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Nacimiento de un hermano y celos

Los celos tras el nacimiento de un hermano son una de las preocupaciones que todos los padres tienen cuando esperan su segundo hijo.

Ante esta situación surgen muchas preguntas, centradas casi siempre en cómo afectará al mayor:

¿Cómo se lo tomará el hermano mayor?

¿Qué podemos hacer para que sea algo lo más positivo posible para él?

¿Le traerá el mayor todos los bichitos habidos y por haber del colegio?

¿Cómo se lo tomará el hermano mayor?

Las estadísticas dicen que la mayoría de los hermanos mayores tienen unos 2-3 años cuando nace el segundo hijo.

Ya de por sí esa edad es complicada: Los terribles dos años. Son muchos cambios: Dejar el pañal, escolarización, en muchos casos destete. Es la edad del “no”, las rabietas, el pegar…

Para algunos un nuevo hermanito puede ser la gota que colma el vaso.

Pero en la práctica, depende de cada familia y de la personalidad de cada niño. Nada garantiza que otra edad sea más adecuada para planificar la llegada de un hermano.

¿Qué podemos hacer para que sea algo lo más positivo posible para él?

Especialmente en los niños que tienen un vínculo mucho más fuerte con su madre que con su padre, desde que conocemos que va a venir un hermanito, conviene que el padre empiece a ganar protagonismo. Pensad que el día tiene las horas que tiene, y por fuerza la madre va a tener que dedicar más tiempo al recién nacido. Con los niños de esta edad la mejor forma de que el padre llene ese hueco es darle más juego al niño. Y lo recomendable es que esto empiece mucho antes de la llegada del hermano.

Hablad con los familiares, especialmente con los que mejor se llevan con el hermano mayor, para que cuando vayan a casa tras el nacimiento del nuevo bebé, se centren especialmente en prestar atención al mayor.

Implicad al mayor en el cuidado del pequeño, de forma que cuando tenemos que atenderlo el mayor colabore sintiéndose protagonista de la situación.

Si tiene una edad en la que ya muestra sus preferencias (escoge ropa que ponerse, actividades de ocio…) concedédselas en la medida de lo que sea razonable. Y explicarle que lo hacemos porque él ya es mayor. Que vea las ventajas de su condición.

Es frecuente que niños que ya controlaban el pipí o la caca dejen de hacerlo con la llegada de un hermanito, o que duerman y coman peor…

Si ocurre, intentad actuar de forma calmada y no le deis mucha importancia al tema. Debéis entender que el niño mantendrá esas conductas en la medida que se le premie por hacerlas. Y en esta situación regañar a un niño es prestarle atención, es decir premiarlo.

Está claro que cuando algo de lo anterior ocurre es que el niño se siente desatendido (lo que no siempre está justificado, pero él lo siente así). Lo que debéis hacer es tomar nota: No prestar importancia a esas conductas, pero dedicadle más atención fuera de esos momentos. De forma que se sienta más atendido, pero no piense que lo es por hacer la conducta “mala”.

¿Le traerá el mayor todos los bichitos habidos y por haber del colegio?

Sí. La mayoría de los hijos únicos no empiezan a ponerse malitos con frecuencia hasta que se escolarizan. El primer año de escolarización suele ser de pillar una tras otra.

¿Y los segundos? Pues como esa primera racha mala del hermano mayor suele coincidir con el nacimiento del segundo, no es raro que empiecen a enfermar antes. Le traen el trabajo a casa.

