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María Blanca Garrido García, Pediatra Neonatóloga

María Blanca Garrido García, Pediatra NeonatólogaMaría Blanca Garrido García es Pediatra Neonatóloga. Trabaja en la actualidad en el Hospital de Manises en Valencia. Y su colaboración en esta página es algo en lo que no ceso de insistir desde hace años en cada reunión familiar.

Mi nombre es Blanca Garrido y sí, soy hermana de Jesús Garrido. Soy también pediatra, no creáis que es tradición familiar, somos los dos únicos pediatras de la familia y, hasta hace unos años, los únicos que éramos médicos en ella.

Para mí la medicina y, dentro de ella, la pediatría son a la vez mi vocación y mi medio de ganarme la vida, he tenido la suerte de poder aunar así ambas cosas. Hace ya unos años que acabé la residencia de pediatría, en la que me centré sobre todo en el cuidado neonatal y del niño crítico. He dedicado la mayor parte de mi carrera profesional a la atención hospitalaria, sin dejar de lado tampoco la atención del niño sano y la puericultura, que me interesan especialmente, pues pienso que no se nos forma adecuadamente en estos temas y se nos llena la cabeza de “verdades inmutables”, que no son ciertas.

Además de ser pediatra, también soy madre, próximamente por segunda vez y os aseguro que la maternidad ha dado una dimensión nueva a todos mis conocimientos y opiniones acerca de la pediatría. Estoy recorriendo un camino que me ha llevado a la conclusión de que el camino es el ejercicio de la profesión basado en el respeto, al propio niño y a su entorno familiar, teniendo en cuenta vuestras circunstancias y lo que como padres queréis transmitir a vuestros hijos. Para esto es importante que la atención sea lo más personalizada posible (no hay dos niños ni dos familias iguales) y con buenas dosis de sentido común.

Me he decidido a colaborar en esta página web porque, como vais, tenemos un sentir común de la pediatría y del cuidado del niño. Afortunadamente cada vez más pediatras dejamos de ser los típicos pediatras autoritarios de “esto se hace así y punto”, para pasar a ser aquellos que os den las herramientas necesarias (información) para que vosotros como padres seáis parte activa de las decisiones que conciernen a la salud y la crianza de vuestros hijos.

Dada mi experiencia en el campo de la pediatría hospitalaria, mis colaboraciones en esta página y mi propia página web, que está en creación, irán orientadas a dar explicaciones comprensibles y claras para que entendáis qué les pasa a vuestros hijos cuando las cosas no van bien y surge algún problema importante que requiera hospitalización.

Soy consciente de que, muchas veces, los pediatras os hablamos en un lenguaje poco claro, lleno de terminología médica y a veces incluso con poca empatía hacia la situación tan difícil que pasáis como padres cuando vuestro hijo se pone enfermo, con la preocupación y nervios lógicos que acompañan a esa circunstancia.

Mis aportaciones en esta página están por supuesto siempre abiertas a vuestros comentarios y opiniones, así como a las sugerencias que tengáis acerca de los temas a tratar.

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Ser padres de un bebé prematuro

Ser padres de un niño prematuro es una situación difícil, especialmente cuando el parto se presenta muy pronto.

Este artículo es una colaboración de María Blanca Garrido García, Pediatra Neonatóloga en Valencia.

Hay situaciones en las que, por estar cerca de lo que se consideran los “límites de viabilidad” que comentábamos en el artículo previo (400 gramos y 23 semanas de embarazo), es difícil tomar la decisión de reanimar o no, de ir o no “a por todas”.

Es muy importante que los profesionales que atenderán al parto y al recién nacido (ginecólogo y pediatra) informen de forma adecuada a los padres para que realmente sepan lo que conlleva un hijo prematuro y tomen las decisiones que sean necesarias de la forma más consciente posible. Los padres debéis estar receptivos a la ayuda y las aportaciones de los profesionales, de igual modo que los profesionales debemos estar a la altura de las circunstancias y comprender el momento tan difícil por el que estáis pasando.

