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El Dolor en Niños y Bebés

El Dolor en niños y bebés explicado a los padres

El dolor es un mecanismo de alarma del cuerpo. Avisa de que se le está haciendo daño o de que algo no funciona bien.

En los niños más pequeños su única manifestación es el llanto.

Conforme crecen y desarrollan la capacidad de comunicarse ya van definiéndolo y localizándolo mejor.

El llanto en el niño que no habla:

Me dicen muy a menudo que un pediatra es más médico que los demás, porque averiguar el motivo por el que llora un lactante es complicado.

Sólo llora, no dice nada.

Eso es algo que unido a la pena que produce en los que le rodean, que les limita la capacidad de pensar de forma lógica, hace que en la mayor parte de los casos cuando el pediatra dice la causa los padres manifiesten su asombro, y en muchos casos su incredulidad hasta que el llanto cede siguiendo sus indicaciones (cuando acertamos).

Para averiguar la gran mayoría de causas que hacen llorar a tu hijo los primeros meses puedes seguir el esquema siguiente:

La pauta para “adivinar” la causa del llanto (dolor) en un lactante podría ser la siguiente:

¿Al cogerlo se calla?

Si es así, al niño no le duele nada, sólo quiere que lo cojan.

No hay ningún dolor que ceda al cogerlo.

Si no cede cogiéndolo seguimos.

Tócale con el dedo en las mejillas.

¿Desvía la cabeza buscando el dedo con la boca?

Si es así tiene hambre, el llanto debería ceder en cuanto se le ofrezca comida.

Si no, seguimos.

Mira el pañal y si está lleno cámbialo.

Si hay irritación de la piel el niño llorará cada vez que haga caca, orine o tenga el pañal sucio más de la cuenta.

Si no, sigue.

Tócale delante de los oídos y bajo ellos.

Si el llanto se aumenta al tocarle posiblemente le duelen. Muchas veces los padres sospechan que al niño le duele el oído cuando él se lo toca con frecuencia. Cuando pasa esto lo que le sucede habitualmente es que la cera del oído está reseca y se está descamando, lo que produce picor. El oído, cuando duele, Duele, y nadie se toca para producirse más dolor. Si se tocan habitualmente es picor.

Seguimos si tampoco es.

Se retira la ropa y observamos al niño:

Buscar signos de inflamación o algo raro en el movimiento de brazos, piernas o cabeza.

Si por ejemplo vemos que no mueve la pierna izquierda y le estimulamos para que la mueva (haciéndole cosquillas o pellizcándole) y no la mueve o al moverla aumenta el llanto posiblemente se ha hecho daño en esa pierna.

Palpándola de arriba abajo podremos localizar el punto más doloroso.

Muy frecuente en el lactante es el dolor abdominal.

Su causa más habitual es el cólico del lactante, aunque hay otras causas más graves.

Si el llanto con dolor de barriga se acompaña de vómitos o palidez intensa es mejor que al niño lo vea un pediatra.

Si no es así y se cumplen la mayoría de los siguientes puntos es muy posible que se trate de cólico del lactante:

Es muy ansioso para comer.

Llora poniéndose colorado y encogiendo las piernas.

La barriga está hinchada y si la golpeamos con un dedo es como un tambor.

Parece mejorar al ponerlo boca abajo o con el movimiento.

Por ejemplo es típico el niño que acude a urgencias porque lleva cuatro horas llorando sin parar y por el camino, con el traqueteo del coche se queda dormido.
También pueden llorar por sed. Al dar líquido cede (es decir si toma pecho, al darle pecho).

O por calor. El niño estará sudoroso y colorado y suele aparecer una sudamina (erupción en puntitos pequeños que cede al refrescarlo). Cede al quitarle ropa.

Otra causa frecuente de llanto en los lactantes es la dentición. Suele ser más irritante de noche y el niño se mete lo que pilla en la boca para morderlo. Cede dando un antinflamatorio. La mayoría de la veces darlo por la noche es suficiente.

La infección de orina.

En los lactantes la infección de orina es más frecuente que en otras edades, sobretodo en niñas por el pañal, ya que los microbios que producen la infección de orina provienen de las heces y aunque se quite el pañal inmediatamente ya se han extendido por todas partes.

Los síntomas de la infección de orina suelen ser:

El niño está más llorón.

Echa bocanadas con facilidad.

Come peor.

La orina huele más fuerte.

A veces tiene febrícula escasa que ni siquiera notamos en algunos casos.

