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Educación de la higiene

 

Quitar el chupe  El dedo  Dientes  Quitar el pañal  Baño  Mal aliento  Fimosis  Genitales femeninos

 Educación para la salud dentaria:

Quitar el chupe o dedo.

Los niños menores de dos años suelen introducirse objetos en la boca con mucha frecuencia por varios motivos.

En primer lugar mientras se produce la dentición intentan calmar la irritación de la encía mordiendo cualquier cosa.

Por otro lado, el movimiento mecánico de chupar se asocia con el placer de relación con la madre o saciedad del hambre.

Asociación que a veces se mantiene durante años como forma de tranquilizarse.

De hecho parte de la capacidad adictiva del tabaco se basa en eso.

El mantener la costumbre de introducir un objeto en la boca y chuparlo de forma habitual, favorece que los dientes se deformen, de modo que por encima de los 2 años resulta fácil saber si un niño sigue con chupe, biberón o chupándose el dedo por la deformidad que causa en la arcada dentaria.

Lo más frecuente y que podéis valorar vosotros mismos es que al pedir al niño que cierre la boca enseñándonos los dientes no encajan ambas mandíbulas, sea porque los dientes superiores se han desplazado hacia delante o porque los dientes entre los cuales deja metido dedo, chupe o biberón han crecido menos.

Lo habitual son los típicos dientes de conejo o una dentadura en la que los colmillos son sensiblemente más largos que los 4 dientes que hay entre ellos.

A la larga lo que produce son deformidades que precisan de ortodoncia para corregirlas.

Eso supone un gasto económico no despreciable.

Pero hay padres que prefieren gastarse el dinero a pasar un mal rato con el niño para quitarle el chupe.

Lo que están haciendo es retrasar ese mal rato, ya que cuando tenga que recurrir a la ortodoncia el niño será ya un adolescente, para el que su imagen es algo más que importante y al que no le hará ninguna gracia ni tener los dientes deformados ni tener que llevar la ortodoncia.

No es el primero que echa en cara a sus padres que ahora, con 13 ó 14 años tenga que hacer «el ridículo» llevando un aparato en la boca por no haberlo aguantado llorando 3 ó 4 días en su momento.

Sé que dan ganas de cargárselo, pero los adolescentes son (como fuimos nosotros) así.

Por todo eso conviene no mantener el chupe más allá de los 2 años y el biberón no más allá de los 3.

Retirar antes el chupe es comprar papeletas para que se chupe el dedo que es más complicado de quitar, porque mientras estén saliendo los dientes anteriores intentará calmarse mordiendo algo, mejor el chupe que el dedo.

Cuanto más tiempo esperemos por encima de los dos años para quitar el chupe o el dedo más resistencia habrá por parte del niño, ya que con el tiempo se refuerza el recurso del niño a ellos como forma de calmarse.

Una vez que decidimos quitar el chupe o en su caso el dedo, no resulta tan complicado como podríamos pensar.

De hecho puede hacerse sin que el niño llore en absoluto.

Quitar el chupe:

Si tenemos claro como funciona la mente del niño, algunas cosas no son tan complicadas.

Tened en cuenta que para un niño todo es nuevo, vive de adaptarse cada día a cosas nuevas.

Si queremos que deje el chupe simplemente hay que hacerle ver de alguna forma por sus propios medios que no tiene más remedio.

Si conseguimos esto lo dejará sin resistencia y sin que suponga para él un gran problema.

Simplemente se adaptará a la nueva situación como lo hace con otras muchas.

Método 1: Para ello el día que decidamos retirar el chupe hablamos con el niño y le decimos que como ya es mayor, si sigue cogiendo el chupe le van a salir bichos negros.

La segunda parte consiste en hacer que por sus propios medios compruebe que es cierto, para lo cual si nos pide el chupe antes de acostarse se lo daremos, recordándole lo que va a suceder: “le van a salir los bichos negros”.

