos desquician las hicimos nosotros de pequeños y es algo normal con su edad.

Los que lo ven como un problema que hay que solucionar

Hay padres que no entienden lo anterior. Como hacer lo descrito antes para compensarlo no es algo que salga de forma natural de los padres que no lo entienden, el cerebro del niño se convierte en una hoya a presión. Que estalla de forma intermitente para no hacerlo de forma definitiva. Por comparación, estos niños son claramente más «nerviosos» que otros de su entorno, y mucho más de lo que sus padres están preparados para soportar. Empiezan a plantearse si su hijo no tendrá un problema. Y se encuentra con la gran difusión que ha alcanzado el TDAH.

No todo son los padres, en el colegio también hay situaciones en las que se entiende poco las necesidades de los niños. En muchos colegios hay masificación, y la única forma de funcionar es una cadena de montaje bien engrasada en la que todos vayan al mismo ritmo. Para que no se queden demasiados atrás se ha ralentizado el paso. Muchos niños no soportan ese ritmo, no están motivados, se aburren, necesitarían actividades más centradas en sus peculiaridades…. Y esto es en muchos casos una utopía inalcanzable. A veces, aquél que entorpece la marcha de la cadena de montaje es sacado de ella, se le pone una etiqueta de averiado y hay que arreglarlo. El TDAH es una de las etiquetas más socorridas y usadas. Cuando en muchos casos lo que abría que hacer es desmontar totalmente la cadena de montaje.

Esto no es un ataque a los educadores. Varios de mis hermanos lo son. Hay educadores que luchan contra una masificación que no depende de ellos, contra una desmotivación que en algunos casos nace de los padres, contra montones de normativas que nada tienen que ver con mejorar la educación de sus alumnos y consiguen resultados que serían imposibles para cualquiera de nosotros. Y los hay que, como en cualquier otro trabajo, van a lo cómodo.

Debemos distinguir a los niños con TDAH real de los que no lo tienen

Para eso debemos evaluar la conducta del niño en todos los ámbitos posibles. Si un niño es capaz de concentrarse cuando juega con sus amigos, cuando realiza actividades que le gustan, cuando le prestamos atención participando en cosas que el pida hacer…. ¡No hay TDAH que valga! Hay un mundo que está negándole los estímulos que su cerebro en desarrollo necesita para no axfisiarse o que le está pidiendo que haga cosas que para el niño no tienen sentido.

Que un niño sea capaz de agotar a sus padres es lo normal. Pobres de los padres cuyo hijo no hace eso, porque posiblemente esté enfermo.

Que un niño al que se pauta tratamiento farmacológico para el TDAH empeore al tomarlo es un signo de que no lo sufre y que lo que realmente necesita es que sus padres y educadores entiendan que tiene unas necesidades que no están siendo atendidas.

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Caries en Niños

4 Consejos para Evitar la Caries en tus Hijos.

Explicación a los Padres sobre las Caries Infantiles ¿Porqué aparecen? ¿Qué puedo hacer para evitar que progresen? Higiene Dental y Revisiones en Niños.

¿Qué es la Caries?

Progresión de la Caries en una MuelaNuestros dientes tienen una capa de Esmalte en su superficie que es lo que los protege del desgaste y le da su dureza.

Pero en nuestra boca hay bacterias. Algunas de ellas, entre las que destaca el Streptococo Mutans se pegan al esmalte, especialmente en sus recobecos y proliferan. En su crecimiento producen ácidos que degradan el Esmalte. Cuando el hueco crece lo hace también la zona en la que las bacterias pueden reproducirse y poco a poco se originan huecos que van profundizando. En esta fase la caries no se detecta la mayoría de las veces, porque no duele.

Si la perforación atraviesa totalmente el Esmalte, sigue sin doler, pero a veces empezamos a notar que el diente «se cala». Es decir, que percibimos molestias al tomar alimentos más calientes o más fríos de lo normal.

Tras el Esmalte la perforación continúa atravesando la Dentina. Más blanda y porosa que el esmalte, la progresión a través de ella suele ser más rápida y empieza a afectar a la Pulpa (la porción más profunda donde están los nervios del diente). Cuando irrita los nervios es cuando aparece el auténtico dolor de dientes, pero es tarde. La infección ya a atravesado todas las barreras.

Si infecta la Pulpa, puede progresar a través de la raíz y producir inflamación en los tejidos que rodean el diente. Eso es un Flemón.

¿Cómo se trata la Caries en Niños?

Caries en los Dientes de Leche

La mayoría de los Niños aún con dientes de leche, no colaborarán para que se trate una caries. Por eso, lo habitual en una Caries de un diente de leche no es hacer una Endodoncia (limpiar y eliminar el material infectado con un torno para rellenar luego el hueco con un «Empaste»), sino un sellado. El Sellado consiste en cubrir la Caries con un material que evita que las Bacterias de la Placa dentaria reciban más alimento, lo que enlentece o detiene la progresión de la caries el tiempo suficiente para que el Diente de Leche sea sustituido por uno definitivo antes de que la Caries haya perforado el Esmalte.

Pero a veces ya ha perforado y está produciendo infección. En esos casos, dependiendo de la edad del niño y de la importancia del problema tu Odontólogo te aconsejará la mejor opción, desde el sellado hasta la extracción del Diente de Leche.

Caries en Dientes definitivos

En niños que ya tienen los dientes definitivos la solución suele ser la Endodoncia (limpiar y eliminar el material infectado con un torno para rellenar luego el hueco con un «Empaste»). Y en algunos casos en que la caries está ya muy avanzada puede ser necesaria la Extracción. Es de nuevo tu Odontólogo la persona indicada para aconsejarte.

Más importante: Cómo se Previene la Caries en Niños

Hay niños que tienen más facilidad para desarrollar Caries que otros. En algunos casos el Esmalte es menos resistente a los ácidos de las Bacterias de la Placa. Esto es algo genético y que no es evitable.

Pero en la mayoría de los casos de Caries el problema son los Hábitos del que las sufre:

Falta de Higiene dentaria.

Cuando los restos de comida permanecen en los dientes más tiempo y en abundancia, la Placa Bacteriana crece. Y en sus capas más profundas es donde proliferan los gérmenes que producen ácido.

Una correcta higiene dentaria elimina los restos de comida y una parte importante de la Placa Bacteriana evitando que tenga la profundidad suficiente para que proliferen las bacterias causantes de Caries.

Hay quien dice que los dientes deben limpiarse desde que están en la boca y que debe hacerse desde que aparece el primer diente de leche. Hay quien aconseja hacerlo después de cada toma. En la práctica esto es bastante complicado de lograr en niños de meses. Pero además es innecesario.

Las Caries en Dientes de Leche suelen aparecer en dos localizaciones en la mayoría de los casos: Incisivos superiores y Muelas.

