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¿Qué pasa si a partir de los 6 meses el colecho + lactancia da por resultado mal sueño?

Lo primero que debo aclarar es que para mí la lactancia materna a demanda y exclusiva durante los 6 primeros meses de vida y el colecho en esa fase me parecen las opciones naturales en crianza. Pero la frecuencia con la que a partir de los 5-6 meses las madres que han hecho este dúo empiezan a plantearme dudas y preguntas, porque hay problemas, también me dejan claro que al defender esta forma de hacer las cosas, lo hacemos muchas veces una forma excesivamente bucólica. Y que en muchos casos, las respuestas que somos capaces de dar para mejorar la situación no están a la altura. Posiblemente porque somos poco realistas y tenemos bastantes prejuicios. Lo malo es que eso acaba marcando con el sello de la ansiedad una maternidad. De hecho esto es la respuesta a una madre a través del sistema de consulta de Qoolife. Una Pekerrespuesta.

En concreto os voy a poner un ejemplo:

Hay niños que van muy bien de peso y talla. Incluso por encima de lo normal (pero daría igual si está en cualquier otra posición de las tablas). Lo que sí nos dice que esté por encima de la media, es que en realidad lo que voy a describir como un problema, lo es para la madre, no para el niño de forma directa. Lo que pasa es que como el vínculo madre-hijo es tan importante, cualquier problema que afecte de forma importante a la madre, acaba afectando al hijo.

El problema concreto es que muchos de los niños que han hecho colecho y lactancia materna a demanda, a partir de los 5-6 meses empiezan a despertarse con mucha más frecuencia de lo que lo hacían. Y las madres empiezan a empeorar mucho su calidad de sueño. Los ciclos de sueño de los niños de esta edad duran entre 45 y 90 minutos y los despertares suelen coger esa frecuencia o múltiplos de ella. En algunos casos el bebé sale de un ciclo de sueño y entra en el siguiente sin que lo percibamos. De hecho es lo que ocurría hasta que aparecieron los problemas. Cuando se despierta no es por hambre, porque en la mayoría de los casos es dar dos chupadas al pecho y se queda frito. Pero ya ha interrumpido el sueño de la madre.

A partir de los 5-6 meses lo que ha ocurrido es:

– Que el niño es más activo y más consciente de lo que le rodea. Antes había veces que al despertar simplemente se dormía. Pero con esta edad el desarrollo del vínculo afectivo del niño con la madre está más maduro y cuando sale de un ciclo de sueño y percibe que su madre está a su lado desea más el contacto con ella y tiene más tendencia a hacer su ritual completo de sueño. Su ritual ha consistido desde que nació en dormirse en brazos de su madre, tomando el pecho. Pero ahora él empieza a ser consciente de ello y a pedirlo.

– Empieza la alimentación complementaria. De hecho muchos pediatras aconsejan introducir la papilla de cereales nocturna para que el niño no se despierte por hambre. Funciona cuando es esa la causa, pero no cuando es la descrita en el punto anterior. Muchos de estos niños de hecho asocian un rechazo a la alimentación complementaria, especialmente si es la madre quien la ofrece. En este sentido, evitad luchar con el niño para que coma la alimentación complementaria. Eso sólo genera rechazo a la comida y que acaben comiendo lo que realemnte quiere (el pecho) cuando no se le discute darlo (de noche). La solución es tener claro que no hay prisa en la introducción de la alimentación complementaria, que es mejor que ésta se la dé otra persona que no sea la madre y que cuando sea la madre quien la dé, primero ofrezca el pecho y tras ello la complementaria, aunque haciéndolo así no tome más que unas pocas cucharadas. Esas pocas cucharadas irán poco a poco a más y llegará el día en que el niño acepte empezar con ellas incluso antes del pecho.

– Más frecuente en otoño. Durante las estaciones en las que hay más luz el ciclo de sueño de los niños está mejor definido. Al pasar al otoño los ciclos de sueño de los niños se vuelven menos profundos y menos definidos. Aquí algunos usan la melatonina durante el cambio de estación para favorecer que al salir de un ciclo de sueño y pasar al siguiente se haga sin llegar a despertarse en más ocasiones. A veces ayuda y a veces no.

– Pero lo principal que hace que los problemas aparezcan en esta edad es el hecho de que entre los 5 y los 7 meses cambia el patrón de sueño de los niños. Hasta entonces lo que tenía era una sueño de dos fases poco definidas típicas del bebé pequeño. A partir de esa edad pasa a ser un sueño como el del adulto, con cinco fases, en el que pueden empezar a aparecer las pesadillas o los terrores nocturnos y del que cuando se se sale es algo más difícil volver a dormir. Como el niño siempre ha usado un mismo ritual de sueño (pecho en brazos de mamá) lo pide con más frecuenci.

Soluciones:

Lo primero, ¿es realmente necesario aplicar algún cambio importante? Pues depende de la calidad de sueño de los padres. Y no es algo secundario. Ni me parece un planteamiento adecuado «yo me sacrifico». Hay que entender que si los padres no descansan, precisamente por lo fuerte que es el vínculo afectivo que hemos formado con el niño a través de la lactancia y el colecho, es seguro que el malestar de los padres acabará afectando al niño. Hay que ponerle solución si la situación afecta al descanso de los padres y a su estado de humor.

Vale, y ¿cuál puede ser la solución, especialmente cuando se tiene claro que quiere seguir dándose el pecho?