Los niños prematuros pueden presentar problemas de forma inmediata tras el nacimiento y en sus primeros días de vida, pero también pueden presentar secuelas y deficiencias que afecten en mayor o menor medida a su calidad de vida futura y, por tanto, a la de toda la familia. Cuanto más prematuro sea el niño, mayor posibilidad de presentar problemas y de que éstos sean más importantes.

Ser padres de un hijo prematuro, sobre todo gran prematuro, es como una carrera de fondo, hay que ir día a día, sobre todo al principio, siendo conscientes de que habrá días con buenas noticias, con avances y otros con retrocesos y complicaciones, hay que estar preparados para ambas cosas. Son niños que necesitarán mucho esfuerzo por parte de sus padres y su entorno familiar (consultas médicas frecuentes, rehabilitación, atenciones en casa…).

El apoyo a los padres y a la familia es fundamental. En muchos hospitales cuentan con psicólogos especializados y existen asociaciones y grupos de padres de niños prematuros que se reúnen periódicamente para compartir sus experiencias, sus expectativas y también sus frustraciones y miedos. Os animo a que utilicéis todos los recursos que tengáis a vuestro alcance si os veis en una circunstancia así.

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Pekevídeo 17: Las primeras tomas con lactancia artificial

Consejos para empezar las primeras tomas al recién nacido cuando se decide dar lactancia artificial.

Uno de los problemas que veo con mas frecuencia en los recien nacidos, es que los padres no tienen muy claro cómo dar las tomas al principio.

Con el pecho la gran mayoría de la gente ha aceptado ya que debe darse a demanda. Pero cuando se decide alimentar a un niño con lactancia artificial, diría que siguen siendo mayoría los pediatras y enfermeras que aconsejan dar las tomas «calculadora en mano». Con un horario fijo y dando una cantidad fija. Esto es a mi parecer un error que genera muchos problemas.

Os explico porqué:

 

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El recién nacido come con mucha ansiedad

En ocasiones vemos recién nacidos que comen con mucha ansiedad. Eso tiene su significado y su solución clara.

Hay dos tipos de recién nacidos que comen con ansiedad:

  1. El recién nacido hambriento: Hay bebés que nace con un peso bajo o muy alto. Es decir, los de los extremos. El que nació con un peso bajo, quiere decir que pasó hambre ya dentro de su madre. Suelo decir que son del Clan de Escarlata O´Hara, porque parecen nacer diciendo: «A Dios pongo por testigo de que no volveré a pasar hambre. El que nació con un peso alto, en el extremo contrario, es un niño que necesita más cantidad de nutrientes (es más grande) y está acostumbrado a que no le falte. Con lo que si falta, lo lleva mal. En ambos grupos, los primeros días es fácil que lo que el pecho produce, o lo que le damos con biberón (especialmente si os han convencido de que les deis una cantidad fija), se queden con hambre y coman con ansiedad.
  2. El recién nacido dormilón: Pero también los hay que entre los dos estados básicos del recién nacido (durmiendo o comiendo), eligen dormir. El problema es que cuando por fin se despiertan, llevan demasiadas horas sin comer, y lo hacen como si fuese su última comida.

En ambos casos, los niños comen con ansiedad. Eso hace que los padres se agobien. Si están dando pecho piensen que no es suficiente y que el niño necesita biberón. Si está tomando biberón, piensan que tal vez come demasiado y que puede dolerle la barriga por el exceso. Y al comer ansioso, traga más gases, le duele más la barriga, la toma es peor y se queda con más hambre para la siguiente toma…

La solución del recién nacido que come con ansiedad es sencilla:

  1. En el recién nacido hambriento: Hay que reducir el tiempo mínimo entre las tomas. Es decir, dale sin problema cada vez que pida. Como si lo hace cada 5 minutos. Si toma pecho, al hacer esto, estimulamos que el pecho aumente la cantidad que produce, hasta que se ajuste a lo que el niño demanda. Cuando esto ocurra, el bebé empezará a tomar con menos ansiedad y a espaciar las tomas él solo. Si lo que toma es biberón, al principio puede que tome más de la cuenta y eche algunas bocanadas. Pero si seguimos dándole cada vez que pide, y la cantidad que quiere, acabará saciándose y comiendo con más tranquilidad. Y tanto si toma pecho como si toma biberón, no uses el chupe para «entretenerle el hambre». Con eso sólo consigues que cuando por fin coma, lo haga con ansiedad.
  2. En el recién nacido dormilón: Lo que hay que hacer es reducir el tiempo máximo entre las tomas. Es decir, aunque tenga mucho sueño, durante el día no conviene que le dejes más de 2-3 horas seguidas sin comer. Contando desde el principio de una toma al principio de la siguiente.