Ante eso, muchos padres se agobian e intentan mantener al mayor alejado del pequeño. Os aclaro una cuantas cuestiones:

  1. Los virus tienen más capacidad de contagio que nosotros de alejar al hermano mayor. Si tiene que pillarlo, lo va a pillar, aunque no le tosa en la cara.
  2. Los primeros cuatro meses de vida la mayoría de los niños pequeños no enferman, y no lo hacen porque tienen los anticuerpos que su madre les ha pasado durante el embarazo. Si es un germen contra el que la madre no tiene defensas, seguramente la madre lo va a pillar ella también del hermano mayor y será la madre la que acabe contagiándolo al pequeño. Con lo que separar al mayor del pequeño en enfermedades contra las que la madre tiene defensas es innecesario, y en las que la madre no está inmunizada es inútil.
  3. Que empiece a enfermar antes también significa que cuando empiece la escolarización el niño pequeño estará ya más inmunizado y tendrá menos infecciones.
  4. Alejar al hermano mayor del pequeño, por evitar infecciones o porque no nos fiemos de sus reacciones es la mejor forma de que el mayor vea al pequeño de forma negativa y no lo asimile como algo natural en su vida.
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El Nacimiento

EL NACIMIENTO

Una descripción de los cambios que sufre un bebé en el momento del nacimiento.


Si eres impresionable no leas esto hasta después de que nazca tu hijo.

 

El nacimiento es uno de los momentos de más estrés de nuestra vida.

El cambio que un recién nacido sufre es radical.

Para poneros en su lugar piensa un momento que fueras él:

“Dentro del útero de tu madre, estás en un ambiente con una temperatura de treinta y tantos grados de forma continua. Aún suponiendo que tu madre tuviese fiebre no variaría más de 3 ó 4 grados arriba o abajo en los 9 meses de embarazo. No tienes que hacer nada para mantener la temperatura de tu cuerpo, puesto que es la misma del ambiente que te rodea.

Tienes una humedad del 100%, es decir, estás sumergido en líquido, un líquido que además de tener esa misma temperatura continua, amortigua los sonidos y los movimientos. Ahí dentro todo es suave, fluido y oleaginoso.

No necesitas respirar. El oxigeno que precisas y el dióxido de carbono que te sobra entran y salen respectivamente por los vasos sanguíneos de tu cordón y la placenta se encarga de hacer el intercambio al tiempo que elimina las impurezas de tu sangre y te aporta todos los nutrientes necesarios, por lo que tampoco comes ni sientes hambre.

No hay nada extraño, todo lo que tiene contacto contigo es parte de ti mismo (las células de la placenta y la bolsa que te rodea son genéticamente parte de ti).

Ni hay alergias ni infecciones.

Tu único entretenimiento es crecer y desarrollarte. Es el paraíso.

Un día, algo que te rodea, que ni siquiera sabías que existiese, empieza a comprimirte.

Al principio es algo incómodo y ocasional, sólo has notado que cada vez tienes menos espacio para moverte y de vez en cuando una pequeña sacudida.

Pero poco a poco el líquido que te rodeaba es cada vez más escaso y sientes que esa fuerza que te empuja te va encajando en un hueco aún más estrecho.

Llevabas un tiempo ya notando otra cosa extraña, una incomodidad rara, como si ya no te llegase todo el alimento que necesitas.

Y de repente esas contracciones empiezan a ser mucho más continuas, te van empujando no sabes hacia donde y no puedes hacer nada para resistirte.

Por si no fuese suficiente con los empujones parece haber otro espabilado que al lado contrario tira y tira de ti, más fuerte aún que los empujones. A veces tan fuerte que te rompe una clavícula.

Pasas por un hueco tan estrecho que nunca hubieses pensado que fuese posible. De hecho te han dado una paliza descomunal, y si no lo creen que te miren la cara, la traes hinchada y en muchos casos con morados por todas partes.

Tú no sabes lo que pasa, pero estás fuera.

El cambio es TAN intenso y TAN brusco que vas a tardar meses en llegar a ser totalmente consciente de ello.

Cuando estabas dentro del útero eras todo el universo.

Todo lo que tocabas a tu alrededor eras tú y aunque a veces notabas movimiento o sonidos estos estaban tan amortiguados y te afectaban tan poco que podías ignorarlos.

Durante los primeros meses fuera del útero seguirás pensando que todo lo que te rodea es parte de ti.

De hecho cuando algo de lo que te rodea no reaccione como esperas no entenderás porqué y te enfadarás y llorarás con frecuencia por tu frustración.

Pero eso será en los próximos meses, en este momento tienes problemas más inmediatos.

