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Cómo saber si mi hijo tiene Intolerancia a la lactosa

La #Intolerancia a la #Lactosa es la incapacidad para digerir el azúcar de la leche. Sus #síntomas son: #Gases, #dolor…

Publicada por Mi Pediatra Online en Sábado, 1 de febrero de 2020

Intolerancia a la Lactosa: Comprende fácilmente en qué consiste este problema para digerir el azúcar de la leche y cómo puede resolverse en tu bebé.

¿Qué es la Intolerancia a la Lactosa?

Es la incapacidad para digerir la Lactosa.

¿Qué es la Lactosa?

La lactosa es el azúcar de la leche. Es lo que llamamos un disacárido. Es decir, que su molécula está formada en realidad por dos azúcares unidos: Una molécula de glucosa y otra de galactosa.

El intestino no puede absorber la molécula completa. Debemos partirla para que puedan entrar por separado glucosa y galactosa.

¿Qué es la Lactasa?

El encargado de romper la lactosa para que pueda ser asimilada es un enzima llamado Lactasa. 

Es algo que todas las crías de mamíferos deben tener capacidad de producir en su intestino.

Cuando no se produce suficiente Lactasa y tomamos Lactosa, aparece la intolerancia. 

En realidad la intolerancia a la Lactosa es la norma y no la excepción. Pero depende de la Genética.

En condiciones normales, llegada cierta edad, los mamíferos pierden la capacidad de producir lactasa. Esa edad en los seres humanos estaba entre los dos y los seis años.

Antes de que existiese la ganadería, los niños dejaban de consumir leche en ese rango de edad y por tanto dejaba de tener sentido la presencia de ese enzima en el intestino. La capacidad de seguir produciendo Lactasa tras la edad natural de lactancia es algo que apareció hace unos 10.000 años en las zonas donde los humanos realizaban ganadería de especies cuya leche era rica en lactosa. Por eso en las zonas de tradicional ganadería de vaca, como el norte de Europa o algunas razas ganaderas de vaca en África la intolerancia a la lactosa es algo muy raro. 

Sin embargo, la intolerancia a la lactosa es uno de los trastornos alimentarios más frecuentes, fuera de las zonas tradicionalmente ganaderas de vaca. En la zona mediterránea de Europa, donde está España, la leche consumida tradicionalmente fue de cabra y oveja, dos especies que liberan lactasa en su leche, por lo que aunque la persona no produzca lactasa suelen ser bien toleradas. Por eso en esta zona la intolerancia a la Lactosa puede llegar al 20-25 %. De hecho, yo mismo soy intolerante a la lactosa.

Hay razas en las que es raro y otras en las que es casi la norma.

Es casi normal por encima de los 4-6 años. Pero a veces ocurre incluso en bebés.

Si quieres saber si tú o tu bebé tenéis estos genes que predisponen a la intolerancia a la lactosa junto a otros muchos de otras patologías tienes a tu disposición análisis genéticos.

Síntomas de la Intolerancia a la Lactosa

Cuando alguien pierde la capacidad de digerir la lactosa y la toma aparecen una serie de reacciones poco agradables:

       Al no poder absorber la lactosa esta queda en el intestino sirviendo para que demasiadas bacterias se alimenten. Aumenta su número, lo que produce irritación en el intestino. Es lo que llamamos una Disbacteriosis.

       Estas bacterias fermentan la lactosa produciendo muchos gases. Lo que da a su vez más dolor abdominal.

       La fermentación de la lactosa produce ácido láctico, que vuelve las heces más irritantes al salir.

       Acaba produciendo una diarrea verdosa con dolor intenso e irritación de la piel en torno al ano.

Nada agradable. Cuando los mamíferos dejan de producir lactasa acaban rechazando la leche porque les sienta fatal.

Hace miles de años algunos seres humanos sufrieron mutaciones que les hicieron que siguieran produciendo lactasa más allá de la edad normal. En las razas ganaderas esto era una ventaja y la mutación fue extendiéndose hasta ser mayoría los adultos que toleran la lactosa en esas civilizaciones ganaderas.

