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Apéndice preauricular en recién nacidos

Algunos recién nacidos nacen con una especie de verruguita delante de la oreja. Es un apéndice pre-auricular.

Yo lo tengo. Concretamente delante de la oreja derecha.

¿De dónde sale esto?

El embrión humano durante su las primeras etapas de su formación, tiene unos pliegues en el cuello que son los equivalentes a las branquias de los peces.

Esos pliegues se cierran al principio del desarrollo. Pero a veces dejan algún pequeño saliente donde estaban. Es lo que se llaman apéndices pre-auriculares.

Tienen el aspecto de una pequeña verruguita delante de la oreja.

¿Tienen alguna importancia los apéndices pre-auriculares?

Su única importancia es estética. Pueden quitarse o dejarse donde están. A veces puede haber más de uno de estos apéndices. En algunas ocasiones tienen una raíz tan fina que acaban calléndose sólos poco tiempo después del nacimiento.

Pero lo normal es que sigan ahí toda la vida. Es mi caso. Lo tengo y no me lo he quitado.

Algunos estudios lo relacionan con una mayor frecuencia de malformaciones de la vía urinaria. Pero también hay estudios que dicen que no hay relación alguna. En algunos momentos se ha llegado a indicar por sistema que a los niños con apéndices pre-auriculares se realice Ecografía de las vías urinarias para comprobar que no hay malformaciones. No es imprescindible. Pero yo personalmente ante un bebé que tenga apéndice pre-auricular y sufra una infección de orina prefiero pedirla.

Aparte de la discutible asociación con alteraciones de la vía urinaria, la única cuestión es si preferimos dejarla donde está o quitarla. El tenerla no supone ningún peligro. Es una cuestión puramente estética.

Eso depende habitualmente del tamaño. En ese sentido a muchos padres les preocupa si con el tiempo es algo que crece o se queda como está. La respuesta es que permanece en un tamaño proporcional al resto de la oreja. Crece al mismo ritmo que lo hace el resto del cuerpo.

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Varicela y Embarazo

Hoy en la página de facebook una madre ha comentado su preocupación por estar expuesta a la varicela en la semana 39 de embarazo.

Aprovecho para contestarle y al tiempo hacer un artículo que pueda aclarar sus dudas a otras madres.

La varicela es una enfermedad causada por un virus de la familia del herpes. Muy contagiosa, pero que la mayoría de la gente pasa en su infancia.

Si una madre está segura de haber pasado la varicela, es en principio inmune a ella y su inmunidad protege a su feto durante el embarazo y al bebé una vez nacido durante los 3-4 primeros meses de vida.

Hay madres que no están seguras de si la han pasado o no. Puede saberse por medio de una analítica de sangre en la que nos dice si tiene defensas contra el virus.

Si la madre no tiene defensas contra la varicela debe evitar el contacto con posibles contagiadores: Principalmente niños con varicela. Es contagiosa mientras siga teniendo burbujas con agua en su interior. En el momento en que todas las lesiones están secas deja de ser contagiosa.

Hay vacuna contra la varicela, pero está contra-indicada durante el embarazo.

Si una madre contrae la varicela durante el embarazo los efectos pueden ser parecidos a los que aparecen en otras infecciones virales:

Durante los tres primeros meses de embarazo suele aplicarse la regla del «todo o nada». Como el feto está en las primeras fases de su desarrollo, si la infección le afecta suele ser mortal y da lugar a un aborto. Pero si sale adelante, es en principio porque no le ha afectado.

Durante el segundo trimestre el feto es capaz de sobrevivir a la infección pero en muchos casos con secuelas graves.

En el tercer trimestre, cuando el desarrollo del feto es casi completo las posibilidades de lesiones son cada vez más parecidas a las que tendría un bebé, cuanto más se acerca al momento del parto. Lo más habitual es que produzca lesiones en la piel sin más problemas. Pero en cuanto nace conviene estudiarlo por si hay otros daños. Los más frecuentes en sistema nervioso o respiratorio. Estos últimos daños más serios son sin embargo menos frecuentes.

Si una mujer embarazada sufre la varicela debe informar lo antes posible a su obstetra y el pediatra debe estar informado de ello antes del parto.

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El recién nacido come con mucha ansiedad

En ocasiones vemos recién nacidos que comen con mucha ansiedad. Eso tiene su significado y su solución clara.

