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Cómo Introducir la Comida Sin Triturar

Cómo introducir la Comida sin Triturar en la alimentación del bebé.

Cómo introducir la Comida Sin Triturar en la Alimentación de un Bebé es una duda de los padres y madres. Te doy mi opinión sobre cómo hacerlo y porqué.

Al principio los bebés toman sólo leche. Ésta va a ser su única alimentación durante los primeros meses de vida. Pero todo evoluciona y somos omnívoros, no lactantes perpetuos.

Se habla mucho sobre el orden en el que deben introducirse los alimentos y a partir de qué edad. La mayoría de los pediatras suele recomendar que se inicie el proceso entre los 4 y 6 meses. Yo, cuando un bebé evoluciona normalmente y no tenemos circunstancias especiales suelo recomendar que se empiece a partir de los 6 meses.

Desde ese momento hay quien establece una pauta estándar de introducción en la que se ordenan los alimentos de una forma concreta y hay quien defiende que quitando ciertos alimentos que tienen una limitación justificada para no ser introducidos antes de cierta edad, el orden se deje a la iniciativa del bebé (Baby Led Weaning).

Pero a parte del orden de introducción hay un aspecto del que se habla menos: La textura.

Comida triturada o Sin Triturar

Es evidente que aspiramos a que todo niño, más tarde o más temprano, acabe comiendo como nosotros. Lo que significa que acabe aceptando la variedad de texturas que hay en la alimentación completa. Desde el líquido al sólido pasando por alimentos cremosos y grumosos o a mezclas de ellos.

De hecho, en algunos niños de 3-6 años esto puede ser un problema. Porque algunos de ellos sólo aceptan comer triturados, rechazando la mayoría de los alimentos que se le ofrecen con otras texturas.

Ante eso algunos defienden que esto ocurre por hacer un paso intermedio (el de los purés) del que podríamos prescindir. Y que cuando se mantiene demasiado tiempo y en exclusiva acaba generando este problema.

Como en todo, a veces se adoptan posturas extremas:

  • Hay quien defiende que no podemos dar alimentos sólidos a un niño hasta que tenga muelas con las que masticarlo y que incluso cuando esto ocurra la masticación será poco efectiva mientras no tenga la arcada dentaria completa. Con lo que hablarían de no introducir alimentos sin triturar hasta el segundo año de vida.
  • Y en el otro extremo están quienes dicen que los purés son una aberración, que por culpa de los purés la relación de muchos niños con la comida está distorsionada y que hay que evitarlos totalmente.

Yo, tras haber conocido ambas posturas en épocas distintas de mi ejercicio como profesional, pero ante todo tras observar lo que realmente hacen los padres en el día a día y ver las consecuencias opino que hay que ser flexible e individualizar.

Que un niño llegue a los 5-6 años sin tomar sólidos es algo poco frecuente. Habitualmente todos toman algunos sólidos que les gustan. No conozco muchos niños de esa edad que rechacen las chucherías sólidas o las galletas, las patatas fritas….

Pero cuando hablamos de comer, no de picotear, sí que hay muchos niños de esa edad que no toman jamás la fruta o la verdura si no es triturada (a veces tampoco otros alimentos).

Y esto es un problema por varios motivos:

  • Como defienden los enemigos de los purés, esto distorsiona la relación del niño con la comida. Ya que si con esta edad rechazan sistemáticamente la fruta y la verdura en sus estados naturales es muy probable que tengan tendencia a evitarlos el resto de su vida. Y si esto ocurre estamos favoreciendo una alimentación pobre que lleva por orden a: Estreñimiento, sobrepeso, colesterol alto, azúcar alta, cáncer de colon
  • No masticar o hacerlo mucho menos de lo normal hace que la mandíbula no crezca lo suficiente y cuando salen los dientes definitivos tengan poco espacio, montándose y haciendo necesaria una ortodoncia.
  • Los movimientos de la lengua durante la masticación le dan una movilidad necesaria para articular bien el lenguaje. Tomar sólo purés favorece el desarrollo de problemas de pronunciación.
  • El rechazo a la alimentación sin triturar por encima de cierta edad supone una sobrecarga de trabajo para muchas familias que sería evitable. Ya que lo normal sería que por encima de los dos años cualquier niño comiese lo mismo que sus padres, sin necesitar que se le prepare una comida especial.

