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Obstrucción del conducto lacrimal

Ojo de bebé con legañas

Aprende a distinguir la conjuntivitis de verdad de la obstrucción del conducto lacrimal de los bebés.

Muchos bebés en los primeros meses de vida forman legañas en los ojos y les lloran con facilidad. La gente suele pensar que es una conjuntivitis. Pero en la mayoría de los casos la explicación es una obstrucción del conducto lacrimal.

De hecho a los recién nacidos se les echa unas gotas en los ojos.

El objetivo de estas gotas es evitar una conjuntivitis que algunos pueden sufrir al salir por la vagina de la madre.

Esa conjuntivitis es causa frecuente de ceguera en países subdesarrollados. Pero muy poco frecuente en los desarrollados gracias a esta prevención.

A pesar de eso, muchos bebés durante los primeros meses pueden despertarse con los ojos pegados.

En esos casos hay que diferenciar distintas situaciones:

– Puede levantarse con el ojo pegado, pero sin secreción.

 

ojo cerrado bebe

 

– Puede hacerlo con el ojo pegado y secreción.

 

secrecion ojo bebe

 

Y al abrirle el ojo, tras limpiarle la secreción si la tiene, podemos ver:

– Que tenga la conjuntiva (el blanco del ojo) irritada.

 

conjuntivitis bebe

 

– O que no la tenga irritada, aunque el ojo le llore.

 

ojo bebe lagrima

 

Hay dos causas posibles para todo esto pero que pueden diferenciarse con facilidad:

Obstrucción del conducto lacrimal. El ojo puede estar pegado, a veces con secreción y puede llorarle con facilidad, pero el blanco del ojo no está irritado.

Conjuntivitis. El ojo suele estar pegado y con secreción, y al abrirlo tiene el blanco del ojo irritado.

Obstrucción del conducto lacrimal

El conducto lacrimal es muy fino, y en los bebés más.

Muchos nacen con uno o los dos taponados. El ojo le llora todos los días.

Otros no lo tienen totalmente taponado, pero es estrecho y se atasca con facilidad. El ojo le llora con frecuencia, pero no todos los días.

Suele mejorar poco a poco, y la mayoría lo tienen ya abierto antes de los 4 meses.

Pero si vemos que pasa el tiempo y para los 4-6 meses no mejora, conviene que lo vea el oftalmólogo, por si tienen que abrírselo.

Mientras tanto para intentar que el conducto lacrimal se vaya abriendo solo y evitar que se infecte:

– Cuando tiene secreción al levantarse, échale un poco de suero, deja que se ablande y límpiala con una gasita húmeda. Intenta no frotar demasiado.

– Parece que dar masajes en el huequecito que hay entre el ojo y la nariz puede ayudar a que el conducto lacrimal se abra.

Conjuntivitis

La conjuntivitis es la inflamación del blanco del ojo (conjuntiva).

Puede aparecer como parte de un catarro en el que además de producir moco en la nariz, se irrita el ojo. A veces el mismo moco del catarro sube por el conducto lacrimal hacia el ojo.

Debe valorarlo el pediatra para indicar el tratamiento.

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Granuloma umbilical

Se le ha caído el cordón y no está seco. Aprende qué hacer si a tu hijo se le cae el cordón umbilical pero el ombligo sigue húmedo. Qué es el Granuloma umbilical y cómo tratarlo.

En algunos casos el cordón se cae y el ombligo sigue húmedo. Esto es mas frecuente cuando:

  1. El cordón se cae demasiado pronto. Lo habitual es que lo hagan entre el 3º y el 10º días.
  2. Si el cordón umbilical es muy grueso. En esos casos suele tardar más en caerse y es más habitual que al hacerlo quede húmeda la base.

En un granuloma umbilical vemos que en el centro del ombligo ha quedado una superficie blanca o a veces algo gris. Es la parte de gelatina del cordón que hay debajo de la piel.

Al igual que la que había por fuera, debe secarse y caerse, pero a veces el cordón cae antes de que esa zona se haya secado del todo.

granuloma umbilical

El problema es que como esa zona queda expuesta y húmeda, es más fácil que aparezca una infección.

¿Qué notamos cuando un ombligo se infecta?

Pensamos en infección si la piel que rodea el ombligo está inflamada, huele mal o tiene secreción como pus.

Tratamiento del Granuloma umbilical

Para evitar la infección, cuando hay un granuloma umbilical, el pediatra suele cauterizarlo aplicando nitrato de plata.

