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Peketip: Cada bebé a su ritmo

Cada bebé a su ritmo

Todo bebé dispone de mecanismo para adaptarse a los cambios mucho más complejos de lo que somos capaces de comprender.

Todo lo que sabemos hasta ahora sobre esos mecanismos son una burda aproximación.

Por eso, intentar forzarlos es mala idea.

Mientras no tengamos una prueba clara de que la forma en la que un bebé se adapta a un cambio le perjudica (lo que a veces pasa), no deberíamos interferir.

Si dejamos que sus mecanismos adaptativos actúen irán afinando su respuesta, haciéndolo cada vez mejor.

Si en lugar de interferir, observamos como funcionan, aprenderemos a entender mejor las necesidades de nuestro hijo y responderemos de forma más adecuada la próxima vez.

Observa mucho a tu hijo, disfruta que tienes el honor de vivirlo y piensa antes de actuar.

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Ritmo sueño-vigilia en niños

El ritmo de sueño en niños

Ritmos de sueño en los niños. Descubre los factores que influyen en la regularidad del sueño infantil.

 

Una de las cosas más importantes que se deben entender sobre el sueño es que es un ritmo.

 

Como cualquier ritmo, tiende a repetirse de forma regular por sí solo. Pero nosotros podemos hacer cosas que refuercen el ritmo o que lo alteren.

 

Cualquier niño acaba durmiéndose sin ayuda si se le deja, aunque sea después de dos horas de llanto continuado. No os asustéis, no hace falta llegar a eso.

 

Al ser una necesidad inevitable de nuestro cuerpo (no hay más que ver lo difícil que resulta no dormirse cuando hace falta) contamos con un gran aliado en nuestros intentos de que mejore.

 

La evolución normal con el tiempo, conforme un niño va creciendo, es tender a dormir de noche y estar despierto de día.

 

De hecho las personas que (como los médicos) rompemos con frecuencia ese ritmo suelen tener más facilidad para desarrollar ciertos problemas de salud.

 

Hay una hormona (la melatonina) que se encarga de regular ese ritmo. Se produce en una parte de nuestro cerebro (la glándula pineal) que tiene contacto con los nervios ópticos de modo que regula su producción en función de la iluminación ambiental.

 

La luz reduce la producción de melatonina.

Cuando anochece, la ausencia de luz estimula la su producción, y esta induce el sueño.

 

Por eso no se recomienda dejar al niño a oscuras de día, aunque esté durmiendo.

Ni con iluminación de noche.

 

Esa alteración del estímulo luminoso dificulta que el niño desarrolle un adecuado ritmo día noche.

 

Uno de los sistemas más usados en tortura y desorientación de prisioneros para destrozar su resistencia es la alteración del ritmo de luz y sueño.

 

Pero hay padres que también lo hacen “con no sé qué sádicas intenciones”.

 

En un ritmo biológico que tiene su propia estructura para funcionar bien la regla más importante debería ser:

 

“INTERVENCIÓN MÍNIMA”.

 

Uno de los errores más frecuentes de los padres consiste en transmitir las propias formas anómalas de hacer las cosas a sus hijos.

 

Ejemplo: Un niño no necesita en absoluto dormir a oscuras durante el día. Pero hay padres que se han acostumbrado a no poder dormir con cualquier mínima iluminación y tienden a poner a sus hijos en las mismas condiciones que ellos prefieren para hacerlo.

 

Otro ejemplo: Hay padres que no pueden dormir sin arroparse y tapan 20 veces al niño de noche aunque haya 30 grados en la habitación y el pobre esté sudando como un pollo.

 

Otro más: Aunque es evidente que un ruido intenso puede despertarnos, hay padres, que cuando sus hijos duermen, hablan en susurros inaudibles o ni hablan por si se despiertan. Y luego vemos al típico niño que en una celebración con 300 personas gritando en un salón está plácidamente dormido, a pesar del escándalo.

 

El exceso de condiciones necesarias para que se realice algo tan imprescindible como el sueño, es un signo de que a esos padres el sueño de su hijo les genera ansiedad.

 

Y es precisamente esa ansiedad de algunos padres lo que más dificulta que un niño se duerma.

 

Es especialmente importante en las familias con antecedentes de insomnio, que eviten esta forma de hacer las cosas, pues es eso exactamente, la forma en la que han ido enseñando a dormir de generación en generación lo que hace que esa familia tenga tendencia a desarrollar insomnio con los años (no es genético, sino aprendido, y se asimila fundamentalmente en los 3 primeros años de vida).

 

 

Hemos hablado de las cosas que pueden impedir un correcto ritmo de sueño.

 

Vamos ahora con las que refuerzan el ritmo normal.


Fundamentalmente dos:

Regularidad.

Ritual.

 

La Regularidad es muy importante. Tener un niño, especialmente con menos de 3 años es una limitación clara para las cosas que una familia puede o no puede hacer.

 

Nuestro cuerpo tiene unos ciclos que hacen que cuando estamos acostumbrados, sintamos la necesidad de dormir más o menos a la misma hora todos los días.

 

Cuando peleamos contra esa necesidad, llega un momento que la vencemos y el sueño cede, para reaparecer horas más tarde.

 

Cuantas más horas llevamos sin dormir más frecuentes se hacen estos ataques del sueño y más intensos, hasta que nos rendimos a uno.

 

Si se pasa la hora en que nuestro hijo se duerme habitualmente, no es raro que hasta que vuelva a tener sueño puedan pasar un par de horas o más, y que además le ponga de muy mal humor.

 

Así que antes de meternos en una actividad que le va a impedir dormirse a su hora hay que pensar hasta que punto puede ser un problema que después no se duerma hasta dos o tres horas más tarde. Porque es lo que va a ocurrir. Y no os enfadéis con él si se «pone especialmente cafre», porque la culpa no es suya.

 

Si estas actividades se hacen frecuentes llegará el momento en que la primera oportunidad de “coger el tranvía del sueño” llegará más tarde incluidos los días que quisiéramos que se acostara antes.

 

 

El Ritual para dormirse. Todas las personas que duermen bien lo tenemos aunque no seamos conscientes de ello.

 

Ese ritual lo constituyen las condiciones que necesitamos para dormirnos:

  • Cosas que hacemos antes de dormir.
  • Lugar en el que lo hacemos habitualmente.
  • Las condiciones de ruido, luz o temperatura.
  • La postura.
  • Los objetos que usamos.
  • La colaboración o no de otra persona.
  • El momento en que lo hacemos.

 

Cuanto más simples son el ritual

y las condiciones necesarias para llegar a dormirse, mejor.

 

Especialmente en cuanto a la necesidad de colaboración de otras personas o de objetos (por ejemplo el chupe, el biberón o sus padres).

 

Lo ideal es dormir sin depender de nada ni de nadie.

 

Simplemente dormir cuando nuestro cuerpo lo necesita.

 

En cuanto a los demás condicionantes del ritual, conviene la regularidad de nuevo:

Hacerlo a la misma hora.

Baño, comida y a la cuna.

Dormirse en su cuna.

 

No conviene que las cosas que hacemos antes de dormir incluyan actividades que estimulan al niño a seguir despierto, como jugar o ver la televisión.


Os recuerdo que todo esto es hablando de niños en los que queremos conseguir que aprendan a dormir sólos. Y que en aquellas familias que hacen Colecho, todo esto tiene poco sentido.


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