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Edad para pasar a un niño a su dormitorio

Edad para que un niño duerma en su propio dormitorio

En respuesta a un Peketema solicitado porra las madres en Facebook: Cuál es la edad que recomiendo para pasar a un niño a su propio dormitorio.

Esta pregunta parte de un error. Y es el hecho de suponer que existen normas generales de cual es la forma correcta de hacer las cosas con los niños. Y especialmente es un error común pensar que los niños deben ir cumpliendo una serie de objetivos con un calendario más o menos fijo, porque no hacerlo es perjudicial o puede tener consecuencias muy negativas.

Hablamos así en ocasiones de:

– ¿Cuál es la edad a la que debe dejar el pecho?

– ¿Cuál es la edad a la que debe dejar de tomar biberón?

– ¿Cuál es la edad a la que debe dejar el chupe?

– ¿Cuál es la edad a la que debe dejar el pañal?

– … Dejar de comer triturado… ir al baño y limpiarse sólo… cepillarse los dientes…

Y la realidad es que en todos estos casos y algunos más la mejor respuesta es individualizada. Lo que pasa es que para poder dar respuestas personalizadas hay que conocer la situación real de desarrollo de cada niño y las preferencias y circunstancias de cada familia. Y muchas veces queremos una respuesta demasiado simple.

En esta pregunta concreta: Edad a la que es adecuado pasar a un niño a su propio dormitorio.

¿Cuáles son los aspectos más importantes en los que yo me oriento cuando me hacen esta pregunta en la consulta?

– ¿Tenéis otro dormitorio? Porque la realidad es que muchas familias no. En muchos casos tienen previsto cambiar de vivienda cuando sea necesario, pero ¿qué sentido tiene decir a unos padres que ya sería bueno cuando la realidad es que no pueden hacerlo?
– Lo esencial: Hasta ahora dormís en el mismo dormitorio. ¿Qué tal descansáis todos? Si la respuesta es que descansan bien. No hay ninguna necesidad de hacer el cambio. Otra cosa es que los padres prefieran hacerlo por otras cuestiones, como recuperar la intimidad de pareja… Que puede ser importante. Pero ¿y cuando no descansan bien? Entonces en algunos casos pueden mejorar si el niño duerme en su propio dormitorio. Pero no siempre es así. Depende de cual sea la razón por la que no descansan bien.

Hay un caso en el que puede mejorar claramente: Hay niños que son muy activos durante el sueño. Duermen, pero se mueven mucho, hacen ruidos… Y algunos padres tienen el sueño ligero y se despiertan cada vez que el niño hace una de esas cosas. En este caso es el más claro. El niño descansa, pero los padres no. Si el niño duerme en su propio dormitorio los padres no verán constantemente interrumpido su sueño para nada. Ya en en nada beneficia al niño que sus padres no descansen por oírle toda la noche.

Otro caso en el que puede ser útil es cuando los niños se despiertan con mucha frecuencia y para volver a dormirse piden siempre la colaboración de los padres. En este caso lo que ocurre es que tienen un ritual para dormirse que precisa la colaboración de los padres. Esto no es un problema en sí mismo. Es una elección de los padres. Pero se convierte en un problema si el número de despertares transforma la noche en una tortura que impide el descanso adecuado de los padres. Porque por el bien del niño, conviene que los padres descansen bien. Cuando esto ocurre, algunos suelen decir que les gustaría que su hijo aprenda a dormirse sólo. Puede conseguirse sin que el niño llore, pero es bastante complicado que el niño escoja el nuevo ritual de sueño «independiente» si cada vez que se despierta tiene a su lado «en bandeja» la forma en que se ha dormido hasta ahora. Y eso significa que es necesario que el niño empiece a dormir sólo en su dormitorio para lograr ese cambio.

Al final es cuestión de opciones. Hay padres para los que todo esto resulta innecesario y absurdo. Duermen con sus hijos en la cama «de matrimonio» y descansan razonablemente bien, o hasta muy bien. Y prefieren esta opción hasta que el niño escoja dormir sólo. Es una elección tan válida en mi opinión como la otra… Mientras descanséis.

Lo que me parece más importante

Más que una edad a la que es adecuado que un niño duerma sólo, os diría cuando no es adecuado. Antes de los 3-4 meses, que un niño duerma fuera del dormitorio de los padres tiene importantes riesgos. Especialmente la muerte súbita del lactante y las crisis de atragantamiento.

La mayoría de los padres que se plantean que el bebé duerma fuera del dormitorio, no suelen hacerlo antes de los 5-6 meses. Con esa edad ya no hay muerte súbita del lactante y las crisis de atragantamiento son muy poco habituales.