En la mayoría de los casos con una sola aplicación es suficiente. A veces, pasados 2 ó 3 días puede ser necesario aplicarlo de nuevo.

Si finalmente se infecta el ombligo debemos distinguir:

  • Signos locales: El bebé está bien, pero tiene inflamado el ombligo con secreción y huele mal. Es una onfalitis. Lo tratamos con antisépticos o con antibióticos locales. Suele responder bien en menos de 2-3 días.
  • Signos generales: Si además de lo anterior aparece fiebre, malestar o decaimiento en el bebé, debe ser valorado por el pediatra. Ya que a veces desde un ombligo infectado puede extenderse la infección al resto del cuerpo y en un niño pequeño puede ser grave.

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Pénfigo del recién nacido

pénfigo en el recién nacido

Algunos bebés tienen ampollas en la piel al nacer: Es lo que llamamos Pénfigo del recién nacido. ¿Qué aspecto tiene? ¿Es grave? ¿Cómo podemos tratarlo?

Algunos niños al nacer tienen el cuerpo cubierto de ampollas superficiales. Son como pequeñas burbujas circulares de pocos milímetros. Pueden tener un contenido que parece pus. Y a veces vemos restos de algunas de esas burbujas que se han abierto ya y de las que sólo quedan pequeños circulitos en la piel como si se hubiese descamado.

pénfigo bebé

Hay varias causas posibles. En algunos casos es debido a alguna infección. En otros la madre tiene una alteración de la piel producida por anticuerpos que pasan por la placenta y producen esa reacción en la piel del bebé.

El pediatra debe diferencias las distintas causas. Y para hacerlo, a veces se realizan analíticas de sangre al recién nacido.

En algunas es necesario tratar la infección causante.

En otros casos solo es necesario evitar la sobreinfección, ya que el resultado es que tiene una piel que está dañada y puede servir como vía de entrada a infecciones.

El tratamiento que solemos usar para favorecer que las ampollitas se sequen sin infectarse es un antiséptico. Disponemos de muchos, pero el que solemos usar para esto es el Permanganato Potásico 1/10.000. Es un antiséptico que elimina las infecciones de la piel y la reseca un poco. Suele ser suficiente con aplicarlo una o dos veces al día durante los primeros días de vida.

En su mayoría desaparecen sin dejar marcas en menos de una semana tras el nacimiento.

No deben usarse para esto antisépticos a base de iodo (como el betadine). Estos antisépticos están contraindicados en los recién nacidos, porque pueden absorberse con facilidad y alteral el funcionamiento del tiroides. Tenemos opciones alternativas de sobra hoy en día para no usarlos al menos en los 3 primeros meses de vida.

En los casos más leves, mejora incluso sin necesidad de aplicar nada en los primeros días de vida.

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El sueño en el recién nacido

Uno de los consejos que doy a todos los amigos o familiares embarazados que conozco en el último mes es: ¡¡¡Dormid!!!

Hay tres aspectos en los primeros días de vida de un bebé que preocupan a los padres:

–       Que el parto haya ido bien y el bebé no tenga ningún problema de salud.

–       La alimentación.

–       El sueño.

Hoy vamos a centrarnos en este último: ¿Cómo suele cambiar el patrón de sueño de un bebé desde su nacimiento?

Existen las típicas reglas de cuantas horas “debe” dormir un bebé según su edad. Pero en realidad no es más que algo que se le ocurrió hacer a alguien a partir de un estudio estadístico. Algo a mi parecer inútil, porque luego cada niño tiene su propia evolución y además no es constante. Unos días dormirá más y otros menos.

Todo lo que voy a describir ahora es también una generalización y debe entenderse de forma flexible.

Primeras horas tras el nacimiento:

Cuando un niño nace se tiene que adaptar a muchas cosas nuevas (temperatura, estímulos, respiración, circulación sin la placenta, alimentación). Es normal que el bebé esté agotado y tienda a dormir mucho. Prácticamente se despierta para comer y poco más.

Tras las primeras 24-48 horas:

Iremos notando que el niño empieza a estar más activo. Especialmente a partir del 3º día de vida. Empezará a tener periodos en los que está despierto sin tener hambre.

En muchos casos todavía no tienen un ritmo definido entre el día y la noche. A veces pasan 3-4 horas sin dormir durante el día y luego no paran de pedir comida durante la noche.