Hay dos tipos de recién nacidos que comen con ansiedad:

  1. El recién nacido hambriento: Hay bebés que nace con un peso bajo o muy alto. Es decir, los de los extremos. El que nació con un peso bajo, quiere decir que pasó hambre ya dentro de su madre. Suelo decir que son del Clan de Escarlata O´Hara, porque parecen nacer diciendo: «A Dios pongo por testigo de que no volveré a pasar hambre. El que nació con un peso alto, en el extremo contrario, es un niño que necesita más cantidad de nutrientes (es más grande) y está acostumbrado a que no le falte. Con lo que si falta, lo lleva mal. En ambos grupos, los primeros días es fácil que lo que el pecho produce, o lo que le damos con biberón (especialmente si os han convencido de que les deis una cantidad fija), se queden con hambre y coman con ansiedad.
  2. El recién nacido dormilón: Pero también los hay que entre los dos estados básicos del recién nacido (durmiendo o comiendo), eligen dormir. El problema es que cuando por fin se despiertan, llevan demasiadas horas sin comer, y lo hacen como si fuese su última comida.

En ambos casos, los niños comen con ansiedad. Eso hace que los padres se agobien. Si están dando pecho piensen que no es suficiente y que el niño necesita biberón. Si está tomando biberón, piensan que tal vez come demasiado y que puede dolerle la barriga por el exceso. Y al comer ansioso, traga más gases, le duele más la barriga, la toma es peor y se queda con más hambre para la siguiente toma…

La solución del recién nacido que come con ansiedad es sencilla:

  1. En el recién nacido hambriento: Hay que reducir el tiempo mínimo entre las tomas. Es decir, dale sin problema cada vez que pida. Como si lo hace cada 5 minutos. Si toma pecho, al hacer esto, estimulamos que el pecho aumente la cantidad que produce, hasta que se ajuste a lo que el niño demanda. Cuando esto ocurra, el bebé empezará a tomar con menos ansiedad y a espaciar las tomas él solo. Si lo que toma es biberón, al principio puede que tome más de la cuenta y eche algunas bocanadas. Pero si seguimos dándole cada vez que pide, y la cantidad que quiere, acabará saciándose y comiendo con más tranquilidad. Y tanto si toma pecho como si toma biberón, no uses el chupe para «entretenerle el hambre». Con eso sólo consigues que cuando por fin coma, lo haga con ansiedad.
  2. En el recién nacido dormilón: Lo que hay que hacer es reducir el tiempo máximo entre las tomas. Es decir, aunque tenga mucho sueño, durante el día no conviene que le dejes más de 2-3 horas seguidas sin comer. Contando desde el principio de una toma al principio de la siguiente.

En resumen, en ambos casos dale con más frecuencia.

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El recién nacido ha tenido una noche mala

Un recién nacido que pasa una mala noche sin parar de llorar, es una de las cosas que veo con frecuencia al visitar a los padres novatos en el Hospital en los primeros días tras el parto.

Lo que os voy a contar ahora es una historia que veo una y otra vez.

El primer día tras el parto los recién nacidos están poco activos. Tras el nacimiento, el esfuerzo que deben realizar para adaptarse los deja agotados. 

El segundo día empiezan a moverse más, a comer con más frecuencia y más fuerza. Pero siguen teniendo fases en las que de nuevo descansan varias horas seguidas.

No es raro que por la tarde del segundo o tercer día el niño esté muy tranquilo. Las visitas empiezan a pasar por la habitación, y al verlo tan tranquilo os dicen: «Un bendito, os ha tocado la lotería, ¡qué niño tan bueno!»

El murmullo de la gente suele tener un efecto sedante en los niños. Las horas van pasando. Si se os ocurre intentar despertarlo para que coma, siempre hay quien os dice: «Déjalo, que el sueño también alimenta.»

La cuestión es que pasan 3-4, a veces hasta más horas. Llega la hora en la que se van las visitas, y por fin, como por arte de magia, en cuanto se va la gente, el bebé abre los ojos como diciendo: «Vale, la siesta muy bien, pero ya estoy yo aquí. ¡Tengo HAMMMBRE!!!!»

Ha pasado demasiadas horas sin comer y está desesperado. El pecho ya ha empezado a subirle a la madre y lo tiene para reventar. Con lo que el pezón está tan tenso que al bebé le cuesta cogerlo. Se enfada. Se coge al pecho, se suelta, se enfada, se pelea con el pecho… Y no para de llorar.

La madre lo intenta una y otra vez. No entiende qué pasa. El pecho está totalmente lleno y el bebé no consigue saciarse.

Tras un rato de llantos (a veces horas), y tras pensar que tiene gases, que tal vez está enfermo… Se les ocurre darle un biberón. El recién nacido lo coge como si no hubiese comido en su vida. Los padres se asombran de que tome tanto y se lo quitan a mitad de la toma. El niño vuelve a llorar. Intentan de nuevo darle más biberón y por fin, tras horas de desesperación se queda dormido.

Cuando yo llego a la mañana siguiente, los padres me dicen: «¡Qué ganas teníamos de verte! ¡Nos ha dado una noche!!!»

A lo que suelo responder de forma inmediata: «¿Ayer por la tarde durmió mucho?»

