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Espasmos del sollozo en niños

Espasmos del sollozo en niños

Hay niños que pierden la conciencia si lloran con intensidad. Qué es el espasmo del sollozo y qué importancia tiene.

¿Qué es un espasmo del sollozo?

Lo llaman también apnea del sollozo. Es una variante de las rabietas y por tanto es más frecuente en la misma edad que estas, es decir, entre el año y los tres años.

En realidad se trata de un mecanismo de defensa del cerebro. No se asocia a secuelas, porque precisamente su función es evitarlas.

Algunos niños tienen mucho genio. Cuando lloran, lo hacen con tal intensidad, que pueden llegar a cortar la respiración durante bastantes segundos (se quedan «pillados», como dicen algunos). Si no respira, la cantidad de oxígeno que llega al cerebro empieza a bajar. Y si eso se mantiene puede provocar daños.

Ante esa situación, algunos niños tienen predisposición a desencadenar un mecanismo de seguridad del cerebro. Consiste en que la consciencia se pierde, y toma el mando de la respiración el cerebro inconsciente. Haciendo que suba la cantidad de oxígeno que llega al cerebro. Cuando eso se normaliza, a los pocos segundos, el niño recupera la consciencia.

¿En qué se parecen y en qué se diferencian los espasmos del sollozo de una convulsión?

La diferencia con algunos tipos de convulsiones, es que la pérdida de conciencia siempre está precedida por un llanto intenso en el que se interrumpe la respiración. Pero los espasmos del sollozo a veces pueden incluso ir acompañados de sacudidas de brazos y piernas mientras está inconsciente. Lo que hace que pueda confundirse con convulsiones.

Si son frecuentes o hay dudas de si puede ser algún tipo de convulsión, conviene que el neurólogo lo estudie. Pero las convulsiones epilépticas no van precedidas de crisis de llanto.

¿Qué consecuencias a largo plazo tienen los espasmos del sollozo?

Con el tiempo tienden a desaparecer, siendo bastante raro en niños de más de 4 años.

No se asocia con secuelas a largo plazo ni con la aparición de epilepsia cuando crezca…

Pero sí que tienen consecuencias. Las tienen en la relación de los padres con su hijo. Es frecuente que llegue un momento en que los padres temen llevar la contraria a su hijo por si eso le provoca una crisis. Cuando eso pasa, una parte importante de la educación se resiente, y la relación de los padres con su hijo pasa a estar presidida por el miedo.

Creo importante que se entienda la benignidad de los espasmos del sollozo. Para así comprender que aunque le dé la crisis, cuando debemos decir que no, es importante hacerlo.

 

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Convulsión febril en niños y bebés

Explicación para padres sobre las convulsiones con fiebre en niños y bebés. Porqué se producen, qué hacer, consecuencias a largo plazo.

 

 

¿Qué es una convulsión febril típica en un niño o bebé?

Algunos niños y bebés, entre los 6 meses y los 6 años, pueden sufrir ataques cuando les sube la fiebre.

Se debe a que los niños menores de 6 años tienen un cerebro en el que se está formando el aislamiento entre los nervios (mielinización).

Hasta que este proceso es lo bastante efectivo, en algunas condiciones (la fiebre por ejemplo), se excita la actividad de las neuronas (células nerviosas) y puede desencadenarse un cortocircuito, con una descarga que hace que el niño pierda el conocimiento y haga movimientos extraños.

Por tanto para que se produzca una convulsión febril típica, debe haber pérdida de conocimiento y alteración de los movimientos normales del niño.

Esos movimientos pueden ser como sacudidas rítmicas (no un temblor como cuando tienes frío, que es normal en la fiebre).

Pero a veces lo que hay es una ausencia de movimiento: el niño se queda simplemente rígido, o pierde la fuerza y se desploma.

En algunos casos puede haber incluso combinación de varias de esas alteraciones.

Todo esto coincide con un aumento de la temperatura (a veces no demasiado alto).

Lo normal es que ceda en menos de 15 minutos, y que después el niño quede con algo de somnolencia. Pero al rato está totalmente normal.

Suele dar el primer día que empieza la fiebre, y es habitual que aunque en los siguientes días suba aún más la fiebre, no desencadene otra convulsión hasta semanas después, si aparece otra infección.

¿Qué hacer en una convulsión febril de un niño o bebé?

Hay una medicación que suele recomendarse que tengan en casa todos los padres de niños que han tenido alguna vez una convulsión con la fiebre: Diazepam rectal de 5mg (Stesolid).

Es un enema pequeño, fácil de poner en las convulsiones cuyo efecto como relajante muscular hace que ceda.

Aunque su absorción es muy irregular (su principal defecto) suele cortar la convulsión en menos de 5 minutos, por lo que en niños de más de 10 kilos de peso se puede repetir pasados los 5 minutos si no cede.

Ante una convulsión con fiebre, si se tiene el Stesolid, es lo primero que debemos ponerle.

Evitar que con los espasmos se golpee contra objetos próximos retirándolos de su alcance.

Procurar que pueda respirar bien, eliminando cualquier objeto de la boca (por ejemplo si estaba comiendo) y procurando que haya aire (abrir las ventanas y que no se agolpe la gente a su alrededor).

Una vez que cede la convulsión, si la fiebre es alta dar algo para que ceda.

Si está consciente se puede dar en jarabe (Dalsy, Apiretal, Metalgial…), pero si sigue somnoliento, es mejor ponerlo en supositorio (Febrectal, Efferalgan, Melabón, Nolotil…).

Como cualquier tratamiento para la fiebre tarda en torno a una hora en empezar a hacer efecto, mientras se puede ir bajando la temperatura por medios físicos (meter en la bañera con agua templada, o liar al niño en una toalla húmeda templada).

Tras todo esto y aunque se recupere bien de la convulsión, debe ser valorado por un pediatra para cerciorarse que la crisis ha cedido sin complicaciones y tratar la infección desencadenante de la fiebre.

Consecuencias a largo plazo de las Convulsiones febriles en niños y bebés

Se han hecho estudios para comprobar si a largo plazo las convulsiones febriles de niños y bebés se asocian a algún otro problema, como epilepsia o retraso mental…

Los resultados fueron algo sorprendentes. Estas patologías no sólo no aparecen con más frecuencia en niños que han tenido convulsiones con la fiebre, sino que parece ser que cuando crecen, son niños con mayor capacidad de concentración y más dotados por ejemplo en los estudios. Si quieren, claro…

Cuando cuento esto a los padres, suelen decirme:

«Pues mira, prefiero que luego sea del montón, pero que no me dé más estos sustos.»