La opción mixta: Sin Triturar y Triturado

Pensemos en los niños. La mayoría entre los 6 y los 24 meses de vida son curiosos y se lo llevan todo a la boca. Incluidas cosas mucho peores que la comida…

Cuando nosotros establecemos un orden rígido de introducción de los alimentos y las texturas estamos creando un problema innecesario a los padres.

Está claro que pueden ignorarnos, y de hecho la mayoría lo hacen. Y sin no lo hacen ellos lo hacen los familiares…

Pero al establecer unas normas rígidas de introducción de la alimentación estamos generando a muchos padres que se sienten inseguros y se fían plenamente de nuestro criterio una ansiedad por cumplirlas que no tiene sentido.

En cuanto a la variedad de los alimentos, si un bebé ve comer a sus padres por ejemplo fresas y le llaman la atención, hará por probarlas. Ante ello, si los padres tienen una lista exhaustiva en la que indicamos que las fresas no corresponde introducirlas hasta dentro de un mes, posiblemente no se lo permitan. Un mes más tarde los padres prueban a darle fresas a su hijo (ya toca según la lista) y ese día al niño pueden no apetecerle. ¿Cuál es el resultado? Que hemos perdido una oportunidad para introducir ese alimento de forma natural, siguiendo el instinto del niño y ahora nos vemos ante el desafío de hacerlo contra ese instinto…

Aplicado a un alimento tras otro es sumar puntos para que la relación del niño con la comida sea un desastre, cuando pudo ser todo lo contrario. La comida pudo ser algo placentero que fue descubriendo guiado por su curiosidad.

Pasa algo similar en cuanto a las texturas, que es el tema de este artículo. El problema es que nos da miedo que se atragante. Y es una posibilidad real. Pero no hay una fecha a partir de la cual esa posibilidad desaparece. Lo que me parece razonable es que gestionemos ese riesgo.

Ocurre como con aprender a nadar. Si yo evito totalmente que un niño se meta en agua que le cubra hasta los 15 años está claro que es muy difícil que se ahogue. Pero es que es algo que no puedo controlar al 100%. Por lo que si pensamos de verdad en la seguridad, lo recomendable es que aprenda a nadar cuanto antes. Y que desde que tienen la autonomía suficiente para llegar al agua sea capaz de no ahogarse en ella.

Lo mismo pasa con el atragantamiento. Yo puedo pretender que no tome nada sólido hasta que tenga una edad en la que se supone que el riesgo de atragantarse sea mínimo. Pero la realidad es que tocan en todas partes y se meten de todo en la boca desde una edad muy temprana. Que un niño tome alimentos sólidos hace que desarrolle la habilidad para manejarlos en su boca sin atragantarse. Y cuanto antes ocurre esto menor es el riesgo de atragantamiento.

Como en el caso de la variedad de alimentos, hay quien define una edad antes de la cual deben evitarse los alimentos sin triturar. Antes de alcanzar esa edad la mayoría de los niños los probaría por curiosidad. Pero si se concreta esa fecha y se defiende, serán muchos los padres que eviten a sus hijos probarlos antes.

¿Qué pasará cuando llegue la edad en la que “debe tomar sólidos”? Pues es muy posible que ante el escaso desarrollo de la musculatura de su boca para tratar esos sólidos el niño se canse con dos trocitos y rechace tomar más. O directamente rechace unas texturas para él desconocidas y que en ese momento no le apetece tomar, acabando por darle el puré que ha aprendido a usar como alimentación única.

Por suerte esto no es la norma porque la mayoría de los pediatras no son tan inflexibles y ante todo porque la gran mayoría de las familias ignoran una indicación así aunque se le haga.

Mi recomendación, y es lo que hacen la mayoría de las familias, es introducir simultáneamente la comida Triturada y Sin Triturar.

Está claro que esto tiene limitaciones. Pero son individuales. Hay niños que se manejan mejor y otros peor. Vemos niños que se atragantan hasta con el puré. Y otros que sin dientes se las apañan hasta con alimentos complicados antes de tener un solo diente en su boca.