Sin discutir más con él, le dejamos el chupe hasta que una vez dormido lo suelte.

Entonces lo cogemos y con una aguja y lana negra atravesamos la tetina del chupe y cortamos un trozo de lana, repitiendo 8 ó 10 veces la operación de modo que la tetina quede atravesada por los hilos de lana.

Cuando se despierte y vea su chupe, simplemente asumirá que tal como le dijisteis han salido los bichos negros.

Los hay más valientes, que se meten el chupe en la boca incluso con la lana.

En primer lugar no va a enfermar por eso, y en segundo lugar hay pocas cosas que provoquen más dentera que la lana en la boca, con lo que hay que tener realmente muchas ganas para aguantarlo.

Hay pues varias opciones: lo deja nada más verlo, lo prueba y lo deja por la dentera, o pide simplemente un chupe nuevo.

Si toma la 3ª opción, no hay que discutir con él, se lo dais pero advirtiéndole de que esta noche le va a pasar lo mismo.

Todavía no ha habido unos padres que hayan usado este sistema y me hayan dicho que han llegado al 3º chupe sin que el niño se dé por vencido.

Dejad a la vista los chupes con bichos, y si tenéis más quitadlos de su vista.

Y si pide el chupe, le ofrecéis el que tiene bichos siempre que lo pida.

Método 2: una de los mecanismos por los que “funciona” el chupe, es que al chuparlo haga vacío, el simple hecho de cortar por la mitad la tetina hace que el niño ya no lo quiera, pudiendo explicársele antes de acostarlo que como ya tienen dientes por ser mayor, rompe el chupe sin darse cuenta.

La operación la realizaremos igual, por la noche al dormirse, y se repetirá hasta que el niño se convenza de que volverá a pasar tantas veces como cambiemos el chupe.

Algunos aún cortado lo quieren: En ese caso, cada noche le cortamos un trocito a la tetina hasta que se quede sin ella, diciéndole que de noche lo muerde y se lo come sin darse cuenta.

Quitar el dedo.

Cuando es el dedo, el que se chupa suele tener un callo en la zona que coincide con los dientes al chupar.

En este caso podéis decirle que se ha hecho una herida y ponerle un esparadrapo liado.

El esparadrapo es mejor si es de los de toda la vida, el marrón que no hay quien despegue y que deja siempre restos de adhesivo al retirarlo.

Se cambiará por la mañana y por la noche durante un par de semanas, que suele ser el tiempo necesario para que el niño pierda la costumbre de chupárselo.

 

 

Hay gente que es alérgica a este esparadrapo, por lo que es evidente que si sabemos que nuestro hijo lo es no debéis usar este método.

Existe la posibilidad de que al tener ese dedo liado empiece a chuparse otro.

Si eso ocurre, liar también el otro.

En realidad no pasa nada si tenemos que llegar a liar los 10 dedos con esparadrapo.

Puede hacer su vida totalmente normal con sus 10 dedos liados.

Otros sistemas como echar productos en el dedo que le den mal gusto no suelen funcionar si el niño es suficientemente listo como para lavarle las manos, y en algunos casos acaba por gustarles el sabor o se quita tras chuparlo un rato.

El esparadrapo hace que el tacto sea áspero, tiene un sabor asqueroso, que no mejora al chuparlo un rato y si consigue quitarse el esparadrapo, lo veréis claramente y podéis volver a ponérselo inmediatamente.

Incluso si no os dais cuenta cuando se lo quite se quedan restos del pegamento que tienen el mismo mal sabor.

La limpieza de los dientes:

Otra cuestión referente a la salud de los dientes es la higiene.

Se recomienda que la boca se limpie tras la alimentación.

Cuando no hay dientes o son aún escasos, lo recomendable es usar una gasa mojada en agua.

Con ella limpiaremos suavemente la encía y las mejillas por dentro. No es preciso ser demasiado concienzudo, especialmente porque podemos provocar náuseas.