Hay quien recomienda retirar el pecho durante la noche, dar una papilla de cereales y si de noche se despierta ofrecer el chupe o un biberón de manzanilla. Yo no lo recomiendo, porque un niño que no ha usado chupe o biberón hasta ese momento, difícilmente va a aceptarlo precisamente cuando lo que quiere es dormirse. Y porque dar el chupe o el biberón vuelve a necesitar de nuestra ayuda para hacer el ritual de dormirse. No soluciona nada.

Aquí otra aclaración importante. Si nos planteamos lo que sigue no es porque queremos que el niño pase la noche del tirón, sino porque ha llegado a una situación en la que hay 5-6 despertares o más, lo que hace imposible un descanso adecuado de los padres. Lo que queremos no es que el bebé no nos pida ayuda si tiene hambre, miedo o necesidad de afecto. Lo que soluciona la situación es que cuando el bebé lo único que quiere es volver a dormirse, sea capaz de hacerlo sin nuestra ayuda. Eso reduce drásticamente los despertares de los padres y mejora su calidad de sueño hasta un nivel compatible con una existencia decente.

Se propone entonces a los padres que saquen al niño del dormitorio. Es decir, que sacrifiquemos el colecho para manteniendo el pecho hacer posible el descanso de los padres. Esto plantea dos opciones:

Aguantar a ver si acaba mejorando en un tiempo razonable. A mi modo de ver el tiempo razonable se ha terminado cuando la falta de descanso empieza a repercutir seriamente en los padres. Más concretamente en su humor. Si percibes que por agotamiento has acabado por responder de forma desagradable a tu hijo o tu pareja, no poner solución ya está perjudicando a tu hijo seriamante.

Decidirse a probar esta opción. Yo lo aconsejo antes de llegar a lo descrito arriba. Y lo hago, no porque esté en contra del colecho, sino porque la experiencia me dice que mejora mucho la calidad de sueño de la madre y eso beneficia mucho al niño.

Ventajas de sacar al niño del dormitorio de los padres cuando los padres duermen mal:

En primer lugar, a veces los niños se despiertan 6-7 veces en la noche, pero la madre se despierta cada una de ella y otras muchas cada vez que el niño hace un movimiento o un ruido bruscos. Sumados pueden ser 15-20 veces en la noche. Cuando el niño duerme fuera del dormitorio de los padres, los padres se despertarán las veces que de verdad necesita que le ayuden o asistan, pero no con cada movimiento o ruido que haga mientras duerme. Eso ya de por sí mejora mucho la calidad de sueño de la madre.

Segundo. Lo que queremos es que el bebé desarrolle un ritual de sueño nuevo en el que, sin ayuda de sus padres, cuando se despierta, pueda volver a dormirse sin ayuda. Aún cuando iniciamos ese ritual, es mucho más fácil que vaya cogiendo el nuevo ritual si las condiciones para hacer el antiguo no están a su alcance inmediato. Es decir, si su madre no está «durmiendo» a su lado.

En los despertares que siga llamando a la madre, recomiendo darle el pecho de forma inmediata para que vuelva a dormirse en el menor tiempo posible. No pretendemos eliminar el pecho, sólo un colecho que no estaba funcionando.

¿Y si el colecho funcionaba? Es que entonces sobra todo este artículo.

En cuanto a la forma de hacer el cambio de ritual, leed la parte final del Peketema 2:

Como enseñar a dormir a un bebe sin dejarlo llorar

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¿Cómo son los niños de alta demanda al ir creciendo?

Yo fui un niño de alta demanda. Lo que os voy a contar es una mezcla entre lo que sé sobre este tipo de niños por los libros y cómo lo ve quien lo es.

Lo primero que hay que entender es que calificar a un niño «de alta demanda» es una generalización. Es poner una etiqueta que nos permita comprender en parte porqué este niño no «parece normal». Pero que dentro de los niños a los que ponemos esa etiqueta hay grandes diferencias y la forma en que va a evolucionar depende mucho de él mismo, de como lo criamos y del ambiente que le rodea.

Lo que voy a describir lo voy a ilustrar con ejemplos de mi propia experiencia viendo mi vida en retrospectiva. Lo que es una nueva simplificación. Nada asegura que la evolución de otros niños de alta demanda sea similar, pero tal vez os ayude a entender mejor lo que explique.

Os pondré un ejemplo de los «calentamientos de cabeza» que puede deparar un niño de alta demanda a sus padres: Me escapé del colegio con 4 años y no aparecí en mi casa hasta las 7 de la tarde. No consiguieron encontrarme. Cuando mi abuela llegó a mi casa para ver si había aparecido me encontró sentado en la escalera. No me había atrevido a llamar a la puerta. Fue el resultado de algo que ocurre en los niños de alta demanda. Tienen elaboraciones mentales que no suelen entenderse en niños de su edad.

En mis primeros 5 años de escolarización cambié 4 veces de colegio. Y no es porque mis padres se desplazasen para vivir a otro lugar. Sino porque tenía problemas en todos. El fundamental es que me aburría soberanamente y hacía las tareas siempre a mi manera. Y además toleraba fatal que me corrigiesen. Me costaba horrores hacer algo si previamente no me explicaban porqué debía hacerlo. O me convencían con argumentos que yo entendiese o no había manera.

En cuanto a la necesidad afectiva. Cuando crecí dejé de tener la necesidad de afecto continuo en el sentido de ser abrazado o cogido en brazos constantemente, pero seguía necesitando sentir la aprobación de aquellos a los que quería. Cualquier expresión de desaprobación de mi conducta por parte de mis padres me afectaba profundamente.