El primer caso no se debe a una falta de higiene dentaria, sino que aparece en niños que toman con frecuencia líquidos azucarados a presión (zumos, infusiones con azúcar, batidos… en biberón o con pajita).

En las Muelas aparece porque quedan restos de comida de la masticación incrustados en las grietas naturales de las muelas. Pero son muy pocos los niños que sin tomar Chucherías con frecuencia desarrollan caries que progresen antes de que las muelas de leche se sustituyan por las definitivas.

Por tanto, más importante que limpiar los Dientes de Leche es evitar el exceso de azúcares en la Dieta de los Niños. Evita las bebidas azucaradas y las chucherías.

¿Cómo recomiendo empezar la Higiene Dentaria en los Niños?

Los Niños son Jugadores de Imitación. Lo que significa que si cuando nos vé cepillarnos los dientes tenemos un cepillo para él es fácil que quiera imitarnos.

Así empiezan casi todos los niños a familiarizarse con la Higiene Dental. Unos lo hacen antes y otros después. Poco a poco empezará a hacer mejor los movimientos y a completar mejor el cepillado.

Dos detalles a tener en cuenta:

Cepillo: Debe ser lo más blando posible. El Esmalte de los Dientes de Leche es más blando y un cepillo duro puede dañarlo, especialmente en el borde entre el esmalte y la encía.

Pasta de Dientes: Baja en flúor y poca o ninguna. Los niños suelen tragarse la pasta de dientes, porque les gusta el sabor. Algunos pueden llegar a usar «el cepillo como cuchara». El problema es que un exceso de Flúor puede ser perjudicial porque mancha los dientes.

Todo este juego debe llevar a que cuando lleguen los dientes definitivos el niño tenga ya la costumbre y la habilidad de hacer un cepillado adecuado de dientes después de cada comida.

De todas las comidas, la esencial para evitar las caries es el cepillado tras la Cena. Hacer de ello una costumbre compartida es un buen hábito: Lavarse las manos, la cara y los dientes tras cenar, hacer «pis» y a dormir…

Pero lo mejor es que se cepillen los dientes tras cada comida, y especialmente en aquellas en las que se haya tomado productos ricos en azúcar.

Se pueden usar pastas de dientes para adultos desde que están los dientes definitivos, pero al principio, mientras tenga tendencia a tragársela cuanta menos cantidad mejor.

Revisiones por el Odontólogo

Yo suelo recomendar a mis pacientes que un niño vaya al «Dentista» desde el momento en que sea posible una exploración con su colaboración. En eso hay niños que lo permiten desde los 2 años o antes y otros que no irían ni con 40.

Pero incluso cuando no haga gracia si aparece una Caries o cuando lleguen los dientes definitivos todos deberían hacerse al menos una revisión al año.

Busca uno que consiga ser agradable con tu hijo, inténtalo las veces que haga falta, premia a tu hijo por su colaboración, pero hazlo. Y no cometas el típico error de amenazarlo: «Cepíllate bien los dientes y no comas chucherías o «tendrás que ir al Dentiiiissstaaaa (tono macabro)».

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Azúcar Alta en niños

Situaciones en las que un niño puede tener el Azúcar Alta sin ser Diabético

Hay varias situaciones en las que un Niño puede tener el Azúcar Alta sin ser Diabético. Es más habitual de lo que creen los Padres. ¿Quieres conocerlas?

En esta web podéis encontrar otro artículo en el que hablo de la Diabetes en Niños.

Pero en esta ocasión lo que quiero tratar es una situación mucho más frecuente: El Azúcar alta sin Diabetes.

Lo que sí es diabetes

Para que no liarnos, la Diabetes Mellitus tipo I es una enfermedad en la que los niños dejan de producir Insulina. La Insulina es la hormona que se encarga de que el azúcar entre en las células del cuerpo. De modo que si un niño no puede producirla el azúcar se mantiene alta en sangre y acaba escapando por la orina.

El resultado es que se orina mucho, porque el azúcar al salir arrastra líquido. Esto produce en el niño una sensación constante de sed, que le hace beber mucho. Pero además, como el azúcar es lo que determina la sensación de hambre y no puede entrar en las células, el niño come más de lo habitual. A pesar de lo cual pierde peso, porque como no puede usar ese azúcar para generar energía en las células, consume la grasa y las proteínas del cuerpo como alternativa.

Así aparece la Tétrada Típica de la Diabetes:

Orina mucho + Bebe mucho + Come mucho +Pierde Peso.

Sabemos que cuando un niño reúne estas 4 condiciones debemos hacer una analítica de sangre y orina buscando cifras altas de azúcar. Y si las encontramos, es diabético.

La diabetes suele aparecer en niños por una destrucción de las células del páncreas que producen la insulina. Es un proceso muy rápido en el que aún no se conocen exactamente las causas (predisposición genética y virus parecen implicados, pero aún no están identificados todos los genes y virus concretos).

Situaciones en las que se puede tener el azúcar alto sin ser diabético

Ya creo que os queda claro lo que sí es Diabetes. Pero con más frecuencia aún vemos niños en los servicios de urgencias con el azúcar alto sin que lo sean.

Podemos resumirlo en una situación: Estrés intenso.

Cuando el cuerpo se siente amenazado desencadena una serie de reacciones para defenderse. Una de las cosas que hace es liberar azúcar a la sangre para que las células que lo necesiten dispongan de la energía necesaria para la defensa.

Con mucha frecuencia vemos a niños sanos que de repente sufren una situación que les supone un desafío importante, pero momentáneo.

Las más frecuentes son:

  • Vómitos intensos
  • Crisis de Asma intensas
  • Infecciones de rápida evolución
  • Quemaduras extensas
  • Traumatismos serios
  • Miedo intenso
  • Crisis de ansiedad….

Ante cualquiera de esas situaciones u otras similares el cuerpo desencadena la liberación de azúcar en sangre para garantizar el suministro.

Pero es una subida de azúcar que desaparece en cuanto mejora la situación de Estrés. Mientras que el auténtico diabético sigue con el azúcar alta cuando mejoran los demás síntomas.

En estas situaciones en las que el azúcar está alta para responder a una amenaza no hacemos nada para que se controle el azúcar. Es una respuesta adecuada que ayuda al cuerpo a superar la situación que la ha generado. Y el azúcar bajará sola en cuanto el cuerpo interprete que no la necesita.

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Diabetes Mellitus Infantil

Diabetes Mellitus Infantil

Explicación para padres de que es la diabetes mellitus en niños ¿Porqué aparece? ¿Cómo se trata? ¿Cuál es su evolución y qué supone en la vida de un niño?

Qué es la Diabetes Mellitus Infantil

La diabetes mellitus es una de las enfermedades crónicas más conocidas en niños.