Para empezar hace un frío horrible. Luego dirán que se han esforzado en que haya buena temperatura, pero es que eso para los que viven fuera son 25 o como mucho 30º. Dicen que más de eso es un calor que no hay quien lo aguante.

¿Cómo que no? Si tú llevas nueve meses en los que cuando hacia fresquito a lo mejor estabas a 37º y eso muy de vez en cuando.

Serán hijos de…. Hechas de menos no saber tacos aún.

Pero encima notas una necesidad imperiosa de hacer algo que no habías hecho nunca: respirar.

No sabes que está pasando, pero te estás ahogando.

De nuevo echas de menos los tacos. ¡Pues no te han sacado a un sitio en el que encima no te llega aire por el cordón como siempre¡

¡Y encima ése¡ ¿Qué hace? ¿No será capaz de poner una pinza en el cordón? Pues no, no poco, y por si intento quitarme la pinza va a cortarlo. Será… (Censurado, porque aún siendo educado y el más tímido de los bebés a estas alturas se está literalmente cagando en todos los de fuera y en su perra suerte como mínimo).

Total, que afortunadamente dentro de tu desgracia parece que hay algo que es tu instinto que te dice que a lo mejor si lloras te dejan en paz.

Así que eso, lloras, porque si no, siempre hay algún otro que se ofrece a espabilarte como sea.

Y tú: “oye que la paliza ya me la han dado antes”.

Sea antes o después de la nueva sesión lloras y ves que se te pasa la necesidad tan acuciante que tenías de oxígeno.

Pues va a resultar que aquí fuera también te las apañas, y sin cordón.

Pero es más incómodo porque tienes que hacerlo tú y si dejas de hacerlo un rato te ahogas otra vez.

¿No te ahogarás cuando te duermas? Después de un rato empiezas a respirar ya sin darte cuenta, como automáticamente. Menos mal.

Menos mal también porque al parecer tu cuerpo sabe qué hacer y una serie de agujeros de tu corazón por los que pasaba la sangre dirigiéndose hacia la placenta a coger aire y comida y luego distribuían la sangre por todo el cuerpo se están cerrando y como por arte de magia, mira tú, justo los que se quedan abiertos son los que necesitas para que la sangre vaya a los pulmones a coger el aire, al intestino y el hígado a coger el alimento y de allí se repartan por todo el cuerpo.

Es que pareces listo con lo canijo que eres.

Pero sigue haciendo frío. Tanto que tienes la piel morada. Conforme vayas respirando y acostumbrándote a la temperatura la piel se pondrá más colorada.

Lo último en pillar color serán los labios, las manos y los pies. Pero si baja la temperatura se te amoratarán enseguida.

Como estabas en líquido, al respirar al principio hay secreciones (flemas) que no te dejan que entre bien el aire. Alguien te mete  entonces una cosa por la nariz y la boca. Es muy desagradable y casi vomitas pero parece que ha quitado las secreciones y puedes respirar mejor.

La luz es fortísima y no consigues ver nada.

Los ruidos son fuertes como nunca hubieras imaginado y todo es áspero.

Te han puesto bajo un foco y parece que da calor. Ya tienes un color normal y le vas pillando el tranquillo a eso de respirar.

Estás agotado.

Te quedas dormido.

Ha pasado un rato y empiezas a notarte incómodo, te falta algo. Haces repaso: frío parece que no hace tanto, respirar estás respirando, ¿que será?

Como no das con lo que es, te enfadas y vuelves a llorar al comprobar que tu universo ha cambiado y que ya no lo controlas todo. Antes nada te alteraba.

Si te faltaba algo, no sabías como pero se resolvía. Ahora notas incomodidades para todo y no sabes como resolverlas, así que haces lo que haría cualquiera. Lloras de impotencia.

Y entonces alguien te coge. No sabes porqué pero te resulta familiar. Será el olor, el ruido de los latidos de su corazón, tal vez su voz. El caso es que por alguna extraña razón te recuerda un mundo en el que estabas hace poco y te sientes seguro.