Tiene días que parece que mejora y de nuevo empeora.

En los adultos solemos darnos cuenta de la infección de orina porque nos escuece al orinar.

Solemos asumir que el lactante no lo dice, pero no es así.

Cuando un lactante con infección, orina, llora de repente. Si miramos en ese momento el pañal, veremos que está recien mojado.

Si el dolor no se ajustara a nada de lo anterior,

hay que llevar al niño al pediatra.

Cuando el niño ya habla:

En el preescolar y escolar que es capaz de explicarnos lo que le pasa, saber de donde proviene el dolor deja de ser un misterio.

Lo que sí es interesante en estas edades es diferenciar el dolor que puede ser grave del que no lo es.

Muchos niños de estas edades tienen a sus padres preocupados, más que por la intensidad del dolor por su insistencia.

Suelen acudir porque el niño se queja continuamente de dolor de piernas, barriga o cabeza.

Son los tres dolores más frecuentes y que suelen tener explicación común y banal.

Para separar lo que es preocupante de lo que no, hay que darse cuenta de cómo nos comunican el dolor, su duración y si afecta a su vida normal:

Hay niños que dicen 25 veces al día “me duele la cabeza” (o la barriga…), y lo dicen como el que da las noticias o habla de cómo está hoy el tiempo.

Es decir, no le afecta.

Y los hay que nos comentan eso mismo pero llorando, o con la cara pálida y las ojeras marcadas.

El segundo tiene un dolor que hay que valorar.

Al primero no es que nos engañe.

En realidad le duele.

Pero es que a lo largo del día todos sentimos pequeñas molestias.

Si te observas, de vez en cuando te da un pequeño apretón la barriga, o si llevas toda la tarde sin salir te molesta la cabeza, o tras hacer deporte tienes sobrecargado algún músculo.

Pero son dolores pasajeros, que no te impiden hacer tu actividad normal y se pasan al rato sin tomar nada.

La diferencia es que el niño lo dice cada vez que le pasa.

Y cuando son 10 ó 20 veces al día, raro es el padre que no se preocupa.

Por eso para diferenciarlos hay que tener claro:

En el dolor de cabeza:

Cuando hay que estudiarlo es si le impide hacer su vida normal, dura varias horas, se acompaña de mala cara (palidez de piel, ojeras…), le despierta de noche o se acompaña de cosas menos habituales como mareo, sensaciones extrañas (hormigueo, falta de sensibilidad), alteraciones de la vista (borrosa, doble…).

En estos casos debe ser visto por el pediatra aunque muchas de las cosas descritas pueden corresponder a migrañas y no tienen mayor importancia.

En el dolor de barriga:

La

Lo primero es si se alivia al hacer caca.

Si es así en principio son gases o estreñimiento y no es grave.

Si no tiene relación con las deposiciones, le impide hacer su vida normal y es cada vez más frecuente, debe verlo un pediatra, sobre todo si se acompaña de vómitos o diarrea, heces con sangre, fiebre o le despierta de noche.

A veces le duele y sigue doliéndole y no para de dolerle un día tras otro pero come bien, hace deposiciones normales a diario, no vomita ni tiene fiebre, ni le impide seguir con su actividad.

No le impide jugar cuando le animamos a hacerlo ni rechaza los alimentos que más le gustan aunque sean más pesados de digerir (chocolate o fritos por ejemplo).

Está claro, no tiene nada grave.

Los dolores articulares:

Hay que buscar inflamación.

Observar al niño cuando no sabe que le vigilamos y controlar si el dolor se localiza siempre en el mismo sitio o no.

Si no hay inflamación, no le impide correr y saltar cuando sale a jugar y unas veces duele aquí y otra allí no hay nada grave.

Tampoco son, como dicen algunos, dolores de crecimiento.

El crecimiento es continuo y no duele.

Lo que les sucede es que cuando juegan no tienen cuidado, un día se doblan un tobillo, otro día se golpean un codo…

Y mientras están jugando no caen en la cuenta, pero luego, cuando se enfrían empiezan a quejarse de todos los excesos.

No es que no duela, claro que sí.

Pero no es nada que no se cure durmiendo y en todo caso tomando un analgésico como el Ibuprofeno o tras un masaje.

Si hay inflamación, la limitación de movimiento le impide hacer vida normal, le despierta de noche o el dolor es fijo en un mismo sitio hay que descartar otras causas: Al pediatra.