Intolerancia a la Lactosa y Cólico del Lactante

Esta intolerancia es uno de los problemas que puede originar Cólico del Lactante en algunos bebés. Si deseas conocer los demás te recomiendo que visites nuestro Proyecto «Bebé sin Cólico».

Intolerancia Secundaria a la Lactosa

No todas las intolerancias a la lactosa son genéticas y definitivas.

La Lactasa se produce en la parte más superficial de la mucosa del intestino.

Si esta zona se pierde, la capacidad de digerir la lactosa puede alterarse de forma temporal. Cuando la pared intestinal se regenera recuperamos esa capacidad.

Las causas que con más frecuencia pueden llevar a una Intolerancia Secundaria a la Lactosa son:

  • Una infección del intestino. Cuando una gastroenteritis produce una diarrea intensa puede deteriorar la pared intestinal tanto que nos volvamos intolerantes a la lactosa. Una vez que incluso la infección ha cedido, la diarrea puede seguir porque si tomamos leche esta no pueda ser digerida y la intolerancia haga un círculo vicioso: Intolerancia-diarrea-intolerancia…
  • Otra intolerancia o alergia alimentaria. Cualquier intolerancia o alergia que afecte al intestino puede hacer que se pierda la capacidad de digerir la lactosa. Ya que al inflamar la pared puede causar que la zona donde se produce lactasa se pierda. Debemos sospechar que esto ocurre cuando tras retirar la lactosa hay una mejoría, pero sólo parcial. Suele significar que hay otro problema de base que no hemos resuelto.
  • Falta de hierro. Muchos bebés en torno a los 4-6 meses presentan una carencia de hierro. El hierro es necesario para regenerar la pared del intestino. Cuando éste falta podemos tener dificultades para que la zona más superficial, donde se produce la Lactasa se regenere adecuadamente. Puede aparecer una Intolerancia que mejora no eliminando la lactosa, sino aportando un suplemento de hierro.
  • Alteraciones de la Flora Intestinal. Ciertos gérmenes, como la Cándida Albicans pueden asentar en nuestro intestino y producen sustancias que irritan y dificultan el bienestar de la mucosa intestinal. Como consecuencia podemos desarrollar una intolerancia secundaria. Esto es fácil que ocurra tras una gastroenteritis agresiva, en la que la Flora intestinal se ha dañado mucho o tras tomar antibióticos, ya que los antibióticos eliminan la mayoría de los gérmenes del intestino, pero no a la Candida que es un hongo y resiste al efecto del antibiótico.

Si tienes alguna duda puedo resolvértela por WhatsApp en menos de 24 horas.

Qué hacer si sospechas que tu hijo tiene intolerancia a la lactosa

Depende de la edad y de qué se alimenta:

Lactancia Materna exclusiva.

En los niños que toman lactancia materna exclusiva sólo puede haber signos de intolerancia a la lactosa si el pecho se vacía mal.

En la leche que sale al principio hay mucha lactosa y poca lactasa.

Por lo que si se interrumpen las tomas, habitualmente por una indicación errónea de que la toma de cada pecho debe tener una duración limitada, puede haber una carencia de lactasa.

La solución es dejar que vacíe cada pecho hasta que no quiera más.

Cuando toma ya Lactancia artificial o Leche de vaca entera

Si toma leche artificial, ésta tiene lactosa. Pero no Lactasa.

Si el niño no la produce aparece la Intolerancia a la Lactosa.

La solución es darle una leche sin lactosa adecuada para su edad:

– Leche adaptada de inicio sin lactosa en los 6 primeros meses de vida.

– Leche adaptada de continuación sin lactosa entre los 6 meses y el año de vida.

– Leche entera de vaca sin lactosa por encima del año de vida.

Puede tomar yogur normal o queso normal. Debe evitar aquellos con lactosa añadida tras acabar la fermentación.