Respuesta entre asombro y desconcierto: «Sí, pero yo creo que tiene gases.»

Entonces les narro toda la historia. Los padres piensan que les he puesto una cámara en su habitación…

Y yo les digo: Imagina que hubiese dormido esta noche lo que durmió ayer por la tarde, y que hubiese pedido comida durante el día con la frecuencia que lo ha hecho esta noche. Tiene el ritmo cambiado. Hay que «ponerlo en hora».

Esto es muy frecuente.

¿Cómo evitar pasar otra noche de llantos del bebé?

Al día siguiente el bebé, tras pasar una noche agotadora, va a querer dormir casi toda la mañana y gran parte de la tarde. Si lo hace, a la noche siguiente toca de nuevo serenata.

Cuando ha pasado esto, debemos acortar el tiempo entre las tomas durante el día.

Al hacerlo conseguimos tres cosas:

  1. Cuanto más vaciamos el pecho, más leche produce. Al darle con más frecuencia, estimularemos el pecho para que llegue a la cantidad que el niño necesita.
  2. Al darle de comer con más frecuencia, conseguimos que coma antes de estar desesperado, con lo que lo hace más tranquilo, tragando menos gases. 
  3. Si de día come con más frecuencia y duerme menos, cuando llegue la noche tendrá menos hambre y más sueño.

Aún explicándolo, hay quien repite: «Es que me da pena despertarlo cuando por fin descansa…»

Hay que entender algo. Yo defiendo que se respeten los ritmos de los niños. Sólo hay que contradecirlos cuando tengamos una clara razón para hacerlo. Y éste es uno de esos casos. Si hacemos por cambiar el ritmo, el bebé lo coge en pocos días. Pero si perpetuamos el ritmo alterado, puede mantenerse cuanto tiempo queramos. Y al bebé le da igual un ritmo que otro (de hecho no, ya que produce como nosotros melatonina que le marca un ritmo diurno de actividad, como al resto de los humanos), pero lo que no le va a beneficiar en nada, es convivir con unos padres que no descansan y que van a ser un par de zombies cabreados en menos de un mes.

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La caca del recién nacido ha cambiado

Tras unos días de hacer caca negra, de repente cambia el color, la frecuencia y el olor.

Los primeros 2-4 días tras el nacimiento, la caca del recién nacido es como petróleo. Su color es negro verdoso, casi no huele y es muy pegajosa. Como petróleo.

Esa caca, el meconio, está compuesta por secreciones del intestino y del hígado, sin comida y sin gérmenes.

Cuando el niño va comiendo, parte del alimento se digiere y se absorbe. Pero quedan restos de lo que come. Son como grumos blancos, que es lo que queda sin digerir de la leche.

También van entrando gérmenes. Esos bichitos también digieren parte del alimento produciendo gases que le dan a la caca un olor que antes no tenía. Y esos mismos microbios digieren algunas de las secreciones (bilis) que daban el color negro verdoso a la caca. Eso hace que cambie de color, pasando a un tono amarillo-naranja-marrón.

También puede cambiar el ritmo. El meconio es una caca más pegajosa, y por tanto más difícil de expulsar. Cuando la caca del recién nacido cambia y deja de ser ya el meconio, es habitual que empiece a hacer con más frecuencia. Es prácticamente empezar a comer y le notamos que ya se mueve la tripa. En muchos casos pueden hacer caca incluso mientras come. Pudiendo llegar a hacer 6-8 veces al día. Esto no es diarrea.

En algún caso pasa lo contrario. Que pasa días sin hacer. Si cuando por fin hace es blanda, es lo que se llama Pseudo-estreñimiento del lactante. Si no consigue hacer o es dura, es de verdad estreñimiento del lactante.

A veces, tras un tiempo de hacer la caca entre amarillenta y marrón, puede tener alguna racha en la que el bebé hace la caca verde.

En resumen. Que el aspecto de la caca puede variar dependiendo de muchas cosas, pero en su mayoría no son un problema.

En la caca de los bebés lo importante es diferenciar la diarrea de lo que no lo es.

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La prueba del talón del recién nacido

La prueba del talón o cribaje metabólico del recién nacido, es una analítica que se realiza en la mayoría de los países desarrollados para diagnosticar enfermedades congénitas.

Desde hace ya muchos años se realiza esta prueba a todos los recién nacidos en España durante los primeros días de vida.

Todo lo que voy a contar puede variar de una comunidad autónoma a otra. 

Cuando empezó a hacerse, hace décadas la prueba diagnosticaba Hipotiroidismo y Fenilcetonuria. Son las dos causas más frecuentes de retraso mental evitable.