Acabarán durmiendo más de noche y comiendo más de día. Pero hasta que lo alcanzan los padres pueden pasar algunas noches “complicadas”.

Podemos ayudar a que el ritmo se regule antes con dos acciones simples:

1.     Intentar que durante el día haya la mayor iluminación posible y de noche, cuanta menos mejor. Es la luz lo que marca el ritmo de la melatonina, la sustancia encargada de marcar el ritmo de sueño.

2.     Si de noche pide con mucha frecuencia, ofrecer durante el día las tomas con más frecuencia. Al hacerlo, si está tomando el pecho aumentará la producción de leche, comerá menos ansioso y cuando llegue la noche tendrá más sueño y menos hambre.

¿Es necesario despertarlo para comer?

Se suele decir que la lactancia es a demanda (tanto si toma pecho como si es biberón). Pero ¿eso quiere decir que si pasan las horas sin que el bebé se despierte para comer no debemos hacer nada?

No. Que la lactancia sea a demanda significa que no hay tiempo mínimo entre las tomas ni cantidad máxima a comer o duración máxima de la toma. Si quiere, dale.

Pero hay casos en los que el problema es el contrario: Algunos recién nacidos están más débiles y no se alimentan bien. Cuando eso ocurre en las dos primeras semanas de vida existe el peligro de que baje el azúcar en sangre. Y si sucede, el niño está cada vez más débil y menos activo, come peor, baja más el azúcar…

A partir de las dos semanas el hígado ya actúa como reserva de azúcar, de modo que si pasan unas cuantas horas sin comer tiene reservas de las que tirar.

Lo que se deduce de esto es que en las primeras semanas no conviene que el bebé pase demasiadas horas sin comer.

Y ¿Cuánto es demasiado en esas primeras 2 semanas?

Pues de nuevo no hay cifras mágicas.

En los recién nacidos a término de peso normal puede decirse que es mejor si no pasa más de 3 horas seguidas sin comer durante el día ni más de 5 horas sin comer durante la noche.

Esos tiempos se acortan cuanto menos pese el bebé y más inmaduro sea, de modo que en niños de 2 kilos y poco es mejor dar las tomas no dejando más de 2 horas sin comer durante el día ni más de 4 horas sin comer durante la noche.

Si se superan esos tiempos conviene que intentemos despertarle para comer.

En ambos casos, no hay tiempo mínimo. Si un niño pide a los 10 minutos de haber comido volvemos a darle.

A partir de las dos semanas:

Tras esas primeras semanas en las que ha ido acumulando azúcares en el hígado, si un niño duerme 6-8 horas durante la noche, ya no hay peligro de hipoglucemia (bajada de azúcar), con lo cual, si tenéis esa suerte, dejadle dormir y hacedlo vosotros, que a estas alturas lo necesitaréis.

En los meses siguientes:

Conforme un niño crece suele necesitar dormir cada vez menos y es normal que esté poco a poco más activo. Pero no tiene sentido decir un número de horas que debe dormir.

Si le dejamos dormir cuanto desee (recordad que a partir de las dos semanas ya no le va a dar una bajada de azúcar por dormir toda la noche) y está sano es que duerme lo que necesita. Aunque haya niños que lo hagan 18 horas al día y otros que con 10 horas tengan suficiente.

La forma de dormirlo:

Hay padres que prefieren que su hijo aprenda a dormirse sólo desde el principio y otros que prefieren que lo haga con su colaboración. Son opciones. Cada familia escoge la suya.

Pero a veces se escoge la primera porque los familiares amenazan a los padres con el conocido “lo vas a acostumbrar a dormirlo en brazos”.
Mi experiencia me dice que dormir sólo a un niño en los primeros 2-3 meses es bastante irreal. En la mayoría de las tomas, sea pecho o biberón lo que tome, el niño se queda dormido comiendo.

Si la opción que deseamos a largo plazo es conseguir que el bebé sea capaz de dormirse sin nuestra ayuda, es posible conseguirlo unos meses más adelante, y desde luego sin tener que dejarlo llorando en la cuna. Hay medios más civilizados de conseguir lo mismo llegado el momento.

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Grietas en el pezón

Grietas en el pezón durante la Lactancia Materna

¿Porqué salen las grietas en el pezón durante las primeras fases de la lactancia materna, cómo evitarlas y cómo curarlas?