Además de retirar la Lactosa es importante…

Cuando retiramos la lactosa, si hay una clara mejora de los síntomas es que el niño tenía intolerancia a la lactosa.

Pero muchas de estas intolerancias son transitorias.

Por eso, yo recomiendo durante la fase sin lactosa (unas 2 semanas) ofrecer al niño:

– Un suplemento de hierro. Es necesario para reparar la pared del intestino.

Probióticos: Cuando eliminamos el recurso extra de lactosa que está manteniendo a una población excesiva e inadecuada de gérmenes en el intestino, debemos restablecer el equilibrio de la flora intestinal. Debemos añadir dos tipos de probióticos diferentes:

– Levaduras.

– Bifidobacterias y Lactobacilos.

Tras esas dos semanas sin lactosa y tomando hierro y probióticos, la mayoría de las intolerancias transitorias a la lactosa se han corregido y al reintroducir la lactosa ya es bien tolerada.

Estas intolerancias transitorias son más frecuentes en algunas personas. Por lo que siempre que veamos aparecer los síntomas típicos (diarrea ácida con gases y dolor abdominal) podemos repetir esta pauta para recuperar la tolerancia.

Intolerancia a la lactosa en niños y bebés

Diagnóstico de la intolerancia a la Lactosa.

La intolerancia a la lactosa, tanto si es definitiva como en las transitorias tiene una base genética que puede estudiarse mediante análisis.

Hay también analíticas como el test del hidrógeno espirado que pueden decirnos si en este momento el niño digiere o no la lactosa. Pero no diferencia entre la intolerancia transitoria y la definitiva.

También podemos retirar y reintroducir la lactosa cada vez que el niño tiene síntomas sugerentes (gases, ardores, diarrea ácida…).

Hay muchos casos en los que niños que han sufrido intolerancia transitoria tienen una limitación en su dieta que era innecesaria. Otros en los que arrastran los síntomas durante años, porque son leves o moderados, pero empeoran la calidad de vida del niño.

Lo único capaz de darnos un diagnóstico definitivo que nos dice si el bebé debe o no eliminar la lactosa de su dieta de forma definitiva es el test genético. Estamos en el siglo XXI y este recurso está disponible.

Por tanto, si tu hijo tiene síntomas sugerentes de intolerancia a la lactosa te recomiendo que pruebes a retirarla de su dieta. Si mejora claramente es que en este momento tiene esa intolerancia, puedes intentar recuperar la tolerancia con un suplemento de hierro y probióticos durante las dos semanas de dieta sin lactosa. Pero si quieres una respuesta definitiva sobre si la lactosa puede estar en su dieta sin problema o debes retirarla de por vida, la genética puede dártela.

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Leches Animales y Bebidas Vegetales en Alimentación Infantil

Diferencia entre leches animales y bebidas vegetales

Leches Animales y Bebidas Vegetales en Alimentación Infantil

No toda bebida blanca es leche. Hoy en día podemos escoger entre muchas opciones en nuestra alimentación. ¿Por qué las “leches vegetales” no son Leche?

Todos los bebés tienen una etapa inicial de su vida en la que se alimentan sólo con leche. Tras esa etapa de Lactancia Exclusiva se introduce la alimentación complementaria, pero la leche sigue representando un papel esencial en su alimentación al menos en los primeros años de vida.

¿Qué es la leche?

Según la Wikipedia: “La leche (en latín: lac, ‘leche’) es una secreción nutritiva de color blanquecino opaco producida por las células secretoras de las glándulas mamarias o mamas de las hembras de los mamíferos.

¿Existen las leches vegetales?

Según la misma Wikipedia:

”Las leches vegetales son suspensiones de material vegetal disuelto y desintegrado en agua, que tienen un aspecto similar a la leche de origen animal, pero no son productos lácteos.​ Se elaboran a partir de ciertas variedades de frutos secos, cereales, legumbres y otras semillas, extrayendo el material vegetal en agua, separando el líquido y formulando el producto final, generalmente con adición de ingredientes para permitir su conservación y mejorar su sabor y sus propiedades nutricionales. Aunque se publicitan como saludables y sanas, a fecha de 2018 no se han realizado suficientes investigaciones para comprender las implicaciones nutricionales de su consumo a corto y largo plazo. La mayoría de estas bebidas carecen del equilibrio nutricional de las leches animales, son bajas en proteínas, grasas, calorías, hierro, y algunas tienen contenidos de proteínas y calcio extremadamente bajos. 

Las leches vegetales no son un adecuado sustituto de la leche materna, de las fórmulas infantiles ni de la leche animal en los primeros dos años de vida.

Con el objetivo de no confundir al consumidor, en los países de la Unión Europea desde 2013 la legislación prohíbe el uso de la palabra «leche» para designar las bebidas vegetales. (Reglamento (UE) Nº 1308/2013 del Parlamento Europeo y del Consejo de 17 de diciembre de 2013. L 347/814)”

La mejor leche es la Materna.

Cada especie animal produce leche optimizada durante todo su proceso evolutivo para el desarrollo de sus crías. De modo que la mejor leche para los bebés es la Leche de su Madre.

Esta leche materna suple las necesidades del bebé durante los primeros meses de vida. Y cuando necesite una alimentación más variada seguirá siendo la mejor leche que puede tomar mientras la madre y el niño quieran prolongar esa lactancia.

Cuando no se dispone de leche materna.

Como mamíferos necesitamos la leche en la alimentación de nuestros bebés. Cuando la mejor posible, que es la materna, no está disponible el bebé necesita un sustituto que cubra sus necesidades nutricionales lo mejor posible, aunque nunca lo hará tan bien como la original.

La primera aproximación lógica es buscar productos naturales “parecidos” a la leche humana.

Aquí aparecen las leches de otros mamíferos, que están diseñadas para sus crías, no para las humanas, pero reúnen algunas características comunes. Como la leche de cada especie tiene variaciones importantes, cuando tenemos que alimentar a un bebé con una leche no humana hay que modificarla para adaptarla lo más posible a la composición de la leche materna.

Otra limitación es la tolerancia. Los bebés no tienen capacidad para digerir la leche de otros animales si no modificamos su composición, pudiendo aparecer intolerancias y alergias importantes si las tomasen en su forma original. Hasta tal punto que la alergia a proteínas de la leche animal es una de las más frecuentes en los bebés. Por lo que debemos comprobar cuál es la forma en la que deben presentarse esas proteínas para ser toleradas por los niños.

Así se hacen las Fórmulas Infantiles. Adaptando la leche de otros mamíferos a la tolerancia y nutrición adecuada para los bebés.

Esta tarea es más importante cuanto menor sea la edad, ya que si va a constituir su única fuente de nutrientes es mucho más delicado que cuando sea un alimento esencial pero parte de una dieta completa. Por eso son más estrictas en los primeros meses de vida donde sólo toma leche, algo menores hasta los 12-18 meses cuando sigue siendo un elemento muy importante de la alimentación y por encima de esta edad pueden tomar los productos alternativos incluso sin modificación.

Para que un producto sea comercializado en Europa destinado a bebés menores de 12-18 meses debe demostrar que puede cubrir las necesidades mínimas del bebé y ser adecuadamente tolerado. Esto lo comprueba la EFSA (Agencia Europea de Seguridad Alimentaria).

En la actualidad la EFSA acepta que sirvan de base para Fórmulas Infantiles la leche de vaca y la de cabra. Son dos leches animales que han demostrado que cumplen los requerimientos: Aportan nutrientes que cubran las necesidades del bebé y pueden ser adaptadas para que se toleren bien.

Ante la frecuencia de las alergias a las proteínas de la leche animal se pensó en ofrecer alternativas diferentes como las Bebidas Vegetales. Su problema es que no eliminan el problema de la alergia, ya que también se pueden generar alergias a las proteínas vegetales (la alergia a la soja puede ser mucho peor que a las proteínas de la leche), y su composición no se parece en prácticamente nada a la Leche. Se puede hacer un esfuerzo de diseño para adaptarlas en muchos de sus parámetros, de forma que en bebés que no pueden tomar leche materna y tienen alergia a las proteínas de la leche animal, se dispone de Sustitutos diseñados desde el arroz o la soja.

Comparativa de las opciones para bebés en los primeros 12-18 meses.

Si tienes que ofrecer un sustituto de algo en nutrición, lo ideal es buscar otro producto natural, lo menos modificado posible que se adapte a esa función, ya que toda modificación desvirtúa al producto natural, pudiendo degradar nutrientes que conviene mantener.

Nuestra capacidad técnica cada vez es mayor y podemos hacer modificaciones de todo aquello que conozcamos que debe cambiarse. En esto el avance es constante, pero cuantas menos modificaciones necesite el producto original para cumplir su función mejor, porque será más natural.

De entrada, que un producto necesite más cambios conocidos, implica que posiblemente tenga más diferencias desconocidas y que por lo tanto está más lejos de la solución óptima (que sería la leche materna).

Modificación fórmula infantil cabra vaca

En ese sentido podemos establecer una escala clara. Por orden de más simple a más complejo, el proceso de adaptación que necesitamos para generar un producto para bebés que cumpla mínimamente su función según el punto de partida es:

  • Leche Materna. Tal cual, directa al bebé desde su envase natural. Sin modificación alguna. La mejor e inigualable.
  • Leche de Vaca. Es la más usada por ser la más accesible. Su proceso de adaptación es más complejo que con la leche de cabra, pero mucho menor que con las de origen vegetal. Precisa separar el suero de la leche, procesar las proteínas para hacerlas más digeribles y menos alergénicas; equilibrar otros componentes para adecuar las proporciones a las de la leche materna y cambiar el ácido palmítico en su forma original por otra más digerible.
  • Leche de Cabra. Por su modo de secreción y su composición es la más parecida de las 3 siguientes a la leche materna. Por lo que el proceso de modificación para ofrecerla a un bebé es muy simple: Se deshidrata para convertirla en leche en polvo y se añaden algunos nutrientes deficitarios. Esta adaptación es más simple porque los principales problemas de tolerancia que pueden surgir con esta leche son menores que con otras opciones:
    • Alergia a proteínas. La proteína presente en la leche animal que más alergias causa es la S1 Caseína. La leche de cabra contiene 20 veces menos que la de vaca.
    • Intolerancia a la lactosa. La leche de cabra contiene lactasa, como la humana. Lo que implica que aunque un niño no produzca lactasa no aparecen síntomas de intolerancia, ya que la lactosa va digerida por un encima que está presente en la propia leche. La leche de vaca tiene lactosa, pero no lactasa, por lo que si el niño no la produce no puede digerirla y aparecen los síntomas de intolerancia.
    • La grasa de la leche de cabra es más digerible evitando problemas como estreñimiento y reflujo más frecuente con la de vaca.
  • Productos vegetales como Arroz o Soja. No tienen nada que ver con la Leche. Por ello el proceso de adaptación es mucho más complejo. Son la opción que implica una labor de diseño más artificial. Puede ser la alternativa para aquellos en que no hay leche materna y las de origen animal no son toleradas.

Por encima de los 12-18 meses.

Son niños de edad superior en los que la leche ya es uno más de los productos de la dieta y su madurez digestiva se considera completa.

Ésta supera en duración los 12-18 meses, porque la leche sigue aportando elementos esenciales a la dieta del niño como:

– Calcio y Vitamina D necesarias para la formación del esqueleto.

– Proteínas de alta calidad para el crecimiento.

– Grasas de alta calidad para la formación de masa cerebral.

Las bebidas vegetales pueden aportar el Calcio y la Vitamina D, pero las proteínas y grasas de alta calidad no están en esta alternativa. Por eso la leche materna o en su defecto leches animales son recomendables durante los primeros años de vida, pero las bebidas vegetales claramente son insuficientes para cubrir las necesidades de un niño en crecimiento.