Sobre la necesidad de estímulos. Como me crié en una familia de 7 hermanos, dos de ellos mayores que yo, la falta de estímulos no era un problema. No necesitaba que mis padres me aportasen esos estímulos. Pero además, poco a poco fui desarrollando mi capacidad para buscarlos por mí mismo. Empecé a hacer cada vez más cosas yo sólo y llegó el momento en que podía pasar horas haciendo «mis cosas». Con el tiempo me volví muy autónomo. Al salir del colegio con 14 años me encargué sin ni siquiera consultar a mis padres de hacer la matrícula en el instituto y más tarde de la Universidad y de buscarme alojamiento fuera de mi ciudad natal, así como de conseguir un préstamo del banco para mantenerme mientras me llegaba mi primera beca.

Una de las cosas hacia las que acabó dirigiéndose mi necesidad de estímulos nuevos fue el deseo de aprender. Cuando aprendí a leer, empecé a pasar horas y horas en la biblioteca municipal de Guadix. Ojeaba cientos de libros y a partir de los 9-10 años leía varios por semana. Acabé compensando mis problemas de conducta y respeto a la autoridad en el colegio por un nivel de conocimientos raro en mi edad. Pero seguía haciendo las cosas a mi modo. Me encantaban por ejemplo las matemáticas, pero hacía los problemas a mi manera. Algunos maestros miraban sólo los resultados y como estaban bien, no había problemas. Otros insistían en que además del resultado, la forma de resolverlo fuese la que ellos explicaban y entonces «había problemas».

En las reuniones familiares era más fácil encontrarme en un rincón junto a los mayores escuchando sus conversaciones que jugando con los otros niños. En esas conversaciones se hablaba sobre problemas que yo captaba en mi entorno y me interesaban desde una edad muy temprana. En ese sentido, este tipo de niños necesita que se hable con ellos de los problemas como si fuesen un adulto más integrante de la familia. Porque los captan con facilidad y no entender cómo se van a afrontar les genera una ansiedad que no se espera de otros niños de su edad.

A veces lo pasan mal porque captan los problemas, pero no tienen la madurez suficiente para afrontarlos. En mi caso el único problema que había en mi familia era la falta de recursos económicos. De hecho, me encanta la economía, y tengo claro que es una afinidad que nació de ver esos problemas en la casa y la necesidad que sentía de aportar soluciones. Yo fui muy ahorrador desde muy pequeño.

A veces tenía enfados que nadie entendía. Solían estar motivados porque daba mucha importancia a cosas que se suponen irrelevantes para un niño tan pequeño. Y tenía tendencia a volvar esos enfados hacia mí mismo. Me autocastigaba poniéndome en un rincón mirando a la pared y pasando así horas…

Tengo que afirmar sin dudarlo que si alguien lograba entenderme era mi madre. Era la única que miraba más allá de lo evidente e intentaba entender «qué tripa se me había roto esta vez».

En cuanto a lo persistentes que son los niños de alta demanda cuando se plantean un objetivo, tengo que decir que es una virtud. A mí me ha permitido conseguir casi cualquier cosa que me he propuesto. Especialmente cuando conseguirlo depende fundamentalmente del esfuerzo propio. Es importante eso sí guiar a estos niños hacia objetivos positivos y que aprendan a asimilar la frustración cuando no lo consiguen.

Podría seguir horas escribiendo sobre esta forma de ser. Tal vez acabe escribiendo un pequeño libro sobre el tema. Si tenéis hijos así con 10-15 años y queréis entenderlos un poco mejor os recomiendo un par de libros que me encantaron en mi adolescencia:

Las desventuras del joven Werther de Goethe.

Bajo las ruedas de Hesse.

Pero sin duda alguna, si os tengo que recomendar algo a los padres y madres de niños de alta demanda con más de 2-3 años es que leais a Mafalda.

Es la mejor forma de entender a vuestros hijos sin tremendismos y con un buen toque de humor.

 

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Alta Demanda Autonomía Bebé de 23 meses Blog Conducta del Bebé y el Niño Convivencia Guardería Otros temas de Salud Infantil

Niños de alta demanda o Hipereactivos con déficit de atención

Una de las características de los bebés de alta demanda es que son muy activos. Muchos padres los confunden con niños hiperactivos con déficit de atención.

Lo primero que conviene aclarar es que calificar a un niño de alta demanda o como hiperactivo con déficit de atención, es una simplificación. Lo que hacemos es dar un nombre a algo que parece salir de la normalidad. Pero hay niños muy diferentes dentro de esa calificación. Por tanto al establecer diferencias entre estos dos grupos lo único que hacemos es destacar matices a partir de conceptos. En los niños concretos, estas diferencias pueden no ser tan fáciles de apreciar.

Los niños hiperactivos con déficit de atención (TDAH) son mucho más conocidos que los de alta demanda. Hay varios motivos para ello. Uno es que parecen ser mas frecuentes. Otro, que como los niños con TDAH tienen tratamiento farmacológico, las empresas que comercializan el tratamiento se han esforzado en dar a conocer el TDAH. Para mi gusto hasta más de la cuenta. Se diagnostican demasiados, en mi opinión.

La cuestión es que tanto los niños de alta demanda como los que tienen TDAH son hiperactivos, es decir agotadores.