En los primeros días o semanas de lactancia pueden aparecer las grietas. En la mayoría de los casos se debe a que el bebé no está consiguiendo agarrar bien el pezón y esto le lleva a hacer movimientos para tomarlo que no son efectivos y producen un rozamiento que no es normal.

En algunos casos pasa de una leve molestia y aparecen grietas que a veces acaban con la lactancia materna porque el dolor se hace insoportable.

¿Cuáles son las causas por las que salen las grietas con más frecuencia?

Las grietas aparecen con más facilidad si el niño no agarra bien el pecho. Y en eso hay 2 causas fundamentales:

1º Posición del niño respecto a la madre:

Conviene que lo coja con la mayor parte posible de la areola y que la postura del niño no le haga tirar del pezón para que no se le salga:

Su ombligo hacia tu cuerpo

y la cabeza hacia el pezón sin que tenga que girar ni doblar el cuello.

Lo ideal sería que el pezón esté dirigido hacia el paladar del niño.

Es decir que el niño tenga la cabeza con el cuello levemente extendido y que estén en una línea recta Pezón-Paladar-Coronilla del bebé.

2º No toma bien el pezón.

  • Cuando el pezón es muy plano a algún niño le cuesta orientarse sobre el lugar en que hacer el agarre. Pero en realidad para mamar el agarre debe hacerse sobre la areola, con lo que si la posición es adecuada, al introducirse en la boca, el pezón adopta su forma normal. Lo esencial es que el niño esté en una buena posición y abra bien la boca. El pezón evidentemente sí que orienta sobre la posición en la que el niño debe coger el pecho, y cuando está plano puede hacerlo desplazado hacia uno de los laterales o hacia arriba. El resultado es que succiona y ya desde el principio la toma resulta muy dolorosa. Si sigue haciéndolo, acaba apareciendo un «chupón» o una zona de roce. Y a partir de esta zona acaba formándose una grieta. Debes orientarte sobre si el agarre es bueno o no por el dolor que produce. Si al ponerle al pecho notas un dolor muy intenso desde el principio, mete el dedo para separarlo (como si quisieras despegar una ventosa) y ponlo otra vez, intentando que abra un poco más la boca y que su labio inferior busque el borde inferior de la areola. Si al cogerse de nuevo no duele tanto, es que esta vez lo ha hecho bien.
  • El frenillo lingual. Hay niños que no pueden tomar bien el pecho porque su lengua no puede moverse bien debido a un frenillo corto. Si la lengua no puede pegarse al paladar es que tiene un frenillo que le impide hacer la presión que extraería adecuadamente la leche. Cuando esto ocurre hace movimientos anómalos para intentar extraer la leche. Esos movimientos producen rozamiento y con frecuencia hacen un ruido de chasquido mientras el niño toma. Cuando esto ocurre debe valorarse la existencia de un frenillo y resolverlo lo antes posible.

Tratar las grietas cuando ya están

Como en cualquier problema, lo esencial es corregir la causa. Y en las grietas más que escoger una crema u otra lo importante es ver cual de las anteriores causas descritas es la causa y modificarla. Cuando lo hacemos, aún sin nada más las grietas mejoran poco a poco.

Para tratar las grietas a muchas mujeres se les dice que lo que mejor se las cura es un poco de su propia leche aplicada en la grieta tras la toma. No es recomendable. Esto puede generar sobreinfección.

Dejarlos al aire el mayor tiempo posible. Esto sirve para evitar la maceración y a muchas madres les va bien.

A veces, mientras corregimos los problemas y curan las grietas, son útiles las cremas le lanolina, vaselina o aceite de oliva directamente aplicado tras la toma o las pezoneras.

Si pueden evitarse las pezoneras es mejor dar el pecho directamente. Pero cuando de otro modo es casi imposible pueden usarse hasta que mejore la adaptación del bebé al pecho. Si las usamos porque hay grietas, una vez curadas es recomendable ofrecer el pecho sin pezonera lo antes posible.

Higiene del Pecho durante la Lactancia

En cuanto a higiene, no laves los pezones más que en la ducha y sin dedicarles una atención especial. El propio pecho produce secreciones para protegerse que eliminas si lo lavas demasiado.

¿Hongos en el pezón?

Hay veces que las grietas no acaban de quitarse pese a que el niño se coge bien.

