La mayoría de los problemas con la comida en niños nacen de la desinformación de los padres. Las 3 claves para evitarlos.
Uno de los temas que con más frecuencia afectan a la relación entre los padres y los hijos es la alimentación. Que un niño, por lo demás sano sea llevado a la consulta de un pediatra, tiene en la mayoría de los casos un sólo motivo: No come bien y/o no gana peso.
El problema es que estando sano el niño, es con diferencia uno de los problemas que más pueden generar malestar en los padres y conductas que producen rechazo y malestar al niño. Esto es evitable si entendemos tres conceptos simples, pero que pocas veces creo que se explican y que muchos padres no ven así.
A mi parecer los tres conceptos clave para evitar problemas con la comida en niños son:
- Confiar en los mecanismos de autoregulación de los niños y respetarlos.
- Entender lo que es normal en cantidad de comida y evolución del peso.
- Evitar estrategias para aumentar la cantidad de comida y la ganancia de peso.
Ahora voy a explicarlos:
Confiar en los mecanismos de auto-regulación de los niños y respetarlos.
Los adultos no comemos siempre igual. Hay días y comidas en las que tenemos más hambre y otras en las que menos. Esto no nos asombra. Casi siempre podemos explicarlo si nos preguntan: Es que ayer cené demasiado, hace poco que he picado algo, no acabo de encontrarme bien, o simplemente, ahora no me apetece.
Eso no nos preocupa porque tenemos claro que acabaremos comiendo en cuanto tengamos hambre de nuevo. Nadie se empeña en contabilizar la cantidad y frecuencia de nuestras tomas. Incluso aceptamos que si mi cuerpo no me lo pide en este momento es que es mejor no empeñarme porque lo más normal es que me caiga mal.
Sin embargo, no confiamos en los mecanismos de auto-regulación de los niños. Pretendemos que coman cuando nosotros lo decidimos, y la cantidad que por alguna extraña razón hemos llegado a la conclusión de que es la adecuada para ellos. Y encima esa cantidad es siempre la misma. ¿No lo veis irracional?
Yo insisto mucho a los padres en que mientras el resultado sea bueno (y eso quiere decir que el niño esté sano) debemos respetar en cantidades y frecuencia los impulsos de comer del niño. Cuando no lo hacemos, generalmente intentando que coma más, acabamos insistiendo hasta el punto de hacer al niño desagradable la situación.
Entender lo que es normal en cantidad de comida y evolución del peso.
Para mi gusto, las indicaciones sobre cantidades de alimento que se dan a padres por parte del pediatra, las latas de leche, los potitos y algunos libros harían un gran favor a padres y niños si desapareciesen del planeta. Simplemente son inútiles y generan muchos problemas. Igual que en vuestra casa el padre y la madre no coméis lo mismo (y veis normal que sea así), los niños tienen cada uno un metabolismo muy diferente. Los hay que absorben mejor los nutrientes, los hay más activos, los hay más estreñidos, los hay más dormilones… Pretender dar una cantidad de alimento ideal en función de la edad del niño es absurdo. Pero muchos padres se empeñan en cumplir la norma que han encontrado creyendo que no hacerlo perjudica a su hijo.
La realidad es que, en cada comida, el cuerpo de su hijo pide según sus necesidades (adaptándose en los niños sanos de forma mucho más perfecta de lo que podríamos hacer nosotros con el programa informático más puntilloso).
Cuando la cifra mágica que pretendemos que coma está por debajo de lo que el cuerpo del niño pide, lo dejamos con hambre. Y eso hace que en la siguiente toma coma con más ansiedad, lo que favorece problemas de gases y mala digestión.
Si la cifra mágica está por encima de lo que el niño pide, empezamos las estrategias para que el niño coma más que trataré en el siguiente punto.
Algo parecido pasa con la evolución del peso y las tablas de «normalidad» : El percentil 3 de peso sólo significa que el 3% de los niños sanos de esa edad, tiene un peso por debajo de esa cifra. Pero en cuanto unos padres se enteran de que el peso de su hijo está por debajo de la media, empiezan a preocuparse por cómo hacer que suba. Evidentemente haciendo que coma más de lo que lo hace. Más de lo que su cuerpo le dice que necesita. Esta tontería, por definición afecta a nada menos que la mitad de la población infantil del planeta (la mitad que está por debajo de la media). O sea que es probable que casi la mitad de los padres y madres de este mundo que saben el percentil de peso de su hijo (mejor sería no saberlo y mirar si está sano y punto) desarrollen estrategias para que su hijo coma más de lo que su cuerpo le pide.
Evitar estrategias para aumentar la cantidad de comida y la ganancia de peso.
No respetar los mecanismos de auto-regulación del niño y la preocupación por creer que nuestro hijo no come suficiente o no gana bastante peso son el desencadenante de unas conductas en torno a la alimentación que generan muchos problemas. Voy a describir esas conductas y los problemas que aparecen con ellas:
- Pelear con el niño para que coma más. Raramente conseguimos que coma más de 2-3 cucharadas por encima de lo que le apetecía. Pero hacemos de la comida algo desagradable. ¿Crees que a la larga el niño comerá mejor o peor, si hacemos de cada comida una situación desagradable? Más valen 4 cucharadas con gusto que 6 peleando.
- Entretener al niño para darle de comer embobado. Poner la televisión, el móvil, el iPad o cualquier otra fuente de imágenes embobaniños, o liar el circo para que coma, no es más que una forma de hacer que el niño coma de forma pasiva. Más tarde o más temprano pretenderemos que el niño coma sólo, y entonces nos quejaremos de que tenemos que darle de comer (eso sí, seguiremos poniéndole los dibujos animados mientras come, amenazándolo cada 10 segundos con apagarlos si no come).
- Ofrecer sólo los alimentos que más le gustan. Cuando estamos muy preocupados por la cantidad que come nuestro hijo y vemos que hay alimentos que el niño no quiere tomar, o toma con dificultad y otros que come con más facilidad, tendemos a darle los que prefiere. El resultado es que el niño acaba teniendo una dieta pobre. Lo que es mucho más probable que le genere problemas de salud que comer algo menos.
- Ofrecer constantemente comida rápida (galletas, pan, gusanitos, chucherías) o bebidas azucaradas (zumos, batidos, yogur líquidos «para mejorar las defensas») para que al menos tenga algo en el cuerpo. Hacer esto es la forma más segura de que el niño, poco después, cuando le pongamos la comida no tenga las más mínimas ganas de comer.
Otros artículos en los que trato este tema son «El niño que come mal«, «El niño delgado«, «Los niños que no comen«