Pero existe una diferencia fundamental entre ellos y es la capacidad de atención:

El TDAH supone que los niños tienen dificultad para centrarse en una actividad porque la porción anterior de su cerebro (la que controla la conducta) tiene una actividad reducida. Eso genera problemas, especialmente en la adaptación escolar. Son niños a los que cuesta mucho mantener la atención durante las explicaciones del maestro y que suelen dejar las tareas inacabadas. Por eso se tratan para conseguir que el niño pueda centrar su atención y tenga un desarrollo más normal.

Los niños de alta demanda, lo que tienen es una capacidad de centrar su atención incluso por encima de lo normal. Cuando se empeñan en un objetivo es muy complicado que lo abandonen. Podría pensarse que eso significa que no van a tener problemas de adaptación escolar. Sin embargo pueden tenerlos también, porque escogen sus propios objetivos y en muchos casos no tienen nada que ver con los que se establecen en el colegio. De hecho, suelen consumir estímulos y actividades a gran velocidad, lo que hace que su problema sea que se aburren en el colegio. Cuando no hacen una tarea no es porque no puedan completarla. Serían de hecho capaces de acabarla mucho más rápido que la mayoría. Pero no la hecen porque no les motiva. A estos niños no les sirve el tratamiento del TDAH, si se les diese los pondría «como una moto». No tienen un defecto que tratar.

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Alta Demanda Ansiedad Apego Autonomía Bebé de 9 meses Blog Conciliación Conducta del Bebé y el Niño Convivencia Guardería Maternidad Otros temas de Salud Infantil

La primera vez a la «guardería»

La primera semana de septiembre ha sido para muchos niños la primera vez que les llevaban a la «guardería».

Como en todos los cambios significativos de un niño, habréis notado algunas reacciones. Cada niño tiene las suyas, pero hay algunas que son más frecuentes.
Sé que cuando se habla de guardería, hay gente que simplemente dice: Yo nunca lo llevaré. Irá al colegio cuando ya no haya más remedio.
Pero para muchas familias no hay más remedio que llevarlo a la guardería. Así que lo que no voy a hacer es juzgar la decisión de ningún padre cuyas circunstancias no conozco. Ya se encarga de bombardear a los padres algún voluntario siempre.
En ese aspecto un consejo: Hagáis lo que hagáis en la crianza de vuestro hijo, siempre habrá quien os critique. Y por algún extraño motivo, los hay que siempre critican cuando sois más vulnerables. El comienzo la escolarización es uno de esos momentos. Porque es siempre un cambio duro. Es la primera separación seria de vuestro hijo en la mayoría de los casos. Y habitualmente no lo llevan bien ni padres ni hijos.

Consideración aparte, y para que estéis preparados, es muy frecuente:

– Evidentemente, que el niño llore los primeros días. No es agradable. De hecho el porcentaje de padres que salen por la puerta llorando no es menor del de niños que se quedan.
– Muy probablemente, comerá peor durante un tiempo (varía según el carácter del niño y cómo se adapte). Tienden especialmente a comer peor aquellos cuyos padres más preocupados están por el tema.
– Tolerará mucho peor separaciones mínimas. Querrá estar siempre con vosotros, preocupándose simplemente si salís de la habitación.
– De lo anterior se deduce que si dormía sólo, empeorará el sueño con más dificultades para dormirse y más tendencia a las pesadillas y a llamar durante la noche.

Consejos:

La gran mayoría de las guarderías tienen hoy día períodos de adaptación. Consisten básicamente en ir aumentando progresivamente el tiempo de estancia del niño en la guardería. Algunas incluyen la estancia de los padres en el interior de la guardería (ideal cuando se puede). Para que el niño vincule a las cuidadoras de la guardería con los padres. Pero no siempre es esto posible (depende de las capacidades de espacio y organizativas de la guardería. Si lo ofrecen y podéis, haces uso de ese período de adaptación.
Sed muy comprensivos con los cambios descritos arriba. Vuestro hijo está adaptándose a un cambio muy radical en su vida. Llevad esos cambios con paciencia y sin modificar mucho la forma en la que hacéis las cosas. A veces intentar compensarlos nos lleva a problemas aún mayores. La forma más adecuada de ayudarle es mostrarle nuestro afecto de forma clara.

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Alta Demanda Apego Autonomía Bebé de 18 meses, año y medio Blog Conciliación Conducta del Bebé y el Niño Convivencia Cuidados del Bebé y el Niño Maternidad Ocio para Bebés y Niños Otros temas de Salud Infantil

El mejor juguete de tu hijo. Peketip 19

El mejor juguete de tu hijo,

Ese con el que siempre quiere jugar,

El que más estimula su desarrollo integral,

El que no anuncian en la tele porque no se vende,

El que no gasta pilas, aunque a veces se le agotan,

ERES TÚ

Este peketip tiene poca explicación, si tienes cerca a tu hijo. Si tienes encendido el ordenador y estás leyendo sobre cosas interesantes para su crecimiento, desarrollo y salud. Déjalo. Nada hay más importante que puedas hacer en este momento que apagar el ordenador, tablet o teléfono y ponerte a jugar con él.

El juego es la forma más afín a la naturaleza del ser humano y especialmente del niño, para crecer, aprender, reforzar el afecto y disfrutar.

Pero necesita tiempo. Y «nunca» tenemos tiempo. Crealo, fabrícalo, róbalo si hace falta… Pero encuéntralo para jugar con tu hijo.