En resumen, en ambos casos dale con más frecuencia.

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El recién nacido ha tenido una noche mala

Un recién nacido que pasa una mala noche sin parar de llorar, es una de las cosas que veo con frecuencia al visitar a los padres novatos en el Hospital en los primeros días tras el parto.

Lo que os voy a contar ahora es una historia que veo una y otra vez.

El primer día tras el parto los recién nacidos están poco activos. Tras el nacimiento, el esfuerzo que deben realizar para adaptarse los deja agotados. 

El segundo día empiezan a moverse más, a comer con más frecuencia y más fuerza. Pero siguen teniendo fases en las que de nuevo descansan varias horas seguidas.

No es raro que por la tarde del segundo o tercer día el niño esté muy tranquilo. Las visitas empiezan a pasar por la habitación, y al verlo tan tranquilo os dicen: «Un bendito, os ha tocado la lotería, ¡qué niño tan bueno!»

El murmullo de la gente suele tener un efecto sedante en los niños. Las horas van pasando. Si se os ocurre intentar despertarlo para que coma, siempre hay quien os dice: «Déjalo, que el sueño también alimenta.»

La cuestión es que pasan 3-4, a veces hasta más horas. Llega la hora en la que se van las visitas, y por fin, como por arte de magia, en cuanto se va la gente, el bebé abre los ojos como diciendo: «Vale, la siesta muy bien, pero ya estoy yo aquí. ¡Tengo HAMMMBRE!!!!»

Ha pasado demasiadas horas sin comer y está desesperado. El pecho ya ha empezado a subirle a la madre y lo tiene para reventar. Con lo que el pezón está tan tenso que al bebé le cuesta cogerlo. Se enfada. Se coge al pecho, se suelta, se enfada, se pelea con el pecho… Y no para de llorar.

La madre lo intenta una y otra vez. No entiende qué pasa. El pecho está totalmente lleno y el bebé no consigue saciarse.

Tras un rato de llantos (a veces horas), y tras pensar que tiene gases, que tal vez está enfermo… Se les ocurre darle un biberón. El recién nacido lo coge como si no hubiese comido en su vida. Los padres se asombran de que tome tanto y se lo quitan a mitad de la toma. El niño vuelve a llorar. Intentan de nuevo darle más biberón y por fin, tras horas de desesperación se queda dormido.

Cuando yo llego a la mañana siguiente, los padres me dicen: «¡Qué ganas teníamos de verte! ¡Nos ha dado una noche!!!»

A lo que suelo responder de forma inmediata: «¿Ayer por la tarde durmió mucho?»

Respuesta entre asombro y desconcierto: «Sí, pero yo creo que tiene gases.»

Entonces les narro toda la historia. Los padres piensan que les he puesto una cámara en su habitación…

Y yo les digo: Imagina que hubiese dormido esta noche lo que durmió ayer por la tarde, y que hubiese pedido comida durante el día con la frecuencia que lo ha hecho esta noche. Tiene el ritmo cambiado. Hay que «ponerlo en hora».

Esto es muy frecuente.

¿Cómo evitar pasar otra noche de llantos del bebé?

Al día siguiente el bebé, tras pasar una noche agotadora, va a querer dormir casi toda la mañana y gran parte de la tarde. Si lo hace, a la noche siguiente toca de nuevo serenata.

Cuando ha pasado esto, debemos acortar el tiempo entre las tomas durante el día.