Algo te toca en la cara, cerca de la boca. Invita a ser tomado. Huele bien, es húmedo y suave y al probarlo sabe bien.

Entra en tu boca, no sabes si eres tú quien la busca o entra por iniciativa propia, el tema es que tu boca, por puro reflejo, la chupa y alucinas.

Suelta algo, no sabes lo que es. Un líquido con el que casi te atragantas, pero parece que sabe seguir su camino de forma que puedes respirar y por alguna razón su sabor te gusta y te resulta agradable seguir chupando.

Esa sensación desagradable que tenías va desapareciendo. Además está calentito. No sabes qué o quién será pero sientes que te vas a llevar bien con Ella”.

Hagamos un repaso.

En pocas horas un recién nacido pasa de estar en una situación en la que tiene todas sus necesidades cubiertas, en un ambiente totalmente estabilizado, sin contacto con sustancias ni seres extraños a tener que respirar o se ahoga, cambia el circuito de la circulación sanguínea, tener que comer o sufrir hambre y un ambiente de lo más agresivo en el que pierdes calor, pierdes humedad, todo es áspero, son materiales extraños y empiezan a colonizarte millones de seres microscópicos, algunos de los cuales intentarán producir una infección.

De cada una de las adaptaciones anteriores surgen los problemas que un recién nacido puede tener en las primeras horas de vida:

La respiración supone que en cuestión de segundos un órgano que hasta entonces no había servido para prácticamente nada, empiece a funcionar a plena capacidad.

Los pulmones estaban colapsados, eran como un racimo de globos cerrados, y en segundos tienes que abrirlos todos. Al hacerlo arrastran hacia su interior parte del líquido que estaba ocupando las vías respiratorias.

Si es poca cantidad y va limpio se irá reabsorbiendo en las primeras horas de vida sin problemas.

Pero a veces es demasiado, o los pulmones no consiguen abrirse del todo, o antes del parto, por un exceso de estrés el niño ha hecho caca en el líquido antes de salir y lo ha manchado con meconio (las heces que hace los primeros días de color negro verdoso).

Lo primero, el exceso de secreciones en el árbol respiratorio suele ceder en cuestión de horas o pocos días en los que suele necesitar un mayor aporte de oxígeno y alguna que otra medida de apoyo.

El caso de los pulmones que no consiguen abrirse del todo es más frecuente cuanto más prematuro es el recién nacido, debido a que en las últimas etapas del embarazo los pulmones producen una sustancia llamada surfactante que facilita que las paredes de los pequeños sacos (alvéolos) en los que se produce el intercambio de gases no se queden pegadas.

Si un niño nace antes de que haya la cantidad necesaria de esa sustancia muchos de los alvéolos quedarán colapsados.

En algunos casos se usa un sustituto de esa sustancia para paliar el problema.

En otros puede suponer un esfuerzo tan importante el abrir esos alvéolos colapsados en cada respiración que será necesario mantener al recién nacido con respiración mecánica para evitar que se agote.

El último caso da lugar a lo que llamamos síndrome de aspiración meconial.

Generalmente tras el parto, el estrés sufrido hace que el recién nacido efectúe su primera defecación.

Esta primera y las siguientes serán de un color negro verdoso.

Son deposiciones compuestas casi exclusivamente por secreciones intestinales de las que el principal componente son las secreciones biliares, que dan el color a estas heces.

Mientras las deposiciones tienen esas características reciben el nombre de meconio.

A veces si el estrés que el feto sufre es excesivo antes de salir, puede hacer una primera deposición en el interior del útero.

El meconio se mezclará con el líquido que envuelve al niño (líquido amniótico) y puede ser aspirado en el momento del nacimiento hacia el interior de los pulmones.

Este meconio es una sustancia muy agresiva en las vías respiratorias, inflamándolas, lo que dificulta la respiración y favoreciendo las infecciones.

Cuando esto sucede suelen precisar ayuda respiratoria (respiración mecánica), tratamiento antibiótico para evitar las infecciones y a veces control en una unidad de cuidados intensivos durante los primeros días de vida.