En algunos de esos casos, además de las grietas de la madre, el bebé tiene manchas blancas en la cara interna de los labios, las mejillas, las encías y la lengua. Intenta retirarlas con suavidad. Si no se quitan, lo que tiene es Muguet (lo que en algunas zonas llaman «arrorre»). Una infección por hongos (candidiasis) muy frecuente en los lactantes.

Que un lactante tenga muguet no quiere decir que la madre tenga hongos en el pezón. Lo que sí suele ocurrir es que si el pezón tiene una infección bacteriana, por estreptococos o estafilococos, esas bacterias generen sustancias que favorecen el crecimiento de hongos en la boca del bebé. Lo que hace que coincidan infección bacteriana en la madre y por hongos en el bebé.

En estos casos el pezón puede verse enrojecido e irritado, y el dolor se hace más intenso durante la toma y después de ella.

La solución suele ser un tratamiento de Probióticos para la madre y un antifúngico oral para el bebé.

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Los portabebés ayudan al establecimiento de la lactancia materna

Los portabebés ayudan al establecimiento de la lactancia materna y al mantenimiento de la misma.

El pecho funciona cuando lo damos a demanda. Eso se debe a dos aspectos:

  1. El pecho funciona de una forma compleja, pero a la vez muy simple: Produce más cuanto más lo vacian.
  2. La cantidad que un lactante necesita mamar varía de una toma a otra. Y se va modificando conforme el niño crece. La mejor forma de que lo que el pecho produce se amolde a lo que el niño necesita es que pueda tomarlo a demanda. Cada vez que lo pida y durante el tiempo que quiera. Si lo hacemos así, reducimos la ansiedad del niño comiendo, los gases… Y favorecemos que el niño tenga una relación con la comida en la que aprende a regular su apetito poco a poco por sí mismo.

Durante los primeros meses esa demanda puede ser tan intensa que dificulta a la madre hacer casi cualquier otra cosa. En esas condiciones un portabebés puede ser una gran ayuda. Ya que permite dar el pecho al niño mientras la madre se mueve y tiene las manos libres para hacer otras actividades. Y permite además dar el pecho en lugares en los que no se dispone de intimidad con total discrección.

Pero para hacer esto, no todos los portabebés son iguales ni permiten por ejemplo dar el pecho cómodamente dejando libres las manos. Y no todas las mochilas portabebés son adecuadas para todas las edades.

Si tienes claro que necesitas una mochila portabebé pero no sabes cual escoger te aconsejo que visites esta página en la que una madre experta en porteo te asesora para escoger tu mejor opción:

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Masajes para el bebé con cólicos del lactante

Masajes para el cólico del lactante

La Fisioterapeuta Lorena Gutiérrez Fernández, autora de FisioByM.com nos explica cómo dar masajes a los bebés con cólico del lactante.

Los cólicos del lactante son, sin duda, uno de los procesos más temidos por padres y madres de bebés desde su nacimiento. Lo más frecuente es que aparezcan en los primeros meses de vida del bebé, disminuyendo la probabilidad de padecerlos a partir de los 4 meses. Se caracterizan por el llanto intenso e inconsolable del bebé sobre todo a última hora del día y, diría yo también, por la impotencia y frustración de sus padres al no saber cómo consolarle.

Para entender el cólico del lactante lo primero que necesitamos es una dosis de asertividad, es decir, pongámonos en la piel de nuestros bebés. Los adultos sabemos lo difícil que es definir un dolor. Cualquier sensación subjetiva es muy personal, y el ponerle adjetivos puede ser una tarea ardua. Si nos han preguntado alguna vez “en una escala del 1 al 10, puntúa tu dolor” o “¿qué tipo de dolor sientes?: punzante, quemante, etc.”, sabremos lo difícil que es puntuar o describir una sensación dolorosa. Como Fisioterapeuta, estoy muy familiarizada con el dolor (ajeno en este caso) y con la dificultad que supone para el paciente definir algo tan personal como es el dolor, y para mí llegar a entender lo que la otra persona está sintiendo.

Volvamos a nuestros bebés, y pongámonos en el lugar de un ser que acaba de llegar al mundo (hace días o semanas), con un sistema digestivo inmaduro y que se ve expuesto a una cantidad de estímulos que a veces no es capaz de asimilar. Imaginemos por un momento que sentimos un dolor de tripa intenso, al final del día que es cuando más cansados estamos, y que no pudiésemos comunicar lo que nos está pasando con palabras. ¿Qué haríamos para comunicarnos?: ¡llorar!. Y si a nuestro alrededor percibo que cuando más lloro y más me duele, se genera más nerviosismo y ansiedad ¡llorar aún más!. Lógicamente, un papá o mamá que ve a su bebé llorar no puede quedar impasible, pero sí observar su reacción y tratar de mantener la calma sabiendo que su bebé se está sano y lo que le está pasando es una etapa más de su maduración.