El Hipotiroidismo consiste en que el tiroides (una glándula productora de hormonas que tenemos en el cuello) no hace bien su trabajo. Cuando esto pasa, los niños tienen un retraso mental con disminución del crecimiento. Puede tratarse dando hormona tiroidea. Es un tratamiento habitualmente de por vida que se da por vía oral. Pero tratados, son niños normales en su desarrollo.

La Fenilcetonuria es una alteración que no permite asimilar bien ciertas proteínas. El resultado es que algunas sustancias tóxicas se acumulan en el cerebro dando un retraso mental. Se puede evitar modificando la dieta del niño. Cuando se hace el desarrollo del niño es normal.

Desde hace unos años, con la misma muestra de sangre que se diagnosticaban estas dos enfermedades, es posible diagnosticar muchas más alteraciones. Algunas comunidades siguen sólo con las dos anteriores y otras han ido incluyendo análisis más completos.

La prueba del talón se hace con dos muestras:

Una primera muestra se toma de la sangre del cordón umbilical en el mismo parto.

La segunda suele recomendarse que se tome entre el 3º y 5º días de vida. Si el niño sigue en el hospital con 3 días, suele hacerse antes de darle el alta. Cuando no es así, debe acudir a un centro de salud o a cualquier enfermero para que le recoja la muestra. Se rellena la dirección y nombre del bebé y puede echarse a correos (sin sello) en cualquier buzón. Suele llamarse prueba del talón porque habitualmente se hacía pinchando en el talón al recién nacido, pero la muestra de sangre puede ser extraída de otras vías (a preferencia del enfermero y los padres).

Las muestras son remitidas a hospitales de referencia que las analizan y mandan el resultado directamente al domicilio de los padres en torno al mes (es importante que la dirección sea correcta).

Habitualmente el resultado llega en torno al mes de vida.

En alguna ocasión llega antes, indicando a los padres que deben repetirla. Eso ocurre, en la mayoría de los casos, cuando la muestra no es suficiente. Y también cuando el resultado sale alterado. Entonces se necesita una muestra nueva para confirmar o descartar el resultado. Lo más frecuente es que salga bien en la segunda, con lo que no os agobiéis demasiado si tenéis que repetirla.

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Pecho y biberón a demanda: PekeTip 5

El pecho es a demanda, el biberón también.

Con el pecho no mires el reloj, con el biberón tampoco.

Con el pecho le das hasta que no quiere más.

No hay razones para hacerlo de otro modo con el biberón.

Ya casi hemos naturalizado el pecho.

Va siendo hora de naturalizar el biberón.

La mayoría de los pediatras y de las familias han asumido ya que el pecho se da a demanda. Que no hay motivos para que un niño que toma pecho llore de hambre. Que en cuanto muestre su interés por comer, lo que hay que hacer es darle. Y en cuanto a la cantidad, que se da hasta que se quede sin hambre. Es decir, que hay que ofrecer el pecho con frecuencia y darle cada vez que pida y la cantidad que quiera.

Sin embargo, cuando hablamos de biberón, por alguna razón, la gente y muchos pediatras tienen tendencia a numerar, cuantificar y pautar. Empiezan a preocuparse de si toma mucho o poco. De si se «acostumbrará mal» por tomar con mucha frecuencia… De si se «empachará»… La cuestión es, que es frecuente establecer pautas rígidas de alimentación cuando usamos el biberón. Y no hay razones para hacerlo así.

De hecho, aplicar pautas rígidas de alimentación, limitando la frecuencia y cantidad de biberón que ofrecemos a un bebé, es una de las razones por las que aparece el cólico del lactante con más frecuencia en bebés que toman biberón que en los que toman pecho.

Los bebés, como nosotros tienen mecanismos de regulación. Mecanismos que habitualmente funcionan bien. Uno de ellos se encarga del hambre. No hay razón alguna para contradecir lo que nos indica ese mecanismo si no tenemos motivos claros para hacerlo. Esta es la idea que rige lo que se conoce como «crianza respetuosa». Suele asociarse esta idea a la de tomar el pecho. Pero en realidad, la crianza respetuosa es un concepto útil y recomendable para todos los bebés. Tomen pecho o biberón. Ya que nos salva de muchos problemas evitables y sobre todo, nos acerca más a nuestros hijos enseñándonos a comprenderles mejor.

cada niño es único
Peketip 6

 

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Problemas en el parto

Los problemas que pueden aparecer tras el parto son en su mayoría fallos en la adapatación a la vida fuera del útero.