Pero no es cierto como dicen algunos que haya una edad por encima de la cual el niño no deba dormir en el dormitorio de los padres, porque si sigue haciéndolo…. (maldiciones bíblicas variadas según la imaginación del que intenta convencer a los padres). No me voy a molestar ni a apuntar las razones más frecuentes que se dan. Porque son absurdas.

La realidad es que cada familia tiene unas circunstancias y preferencias. Pero que incluso por encima de ellas cada niño está preparado para ese paso en un momento distinto. Y forzar ese cambio cuando la familia o el niño no están preparados para él es una forma de generar problemas innecesarios.

Incluso cuando creamos que ha llegado el momento y pensemos que nuestro hijo está preparado, es un paso con posibilidad de vuelta atrás. Y podemos y debemos ser flexibles en ello.

Y no tengáis una fecha preconcebida. Sólo sirve para generar ansiedad si la superamos y tiene tanta justificación esa fecha como cualquier otra que hubiésemos fijado.

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Niños de bajo peso

Hay bebés que tienen según las tablas de crecimiento y bajo peso. Pero ¿Cuáles son las causas más frecuentes?¿Qué tipos hay?¿Cual es su importancia real?

Cuando vamos siguiendo el crecimiento de un bebé o un niño, nos guiamos fundamentalmente por la evolución de su peso y talla.

Al comparar esas cifras con las tablas de crecimiento, hay tantos niños por encima de la media, como por debajo de ella. Ambos grupos son normales. Pero es difícil evitar que los padres se preocupen si su hijo pertenece al grupo de los que están por debajo de la media.

Para afinar un poco más, usamos percentiles. Un percentil 3 de peso, por ejemplo, significa que el 3% de los niños normales tienen un peso menor que ese. Y por tanto el 97% de niños normales tiene un peso mayor.

Por eso lo importante cuando un niño tiene un peso bajo, es diferenciar si es normal o consecuencia de un problema. Pero sin olvidar que en bastantes casos puede ser normal.

¿Cómo diferenciamos al niño de bajo peso enfermo del normal?

Hay varias pistas que nos permiten hacernos una idea bastante real de si un niño con bajo peso lo es por tener un problema, o es simplemente así.

El niño de bajo peso enfermo suele caracterizarse por:

– Es un niño poco activo.

– Es un niño con aspecto de enfermo.

– Es un niño en el que el peso se ha estancado o bajado en un momento determinado. Cuando antes su evolución era normal.

El niño de bajo peso normal suele:

– Ser un niño sano.

– Ser activo. En muchos casos más que la mayoría. Incluso con un desarrollo más rápido de lo normal.

– Tener un peso que siempre ha ido en un percentil bajo.

¿Cuáles son las principales causas de bajo peso en niños enfermos?

En niños y bebés que tienen un peso bajo y es por una enfermedad, las causas más frecuentes son:

– Intolerancias y alergias a alguno de los alimentos que toma. De ellos, los más frecuentes son el gluten, las proteínas de leche de vaca y la lactosa.

– Enfermedades crónicas, como problemas respiratorios, de corazón o metabólicos.

– Defectos de hormonas: Especialmente hormona de crecimiento y del tiroides.

– Anemia por falta de hierro.

– Reflujo gastro-esofágico.

– Infecciones de orina.

– ….

La lista puede ser bastante más larga, pero en lo anterior entra casi el 99% de niños que tienen bajo peso no siendo sanos.

Ante un niño con bajo peso, especialmente si cumple los criterios de enfermo que pusimos antes, hay que descartar todos estos problemas.

El niño o bebé sano de peso bajo

Pero hay casos en los que una vez investigado todo lo anterior no hay nada.

El niño tiene un peso bajo y cumple los criterios vistos arriba para un niño normal con bajo peso:

– Está sano.

– Es activo y su desarrollo es normal, exceptuando el peso.

– Su peso siempre ha ido en un percentil bajo.

En estos niños, el mayor problema es precisamente que se tiende a hacer más de lo indicado.

Voy a poner un ejemplo para que se entienda: Es muy frecuente que se recomiende a los padres de estos niños: jarabes para las ganas de comer, suplementos de vitaminas o batidos hiper-calóricos. Todo lo que se ocurra para intentar aumentar el peso de estos niños.

Pero es un grave error. Imaginemos que mañana se publicasen unas estadísticas que dijesen que el peso normal para un adulto son los 200 kg. Y que hiciésemos cuanto estuviese en nuestra mano para que toda la población adulta alcanzase ese peso.

El resultado sería que forzaríamos el metabolismo, haciendo que apareciesen problemas de colesterol, diabetes, corazón… en personas que antes estaban sanas.

Dar cosas que buscan subir artificialmente el peso de estos niños (que son normales teniendo un peso bajo), equivale a lo mismo. Es forzar su metabolismo. Y antes o después pasará factura a su salud. Y todo ¿para qué? para ajustarlos a una normalidad mal entendida.