Como papás nos preguntaremos “¿y podemos hacer algo para ayudarle?”. La respuesta es “¡claro que podemos!”. Cómo os decía más arriba, lo primero es la asertividad, ponernos en la piel de nuestro bebé, y trasmitirles que estamos ahí y que les vamos a ayudar. El masaje nos puede ayudar tanto desde el punto de vista físico como desde el punto de vista emocional. Ayudará a nuestros bebés a relajarse, a sentirnos cerca y estar menos irritables. Pero no sólo tiene beneficios para nuestro bebé, sino que también nosotros disfrutaremos de sentir la calidez de nuestros pequeños. Y por supuesto, será muy reconfortante saber que está en nuestras manos poder ayudarle. Mi recomendación personal y profesional es acudir a cursos o talleres específicos de Masaje Infantil, donde un profesional pueda enseñarnos toda la rutina de masaje para todo el cuerpo, no sólo la del abdomen.

El masaje siempre deber realizarse en un momento del día en el que el bebé esté tranquilo (nunca en plena crisis). Siempre empezamos por la maniobra llamada “manos que reposan”, que consiste en simplemente (o no tan simplemente) en colocar nuestras manos sobre el abdomen de nuestro bebé. Muy probablemente, si el bebé ha padecido cólicos recientemente, rechace el contacto o flexione brazos y piernas manifestando su incomodidad. Debemos ser receptivos y saber que el bebé necesita tiempo para relajarse y entender que le vamos a ayudar. Puede ser que durante varios días sólo podamos poner las manos sobre su abdomen y nada más.

El masaje realizado por los papás es un perfecto complemento para el tratamiento de Fisioterapia u Osteopatía que haga el profesional. Los bebés tienen una gran capacidad de recuperación, por lo que suele ser suficiente con 2-3 sesiones de tratamiento. En estas sesiones se identifican las zonas que están en tensión y se aplican maniobras específicas para relajarlas. El terapeuta nos indicará en qué puntos debemos incidir a lo largo de la semana para seguir ayudando a nuestro bebé.

Además del masaje, tenemos más recursos para que nuestro bebé nos sienta cerca, minimizando su estrés o sobrestimulación. El portear a nuestro bebé, en un portabebé ergonómico que respete la posición fisiológica del bebé y reparta el peso adecuadamente en nuestra espalda. De hecho, hay estudios que demuestran los beneficios del piel con piel, y por otra parte se ha sugerido que los bebés porteados sufren menos cólicos del lactante ya que la posición vertical favorece la expulsión de gases, y el calor que les trasmitimos con nuestro cuerpo les calma a nivel digestivo. Al igual que con el masaje, hay que ser observadores y buscar el momento más adecuado ya que, si nunca hemos porteado a nuestro bebé, tendremos que empezar progresivamente y siempre fuera de las crisis de llanto-dolor.

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Mecanismos de autorregulación en bebés frente a cifras redondas

¿Porqué ponemos tantas cifras a lo que deben hacer los bebés? Hay quien describe a los niños como ingenios mecánicos con unos ritmos fijos. Y quien entiende que cuentan con mecanismos de regulación que funcionan bastante bien.

Todos los padres han oído consejos del tipo:

  • Dale de comer cada 3 horas y la cantidad que tiene que tomarse es xxx.
  • Tiene que echar los gases después de cada toma.
  • Ponle dos capas de ropa más de las que tengan los que hay a su alrededor para que no pase frío.
  • Tiene que hacer caca todos los días.
  • La cantidad de leche que debe tomar un bebé son 150 ml por kilogramo y día.
  • Con la edad que tiene, deberías quitarle ya una toma.
  • Con su edad debería dormir xxx horas.
  • Tiene que ganar de 150 a 200 gramos cada semana.
  • Tiene que sostener la cabeza con 3 meses, sentarse con 6, ponerse en pie con 9 y andar a los 12, dejar el pañal cuando se tercia en la guardería para que lo hagan todos a la vez y lo antes posible y apilar 27 tenedores haciendo equilibrios sobre la nariz antes de los…

Pero ¿de dónde salen estas cifras?