Diabetes significa orinar mucho. Porque uno de los síntomas más llamativos de esta enfermedad es que se orina mucho más de lo normal. Pero no empecéis a poneros nerviosos si vuestro hijo orina con frecuencia. Es normal que algunos niños orinen con mucha frecuencia por otros motivos. El sólo hecho de orinar mucho no es signo de diabetes.

Mellitus significa dulce. En la antigüedad, cuando se empezó a definir la diabetes mellitus se hablaba de que la orina era dulce. Sé que puede resultar «asquerosillo», pero se diagnosticaba saboreando la orina del enfermo. Es que no había laboratorios de análisis clínico…

Hablamos de Diabetes Mellitus porque hay otro tipo, la diabetes insípida: Es una enfermedad en la que se orina demasiado, hasta el punto de deshidratar al paciente, pero no hay un exceso de orina en sangre ni en orina. Se produce porque el riñón deja escapar demasiada cantidad de orina.

Por tanto Diabetes Mellitus es orinar mucho y con altas concentraciones de azúcar (glucosa) en orina y en sangre.

Cualquier analítica de sangre y orina puede diagnosticar la diabetes mellitus en cuestión de minutos. Y las determinaciones de azúcar en sangre capilar (pinchazo en el dedo) puede hacerlo en segundos. Hoy en día se están desarrollando incluso sistemas para controlar el nivel de azúcar en sangre sin necesidad de pinchar al enfermo.

Tipos de Diabetes Mellitus

Hay dos tipos fundamentales de Diabetes Mellitus:

Diabetes Mellitus Tipo 1. Se produce porque el Páncreas (uno de los órganos que tenemos en el abdomen) deja de producir insulina. Es la más frecuente en niños y su causa es en la mayoría de los casos Autoinmune. Esto significa que en algunos niños que tienen predisposición genética, a veces a partir de una infección producida por un virus el cuerpo empieza a producir defensas contra ese virus pero se confunden con las células que producen insulina en el Páncreas. Si esto ocurre el propio cuerpo puede acabar con esas células en cuestión de horas o pocos días. El resultado es que de repente el niño deja de producir insulina (la hormona que regula la concentración de azúcar en nuestra sangre), y el nivel de azúcar sube de forma incontrolada. Es irreversible. Aquél que la sufre ha perdido la capacidad de generar insulina de por vida, aunque se están experimentando técnicas para revertirla.

Diabetes Mellitus Tipo 2. Se produce porque el cuerpo pierde la sensibilidad a la acción de la insulina. Se asocia siempre a sobrepeso importante. Es cada vez más frecuente debido al aumento de la obesidad infantil. Es reversible si se reduce el peso del paciente.

Síntomas que deben hacernos sospechar de Diabetes Mellitus en un niño o bebé

La diabetes puede aparecer en cualquier edad, pero es mucho más frecuente en menores de 30 años.

En el caso que nos centramos, la Diabetes Mellitus Infantil, puede aparecer en cualquier momento desde el nacimiento.

Los 4 síntomas que nos suelen orientar a pensar que un niño pueda tener Diabetes Mellitus son:

Bebe mucho, orina mucho, come mucho y pierde peso.

IMPORTANTE: Son los cuatro síntomas juntos los que nos hacen pensar en Diabetes Mellitus. Si no reúne los 4 a la vez no sospechamos diabetes mellitus:

– Un niño puede beber mucho porque use el líquido como forma para tranquilizarse (potomanía) y si lo hace orinará mucho. Pero habitualmente estos niños no comen demasiado porque llenan su estómago de líquido y eso les hace sentirse saciados. Cuando esto es así a veces pierden peso. Pero como vemos en el ejemplo reúne 3 de los 4, y no es Diabetes Mellitus.

– También hay niños que beben mucho, orinan mucho y comen mucho (bulimia-potomanía). Pero no suelen perder peso, sino ganarlo en exceso.

– Hay también niños que orinan con mucha frecuencia, pero lo hacen en cantidades muy pequeñas. En este caso la causa sueles ser que se trate de niños nerviosos, vejiga hiperactiva o infecciones más o menos intensas de la vía urinaria.

Por tanto para sospechar Diabetes Mellitus, los cuatro síntomas a la vez.

Diagnóstico de la Diabetes Mellitus

Se diagnostica mediante analíticas:

Nivel de azúcar en sangre: El valor de glucosa en sangre con el que se considera que un niño tiene Diabetes Mellitus ha ido cambiando con el tiempo y no os lo voy a dar para que el diagnóstico se haga como debe ser por un profesional. La razón es que hay situaciones en las que podemos ver niveles de glucosa elevados sin que sea una Diabetes Mellitus. Los más frecuentes, en vómitos persistentes o en situaciones graves de estress (por ejemplo en infecciones graves, accidentes o quemaduras extensas). Pero además cuando se diagnostica una Diabetes Mellitus el tratamiento debe iniciarse en un hospital hasta que nos aseguramos de que los padres están preparados para seguir el tratamiento adecuadamente en su casa.

Nivel de azúcar en orina: La detección de azúcar en orina es prácticamente diagnóstico claro de Diabetes Mellitus. Pero me remito a lo dicho en el punto inferior. Debe confirmarse siempre y empezar a tratarse en un hospital.

Nivel de Insulina en sangre: Es lo que nos diferencia la Diabetes tipo 1 de la tipo 2. En la primera el nivel de Insulina es muy bajo o indetectable. Mientras que en la tipo 2 el nivel de insulina es normal o incluso alto, pero no hace efecto.

Evolución de peso: En la Diabetes Mellitus tipo 1 vemos una pérdida de peso desde que aparece hasta que se controla. Mientras que en la Diabetes Mellitus tipo 2 ha habido una ganancia de peso importante antes de la aparición de la enfermedad.

Tratamiento de la Diabetes Mellitus Infantil

En la Diabetes Mellitus tipo 1

Insulina

Dado que la Diabetes Mellitus tipo 1 significa que el niño no produce insulina, debemos dársela. Se administra por inyecciones bajo la piel. Pero también puede hacerse con bombas de infusión.

No me extenderé demasiado en esto porque sería tema para un artículo completo. Pero ningún niño diabético tipo 1 debe ser dado de alta de un hospital sin que los padres controlen adecuadamente la administración y modificación de dosis de insulina de su hijo.

Dieta

Evidentemente como estos niños no regulan bien sus cifras de azúcar en sangre, es recomendable que la dieta elimine alimentos ricos en azúcar de fácil absorción y que tomen alimentos con azúcares de absorción más lenta y más estable.

Es decir: Eliminar azúcar como tal (alimentos industriales, salsas tipo ketchup y todo tipo de bebidas diferentes al agua) y aumentar la cantidad de fibra en la dieta (frutas, verduras, legumbres y cereales integrales).