En el parto, un recién nacido pasa de estar en una situación en la que tiene todas sus necesidades cubiertas, en un ambiente totalmente estabilizado, sin contacto con sustancias ni seres extraños a tener que respirar o se ahoga, cambia el circuito de la circulación sanguínea, tener que comer o sufrir hambre y un ambiente de lo más agresivo en el que pierde calor, pierde humedad, todo es áspero, son materiales extraños y empiezan a colonizarle millones de seres microscópicos, algunos de los cuales intentarán producir una infección.
De cada una de las adaptaciones anteriores surgen los problemas que un recién nacido puede tener en las primeras horas de vida:

  1. La respiración supone que en cuestión de segundos un órgano que hasta entonces no había servido para prácticamente nada, empiece a funcionar a plena capacidad. Los pulmones estaban colapsados, eran como un racimo de globos cerrados, y en segundos tienes que abrirlos todos. Al hacerlo arrastran hacia su interior parte del líquido que estaba ocupando las vías respiratorias. Si es poca cantidad y va limpio se irá re-absorbiendo en las primeras horas de vida sin problemas. Pero a veces es demasiado, o los pulmones no consiguen abrirse del todo, o antes del parto, por un exceso de estrés el niño ha hecho caca en el líquido antes de salir y lo ha manchado con meconio (las heces que hace los primeros días de color negro verdoso). Lo primero, el exceso de secreciones en el árbol respiratorio suele ceder en cuestión de horas o pocos días en los que suele necesitar un mayor aporte de oxígeno y alguna que otra medida de apoyo. El caso de los pulmones que no consiguen abrirse del todo es más frecuente cuanto más prematuro es el recién nacido, debido a que en las últimas etapas del embarazo los pulmones producen una sustancia llamada surfactante que facilita que las paredes de los pequeños sacos (alvéolos) en los que se produce el intercambio de gases no se queden pegadas. Si un niño nace antes de que haya la cantidad necesaria de esa sustancia muchos de los alvéolos quedarán colapsados. En algunos casos se usa un sustituto de esa sustancia para paliar el problema. En otros puede suponer un esfuerzo tan importante el abrir esos alvéolos colapsados en cada respiración que será necesario mantener al recién nacido con respiración mecánica para evitar que se agote. El último caso da lugar a lo que llamamos síndrome de aspiración meconial. Generalmente tras el parto, el estrés sufrido hace que el recién nacido efectúe su primera defecación. Esta primera y las siguientes serán de un color negro verdoso. Son deposiciones compuestas casi exclusivamente por secreciones intestinales de las que el principal componente son las secreciones biliares, que dan el color a estas heces. Mientras las deposiciones tienen esas características reciben el nombre de meconio. A veces si el estrés que el feto sufre es excesivo antes de salir, puede hacer una primera deposición en el interior del útero. El meconio se mezclará con el líquido que envuelve al niño (líquido amniótico) y puede ser aspirado en el momento del nacimiento hacia el interior de los pulmones. Este meconio es una sustancia muy agresiva en las vías respiratorias, inflamándolas, lo que dificulta la respiración y favoreciendo las infecciones. Cuando esto sucede suelen precisar ayuda respiratoria (respiración mecánica), tratamiento antibiótico para evitar las infecciones y a veces control en una unidad de cuidados intensivos durante los primeros días de vida.
  2. La oxigenación por medio de los pulmones, la alimentación por vía digestiva y la desaparición de la placenta que realizaba ambas funciones determinan que el circuito de circulación sanguínea cambie por completo. Antes del parto el corazón debía enviar la sangre a la placenta para recibir el oxígeno y los nutrientes y eliminar el dióxido de carbono y las demás impurezas resultantes del metabolismo. El pulmón era un órgano más a mantener vivo y en desarrollo pero no el responsable de oxigenar toda la sangre del organismo. Las arterias pulmonares que le llevan la sangre antes del nacimiento, son las mismas que lo tendrán que hacer después con un volumen mucho mayor, con la diferencia de que antes del nacimiento es esta sangre la que debe llevar el oxígeno que necesita el pulmón.Para ello lo recibe por mezcla con la sangre que procede de la placenta a través de unos orificios abiertos en las separaciones internas del corazón y por un cortocircuito entre las dos arterias que salen del corazón (la aorta y la pulmonar). Si estas conexiones permanecen abiertas tras el nacimiento, se oyen unos ruidos anormales en los latidos (soplos), que nos están diciendo que esta adaptación no se ha producido del modo adecuado. Algunos de ellos no tienen repercusión en el riego y oxigenación correcto del organismo (soplos sin repercusión hemodinámica) pero otros pueden dificultarlos seriamente (soplos con repercusión hemodinámica). El cierre de estas conexiones se produce a veces de modo gradual durante los primeros días de vida por lo que durante este período es posible que se detecten soplos que desaparecen en poco tiempo, no teniendo repercusiones serias. En otros casos existen malformaciones graves en el corazón o los principales vasos sanguíneos que no impidieron el correcto desarrollo del organismo mientras funcionaba la placenta y estaban abiertas las conexiones fetales pero que hacen incompatible el correcto riego sanguíneo del organismo una vez se cierran éstas. Cuando sucede el cierre de las conexiones, a veces días después del nacimiento, se produce un empeoramiento claro del niño en cuestión de minutos con palidez de piel que puede llegar a ponerse azulada y un marcado decaimiento. Si esto ocurre debe ser visto por un pediatra de forma inmediata.