Al hacerlo conseguimos tres cosas:

  1. Cuanto más vaciamos el pecho, más leche produce. Al darle con más frecuencia, estimularemos el pecho para que llegue a la cantidad que el niño necesita.
  2. Al darle de comer con más frecuencia, conseguimos que coma antes de estar desesperado, con lo que lo hace más tranquilo, tragando menos gases. 
  3. Si de día come con más frecuencia y duerme menos, cuando llegue la noche tendrá menos hambre y más sueño.

Aún explicándolo, hay quien repite: «Es que me da pena despertarlo cuando por fin descansa…»

Hay que entender algo. Yo defiendo que se respeten los ritmos de los niños. Sólo hay que contradecirlos cuando tengamos una clara razón para hacerlo. Y éste es uno de esos casos. Si hacemos por cambiar el ritmo, el bebé lo coge en pocos días. Pero si perpetuamos el ritmo alterado, puede mantenerse cuanto tiempo queramos. Y al bebé le da igual un ritmo que otro (de hecho no, ya que produce como nosotros melatonina que le marca un ritmo diurno de actividad, como al resto de los humanos), pero lo que no le va a beneficiar en nada, es convivir con unos padres que no descansan y que van a ser un par de zombies cabreados en menos de un mes.

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La caca del recién nacido ha cambiado

Tras unos días de hacer caca negra, de repente cambia el color, la frecuencia y el olor.

Los primeros 2-4 días tras el nacimiento, la caca del recién nacido es como petróleo. Su color es negro verdoso, casi no huele y es muy pegajosa. Como petróleo.

Esa caca, el meconio, está compuesta por secreciones del intestino y del hígado, sin comida y sin gérmenes.

Cuando el niño va comiendo, parte del alimento se digiere y se absorbe. Pero quedan restos de lo que come. Son como grumos blancos, que es lo que queda sin digerir de la leche.

También van entrando gérmenes. Esos bichitos también digieren parte del alimento produciendo gases que le dan a la caca un olor que antes no tenía. Y esos mismos microbios digieren algunas de las secreciones (bilis) que daban el color negro verdoso a la caca. Eso hace que cambie de color, pasando a un tono amarillo-naranja-marrón.

También puede cambiar el ritmo. El meconio es una caca más pegajosa, y por tanto más difícil de expulsar. Cuando la caca del recién nacido cambia y deja de ser ya el meconio, es habitual que empiece a hacer con más frecuencia. Es prácticamente empezar a comer y le notamos que ya se mueve la tripa. En muchos casos pueden hacer caca incluso mientras come. Pudiendo llegar a hacer 6-8 veces al día. Esto no es diarrea.

En algún caso pasa lo contrario. Que pasa días sin hacer. Si cuando por fin hace es blanda, es lo que se llama Pseudo-estreñimiento del lactante. Si no consigue hacer o es dura, es de verdad estreñimiento del lactante.

A veces, tras un tiempo de hacer la caca entre amarillenta y marrón, puede tener alguna racha en la que el bebé hace la caca verde.

En resumen. Que el aspecto de la caca puede variar dependiendo de muchas cosas, pero en su mayoría no son un problema.

En la caca de los bebés lo importante es diferenciar la diarrea de lo que no lo es.

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Pecho y biberón a demanda: PekeTip 5

El pecho es a demanda, el biberón también.

Con el pecho no mires el reloj, con el biberón tampoco.

Con el pecho le das hasta que no quiere más.

No hay razones para hacerlo de otro modo con el biberón.

Ya casi hemos naturalizado el pecho.

Va siendo hora de naturalizar el biberón.

La mayoría de los pediatras y de las familias han asumido ya que el pecho se da a demanda. Que no hay motivos para que un niño que toma pecho llore de hambre. Que en cuanto muestre su interés por comer, lo que hay que hacer es darle. Y en cuanto a la cantidad, que se da hasta que se quede sin hambre. Es decir, que hay que ofrecer el pecho con frecuencia y darle cada vez que pida y la cantidad que quiera.