Ejercicio

Es importante realizar ejercicio en los diabéticos, porque la ausencia de ejercicio favorece en estos niños la pérdida de masa muscular que se va consumiendo cuando el cuerpo necesita otros recursos de los que obtener energía.

Regularidad

Controlar el azúcar sin tener ascensos importantes pero tampoco hipoglucemias (bajadas, que son más peligrosas aún que las subidas) es algo complicado. Pero casi imposible si la dieta y el ejercicio físico tienen altibajos importantes. Y conseguir esa regularidad en niños y más aún en adolescentes es muy complicado. Pero esencial para la evolución a largo plazo.

En la Diabetes Mellitus tipo 2

Insulina o Hipoglucemiantes

En la diabetes mellitus tipo 2 lo que tenemos en una pérdida de sensibilidad a la insulina. Se puede tratar administrando dosis mayores de insulina, pero habitualmente no es útil a medio plazo. Lo que se usa son otros medicamentos que actúa reduciendo la cantidad de azúcar en sangre por otras vías. Suele empezar a tratarse en casa. No es necesario el ingreso hospitalario en la mayoría de los casos.

Los demás elementos del tratamiento son similares a la forma de actuar en la diabetes tipo 1.

Disminución de peso

Es lo más importante en la diabetes mellitus tipo 2. Lo recomendable es aplicar una estrategia estable guiada y seguida por un nutricionista.

Control de complicaciones en Diabetes Mellitus

Ser diabético significa que el exceso de azúcar daña los vasos sanguíneos de quien lo padece cuando el azúcar se mantiene en cifras altas. Por eso es importante el control adecuado.

Cuanto peor se controla el azúcar y más alta es de forma mantenida más fácil es que los capilares se dañen y acabe afectando a distintos órganos. Los más sensibles son 3:

Ojos: Al dañar los capilares de la retina, aparece lo que llamamos retinopatía diabética, que puede acabar en ceguera.

Riñones: Al dañar los vasos de los riñones puede producir insuficiencia renal. Muchos diabéticos acaban precisando diálisis.

Piel de los pies: Al dañar el riego de sangre de la piel, especialmente en los pies pueden aparecer úlceras en la piel que se infectan con facilidad y si no se tratan adecuadamente pueden acabar en amputaciones (cortando trozos de carne muerta, primero los dedos, a veces después porciones completas de los pies).

No enumero estas complicaciones para ser sensacionalista. Ser diabético tipo 1 es una faena. Para los padres de un niño pequeño es una de las peores noticias que pueden recibir, porque significa que su hijo va a tener toda su vida problemas de salud y va a tener que ser cuidado de forma especial. Lo contrario pasará una factura muy dura en secuelas y pérdida de esperanza de vida.

Pero hoy en día disponemos de más herramientas que nunca para que eso pueda reducirse si lo hacemos bien. Y seguimos avanzando de forma constante. Lo que pasa es que a veces entender esto se transforma en una carga de responsabilidad difícil de soportar.

Por eso os recomiendo que si vuestro hijo es diagnosticado de Diabetes Mellitus tengáis en cuenta dos recursos esenciales:

Apoyo Psicológico. Para vosotros y cuando llegue su momento para vuestro hijo. Convivir con esta enfermedad puede ser duro y puede generar ansiedad o depresión. La solución no es recurrir a medicamentos que te hacen depender de ellos, sino desarrollar las actitudes y habilidades necesarias para tener una vida plena a pesar de la Diabetes Mellitus.

Asociaciones de Diabéticos. Conocer a otros padres que están pasando por esta situación y recibir apoyo, comprensión y consejos por su parte (y darlos) es esencial para convivir con esta enfermedad.

Por último. Si tu hijo es diagnosticado de Diabetes Mellitus, es sin duda algo que todos preferiríamos que no hubiese ocurrido. Pero si es la realidad que ha tocado afrontar, hazlo con buen ánimo. Es un reto, pero va a fortalecer tu papel como padre o madre. Serlo con responsabilidad nunca es fácil. Esto es un matiz que debe serviros de impulso para afrontar la paternidad con más dificultades, pero también de forma más vital.

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El premio y el castigo en educación infantil

Premio o castigo en la educación infantil.

El papel del premio y el castigo en la educación de los niños. ¿Cuál es el objetivo y la estrategia para lograrlo que mejor se adapta a tu forma de ser?

Este artículo ha sido el más solicitado como Peketema en Facebook esta semana.

Evidentemente la razón para pedir esto es que cada día se habla más de crianza respetuosa, crianza con apego y pedagogía blanca. Y en estos conceptos palabras y conceptos como el castigo encajan poco.

Pero sigue habiendo muchas familias en las que se sigue usando.

Yo estoy más próximo a la primera opción. Voy a partir de conceptos generales para explicar mi postura. Dejando claro desde el principio que no es más que eso y que entiendo que cada familia tenga su forma de hacer las cosas y sus razones para hacerlas así.

¿Qué es la educación infantil?

No me refiero al proceso de aprendizaje académico, sino de conducta, actitudes y reacciones.

Todos hemos sido educados. Incluso un niño abandonado y que no tiene ningún contacto con otros humanos es educado por su entorno.

Esta educación es un proceso por el que asimilamos formas de conducta que resultan más efectivas para obtener resultados.

En la sociedad, cuando una familia educa a su hijo lo que hace es mostrarle las conductas que en la sociedad pueden resultar más efectivas o menos para vivir en ella.

El objetivo no debería ser que crea que el mundo es lo que no es. Sino que aprenda cuales son las conductas que mejor le permiten obtener una respuesta concreta de su entorno.

Evidentemente lo que cada familia enseña a sus hijos en este tema está muy influenciado por las ideas y la concepción del mundo que tienen los padres. Y eso dependerá de lo que les enseñaron a ellos, lo que han aprendido de forma práctica con su propia experiencia y en algunos casos de lo que han encontrado buscando información sobre el tema.

Modificación de conductas

El abordaje conductista para explicar la forma en la que la conducta se modifica podría simplificarse en:

– Si una conducta obtiene el efecto deseado tiende a repetirse.

– Si una conducta obtiene un efecto indeseable tiende a evitarse.

Cuándo empieza la educación

En realidad desde el primer día de vida. Cuando ante una situación concreta el entorno que rodea a un bebé responde de forma más o menos regular, empezamos a generar patrones que la mente del niño empieza a explorar  y adapta su conducta a ellos.

Pero cuando hablamos de educación en serio. Para modificar conductas claras como las rabietas, el pegar, aprender a hacer cosas o evitarlas, colaboración, realización de tareas… es necesario que el niño tenga una memoria a medio y largo plazo más desarrollada.

Si ante una situación reaccionamos de un modo determinado que el niño no recuerda por su edad un par de días después, lo que hagamos tendrá poco efecto.

La mayoría de los temas en los que los padres se preocupan de la conducta de su hijo empiezan a ser más evidentes a partir del año de vida, y coincide con la etapa en la que el niño empieza a desarrollar esas conductas.