  3. En cuanto al hambre. Mientras el niño se alimentó en el interior de su madre a través de la placenta era como si tuviese un suero cogido al ombligo y por él le fuésemos pasando toda la alimentación necesaria. En el momento que nace, se cierra el grifo. A partir de ese momento su cuerpo tiene que acostumbrarse a abastecerse a partir de sus reservas y cuando estas empiezan a agotarse pedir comida y asimilarla. Es un cambio radical. Tan radical que los primeros días tras el nacimiento tiene mucha facilidad para que los niveles de azúcar en sangre bajen. Por ello, estos primeros días, no debe dejarse a un niño sin comer demasiadas horas. De hecho la mayoría de ellos se encargan de que sea así, exigiendo con el llanto que se les dé de comer cada 2 ó 3 horas como mucho.Son como un coche con el depósito de combustible pequeño. Pide pequeñas cantidades de forma continua. Poco a poco su estómago aumentará de tamaño y su hígado regulará cada vez mejor los niveles de nutrientes en sangre hasta que en torno a las 2 semanas de vida ya los controle perfectamente. Desde ese momento veremos que las tomas van espaciándose en el tiempo al ritmo que aumenta la cantidad que come en cada toma y si una noche por fin duerme del tirón 6 ó 7 horas, habrá que agradecerlo y descansar.
  4. Otro aspecto es el mantenimiento de la temperatura corporal. Los seres humanos para el buen funcionamiento de nuestro metabolismo precisamos una temperatura estable entre los 35 y los 37º. Una disminución por debajo de esas cifras enlentece nuestra actividad vital y dificulta el normal funcionamiento del organismo. Es lo que llamamos una hipotermia. Los recién nacidos que son abandonados de cuando en cuando en cubos de basura y similares mueren de hipotermia al agotar sus reservas de energía si no son rescatados antes. Son especialmente proclives a sufrirlas por su escasa capa de grasa y porque su superficie corporal es mayor en relación a su peso de lo que lo será en cualquier otra edad.Para reducir el esfuerzo que debe realizar el recién nacido para mantener su temperatura al principio se recomienda abrigar bien a los niños y mantenerlos en un ambiente cálido y con cambios de temperatura lo más suaves posibles. Abrigarlos bien quiere decir, durante los primeros días de vida 2 capas de ropa más que los adultos que haya a su alrededor. A partir del mes y hasta los 3 meses de edad una capa de ropa más. Y a partir de los 3 meses las mismas capas de ropa que los adultos que le rodean.Al nacer la propia naturaleza ha previsto un sistema para proteger al cuerpo contra la pérdida de calor. Es una grasa blanquecina que cubre el cuerpo del niño cuando nace (vérmix) que es más abundante cuanto más prematuro sea el niño, protegiendo mejor así cuanto más fina es su piel. En la reanimación se seca al niño pero intentando no retirar esa grasa que le protege del frío, pero también de las infecciones.
  5. Al igual que pierden calor, pierden mucho líquido a través de una piel y unas mucosas que hasta entonces habían estado permanentemente hidratadas (sumergidas en líquido amniótico). El efecto en la piel es la descamación durante los primeros días, que en algunos niños llega a ser de todo el cuerpo y muy llamativa.  Lo mismo que se seca la piel se secan las mucosas (nariz, garganta) dando como resultado una congestión nasal con estornudos y poca tos, pero sin moqueo, que a veces los padres confunden con un resfriado. Mejora con hidratar un poco la mucosa echando un par de gotas de suero fisiológico en los orificios nasales. No hace falta aspirar si no ves moco. A veces mejoran también poniendo una fuente de humedad en la habitación.
  6. Por último, otra gran novedad para el organismo, es descubrir que el mundo está lleno de seres y sustancias extrañas.Algunas de ellas agresivas, capaces de producir alergias e infecciones. Hasta el nacimiento el sistema inmunitario de la madre había establecido un cerco en torno al feto que hacía casi innecesario que actuase él, pero desde que nació, a excepción de los anticuerpos heredados de la madre, que no es poco, todo aquello con lo que tiene contacto (y son miles de microbios y sustancias) tienen que ser sobre la marcha catalogados como algo inocuo o algo peligroso y activar el sistema inmunitario en su contra o ignorarlo. De ello puede depender su supervivencia. Tan perjudicial resultaría desencadenar una reacción contra algo que nos rodea por todas partes produciendo una alergia como no reaccionar ante un microorganismo capaz de producir una infección grave. El resultado es que en los primeros días aparece una reacción alérgica más o menos intensa en muchos niños (exantema toxoalérgico) por reacción a ropa, colorantes, detergentes… con los que nunca había tenido contacto su piel, que suele ceder antes de los 10-15 días de vida sin necesidad de tratamiento.
  7. En el extremo contrario están las infecciones neonatales.Infecciones generalizadas (sepsis) y meningitis son más frecuentes y más graves en las primeras semanas de vida. Por lo que en algunos casos es preciso analizar y mantener en observación o incluso tratar preventivamente a los niños ante ciertas situaciones de riesgo que pueden favorecer estas infecciones, como por ejemplo una rotura de aguas de la madre más de 24 horas antes del parto, fiebre de la madre durante el parto o la presencia de un microorganismo en la flora vaginal de la madre (el estreptococo beta galactiae) que es el causante de infecciones neonatales más frecuentes.