Peketip 18
Peketip 20

 

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Alta Demanda Bebé de 2 meses Blog Cólico del Lactante Dolor Enfermedades Crónicas en Bebés y Niños Otros temas de Salud Infantil Porteo Síntomas del Bebé y el Niño Enfermos

El cólico del lactante Pekevídeo 10

El cólico del lactante es un problema difícil de resolver y con muchas «soluciones».

La razón es que en realidad el cólico del lactante es un cajón de sastre en el que se meten muchos problemas diferentes que lo único que tienen en común es que es ocurren en niños habitualmente menores de 3 meses y probocan llanto.

En este pekevídeo explico a los padres las nociones más importantes sobre el cólico del lactante.

Cólico del lactante

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Alta Demanda Ansiedad Autonomía Bebé de 16 meses Blog Conciliación Conducta del Bebé y el Niño Convivencia Maternidad Otros temas de Salud Infantil Rabietas

Rabietas en niños

Rabietas en niños

Esta semana se me ocurrió que sean los lectores los que decidan los temas que más les interesan.  Es algo así como que me hagáis una consulta comunitaria. Un Peketema.

De modo que en mi página de Facebook pedí que añadiéseis como comentario el tema que os gusta y escribiría esta semana un artículo sobre el que recibiese más «me gusta».

Algunos temas se han solapado un poco. Hay varias entradas sobre la dermatitis atópica. Pero el tema que se ha llevado el «premio» ha sido el de las rabietas en niños. Ha sido propuesto por tres personas:

Inma Bech Ruiz Rabietas en niños 16 Me gusta

Almudena Sanchez Perez Educación y saber estar desde temprana edad 14 Me gusta

Manoli Jimenez Arroyo Niño difícil respecto a rabietas y querer salirse siempre con la suya 3 Me gusta

Sumados ganan por goleada. Ha habido otros temas muy interesantes a mi parecer y de los que intentaré ir escribiendo poco a poco. Pero sobre el peketema ganador, Las Rabietas en niños, aquí tenéis mis consejos. Ahora faltan vuestras opiniones para enriquecerlo.

Las rabietas de los niños son algo especialmente común entre los 2 y los 4 años. Aunque algunos niños las empiezan antes de esa edad y otros siguen sufriéndolas (y haciéndolas sufrir) por encima de esa edad.

¿Qué es una rabieta?

Es una manifestación de que el niño no es capaz aún de manejar la frustración.

Desde el momento que un niño empieza a ser consciente de que es un ser independiente, y que para conseguir algunas cosas necesita la colaboración de otros, pueden aparecer.

Los niños en principio tienen necesidades y piden que se resuelvan. Y lo hacen del modo en que consideran más eficaz a su alcance.

Un niño pequeño no establece diferencias sutiles. Y cuando quiere o necesita algo, muestra su necesidad. Cuando no se le da lo que pide, se frustra y muestra su enfado. Y si sigue sin recibir lo que pide, el enfado va a más: Grita, pega, tira cosas, insulta, dice cosas “feas”…

Es una fase normal. Es la forma instintiva de responder a la falta de colaboración de los que le rodean.

Las rabietas son una de las conductas instintivas que todos tenemos codificadas en nuestro ADN para lograr lo que buscamos. Y están ahí porque hubo épocas en las que hacerlas era adecuado. Si pensáis en etapas anteriores de la humanidad en las que en una tribu había 15 niños y comida para 5, hacer rabietas, ser agresivo…. eran conductas que decidían la supervivencia. “El que no chilla no mama…”

De hecho, en esa época, cuando un niño pequeño peleaba más que los demás para lograr la comida apartando a los otros a tortas, los padres sacaban pecho: “el mío va a ser el jefe de la tribu…”

Pero esto ha cambiado. En la actualidad pegar o hacer una rabieta no funciona en nuestra sociedad. Si haces una rabieta delante del concesionario de BMW, no te van a dar un X6 (si lo hacen, avísame…).

En la actualidad hay conductas como la colaboración, convencer a los demás con argumentos, la zalamería, el pacto, el cumplimiento de normas… que funcionan mejor. Y lo que hacemos al educar es enseñar a nuestro hijo cuáles de todas las posibles conductas funcionan mejor.

Dependiendo del carácter del niño y de lo que nosotros hagamos cuando aparece una de estas situaciones, cederán antes o después las conductas inapropiadas y las sustituirá por otras que sí funcionan.

De hecho el carácter del niño está formándose y algunos aspectos se reforzarán y otros se suavizarán, dependiendo de nuestra forma de responder a su conducta.

Por tanto, en primer lugar, como padres, es importante que entendáis esto:

–        Que vuestro hijo tenga rabietas no quiere decir que seáis malos padres. El que más y el que menos, todos las tienen durante un tiempo.

–        No es que vuestro hijo sea “el niño del exorcista”, pura maldad y deseo de amargaros la existencia. Es normal. Y está empezando a definir su carácter y conocer los límites del ambiente que le rodea.  Eso es bueno. Pero no siempre es fácil.

Para reducir y manejar mejor las rabietas hay cosas que los padres podemos hacer.

Antes de la rabieta: Prevenir.

Hay situaciones en las que es previsible que va a sufrir la rabieta.