Premios en educación infantil

Un premio es algo positivo que se da tras una conducta que consideramos positiva o antes de ella para incentivar que ocurra.

También puede ofrecerse para incentivar que se evite una conducta negativa o si se ha evitado con éxito esa conducta que queremos eliminar.

Castigos en educación infantil

Un castigo es algo negativo que hacemos tras una conducta que creemos negativa o antes de que ocurra para evitar que se realice.

Otra forma de castigar es privar de algo que el niño desea, si se hace algo negativo.

¿Premio o castigo? ¿Qué es mejor?

Si partimos de la base de que la relación padres-hijos está presidida por un vínculo de afecto, la herramienta adecuada, con la que se puede conseguir casi todo, es el premio. Pero no entendido como algo material, sino como la manifestación de afecto.

Y un afecto que además tiene carácter incondicional. Es mucho más fácil educar cuanto más claro tiene un niño que sus padres le quieren y que eso es inamovible.

Cuando esto ocurre, instintivamente el niño tiende a complacer a los padres, realizando conductas a las que sus padres muestran aprobación y evitando aquellas que entristecen a sus padres. Porque el niño querido suele querer a sus padres y tiene un vínculo afectivo que le hace notar con facilidad sus estados de ánimo.

Yo sin duda creo más en esta forma de entender la educación que en premiar con objetos (chucherías, juguetes, ¿dinero?) o en castigar. Y más en mostrar lo que sentimos ante sus conductas, que dar o quitar el afecto.

El afecto no debería ser nada negociable. Cuando es una constante basta con que el niño reconozca lo que nos alegra o nos entristece para que tienda de forma natural a adaptar su conducta a ese patrón, evitando conductas que nos hacen sentir tristes y haciendo las que nos alegran.

¿El castigo físico en educación infantil?

El castigo físico suele ser una muestra de fracaso de los padres. No me imagino pegando a mi hijo para que entienda que una conducta es buena o mala. Y no lo hago porque le quiero, él me quiere y la violencia no es parte del lenguaje comprensible en nuestra relación. Para que él entienda que algo que ha hecho no me agrada y que me gustaría que no se repita veo incomprensible pegarle. Y estoy convencido de que él lo vería igualmente incomprensible.

Si le pegase, la razón que hubiese generado esa conducta pasaría inmediatamente a un segundo plano. Mi hijo se sentiría tremendamente dolido. No por el dolor físico, sino por no entender qué puede motivar una conducta así por parte de alguien que le quiere como yo.

Y yo estoy seguro de que un segundo después me sentiría fatal. Sería consciente de que habría roto algo de inmenso valor que existía entre él y yo.

Ante el valor de eso que se rompería, no imagino ninguna razón, ninguna conducta por su parte que fuese motivo justificado para tal pérdida.

Yo entiendo que alguna gente llegue a esto. A veces por tener un carácter que no controlan demasiado bien, a veces repitiendo patrones aprendidos (a ellos los educaron así).

Pero es una pena. La relación que existe entre unos padres y unos niños que se aman y respetan por ese amor, está en un plano totalmente distinto de aquellas presididas por una escala de fuerzas. Y encima, la efectividad de esa estrategia es progresivamente menor, hasta poder invertirse cuando el tiempo lleva la balanza de la fuerza al lado del que crece, frente al que envejece.

Resumen

1 Muestra amor espontánea y constantemente a tu hijo. Si vuestra relación se basa en el amor basta con mostrar agrado ante una conducta para que se repita, y mostrar tristeza ante otra para que tienda a evitarla.

2 Escoge la respuesta a cada conducta en función de si esa forma de actuar le va a ayudar a adaptarse mejor o peor a la sociedad en la que va a vivir el resto de su vida.

3 Sé consistente. Cuanto más clara y constante es nuestra respuesta a una conducta de nuestro hijo, más fácil le resulta adaptarse y menos frustración sufre, porque con mayor frecuencia sus conductas obtendrán el resultado que busca.

4 No se hace daño a quien se quiere. «Quien mucho te quiere te hará llorar» no significa que pegar a un niño es signo de amor. Significa que quienes nos quieren son sinceros y que cuando hacemos algo que creen que está mal, queriéndonos no nos mentirán y mostrarán su tristeza. Ante ellos nuestro corazón está al descubierto y a su tristeza solemos sumar la nuestra.

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Niño hiperactivo y con deficit de atención TDAH

Déficit de atención hiperactividad en niños

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad en niños (TDAH) es algo que cada vez se diagnostica más. ¿Quieres entenderlo?

Definición de hiperactividad y déficit de atención:

La conducta de los seres humanos se controla fundamentalmente con la zona anterior de nuestro cerebro (corteza frontal).
Estos niños tienen esta parte del cerebro como adormecida.
El resultado es falta de atención e incapacidad de concentrarse en una actividad de forma continuada.
Son niños «despistados» y que no paran, saltando continuamente de una cosa a otra. Lo que genera problemas de convivencia familiar y retraso escolar. Es frecuente que en la familia se tenga la idea de que es despistado o muy nervioso, pero sea en el colegio donde nos alerten de la posibilidad de que sufra de hiperactividad o déficit de atención.

Diagnóstico de hiperactividad y déficit de atención TDAH :

Conviene que sea valorado por un Psicólogo/Logopeda/Neurólogo infantil, que con la observación de la conducta y mediante una serie de encuestas os dará una opinión sobre su grado de TDAH.

Pero hay un método sencillo que vosotros mismos podéis realizar para aproximarse con bastante certeza al diagnóstico:

  • Establecer el diagnóstico de TDAH en menores de 5 años es algo complicado y poco útil, ya que los tratamientos usuales de esta patología (Metilfenidato y similares) no se indican antes de esta edad.
  • Ya que los niños hiperactivos tienen un «adormecimiento» de la zona anteriór del cerebro, el tratamiento consiste en algo que puede resultar llamativo: Estimulantes. (El metilfenidato es una anfetamina, de hecho). Suele extrañar cuando se explica, pero es fácil de entender si se hace bien: Cuando damos un estimulante a un niño que está como una moto todo el día porque su conducta no está controlada por la zona anterior de su cerebro, despertamos a esa zona, que actúa así para controlar la conducta, haciendo que el niño se concentre con más facilidad y pueda atender mejor a lo que los demás le dicen.
  • La prueba que os comentaba que podéis realizar vosotros mismos consiste en dar por la mañana en el desayuno, CAFÉ. Simplemente que desayune café con leche en lugar de hacerlo con Cacao. Probad durante una semana y decidle a su maestro que váis a probar un tratamiento con el niño, para que os comente si observa cambios en su comportamiento en clase. Al tiempo que vosotros observáis los cambios en casa. Si no le gusta el café solo podéis dárselo mezclado con cacao (Café Bombón).
  • Si el niño es sencillamente nervioso y despistado, pero no hiperactivo, lo normal es que el café lo ponga aún más nervioso.
  • Sólo si es realmente hiperactivo notaréis que mejora en su capacidad de concentrarse y de prestar atención a los demás. Es un efecto anormal de los estimulantes que aparece sólo en niños hiperactivos. Si la respuesta es esta: vuestro hijo es muy posiblemente hiperactivo y si mejora con café, adivinad el tratamiento: Pues café con leche todas las mañanas.