Hay alimentos que es imposible deshacer sin masticar. Un filete de ternera al punto es complicado que por mucho que el niño lo maree y machaque con sus encías o la lengua pueda ser reducido a algo manejable si no tiene muelas con las que masticar de forma efectiva. Pero incluso esos en trozos grandes (para que no quepan en su boca) pueden chuparlos para familiarizarse con sabores nuevos.

Hay montones de alimentos que podemos deshacer con facilidad y que cualquier bebé mínimamente hábil puede desmontar con sus encías y su lengua para tragar sin problema: Verduras cocidas, frutas blandas, carnes o pescados cocidos, legumbres cocidas, pasta, arroz cocido, cuscús, tortilla, quesos blandos…

Para hacer una introducción de los alimentos guiados por la curiosidad del niño tanto en variedad como en textura, mi recomendación es sentar al niño con nosotros a comer y que ofrezcamos cualquier alimento que despierte su curiosidad, mientras no tengamos una justificación clara para no darlo.

En cuanto a variedad esas limitaciones os las explico en el artículo sobre introducción de la alimentación complementaria.

Respecto a la textura mis recomendaciones son:

  • Seguridad: No dejes a tu hijo sólo si tiene a su alcance alimentos sólidos. Un bebé que está tomando alimentos sólidos debe estar siempre acompañado por un adulto.
  • Si te pide un alimento y no tiene dientes: ¿Puede deshacerse ese alimento con dos dedos? Si es que sí, puede deshacerlo con sus encías y su lengua. Puede probarlo. Valora cómo se defiende con él y según eso si está preparado para tomar otros similares. Pero prueba.
  • Si te pide un alimento y tiene ya muelas: Puede probar a tomar los mismos alimentos que tú en cuanto a textura.

¿Cómo le doy los alimentos sin triturar?

Redecilla de plástico con alimentos dentro: Para mi gusto una guarrada. Puede ser útil para que se familiarice con sabores nuevos, pero distorsiona la textura y eso de comer chupando constantemente plástico… No me convence nada.

Alimento machacado. Es cuestión de probar. A algunos niños les gusta y a otros no.

Triturado con tropezones. La mayoría los rechazan. Cuando un niño ve triturado tiende a tragar sin más. Si ve sólido tiende a  manejarlo en su boca. Si ve triturado y va a tragar pero nota un trozo en su garganta, tiende a vomitarlo.

Trozos de comida sin triturar. Es lo que mejor suelen manejar la mayoría por raro que parezca. El niño puede cogerlos con más facilidad para llevarlos a su boca y eso favorece también que se alimente de forma activa. Dudas frecuentes de esta opción:

  • Tamaño de los trozos: ¿Es mejor que sean trozos grandes o pequeños? Pues en alimentos más duros mejor que sean tan grandes que no le quepan en la boca, de forma que el niño lo que hará es chuparlos o roerlos con sus dientes. Mientras que en alimentos blandos es indistinto, como los prefiera y se maneje mejor.
  • ¿Con cubiertos o con las manos? Si de verdad queremos hacer una introducción precoz lo normal es que sea con las manos. Estamos hablando de que sea el niño el que coma, no que le demos nosotros de comer. Tiempo habrá después para enseñarle a manejar los cubiertos como el mejor sibarita…

¿Y los purés?

Muchos niños quieren probar los alimentos sin triturar, pero comen mejor con alimentos triturados.

El objetivo no es que el niño coma más, sino que coma bien (variedad y con placer). Los purés pueden ser útiles para que el niño que se cansa pronto con alimento sin triturar complete su toma (la que él acepte sin forzar) y para que acepte el sabor de algunos alimentos cuya textura no le agrada especialmente al probarlos sin triturar.

Lo que la mayoría de los padres hacen y que me  parece lo más razonable es usar ambos. Porque el puré es también una textura a usar en la alimentación completa y que por tanto tampoco queremos que el niño rechace.

Lo esencial a modo de resumen creo que es que observéis a vuestro hijo y seáis favorables a que dé pasos hacia una alimentación completa en variedad y texturas siguiendo su ritmo mientras no tengáis un motivo claro para modificarlo. Hacerlo así convierte la introducción de la alimentación en algo natural y placentero para él y no en un foco de conflictos para todos.