Todos estos cambios y la adaptación a su nuevo ambiente tras el parto se van completando en las primeras semanas, considerándose período neonatal el primer mes de vida. Es el período en el que suelen dar la cara la mayoría de los problemas congénitos: infecciones, malformaciones, alteraciones metabólicas, tumores neonatales… responsables de la mayor parte de las muertes infantiles.

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Parto

El parto: Una descripción de los cambios que sufre un bebé en el momento del nacimiento.

Si eres impresionable no leas esto hasta después de que nazca tu hijo.

El parto es uno de los momentos de más estrés de nuestra vida. El cambio que un recién nacido sufre es radical. Para poneros en su lugar piensa un momento que fueras él:

  1. Dentro del útero de tu madre, estás en un ambiente con una temperatura de treinta y tantos grados de forma continua. Aún suponiendo que tu madre tuviese fiebre no variaría más de 1 ó 2 grados arriba o abajo en los 9 meses de embarazo. No tienes que hacer nada para mantener la temperatura de tu cuerpo, puesto que es la misma del ambiente que te rodea.
  2. Tienes una humedad del 100%, es decir, estás sumergido en líquido, un líquido que además de tener esa misma temperatura continua, amortigua los sonidos y los movimientos. Ahí dentro todo es suave, fluido y oleaginoso.
  3. No necesitas respirar. El oxígeno que precisas y el dióxido de carbono que te sobra entran y salen respectivamente por los vasos sanguíneos de tu cordón y la placenta se encarga de hacer el intercambio al tiempo que elimina las impurezas de tu sangre y te aporta todos los nutrientes necesarios, por lo que tampoco comes ni sientes hambre.
  4. No hay nada extraño, todo lo que tiene contacto contigo es parte de ti mismo (las células de la placenta y la bolsa que te rodea son genéticamente parte de ti).
  5. Ni hay alergias ni infecciones.

Tu único entretenimiento es crecer y desarrollarte. Es el paraíso.
Un día, algo que te rodea, que ni siquiera sabías que existiese, empieza a comprimirte. Al principio es algo incómodo y ocasional, sólo has notado que cada vez tienes menos espacio para moverte y de vez en cuando una pequeña sacudida. Pero poco a poco el líquido que te rodeaba es cada vez más escaso y sientes que esa fuerza que te empuja te va encajando en un hueco aún más estrecho.
Llevabas un tiempo ya notando otra cosa extraña, una incomodidad rara, como si ya no te llegase todo el alimento que necesitas.
Y de repente esas contracciones empiezan a ser mucho más continuas, te van empujando no sabes hacia donde y no puedes hacer nada para resistirte.
Por si no fuese suficiente con los empujones parece haber otro espabilado que al lado contrario tira y tira de ti, más fuerte aún que los empujones.
Pasas por un hueco tan estrecho que nunca hubieses pensado que fuese posible. De hecho te han dado una paliza descomunal, y si no lo creen que te miren la cara, la traes hinchada y en algunos casos con morados por todas partes.
Tú no sabes lo que pasa, pero estás fuera.
El cambio en el Parto es TAN intenso y TAN brusco que vas a tardar meses en llegar a ser totalmente consciente de ello.
Cuando estabas dentro del útero eras todo el universo. Todo lo que tocabas a tu alrededor eras tú y aunque a veces notabas movimiento o sonidos estos estaban tan amortiguados y te afectaban tan poco que podías ignorarlos. Durante los primeros meses fuera del útero seguirás pensando que todo lo que te rodea es parte de ti. De hecho cuando algo de lo que te rodea no reaccione como esperas no entenderás porqué y te enfadarás y llorarás con frecuencia por tu frustración.
Pero eso será en los próximos meses, en este momento tienes problemas más inmediatos. Para empezar hace un frío horrible. Luego dirán que se han esforzado en que haya buena temperatura, pero es que eso para los que viven fuera son 25º o como mucho 30º. Dicen que más de eso es un calor que no hay quien lo aguante.¿Cómo que no? Si tú llevas nueve meses en los que cuando hacia fresquito a lo mejor estabas a 37º y eso muy de vez en cuando.
Serán hijos de…. Hechas de menos no saber tacos aún.