La oxigenación por medio de los pulmones, la alimentación por vía digestiva y la desaparición de la placenta que realizaba ambas funciones determinan que el circuito de circulación sanguínea cambie por completo.

Antes del nacimiento el corazón debía enviar la sangre a la placenta para recibir el oxígeno y los nutrientes y eliminar el dióxido de carbono y las demás impurezas resultantes del metabolismo.

El pulmón era un órgano más a mantener vivo y en desarrollo pero no el responsable de oxigenar toda la sangre del organismo.

Las arterias pulmonares que le llevan la sangre antes del nacimiento, son las mismas que lo tendrán que hacer después con un volumen mucho mayor, con la diferencia de que antes del nacimiento es esta sangre la que debe llevar el oxígeno que necesita el pulmón.

Para ello lo recibe por mezcla con la sangre que procede de la placenta a través de unos orificios abiertos en las separaciones internas del corazón y por un cortocircuito entre las dos arterias que salen del corazón (la aorta y la pulmonar).

Si estas conexiones permanecen abiertas tras el nacimiento, se oyen unos ruidos anormales en los latidos (soplos), que nos están diciendo que esta adaptación no se ha producido del modo adecuado.

Algunos de ellos no tienen repercusión en el riego y oxigenación correcto del organismo (soplos sin repercusión hemodinámica) pero otros pueden dificultarlos seriamente (soplos con repercusión hemodinámica).

El cierre de estas conexiones se produce a veces de modo gradual durante los primeros días de vida por lo que durante este período es posible que se detecten soplos que desaparecen en poco tiempo, no teniendo repercusiones serias.

En otros casos existen malformaciones graves en el corazón o los principales vasos sanguíneos que no impidieron el correcto desarrollo del organismo mientras funcionaba la placenta y estaban abiertas las conexiones fetales pero que hacen incompatible el correcto riego sanguíneo del organismo una vez se cierran éstas.

Cuando sucede el cierre de las conexiones, a veces días después del nacimiento, se produce un empeoramiento claro del niño en cuestión de minutos con palidez de piel que puede llegar a ponerse azulada y un marcado decaimiento. Si esto ocurre debe ser visto por un pediatra de forma inmediata.

En cuanto al hambre. Mientras el niño se alimentó en el interior de su madre a través de la placenta era como si tuviese un suero cogido al ombligo y por él le fuésemos pasando toda la alimentación necesaria.

En el momento que nace, se cierra el grifo.

A partir de ese momento su cuerpo tiene que acostumbrarse a abastecerse a partir de sus reservas y cuando estas empiezan a agotarse pedir comida y asimilarla.

Es un cambio radical. Tan radical que los primeros días tras el nacimiento tiene mucha facilidad para que los niveles de azúcar en sangre bajen.

Por ello, estos primeros días, no debe dejarse a un niño sin comer demasiadas horas. De hecho la mayoría de ellos se encargan de que sea así, exigiendo con el llanto que se les dé de comer cada 2 ó 3 horas como mucho.

Son como un coche con el depósito de combustible pequeño. Pide pequeñas cantidades de forma continua.

Poco a poco su estómago aumentará de tamaño y su hígado regulará cada vez mejor los niveles de nutrientes en sangre hasta que en torno a las 2 semanas de vida ya los controle perfectamente.

Desde ese momento veremos que las tomas van espaciándose en el tiempo al ritmo que aumenta la cantidad que come en cada toma y si una noche por fin duerme del tirón 6 ó 7 horas, habrá que agradecerlo y descansar.

Otro aspecto es el mantenimiento de la temperatura corporal.

Los seres humanos para el buen funcionamiento de nuestro metabolismo precisamos una temperatura estable entre los 35 y los 37º.

Una disminución por debajo de esas cifras enlentece nuestra actividad vital y dificulta el normal funcionamiento del organismo. Es lo que llamamos una hipotermia.