Repito: El percentil 3 marca el peso por debajo del cual están el 3 por ciento de los niños normales y sanos de esa edad.

Si no detectamos un problema y el niño es sano sin considerar su peso, el tratamiento más adecuado es no hacer nada.

En aquellos enfermos cuyo problema se detecte, el tratamiento no es tampoco un jarabe para las ganas de comer, ni vitaminas… sino tratar la causa de su problema.

Si quieres calcular y comparar los percentiles de peso y talla de tu bebé y que te los explique puedes usar la Calculadora de Percentiles.

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El bebé de alta demanda afectiva

Bebés de Alta demanda

Hay bebés de alta demanda, que piden continuamente ser atendidos, alimentados, entretenidos, ¿Es así por su propio carácter o es que lo hacemos todo mal?

Son niños que se caracterizan por lo que sigue:

-Pide comida continuamente:

Suele hacer tomas muy cortas pero muy frecuentes.

– Pide afecto continuamente:

Tolera muy mal la separación de los padres. Especialmente de la madre.

– Exigente:

Tiene crisis de llanto exigente. Pide la satisfacción inmediata de sus necesidades. Calmándose momentáneamente en cuanto es atendida.

– Carácter fuerte:

Cuando quiere algo no para hasta conseguirlo.

– Muy activo:

Sus ratos de descanso son mínimos. Durante el día casi no duerme. Y en cuando una crisis de llanto cesa porque le damos lo que pide, comienza otra al poco rato.

– Agotador:

Superan la capacidad de esfuerzo de padres, abuelos y casi cualquiera que se ofrezca a echar una mano.

-Insatisfecho:

Es como si nunca tuviese suficiente. A pesar de atender todo la anterior, enseguida vuelve a llorar por otra cosa.

– Impredecible:

Cuando parece que empiezas a cogerle el tranquillo, lo que ayer ayudó, no sirve hoy.

– Muy sensible:

Nota cualquier mínimo cambio. La despierta cualquier ruido. Es muy influenciable por el estado de ánimo de los que le rodea.

En estos niños, la estrategia que parece funcionar mejor es lo que algunos llaman “Crianza Natural”.

Básicamente consiste en:

– Alimentación con pecho a demanda.

– Contacto continuo íntimo con la madre.

– Colecho (duerme en la cama de los padres).

Aunque es un método válido para cualquier familia, en los bebés de alta demanda, otras alternativas son casi insoportables. Aplicando métodos próximos a la «Crianza Natural» suelen mejorar poco a poco en el primer año de vida.

Yo no conocía la existencia de los bebés de alta demanda cuando acabé la especialidad. No me explicaron nada sobre ellos.

Mi experiencia como pediatra, es que lo más duro para los padres de un bebé de alta demanda es la sensación de frustración que les genera. El sentimiento de culpa que nace en ellos pensando que no son buenos padres. La mayoría de los padres a los que toca un bebé de este tipo no repiten. Yo los llamo a veces «niños cuco» (donde entra uno, no hay más).

En muchos casos, lo que más agradecen los padres cuando les das el diagnóstico, no es que les des una solución (que la que hay no es fácil), sino que por fin entienden que su hijo es así, y no lo es porque ellos sean malos padres. Sino que posiblemente para que su hijo progrese, van a tener que ganarse el título de PADRES con mayúsculas.

A la larga también tiene su parte buena:

– Los niños que fueron bebés de alta demanda son muy inteligentes y muy constantes. Lo que a la larga es una garantía de que conseguirán en la vida casi cualquier cosa que se propongan. La labor de los padres es que intentemos orientarlos hacia objetivos positivos.

Son grandes actores en potencia y personas con muchísimo carisma.

 

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Alta Demanda Autonomía Bebé de 23 meses Blog Conducta del Bebé y el Niño Convivencia Desarrollo Infantil Herramientas de Salud Infantil Maternidad Otros temas de Salud Infantil

Niños superdotados

Llamamos superdotado al niño que destaca en alguna capacidad intelectual comparado con la media de la población. ¿Pero qué significa más allá de serlo o no?

Este es un tema que me he resistido a escribir. Y lo he hecho, porque de todas las etiquetas que pueden colgársele a un niño, calificarlo de superdotado es una de las que creo que más repercute en su vida.

Podría hablar sobre las pruebas, las clasificaciones y otras consideraciones para llegar a calificar a un niño de superdotado. Si queréis información sobre estos asuntos podéis echar un vistazo a la página de wikipedia sobre superdotación intelectual.

Pero yo voy a centrarme en este artículo en otros enfoques.

¿Qué significa para los padres tener un niño superdotado?