Pues es simple, son reglas fáciles de recordar. Pero generalizaciones inútiles. A mí me dieron muchas de esas reglas. Hay manuales de pediatría llenas de ellas. Para entendernos. La pediatría fue una de las últimas especialidades en surgir. Y lo hizo en pleno positivismo. Hacer ciencia era poner cifras a todo. En el mejor de los casos, estas cifras son medias estadísticas redondeadas para que se recuerden con más facilidad.

¿Porqué es absurdo plantearse así la crianza y cuál es la alternativa?

Los seres humanos, ya desde el nacimiento contamos con mecanismos que regulan nuestras respuestas al entorno y nos permiten adaptarnos. Los niños no son una excepción. Estos mecanismos son mucho más complejos y responden de forma mucho más adecuada que cualquier cálculo consciente que deseemos hacer.

Un ejemplo: Los diabéticos por desgracia tienen una esperanza de vida menor que la población general. Y eso es así porque por muy bien que seamos capaces de cumplir las reglas sobre alimentación y calcular las dosis de insulina adecuadas, lo hacemos peor que un páncreas que funcione.

Un ejemplo más claro y en la crianza: ¿Cuándo y cuanta leche dar a un bebé?

Mientras no tengamos pruebas de que no funciona, la mejor respuesta no es un número sino dos palabras: A demanda.

Reglas del tipo «debes darle cada x horas xx cantidad» de forma fija son absurdas. Pero rara es la madre a la que nadie le dice una regla así. Y en muchos casos se aplican generando problemas. Nadie come siempre lo mismo con regularidad matemática. Lo que un niño come es el resultado de una complicada ecuación en la que influye factores como:

– Si tiene más sueño o más hambre.

– Cómo comió en la anterior toma.

– Si ha vaciado o no su intestino y en qué grado.

– La temperatura a la que ha tenido que adaptarse durante la horas anteriores.

– Si ha estado más o menos activo.

– Si está consumiendo energía para defenderse de una infección.

– Si su intestino absorbe mejor o peor los nutrientes.

– Su estado de ánimo…

Son sólo algunos de los factores que es fácil demostrar que pueden alterar las necesidades de alimentación de un niño en una toma respecto a la otra. Encima no son factores cuantificables y que varían de persona a persona.

Poner una cifra fija y pretender que eso cubre las necesidades del niño es «infantil», absurdo y muy perjudicial, porque los mecanismos del niño para adaptar la toma a sus necesidades van a despertarse: Va a llorar, va a comer con ansiedad…

Tener cifras fijas, pautas fijas, resulta atractivo. Especialmente en algo nuevo que genera inseguridad como ser madre. Y se pretende dar esas cifras como una forma de aportar seguridad. Pero es una falsa seguridad que genera problemas, porque no se adapta a la realidad biológica de los niños. Somos seres biológicos, no mecánicos.

La alternativa es conocer las señales que nuestro hijo nos envía constantemente y saber cómo responder para facilitar que sus mecanismos de adaptación, mucho más elaborados que nuestras teorías, funcionen lo mejor posible. Enfocado a la pediatría es lo que llamo Pediatría Respetuosa.

La Pediatría Respetuosa tiene para mí 3 vertientes:

Conocer y respetar los mecanismos de autorregulación de los niños. Porque no disponemos de teorías capaces de superarlos.

Respetar la diferencia entre distintos individuos, en su forma de adaptarse al entorno y en su forma de enfermar y curar. Porque esas diferencias pueden hacer que la terapia de elección y las pautas a usar sean muy distintas entre dos niños.

Respetar las opiniones de los padres en sus elecciones sobre la crianza de sus hijos. Porque no sabemos tanto sobre crianza y sobre cada familia y niño en particular para estar seguros de que la opción que pretendamos como mejor lo es.


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25 cosas esenciales para un bebé según los padres

Estas son las 25 cosas que un bebé más necesita según los padres en una encuesta que hice en Facebook

Antes de ver la lista, hago mención especial a comentarios muy acertados de algunas madres que destacaron que todo lo que hay en la lista es secundario. Que lo más importante que necesita un bebé, es a sus padres, la paciencia de sus padres, la comprensión de sus padres… Y ante todo, su amor.

Y yo en otro artículo (cosas de bebés) en el que hablaba de lo esencial para preparar la llegada de un bebé, ya destacaba hace años: Tiempo. Es el bien más escaso hoy en día, y con el que casi nunca cuentan los padres al preparar la llegada de un niño.