Los recién nacidos que son abandonados de cuando en cuando en cubos de basura y similares mueren de hipotermia al agotar sus reservas de energía si no son rescatados antes. Son especialmente proclives a sufrirlas por su escasa capa de grasa y porque su superficie corporal es mayor en relación a su peso de lo que lo será en cualquier otra edad.

Para reducir el esfuerzo que debe realizar el recién nacido para mantener su temperatura al principio se recomienda abrigar bien a los niños y mantenerlos en un ambiente cálido y con cambios de temperatura lo más suaves posibles.

Abrigarlos bien quiere decir, durante los primeros días de vida 2 capas de ropa más que los adultos que haya a su alrededor.

A partir del mes y hasta los 3 meses de edad una capa de ropa más.

Y a partir de los 3 meses las mismas capas de ropa que los adultos que le rodean.

Al nacer la propia naturaleza ha previsto un sistema para proteger al cuerpo contra la pérdida de calor. Es una grasa blanquecina que cubre el cuerpo del niño cuando nace (vérmix) que es más abundante cuanto más prematuro sea el niño, protegiendo mejor así cuanto más fina es su piel.

En la reanimación se seca al niño pero intentando no retirar esa grasa que le protege del frío, pero también de las infecciones.

Al igual que pierden calor, pierden mucho líquido a través de una piel y unas mucosas que hasta entonces habían estado permanentemente hidratadas (sumergidas en líquido amniótico).

El efecto en la piel es la descamación durante los primeros días, que en algunos niños llega a ser de todo el cuerpo y muy llamativa. Conviene hidratarles la piel con lociones corporales (Sebamed, Leti-AT-4, Mustela…).

Lo mismo que se seca la piel se secan las mucosas (nariz, garganta) dando como resultado una congestión nasal con estornudos y poca tos, pero sin moqueo, que a veces los padres confunden con un resfriado.

Mejora con hidratar un poco la mucosa echando un par de gotas de suero fisiológico en los orificios nasales y aspirándolo después. A veces mejoran también poniendo una fuente de humedad en la habitación.

Por último, otra gran novedad para el organismo, es descubrir que el mundo está lleno de seres y sustancias extrañas.

Algunas de ellas agresivas, capaces de producir alergias e infecciones.

Hasta el nacimiento el sistema inmunitario de la madre había establecido un cerco en torno al feto que hacía casi innecesario que actuase él, pero desde que nació, a excepción de los anticuerpos heredados de la madre, que no es poco, todo aquello con lo que tiene contacto (y son miles de microbios y sustancias) tienen que ser sobre la marcha catalogados como algo inocuo o algo peligroso y activar el sistema inmunitario en su contra o ignorarlo.

De ello puede depender su supervivencia. Tan perjudicial resultaría desencadenar una reacción contra algo que nos rodea por todas partes produciendo una alergia como no reaccionar ante un microorganismo capaz de producir una infección grave.

El resultado es que en los primeros días aparece una reacción alérgica más o menos intensa en muchos niños (exantema toxoalérgico) por reacción a ropa, colorantes, detergentes… con los que nunca había tenido contacto su piel, que suele ceder antes de los 10-15 días de vida sin necesidad de tratamiento.

En el extremo contrario están las infecciones neonatales.

Infecciones generalizadas (sepsis) y meningitis son más frecuentes y más graves en las primeras semanas de vida.

Por lo que en algunos casos es preciso analizar y mantener en observación o incluso tratar preventivamente a los niños ante ciertas situaciones de riesgo que pueden favorecer estas infecciones, como por ejemplo una rotura de aguas de la madre más de 24 horas antes del parto, fiebre de la madre durante el parto o la presencia de un microorganismo en la flora vaginal de la madre (el estreptococo beta galactiae) que es el causante de infecciones neonatales más frecuentes.

Todos estos cambios y la adaptación a su nuevo ambiente se van completando en las primeras semanas, considerándose período neonatal el primer mes de vida.

Es el período en el que suelen dar la cara la mayoría de los problemas congénitos: infecciones, malformaciones, alteraciones metabólicas, tumores neonatales… responsables de la mayor parte de las muertes infantiles.