En la mayoría de los casos, un problema. Puede que asombre, pero es cierto. Y lo es porque raramente la superdotación es general y equilibrada.

Me refiero a que la inteligencia no es algo unificado. Cada vez se distinguen más tipos de inteligencia. Si hacemos una reducción muy exagerada yo distinguiría inteligencia emocional (que más bien llamaría madurez afectiva) e inteligencia en su concepción clásica, como capacidad de aprendizaje, comprensión de conceptos y creatividad… Como digo es una reducción burda. Pero útil para lo que quiero explicar.

Consideramos habitualmente como superdotados intelectuales a los que tienen una alta capacidad en la inteligencia. Pero no tienen porqué tenerla en la madurez afectiva.

Lo que vemos muchas veces es a niños que con edades muy precoces son capaces de entender cosas que a la mayoría de los de su edad se les escapan. Pero el problema es que en muchos casos su madurez afectiva no está al nivel de asimilar esas cosas que entienden. Temas como la muerte, los problemas económicos familiares, una mala relación de pareja entre los padres, problemas sociales, políticos o económicos… Algunos de estos niños podrían explicarnos perfectamente esos temas, pero otra cosa es que sepan cómo afrontarlos a nivel afectivo. Y en muchos casos viven esos temas con angustia.

Para los padres, tratar con un niño superdotado puede ser complejo, porque se debe cuidar la información que se le facilita y cómo se hace. Y hay que estar especialmente atento a la forma en la que le afecta anímicamente. Suelen dar la impresión de ser demasiado sensibles, pero es que entienden lo que captan más allá de lo que cabría esperar para su edad, con una capacidad para asimilarlo similar a su edad real.

Otra preocupación para muchos padres de niños superdotados, es que se sienten a veces abrumados por una responsabilidad añadida. ¿Qué deberíamos hacer para que pueda desarrollar ese «don» que ha recibido? ¿Colegios especiales? ¿Actividades extra-escolares?

En bastantes casos significa, por raro que parezca, tener problemas en el colegio. Esto lo explicaremos en el siguiente apartado.

¿Qué significa para un niño ser superdotado?

Lo primero y más llamativo, como decía, problemas en el colegio. Aunque parezca extraño, la mayoría de los niños superdotados que conozco tienen problemas en el colegio. Especialmente en los primeros años de escolarización. A veces mejoran con la edad y otras empeoran.

Y creo que el factor determinante en esto es si conseguimos que su madurez afectiva alcance a su alta capacidad intelectual. Cuanto mayor es el desfase, peor lo pasa. Si conseguimos reducir el desfase, mejora.

Puede resultar extraño que un a un «niño listo» no le vaya bien en el colegio, pero no lo es. Un niño superdotado suele aburrirse con los niños de su edad. Entiende y le interesan cuestiones que la mayoría de los de su clase no comprenden aún. Con lo que cuando entra en una conversación o un juego e intenta llevar la atención del grupo hacia uno de los temas que le gustan a él suelen mirarlo extrañados sin entender de lo que va. Si esto ocurre con frecuencia no es raro que se sienta marginado.

Es frecuente que acabe intentando juntarse con niños mayores que él o incluso con adultos, rehuyendo a los niños de su edad. Eso suele interpretarse como un problema para relacionarse con los demás. Pero no lo es. Es que está fuera de sitio. Por eso cuando se habla de subir de curso a algunos de estos niños superdotados puede ser un acierto. No como medida general, pero sí individualizada. Dependerá de si tiene un nivel de madurez afectiva que le permita relacionarse con niños mayores.

Otra de las cosas que ocurren es que suelen responder muy bien a actividades nuevas, pero llevan fatal la repetición. En cuanto dominan una actividad les aburre soberanamente hacerla una y otra vez. Muchas veces se dicen cosas como «iba muy bien y ahora, de repente, ha dado pasos atrás». Cuando en realidad si probamos a que afronte el paso siguiente vemos que responde adecuadamente. No es que haya olvidado lo que logró hace una semana, es que necesita un reto nuevo y si le hacen repetir lo de la semana pasada lo hace cada vez con más desgana.

Tengo que decir que a un buen número de los niños superdotados que he conocido los habían calificado de niños con déficit de atención. Lo que significa que se otorga este diagnóstico tal vez de forma muy superficial en algunos casos.

¿Qué pasa cuando «descubren» que es un niño superdotado?

Pues puede variar mucho.

Depende de la forma en la que reaccionan los adultos que le rodean: los profesores y especialmente sus padres.

Hay gente que es como si descubriese una mina de oro: «Hay que sacar hasta la última pepita». Está claro que esa actitud convierte al niño en un esclavo de su «don». «Deberías hacer tal o cual cosa porque tú puedes». No somos felices porque hagamos lo que podemos hacer mejor que nadie. Sino porque hagamos lo que nos guste hacer.