Os pongo la lista en función de los «me gustas» que recibió cada uno de los productos. Algunos los he agrupado para que fuese más útil. En total fueron más de 250 comentarios. Muy buena participación. Me alegro de haber tocado un tema útil. Y pretendo desarrollarlo en la medida de las posibilidades de las herramientas que pongo a vuestra disposición.

En próximos artículos trataremos cada una de esas familias de productos, hablando de cuales son vuestras preferencias y de los consejos que pueda dar como Pediatra sobre cada una de ellas.

Aquí tenéis la lista. No están ordenados según lo que yo consideraría más esencial, sino por el número de menciones de los padres y los «me gustas» que le habéis dado a cada elemento. Si fuese para hablar de esencial, para mí falta la ropa, y pondría en primera posición a sus padres y a los pañales. Pero el orden refleja no sólo lo esencial, sino lo importante que ha sido cada producto para mejorar problemas que eran importantes para los padres que los han destacado.

Cremas (de culete o para la dermatitis)

Mochila ergonómica o fular portabebé.

Biberones anti-cólico.

Pañales

Aspirador nasal

Cojín de lactancia

Hamaca

Arnica (Barrita de homeopatía -se han mencionado otros productos de homoeopatía para otras utilidades- para los golpes)

Cámara vigilancia

Bañera y accesorios para la bañera.

Sacaleches

Trona

Babycook (Para cocinar purés)

Esterilizador

Cuna (colecho e independiente)

Chupete

Termómetro

Papillas-potitos

Termos y otros embases de transporte.

Toallitas

Silla de coche

Carrito de paseo

Cojín antireflujo

Calientabiberones

Evidentemente faltan muchas cosas. ¡Será por cosas para los bebés! No sé si lo sabéis, pero en España el gasto medio durante el primer año de vida en un bebé se estima en torno a los 6000€.

Acabo de darme cuenta de que muchos de los que leáis este artículo tal vez no conocéis mi página de Facebook. Si es así, os recomiendo que os deis un paseo por ella. Es el sitio donde los padres compartís más ampliamente vuestra opinión sobre los artículos que publico. Lo cual creo que enriquece muchísimo la capacidad de ayudar que pretendo que tenga.

Esta es mi página de Facebook.

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Calculadora de la cantidad de leche a dar a un bebé

Calcula la cantidad de leche que debe tomar un bebé para evitar problemas.

Este artículo es un poco peculiar. Porque casi todo el que entre se va a encontrar lo que no espera. Lo he escrito porque hay una sección de esta web en la que hay calculadoras. Y cuando en redes sociales las he presentado y he preguntado sobre qué otras cosas os resultarían útiles, un tema recurrente ha sido este: Una calculadora que me diga la cantidad de leche que debo darle a mi bebé.

Los que lo piden esperan una calculadora tipo:

 

Edad de tu hijo:

Peso de tu hijo:

La cantidad de leche que debe tomar tu hijo es:

No te pelees con ella para que funcione. Pongas la edad que pongas y el peso que quieras el resultado es el mismo.

Y es que las matemáticas y los niños no se llevan bien, a pesar de lo que muchas veces nos empeñamos en responder. No hay cifras mágicas. Y cuando damos una cifra, estamos generando problemas. Porque hay que entender que ningún ser vivo come lo mismo dos veces. Somos seres que nos adaptamos, y eso significa que tenemos la capacidad de actuar de un modo concreto en respuesta a muchos condicionantes. Somos geniales. Nuestra capacidad de adaptación deja a años luz cualquier cálculo simplificado que pueda realizarse con una calculadora como la anterior que funcionase.

Esto hay quien lo entiende y quien no. Hay quien se empeña en obtener una cifra mágica que me garantice que si la cumplo no habrá problemas. Pero los seres vivos no somos así, y cuando intentamos ajustar el comportamiento de un ser vivo a las cifras aparecen problemas. En la mayoría de los casos hacemos cosas con los niños en este aspecto que jamás se nos ocurriría aplicar a un adulto porque nos parecería absurdo. Y en niños no es menos absurdo.

Si queremos saber si nuestro hijo come lo que necesita hay esquemas que nos lo pueden aclarar. Pero se basan en tener algo más de conocimiento sobre nuestro hijo y sobre la naturaleza humana.

Aquí tenéis uno simple: