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Pediatría respetuosa

La Pediatría respetuosa es una forma de entender la salud del niño basada en las diferencias y el respeto a esas diferencias.

Este podría ser su decálogo, pero es una idea abierta que acepta aportaciones:

  1. CADA niño es diferente.

  2. Observar a CADA niño es la mejor forma de saber si tiene un problema o no.

  3. CADA niño tiene SUS mecanismos para adaptarse a los cambios.

  4. La mejor opción es apoyar SUS mecanismos.

  5. Modificaremos SUS mecanismos sólo si tenemos RAZONES CLARAS para pensar que le perjudican o son mejorables.

  6. Los pediatras aportamos nuestra experiencia como OPCIONES.

  7. Ante un problema hay siempre VARIAS OPCIONES.

  8. Las decisiones sobre la salud de los niños las toman los PADRES.

  9. Los padres y los hijos forman una UNIDAD que hay que respetar.

  10. La opción A RECOMENDAR no es “la mejor”, sino la que funciona en cada caso para resolver los problemas y mejora la vida de la familia en su conjunto.

Voy a desarrollar cada uno de esos puntos de la forma en que yo lo entiendo:

CADA niño es diferente.

Los seres humanos somos diferentes. Pero tendemos a dar respuestas generales. En salud también ocurre. No lo hacemos porque realmente pensemos que una misma respuesta es cierta en todos los casos. Una de las cosas que nos enseñaron en la Facultad es: “Hablando de medicina, cualquier respuesta que incluya la palabra siempre, es falsa.”

La tendencia a dar respuestas generales y no matizarlas ha empeorado por culpa de la masificación. Debemos luchar contra esa tendencia, porque significa deshumanizar la medicina. Y eso no funciona. Porque la medicina trata única y exclusivamente de salud de humanos individuales. Enfermamos de forma individual y sanamos de forma individual.

Observar a CADA niño es la mejor forma de saber si tiene un problema o no.

Tendemos a usar cifras para “objetivar” nuestras apreciaciones sobre la salud de los pacientes. Pero en muchos casos nos centramos tanto en esas cifras que olvidamos observar al propio niño. Lo primordial es valorar la salud del niño, y eso se hace teniendo una visión de conjunto en la que miramos a la persona, no a sus cifras. Ejemplo: No generar preocupación ni hacer nada para que un niño suba de percentil de peso si está sano.

CADA niño tiene SUS mecanismos para adaptarse a los cambios.

La capacidad del organismo (especialmente del de los niños) para adaptarse a los cambios y responder a las agresiones es mayor de lo que llegamos a entender aún. No tenemos los conocimientos para dirigir de forma completa las reacciones del organismo. Y esos mecanismos de adaptación varían de individuo a individuo. Ejemplo: Ante un mismo virus hay niños que reaccionan sin fiebre y otros con fiebre alta. Pero también hay niños que toleran esa fiebre mejor que otros.

La mejor opción es apoyar SUS mecanismos.

Debemos ser humildes y confiar en la capacidad del cuerpo de curarse siempre que no aparezcan señales claras de que no funciona. De modo que ante una enfermedad o problema para adaptarse a un cambio lo mejor es valorar en primer lugar cómo responde el niño a esa situación y ayudar a los mecanismos que vemos que le están funcionando para superarla. Ejemplo: Hidratar bien a un niño cuando tiene fiebre.

Modificaremos SUS mecanismos sólo si tenemos RAZONES CLARAS para pensar que le perjudican o son mejorables.

Pero sabemos que en algunos casos aparecen mecanismos que en su intensidad o en la forma en la que actúan, pueden empeorar la evolución de un niño enfermo. En esos casos debemos tener razones claras para modificar o contrariar esas reacciones, pero hacerlo puede ser necesario para sanar al niño. Ejemplo: Tratar la fiebre cuando produce malestar o agotamiento.

Los pediatras aportamos nuestra experiencia como OPCIONES.

La época en la que el médico era la autoridad indiscutible en salud ha pasado: Por suerte. Los médicos seguimos siendo valiosos gracias a que atesoramos formación y experiencia. Los pacientes acuden libremente a nosotros en busca de ellas. Pero somos asesores, no jueces.

Ante un problema hay siempre VARIAS OPCIONES.

Un protocolo es una simplificación en la que se recomienda actuar de la forma que funciona mejor en más casos. Pero todos los médicos sabemos que esa forma de actuar no es la única, y que hay distintas opciones para resolver un mismo problema. Debemos exponer esas opciones para que el paciente (o sus padres en pediatría) escojan la que mejor se adapta a su situación con nuestro asesoramiento.

Las decisiones sobre la salud de los niños las toman los PADRES.

Esto es una realidad. Aunque muchos médicos no lo entendamos. Cuando una familia sale por la puerta de la consulta tienen la opción de seguir las recomendaciones del médico o no. Conseguiremos que lo hagan si los padres salen con la convicción de que el médico ha entendido el problema de su hijo, se les han explicado las distintas opciones, y la escogida lo ha sido de mutuo acuerdo entre el médico y los padres.

Los padres y los hijos forman una UNIDAD que hay que respetar.

En ocasiones nos centramos en cual es la mejor opción para el niño sin tener en cuenta la situación de los padres. Eso acaba perjudicando al niño, porque el bienestar de los padres es esencial para el bienestar del niño. Ejemplo: Si yo recomiendo que desde el punto de vista afectivo el colecho es la mejor opción. Pero no tengo en cuenta que para algunos padres es imposible descansar haciendo colecho. Estoy generando problemas. Porque daré a los padres la idea de que si no hacen colecho perjudican a su hijo, pero si lo hacen no descansarán y el resultado será que el niño vivirá con unos padres que viven su paternidad con ansiedad o con agotamiento.

La opción A RECOMENDAR no es “la mejor”, sino la que funciona en cada caso para resolver los problemas y mejora la vida de la familia en su conjunto.

Los pediatras necesitamos tiempo para conocer al niño, a sus padres y las condiciones que hacen que la opción a recomendar ante un problema sea una u otra. En ocasiones tenemos prejuicios sobre cual es la mejor opción de forma general. Esto es especialmente frecuente en cuestiones de crianza. Debemos ser tolerantes y flexibles entendiendo que la mejor opción en cada niño es la que consigue un mejor resultado no sólo en el niño considerado de forma aislada, sino en la convivencia de todos los miembros de su familia.

Esta forma de entender la Pediatría tiene un factor limitante: EL TIEMPO. Para ejercer la pediatría de la forma descrita necesitamos tiempo para cada familia.

Y un enemigo: LA MASIFICACIÓN que pretende transformar la medicina en una cadena de montaje en serie.