Ejemplo:

“Dando un paseo se nos ocurre meternos en una tienda de juguetes, por mirar, que no vamos a comprar nada…”

“Tengo prisa para volver a casa, puedo pasar por esta calle que tiene los columpios, o por la paralela que no. Pues echo por la de los columpios que tardo 10 segundos menos…”

“Hay cierto detalle de decoración que yo sé que al niño le gusta. No quiero que lo rompa, pero lo dejo a su alcance…”

Y hay situaciones casi inevitables:

“Los supermercados, que conocen bien el tema, ponen los expositores de chuches y juguetes cerca de la caja, para que cuando los padres vayan a comprar comida (eso no hay más remedio) con sus hijos preescolares “caigan en la trampa” mientras hacen cola. Eso no puedes evitarlo, pero si descubres un supermercado en el que no son tan “estrategas”,  puedes comprar en ese y no en el de la “trampa mortal”.

Evitar situaciones como estas precisa pensar las cosas antes de hacerlas. Pero en la mayoría de los casos merece la pena el esfuerzo.

En el momento: Calma y cabeza.

Cuando vemos que empieza a liarla, antes de llegar a la crisis, piensa:

–        ¿Puedes darle lo que pide sin perjudicarle? Dáselo. Antes de que la cosa vaya a más y empiece a hacer conductas que no quieres premiar, dale lo que pide.

–        Si no lo has hecho, con toda la tranquilidad del mundo, toca aguantar. Si un niño pega, grita, insulta… y es entonces cuando logra lo que pedía. La próxima vez que quiera algo pasará antes a la fase de pegar, gritar e insultar, que es la que le funciona. Y apúntate que si ha sido por algo que podías haberle concedido sin problema, la culpa ha sido más tuya que suya. La próxima vez piensa un poco antes de decirle que no.

–        Y si la petición en cuestión es claramente perjudicial para él concederla: Toca tranquilidad y aguante. Pegue, grite, insulte o tramite una denuncia por triplicado, la solución no es darle el cuchillo jamonero para que juegue con él o dejarle que meta la mano en el fuego o meta la aguja de punto en el enchufe… Ni tampoco por supuesto pegar más fuerte que él, gritar más alto, o insultar de forma más hiriente que él. La crianza respetuosa no es criar respetando todas las peticiones del niño, sino actuar respetando en primer lugar lo que beneficia al niño, a corto y a largo plazo. Y contradecirlo hasta donde haga falta si algo le perjudica, no es ser poco respetuosos con nuestro hijo. Es ser responsables como padres.

Después de la crisis: Afecto y diálogo.

Una vez que la crisis ha pasado, hemos llorado todos un poquito y ha bajado la temperatura de la sangre, da tu siempre el paso de ofrecer tu afecto.

Dile claramente: “No estoy enfadado y te quiero, ¿me das un abrazo?”

Cuando se entregue al abrazo (si lo la habéis soltado aún, ahora podéis soltar la lagrimita) es el momento de explicarle con toda la calma y el afecto que podáis porqué le hemos dicho que no y hemos mantenido nuestra postura. Y porqué gritar, pegar, insultar… no es una forma de conseguir las cosas y papá y mamá no van a darle nunca lo que pida de ese modo.

Como en cualquier otro tema de educación, los resultados no son inmediatos. Las cosas se aprenden a fuerza de prueba y error. Algunos lo entienden con 3 veces y otros con 30. Pero como es vuestro hijo y vosotros sois sus padres os toca repetir la operación las veces que haga falta y con la máxima tranquilidad y el mayor afecto por vuestra parte.

Si sois constantes los resultados acaban llegando. Si os dejáis llevar por la solución fácil y el salir de cada rabieta como más cómodo resulte, vais a tener problemas para rato: Hay adultos que siguen pensando que pegando, gritando o insultando se consiguen las cosas. Ya se encarga el resto del mundo de demostrarles lo que, por desgracia para ellos, no les enseñaron sus padres.

Peketema 2

 

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A los que queráis profundizar más en este tema os recuerdo que tengo un eBook sobre el tema:

Crianza y Educación.

Crianza y Educación Entre el amor y la responsabilidad

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El recién nacido come con mucha ansiedad

En ocasiones vemos recién nacidos que comen con mucha ansiedad. Eso tiene su significado y su solución clara.

Hay dos tipos de recién nacidos que comen con ansiedad:

  1. El recién nacido hambriento: Hay bebés que nace con un peso bajo o muy alto. Es decir, los de los extremos. El que nació con un peso bajo, quiere decir que pasó hambre ya dentro de su madre. Suelo decir que son del Clan de Escarlata O´Hara, porque parecen nacer diciendo: «A Dios pongo por testigo de que no volveré a pasar hambre. El que nació con un peso alto, en el extremo contrario, es un niño que necesita más cantidad de nutrientes (es más grande) y está acostumbrado a que no le falte. Con lo que si falta, lo lleva mal. En ambos grupos, los primeros días es fácil que lo que el pecho produce, o lo que le damos con biberón (especialmente si os han convencido de que les deis una cantidad fija), se queden con hambre y coman con ansiedad.
  2. El recién nacido dormilón: Pero también los hay que entre los dos estados básicos del recién nacido (durmiendo o comiendo), eligen dormir. El problema es que cuando por fin se despiertan, llevan demasiadas horas sin comer, y lo hacen como si fuese su última comida.