También los hay que lo hacen mucho mejor. Centrándose en que es un niño con necesidades especiales y podemos facilitárselas. El planteamiento aunque parezca similar difiere mucho. No es cuestión de hacer todo lo necesario para que gane el premio Nobel. Sino de poner a su alcance lo necesario para que acabe siendo feliz y se sienta realizado. Y eso significa:

  1. Adecuar su ritmo educativo a sus demandas (y estas no tienen porqué ser lineales). Pero esto es complicado porque los centros escolares llevan mal la educación a ritmo individualizado. No es cuestión de voluntad, que la hay, sino de medios en la mayoría de los casos. Si un sistema no permite la movilidad de estudiantes entre niveles y satura a los profesores con un número excesivo de alumnos y una carga burocrática incomprensible e inútil, la individualización es la primera sacrificada.
  2. Que los padres nos esforcemos ante todo en ayudarle en la maduración afectiva, que como decía antes, creo que es la clave real para que estos niños superdotados acaben siendo felices.
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Pie plano en niños

Los pies planos en niños son un tema controvertido. ¿Son útiles las plantillas? ¿En qué edad podemos hablar realmente de pie plano? ¿Qué calzado es mejor?

Hablamos de pie plano cuando el arco del pie es mucho más bajo de lo normal, haciendo que la cara interna del pie apoye claramente sobre el suelo.rn

Lo primero que hay que aclarar, es que el pie normal de un bebe suele ser plano. Y lo es porque el arco se va formando con el crecimiento, y porque los bebés tienen en esa zona una capa de grasa más gruesa que en los adultos que lo rellena.

Hablar de pie plano antes de que un niño empiece a andar o cuando lleva pocos meses haciéndolo no tiene sentido.

Lo que apreciamos en un niño con pie plano es que si le observamos por detrás el talón no es recto, sino que se curva, volcando ligeramente la cara interna del tobillo hacia dentro.

pie plano

¿En qué edad podemos hablar realmente de pie plano?

Hasta los 3-4 años lo habitual es que los niños tengan pies planos más o menos marcados.rn

Entre los 3 y los 6-7 años el arco se va formando y son cada vez menos los niños en los que lo apreciamos. Y esto sin hacer nada.rn

Por encima de los 6-7 años la mayoría de los niños que siguen teniendo pie plano es porque lo van a seguir teniendo así.

Hoy en día vemos un tipo de pie plano cada vez con más frecuencia y que es típico del adulto. El pie plano por sobre-peso. Hay niños cuyo peso es tal que vence el arco del pie generando un pie plano que no tuvieron antes de adquirir ese peso, que empeora sin engordan y puede mejorar adelgazando.

¿Son útiles las plantillas?

Las plantillas son adaptaciones que podemos hacer para introducir en el calzado que actúan equilibrando el pie.

Plantillas para el pie plano

Hubo un tiempo en que tanto las plantillas como los zapatos ortopédicos se usaron mucho. En muchos casos en niños que simplemente no habían desarrollado aún el arco del pie por su edad.rn

Eso ha hecho que se desacrediten bastante.

Pero en realidad tienen su utilidad:

– Dolor por el pie plano. Hay niños con pie plano que no tienen molestias. Pueden correr o andar sin problemas y sin molestias. Pero algunos se cansan con facilidad o se caen con frecuencia cuando corren. Otros presentan dolor en la cara interna de la rodilla, del tobillo, en los gemelos o en la planta del pie. En estos casos al poner plantilla a veces mejoran claramente. Cuando esto ocurre yo creo que la plantilla es útil. No va a curar el pie plano, pero puede reducir las molestias y permitir al niño tener una actividad física normal.

– Pie plano asimétrico. Lo más habitual es que el pie plano sea más o menos simétrico y si no es muy marcado no suele ocasionar mucho problema. Pero a veces un pie tiene el arco mucho más plano que el otro. Cuando esto ocurre el problema se centra en la espalda. En estos casos, estando de pie, la cadera del pie más plano queda más baja que la otra. El resultado es que la cadera está inclinada y sobre ella la espalda, que buscando el equilibrio se curva. En estos casos sí es importante el uso de plantillas para evitar los problemas de espalda.

escoliosis

¿Qué calzado es mejor?

En realidad esta pregunta es algo más amplia. ¿Está demostrado que haya cosas cotidianas que los padres puedan hacer para mejorar el pie plano?

Hay algunas cosas que están claras:rn

Andar de puntillas. Fortalece el arco del pie. Pero no veo muy operativo animar a los padres a poner a sus hijos a andar de puntillas 10 minutos al día o cosas similares.