Sin embargo, cuando hablamos de biberón, por alguna razón, la gente y muchos pediatras tienen tendencia a numerar, cuantificar y pautar. Empiezan a preocuparse de si toma mucho o poco. De si se «acostumbrará mal» por tomar con mucha frecuencia… De si se «empachará»… La cuestión es, que es frecuente establecer pautas rígidas de alimentación cuando usamos el biberón. Y no hay razones para hacerlo así.

De hecho, aplicar pautas rígidas de alimentación, limitando la frecuencia y cantidad de biberón que ofrecemos a un bebé, es una de las razones por las que aparece el cólico del lactante con más frecuencia en bebés que toman biberón que en los que toman pecho.

Los bebés, como nosotros tienen mecanismos de regulación. Mecanismos que habitualmente funcionan bien. Uno de ellos se encarga del hambre. No hay razón alguna para contradecir lo que nos indica ese mecanismo si no tenemos motivos claros para hacerlo. Esta es la idea que rige lo que se conoce como «crianza respetuosa». Suele asociarse esta idea a la de tomar el pecho. Pero en realidad, la crianza respetuosa es un concepto útil y recomendable para todos los bebés. Tomen pecho o biberón. Ya que nos salva de muchos problemas evitables y sobre todo, nos acerca más a nuestros hijos enseñándonos a comprenderles mejor.

cada niño es único
Peketip 6

 

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Parto

El parto: Una descripción de los cambios que sufre un bebé en el momento del nacimiento.

Si eres impresionable no leas esto hasta después de que nazca tu hijo.

El parto es uno de los momentos de más estrés de nuestra vida. El cambio que un recién nacido sufre es radical. Para poneros en su lugar piensa un momento que fueras él:

  1. Dentro del útero de tu madre, estás en un ambiente con una temperatura de treinta y tantos grados de forma continua. Aún suponiendo que tu madre tuviese fiebre no variaría más de 1 ó 2 grados arriba o abajo en los 9 meses de embarazo. No tienes que hacer nada para mantener la temperatura de tu cuerpo, puesto que es la misma del ambiente que te rodea.
  2. Tienes una humedad del 100%, es decir, estás sumergido en líquido, un líquido que además de tener esa misma temperatura continua, amortigua los sonidos y los movimientos. Ahí dentro todo es suave, fluido y oleaginoso.
  3. No necesitas respirar. El oxígeno que precisas y el dióxido de carbono que te sobra entran y salen respectivamente por los vasos sanguíneos de tu cordón y la placenta se encarga de hacer el intercambio al tiempo que elimina las impurezas de tu sangre y te aporta todos los nutrientes necesarios, por lo que tampoco comes ni sientes hambre.
  4. No hay nada extraño, todo lo que tiene contacto contigo es parte de ti mismo (las células de la placenta y la bolsa que te rodea son genéticamente parte de ti).
  5. Ni hay alergias ni infecciones.

Tu único entretenimiento es crecer y desarrollarte. Es el paraíso.
Un día, algo que te rodea, que ni siquiera sabías que existiese, empieza a comprimirte. Al principio es algo incómodo y ocasional, sólo has notado que cada vez tienes menos espacio para moverte y de vez en cuando una pequeña sacudida. Pero poco a poco el líquido que te rodeaba es cada vez más escaso y sientes que esa fuerza que te empuja te va encajando en un hueco aún más estrecho.
Llevabas un tiempo ya notando otra cosa extraña, una incomodidad rara, como si ya no te llegase todo el alimento que necesitas.
Y de repente esas contracciones empiezan a ser mucho más continuas, te van empujando no sabes hacia donde y no puedes hacer nada para resistirte.
Por si no fuese suficiente con los empujones parece haber otro espabilado que al lado contrario tira y tira de ti, más fuerte aún que los empujones.
Pasas por un hueco tan estrecho que nunca hubieses pensado que fuese posible. De hecho te han dado una paliza descomunal, y si no lo creen que te miren la cara, la traes hinchada y en algunos casos con morados por todas partes.
Tú no sabes lo que pasa, pero estás fuera.
El cambio en el Parto es TAN intenso y TAN brusco que vas a tardar meses en llegar a ser totalmente consciente de ello.
Cuando estabas dentro del útero eras todo el universo. Todo lo que tocabas a tu alrededor eras tú y aunque a veces notabas movimiento o sonidos estos estaban tan amortiguados y te afectaban tan poco que podías ignorarlos. Durante los primeros meses fuera del útero seguirás pensando que todo lo que te rodea es parte de ti. De hecho cuando algo de lo que te rodea no reaccione como esperas no entenderás porqué y te enfadarás y llorarás con frecuencia por tu frustración.
Pero eso será en los próximos meses, en este momento tienes problemas más inmediatos. Para empezar hace un frío horrible. Luego dirán que se han esforzado en que haya buena temperatura, pero es que eso para los que viven fuera son 25º o como mucho 30º. Dicen que más de eso es un calor que no hay quien lo aguante.¿Cómo que no? Si tú llevas nueve meses en los que cuando hacia fresquito a lo mejor estabas a 37º y eso muy de vez en cuando.
Serán hijos de…. Hechas de menos no saber tacos aún.