Tratamiento de la hiperactividad en niños:

El tratamiento oficialmente aceptado y más difundido suelen ser las anfetaminas (Rubifen® o Concerta®). Son más potentes que la cafeína, pero también tienen más efectos secundarios, por lo que cuando la cafeína es efectiva yo prefiero ésta a las anfetaminas.

  • Anfetaminas: Suele iniciarse el tratamiento a dosis bajas que se va subiendo poco a poco hasta la dosis normal recomendada. Hubo un tiempo en que el tratamiento se recomendaba sólo para los días de clase para evitar el fracaso escolar. Hoy en día se recomienda darlo todos los días, porque la convivencia familiar no es menos importante. La diferencia entre Rubifen® y Concerta® es que el segundo tiene un efecto más prolongado (24 horas) mientras el primero sólo unas 8 horas. Por lo que hoy día tiende a usarse el Concerta®.
  • Cafeína: Yo suelo recomendar el café con leche y no la Coca Cola por dos motivos: Las bebidas azucaradas son una de las principales causas de obesidad infantil hoy en día. No es cuestión de cambiar un hiperactivo por un obeso. La segunda es que hay estudios serios que relacionan la hiperactividad con el uso de aditivos químicos en la alimentación, de los que las bebidas son uno de sus mayores ejemplos.
  • Reducir la cantidad de aditivos químicos en la dieta. Es decir, prescindir de alimentos de producción industrial a favor de alimentos elaborados en la propia casa.
  • Reducir la ingesta de azúcar refinada. Es otro factor que se ha realcionado con el aumento de la hiperactividad en las sociedades «desarrolladas».
  • Dieta rica en Omega 3 (pescado azul y grasas vegetales) y omega 6 de origen vegetal. Evitando el exceso de Omega 6 de origen animal (carne grasa, manteca, piel de animales…). Mientras modificamos la dieta para que tenga una proporción adecuada de «Omegas», puede ser útil el aporte de suplementos de Omega 3.
  • Apoyo Psicológico y de Logopedia. Lo pongo el último, pero es para mí el esencial. Es mucho lo que se puede hacer para mejorar la capacidad de concentración y la motivación de los niños con este problema. No reduzcáis el tratamiento de vuestro hijo con TDAH a una pastilla. Hay mucho más que hacer por él. La dieta es importante, el apoyo Psicológico aún más.

Fracaso escolar:

El TDAH se ha hecho tan popular que ante el fracaso escolar, casi cualquier niño es catalogado como TDAH a la primera sospecha sin mayores pruebas.
Creo que es importante recordaros aquí que existen otras muchas causas de fracaso escolar entre las que destacaría otras dos:

  • Niños de familias con problemas. Divorcios traumáticos, violencia familiar y padres adictos a drogas o juego a la cabeza.
  • Niños «superdotados». No me gusta la palabra, pero el objetivo es que se entienda. No es raro que los niños con mayores capacidades resulten muy problemáticos en sistemas educativos que les ofrecen objetivos claramente inferiores a sus posibilidades. Pueden llegar a desarrollar cuadros de mala adaptación escolar mucho más complicados que los de niños con TDAH.
  • Niños desmotivados. Simplemente niños a los que la actividad escolar no les resulta atractiva y no prestan atención. Estos niños además, cuando se les realizan test para valorar el grado de concentración suelen dar puntuaciones bajas, porque los test le interesan tan poco como la actividad escolar en general.

Creo que se confunde muchas veces el déficit de atención con déficit de motivación. En estos tres casos lo esencial no es ningún tratamiento, sino el Apoyo Psicológico para resolver o asimilar mejor los conflictos que hay en su vida y para mejorar la motivación. Y es también importante el trabajo del logopeda para mejorar las capacidades que permitan al niño readaptarse al ritmo de su clase.

Sólo en los casos en los que hay un TDAH real será de ayuda el tratamiento. Y en estos casos el Apoyo por parte de Psicólogo y Logopeda es tan importante o más que el propio tratamiento farmacológico.

Se habla de que en realidad el TDAH es una invención de las empresas farmacéuticas para vender anfetaminas. Pero la realidad es que es un cuadro real, con base orgánica en el que el tratamiento adecuado (Psicología, Dieta, Medicación a veces) marca una diferencia importante en la vida del niño. Pero es importante diagnosticar adecuadamente y no quedarse en el mero tratamiento farmacológico para ayudar realmente a estos niños.

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Alergias a polen en niños

Cómo pueden los padres diferenciar en sus hijos las alergias a pólenes de lo que no lo son. Y cuando lo son, las dudas más frecuentes que surgen.

Los niños tienen infecciones con mucha frecuencia. Los mocos, la tos, la irritación de ojos pueden ser compañeros inseparables de tu hijo durante los primeros años de su vida. No en vano son «mocosos».

Por otra parte las alergias a pólenes son cada vez más frecuentes. Parece que todos vayamos a terminar siéndolo en mayor o menor grado…

Tras un invierno de no parar de pasar catarros y similares, llega la primavera. Y surge a muchos padres la duda: «¿No será que lo que tiene es alergia?»

¿Cómo se diferencia la alergia al polen de los catarros?

diferencia catarro y alergia al polen

Y si es alergia, ¿qué tengo que hacer?

Si según los criterios anteriores está claro que lo de tu hijo es alergia a los pólenes, el planteamiento depende de los síntomas que tenga.

De entrada lo primero que podemos pensar es en evitar el polen. Eso podemos hacerlo viajando a la costa (las concentraciones de polen son mucho menores allí que en el interior). O podemos evitar estar en la calle cuando las concentraciones de polen son más altas (primera hora de la mañana hasta que el sol empieza a calentar y sobre todo por la noche cuando empieza a refrescar).

Hay 3 síntomas que suelen asociarse a la alergia a los pólenes:

Conjuntivitis: Es decir inflamación de la conjuntiva (el blanco del ojo irritado). El tratamiento que suele usarse es un anti-histamínicos tomado por boca (hace efecto en la conjuntivitis y también en las rinitis, que suelen ir asociadas). Cuando con eso no es suficiente pueden usarse también anti-histamínicos en colirio.

Rinitis: Congestión de la nariz con moqueo y estornudos. Aquí también el tratamiento es un anti-histamínico tomado por boca mientras dure en el aire el polen al que el niño es sensible. Cuando no es suficiente con eso podemos dar anti-histamínicos en spray nasal. Si tampoco con eso cede corticoides en spray nasal.

Bronquitis: Cuando el polen irrita los bronquios hace que se inflamen (produciendo moco) y se cierren para defenderse. Lo que notamos en el niño es tos con ahogo. El tratamiento en estos casos es abrir el bronquio (con broncodilatadores inhalados) y bajar la inflamación (con corticoides inhalados).

Qué medicamentos concretos, en qué dosis, y durante cuanto tiempo es algo que usamos de forma individualizada en cada niño, por lo que es vuestro pediatra quien debe dar esa información.

Mascarillas en niños alérgicos

Una de las opciones que algunos padres plantean cuando tienen hijos alérgicos a pólenes, es el uso de mascarilla.

Yo recomiendo no usarla si no se usa bien.

Usarla bien es ponerse la mascarilla cuando se sale de casa y no quitársela hasta que se vuelve a casa.

Esto es muy raro que lo hagan bien los niños. Es frecuente que la mascarilla acabe rodando por todas partes, con lo que se mancha en su interior de polen y polvo. No es raro tampoco que despierte la curiosidad e los amigos del niño alérgico y quieran probársela, con lo que la mascarilla se convierte en el recolector de virus de la clase…

Sólo la usaría en niños con alergias importantes (llevar la mascarilla no es agradable y algunos niños están más molestos por la mascarilla que por su alergia) y que estén muy concienciados de usarla de forma correcta.

Pruebas de alergia en niños

Las más usadas son por medio de analítica de sangre o por reacción de la piel. En pólenes son más fiables las pruebas de reacciones en la piel (Prick).

¿Hay que hacerle las pruebas a todos los niños? Pues no tiene mucho sentido. Si un niño tiene una alergia leve y es evidente que es a pólenes. En muchos casos hasta es bastante evidente a cual de ellos, hacer la prueba no es necesario.

En los casos de alergia intensa sí es de ayuda, especialmente para valorar si es posible reducir la sensibilidad del niño al polen que le causa el problema usando vacunas.

Todos los padres se acuerdan de las pruebas de la alergia en primavera. Pero en ese momento suelen estar tomando medicación. Y el resultado no es fiable.

Cuando hay que hacerlas es fuera de la primavera. Suele recomendarse al principio del otoño porque aún no han empezado con los catarros, en ese momento no hay polen, y nos da tiempo si las pruebas son positivas y decidimos vacunar de gestionar e iniciar el proceso preparándonos con tiempo para la primavera siguiente.

Vacunación de niños alérgicos

¿Lo vacuno o no?

Hay vacunas sublinguales y vacunas inyectadas. Dependiendo del caso concreto es mejor usar unas u otras.

Pero la duda en muchos casos es si sirven (mucha gente no ha visto resultados tras años de vacunación) o no.

Mi experiencia es que sirven cuando están bien indicadas (aunque no siempre). Y no sirven nunca cuando no están bien indicadas.

Creo recomendable vacunar cuando:

La alergia es severa. La vacunación es un proceso largo, tedioso y no exento de riesgos. Merece la pena sólo cuando la alergia es claramente peor.

Tiene un alergeno claro o dos como mucho. Si uno es sensible por ejemplo al olivo en Andalucía, donde los niveles de polen que alcanza deben ser récord mundial, la vacunación puede suponer una clara mejora en la calidad de vida. Pero si en las pruebas han valorado 10 y es sensible a 8 de ellos quiere decir que la vacunación no va a servir. Significa que el niño tiene tendencia a reaccionar frente a los pólenes y si le quitamos la sensibilidad a uno se sustituido de forma casi inmediata por otro.

No sólo es necesario que las pruebas sean claras, también que los síntomas que queremos resolver aparezcan coincidiendo con la época de la polinización. Hay niños con rinitis todo el año a los que al hacerle las pruebas nos aparece sensibilidad al olivo, por ejemplo. Pero sus síntomas son todo el año y el polen del olivo está apenas 2-3 meses. No podemos esperar que su rinitis desaparezca porque deje de ser sensible al olivo, porque este no es la causa. Si lo fuese sólo tendría síntomas durante los meses en que hay polen del olivo en el aire.

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Lombrices en niños

Las lombrices en los niños, algo muy frecuente y con tendencia a repetir.

Hace 200 años, posiblemente el 99% de la población mayor de 3 años tenía lombrices (por no decir el 100%).

Las lombrices están en la tierra. Son muchos los tipos de gusanos que pueblan nuestro entorno, pero sólo unos cuantos son capaces de adaptarse a vivir en nuestro interior. Concretamente en nuestro intestino.

Hay dos tipos fundamentales de gusanos capaces de vivir en nuestro intestino: Las lombrices (ascaris y oxiuros) y las tenias (menos frecuentes pero más agresivas).

Aquí vamos a tratar de las lombrices que son los más frecuentes.

¿Cómo se contagian las lombrices?

Hay dos formas, directamente de la tierra o a través de otra persona que las tiene.

En la tierra hay lombrices y ahí ponen sus huevos. Cuando alguien trabaja o juega con tierra y luego se mete la mano en la boca o toca la comida y se la come sin haberse lavado las manos, pasa los huevos de las lombrices al interior de su intestino. Allí las lombrices nacen, crecen, se reproducen y mueren.

Lo habitual es que salgan de noche a poner huevos alrededor del ano. Eso produce picor, el niño se rasca, arrastrando los huevos en sus dedos. Huevos que pasa de nuevo a la comida o a las manos de las personas con las que convive, compartiendo sus gusanitos.

El contagio en una casa es bastante fácil. Por eso, cuando diagnosticamos lombrices en un niño, solemos tratar a toda la familia.

¿Qué síntomas producen las lombrices?

En algunos casos ningún síntoma. Pero otras veces:

– Dolores de barriga.

– Picor anal. Especialmente de noche.

– Irritación vulvar en niñas, con molestias al orinar.

– Hay quien dice que rechinar de dientes.

– Si las hay en gran cantidad, malnutrición. Lo que se coman los bichitos no te lo comes tú. Y su presencia irrita la pared del intestino haciendo que no funcione bien.

¿Cómo saber si un niño tiene lombrices?

Lo más evidente, viéndolas en la caca. La hay de distinto tamaño. Lo más habitual es que midan menos de un cm de largo y menos de 2 mm de grosor, aunque pueden llegar a ser bastante más grandes. Pero las hay que no se ven a simple vista. Cuando se ven, ¿cómo son?

En la mayoría de los niños no las vemos a simple vista, y tenemos que buscarlas. Más concretamente buscamos sus huevos en la caca.