Andar sobre superficies irregulares descalzo. Sobre arena o hierba por ejemplo. Esto si es más factible, en los casos en los que sea posible, animar a los padres a jugar con sus hijos descalzos en este tipo de superficies.

Calzado. Se ha tendido a recomendar mucho el uso de zapatos de horma recta y reforzada para evitar el pie plano. Pero un estudio realizado en la India con 2300 niños muestra que el pie plano es más frecuente en los niños que usan habitualmente zapatos cerrados que en los que usan sandalias. Y yo le veo todo el sentido a este estudio si pensamos en el punto anterior. Pretender además rectificar el tobillo impidiendo su movilidad normal no me convence lo más mínimo. Las articulaciones están hechas para moverse.rn

Por tanto, adiós a los zapatos de horma reforzada y recta.

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Andador o tacatá para el bebé: No

Riesgos del andador o tacatá en bebés.

Porqué no es bueno usar el andador o tacatá para el bebé.

La pregunta ya tiene respuesta desde el principio: ¿Es bueno usar el tacatá, tacataca o andador para los bebés? Pues claramente, No.

Riesgos por el uso del andador o tacata

Os voy a explicar cada uno de los puntos que destacan en esta infografía:

Los perjuicios del uso de andadores o tacatás se concentran en 2 grupos:

– Accidentes.

– Alteraciones del desarrollo.

Accidentes en bebés debidos al uso de andadores o tacatás:

Todos los pediatras los hemos visto, os describo algunos de los más frecuentes:

– Caída con el andador por las escaleras. De los más frecuentes y por lo aparatoso de los que con más frecuencia se ven en el hospital.

– Se ha volcado el tacatá y ha caído quedando atrapado bajo el cacharro.

– Ha cogido impulso y ha frenado chocando con la cabeza contra el borde de la mesa (suele quedar a esa altura).

– En un momento ha llegado a la mesa, ha tirado del mantel y se ha echado encima… La sopa caliente, la cubertería, el jarrón…

Resumiendo: El tacatá o andador da al bebé una movilidad excesiva, que aún no controla y que le permite hacer cosas que no está preparado para reconocer como peligrosas. Yo suelo decir que es como regalarle una moto de alta cilindrada a un adolescente: No es seguro que se la vaya a pegar, pero las posibilidades son muy, muy altas…

Alteraciones en el desarrollo de los bebés por andadores o tacatás:

El tacatá supone poner al niño en una postura y hacer que la mantenga el tiempo que nosotros consideremos oportuno de forma artificial.

Por definición, se usa en niños que aún no andan, ya que cuando andan ya no lo necesitan.

Eso lo que hace es forzar que el bebé se mantenga en una de las tres posibles posiciones durante un tiempo artificialmente prolongado:

De pie. Cuando los niños empiezan a ponerse en pie lo hacen por períodos progresivamente más largos. Al principio aguanta pocos segundos. Conforme va haciendo más fuertes los músculos y ligamentos necesarios irá alargando ese tiempo. Pero no es bueno forzarlo. Algunos niños tienen problemas en de madurez en las caderas (tendencia a que se salgan de su sitio). Cuando es el niño el que se pone en pie por sí mismo, se echa al suelo en cuanto se nota incómodo. Pero cuando lo ponemos en el tacatá lo mantenemos en esa postura el tiempo que nosotros consideramos oportuno y eso puede superar lo adecuado para él. También puede afectar la espalda, ya que si se mantiene erguido demasiado tiempo acaba adoptando posturas perjudiciales.

Sentado con las piernas colgando. Esta postura favorece de nuevo en los niños con inmadurez en las caderas, que el propio peso de las piernas tienda a separarlas de la articulación, favoreciendo la luxación.

De puntillas. Muchos bebés empiezan a usar el andador cuando aún llegan al suelo sólo de puntillas. Hacer esto de forma repetitiva favorece que se fortalezcan demasiado los gemelos haciendo que el desarrollo de la musculatura de las piernas sea desequilibrado.

Entorpece que el bebé aprenda a andar. Con el tacatá los niños lo que hacen es impulsarse con ambas piernas o hacerlo sin usar su equilibrio. Ambas conductas son contrarias a lo que el niño necesita para aprender a andar. No ayuda a que ande antes (lo que además no tiene ninguna ventaja), sino que favorece que el niño use esquemas que son perjudiciales para andar correctamente.

A mi parecer, esto debería ser más que suficiente para que se prohibiese la venta de estos «artilugios del demonio». Lo siento por los que se dedican a fabricarlos y venderlos. Pero no tienen ninguna ventaja y son peligrosos.

Mientras las autoridades llegan a la conclusión de que deben hacerlo, no lo compres ni lo uses con tu bebé. Es mi recomendación clara.