Pero encima notas una necesidad imperiosa de hacer algo que no habías hecho nunca: respirar. No sabes que está pasando, pero te estás ahogando. De nuevo echas de menos los tacos. ¡Pues no te han sacado a un sitio en el que encima no te llega aire por el cordón como siempre!
¡Y encima ése¡ ¿Qué hace? ¿No será capaz de poner una pinza en el cordón? Pues no, no poco, y por si intento quitarme la pinza va a cortarlo. Será… (Censurado, porque aún siendo educado y el más tímido de los bebés a estas alturas se está literalmente cagando en todos los de fuera y en su perra suerte como mínimo).
Total, que afortunadamente dentro de tu desgracia parece que hay algo que es tu instinto que te dice que a lo mejor si lloras te dejan en paz. Así que eso, lloras, porque si no, siempre hay algún otro que se ofrece a espabilarte como sea. Y tú: “oye que la paliza ya me la han dado antes”.
Sea antes o después de la nueva sesión lloras y ves que se te pasa la necesidad tan acuciante que tenías de oxígeno. Pues va a resultar que aquí fuera también te las apañas, y sin cordón. Pero es más incómodo porque tienes que hacerlo tú y si dejas de hacerlo un rato te ahogas otra vez. ¿No te ahogarás cuando te duermas? Después de un rato empiezas a respirar ya sin darte cuenta, como automáticamente. Menos mal.
Menos mal también porque al parecer tu cuerpo sabe qué hacer. Y una serie de agujeros de tu corazón por los que pasaba la sangre dirigiéndose hacia la placenta a coger aire y comida y luego distribuían la sangre por todo el cuerpo se están cerrando. Como por arte de magia, mira tú, justo los que se quedan abiertos son los que necesitas para que la sangre vaya a los pulmones a coger el aire, al intestino y el hígado a coger el alimento y de allí se repartan por todo el cuerpo.
Es que pareces listo con lo canijo que eres.
Pero sigue haciendo frío. Tanto que tienes la piel morada. Conforme vayas respirando y acostumbrándote a la temperatura la piel se pondrá más colorada. Lo último en pillar color serán los labios, las manos y los pies. Pero si baja la temperatura se te amoratarán enseguida.
Como estabas en líquido, al respirar al principio hay secreciones (flemas) que a veces no te dejan que entre bien el aire. Puede que alguien te meta  entonces una cosa por la nariz y la boca. Es muy desagradable y casi vomitas pero parece que ha quitado las secreciones y puedes respirar mejor.
La luz es fortísima y no consigues ver nada, a pesar de que han procurado que no fuese muy intensa. Los ruidos son fuertes como nunca hubieras imaginado y todo es áspero. Te han puesto sobre algo que notas más suave y caliente en comparación con el resto y con un sonido que te resulta familiar: como un tambor lejano que te acompañaba también en tu etapa anterior y que marca el ritmo de tu vida anterior, que sigue ahí. Ya tienes un color normal y le vas pillando el tranquillo a eso de respirar.
Han pasado unos minutos y empiezas a notarte incómodo, te falta algo. Haces repaso: frío parece que no hace tanto, respirar estás respirando, ¿que será?
Como no das con lo que es, te enfadas y vuelves a llorar al comprobar que tu universo ha cambiado y que ya no lo controlas todo. Antes nada te alteraba.
Si te faltaba algo, no sabías como pero se resolvía. Ahora notas incomodidades para todo y no sabes como resolverlas, así que haces lo que haría cualquiera. Lloras de impotencia.
Y entonces notas que el tambor sigue acompañándote, hay un olor que te resulta familiar y una extraña seguridad que te transmite la superficie sobre la que estás. Será el olor, el ruido de los latidos de su corazón, tal vez su voz. El caso es que por alguna extraña razón te recuerda un mundo en el que estabas hace poco y te sientes seguro.
Algo te toca en la cara, cerca de la boca. Invita a ser tomado. Huele bien, es húmedo y suave y al probarlo sabe bien.
Entra en tu boca, no sabes si eres tú quien la busca o entra por iniciativa propia, el tema es que tu boca, por puro reflejo, la chupa y alucinas.
Suelta algo, no sabes lo que es. Un líquido con el que casi te atragantas, pero parece que sabe seguir su camino de forma que puedes respirar y por alguna razón su sabor te gusta y te resulta agradable seguir chupando.
Esa sensación desagradable que tenías va desapareciendo. Además está calentito. No sabes qué o quién será pero sientes que te vas a llevar bien con Ella”.

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