Hasta que aparecen los primeros dientes esta maniobra no es imprescindible.

Si conviene hacerla desde que aparecen centrándonos en eliminar los restos de comida de los dientes.

Desde que aparezcan las primeras muelas, resultará ya complicado realizar la limpieza de estos sólo con la gasa por lo que pueden empezar a usarse un cepillo de cerdas lo más blandas posibles y sin pasta de dientes.

La pasta de dientes suele recomendarse a partir de los 6 años, cuando aparece la dentición definitiva con la precaución de usar una cantidad mínima de la misma y siempre en pastas especiales para niños.

Una pasta dentífrica no es indicada para niños porque lo diga la etiqueta ni porque tenga dibujitos o un buen sabor sino en función de su concentración de flúor, que debe ser de menos de la mitad que la de adultos.

No debe usarse pasta de adultos hasta que el niño no tenga claro que no debe tragársela.

La razón es que si se traga la pasta y esta es rica en flúor pueden absorber cantidades superiores a las recomendables produciendo una acumulación excesiva en huesos y dientes.

Es la causa de algunas manchas que aparecen en los dientes a veces.

El cepillo debe ser siempre de cerdas blandas para evitar que un cepillado excesivamente enérgico dañe las encías y la parte más superficial de la raíz del diente.

Muchos niños y adultos se quejan de que se le calan los dientes con frío y calor y la razón es esta.

Quitar el pañal.

La edad para retirar el pañal suele ser entre los 2 y 3 años.

Dado que al principio se pueden producir algunos percances, es mejor que no suponga un problema el estar lavando y secando ropa con frecuencia ni el que el niño pase frío por mojarse, por lo que se recomienda que se inicie el proceso para retirar el pañal a principios del primer verano que el niño tenga ya cumplidos los 2 años.

Suele ser mucho más fácil que controlen las heces que la orina, pero es también más difícil que hagan las heces en su sitio.

Es decir, que los escapes durante el proceso suelen ser de orina, pero es frecuente que se estriñan al retirar el pañal porque no sean capaces de hacer deposiciones si no es con el pañal puesto.

El primer paso es el control diurno de la orina.

Para ello debemos conseguir antes de quitar el pañal que el niño nos avise cuando tenga ganas de orinar y que aguante hasta llegar al servicio y orine allí.

Se usa motivación y juego. “Vamos a ver si eres capaz de avisarme cada vez que tengas ganas de hacer, y si puedes aguantar hasta llegar al váter y hacer allí como los niños grandes.”

Cuando lo consigamos en la mayoría de las ocasiones, toca intentarlo con las heces.

Conviene que cuando vayamos ha iniciar esta segunda fase enriquezcamos la alimentación en fibra, para que el niño no retenga voluntariamente las heces más de lo deseable, ya que es muy frecuente la aparición de estreñimiento, e incluso fisuras anales en esta fase.

No debe retirarse el pañal “a las bravas”, esperando que así se retenga hasta llegar al servicio, ya que en muchos casos, como digo, retendrá no queriendo hacer en el servicio y acabando con un estreñimiento severo.

Si aparece, ver el capítulo sobre estreñimiento.

Higiene:

La higiene normal, ya desde el nacimiento consiste en el baño diario.

No se encoge bañándolo, no se resfría bañándolo.

Para evitar que se resfríen bañándolos lo que hay que impedir son los cambios bruscos de temperatura.

Si se baña en agua templada, en una habitación caldeada y se seca en cuanto sale del agua no tiene porqué resfriarse más que estando sentado en una silla.

En cuanto a los jabones de baño, no hay uno que sea el mejor.

Hay que usar jabones suaves porque si los usamos demasiado fuertes alteran el manto de grasa que protege la piel favoreciendo la aparición de irritaciones de tipo alérgico.

Con esa salvedad cada uno debe usar aquél que le vaya bien.

En los mayores además deben acostumbrarse a lavarse las manos antes de cualquier comida y como comentaba antes cepillarse los dientes y lavarse la cara después de cada comida.

Halitosis:

El mal aliento en los niños puedes estar causado por 3 razones fundamentalmente:

Infección por hongos: tienen la lengua con una capa cremosa blanca en su superficie y a veces con lesiones del mismo tipo en la cara interna de mejillas y labios.

Se quita tratando la infección.

Yo suelo recomendar limpiar lo que se pueda con un cepillo de dientes o una gasa mojada en agua con bicarbonato tras lo que se aplica una crema llamada Fungisdín gel oral tres veces al día.

Hipertrofia de anginas o vegetaciones: cuando un niño tiene anginas o vegetaciones grandes retiene el moco en la parte alta de la garganta y algunos además tienen unos huecos en las anginas donde se acumulan restos de comida.

Cuando los mocos y los restos de comida se pudren en esos huecos dan mal aliento.

La forma de eliminar ese moco y comida acumulados es hacer gárgaras, cosa difícil de conseguir en niños pequeños.

En los mayores haciendo gárgaras 1 ó 2 veces al día con cualquier colutorio tipo “oraldine” desaparece el mal aliento.

La causa más frecuente suele ser esta última: un deficiente cepillado de dientes o caries avanzadas.

En ambos casos se retienen restos de comida que se pudren dando el mal olor.

Se eliminan si tratamos las caries si las hay y cepillamos los dientes después de cada comida.

Fimosis.

Se considera que un niño tiene fimosis si la piel final del pene (prepucio), no puede retirarse dejando a la vista la mucosa (glande).

Hay distintos grados de fimosis, en los más severos suele recurrirse a operaciones de circuncisión.

En algunas civilizaciones esta operación se realiza por motivos rituales, pero hay quien la recomienda incluso de forma rutinaria en todos los varones por distintos motivos.

Parece ser que los circuncidados tienen menos problemas de eyaculación precoz cuando llegan a adultos.

Y se ha asociado una menor incidencia de cáncer de cuello de útero en mujeres que tienen relaciones sexuales con varones circuncidados que si no están circuncidados.

Por otro lado, si la naturaleza no lo ha eliminado, será que sirve para algo.

Es sin duda una protección para una zona muy sensible del cuerpo, pero esa protección la realiza hoy en día la ropa.

Sea de un modo u otro, cuando su abertura es demasiado estrecha si es claramente contraproducente, ya que por un lado favorece las infecciones por acumulación de secreciones (balanitis) y por otro puede resultar muy doloroso y dificultar las relaciones sexuales al dificultar la erección.

 

Por esa razón es frecuente que se operen en la adolescencia si el problema no se solucionó antes.

Si optamos por no circuncidar de entrada (opción que como he comentado puede tener sus ventajas), debería de empezar a plantearse seriamente solucionar el problema a partir de los 2-3 años, edad en que la mayoría han tenido tiempo suficiente para que la piel vaya separándose sola de la mucosa inferior.

Generalmente al nacer casi ningún niño tiene un prepucio que permita que lo retiremos totalmente.

Suele estar pegado a la mucosa que hay por debajo de modo que al tirar de él hacia arriba vemos sólo la salida del conducto urinario.

En unos más rápido y en otros más lentamente veremos que la piel va dando de sí, permitiendo que retiremos cada vez más.

Ni no se retira por completo, notamos que es como si a cierto nivel hubiese un anillo en el que están pegadas piel y mucosa no permitiéndonos retirar más allá.

Cuando van creciendo, en torno a los 2 años es frecuente que veamos a veces bultos por debajo de esa piel que no conseguimos retirar.

Es la forma que tiene la propia naturaleza de ir abriendo paso.

En el surco balano-prepucial, entre la piel y la mucosa, desaguan una serie de glándulas su secreción blanquecina que al acumularse va separando la piel y la mucosa desde dentro.

Llega el momento que esa acumulación alcanza el anillo que actuaba como límite no permitiéndonos retirar la piel y rompe esa adherencia en el anillo liberando esa secreción blanquecina y dejando un hueco en el anillo que ya no se cerrará.

En las demás zonas se irá acumulando secreción de igual forma y poco a poco se separarán por completo piel y mucosa.

Incluso cuando están separadas sin embargo puede persistir la fimosis, si lo que tenemos es una piel (prepucio) que en la porción de la punta es menos elástica de lo normal y no permite su retirada por no poder ensancharse.

En estos casos es cuando habitualmente se operaba de fimosis.

Cada vez sin embargo es menos frecuente que se haga ya que hoy en día hay cremas que ablandan la piel, haciéndola más elástica y siendo suficiente en algunos casos para solucionar el problema.

Cuando ni siquiera esto funciona y persiste la estrechez se recomienda la circuncisión (quitar el prepucio) antes de la adolescencia para evitar el dolor con las erecciones.

Y aún antes si hay infecciones con frecuencia por retención de secreciones entre la mucosa y la piel (balanitis).

Higiene en niñas:

Las niñas recién nacidas suelen plantear a los padres dudas sobre como se debe realizar la limpieza.

Por la forma de sus genitales, las infecciones de orina son mucho más frecuentes en niñas que en niños, debido a que la uretra (el conducto que lleva la orina desde la vejiga hasta el exterior) es mucho más corto, lo que hace que las infecciones accedan hasta la vejiga de la orina.

Además al hacer sus deposiciones es más fácil que queden restos de heces en los pliegues de los genitales femeninos que en los masculinos, y en las heces van la mayoría de los microbios causantes de infección de orina, con lo que si proliferan pueden desencadenar la infección.

 

Es poco menos que imposible evitar que estos microbios tengan contacto con los genitales femeninos, aunque limpiemos inmediatamente a la niña.

Lo que si podemos es no ser nosotros los que los acumulemos en los pliegues.

La salida de la orina en las niñas está entre los pliegues de los genitales, en la parte anterior.

Por eso, al limpiar debemos hacerlo siempre de adelante hacia atrás.

Si lo hacemos al revés traemos las heces con todos sus microbios hacia la salida de la orina, y por la misma forma de los pliegues quedarían restos acumulados justo sobre ella, facilitando las infecciones.

De hecho las dos edades en que aparecen las infecciones de orina con más frecuencia en niñas son los primeros meses si esto se hace mal y los 2-6 años, cuando las niñas empiezan a limpiarse ellas tras ir al servicio y lo hacen del modo que les resulta más cómodo, de atrás hacia delante.

Otra duda en este tema es si la grasa que blanca que cubre gran parte del cuerpo (vérmix) al nacer debe retirarse de esta zona.

La función de esta grasa es protectora de la piel que cubre mientras esta se adapta al ambiente exterior, por lo que al lavarla los primeros días no es preciso ser muy concienzudos.

Poco a poco se irá disolviendo arrastrada con la propia orina o el agua al lavarla, de modo que a partir de los 7-10 días aunque no la quitásemos desaparece por sí sola en casi todas las niñas.

Por tanto, no debe ser nuestro objetivo quitar esta grasa, pero si para retirar restos de heces arrastramos parte de ella no es un problema, siempre de adelante hacia atrás.

Otra cosa frecuente es la presencia de flujo gelatinoso blanquecino de la vagina desde el nacimiento.

Si no tiene grumos, su color es como decimos blanquecino y no huele mal, no tiene problema.

Si es distinto debe ser valorado por el pediatra.

También ocurre de vez en cuando que tras el nacimiento la niña tiene una secreción vaginal de sangre, como la regla.

De hecho es una regla desencadenada por las hormonas maternas que pasaron a la niña hasta el nacimiento.

Suele durar entre 2 y 4 días y no suele suponer un problema.