Y sabéis que no suelo ser tan tajante.

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Peketip: Cada bebé a su ritmo

Cada bebé a su ritmo

Todo bebé dispone de mecanismo para adaptarse a los cambios mucho más complejos de lo que somos capaces de comprender.

Todo lo que sabemos hasta ahora sobre esos mecanismos son una burda aproximación.

Por eso, intentar forzarlos es mala idea.

Mientras no tengamos una prueba clara de que la forma en la que un bebé se adapta a un cambio le perjudica (lo que a veces pasa), no deberíamos interferir.

Si dejamos que sus mecanismos adaptativos actúen irán afinando su respuesta, haciéndolo cada vez mejor.

Si en lugar de interferir, observamos como funcionan, aprenderemos a entender mejor las necesidades de nuestro hijo y responderemos de forma más adecuada la próxima vez.

Observa mucho a tu hijo, disfruta que tienes el honor de vivirlo y piensa antes de actuar.

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Edad a la que habla un niño

¿Cuál es el momento en el que el niño empezará a hablar? Otra preocupación para los padres cuando no se explica bien.

Cuando entendemos el desarrollo de los niños como una sucesión de exámenes de actitud, ver como crece nuestro hijo es una preocupación constante. Ese es el motivo por el que entre los alrededor de 500 artículos que ya he escrito no vais a encontrar ninguna tabla de «hitos del desarrollo». En la mayoría de los casos sirven sólo para generar ansiedad. Especialmente cuando se entienden de forma rígida.

Cada niño es diferente y en el desarrollo siempre hay que considerarlo en su conjunto.

Hace unos días no pude evitar reirme. Me comentaba una madre que le habían dicho en el control del niño sano que su hijo tenía un problema de desarrollo, porque pasándole la encuesta, punto por punto en plan ITV, la enfermera se alarmó porque el niño aún no apilaba 5 cubos para hacer una torre. La madre, que dicho sea de paso ya tiene claro que las listas de cosas que los niños «tienen que hacer» no son más que simplificaciones absurdas, respondió sin pensarlo: «Pues como le deje el IPad puedes flipar viendo como lo maneja.»

Hay listas del mismo tipo diciendo con qué edad hay que decir cuantas palabras, o frases de qué longitud… No voy ni a mencionar las fechas que suelen dar en esas listas con más frecuencia precisamente para que no le hagáis ni caso.

La cuestión es que por simple comparación, hay niños que empiezan a hablar más tarde. Y son esos padres los que de verdad empiezan a preocuparse por el desarrollo de sus hijos y en los que voy a centrarme.

Hay niños normales que hablan con una claridad asombrosa con poco más de un año y otros que no alcanzan ese nivel hasta los 3 años o más.

La cuestión no es qué hacer para que empiece a hablar cuanto antes.

Sino diferenciar los niños que empiezan más tarde a hablar porque tienen un problema de los que no hablan aún, pero son normales. Y eso para ver si en los que tienen problemas hay algo que podamos hacer para ayudarles.

Hay que tener claro que además en el desarrollo hay muchas habilidades diferentes y que pueden desarrollarse a velocidades muy variables.

Y ¿cómo diferenciamos a los niños con problemas de los que no los tienen? Os puede explicar lo que yo hago:

– Lo más importante: Observa a tu hijo en su conjunto. Si dejas de un lado el tema del lenguaje, dirías que en el resto de habilidades de tu hijo están bien, o incluso por encima de lo que observas en otros niños de su edad. Si es así no te preocupes demasiado. En los niños en los que esto ocurre es importante la siguiente pregunta.

¿Entiende lo que le dices? La comprensión del lenguaje se desarrolla antes que el hablar. Cuando un niño tarda en empezar a hablar pero entiende lo que se le dice descarta dos problemas importantes: El primero, que el niño escuche bien. Cuando un niño no atiende a lo que le decimos, hay que investigar es si oye bien. Evidentemente si un niño no oye, no va a desarrollar el lenguaje oral. En eso se puede cometer un error: Un niño puede tener problemas de audición a pesar de que responda a sonidos. Para escuchar, entender y reproducir el lenguaje es necesario escuchar, pero además deben escucharse unas frecuencias concretas que son las que usamos al hablar. Cuando se tienen problemas para oír, lo más frecuente es que el fallo esté en unos sonidos concretos, no en todos. Y algunos niños responden a ruidos muy variados, pero sin embargo no lo hacen al lenguaje. En los niños que retrasan claramente el desarrollo del lenguaje y no parecen entender lo que se les dice, lo primero que os recomiendo es que sea valorado por el Otorrino para descartar problemas de oído. En segundo lugar: Si el niño entiende lo que se le dice es que además de funcionar bien el oído lo hace la zona del cerebro encargada de entender el lenguaje. Así, si un niño no entiende lo que se le dice por encima de los 18-24 meses debe ser valorado por el Otorrino, y si no hay problemas de oído, os recomiendo que lo vea el neurólogo. Pero la mayoría de los niños que no hablan aún con esa edad entienden lo que se les dice. En esos casos, no os preocupéis y dadle su tiempo.

¿Dice ya alguna palabra con sentido? Si la respuesta es sí y el resto del desarrollo del niño es normal, es que seguramente todo está bien. Porque si un niño es capaz de reproducir una palabra con sentido, es porque puede oírla, entiende que esa palabra tiene un significado y es capaz de articular el lenguaje. Es decir, que tiene todo lo necesario para que cuando esté preparado y lo necesite, pueda desarrollarse.

¿Consigue todo lo que necesita sin necesidad de usar el lenguaje? Muchos niños tardan más en desarrollar el lenguaje porque consiguen lo que necesitan sin necesidad de usarlo. Y eso es en algunos casos un signos precisamente de que el niño es más inteligente y no lo contrario. Yo suelo poner un ejemplo: «Imagina que te vas a vivir a un edificio en las afueras de Moscú, y dentro de 6 meses has conseguido que todos tus vecinos aprendan tu idioma. ¿eso es un signo de falta de inteligencia?» Ante esto hay quien recomienda «incentivar» al niño a usar el lenguaje. Por ejemplo escolarizándolo si no lo estaba o no haciendo caso al niño cuando nos pide algo si no usa el lenguaje.

La cuestión clave es ¿es peor que un niño hable más tarde? o dicho de otro modo ¿debemos forzar el desarrollo del lenguaje? Y la respuesta es que no. Mientras el niño no tenga un problema de oído o neurológico y desarrolle el lenguaje antes de la escolarización no va a suponer un problema. Y si no lo ha hecho, el momento de la escolarización suele incentivar a que se haga ese desarrollo. Evidentemente no hablar puede dificultar su adaptación al colegio, pero precisamente por eso no tiene sentido adelantar la escolarización para acelerar el lenguaje forzando un paso para el que unos meses después el niño estará mejor preparado.

 

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Los bebés necesitan ir en brazos

Soy pediatra y no voy a regañar a una madre por «tener a su hijo en brazos» tanto como desee. ¿Porqué?

Una de las cosas que me resulta llamativa en mi actividad como pediatra es que para muchos padres uno es como el «policía de la crianza» o algo así.

Trabajo en un hospital donde visito a diario a los nuevos padres. Y es frecuente que me comenten como una de sus dudas: «Es dejarlo en la cuna y llora, pero se calla en cuanto lo cogemos. Pero nos han dicho que tenemos que dejarlo en la cuna, que si no se va a acostumbrar a que lo tengamos siempre en brazos.»

Entonces es cuando les explico lo siguiente:

Hay formas diferentes de criar niños.

Existe una que consiste en que los niños deben hacer las cosas que nosotros consideramos adecuadas cuando nosotros consideramos adecuado.

Pero hay otra que se basa en entender que cada niño tiene su propio ritmo. Es mucho mejor entender sus necesidades y que hay un momento adecuado en cada niño para los cambios que generar conflictos innecesarios por querer hacerlos en un momento que no está preparado.

Si escogéis como yo la segunda opción, debemos entender que un bebé necesita que lo cojan. Al nacer ha salido de un ambiente de recogimiento que le inspira seguridad. Verse sólo en un espacio muy abierto le genera inseguridad. Si cuando lo dejas en la cuna llora y si lo coges se calla, tu instinto te dice que lo cojas, tu corazón te dice que lo cojas: ¡Pues cógelo!

Algunos dicen que si se coge a un niño demasiado se le hace inseguro y dependiente. Pero es al revés. Cuando un niño es llevado en brazos con frecuencia y recibe afecto de forma continua se cría sintiéndose querido y seguro. Poco a poco, la curiosidad le hará buscar la separación para explorar el ambiente que lo rodea.

Así que escoged vuestra forma de criar a vuestro hijo. Si lo que os sale es darle afecto constantemente, no os cortéis. Al afecto no hace daño nunca.

Y si vamos a llevar a un niño en brazos hasta que esté preparado para «independizarse» hay cosas que pueden ayudar. Como las mochilas porta bebés. Ayudan a que llevar al niño en brazos sea compatible con un mayor número de actividades y a que hacerlo resulte más cómodo. Las mochilas ergonómicas lo hacen además en la postura más adecuada para el niño.

Si queréis información sobre cual escoger según vuestras necesidades os recomiendo el siguiente enlace. En este formulario una madre experta en porteo os puede asesorar sobre la elección.

 

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