Pero encima notas una necesidad imperiosa de hacer algo que no habías hecho nunca: respirar. No sabes que está pasando, pero te estás ahogando. De nuevo echas de menos los tacos. ¡Pues no te han sacado a un sitio en el que encima no te llega aire por el cordón como siempre!
¡Y encima ése¡ ¿Qué hace? ¿No será capaz de poner una pinza en el cordón? Pues no, no poco, y por si intento quitarme la pinza va a cortarlo. Será… (Censurado, porque aún siendo educado y el más tímido de los bebés a estas alturas se está literalmente cagando en todos los de fuera y en su perra suerte como mínimo).
Total, que afortunadamente dentro de tu desgracia parece que hay algo que es tu instinto que te dice que a lo mejor si lloras te dejan en paz. Así que eso, lloras, porque si no, siempre hay algún otro que se ofrece a espabilarte como sea. Y tú: “oye que la paliza ya me la han dado antes”.
Sea antes o después de la nueva sesión lloras y ves que se te pasa la necesidad tan acuciante que tenías de oxígeno. Pues va a resultar que aquí fuera también te las apañas, y sin cordón. Pero es más incómodo porque tienes que hacerlo tú y si dejas de hacerlo un rato te ahogas otra vez. ¿No te ahogarás cuando te duermas? Después de un rato empiezas a respirar ya sin darte cuenta, como automáticamente. Menos mal.
Menos mal también porque al parecer tu cuerpo sabe qué hacer. Y una serie de agujeros de tu corazón por los que pasaba la sangre dirigiéndose hacia la placenta a coger aire y comida y luego distribuían la sangre por todo el cuerpo se están cerrando. Como por arte de magia, mira tú, justo los que se quedan abiertos son los que necesitas para que la sangre vaya a los pulmones a coger el aire, al intestino y el hígado a coger el alimento y de allí se repartan por todo el cuerpo.
Es que pareces listo con lo canijo que eres.
Pero sigue haciendo frío. Tanto que tienes la piel morada. Conforme vayas respirando y acostumbrándote a la temperatura la piel se pondrá más colorada. Lo último en pillar color serán los labios, las manos y los pies. Pero si baja la temperatura se te amoratarán enseguida.
Como estabas en líquido, al respirar al principio hay secreciones (flemas) que a veces no te dejan que entre bien el aire. Puede que alguien te meta  entonces una cosa por la nariz y la boca. Es muy desagradable y casi vomitas pero parece que ha quitado las secreciones y puedes respirar mejor.
La luz es fortísima y no consigues ver nada, a pesar de que han procurado que no fuese muy intensa. Los ruidos son fuertes como nunca hubieras imaginado y todo es áspero. Te han puesto sobre algo que notas más suave y caliente en comparación con el resto y con un sonido que te resulta familiar: como un tambor lejano que te acompañaba también en tu etapa anterior y que marca el ritmo de tu vida anterior, que sigue ahí. Ya tienes un color normal y le vas pillando el tranquillo a eso de respirar.
Han pasado unos minutos y empiezas a notarte incómodo, te falta algo. Haces repaso: frío parece que no hace tanto, respirar estás respirando, ¿que será?
Como no das con lo que es, te enfadas y vuelves a llorar al comprobar que tu universo ha cambiado y que ya no lo controlas todo. Antes nada te alteraba.
Si te faltaba algo, no sabías como pero se resolvía. Ahora notas incomodidades para todo y no sabes como resolverlas, así que haces lo que haría cualquiera. Lloras de impotencia.
Y entonces notas que el tambor sigue acompañándote, hay un olor que te resulta familiar y una extraña seguridad que te transmite la superficie sobre la que estás. Será el olor, el ruido de los latidos de su corazón, tal vez su voz. El caso es que por alguna extraña razón te recuerda un mundo en el que estabas hace poco y te sientes seguro.
Algo te toca en la cara, cerca de la boca. Invita a ser tomado. Huele bien, es húmedo y suave y al probarlo sabe bien.
Entra en tu boca, no sabes si eres tú quien la busca o entra por iniciativa propia, el tema es que tu boca, por puro reflejo, la chupa y alucinas.
Suelta algo, no sabes lo que es. Un líquido con el que casi te atragantas, pero parece que sabe seguir su camino de forma que puedes respirar y por alguna razón su sabor te gusta y te resulta agradable seguir chupando.
Esa sensación desagradable que tenías va desapareciendo. Además está calentito. No sabes qué o quién será pero sientes que te vas a llevar bien con Ella”.