Superando ese primer mes de vida sin que aparezcan estas patologías la esperanza de vida del niño aumenta de forma vertiginosa conforme va pasando el tiempo.

Una vez explicado todo este proceso es más fácil entender todo lo que habitualmente el pediatra que atienda a su hijo va a hacerle para ayudar en su adaptación a este mundo:

Nada más nacer aspira las secreciones que quedan en su vía respiratoria tras lo cual si no ha empezado a respirar, le estimula para que lo haga.

Interesa que llore para que abra la mayor parte posible de los pulmones al paso de aire.

En aquellos casos en los que por sufrimiento durante el parto el niño halla hecho caca en el líquido que le rodeaba se aspira todo lo posible antes de estimular el llanto para evitar así que este líquido sucio (que es muy irritante para los pulmones) entre más.

En algunas ocasiones se aporta además oxígeno si le cuesta recuperarse.

Todo esto se realiza en una cuna con un foco de calor sobre ella para evitar que se enfríe demasiado, al tiempo que se va secando sin quitar en lo posible la grasa que protege su piel.

A veces, si lo ha pasado mal durante la salida se necesitan otras medidas para conseguir reanimarlo.

Una vez que ya se ha reanimado, se le suelen poner dos pinchazos en los muslos.

Son inyecciones intramusculares, por lo que se ponen en el muslo por ser el músculo más voluminoso tras el nacimiento.

Una es la primera dosis de la Vacuna de Hepatitis B. Una infección que si sufre la madre puede transmitir a su hijo al nacer.

La otra es vitamina K que sirve para evitar los primeros días de vida hemorragias que pueden ser frecuentes en los recién nacidos por su falta de esta vitamina.

Además se aplican unas gotas o una pomada en los ojos del recién nacido.

Es una prevención para evitar una infección que los niños pueden sufrir en los ojos al pasar por la vagina de la madre.

En cuanto el niño haya abierto suficientemente sus pulmones y eliminado las secreciones de la vía respiratoria podrá empezar a comer.

En algunos casos en los que haya un mayor riesgo de padecer infección (por ejemplo si la madre tuvo fiebre durante el parto o rompió aguas mucho antes del parto) habrá que realizar analíticas que nos indiquen si se ha infectado o no.

También pueden ser necesarias las analíticas si a los pocos días del nacimiento el niño adquiere un color amarillento excesivo.

Este color es debido a que mientras el niño está dentro de la madre tiene unos glóbulos rojos que tienen que robar oxígeno a los de la madre, pero estos glóbulos rojos no son los idóneos una vez que tiene que obtener el oxígeno del aire de modo que durante los primeros días romperá todos los que tiene al nacer y producirá una sangre nueva.

Al romperse la vieja se libera una sustancia, la bilirrubina que se deposita en la piel dando un color amarillento a la misma. Este pigmento se elimina por la orina.

Para que la parte de pigmento que se ha depositado en la piel se desprenda pasando a la sangre y pueda ser eliminado por la orina se pueden hacer dos cosas: exponer la piel del niño a luz natural (no al sol directamente) lo que hace que la bilirrubina de la piel pase a la sangre, y tomar líquido abundante (lo que favorece al orinar más que se expulse el pigmento).

La analítica nos dice cómo de alta está la bilirrubina, y las medidas que debemos aplicar según su nivel para evitar que suba en exceso, ya que a concentraciones demasiado altas puede depositarse en el cerebro del niño causando problemas.

Otra prueba que se realiza en todos los niños poco después del nacimiento es “la prueba del talón”.

Esta prueba descarta la existencia de algunas enfermedades congénitas metabólicas, es decir en las que hay una incapacidad para regular alguna hormona (hipotiroidismo) o para asimilar ciertos componentes de la alimentación (fenilcetonuria).

Si estas enfermedades son diagnostican pronto podemos evitar que se desarrollen.

Tratándolas adecuadamente son niños totalmente normales, pero antes, cuando no se detectaban eran causa frecuente de deficiencia mental irreversible.