En ambos casos, los niños comen con ansiedad. Eso hace que los padres se agobien. Si están dando pecho piensen que no es suficiente y que el niño necesita biberón. Si está tomando biberón, piensan que tal vez come demasiado y que puede dolerle la barriga por el exceso. Y al comer ansioso, traga más gases, le duele más la barriga, la toma es peor y se queda con más hambre para la siguiente toma…

La solución del recién nacido que come con ansiedad es sencilla:

  1. En el recién nacido hambriento: Hay que reducir el tiempo mínimo entre las tomas. Es decir, dale sin problema cada vez que pida. Como si lo hace cada 5 minutos. Si toma pecho, al hacer esto, estimulamos que el pecho aumente la cantidad que produce, hasta que se ajuste a lo que el niño demanda. Cuando esto ocurra, el bebé empezará a tomar con menos ansiedad y a espaciar las tomas él solo. Si lo que toma es biberón, al principio puede que tome más de la cuenta y eche algunas bocanadas. Pero si seguimos dándole cada vez que pide, y la cantidad que quiere, acabará saciándose y comiendo con más tranquilidad. Y tanto si toma pecho como si toma biberón, no uses el chupe para «entretenerle el hambre». Con eso sólo consigues que cuando por fin coma, lo haga con ansiedad.
  2. En el recién nacido dormilón: Lo que hay que hacer es reducir el tiempo máximo entre las tomas. Es decir, aunque tenga mucho sueño, durante el día no conviene que le dejes más de 2-3 horas seguidas sin comer. Contando desde el principio de una toma al principio de la siguiente.

En resumen, en ambos casos dale con más frecuencia.

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¿Cómo escoger una mochila portabebés? por mochilasportabebes

Mochila Portabebés

Os presento una nueva colaboración de la mamá autora de mochilas-portabebes.es

Ya nos ayudó con un artículo sobre las ventajas de usar una mochila portabebés, y en este artículo nos ayuda a escoger una.

A la hora de escoger una mochila portabebés es posible que nos ocurra como con otros artículos de puericultura: hay tanto donde elegir que uno no sabe qué será mejor.

Hay que tener claro que nuestras necesidades pueden ser distintas a las de otras familias, por eso es importante que tengamos claros unos puntos básicos que nos permitan conocer qué se puede esperar de una mochila portabebés y en base a ellos poder elegir la que más nos conviene.

Para acertar en esa elección os damos los siguientes consejos:

1.- La mochila debe ser ergonómica
Muchas de las mochilas portabebés más conocidas en nuestro mercado, distribuidas por grandes tiendas de puericultura, no resultan cómodas ni para el bebé ni para el que lo lleva y, lo que es peor, la postura que ambos adoptan al usarlas no es nada saludable.
Una mochila portabebés ergonómica nos garantiza que se va a adaptar siempre tanto al bebé como a su papás. Es el portabebé el que debe adaptarse a los que lo utilizan y no al revés.
En una mochila ergonómica el niño va sentado (no colgado de sus genitales) con las rodillas flexionadas y ligeramente más elevadas que el culete (lo que se llama posición de ranita) y conservando en todo momento la curvatura natural de su espalda. El niño va bien pegado a quien lo lleva, lo suficientemente elevado para poder darle un beso sin esfuerzo, lo que garantiza que el porteador no ve modificado su centro de gravedad, algo que se traduce en comodidad y seguridad.
Si quieres leer más sobre este tema, puedes leer este artículo sobre qué es una mochila ergonómica y por qué llamamos colgonas a algunas mochilas portabebés.

2.- ¿Desde qué edad la vais a usar? ¿Hasta qué edad tienes planeado usarla?
Un recién nacido no tiene tonicidad muscular para sujetar su cabeza ni su columna, por lo que necesita un portabebés que se adapte a él y le ofrezca el soporte necesario, envolviéndole con firmeza pero sin puntos de presión. Sus necesidades, obviamente, son diferentes a las de un bebé que ya puede sostenerse sentado por si solo.
Por este motivo, debemos valorar si vamos a usar la mochila desde el nacimiento o más adelante, cuando el bebé ya tenga 6-7 meses.
Si vas a utilizar la mochila portabebés desde el nacimiento, lo ideal es elegir mochilas especialmente diseñadas para usarlas de manera saludable desde el primer día. Estas mochilas tienen características especiales, como la posibilidad de adaptar el panel sin usar accesorios o reducciones.
Es cierto que todas las mochilas ergonómicas incorporan algún tipo de reducción o admiten el uso de complementos, pero si quieres llevar a tu bebé de manera idónea desde el nacimiento lo mejor es que escojas una mochila especialmente pensada para ello.
Algunas mochilas pensadas para recién nacidos, por sus características propias, pueden quedarse pequeñas a partir de unos 9-10 kilos, más o menos en torno al año. Para algunos padres es un periodo de uso suficiente, pero si estás planeando comprar una mochila que puedas usar desde el primer día y hasta el último, que bien podría ser más allá de los tres o cuatro años, es mejor que elijas una mochila que te garantice que vas a poder hacerlo con comodidad. Puede que la inversión sea algo más elevada pero tendrás un portabebés al que podrás dar uso durante años y amortizar con creces, evitando tener que comprar otro más adelante.
Si vas a utilizar la mochila más adelante, cuando el bebé ya se sostenga sentado y tenga una envergadura suficiente para no tener que adaptar el ancho del panel de ninguna mochila, podrás elegir entre más posibilidades, pero te aconsejamos que valores también si tu bebé es grande o no. Si tu bebé tiene un peso y una altura importantes, te conviene elegir las mochilas más grandes; existen mochilas ergonómicas especialmente diseñadas para bebés de más de año o año y medio y para poderlas llevar con total comodidad hasta más allá de los cuatro años.

3.- ¿Qué uso le vas a dar?
Sería interesante también hacerse las siguientes preguntas:
⁃    ¿Quién la va a usar? ¿Sólo una persona? ¿Varias? ¿Un sólo porteador femenino o también un porteador masculino? Al margen de la cuestión estética, pues es importante que si la van a usar varias personas todas ellas se sientan a gusto, algunas mochilas tienen tallas, por lo que siempre deberemos escoger la más grande, pensando en el porteador de mayor tamaño.
⁃    ¿La vamos a usar en momentos puntuales o todos los días?. Si vas a usar la mochila a diario y durante horas, te conviene elegir una mochila que satisfaga completamente todas tus necesidades, la más importante de todas: que resulte muy cómoda y adaptable, al tiempo que te ofrezca la versatilidad suficiente para poder realizar con ella todas las actividades que tengas en mente realizar.
⁃    ¿Vivo en una zona calurosa o la voy a usar mucho en verano? Si es así, no está de más que elijas un modelo fresquito, especialmente pensado para estos usos.

4.- Los detalles pueden ayudarnos a decidir en caso de duda
Aunque las mochilas portabebés ergonómicas nos ofrecen una solución para llevar a nuestros hijos muy cuidada en acabados y con excelentes materiales, no todas cuidan los detalles de la misma manera.
Por ejemplo, podemos atender a algunos de estos detalles:
⁃    Si necesitamos o no que lleve algún bolsillo donde poder llevar unos pañuelos o un móvil.
⁃    Si vamos a salir con bolso que los tirantes incorporen una trabilla para poder sujetarlo sin que se nos caiga.
⁃    Si la capucha se puede retirar de la mochila y, si no se puede, cómo se puede recoger.
⁃    Si las cintas de ajuste se pueden sujetar con una goma para que no cuelguen en exceso una vez ajustada la mochila.
⁃    Si necesitas que se pliegue muy bien o que incorpore una funda para llevarla (o que se pueda comprar aparte).

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Pediatría basada en la diferencia: PekeTip 6

Los bebés son cambio continuo y continua adaptación. Pero tienen herramientas instintivas que le ayudan a adaptarse. Cada bebé es único y usa las suyas.

Los padres podemos observar a los bebés y sus cambios y respetar sus formas de adaptarse a ellos. No llevando la contraria a la forma instintiva de actuar de un bebé más que cuando tengamos una razón clara para hacerlo.

Esta es la base de lo que algunos llaman Crianza Respetuosa.

Hay muchas teorías sobre la crianza de niños. Cuando yo hice la especialidad me dieron poca información sobre estos temas. Pero en su mayoría eran informaciones basadas en el conductismo o en algunos casos, simples prejuicios.

En realidad la especialidad, tal como yo me formé, está muy centrada en la enfermedad del niño. Tocando la crianza y la educación como un tema paralelo. En ese aspecto no hay guías, ni protocolos… Nada a lo que acercarse cuando te interesa.

Pero cuando uno llega a atención primaria lo que te encuentras es que los padres no te preguntan sólo sobre enfermedades. En algunos casos les preocupa mucho más la crianza y sus problemas que las enfermedades propiamente dichas. A veces, ante esas dudas la respuesta puede ser bloquear tus respuestas y reconocer que no tienes formación en ese campo. Otras, intentas dar una respuesta según la poca información que tengas sobre el tema. Y en algunos casos, como me pasó a mí, decides que tienes que informarte sobre esos temas para dar una atención más completa a los padres.

Así empecé a conocer distintas versiones de la Crianza.

Yo, en pediatría, soy un convencido de que los niños son diferentes. Por eso las respuestas monolíticas de tipo, así se hace para resolver esto en todos los niños, no me valen mucho. Cuando conocí y comprendí el concepto de la Crianza respetuosa, supe que era lo más aproximado en crianza que encontraría a mi concepción de la salud infantil.

Cada niño es único. Hay formas más o menos comunes de responder frente a los retos adaptativos. Pero hay particularidades entre ellos. Cuando notamos un problema en un niño, sea en su crecimiento o en una enfermedad, en la mayoría de los casos, lo que podemos ver son las formas en las que el niño responde a algo que está desafiando su bienestar (el hambre, una infección, la sensación de inseguridad…).

Tanto en Pediatría como en Crianza, mi objetivo cuando veo esos fenómenos de adaptación (llanto, rabietas, fiebre, vómitos, moco, tos…) es en primer lugar encontrar la causa. Y en segundo lugar, valorar si la respuesta que da el niño le ayuda a superar la situación o la empeora.

Cuando su respuesta le ayuda a afrontar la situación (tos productiva, o buscar el afecto de sus padres cuando se siente inseguro, por ejemplo…) busco la forma de ayudar a ese mecanismo a adaptarse al desafío.

Cuando su respuesta empeora la situación (tos irritativa, o una rabieta…) busco la forma de reconducir su mecanismo hacia otros que le ayuden de forma más eficaz. Siempre observando como responde el niño a mis intentos. Y asumiendo que si la respuesta no es la esperada, por muy seguro que estuviese de que era lo adecuado, no lo es en ese niño concreto y tengo que valorar de nuevo toda la situación.

No hay respuestas universales. Eso en Crianza es lo que se llama Crianza respetuosa, y en Pediatría es lo que yo llamo Pediatría basada en la diferencia.

alimentado a demanda
Peketip 7

 

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