Para tener «seguridad» de que un niño no tiene lombrices debemos recoger caca de 3 días diferentes, y que no encontremos huevos de lombriz en ninguna de esas muestras. Con que aparezcan los huevos en una sola de las muestras, es que tiene lombrices.

Tratamiento contra las lombrices

Hoy en día tenemos tratamientos efectivos. Según el tipo que tenga, vuestro pediatra os dirá el medicamento y la pauta para darlo.

El problema es que el tratamiento mata a las lombrices, pero no evita que vuelvan a llegar.

Si un niño tiene hábitos que favorecen que las lombrices vuelvan, cada vez que las buscamos volvemos a encontrarlas, aunque el tratamiento sea efectivo.

Los hábitos que lo hacen más fácil son:

– Jugar con tierra y no lavarse las manos antes de comer.

– Meterse las manos en la boca con frecuencia, chuparse el dedo, morderse las uñas…

– No lavarse las manos tras limpiarse el culete después de hacer caca.

En algunos niños es tan difícil evitar las dos primeras, que plantearse tenerlos limpios de lombrices es casi imposible. Cuando esto pasa, en ocasiones no nos queda más que asumir que hasta que sea algo mayor y mejoren esos hábitos va a tenerlas y nuestro objetivo es sólo mantenerlas a raya.

Esto es de hecho lo que hacemos con los perros. Prácticamente todos los perros las tienen, y para evitar problemas serios lo que hacemos es desparasitarlos con regularidad. Con esto conseguimos que la población de lombrices, aún estando, no sea capaz de generar daños graves, como dolores intensos o desnutrición.

Lo que yo recomiendo a los padres en estos casos es hacer tratamiento si los síntomas o las molestias son muy evidentes, y si no es así repetir búsqueda en heces y desparasitar cada 6 meses mientras nos salga positivo. Pero no pedir control tras el tratamiento para confirmar la eliminación y volver a tratar si sale de nuevo positivo. Porque en algunos niños esto significaría tratarlos todos los meses y eso no tiene sentido.

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Los terribles dos años

A veces los niños sufren cambios que parecen bruscos. A los dos años hay cosas llamativas en la conducta.

Recuerdo que refiriéndose a la pubertad mi padre decía en muchas ocasiones: «de pequeños estaban para comérselos, y de grandes, que pena de no habérselos comido.»

Pero eso es algo que muchos padres piensan mucho antes: Algunos lo llaman los «terribles dos años» o la «crisis de los dos años». Se puede resumir en una palabra: «No.»

Vamos a intentar entenderlo, porque sólo entendiéndolo se dota uno del arma más necesaria en esa situación: La «santa paciencia».

El desarrollo de los niños no es lineal, y además cada niño tiene sus variantes. Pero en torno a los dos años es frecuente que los padres noten algunos cambios significativos en la conducta de su hijo. Es la etapa de las rabietas, de llevar la contraria a todo, suelen ser más frecuentes las pesadillas, los miedos y los terrores nocturnos. En resumen, que cuando parecía que íbamos tomándole el tranquillo a esto de criar niños se nos desmonta todo.

Encima es para muchos niños su primera invierno de escolarización, y algunos no paran de pillar infecciones. Otros empiezan a seleccionar la dieta y a no querer comer alimentos que hasta entonces aceptaban bien.

Vamos a añadirle que llegamos a un nivel de razonamiento y de lenguaje que le permite escoger y expresar sus elecciones, pero aún de forma imperfecta (lo que le genera frustración si no es entendido).

Suele juntarse con todo esto que parece que toca quitar el pañal y el chupe (si lo tenían). Y que en muchos de los que siguen con el pecho empieza el destete (evidentemente se puede seguir por encima de esta edad).

Si a todo este panorama le sumamos un hermanito recién nacido (los dos años son la cadencia más habitual entre hermanos) la tenemos pero bien liada.

¿Cuál es la clave del problema? Autonomía.

Voy a intentar explicarlo: Al principio los padres solemos agobiarnos porque los niños son seres totalmente indefensos. Dependen para todo de nuestro cuidado. No es raro que eso suponga para muchos padres la mayor responsabilidad que se ha asumido en la vida.

Pero va pasando el tiempo, vamos conociendo a nuestro hijo y empezamos a entender sus necesidades, cómo nos las expresa y cómo cubrirlas. Incluso empezamos a entender que tenemos cierto margen de maniobra y que podemos escoger entre formas difrentes de suplir sus necesidades.

Cuando esto ocurre, empezamos a tener la sensación de que dominamos la situación y que hasta podemos escoger la forma de hacer las cosas que mejor se amolda a nuestras preferencias.

Pero entonces, de repente, el niño adquiere la capacidad de hacer cosas de forma autónoma, o de no hacerlas… Y eso es nuevo. De repente, perdemos la capacidad de planificar mínimamente, porque él empieza a tener iniciativa de temas que antes ni se planteaba (lo que quiere hacer en este momento y lo que no, o sus preferencias, escoge ropa, comida, juegos, juguetes, compañía…), y además empieza a expresarlo de forma clara.

Se está definiendo su personalidad. Y eso quiere decir que disfruta escogiendo las opciones que más le gusta, y al mismo tiempo, que le disgusta tremendamente que no se respeten esas elecciones.

Como decía al principio aparecen:

El no. Es decir, la capacidad de escoger no hacer lo que hemos planeado nosotros y le incluye.

La rabieta. Es su forma de expresar la frustración cuando no consigue que los demás se sumen a su elección.

La agresividad. Es una forma de rabieta que se expresa con violencia porque su capacidad de hacer daño es ahora mayor. Al principio no interpretan que hacen daño. Poco a poco lo identifican y ante eso hay niños que abandonan la violencia y otros que la intensifican. Depende mucho del vínculo afectivo, de los ejemplos que tiene en su entorno, y por supuesto de la propia personalidad del niño.

La clave general es entender que esto es uno de los procesos de cambio necesarios para su desarrollo. En el futuro esperamos que sea cada vez más autónomo.

Lo que recomiendo a los padres es que ante cualquier elección del niño que no se amolda a nuestra idea inicial valoremos:

– Lo que ha escogido el niño es una alternativa aceptable: Cede. Refuerzas su autoestima y le muestras que eres flexible cuando puedes serlo.

– Lo que ha escogido podría aceptarse pero en este momento prefieres no hacerlo: Valora si ante una conducta de presión por parte del niño vas a ceder. Si es así, no esperes a que haga una conducta que no deseas (como la rabieta) para ceder tras ella.

– Es claramente una opción no aceptable: Pues toca aguantar, a pesar de la rabieta. Y tras ella con cariño, con paciencia, explicar porqué no es posible y que usando ese medio no va a conseguir las cosas.

Lo desesperante de todo esto, es que incluso haciéndolo bien, los resultados no son nunca inmediatos. Pero en eso consiste la educación y por eso es tan difícil ser buenos padres.