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Genitales femeninos de las recién nacidas en Mamá contra corriente

La anterior colaboración con Mamá contra corriente, trataba sobre los genitales masculinos en el bebé. Hoy toca lo propio en relación a las niñas.

Sinequia de labios menores:

Cuando se habla de genitales y bebés, la mayoría de la gente piensa en la fimosis. Pero hay algo equivalente en niñas y que en muchos casos se pasa por alto: la sinequia de labios menores.

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Nos dan el alta con un recién nacido

Cuando a una familia le dan el alta tras el nacimiento de su bebé su vida ha cambiado para siempre.

Al salir del hospital hay una persona nueva. Alguien a quien no conocíamos antes. Además, no sabe cuidarse sólo, ni expresar claramente sus necesidades. Y somos los únicos responsables de su bienestar en este mundo. ¿Es o no es para agobiar a cualquiera?

Ahora vamos a ver cómo desagobiarnos:

  1. Lo primero que tenemos que pensar es que no debe ser imposible. Lo han hecho miles de millones de padres antes que nosotros.
  2. Lo segundo, que tenemos más información sobre cómo hacer las cosas de la que tuvieron esos miles de millones de padres que nos precedieron.
  3. Por último, que si se tienen dudas hay quien las responda. En mi caso si lo necesitas consulta.

Agenda tras el alta:

  1. Si no le han hecho la prueba del talón o prueba para estudio de metabolopatías, se debe hacer en los primeros días de vida. Eso puede variar dependiendo de dónde vivas. En Andalucía, desde donde te escribo, se realiza entre el 3º y 5º días de vida. Y se hace habitualmente en el Centro de Salud más cercano.
  2. También en Andalucía se hace a todos los recién nacidos la «prueba del oído». Un estudio para ver si el bebé oye bien. Suele hacerse en el propio Hospital antes del alta. Pero si no lo han hecho, debes pedir cita para que se la hagan.
  3. Por último, revisión del Pediatra. Yo suelo recomendar que la primera revisión se haga a los niños entre el 5º y 7º días de vida, siempre que no haya problemas. Si los hay, acudid al problema en cuanto podáis. En esa primera revisión se hacen varias cosas importantes: Pesar al bebé para tener una orientación de si se está alimentando bien, exploración general por si se detecta algún problema que haya surgido tras el alta del hospital o no se detectase en él, valorar si se ha puesto amarillo (frecuente los primeros días) y resolver todas las dudas que hayan surgido a los padres en los primeros días de convivencia con su bebé.
  4. De la frecuencia de las siguientes revisiones y vacunas, te debe informar tu pediatra en esa primera visita.